Capítulo 10

Una razón

Atravesar el Encinar le llevó más tiempo de lo esperado a Oro, básicamente porque el sitio era lo suficientemente grande como para perderse varias veces, alargando de esta forma su estancia en dos días y teniendo que acampar dos noches seguidas. Oro no era muy fan de acampar, prefiriendo la comodidad de una suave cama, pero en casos como estos no quedaba otra.

Aunque el perderse no resultó ser del todo contraproducente, puesto que le permitió entrenar un poco a sus pokémon luchando contra algún que otro entrenador, e incluso logrando ampliar el repertorio de ataques de sus pokémon. En un claro escondido se encontró con un hombre que le enseñó a su mareep usar golpe cabeza, que servía además para agitar los árboles más pequeños y hacer caer pokémon de todo tipo de sus ramas.

Tras eso el viaje le llevó un poco más de tiempo, pero tras unos cuantos kilómetros más llegó hasta el acceso norte del bosque, saliendo finalmente del mismo. Nada más hacerlo la clara luz del día le golpeó de lleno en la cara, obligándole a parar momentáneamente y acostumbrarse de nuevo a la claridad de siempre. Una vez que pudo ver sin sentir arder sus ojos, levantó la cabeza y entonces la vio. Al fondo del todo, y recortándose en la distancia, los altos edificios y rascacielos de ciudad Trigal le daban la bienvenida incluso mucho antes de llegar. El chico no pudo evitar sentirse un tanto nervioso ante su visión, ya que el llegar allí suponía entrar en cierto detalle al que todavía no había llegado a una conclusión definitiva. Aun así sabía que debía ir, después de todo su siguiente medalla estaba allí, por lo que se puso en movimiento sin más dilación.

Ante él se abrió la ruta 34, la cual era un paso previo antes de llegar a la ciudad, discurriendo de forma totalmente lineal de sur a norte y albergando frondosas arboleadas junto a la costa y una guardería para pokémon por la que pasó al lado sin apenas detenerse. No tardó ni media hora en recorrer los kilómetros que le quedaban y, tras pasar por el arco de entrada, se encontró en la refulgente y enorme ciudad Trigal, la capital de Johto.

Ciudad Trigal era el centro neurálgico de la prefectura, donde todos los caminos hacia todas las rutas a ese lado de Johto se encontraban. Era una ciudad costera que no tenía ni puerto ni playa, aunque si destacaba era por su gran densidad de población y sus altísimos y refulgentes edificios, los cuales brillaban con un intenso resplandor dorado cuando la luz incidía sobre ellos, de ahí a que se la llamara Trigal, ya que brillaba como el trigo ante la luz del sol, siendo además una alegoría de su poderosa faceta comercial. Toda la ciudad se levantaba de forma lineal en torno a la avenida principal, la cual atravesaba toda la localidad de norte a sur y sobre la que pivotaban otras carreteras y accesos a otras áreas de la ciuad.

Nada más entrar, y a pocos metros de distancia del centro, se encontró con el centro comercial de la localidad, de diecisiete pisos de altura; era el mayor centro de comercio de toda la prefectura, con más de mil visitas diarias contabilizadas, y aportando una gran liquidez a toda la ciudad, ya que incluso recibía visitas de personas de otras partes de la prefectura.

Por un momento Oro se quedó mirándolo absorto, un tanto impresionado por su tamaño, aunque debido a eso no vio a una persona conocida saliendo de él, chocándose con él en el proceso.

-¡Cuidado!

-Ay, lo siento, estaba distra… espera ¿¡Cristal!?-exclamó él.

-¡Oro!

Ambos se miraron un tanto cortados, recordando entonces los más recientes acontecimientos y sin saber muy bien cómo abordarlos en ese justo momento. Por su parte Oro no estaba aún mentalmente preparado para hablar con ella sobre el asunto que les atañía, por lo que prefirió correr rápidamente un tupido velo y abordar otro tema completamente diferente.

-Eh… bueno ¿qué tal todo por aquí? No me esperaba encontrarme contigo tan de repente…

-Sí, bueno, yo tampoco, la verdad, estaba comprando nuevos utensilios para el cuidado de huevos ya que tengo uno nuevo…-explicó ella, alzando una bolsa que llevaba consigo.

-¿Ah, sí?

-Sí, lo obtuve de la pareja de ancianos que llevan la guardería de la ruta 34, como no sabían muy bien qué hacer con él se lo pedí y me lo dieron. Ahora estoy cuidando de ese y del que me dio el profesor Elm.

-Ya veo… ¿sabes dónde está el centro pokémon? Me dirigía para allá…

-Sí, ven conmigo, iba a dirigirme yo también allí para dejar las cosas.

Ambos chicos se pusieron en marcha, cruzando al otro lado de la calle y yendo recto por la avenida principal. Durante todo el camino los dos permanecieron en silencio y sin decirse nada, inseguros sobre qué decir o cómo empezar a hablar siquiera. De alguna u otra forma ambos sabían de lo que querían hablar, pero no encontraban las palabras adecuadas para expresarse apropiadamente.

-¿Qué le digo? ¿Espero a que diga algo? No le veo muy dispuesto, quizás no esté interesado en que sigamos juntos después de todo…-pensaba la chica, mirando al suelo.

-Joder, qué marrón, colega ¿y yo cómo la digo nada si ni siquiera sé si quiero seguir con ella o no? Tampoco parece que ella tenga muchas ganas de hablarme, mejor me callo no vaya a cagarla otra vez…-hacía lo propio el chico, mirando a otro lado.

Al cabo de unos pocos metros andando por las abarrotadas aceras de la ciudad llegaron finalmente al centro pokémon, el cual destacaba por estar situado en un solo edificio de veinte plantas, lo que lo hacía uno de los centros pokémon más grandes de la prefectura y de todo Japón incluso. En un principio tenía intención de pedirse otra habitación, puesto que Cristal se encontraba en otra distinta compartiéndola con una entrenadora, la cual apareció de improviso justo cuando estaban con el registro.

