Hola chicas por aquí estoy de nuevo, no estaba muerta ni andaba de parranda, solo tenía el tiempo algo complicado.

Aquí tienen el nuevo capítulo, del cual ya les voy adelantando que será una ¡BOMBA!

LEAN LA NOTA AL FINAL por favor.


CAPÍTULO 11

Edward se encontraba con la mirada fija en el panorama que le ofrecía la ventana de su oficina pero sin ver nada en particular, su inexpresivo rostro ocultaba la ira que en su interior se albergaba.

La noche anterior para compensar la escena que le había hecho a su novia afuera de la que sería su clínica veterinaria la había invitado a cenar al "Rock and Rose Restaurant",uno de los restaurantes más recomendados de la zona; ya que esos eran los lugares que últimamente a él le gustaba frecuentar más, puesto que ahora y con el sueldo que ganaba sí que podía permitírselos.

Edward quería reivindicarse por su gran metedura de pata al haberle hecho aquella escena de celos sin motivo alguno, tal como lo reconocía ahora.

Bella había aceptado después de pensarlo por unos minutos, ella también quería solucionar el asunto ya que no le gustaba para nada estar disgustada con él y mucho más ahora que sentía que poco a poco algo los estaba separando cada día más, algo que ella no lograba descifrar, aunque quería pensar que tan solo era porque el trabajo lo absorbía mucho.

Una vez llegaron al sitio Bella se sintió un poco fuera del lugar, si bien el local y la decoración era muy hermosos, el sitio en sí le pareció muy elegante para su propio gusto ya que, como siempre había sido, ella prefería los lugares más sencillos; cosa que al parecer Edward estaba olvidando, más sim embargo no le hizo ningún comentario al respecto.

Una vez confirmaron su reservación fueron ubicados en una mesa para dos, que si bien no estaba apartada de las demás del salón y por ende el retos de las mesas estaban a la vista, sí que les daba un poco de privacidad.

La comida estuvo exquisitamente deliciosa, Edward pidió un sunday roast*mientras que ella se decantó por un roast beef*, acompañados de un delicioso vino tinto.

Mientras comían, Edward aprovechaba cada oportunidad para tomar la mano de su novia y pedirle una y mil veces que disculpara la forma en que la había tratado, que reconocía el haberse dejado llevar por los celos que le surgieron al ver la escena que presenció con aquel hombre y que sus inseguridades lo habían superado.

-No puede volver a repetirse Edward – dijo Bella con el rostro serio y viéndolo fijamente a los ojos – yo no soy una cualquiera como para que me estés tratando de ese modo, te amo demasiado como para siquiera pensar en engañarte y así como YO CONFÍO plenamente en ti, espero que tú hagas los mismo – remató diciendo aquello.

Edward sintió el ya acostumbrado tirón de culpabilidad, porque efectivamente ella no sería capaz de traicionarlo, pero él sí que lo estaba haciendo; aunque se engañaba diciéndose que aquello con Tanya no duraría por mucho tiempo.

-Puedes confiar en mí, mi amor; y te prometo que aquello no volverá a suceder – le dijo para después tomar el delicado rostro de Bella entre sus manos y besarla lenta y apasionadamente a la vez – te amo – la miró a los ojos cuando se lo dijo para que pudiera ver que no la engañaba.

Y Bella notaba el amor de su novio, pero hubo "algo" en su mirada que notó diferente, algo que no se había reflejado nunca antes y que la dejó con una sensación de intranquilidad enorme.

Edward volvió a besarla, esta vez con más ímpetu, como dándole un preludio de lo que sería la noche de reconciliación para ambos cuando llegara a la casa de ella.

La castaña se excusó un momento para ir al baño mientras el camarero les traía el mousse de chocolate que habían pedido de postre.

Y fue en ese momento que todo se volvió rojo para Edward; cuando inconscientemente dirigió su mirada a la entrada del restaurante y por ella ingresaba una despampanante rubia, enfundada en un muy sensual y diminuto vestido largo de color rojo que se adhería a su cuerpo como una segunda piel y unos zapatos negros de tacón de 15 cm.

Tanya iba muy bien agarrada del brazo de un apuesto hombre enfundado en un traje azul marino y camisa celeste con los tres primeros botones de ésta desabrochados.

