Cap XI: "Rondando a su alrededor"

Abrasaba. Su piel abrasaba, los labios de Rachel la quemaban y sus dedos atrapándole el cuello la dominaban.

No le alcanzaba con sujetarle la cintura, no. Necesitaba más. Llegar hasta su espalda y acercarla contra ella. Más, tanto más que la morena debería soltarse para recuperar el aliento por su propia cuenta y ver así su pecho agitado, producto del arrebato compartido.

No iba a mentirse ¿para qué iba a hacerlo? Pero quería romper el beso solo para oírla, para saber qué tendría Rachel para decir los minutos posteriores al encuentro de sus labios y sobre todo, si la culparía de algo o peor aún, decidiera marcharse.

Su madre siempre le decía que no importara qué hiciera, desde lo más insignificante como pasar horas mirando el techo tras despertar de una larga siesta hasta el trabajo que le da dinero pero no es lo que aspira, lo que hiciera que lo disfrutara. Que hay situaciones que marcan el día y al final del mismo es lo que recordará; como deseo a que se repita los días siguientes.

E iba a hacerlo.

Olvidó sus cuestionamientos internos y entreabrió la boca, asomando su lengua y empujando la de Rachel hasta el fondo de su boca. Pretendía jugar con ella, creyendo que la morena suspiraría ansiosa pero la experiencia de su sicóloga salió a relucirse.

Y a pesar de lo punzante que presionaba la palabra en su corazón, se dejó ordenar por los movimientos de Rachel. La manera en que tomaba su cuello, subía hasta sus mejillas y luego enredaba los dedos en su cabello, tironeando cada agarre y haciéndolas emitir el sonido de sus bocas al separarse y volver a juntarse, todo gritaba maestría en la morena y no le molestaba. Le encantaba.

Era como una adivinanza intentar saber a dónde dirigiría la intensidad y a dónde la chocaría al calmarla. Porque la sicóloga adquiría más rapidez y pasión al pasar los segundos y, cuando parecía querer soltarla y dejar sus labios hinchados separados, solo jugaba y volvía a explotarlos.

Quinn la abrazó por completo al rodearle la cintura y Rachel se sujetó de las puntas de su camisa, tan débil que si el suelo se sacudía iba a salir desprendida. Tras los últimos segundos intercambiando aire para seguir, finalmente debieron separarse.

No sabía cómo se veía la morena aún porque sus ojos permanecieron cerrados y sus labios comenzaban a amoldarse nuevamente. Expulsó un suspiro y la vió, como lo supuso, con su pecho subiendo y bajando como una montaña rusa, exaltado y tratando de recuperar aire.

Los nervios la invadieron ¿la habría besado bien acaso? ¿O se había ridiculizado al exponer su primer beso? Maldijo mentalmente, como pocas veces, y pensó en eso: su primer beso.

Acababa de dárselo a Rachel, la chica con la que hablaba desde casi un mes y vivían situaciones juntas a diario había sido la receptora de su primer beso. Y muchas veces lo había imaginado pero el cosquilleo bajo su vientre no se comparaba con los estallidos provocados por la boca de la morena.

Y era tan linda que no se arrepentía.

Su cabello cayéndole por los hombros le acariciaron el cuello durante el beso y la suavidad de sus manos le marcaron casi posesivamente las mejillas. Quería mantener ese calor, el de la morena aún en el aire y contra su piel por lo que dió el último paso que podía y se pegó a ella.

Ninguna dijo algo y, cuando sus miradas permanecieron en la otra por mucho tiempo, se sonrieron a la vez y la alegría las golpeó internamente. Ella se preguntó si por la cabeza de Rachel pasaba lo mismo: los minutos que duró el beso fueron sin duda una locura con afán a reiniciar y eran incomparables a cualquier otro momento de felicidad pasada.

Era ese beso y nada más.

¿Volvemos a casa? —preguntó la morena con una mano en su cuello y acariciándola con el pulgar —

Dijiste que querías ganar muchos premios más —susurró con la mirada fija en el brillo de sus ojos marrones. Rachel sonrió ampliamente y alzó los hombros —

Está bien por mí esta noche ya —ella asintió y luego rió, cuando la morena tironeó el agarre y volvió a explotar sus labios.

La manejaba con tanta seguridad y pertenencia que no reclamó ni con el mínimo murmullo o alejamiento. La sensación de saber que a Rachel le gustaba besarla tanto como a ella, explotó las ganas en su cuerpo e intentó seguirle el ritmo.

A lo lejos se escuchaban los juegos aún, el griterío de los niños al correr y los cantos de los dueños de los puestos intentando vender algo más. Sin embargo, por sus oídos solo ingresaba el leve jadeo de la morena y cuando ella le mordía el labio sin antecedentes.

Y parecía que estaba haciéndolo bien, hacerlo mal le preocupaba o peor aún, molestar a Rachel al punto de que quisiera separarse e irse sin ella.