-Joder, qué asco todo… Oh, hola Cristal.

-Ah, hola Violeta ¿de dónde vienes, qué te pasa?

-¿De dónde crees que vengo? Del gimnasio, de allí vengo…

Ese comentario llamó la atención de Oro, el cual inquirió.

-¿Vienes del gimnasio? ¿Y qué tal?

-¿A ti que te parece? Me ha vuelto a machacar, otra vez, con esta ya van tres, no hay quien pueda con ella…-masculló la chica, visiblemente frustrada.

-¿Sí? ¿Es fuerte el líder?

-La líder, y sí, es absurdamente fuerte… ¿vienes por la medalla?

-Ah… sí…

-Je, pues buena suerte, la necesitarás… enfermera, por favor, mis pokémon están para el arrastre.

-Voy. Lo siento, los tratamientos tienen prioridad ¿puedes esperar un poco?-inquirió entonces la enfermera jefe, dirigiéndose a Oro.

-Ah, bueno, está bien.

La chica entregó sus pokémon y se quedó allí esperando, Cristal en ese momento inquirió.

-¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Lo vas a volver a intentar?

-No, paso, bastante he tenido ya con tres derrotas consecutivas, lo que haré será irme al siguiente gimnasio, ya volveré aquí cuando sea lo suficientemente fuerte-reveló la chica.

-Ya veo, pues mucha suerte.

-Sí, suerte es lo que me falta últimamente…

Al poco rato la enfermera jefe regresó con los pokémon de la chica tras un rápido tratamiento, recogiéndolos y anulando su reserva de habitación, dejando así libre ese hueco y pudiéndose colocar Oro junto a Cristal.

-No te importa ¿no?-inquirió el chico en ese momento.

-Ah, no, no…-murmuró ella.

Una vez que estuvo todo listo ambos subieron a la habitación y aprovecharon para dejar las cosas. Oro se desembarazó de su mochila, llevando consigo lo más inmediato como su cartera, identificación y sus pokémon, y Cristal dejó sus cosas junto con todas las demás. Aprovechó además para enseñarle el huevo nuevo al chico, el cual permanecía en otra incubadora bastante similar a la que la dio el profesor. Este en concreto tenía un patrón de colores distinto al anterior, siendo de color negro en su base inferior y amarillo en la superior, con rayas rectas zigzagueantes que separaban el uno del otro.

-Ya veo… ¿sabes de qué especie puede ser?-inquirió el chico.

-Ni idea, aunque a éste le queda aún bastante para abrirse, el del profesor va más avanzado, puede que se abra dentro de poco.

-Genial…

Por un momento ambos se quedaron callados, sin saber muy bien qué decir a continuación; por un momento Oro quiso abordar de alguna forma el tema, pero en ese momento Cristal inquirió.

-¿Quieres ir a dar una vuelta? Puedo enseñarte algunos sitios de la ciudad, llevo aquí varios días…

-Ah, vale, está bien…-murmuró el chico rápidamente, para evitar tener que decir nada al respecto.

Salieron del centro pokémon y estuvieron dando un paseo por las concurridas calles de la ciudad. Los altos edificios que los rodeaban eran quizás lo más destacable, ya que los dos estaban más acostumbrados a la quietud y serenidad del campo y la costa que rodea pueblo Primavera. En ese sentido parecía ser un mundo totalmente opuesto, aunque por su parte se habituaron rápidamente, después de todo tan solo estaban de paso. Atravesando una calle algo más apartada de la avenida principal, vieron entonces una tienda de bicis con su escaparate a rebosar de modelos, lo que hizo detenerse momentáneamente a Oro.

-Uala, que BMX más chula…-murmuró el chico, asombrado.

-Anda, esta tienda de bicis es nueva, hace un par de días no estaba aquí-observó Cristal.

-Debe de haber abierto hace poco… ¿te importa que eche un vistazo?

Ante eso la chica negó con la cabeza y los dos entraron en ella, viendo allí muchas más bicis de exposición. Tras el mostrador el encargado no dejaba de soltar suspiros, mirando a la nada con gesto anodino.

-¿Le ocurre algo?-preguntó el chico.

-Oh, qué bien, clientes, increíble…-murmuró el hombre con humor.

-¿Por qué lo dice? ¿No es eso algo bueno?-murmuró la criadora, extrañada por su actitud.

-Lo sería realmente si no fuerais los únicos que han entrado desde que abrí. Me trasladé aquí desde ciudad Celeste para probar suerte en Johto, pero nadie viene a comprar-explicó el encargado.

-Normal, si pone el local en una calle tan apartada…-comentó Oro.

-Claro, y si además no tiene una buena campaña de promoción, pues…-añadió Cristal.

-¡Sí, sí, ya lo sé, ya lo sé! ¡Pero es que el alquiler en la avenida principal me costaba un ojo de la cara, y el comprar ya ni os cuento! ¡Y yo buscaba algo barato para empezar a asentarme! ¡He tenido que hipotecar el local!

-Vaya, menuda faena…

-Dime algo que no sepa…

Por un momento el encargado los estuvo mirando y entonces murmuró.

-Aunque espera… vosotros sois entrenadores ¿no? Siempre vais de aquí para allá.

-Sí, bueno, entrenador él, yo soy criadora-aclaró la chica.

Ante eso el chico la miró con gesto inquisitivo, no muy seguro de a qué había venido ese comentario, aunque el encargado volvió a hablar enseguida.

-Lo que sea, siempre estáis viajando ¿no?

-Sí, yo en cuanto gane al líder me voy a la siguiente ciudad-explicó el entrenador.

-Pienso quedarme un tiempo aquí, pero supongo que eventualmente me moveré-comentó por su parte la chica.

-¡Ajá! ¡Entonces se me ha ocurrido una idea! ¡Os voy a dar unas de mis bicis!

-¿Eh?

