CAPÍTULO 11

DESCUBRIMIENTO Y SOBREVIVENCIA

Hasta los diez años Roy Mustang había sido un hábil carterista, dedos pequeños y agiles, traviesos y escurridizos; si hubiera seguido en el negocio habría tenido un próspero futuro, uno que habría terminado con él en la cárcel o algo peor, pero todo dependía del contexto.

Por eso no tuvo dificultades para ver a Ed entre la multitud mientras le arrebataba a ese hombre su cartera, el chiquillo no era un aficionado, sino todo un maestro, lo cual no era de sorprender.

A decir verdad una parte de si estaba satisfecha, al menos ahora sabía de dónde sacaba dinero Ed para sobrevivir, aparentemente no comía de la basura, sus talentos y gustos eran mucho más sofisticados.

Pero si Glacier lo descubría estaría terriblemente decepcionada, además de que un arresto por carterista no se vería nada bien en su expediente. Es cierto qué no era el tutor legal del niño, pero se sentía con cierta responsabilidad hacia Ed mientras literalmente "durmiera" bajo su techo, ya que esa parecía ser la única actividad que el mocoso hacía en su casa.

Se sentaron en una cafetera, pidió un americano y un chocolate caliente para Ed, la palidez del chiquillo no dejaba de sorprenderle. Le daba curiosidad como es que viviendo toda su vida en Ishval mantenía aquel color de piel, pero suponía que había líneas que no se podían sobrepasar. Se quitó la bufanda y la envolvió alrededor del cuello de Ed, quién sin atreverse a mover ni un solo músculo, se dejó hacer.

—Tranquilo, Edward. No planeo marinarte ni comerte asado con guarniciones, sólo quiero que no te congeles.

Ed asintió en absoluto convencido.

Espero en silencio hasta que les trajeron sus bebidas, pidió un pastel de manzana extra para Ed quién parecía medio muerto de hambre.

—No estás avergonzado de haber robado esa cartera, sino de que te haya descubierto. ¿Cierto?

—No te equivoques Mustang— respondió con dureza mirándolo a los ojos—. Si me avergonzará por cosas como estás no habría sobrevivido hasta esta está edad, digamos que me siento decepcionado de que me hayas descubierto, no pareces un tipo muy talentoso y estoy muy orgulloso de mis habilidades.

—Bueno— le dijo Roy dándole un sorbo a su café—. Yo también fui un carterista y aunque tu técnica es buena, mueves demasiado los dedos, debes ser más sigiloso y silencioso. Tarde o temprano alguien te descubrirá y mi estimado guerrillero, genio o no, eso no será bueno para ti en ningún sentido.

Ed frunció el ceño, pero no respondió. Roy prosiguió.

—Has escapado del infierno y nadie, ni siquiera yo, quiere que regreses. Sé que crees que hace mucho tiempo dejaste de serlo, pero todavía eres un niño y es responsabilidad de los adultos cuidar de ustedes, los menores. Sólo hasta que cumplas dieciocho años, después podrás mandar a todos al demonio y hacer lo que quieras con tu vida, pero hasta que ese día llegue, necesitas confiar en personas como Glacier o yo.

Ed miró el chocolate caliente, pero no bebió. ¿Roy se preguntó cuando había sido la última vez que él niño había tenido chocolate?

—No soy un niño— refunfuño tras un largo rato.

—En Ishval quizás no, pero en Amestris si.

Había duda y miedo en sus ojos, también esperanza y determinación. Tal vez se había equivocado, tal vez Ed no era uno de esos seres rotos a los que nunca se les podría reparar; quizás quedará con muchos orificios, parches y cicatrices pero todavía existía esperanza para él.

—He vivido toda mi vida en Ishval— se dijo para sí mismo.

—Pero ahora estás aquí y puedes ser lo quieras. Él límite te lo pones tú, eso es todo.

Ed soltó una risita desenfadada y negó con la cabeza.

—¿Y quién se encargará de mi? Todos lo que me conocen creen que soy un Monstruo. He matado a mujeres y hombres, viole a mujeres, quemé casas con niños adentro. Si la justicia existiera merecería morir de la manera más lenta y dolorosa posible. La Señora Glacier es amable conmigo porque es su trabajo, pero cuando descubran lo que he hecho para sobrevivir…

Bajo la cabeza y la ocultó bajo su flequillo.

—Lo mejor sería que yo también hubiera muerto— se lamentó en un susurro.

—No creo que seas un Monstruo— le dijo Mustang con voz firme, pero comprensiva—. Eres un niño que hizo lo necesario para sobrevivir—. Pensó si estaba seguro de que lo siguiente que diría sería lo correcto. ¿Estaba preparado para tomar esa responsabilidad? Después de estas palabras ya no habría marcha atrás—. Yo me haré cargo de ti hasta que estés listo para decidir qué es lo que realmente deseas hacer en la vida, incluso si el camino que eliges es la muerte. Pero no lo creo Ed, eres fuerte y sobrevivirás, no será sencillo y seguramente será doloroso, pero encontrarás la manera de seguir adelante.

"Las personas como nosotros siempre lo hacemos" pensó sin decirlo en voz alta.

—Ahora vamos a casa.

El niño asintió.

¿A su propuesta?

¿A su sugerencia de regresar?

¿A su afirmación de que encontraría la manera de sobrevivir?

Quién sabe.

Salieron de la cafetería y tomaron un taxi.

Dentro del reducido espacio, Roy fue consciente de que era la primera vez que tras la visita a la tumba de su esposa e hijo no pasaba a la licorería y suponía que aquella noche tampoco bebería hasta caer inconsciente.

Ahora tenía alguien a quién cuidar, el niño silencioso a su lado que se ocultaba tras su cabello.