FIC
La Usurpadora
Por Mayra Exitosa
Capítulo 11
- No, Papá, esa mujer no es mi Candy. Ella se fue a ver a unas amigas, iré por ella en unos días.
- Hijo, es muy bonita, como mi futura nuera. Güerita y de ojos verdes.
- MI Candy no me cambiaría por un estirado de esos, además se acaba de ir, crees que esos se casan con la primera que ven, primero les hacen revisión de chasis, pa saber si son de adevis o de a mentis.
- ¿Qué es de a devis? Tom
- Papá, esas mujeres se operan todo, las chiches, las nachas, el chofe y hasta el mofle.
- ¡Ah! No pues Candy es naturalita, no tienen nada de eso, siempre se veía sin… pero no importa mijo, lo mejor es que te quiere y eso ya es bastante.
- Así es Papá, como sea, me iré unos días, quede con ella de… ir a ver lo del vestido, debe estar con sus amigas esas, alborotada porque ya no va a salir del rancho.
- ¡Eso mijo! Ya que quede encinta, mejoramos la especie. Ya me veo a mis nietos con ojos verde y todo, hasta mi compadre me dirá que estuvo mejor que no quisieras a su hija, porque con ella todos iban a ser chatos.
- Candy es perfecta, ta chiquita, no se alebresta y de plano, es la única que me cuadra.
- ¡Eso mijo! Ya dime la verdad, probaste el mandao
- Pos… uste ya sabe. Por eso mejor nos casamos, así no andamos a probadas y escondidas.
- Ta güeno mijo, ya vaya por el dinero que tengo en la castaña y salga por ella de una vez, ya están chismorreando las vecinas que se te jue la Candy y no quiero que me dejen alborotao.
- Gracias Apa. Verá que si no son güeritos, al menos se parecerán a mí.
El padre de Tom, se despedía dando una palmada y viendo a su hijo subir a su camioneta, llevaba varias mudas de ropa, porque se iba a buscar todo para casarse y el rancho ya olía a chamacos, para el Señor Stevens, padre adoptivo de Tom y con quien había concluido por fin todas sus ilusiones, al esconder que lo había adoptado, que era suyo y que lo tenía con otra, pero ella lo había dejado en el orfanato. Existen hombres que no aceptan bien la esterilidad, y al morir su mujer ya no tenía caso, esconder al hijo de su amante, supuestamente.
Tom lucía muy preocupado, desde que Candy lo había dejado ya hacía varias semanas, su padre no dejaba de alabarlo y tratarlo bien, porque Candy era la mujer más sencilla honesta y todos sabían que desde niños se querían. Lo que no aclaraba es que Candy solo lo aceptaba como un hermano y no como el novio que el presumía, pero casarse con Candy era mucho mejor que con la Chata. La hija del Compadre de su Papá.
En New York, el abuelo por fin llegaba y ya los hombres de Terry lo apoyaban como estaba planeado, de inmediato comentaban que se fueran a un hotel diferente que el que había estado utilizando, a lo que el aceptaba para no espantar a su nieta, estaba muy sensible y no era justo que también huyera de él. Una cosa era su marido y otra su abuelo, debía al menos entender eso.
- Adelante, nos vamos a ese hotel, pero sin dar mis datos, en privado.
- Así lo ordeno el Sr. Grandchester.
- Bien. Necesito hacer algunas llamadas.
El hombre se retiraba y la jugada que el abuelo había planeado ya la empezaba a plasmar, una llamada a Paty, angustiado por como se había encontrado a su nieto en mal estado, grave y muy mal. Fue suficiente, para esperar la llamada de su nieta. Si Terry se volvía loco era una cosa, pero algo si sabía de su nieta, que lo amaba y que por nada del mundo desearía un mal para su marido, lo seguro era que pronto llamaran para pedir mayores informes, ya sea la amiga o la misma nieta por fin lo buscaría y al hacerlo ya vería si esta se aparecía o no.
En Lakewood por su parte, Tom llegaba al pueblo, en los terrenos del la mansión se sonaba la boda esa, donde la familia era muy acaudalad ay según decían se casaría su Candy con otro nombre, solo se acercaría a ver si averiguaba algo, porque la seguridad ahí, si te atrapaba, te encerraba mínimo tres días.