-¿Gratis?

-¡Sí! Mirad, estos son los modelos más demandados hoy en día, son bonitas, ergonómicas y además plegables, las podéis llevar tranquilamente a cualquier parte.

Los modelos eran idénticos salvo por el color, siendo una roja y la otra azul.

-El plan es que os paseéis por ahí con ellas, como veis llevan un poco de publicidad pegada ¡sería la campaña de promoción perfecta que tanto necesito! ¿Qué me decís?

-Por mí perfecto, mientras no haya que pagar…-murmuró Oro, contento.

-¡Oro! Nos parece muy buena oferta, aceptamos-decidió la chica.

-Entonces perfecto, todas vuestras, lucidlas bien.

Tras cederles las bicis el gerente les dio su número de móvil para estar en contacto. Finalmente se despidieron de él y continuaron paseando por la ciudad, esta vez con sus nuevas y flamantes bicis.

Cerca del centro de la ciudad, Oro admiró el último tramo elevado de la vía del magnetotrén que desembocaba en la estación, todavía en desuso, ya que la línea seguía en suspenso hasta nuevo aviso. Por lo visto las obras estaban tardando algo más de lo esperado, lo que había provocado algunas quejas por parte de algunos vecinos, pero al parecer la incidencia se encontraba en Kanto, siendo un problema a tratar allí, por lo que por el momento tan solo restaba esperar.

Justo al lado una alta torre con estructura autoportante dominaba toda la ciudad con su gran antena. Tenía unos ciento tres metros de altura, era la edificación más alta de la ciudad y conseguía sobresalir sobre todos los edificios.

-Anda, mira, es la torre Radio.

-Sí…

La torre Radio era la principal y única emisora de radio de toda la prefectura, se transmitían multitud de canales radiofónicos desde su poderosa antena, cuya potencia era lo suficientemente grande como para lograr abarcar todo Johto. Un mirador en el punto más alto antes de llegar a la antena dominaba la torre y en su base se encontraba la estación de emisión, que ocupaba también gran parte del cuerpo de la torre. Aunque no solo transmitía radio, también televisión y transmisiones de onda larga y corta, incluso funcionaba también como repetidor. Era quizás el mayor símbolo de la ciudad y por lo que era más conocida.

La estuvieron contemplando desde fuera y luego entraron para visitarla, sin embargo no pudieron pasar más allá del primer piso, dado que un guardia de seguridad custodiaba las escaleras.

-Qué raro, si siempre ha estado abierta al público… incluso hacían visitas guiadas-recordó la chica.

-Sí, recuerdo la de aquella vez con el colegio, hace ya varios años…

Aunque no pudieron visitar los estudios, consiguieron una tarjeta para poder sintonizar la radio en sus pokégear, insertándola y pudiendo de esta forma usar sus funciones de radio.

Tras la visita a la radio aprovecharon que no estaban muy lejos para dar una vuelta por el paso subterráneo, el cual une ambos extremos de la ciudad por debajo del suelo. Además este paso tenía la particularidad de tener en él un mercado, lo que hacía que fuera bastante transitado. Cerca de la entrada sur, y curioseando entre los puestos, se encontraron con una mujer vestida con un kimono precioso; nada más verla tanto Oro como Cristal dijeron al unísono.

-Hombre, usted por aquí.

Por un momento se miraron y dijeron a coro.

-Anda ¿la conoces?

La mujer les miró por un momento, un tanto extrañada, hasta que finalmente habló.

-Excúsenme, jóvenes, pero deben de estar confundidos, no les conozco de nada.

-¿No? Pero si la vi en ciudad Malva-recordó Oro.

-Y yo la vi en el Encinar-añadió Cristal.

La mujer parpadeó por un momento y entonces murmuró.

-Ah, ya veo, ustedes deben de haberse encontrado con mis hermanas, Tamao y Umeko. Yo soy Komomo, encantada.

Ese comentario hizo comprender al instante a ambos chicos lo que ocurría, comentando de seguido.

-Ah, sí, es cierto, que comentó que tenía más hermanas…

-Sí, es que se parecen tanto que es fácil confundirlas… sentimos la confusión-murmuró Cristal rápidamente.

-No pasa nada, es comprensible. Pero aguardad un segundo… sí, ustedes son esos jóvenes… y si mal no recuerdo, usted, señorita, porta el tan valioso objeto-murmuró entonces Komomo.

-¿Se refiere al huevo?-inquirió Cristal, ceñuda.

-Así es… pero no digan más, tan sólo cuídenlo bien. Estoy segura de que nos volveremos a ver, mientras tanto, prosigan su viaje.

Y, tras esas misteriosas palabras, se fue del subterráneo, echando una rápida y última mirada tanto a Oro como a Cristal, los cuales se quedaron un tanto extrañados por su insólito comportamiento.

Tras ese fugaz encuentro salieron del subterráneo por el acceso norte y se dirigieron al gimnasio siguiendo las indicaciones del mapa de Cristal. En cuanto llegaron a la puerta, de éste salió un chico algo alterado, exclamando hacia dentro.

-¡Te derrotaré, aunque sea lo último que haga! ¡A la cuarta irá la vencida!

-Ey ¿Qué pasa, amigo?-inquirió Oro.

-¡Pues que Blanca me ha vuelto a ganar, eso pasa! ¡Ya es la tercera vez que la reto y salgo escaldado!-explicó el chico con un deje de desesperanza.

-Vaya… ¿tan fuerte es?-murmuró el entrenador.

-¿Fuerte? Eso es quedarse corto, no hay quien la pare… ¿quieres un consejo? Entrena de lo lindo si no quieres sufrir una derrota espantosa-le aconsejó el chico antes de irse.

Ante esa tesitura Oro se quedó parado momentáneamente, sopesando sus posibilidades; que una chica recalcara lo que parecía algo relevante podía tener un pase, pero que ahora otro chaval lo corroborara poco después era ya demasiada casualidad como para ser rumores infundados. Estaba claro que, de alguna u otra forma, esa líder de gimnasio no era moco de pavo, y eso encendía a Oro y le animaba a combatir.

