Tras pocos minutos de viaje y haber recorrido el área urbana, nos alejamos de esta, adentrándonos en una carretera rural rodeada de áreas boscosas, donde la humedad aumenta y la temperatura desciende a los 3° centígrados.

Dentro de la neblina del camino, a lo lejos se divisa un pequeño hotel de color blanco que supongo es nuestro destino, Camila aprieta mi mano emocionada y viéndome a los ojos me dedica un silencioso "te quiero" que gesticula con sus labios a lo que le respondo con una sonrisa y un igualmente silencioso "yo también".

Dinah apaga el carro y descendemos de él, abriendo la cajuela comenzamos a bajar las maletas mientras veo que Ally, Camila y Normani se encaminan al interior del hotel.

De nuevo nos dejan con las maletas –le comento a Dinah-.

Déjalas que se pongan al corriente –me responde sonriendo mientras saca la última maleta y las entregamos a un sonriente chico que ya nos espera listo con un carrito-.

Al entrar al hotel veo que las chicas ya están recibiendo las llaves de los cuartos, en ese momento voltea Camila y se encamina a mí sonriendo con la llave en la mano.

¡Adivina quienes compartirán cuarto! –Me dice sonriendo mientras me extiende mi duplicado de la llave-.

¿Ally y Dinah? –cuestiono sonriendo-.

Ja ja, no –se detiene y finge molestia- ¡Nosotras! –Me dice con una enorme sonrisa en el rostro mientras se acerca para darme un abrazo-.

Correspondo al abrazo dejándome contagiar por su sonrisa-.

¡Consíganse un cuarto! –grita Dinah sonriendo-.

¡Ya lo hicimos! –Le responde Camila emocionada mostrándole su llave mientras continúa abrazándome-.

Las chicas sonríen y Dinah niega divertida con la cabeza ante las ocurrencias de Camila.

Oigan chicas, ya que consiguieron su cuarto –indica Ally, tras terminar de indicarle al chico del equipaje las habitaciones donde debe dejar las maletas- vayamos a desayunar.

Todas asentimos y nos ponemos en marcha.

El hotel es pequeño pero acogedor y ciertamente, tiene el encanto de estar rodeado de un bellísimo y frondoso bosque.

El restaurante a igual que el resto del recinto tiene una atmósfera sobria pero acogedora, paredes de colores neutros, molduras y decoración de madera labrada. El olor de wafles, café y tocino impregna el ambiente y el estómago de Camila ruge ruidosamente, siendo secundado por el mío.

A nuestra llegada somos acomodadas por un afable chico en una mesa redonda frente a un ventanal que permite observar el bosque y el horizonte nebuloso.

¡Dios, todo luce delicioso! –Comenta Camila inspeccionando atentamente la carta que nos acaba de ser entregada por nuestro joven mesero, quien no deja de verme con insistencia-.

Y todo está delicioso –comenta Dinah sonriendo- pero también hay un bufet que está para morirse.

No se diga más, ¿por qué conformarme con un único platillo si puedo comer de todo? –Dice Camila-.

Todas sonreímos ante su comentario y su actitud tan Camila.

Yo voy a querer un café, un tazón de fruta y de plato fuerte un baguette de jamón serrano con queso provolone –señala Ally devolviendo la carta al joven-.

Yo quiero lo mismo, pero mi baguette lo quiero de pechuga de pavo con queso panela –indica Normani devolviendo también su carta-.

Yo quiero los wafles acompañados de tocino y huevos revueltos –indico repitiendo los movimientos de mis compañeras-.

Yo definitivamente opto por el buffet –indica Camila parándose para comenzar a servirse a su gusto-.

Yo también tomaré el buffet –señala Dinah incorporándose para seguir a Camz-.

Instantes después regresan ambas con un enorme platón de frutas con queso cottage y granola, así como con sendos vasos de jugo de naranja.

¿Tanto interés en el buffet, y te sirves fruta? –Cuestiono a Camila en medio de una sonrisa-.

Esto es para empezar, es el calentamiento, una no empieza a correr así nada más, primero hay que calentar los músculos –responde mientras con su tenedor toma un trozo de melón y lo encamina a sus labios-.

Sin poder evitarlo observo todo el trayecto del tenedor hasta que la fruta es depositada en el interior de su boca y cierra ésta apretando sus apetecibles labios, donde queda un pequeño rastro del queso cottage, que de inmediato lo retiro con el pulgar y me chupo el dedo ante la cara de asombro de Ally y Dinah, el sonrojo de Camila y una boquiabierta Normani.

Afortunadamente nuestros platillos comienzan a llegar distrayéndonos y evitándome las explicaciones.