El reloj siguió su curso al igual que la boca de la sicóloga imponente sobre la suya. Por cada vez que una aguja avanzaba, la vehemencia entre ambas también.

Cuando minutos después pudieron romper el beso, Rachel se hizo a un lado y con una sonrisa le dio a entender que necesitaban subir a la bicicleta y regresar a casa.

Ella levantó su ligero transporte y, como en el viaje de ida, se acomodaron exactamente igual y estaba por pedalear cuando la morena la detuvo. La vió abrir la caja y quitarle la envoltura a un bombón de chocolate. Sonrió, cuando le dio una mordida y pasó su dedo índice para quitarse un pequeño trozo antes de que cayera.

Y luego la incentivó a hacer lo mismo. Rachel le entregó la otra mitad y ella la aprisionó entre sus labios, antes de empujar el dulce con su lengua y degustarlo finalmente.

Para darte energías —bromeó guiñándole un ojo y Quinn asintió segura, antes de tomar impulso y emprender el camino de regreso a casa.

A casa, pensó, como si la hubiesen compartido desde hace tiempo y fueran más que una pareja establecida.

Con las ansias de abrazarla y dormir nuevamente en el sillón bajo el pórtico, aceleró su pedaleo y continuó haciéndolo aún más, cuando Rachel abrió otro chocolate y repitió el acto de repartir la mitad para cada una.

Y así durante todo el andar.


Ese amanecer fue mejor que el primero en que despertó junto a ella. Mucho mejor.

Recibió un beso en la frente, con Rachel bajo ella y mientras compartían unas últimas palabras antes de dormir.

Quinn le depositó otro en la mejilla y finalmente se acomodaron, como las veces anteriores, ella tras la espalda delgada y morena y apretándola en un abrazo.

Y había despertado tras sentirla separarse y oírla perderse al cerrar la puerta, en el interior de la casa.

Estaban ahora sentadas cómodamente contra el respaldar del sillón y sosteniendo una taza de café caliente. Ella tenía sus rodillas elevadas. Rachel sus piernas flexionadas y ambos pies cubiertos, compartiendo los cuatro la frazada negra como siempre.

No había recibido un beso de buenas días ni lo había intentando arrebatar porque no sabía si era lo adecuado o cómo reaccionaría la sicóloga frente a sus deseos. Pero la morena había preparado el desayuno, unas frutas cortadas, pan tostado, calentado leche en otro recipiente y estaba leyendo ahora, mientras le daba sorbos a su taza y con total concentración.

Quinn masticó con lentitud su tostada y hasta terminarla, antes de voltear a verla y persistir para que la notara. Rachel lo hizo y, algo sonrojada, le devolvió la mirada y ella le sonrió.

¿Qué lees?

— Mi libro favorito. Es una historia de amor — le respondió mostrándole la tapa. Quinn juntó sus cejas, un muchacho de traje y con la mano ajustando su corbata centraba la presentación y una mujer con un largo vestido, dejaba volar la cinta de su cuello en clara señal de libertad. Sonrió de medio lado y se humedeció labios —

¿Y de qué va? ¿La has leído ya?

— Cientos de veces. No me canso de hacerlo y no sé si estoy lista para dejarla. Es un viaje muy intenso. Y va de dos personas que se aman

— ¿Sólo eso? — Rachel se mordió la mejilla interna y de forma dubitativa la miró un momento —

— Si, de eso van las historias de amor. Solo amor. Si la quieres leer puedo prestártela

— ¿No me regalarías el libro como la cámara? — cuestionó con burla y la morena bajó la mirada avergonzada —

Está autografiada por su autora…pero lo haría si me lo pidieras

— No lo haré — rió por lo bajo ella y dejando una mano en su muslo. Rachel no llevaba más allá de la remera que le había regalado y sentir su calor de manera directa, le alborotó los latidos y la obligó a alejarla para no apretarlo — ¿me leerías un poco de esa historia?

La sicóloga alzó la vista con rapidez y sonrió de tal manera que sus ojos se achicaron y brillaron más que de costumbre. Le fascinaban sus gestos, se aseguró Quinn. Cuando arrugaba la nariz, cuando reía desaforada y aún más cuando le sonreía como si fuese la única persona del mundo junto a ella.

Rachel Berry era tan singular y hermosa que tenia atorada en la garganta las ganas de decírselo. Pero desistió y dejó que le hablara con la emoción que la caracteriza y era otro de los gestos que le encantaban de ella.

— Estoy comenzándola nuevamente, apenas he avanzado unos párrafos. Te la leeré desde el inicio

— No — la detuvo aprisionando nuevamente su muslo — continua como si la hubiese leído contigo hasta ahora

"A ella no le gustaba que el mundo la viera. Posiblemente a ella no le gustaba nada relacionado con el mundo. Nada más allá de Perla y ella misma. Porque ese era su mundo. Perla, su pequeña mascota que no parecía un perro pero sin embargo lo era. Perla y su propia vida.