-Violeta comentó justo lo mismo… ¿crees que podrás con ella?-inquirió en ese momento Cristal.

-Pues para serte sincero no lo sé, pero aun así… me están entrando unas ganas de combatir inmensas-confesó el chico.

-¿Y es eso prudente? Que conste que no lo digo a malas, yo tan solo pregunto…

-Lo sé, no pasa nada, pero si es tan fuerte como la gente dice, me gustaría comprobarlo por mí mismo.

-¿Aunque puedas salir derrotado?

Ante esa pregunta el chico la miró y ella le sostuvo la mirada fijamente; por un instante pareció que ambos llegaban a un entendimiento, sin embargo Oro murmuró.

-Bueno, es un riesgo que puedo asumir.

-Está bien…

Una vez que estuvo todo hablado ambos entraron en el gimnasio, el cual era un edificio bastante sobrio y normalito al contrario de todos los que había estado hasta el momento; nada más entrar nadie salió a recibirles, como venía siendo usual, por lo que Oro no lo tuvo en cuenta. Sin embargo Cristal se extrañó, comentando de seguido.

-¿Es normal que no salga nadie a recibirnos?

-Sí, bueno, a mí no me molesta, así que… busquemos a la líder.

Estuvieron buscando los dos juntos, mirando por los pasillos cercanos, hasta que finalmente se toparon con una chica algo más mayor que ellos, de pelo rosado, ojos del mismo color y gesto alegre y seguro. Vestía con una camisa de manga corta de color blanca y roja, con botones amarillos y unos shorts deportivos azules. Remataban el conjunto un par de zapatillas blancas y rojas junto con unos calcetines largos de rayas negras y azules. Llevaba además puesta una muñequera en la muñeca derecha y se sujetaba el pelo con un par de pasadores amarillos a la altura de las sienes.

Tenia consigo una poké ball a la cual hacía arrumacos, incluso la llegó a dar un besito en su lisa superficie; Oro se adelantó e inquirió.

-Perdona ¿sabes dónde está la líder? He venido por un combate de gimnasio.

Al escuchar sus palabras la chica esbozó entonces una graciosa sonrisita, inquiriendo de seguido.

-Oh, así que tú eres el siguiente…

-¿Eh?

-Bueno, si es así me emplearé a fondo de nuevo, espero que hayas venido preparado, lo vas a necesitar.

-Espera ¿eres tú la líder?-inquirió en ese momento Cristal.

-Así es, yo soy la poderosa, imbatible e inugualable Blanca, la líder del gimnasio Trigal. Vi que todo el mundo se apuntaba a esta moda de los pokémon, por lo que me dije ¿y por qué no? Pero no podía ser una simple y corrientona entrenadora del montón, no, que va, y es por eso por lo que estoy aquí. ¿Sorprendidos?

Por un momento tanto Oro como Cristal intercambiaron entre sí sendas miradas ceñudas, un tanto inseguros de cómo tomarse semejante introducción, sin embargo el chico se adelantó y murmuró.

-No tanto, aunque andan diciendo por ahí que eres muy fuerte ¿es eso cierto?

-¡Por supuesto! Por tu bien espero que hayas venido preparado, si no eres lo suficientemente fuerte probablemente daré buena cuenta de ti y tus pokémon…

Ante eso Oro dejó escapar un seco aspaviento, algo molesto por la actitud de la chica, hasta la propia Cristal llegó a rodar los ojos en un gesto hastiado.

-Bueno ¿y qué tal si comprobamos todo eso en un combate?-sugirió el chico, cortante.

-Por mí estupendo, acabo de curar a mis pokémon por lo que están listos para otra ronda. Vamos para el campo.

Desde donde estaban no tardaron casi nada en llegar al susodicho, ocupando los dos sus respectivos puestos y quedándose Cristal en la primera fila de las gradas. Al verles llegar una chica árbitro masculló.

-¿Otro?

-Sí, otro, pero no te preocupes, acabará enseguida-aseguró la líder.

-Bueno, eso habrá que verlo…-murmuró Oro, cada vez más molesto.

-Vaya, parece que tenemos aquí a un aspirante de lo más confiado… veamos qué es lo que tienes que decir.

-Con mucho gusto.

Al punto ambos sacaron sus primeros pokémon, Blanca comenzó con un clefairy y por su parte Oro optó por mareep. A una señal del árbitro el combate dio comienzo.

-¡Los aspirantes empiezan primero!-anunció Blanca.

-¡Muy bien! ¡Mareep, onda trueno!

-¡Esquivalo, Cleffy!

El pokémon eléctrico fue el primero en moverse, lanzando una rápida descarga paralizante hacia el pokémon normal, pero éste se movió a tiempo realizando una pirueta hacia atrás y esquivándola muy elegantemente.

-¡Ataquemos con fuerza! ¡Golpe cabeza!

Al punto mareep agachó su cabeza, flexionó sus patas y se echó hacia delante con todo su peso para asestarle un fuerte golpe a su oponente; sin embargo antes de que le llegara a tocar Blanca exclamó.

-¡Ahora, reducción!

En un visto y no visto, el pokémon se encogió hasta alcanzar el tamaño de una pelota de golf, haciendo que mareep fallara el golpe inmediatamente después. Al segundo siguiente clefairy recuperó su tamaño original y se acercó a él.

-¡Es nuestro, doble bofetón!

Acto seguido preparó sus palmas y asestó dos buenos pares de golpes a un desprevenido mareep, dejándole la cara un tanto adolorida; alzó otra palma para golpearle de nuevo, pero entonces un aura eléctrica envolvió de improviso a clefairy, dejándole completamente paralizado en el proceso.

-¡Oh, no, Cleffy!

-¡Es nuestro! ¡Impactrueno!