Ni bien doy un bocado a mi platillo cuando me percato del hambre que tenía y de la razón que tenía Dinah, todo es delicioso. Los wafles con una ligera capa exterior crujiente y un interior esponjoso, tienen un sabor de mantequilla casera y nuez moscada, bañados con miel de abeja genuina y el tocino con un sabor ahumado delicioso. Puedo ver en el rostro de las demás que al igual que yo disfrutan genuinamente del copioso desayuno.

Una vez que la intensidad de nuestra hambre ha disminuido comenzamos a conversar respecto a las actividades que llevaremos a cabo en nuestras vacaciones.

Pensaba en salir a hacer un poco de ciclismo de montaña –comenta Dinah, pero la cara de terror de todas le indica que su propuesta no es bienvenida-.

Yo pensaba que podríamos ir a recorrer la ciudad y visitar sus galerías de arte –indica Ally emocionada-.

Me apunto para la parte de recorrer la ciudad, pero no me entusiasma la idea de recorrer las galerías –indica Normani-.

Podríamos visitar sus parques, he escuchado que son bonitos y limpios –indico-.

¿Qué tal un poco de turismo gastronómico? –Exclama ilusionada Camila-.

Tenemos muchos días por delante, por ahora yo creo que es hora de pagar la cuenta, se ponen cómodas en sus habitaciones y nos vemos en… ¿les parece una hora en la recepción del hotel?

Sí, me parece bien –responde Camila- quiero cambiarme esta ropa por una más abrigadora.

Entonces, nos vemos en una hora y decidimos qué haremos el día de hoy –indica Dinah para corroborar que todas entendimos y estamos de acuerdo-.

Tras pagar la cuenta, la cual corrió a mis expensas a pesar de la insistencia de Dinah y Ally de pagar ellas, nos despedimos y nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones.

Llegamos a la habitación 96 y Camila ingresa su llave, al entrar nuestras maletas ya esperan por nosotras, el cuarto es sorpresivamente amplio, cuenta con dos camas cubiertas por edredones en color celeste y sábanas blancas, un mueble de televisión con una pantalla de 45 pulgadas, dos mesitas de noche a lado de cada cama y una puerta que supongo lleva al baño.

¿Te molestaría si tomo un baño? –Pregunta Camila tomando una amplia toalla-.

Para nada –respondo mientras tomo mi maleta e inspecciono en su interior para seleccionar mi cambio de ropa- quizá yo tome uno en cuanto salgas.

En ese caso, ¿te gustaría tomar el baño conmigo? –cuestiona observándome fijamente mientras clava su intensa mirada en mí-.

Me quedo petrificada y no sé qué responderle, pero mi pulso se acelera y en mi mente se agolpan escenas inconfesables y nada castas.

Ella estalla en una carcajada y señala –No estamos en esa etapa de nuestra relación aún, lo entiendo, pero si cambias de opinión ya sabes dónde encontrarme- dice esto último guiñándome un ojo.

Me quedo sentada en mi cama, aún sorprendida por el arrojo de Camz y sintiéndome ligeramente perturbada e incómoda, pero no una incomodidad como cuando el chico que no te gusta insiste en que seas su novia, sino más bien el tipo de incomodidad que sientes cuando estás por dar un gran paso, o esperas abrir los regalos el día siguiente de navidad, ansiosa y nerviosa en el buen sentido.

Aún estoy sumergida en mis introspecciones cuando la puerta del baño se abre y sale una Camila descalza, escurriendo gotas de agua por su piel, su cabello envuelto en una toalla y otra más enrollada alrededor de su cuerpo y me quedo observándola.

¿Qué ocurre?, ¿nunca habías visto a una chica después del baño? –Cuestiona con sorna-.

No es eso, es sólo que casi no te reconocí con una toalla cubriendo tu pecho –le reviro la broma y veo cómo se sonroja-.

Eso se soluciona fácilmente –indica acercándose a mí, tomando un extremo de la toalla y haciendo el ademán de quitársela, ahora es mi turno de sonrojarme-.

Me apresuro levantándome de la cama y me aproximo a ella, la estrecho contra mi cuerpo y tomo su rostro entre mis manos para seguidamente besarla con calma, sin prisa alguna, disfrutando la tersura de sus labios, el sabor de éstos y sintiendo cómo la humedad de su cuerpo es absorbida por mi ropa pero no me importa en lo más mínimo.

Finalmente rompemos el contacto de nuestros labios cuando nos es imperativo para respirar y presiono mi frente contra la suya.

Tus besos son mi debilidad –murmura-.

¡Y mis ojos! –Respondo en medio de una sonrisa-.

¡Y tu modestia! –Señala riendo mientras pasa sus manos detrás de mi nuca y me da un último casto beso en los labios- ve a bañarte o no respondo de mí.