Ambos iban muy sonrientes platicando, el hombre pidió su reservación y los dirigieron a una mesa en el lado opuesto al de ellos pero que quedaba muy visible para el cobrizo.

Edward, realmente cabreado, miraba todas y cada una de sus acciones: el roce de sus manos, la mirada coqueta de la rubia hacia el hombre que tenía a su lado, la risa que ambos compartían. Cada gesto que a medida que surgían provocaba que su grado de enojo aumentara más y más.

La mente de Edward regresó al presente, en su oficina.

Ver entrar a Tanya con ese hombre había puesto fin a su buen humor y por ende a su propia cita con Bella ya que no se había sentido capaz de continuar en el mismo lugar en el que estaba la rubia acompañada de otro tipo.

No, él no pudo seguir ahí, como tampoco iba a dejar pasar ese asunto con Tanya así como así.

-No es que esté celoso – se dijo a sí mismo, autoengañándose – es que mientras estemos en esto, sólo deberá estar conmigo, con nadie más.

Aquella mañana Tanya no había ido para nada a su oficina, él sabía que estaba en la de ella pero por algún motivo ese día no lo había ido a saludar.

-Pero no será por más tiempo – volvió a murmurar para sí, esta vez mirando su reloj, recordando cómo había arreglado las cosas para que a la rubia le quedara claro como tendrían que ser la cosas entre ellos de ahora en más.

Unos golpes en la puerta llamaron su atención.

-Adelante – dijo en tono alto.

-Sr. Cullen – dijo Jane, su secretaria – ya estoy saliendo a cumplir con los encargos que usted me encomendó, me tomarán algo de tiempo, pero… - iba a continuar, pero el cobrizo la interrumpió.

-Tómate el resto de la tarde Jane, quiero que esos documentos estén en su destino hoy mismo, además de que aquí no te voy a necesitar más por hoy – la instruyó – peor no te olvides de recoger en la joyería que te indiqué los dos paquetes, el que está con el nombre de mi novia envíaselo por mensajería a la casa de ella y el otro déjalo sobre mi escritorio el día de mañana a primera hora.

La mujer no dudaba de para quién sería el otro paquete, ya que aquel idilio era más que conocido en la oficina gracias a la eficiente discreción de la secretaria de Tanya, nótese el sarcasmo, quien se había encargado de hacer correr el chisme.

Jane iba a salir al ver que su jefe no le decía nada más cuando la voz de éste la detuvo.

-¿Ya despachaste también al resto del personal como te indiqué? – le preguntó, esta vez dándole la espalda, él también era consciente de que la relación que mantenía con Tanya ya se sabía ahí, aun cuando ignoraba quién había hecho correr la voz.

-Sí señor – contestó Jane, intentando ser lo más profesional que podía – ya solo queda Anne, la secretaria de la señorita Denali, y ella.

-Ok, ya puedes retirarte Jane hasta mañana – la despidió el cobrizo.

-Hasta mañana, señor Cullen – contestó la mujer, para luego salir de la oficina, negando al mismo tiempo.

-Esto no va a terminar bien – dijo para sí misma, sintiendo pena por la novia de aquel imbécil, que era como lo trataba mentalmente, ya que aunque no conocía bien a Bella, la había tratado un poco fuera de la oficina en un par de ocasiones que había ido hasta la casa de ella para dejar alguno que otro papel y siempre la había tratado muy bien.

Pero Jane al ser una madre soltera realmente necesitaba del salario que ganaba, ya que de ello dependían sus dos hijos, como para siquiera pensar en la posibilidad de poner en sobre aviso a Bella de lo que estaba pasado, eso significaría poner su puesto laboral en riesgo si siquiera lo intentaba y luego la descubrieran.

Anne al ver salir a Jane entró a la oficina de Tanya y con una mirada le indicó que se iba, aquella era la señal que siempre le daba para informarle que tenía vía libre para hacer y deshacer con su cobrizo tanto como quisiera.

-Hasta mañana, Anne – la despidió Tanya, ya que tampoco la quería revoloteando por ahí.

Anne le guiñó un ojo en complicidad, con un movimiento de mano salió de la oficina de la rubia, recogió sus cosas y se fue.