Aprovechando el momento de debilidad al acabar paralizado, mareep cargó energía en su pelaje y la soltó, dándole un buen calambrazo a clefairy y acentuando un poco más la parálisis.

-¡No te pares, golpe cabeza!

De nuevo mareep cargó contra él, logrando ésta vez asestarle un fuerte golpe que le empujó hacia atrás en el proceso. En ese momento la parálisis remitió y Blanca exclamó.

-¡Vamos a imitarle! ¡Mimético!

Al punto, clefairy hizo un extraño amago, y justo después contraatacó realizando golpe cabeza al igual que mareep.

-¡Hazle frente, golpe cabeza tú también!

Ambos pokémon atacaron al mismo tiempo hasta que finalmente se encontraron y golpearon al mismo tiempo; el impacto fue potente, llegando a recular ambos al mismo tiempo.

-¡Muy bien, vamos allá! ¡Metrónomo!

Clefairy fue el primero en reaccionar, comenzando a mover sus palmas rítmicamente hacia los lados en un gesto de concentración total; al segundo siguiente un sorpresivo chorro de agua apareció de improviso, dirigiéndose directo hacia mareep. Oro no lo dudó y exclamó.

-¡Ahora, impactrueno!

Antes de que le llegara a tocar, el pokémon eléctrico reunió energía en su pelaje y la lanzó hacia delante, encontrándose con el pistola de agua y haciendo éste de conductor, propinándole un fuerte calambrazo a clefairy, que no pudo hacer nada por evitarlo.

-¡No, Cleffy, muévete, doble bofetón!-exclamó Blanca.

Sin embargo en ese justo momento la parálisis volvió a remitir en ella, dejándola clavada donde estaba y sin poderse mover, cosa que aprovechó el chico sin pestañear.

-¡Es nuestro, golpe cabeza!

Una vez más mareep flexionó sus patas y se lanzó hacia delante con la cabeza agachada, asestando de esta forma el golpe de gracia. Clefairy cayó al suelo bastante dañada y tratando de ponerse en pie, sin embargo su propio peso la venció y se dejó caer, agotada.

-¡Clefairy está fuera de combate, mareep es el ganador!

-¡Bravo, eso es, mareep, estupendo!-exclamó Oro, satisfecho por esa primera derrota.

Desde las gradas Cristal aplaudía a rabiar, viendo que de cierta forma el chico había mejorado bastante desde la última vez que le vio combatir.

-Sigue atacando a lo loco, como hace siempre, pero le noto algo más experimentado-pensó la chica, sonriente.

Por su parte Blanca no dijo nada, tan solo recogió a su clefairy y se guardó su ball en su cinto; inmediatamente después sacó otra esbozando una segura y confidente sonrisita e incluso llegando a reírse por lo bajo.

-¿Qué es tan gracioso?-inquirió en ese momento el chico, ceñudo.

-Oh, ahora mismo lo verás… ¡adelante, Miltuca!-exclamó entonces la líder, dando un beso a la ball y lanzándola al aire.

Tras el correspondiente destello blanco surgió entonces un pokémon que no había visto nunca, por lo que se informó rápidamente.

-Miltank, el pokémon lechera; su leche, rica en nutrientes, es la mejor bebida contra el cansancio y la enfermedad. Si sólo tiene una cría, la leche que produce contendrá más nutrientes de lo normal.

-Vaya, así que un miltank… es la primera vez que veo uno-murmuró el chico, guardando su pokédex.

-¿Estás preparado, Oro?-inquirió en ese momento la líder.

-¡Por supuesto, yo lo estoy siempre!

-¡Veamos si es verdad! ¡Adelante, Miltuca!

A su señal el pokémon normal se puso en guardia, aunque Oro fue el primero en atacar, exclamando de seguido.

-¡Mareep, onda trueno!

-¡Esquívalo!

Mareep fue el primero en atacar, lanzando una rápida descarga paralizante hacia miltank, pero ésta se movió de seguido y, mostrando una agilidad inesperada para su fisionomía, logró esquivarla a tiempo.

-¡Eso es, ahora desenrollar!

Acto seguido el pokémon se enrolló sobre sí mismo como una bola y se abalanzó sobre mareep a gran velocidad. Oro actuó rápidamente y exclamó.

-¡Detenlo con impactrueno!

Antes de que le llegara a tocar, mareep lanzó una rápida descarga contra la bola en la que se había convertido miltank, pero para su infinita sorpresa descubrió que el efecto se quedó en nada, consiguiendo repeler la descarga y continuando con su ataque de forma imparable.

-¡Oh, no, sal de ahí, mareep!

Sin embargo no le dio tiempo a reaccionar, recibiendo el ataque de lleno; el golpe fue contundente, lanzando a mareep hacia atrás como un trapo y cayendo al suelo un tanto dañado. Aunque, para más inri, miltank no se detuvo y continuó rodando imparable, dando una rápida vuelta al campo y volviendo a por él con más fuerza que antes.

-¡Eso es, Miltuca, continúa así!-exclamó Blanca, exultante.

-¡Tenemos que detenerlo! ¡Golpe cabeza!

Con algo de esfuerzo, el pokémon eléctrico se puso en pie de nuevo y cargó contra su oponente; por un instante logró contenerle, pero apenas duró unos segundos, ya que miltank retomó su ritmo y volvió a golpearle con el doble de fuerza que antes.

-¡No, mareep!

-¡Es inútil tratar de detenernos, una vez que empieza desenrollar no se puede parar y mi Miltuca se vuelve invencible! ¡Continúa, vamos!

-¡Eso habrá que verlo! ¡Mareep, esporagodón!

Haciendo acopio de fuerzas, mareep hizo crecer su lana desmesuradamente, creando de esta forma una gruesa capa de la misma para protegerse de los golpes y disminuir la velocidad del rival; sin embargo eso no llegó a parar del todo a miltank, el cual atravesó de golpe esa capa y asestándole un último golpe fatal a mareep, el cual cayó al suelo de espaldas, sin poder volverse a levantar.