Albert por su parte, gozaba de su mujer y no podía imaginarla en brazos de otro, de solo pensarlo, sabía que había un trasfondo y que eso saldría pronto, el día de la boda religiosa ya estaba plasmado, pero su mujer pensaba que faltaban tres semanas y eso lo sorprendía pues solo faltaban tres días.
- Albert, no creo que sea bueno exagerar en gastos, solo por un día…
- Si, solo por una sola ocasión nos casamos, ¿O piensas casarte muchas veces?
- ¡No! Eso no es posible yo… no me casaría con nadie, yo… solo quiero ayudarte y que, los niños estén protegidos y…
- ¿Y a mí que me dejas?
- Mi corazón es solo tuyo. Creo que… ya lo habíamos hablado…
- Si, y te dije que… me avergonzaba haberme adelantado pero… no pude evitarlo yo… no quiero que nos separemos jamás.
- Me gustaría eso, amar y sentirse amado y… que te quieran… tener una familia… hijos y…
Albert sonreía, ella se miraba con hijos y a su lado, en ningún momento hablaba de su abuelo y, ya era momento de tocar el tema o… mejor esperar… ese tono no era inglés, ¿acaso tendría razón en una doble vida? George no permitiría una burla, y el tío de los niños se aprovecharía de eso si pudiera, pero de un Andrew nadie se burlaba y ella, no parecía ser así. Interrumpiendo tomaba sus labios, desnudos en su habitación, amoldaban por vigésima ocasión sus cuerpos, como si ella se adaptara solo a él, sus besos, su forma tan sencilla y… ¿enfermera?
- ¿Sabes cuánto me gustas, pequeña?
- No. ¿Cuánto?
- Millones de euros pagaría por ti
- El amor no se vende, no tiene precio, no necesitas pagar nada, el amor es…
- ¿Es?
- Es amor o no se es. El amor no se planea, son se programa, no se subasta, el amor es todo y sin él, no hay nada.
- ¿Me amas?
- Mucho. Nunca me imagine… estar aquí, en tus brazos y… si es un sueño, por favor, que cuando me despierte, no me vaya a caer de la cama.
- No lo permitiría mi vida. Por eso debes estar muy junto a mí.
- Si.
- Candy ¿Cuántos hijos quieres que tengamos? Preguntaba esperando espantarla o saber si podía encontrar algo más en sus palabras,
- Ya tenemos dos. Los que Dios nos mande, pero… En ese momento ella notaba que no se habían estado cuidando y ella no tenía anticonceptivos, se quedaba en silencio, recordando que todo pronto desaparecería, si Cathy se presentaba, ella no sería nadie.
- ¿Pero?
- No nos hemos protegido.
- ¿Cómo? ¿No tomas anticonceptivos?
- Yo… no…yo
- Tranquila amor, las parejas siempre se tardan en tener familia y… como dijiste ya tenemos dos. Albert pensaba en las ocasiones que la había amado y era su primera vez, su mirada, su boca, no mentía, ella no estaba tomando nada, ella podía darle hijos y… eso aseguraba que no estaba casada con otro.
Terry por su parte había arribado a Chicago, recibía información de la boda, lugar y la fecha, en tres días, tenía que buscar algún invitado al evento y poder acceder a entrar.
- Quiero eso para ayer.
- Señor, está muy restringido
- Intenta con… mi abuelo, debe asistir el abuelo de la novia, investiga por ese medio
- Muy bien señor.
Terry ya se le marcaban las ojeras, su preocupación era evidente, sobre todo desde que veía una y otra vez imágenes de su mujer besándose con ese. No lo soportaba, estaba irritado y solo trataba de recordar cómo hacer el amor con su mujer era tan increíble y que eso no podía vivirlo con otro, ya que era solo suya. Cathy debía estarse cobrando las ocasiones en que por más que le demostraba que eran falsas esas tomas, ahora había elegido hacerle venganza al estilo inglés, pero eso jamás se lo haría, era amor de verdad lo que en ellos se daba cada entrega, cada noche, no podía haberlo cambiado de esa manera, no sin amor.
CONTINUARA
Gracias por sus comentarios, continuamos con este fic, que empieza a cercarse al punto clave de la acción
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