Tanya mientras tanto se levantó de su silla y acomodó su falda tubo negra, que se ajustaba a sus perfectas curvas, ajustó también su blusa blanca sin manga y muy escotada, para que sus pechos resaltaran, posicionó bien el fino cinturón negro que adornaba la blusa en su estrecha cintura; tomó los papeles que serían la excusa para ir a la oficina de su cobrizo malhumorado y salió de su despacho.

Y es que Tanya había sido perfectamente consciente de la presencia de Edward en el restaurante la noche anterior y por eso había movido los hilos nuevamente a su favor; Dimitri, uno de los pocos amigos de universidad con los que se comunicaba la había invitado a salir y la casualidad estuvo tan de su parte como para que coincidieran en el lugar sin haberlo planeado siquiera.

Dimitri había estado encantado de ayudarla y lo bueno de todo es que él no daba a notar que era gay, aunque si se lo preguntaban tampoco lo negaba.

Tanya disfrutó de ver el rostro furibundo de Edward con cada actitud coqueta suya hacia Dimitri y mucho más disfrutaron ella y su amigo cuando lo vieron salir con la castaña casi en volandas del lugar al poco rato de haber ingresado ellos.

Aunque ahora disfrutaré mucho más, si las cosas resultan como las espero, pensó la rubia mientras se acercaba a la oficina de Edward.

Tocó la puerta suavemente dos veces y sin esperar respuesta entró.

-Edward le puedes decía a Jane que… - Tanya hizo amago de que miraba en toda la oficina como si buscara a la secretaria del cobrizo – lo siento, pensé que Jane estaba aquí.

Edward la miraba fijamente desde su posición en la ventana, aun con su rostro inexpresivo pero por dentro dichoso de que fuera ella quien lo hubiese venido a buscar.

-Jane tenía que resolverme unos asuntos, no regresará hasta mañana – comunicó con voz impasible.

-Oh bueno, quería que me mandara por fax estos papeles – la rubia puso expresión de frustración mientras ondeaba los papeles que llevaba en la mano – el fax de Anne se averió y justo se acaba de ir ya que tiene a la mamá enferma y pidió permiso – explicó, mintiendo naturalmente como ya era su costumbre – bueno iré a la planta de abajo para ver si me pueden ayudar.

Tanya hizo ademán de salir.

-¡Alto ahí! – ordenó el cobrizo levantando la voz, ya empezando a acercarse a la rubia, quien devolvió la mirada con una ceja alzada.

-¿Necesitas algo? – le preguntó fingiendo inocencia.

Edward masculló algo ininteligible y rápidamente tomó a la rubia entre sus brazos terminándola de meter en su oficina, no preocupándose de cerrar la puerta ya que estaba seguro que no había nadie más en aquel piso.

-¡Edward que pasa! – exclamó la rubia cuando el cobrizo la estampó con un poco de fuerza en la pared, algo sorprendida pero al mismo tiempo emocionada y excitada por aquella acción del hombre.

Los ojos de Edward reflejaban una ferocidad que la encendió a mil.

-Lo que pasa – masculló él al tiempo que dirigía su rostro hacia el cuello de la rubia y pasaba su lengua por el mismo, degustándola – es que voy a tener que aclararte un par de puntos.

Y dicho esto estampó sus labios contra los de ella, fue un beso pasional, furioso, fogoso, casi que animal; un beso donde él le dejaría más que claro a quién le pertenecía ella.

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Bella estacionó el auto en la acera aledaña al edificio donde trabajaba Edward.

Extrañamente era la primera vez que ingresaría a aquel edificio ya que anteriormente no había tenido la oportunidad de hacerlo, ya fuera porque no hubo motivos o porque su mismo novio ni siquiera lo había podido sugerir.

Pero aquel día era diferente.

Motivada por el impulso de sacar la relación a flote y realmente empezar ya a luchar por lo que se estaba perdiendo entre ambos, se había decidido a hacerle una visita sorpresa a Edward e invitarlo a almorzar con ella ya que extrañamente hacía buen rato que no lo hacían, desde que él había empezado a trabajar más específicamente y mucho más aún con ella intentando ocupar la mayor parte de su tiempo en la adecuación de la que pronto sería su veterinaria.