-¡Mareep está fuera de combate, miltank es el ganador!-anunció el árbitro.

-¡Ja, eso es, otra victoria más para la invicta y poderosa miltank! ¡Así se hace!-exclamó Blanca con orgullo, al tiempo que su pokémon hacía lo propio.

Por su parte Oro lo recogió, comenzando a pensar en posibilidades; estaba claro que ese ataque desenrollar era mucho más poderoso de lo que parecía a simple vista, por lo que enfrentarlo no iba a ser tan sencillo. Visto lo visto era un ataque a ras de suelo, por lo que no lo dudó en ningún instante y sacó a noctowl.

-Así que volador… ¿piensas que vas a tener alguna oportunidad?-inquirió Blanca nada más verle.

-Yo creo que sí…

-Como quieras. ¡Desenrollar!

Una vez más, miltank se lanzó a la carrera dirigiéndose directamente hacia noctowl, pero antes de que llegara hasta él Oro exclamó.

-¡Arriba, noctowl!

Antes de que le llegara a tocar, el pokémon volador batió las alas y alzó el vuelo justo a tiempo, evitando así el golpe; miltank le pasó por debajo y se detuvo en seco, mirando a su oponente desde el suelo.

-¡Tajo aéreo!

Las alas de noctowl brillaron y una serie de corrientes de aire salieron despedidas hacia miltank mientras las agitaba.

-¡Esquívalas, Miltuca!

Haciendo uso de su para nada convencional velocidad, miltank logró esquivar la mayoría rodando con todo su cuerpo, aunque al final no logró evadirlas todas, llegando a ser golpeada de refilón por las últimas. Aun así eso no amilanó a Blanca, la cual exclamó.

-¡Vamos a alcanzarlo! ¡Pisotón!

Esta vez miltank se desmarcó de lo lindo dando un lustroso salto y abalanzándose sobre noctowl desde el aire, al ver lo que se le echaba encima Oro exclamó.

-¡Esquívalo!

Resultó sencillo hacerlo, una rápida maniobra bastó para hacerse a un lado y que el ataque fallara; sin embargo en ese momento la líder ordenó.

-¡Ahora, desenrollar!

Esa orden pilló por sorpresa tanto a Oro como a Cristal, ya que no había ningún sitio donde miltank se pudiera apoyar para impulsarse; sin embargo el pokémon se enrolló sobre sí mismo y comenzó a rodar sobre sí mismo mientras caía hacia el suelo. Por un momento pareció que se iba a pegar la costalada padre, pero entonces sucedió algo inesperado que dejó a ambos chicos incrédulos. Durante toda la caída fue cogiendo impulso, y en cuanto tocó el suelo lo hizo a la suficiente velocidad como para poder salir lanzada hacia arriba, botando literalmente en el suelo y dirigiéndose directamente hacia un noctowl igual de alucinado. El impacto fue brutal, desestabilizando al pokémon volador y lanzándole al suelo bastante dañado.

-¡No, noctowl!

-¡Es nuestro, desenrollar!

Acto seguido, y una vez en el suelo, se lanzó de nuevo contra su indefenso noctowl que trataba de ponerse en pie desesperadamente; por su parte Oro reaccionó de seguido exclamando.

-¡Arriba, noctowl, sujétale con confusión!

Haciendo un gran esfuerzo, el pokémon volador aleteó y sus ojos brillaron intensamente, al tiempo que un aura brillante envolvía a miltank, deteniéndole en seco y haciéndole daño en el proceso.

-¡Sí, eso es, no le sueltes, tajo aéreo!

Acto seguido, y aprovechando que lo tenía inmovilizado, agitó sus alas y lanzó las afiladas corrientes, dañándole un poco más hasta que finalmente lo soltó, cayendo al suelo un tanto dañada.

-¡Sí! ¿Qué te ha parecido?-inquirió el chico, satisfecho.

Sin embargo Blanca tan solo esbozó una pequeña sonrisita, murmurando de seguido.

-No ha estado mal, aunque no voy a permitir que dañes así sin más a mi Miltuca… ¡batido!

-¿Batido?-repitió el chico, extrañado.

Fue entonces cuando sucedió algo que no se esperaba ni en todos los días de su vida; miltank se enderezó y, apretándose sus ubres, se sacó leche y se la bebió, recuperando de esta forma gran parte de su salud. Tanto Oro como Cristal se quedaron completamente alucinados ante semejante visión.

-Pero qué…-masculló el chico.

Sin embargo no hubo mucho tiempo para encantarse, puesto que tras eso Blanca aprovechó para atacar.

-¡Desenrollar!

Ese grito despertó a Oro, el cual reaccionó de seguido.

-¡Arriba, noctowl, que no te alcance!

El pokémon volador logró alzarse a tiempo unos cuantos metros del suelo, sin embargo en un momento dado la líder exclamó.

-¡Ahora, salta!

Entonces, de forma muy similar a cuando se dejó caer, y sin detenerse siquiera, miltank dio un bote en el suelo y el impulso hizo el resto, dirigiéndose directamente hacia su oponente alado, que esta vez no tuvo tiempo de esquivar nada. Otro fuerte golpe sacudió a noctowl, que volvió a caer al suelo severamente dañado y sin apenas poder tenerse en pie.

-¡No, noctowl, resiste, vamos!-masculló el chico.

Sin embargo el pokémon no pudo dar más de sí y se dejó caer al suelo, completamente KO.

-¡Noctowl está fuera de combate, miltank es el ganador!-dictaminó el árbitro, levantando una banderilla a su favor.

-¡Bravo, Miltuca, arrasa con todo!-exclamó la líder, regozijándose en su orgullo.