Nos separamos y me encamino al baño, el cual pintado en un neutro color crema cuenta con una clásica bañera blanca de porcelana con patas de hierro fundido, una ducha decorada con mosaicos de mármol y una encimera también de mármol.

Me decido por utilizar la bañera y abro el grifo hasta llenarla a la mitad, me sumerjo y me dedico a disfrutar el aquí y el ahora, el estar con las chicas, el estar con Camila y me prometo que disfrutaré al máximo estas vacaciones.

Después de un rato salgo del baño y Camila está en su cama viendo una película.

Tomo mi ropa de la cama y me encamino de regreso al baño para vestirme.

No es necesario que te vayas –indica Camila- te prometo no observar. Aunque lo justo sería que así como tú me has visto medio desnuda, tuvieras la cortesía de regresarme el espectáculo.

Sonrío y decido que toda esa bravuconería viene de mis reacciones a sus comentarios, por lo que observándola fijamente, tomo mi toalla y la dejo caer a mis pies; su rostro se ilumina de un vivo color carmesí y de inmediato desvía la mirada.

¿Qué ocurre?, ¿no te gustó el espectáculo? –cuestiono sonriendo mientras comienzo a vestirme-.

Todo lo contrario –indica cerrando los ojos- estoy haciendo acopio de todas mis fuerzas para no saltarte encima.

Una vez me hube colocado el sujetador y un bóxer me encamino a su lado y deposito un beso en su nariz.

Ya puedes abrir los ojos –señalo y tras dudar un par de segundos, decide hacerlo-.

Me coloco los pantalones de mezclilla que seleccioné con anterioridad, una camisa de cuello de tortuga y dejo a un lado una gruesa anorak por si decidimos salir del hotel a pasear por los alrededores.

¿Hay espacio en esa cama para una más? –Le cuestiono -.

¡Siempre! –me sonríe haciéndose a un lado y palmeando la cama para invitarme a subir-.

¿Cuánto tiempo nos queda? –Le cuestiono acomodándome junto a ella y abrazándola a mí para posteriormente hundir mi nariz en su cabello, que huele a manzana y menta-.

Escasos quince minutos –me responde- ¿Lauren, esto es un sueño? –pregunta abrazándome fuertemente.

Si lo es, es uno del que no quiero despertar –le respondo besando su frente-.

Continuamos abrazadas en la cama, besándonos, el tiempo que nos resta y finalmente nos levantamos perezosamente dándonos un último beso, nos colocamos nuestros calzados, Camila una botas altas de piel en color café y yo unas botas bajas en cuero color beige. Ayudo a Camila a colocarse su abrigo y tomo mi anorak de la cama, nos damos un último beso y tomando nuestras llaves salimos de la habitación para encaminar nuestros pasos a la recepción y encontrarnos con las chicas.

En cuanto llegamos a la recepción Dinah y Ally ya están esperándonos y Ally cuchichea algo al oído de Dinah al vernos llegar tomadas de la mano. Dinah asiente, le comenta algo al oído y ambas sonríen.

¿Sus mamás no les enseñaron que es descortés secretearse? –Cuestiona Camila fingiendo molestia, sin hacer el más mínimo intento por soltar mi mano-.

¡Camila y Lauren sentadas bajo un árbol besándose, primero el amor y luego el matrimonio! –Es la respuesta canturreada que obtenemos de ambas, quienes al final estallan en carcajadas-.

¿Y ya es oficial? –cuestiona Ally tras terminar de reír y secándose las lágrimas provocadas por tal acceso de risa-.

¡Calla! –Sentencia Dinah- son los primeros pasos de Lauren fuera del closet, si la forzas puede regresar corriendo a él.

Ja ja –finjo molestia-.

¡Oficial, oficial no es! –responde Camila- pero queremos ver a dónde nos lleva.

Pues si esto lleva a bebés, pongan uno a mi nombre –indica Dinah con una sonrisa empática en su rostro-.

¡No son propiedades, una casa o un choche! –respondo divertida-.

Ya lo sé, lo que quiero decir es que me apunto como madrina de su primogénito.

Te estamos diciendo que no es oficial y tú…

¿Y ya pensaron qué van a servir en la recepción de la boda? ¿Van a usar vestido ambas?, ¿dónde va a ser la luna de miel? –cuestiona Ally entusiasmada-.

Les entra por un oído y les sale por el otro –enuncia Camila impacientada – ¡No es oficial!

¿Qué no es oficial? –pregunta Normani llegando finalmente a la recepción con nosotras-.

La relación de estas dos tortolitas que se avergüenzan de su amor, incluso cuando están en el país que prácticamente inventó los matrimonios gay –indica Dinah en medio de una sonrisa-.