Se bajó del coche, luego de dejarlo correctamente estacionado en el espacio que había encontrado libre para su buena suerte, y caminó varios pasos hasta llegar a la entrada del edificio.

Le extrañó no encontrar a nadie en la recepción, pero al mirar su reloj y ser consciente de la hora que era supuso que el personal debería estar en su hora de almuerzo; internamente rezó porque su sorpresa no se truncara y que su novio no estuviese ocupado, puesto que en su cabeza tenía la férrea idea que Edward almorzaba tarde o lo hacía con posibles clientes.

Ingresó al elevador y pulsó el botón que la llevaría hasta el décimo piso que sabía que era donde él tenía su oficina, ya que desde que cuando recién entró a trabajar ahí le dio toda información a ella de la ubicación y responsabilidades que tendría a partir de ese momento.

Bella suspiró, embargada de sentimientos encontrados; sabía que aquel empleo le hacía mucha ilusión a su novio, eso lo tenía más que claro y por ende estaba muy feliz por ese lado, pero a la vez le frustraba que a partir del día en que lo aceptó la relación entre ellos no hiciera más que empeorar lentamente.

La noche anterior había cedido nuevamente, le había disculpado su actitud aun cuando le había dolido tanto que dudara de ella de esa forma; pero tenía más que claro que las cosas no podían seguir así. A pesar del lugar que él había escogido para ir invitarla a cenar, el cual desde el primer momento le pareció un poco excesivo, sintió por un rato que volvían a ser aquella pareja feliz y enamorada que tiempo atrás habían sido. Él se portó muy atento y cariñoso con ella, sus disculpas la conmovieron y su corazón lleno de amor por su cobrizo no pudo sino más que ceder y sobre todo tener esperanzas de que la noche terminara implicando pasión desbordada en su casa a manera de reconciliación, llevando al aspecto físico el amor que sentían ambos tal como siempre lo habían hecho.

Pero la castaña se dio cuenta que algo había cambiado una vez que regresó del baño; ya que se encontró con un Edward distinto al que había dejado minutos atrás, algo más distraído y menos centrado al mismo tiempo que molesto por algún motivo desconocido para ella; notó cuando por poco la saca casi que en volandas del lugar.

Sus esperanzas de una noche de pasión también se fueron por un tubo cuando él, inesperadamente, se excusó con tener mucho trabajo que hacer para el día siguiente y acto seguido se había encerrado en el despacho de su casa dejándola sola, sorprendida y frustrada al mismo tiempo.

Pero definitivamente iba a empeñarse en que aquello cambiara.

Ya tenía todo planeado para el fin de semana que tanto Esme como Carlisle le habían propuesto. Había hecho la reservación en una cabaña a las afueras de la ciudad, la cual había visitado un par de veces antes de la muerte de sus padres; ir para allá sin duda sería un poco triste para ella por los recuerdos que implicaba esa cabaña pero realmente quería vivirlo con él, quería compartir ése lugar que a pesar de todo era tan especial para ella.

Por eso se había decidido a visitarlo en su trabajo también ya que además de sorprenderlo esperaba poder dejar separado ese fin de semana para ellos, contándole sus planes y mucho más aún emocionada por cumplir otro año más de aquel primer beso que marcó un antes y un después en la relación de amistad que ambos mantenían, porque para ella nunca habían dejado de ser amigos, todo lo contrario, habían afianzado aún más esa relación a la vez que le daban paso al amor, era una fecha que ambos siempre recordaban con mucho cariño y que nunca se les olvidaba.

El sonido que hicieron las puertas del ascensor al abrirse piso sacó a la joven castaña de sus pensamientos y si se había sorprendido cuando llegó a la recepción del edificio y no encontrar a nadie, ahora estaba mucho más sorprendida al ver aquel piso en las mismas circunstancias. Su mente ya le estaba diciendo que no había nadie y que su intento de sorpresa había sido en vano, cuando un sonido más parecido a un gemido llamó su atención.

Su corazón empezó a aletear rápidamente sin saber muy bien porqué, una pequeña vocecita dentro de ella le instaba a no avanzar más, pero sus piernas, como si se comandaran solas empezaron a caminar en la dirección de donde provenían aquellos sonidos.

Su cerebro vagamente registró que las características del lugar por donde iba eran las mismas que Edward le había descrito anteriormente como su oficina.