Por su parte Oro no dijo nada, recogiendo de seguido a su pokémon y apretando la ball con fuerza, comenzando a sopesar sus opciones; hasta ahora miltank había demostrado una técnica impecable y bastante agresiva, siendo complicado el dominarla por completo, ya que al mismo tiempo que atacaba se defendía, y el descubrimiento del ataque batido complicaba aún más las cosas. Realmente era imparable.

Pero eso mismo no le iba a echar atrás, debía de contrarrestar de alguna forma su estrategia, y tras pensarlo detenidamente decidió sacar a quilava.

-Oh, ahora de tipo fuego… deberías ir con cuidado, Oro, no te vayas a quemar…-murmuró la líder, con tonito.

-Qué graciosa… te dejo que ataques, las damas primero-murmuró Oro, en un gesto de cordialidad fingida.

-Oh, qué cortés… ¡desenrollar!-exclamó ella entonces.

Al punto miltank volvió a echarse a la carrera, dirigiéndose directamente hacia quilava, pero antes de que llegara Oro ordenó.

-¡Pantalla de humo!

Una súbita nube negra envolvió gran parte del campo donde se encontraba quilava, aunque eso no detuvo a miltank, atravesándola de golpe y despejando rápidamente el humo, aunque el pokémon de fuego no estaba a la vista cuando lo hizo.

-¿Dónde está? ¡Atenta, Miltuca!-exclamó Blanca.

Por un instante miltank se detuvo y vigiló atentamente sus alrededores, aunque en un momento dado Oro exclamó.

-¡Ahora, dala con todo, rueda fuego!

En un visto y no visto, quilava reapareció convertido en una rueda envuelta en llamas que incidió sobre ella sorpresivamente, lanzándola hacia atrás.

-¡Diablos! ¡Desenrollar!

-¡Enfréntala, rueda fuego, no te pares!

Ambos pokémon se abalanzaron el uno contra el otro con todas sus fuerzas, encontrándose en el centro del campo y haciendo fuerza para tratar de sobrepasarse el uno al otro. Por un instante sus fuerzas se igualaron y se bloquearon mutuamente ambos ataques, echándose los dos hacia atrás para poner algo de distancia entre los dos.

-Vaya, ese quilava es fuerte, podría darnos problemas… ¡en ese caso muéstrale todo tu encanto, Miltuca, atracción!

Al instante miltank guiñó un ojo y una ristra de corazoncitos salió disparada hacia quilava, que no se esperaba para nada ese giro; fue entonces cuando éstos le envolvieron por completo, y en cuanto se apartaron el pokémon se mostró completamente embobado, mirando a miltank como si fuera una musa.

-¡Oh, no!-exclamó Cristal, apurada.

-¡Quilava! ¿Qué estás haciendo? ¡Ataca, vamos!-masculló Oro.

-Oh, me temo que esta vez no… ¡desenrollar!

Acto seguido miltank volvió a rodar y quilava se quedó quieto sin hacer nada, recibiendo el ataque de lleno y siendo lanzando hacia atrás con furia visigoda. El pokémon de fuego cayó al suelo duramente y bastante dañado, pero aun así se levantó a trompicones y siguió mirando a miltank completamente embelesado.

-¡No, vamos, reacciona, quilava, tienes que moverte, rueda fuego!

Sin embargo el pokémon no hizo nada de lo que su entrenador le indicó, quedándose a merced de miltank, la cual volvió a embestir con más fuerza que antes. Al ser sumamente eficaz, quilava apenas aguantó otro golpe más, cayendo al suelo debilitado y con los efectos de atracción aún presentes en él.

-¡Quilava está fuera de combate, miltank es el ganador!

-¡Oh, sí, oh, sí, bravo Miltuca, eres la mejor!-exclamó Blanca, exaltada.

Para entonces Oro ya se encontraba particularmente nervioso, ya que lo tenía prácticamente contra las cuerdas. La técnica de miltank era sencillamente letal, y no había forma de detenerla, todo lo que había intentado había acabado en saco roto, y ahora tan solo le quedaba un pokémon. En ese mismo instante comprendió a la perfección la frustración tanto de Violeta como del otro chico que salió hace pocos minutos, estando completamente justificado en ese sentido.

Sin mayores posiblidades sacó a spinarak, su último pokémon, pensando en una ínfima posibilidad.

-¿Tipo bicho? Huy, esto va a ser divertido…-murmuró Blanca, sonriente.

-Divertidísimo, mira… ¡vamos a tratar de detenerle, disparo demora!

Nada más salir de su ball, spinarak comenzó a tejer con velocidad y ató a miltank al suelo con sus finos pero resistentes hilos; sin embargo Blanca exclamó.

-¡Buen intento, pero no te servirá de nada! ¡Desenrollar!

Aún a pesar de que estaba atada, miltank comenzó a rodar y, aunque en un principio los hilos la contuvieron, en cuanto ganó velocidad logró romperlos todos, logrando así soltarse y abalanzándose sobre un indefenso spinarak que ni tuvo tiempo de reaccionar. El impacto fue tremendo, lanzándolo hacia atrás como un trapo y cayendo al suelo duramente, de donde no se volvió a levantar, ni siquiera el propio Oro lo alentó a hacerlo.

-¡Spinarak está fuera de combate, miltank es el ganador! ¡La victoria es para la líder de gimnasio Blanca!-anunció entonces el árbitro.

-¡Sí, estupendo, eso es, otro combate ganado, eres la mejor, Miltuca, nadie podrá vencerte!-exclamó la líder, regodeándose en ese mismo momento.

Por su parte Oro no dijo nada, mirando al suelo con gesto pensativo y recogiendo a spinarak de seguido. Se quedó en el sitio por unos instantes, sosteniéndose el tabique de la nariz con sus dedos y pensando en algo distante. Al verlo Blanca comentó.

-No ha estado mal para ser tu primer intento, estaré encantada de volver a luchar contra ti cuando tú quieras.

-Sí, claro que sí…

-Muy bien, chaíto, que te vaya bien.