¡Ya sé! –Exclama Ally tomándonos a todas por sorpresa- ¿por qué no aprovechamos el viaje y se casan de una vez?

¡No nos vamos a casar! –exclamo perdiendo la paciencia y soltando la mano de Camila- por eso no queríamos comentarles nada, porque ya sabíamos que iban a reaccionar así.

Tranquila Lauren –indica Dinah en un tono más serio y conciliador- sólo estábamos bromeando, pero te ofrezco una disculpa, creo que llevamos la broma demasiado lejos.

Sí, Lauren, calma –indica Camila abrazándome y besando mi mejilla-.

Asiento con un movimiento de cabeza y es mi turno de disculparme por mi sobresalto.

Tras una pequeña conversación sobre qué hacer decidimos salir a visitar el jardín botánico VanDusen y el parque Queen Elizabeth, por lo que preparamos nuestras cosas y nos ponemos en marcha.

El clima está bastante fresco y una gélida brisa cae sobre nosotras, pero pasamos un agradable rato recorriendo los alrededores, el jardín botánico es muy bello, pero el recorrido por el parque no obstante su innegable encanto, es bastante cansado y finalmente, exhaustas y hambrientas nos detenemos en una pequeña cafetería local donde pedimos unos lates y unos bagels, comentamos sobre lo bella que es la ciudad, lo agradable que es volver a estar juntas y lo mucho que nos echábamos de menos.

En un instante que surge el silencio, aprovecho y aclarando mi garganta me propongo a hacer lo más valiente que he hecho en mi vida hasta ese momento.

Camila, Camz, -tomo sus manos entre las mías y con la voz temblándome y las manos comenzando a sudarme continuo- Yo sé que dije que lleváramos las cosas con calma hasta donde llegaran, y que de forma consciente e inconsciente te he instado a entender que esto no es oficial. Pero quiero que sea oficial, aquí, ante las chicas, quienes nos conocen, nos quieren y nos apoyan, quiero pedirte que seas mi novia oficial y yo quiero ser tu novia oficial, no te prometo que va a ser un viaje fácil, pero te prometo que cada segundo valdrá la pena. Así que, ¿qué dices? ¿Karla Camila Cabello Estrabao, quieres ser mi novia?

Las chichas me observan sorprendidas y alternan sus miradas entre mi rostro y el de Camila esperando su reacción, los segundos se vuelven eternos y no obtengo respuesta hasta que una Camila con los ojos anegados en lágrimas sonríe.

Sí, Lauren Michelle Jauregui Morgado, sí quiero ser tu novia oficial –indica-.

¿Y el beso? –increpan las chicas al unísono, por lo que incorporándome de mi asiento tomo el rostro de Camila en mis manos y la beso mientras lloro también. Un peso enorme ha sido retirado de mi espalda y lastre a lastre espero liberarme de las ataduras y límites que yo misma me he impuesto-.

Te dije que sucedería –indica Dinah a Normani-.

Sí, pero yo lo supe antes –señala Normani-.

Sí, pero yo estuve más cerca de la fecha en que sucedería, así que paguen –indica Ally sonriendo mientras estira la mano y Many y Dinah depositan en esta sendos billetes de 50 dólares-.

¿Ustedes apostaron que nosotras estaríamos juntas? –cuestiona Camila sorprendida-.

Sí –responden avergonzadas-.

Pues creo que deberían entregarnos el dinero como castigo –sentencia sonriendo mientras estira la mano-.

No, ¿por qué si la apuesta fue entre nosotras? –Cuestiona Ally, sin la más mínima intensión de darle los billetes- peeero, esta comida va por mi cuenta –indica guiñándole un ojo a mi ahora novia-.

Me parece justo –Señalo sonriendo-.

Tras pagar la cuenta salimos de la cafetería y caminamos hasta el carro para regresar al hotel.

El clima está cada vez más gélido, y pensar que estamos a mediados del verano, ¿Qué opinan de una noche de chocolate caliente y películas en nuestra habitación? –cuestiona Ally de manera casual mientras caminamos-.

Yo me apunto –señala Camila mientras caminamos tomadas de la mano y nos damos un rápido beso- siempre y cuando no sean películas de terror.

Sí, me parece un buen uso de mi tiempo –indica Normani-.

Pues no se diga más, pararemos en una tienda de camino al hotel para comprar las cosas necesarias –indica Dinah una vez que llegamos al coche y nos introducimos en él-.

¿Y dónde vamos a preparar el chocolate? –Cuestiono- ¿o a caso lo vamos a pedir como servicio a la habitación?

¿Se nos olvidó mencionar que tenemos la suite principal, la cual cuenta con cocineta? –Cuestiona Dinah de manera casual mientras enciende el auto y nos ponemos en marcha-.

Continuará...