Los latidos de su corazón aumentaban con cada paso que daba y los sonidos se hacían más y más fuertes.

Una pequeña franja de luz se filtraba por la puerta única puerta que había en aquel pasillo y que en ese momento se encontraba semi abierta.

Se detuvo en el momento en que su cerebro reconoció aquellos sonidos como gemidos; gemidos muy comunes de cuando una pareja estaba manteniendo relaciones íntimas.

Se debatió entre indagar quiénes eran los que estaban teniendo un momento más que placentero en la oficina y dar media vuelta e irse para no interrumpir.

Pero ese debate duró hasta que uno de aquellos gemidos se le hizo extrañamente familiar; así que optó por curiosear quienes eran los implicados y dio los dos pasos que la separaban de presenciar lo que sucedía en dicha oficina.

Y fue en ese momento en que Bella se convirtió en una víctima más del refrán que dice: la curiosidad mató a un gato.

Con la única diferencia que ella no era un gato, sino una mujer enamorada, una mujer a la cual la imagen que presenciaba ante sus ojos empezó a matarle el corazón.

Porque el espacio que dejaba la puerta le permitía observar perfectamente lo que sucedía en el interior de la oficina.

Frente a sus ojos pudo apreciar la figura masculina de su novio frente a un escritorio pero dando la espalda a la puerta, con el torso desnudo, los pantalones y bóxer completamente abajo, arremetiendo contra la figura de una mujer complemente desnuda, a quien mantenía doblada sobre el escritorio.

El jadeo de dolor de Bella se mezcló con los gemidos de placer que tanto Edward como Tanya emitían a medida que las estocadas de él aumentaban.

Los ojos de Bella registraron como las ropas que por lo que supuso les habían estorbado estaban adornando el piso del lugar.

-Ahhh… sí… así… más rápido – gemía Tanya, enceguecida con el placer que el cobrizo le estaba otorgando – ¡más duro!

Edward le hizo caso omiso y redujo la velocidad de sus estocadas pero sin aminorar la fuerza de las mismas, logrando que la rubia gimiera frustrada y él sonriera complacido.

-¡Dilo! – ordenó Edward, penetrándola con fuerza al mismo tiempo – di que este coñito estrecho tuyo me pertenece a mí y solo a mí – se inclinó sobre el cuerpo de la mujer, tomando con fuerza mechones de su cabello y dirigiendo el rostro de ella hacia él – dilo o paro en este mismo momento – amenazó, aun cuando ambos sabían perfectamente que parar era lo único que no podían hacer.

-¡Oh, sí! – Exclamó Tanya, ansiosa porque el cobrizo le diera su tan ansiado segundo orgasmo del día – mi coño es tuyo, todo mi cuerpo es tuyo – Edward la penetró con fuerza y aumentó de nuevo la velocidad de sus penetraciones – ¡te pertenezco! – gimió audiblemente más que encantada por afirmar aquello, omitiendo la parte en la que ella ya tenía más que claro que él también le pertenecía a ella.

Edward llevó a Tanya a la cima del placer con un par de estocadas más, luego se salió de ella y masturbándose un poco más vertió su semen sobre su espalda baja y trasero en un claro gesto de marcación que a la rubia lo único que hizo fue encantarle más, para después caer rendido y medianamente satisfecho sobre el cuerpo de ella.

-Eres mía – le dijo el cobrizo intentando normalizar su respiración, pero no por eso con menos fuerza de la que había empleado anteriormente cuando la tenía a merced de él.

Bella no daba crédito a lo que veía, a cada segundo que pasaba sentía su corazón romperse en mil pedazos más de lo que ya estaba.

Esto era lo único que su mente nunca pudo llegar a imaginar, nunca siquiera pensó que Edward sería capaz de traicionarla de esa forma y mucho más con aquella mujer, ni siquiera cuando la conoció y vio el interés de ella por su novio.

Porque Bella realmente confiaba en que Edward la amaba tanto que no sería capaz de engañarla nunca. Tal como evidentemente estaba haciendo.

Ríos de lágrimas bañaban sus mejillas, sollozos mudos se detenían en su garganta, negándose a salir a flote y de ese modo evitar ser descubierta.