Tras eso el chico se fue de allí a paso raudo, preocupando así a Cristal, la cual fue tras él hasta alcanzarlo en la calle. Se acercó a él un tanto insegura e inquirió.

-Oro, ya sé que era una posibilidad, pero… ¿estás bien?

Ante eso el chico suspiró sin darse la vuelta, murmurando de seguido.

-Sé lo que dije, Cristal, no voy a escurrir el bulto…

-Ah, bien, aunque… lo digo porque… me preocupo por ti, y yo…

Oro supo al instante a lo que se refería, sintiéndose en ese sentido un tanto culpable, aunque por otro lado tampoco podía evitar sentirse algo rabioso por el resultado. Sabía que era una posibilidad teniendo en cuenta los comentarios, pero por otro lado también comprendía por qué la chica lo decía. Finalmente, y tras armarse de valor, se dio la vuelta y se dirigió a ella.

-Cristal, yo… lo he estado pensando mucho, todo lo que ha pasado entre nosotros, y aún a pesar de todo no he conseguido sacar una respuesta clara. Hasta ahora no había hecho nada más que ignorar el hecho en sí, sin darle mayor importancia, pero… tal y como yo lo veo…

-¿Sí?-inquirió ella, con gesto preocupado.

La mirada que le estaba echando, una mezcla de súplica y miedo a partes iguales, penetró en el chico, sintiendo cierta sensación vacía en su estómago, pero sabía que en ese momento no había ninguna otra cosa. Por el bien de los dos, debía dejarla ir, al menos por el momento. El chico suspiró y murmuró.

-Creo… creo que va a ser lo mejor para los dos darnos un tiempo, Cristal. Hasta ahora no he llegado a ofrecerte nada, lo único que he hecho ha sido gritarte y enfadarme contigo, y eso… para eso es mejor que yo me aparte, al menos por un tiempo. Lo entiendes ¿verdad?

Ante eso la chica no pudo evitar que los ojos la comenzaran a brillar y a escocer, sintiendo como algo la atoraba la garganta; de cierta forma se esperaba que la dijera algo así, pero sus peores miedos se habian confirmado, y ahora sentía cómo todo dejaba de tener sentido. Esta vez no era como aquellas otras veces, que lo dejaban de forma acalorada y luego volvían en un ambiente algo más calmado. Esta vez podía notar la seriedad en la cara del chico, y habian llegado a un punto de no retorno que hasta ella misma pudo notar. Por su parte la chica murmuró.

-Lo… lo entiendo, pero aun así me duele… me duele porque, para mí, sí que me habias llegado a ofrecer algo…

-¿El qué? ¿Discusiones, gritos, malestar? No, eso no es nada…

-¡Antes de eso! ¡Antes de todo eso! Yo siempre te he visto como mi caballero protector, puede que suene cursi y ñoño, pero es así y yo… yo…

-Oh, por favor, Cristal, no digas tonterías, yo no te he ofrecido nada a cambio de tu cariño…

-¡Sí! ¡Sí que lo hacias, puede que tú no lo veas así, pero para mí sí! Oro, tú sabes que yo siempre te he querido…

Ante eso el chico apartó la mirada, mascullando de seguido.

-Por favor, Cris, no hagas esto más difícil de lo que ya es…

-Contéstame algo ¿tú alguna vez has llegado a sentir algo por mí?

Fue en ese momento cuando Oro la devolvió la mirada, viendo entonces que la chica se encontraba al borde de las lágrimas, esbozando un gesto de infinita tristeza que llegó a hacer mella en él de alguna forma u otra. Supo entonces que debía de responder, tardando un poco al principo pero finalmente susurrando.

-Sí.

Ante eso la chica no dijo nada más, tan solo cerró los ojos con fuerza, al tiempo que dos gruesos lagrimones caían al suelo, empapando la acera. Oro se quedó allí quieto y sin decir nada, mirando hacia otro lado, como si no quisiera verla llorar.

-Lo siento, Cris. Es lo mejor para los dos.

La aludida tardó en contestar, pero al final asintió con la cabeza, al tiempo que las lágrimas comenzaban a brotar, imparables. Oro miró hacia abajo, al tiempo que comentaba.

-Tengo que ir al centro pokémon…

-Sí, sí, ve…

El chico se marchó rápidamente para ir a curar a sus pokémon y la chica se quedó allí, aunque al poco rato echó a correr hacia el norte, perdiéndose en la distancia. Oro, por su parte, andaba rápido para ocultar sus sentimientos, lográndolo al menos en parte. En el cielo varios jirones de nubes taparon el sol, proyectando alargadas sombras sobre la ciudad.


¡Y aquí está el nuevo capítulo de Pokémon! y cargaditos de feels de los buenos, para todos XD los fans de este shipping probablemente lo hayan pasado mal, a partir de aquí la relación entre Oro y Cristal pasará un momento crucial, y jugaré con la nueva situación para trabajar a ambos personajes tanto por separado como juntos en cuanto tenga la ocasión, para que así puedan ir puliendo su relación. La idea es que vuelvan a acabar juntos, pero evidentemente no va a ser un camino de rosas, ya que Oro también tiene que trabajar esa impulsividad suya.

Por otro lado tenemos a la viola... digo, el combate contra Blanca, la cual como habréis podido observar va de sobrada de la vida, como en los juegos. Y, evidentemente, le viol... digo, le derrota estrepitosamente, como a nosotros en los juegos. Seguramente habréis tenido flashbacks lejanos en el tiempo completamente justificados, y habréis acabado en una esquina zarandeándoos erráticamente, con los brazos en las piernas y mirada perdida. No pasa nada, está bien, yo también. Evidentemente siendo el primer combate es normal que el chico salga escaldado, ya que se necesita algo más que fuerza para vencer a Blanca. Le daré algo de tiempo a Oro para que entrene a tope, el siguiente capítulo probablemente sea algo más largo que éste y tenga más contenido, aunque aprovecharé para meter uno o dos interludios temporales para dar algo más de tiempo.

Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!