Vio, horrorizada, como él pasaba sus avariciosas manos por el cuerpo de la mujer, adorándola, mientras le decía:

-Vámonos a tu departamento – susurró el cobrizo en el oído de Tanya, pero aun lo suficientemente alto como para que Bella lo escuchara – estoy muy lejos de terminar contigo hoy.

La rubia rió encantada aunque después puso un gesto de seriedad que estaba muy lejos de sentir.

-¿No has quedado en nada con tu novia esta vez? – le preguntó, restregándose contra él, logrando que su semi erecto pene volviera a ponerse duro – porque si vamos a mi departamento de nuevo yo también estoy lejos de dejarte salir temprano, así como las otras veces.

Edward gimió abrazando la cintura de la chica, para detenerla. A la vez que el familiar sentimiento de culpa y con el cual estaba empezando a acostumbrarse a vivir lo embargaban.

-Ya mismo le enviaré un mensaje a ella – comentó, intentando no involucrar el nombre de su novia en aquel momento, como siempre hacía – le diré que tengo mucho trabajo – esta vez fue él quien se restregó contra ella, pasando su ya más que ansioso miembro por entre medio de las piernas de la mujer, dejándola sentirlo – y que llegaré muy, pero muy tarde.

Acto seguido y no pudiendo detenerse la volvió a penetrar adorando sentir el roce de sus pieles al tiempo que agradecía que la mujer que tenía entre sus brazos fuera la encargada de cuidarse, ya que aquella sensación de no tener nada entre ellos era magnifica.

Bella no pudo más, horrorizada, atormentada, destrozada y con el corazón a punto de colapsar como lo sentía salió corriendo de ahí.

No quiso esperar el ascensor, sentía que si se encerraba en ese diminuto espacio realmente se ahogaría, tal como sentía que estaba pasando en aquel momento.

Rápidamente ubicó las escaleras de emergencia y se dirigió hacia ellas, bajó tan apresuradamente que de milagro no cayó por ellas.

Y como si el destino estuviera de su parte la recepción del edificio aún continuaba vacía cuando llegó hasta allí.

No se detuvo a ver, no se detuvo a pensar.

Llegó hasta su coche, lo abrió, se subió a éste y lo encendió con el único deseo de salir de allí, de alejarse lo más que pudiera de ese lugar que aquel día le había causado tanto dolor y sobre todo de la persona que momentos atrás le había matado el corazón, la persona a quien más amaba y a quien en ese momento no quería volver a ver nunca más.

Lo único que quería era desaparecer.


Ufff… creo que ha éste ha sido un capítulo muy difícil de escribir, por lo que implica obviamente.

Nuestra Bella por fin descubrió el engaño; ¿Qué opinan ustedes? ¿Es mejor saber la verdad o vivir en el engaño y así evitar el sufrimiento? Yo creo que mil veces preferiría la verdad aunque eso me cause mucho dolor.

Aquí les dejo unas pequeñas explicaciones que están dentro del capítulo:

-Sunday roast: Llamado así porque es típico tomarlo los domingos consiste en asado de diferentes carnes (cerdo, ternera o cordero), patatas asadas, salchichas y verduras, todo ello bañado con una espesa salsa hecha con cebolla y el jugo de la carne.

-Roast beef: carne de res (vaca) asada.

Bueno como espero que lean esta pequeña parte quiero primero pedirles disculpas, aunque siento que en los últimos capítulos es lo que más he estado haciendo, pero como ya les había comentado estaba sin laptop y además que también ya empecé a trabajar.

Pero las BUENAS NOTICIAS son que por fin con MI PRIMER SUELDO logré comprar una LAPTOP NUEVA, así que podré escribir y por ende podré actualizar más seguido.

Gracias a todas quienes se han animado a dejarme su comentario, realmente los valoro mucho. También agradezco a todas aquellas lectoras silenciosas por darme una oportunidad con esta historia y quiero animarlas a que me dejen saber sus opiniones también si no es mucho pedir claro.

Y por cierto para quienes no lo saben aún, publiqué hace pocos días un OS llamado NO CREZCAS MÁS… espero que se animen a leerlo y dejarme un comentario.

¡FELIZ NAVIDAD A TODAS MIS APRECIADAS LECTORAS Y UN EXCELENTE AÑO NUEVO!