Pero él la vió a lo lejos y no dudó en acercarse tras observar su caída. Atravesó la calle y ninguna bocina se escuchó, a pesar de haberse colado bajo un semáforo verde.

Charlotte con sus rodillas rojas, raspadas y su cabello sucio y revoltoso, observaron a Luciano, el niñito perfecto que con otro rostro se presentaba e intentaba lucir distinto a los demás.

Y cuando tomó su mano y mientras se levantaba con su ayuda, supo que su mundo acababa de abrir una puerta y alguien más entraba. Él, con su traje cual modelo perfectamente ajustado y su sonrisa publicitaria, cerraron tras su espalda y ella era lo suficientemente inocente como para notar sus intenciones.

Él iba a enamorarla. Y ella iba a sufrir. Porque de ese se trata el amor…"

No lo creo —cortó Quinn el relato de su sicóloga y la morena ladeó la cabeza, confundida —

¿Qué no crees?

Que no creo que el amor vaya de eso

Estoy leyendo un libro —le recordó divertida y alzándolo. Ella observó la tapa otra vez y sacudió la cabeza —

Mi madre solía leerme algunos y decía que cuando las palabras nos trasportan al lugar de los hechos, todo puede suceder. Si Luciano se enamora de Charlotte, no tiene por qué hacerla sufrir. El amor no va de eso —repitió y se hizo un silencio —

Ambas sobre el sillón y aprovechando los primeros rayos de sol, se sostuvieron con un pie y acomodaron la otra pierna bajo ellas. Como un espejo, reflejaron la misma posición y voltearon a verse.

Antes me pasaba eso. Leía algo y cuestionaba al escritor sobre cada cosa que no me gustaba. Qué por qué al personaje que me agradaba le sucedían miles de tragedias, por qué había otras personas metidas en la historia de amor de los dos protagonistas que se amaban o por qué no había finales felices —comenzó Rachel — entonces dejé de leer historias romanticas por un tiempo. Y fue un gran error. Podría haber cerrado un libro y evitar navegar por otro pero mi realidad era la historia que yo misma estaba escribiendo. Y cometí errores, Quinn así como los que evité. Y entonces solo si lo vives, entiendes el por qué de la felicidad o el sufrimiento de los personajes ficticios

¿Lo dices porque sufriste por amor?

No. Lo digo por ti. Por si tienes miedo a enamorarte. Nada será trágico como lees o no irá de sufrimientos como crees. Pero debes tener tu propia experiencia para saberlo

Sé que si me enamoro de la persona correcta y actúo por lo que siento, no sufriré, Rachel —la contradijo y la morena entrecerró los ojos— mi madre me dijo que el amor no basta para cumplir metas. Pero si para ser feliz. Y a veces las personas solo queremos ser felices ¿tú no quieres?

No he dicho eso, Quinn y estamos desviándonos de la conversación pero…

— No, no lo hacemos. Estamos hablando del amor sin importar la realidad que pueda vivir o la ficción que me estás leyendo. Creo que el amor no hace daño ni debe hacerte sufrir

— No debería, claro que no pero a veces sucede

— No si eliges la persona correcta — insistió la rubia y Rachel dejó caer su cabeza, derrotada y cuando volvió a verla, ella se estiró y rozó sus labios. Con cada latido en su contra, con cada mejilla ardiéndole en prueba de timidez y su garganta pulsándole, en señal de que deseaba más pero no sabía qué hacer. Si dejarse llevar por su impulso ansioso o mantenerse en el estado tranquilo que a la morena le gustaba —

Por ejemplo, tú serías la persona correcta para cualquiera

¿Lo sería para ti? — insistió inclinándose sobre ella —

— Para cualquiera — repitió Rachel y ella suspiró. Cuando quiso regresar a su lugar, la morena rozó su mentón antes de unir sus labios.

¿Por qué su boca la manejaba con tanta destreza? ¿Y por qué la suya cedía sin problemas? ¿Por qué no protestaba de ser dominada en algo tan voraz como esos contactos y muy por el contrario los disfrutaba y profundamente pedía más? ¿Es qué ahora no iba a poder separarse de Rachel sin siquiera intentarlo?

Tantos cuestionamientos pasaban por su mente que no notó cuánto se arrastraba hasta la morena y ahora era ella quién la tenia inmovilizada contra el respaldar.

Quinn sujetaba su rostro y la morena deslizó las manos hasta su nuca, acercándola con intensidad cada vez que parecía algo ajena a ellas quería separarlas y ejecutando aquel acto de morderle el labio entre medio del beso.

Notó la pasión del súbito cuando ambas jadearon, faltantes de aire y pidiendo por el.

Ahora estaban solas, la una para la otra y solo sus respiraciones agitadas se oían. No juegos como la noche anterior ni distintas máquinas. Solo ellas por lo que, mientras pensaba qué decirle, se recostó en su frente para recibir las caricias en medio de su espalda.

Rachel pasaba uno de sus dedos a lo largo de la línea y la hacía temblar, vibrar con frío porque así se activaba su cuerpo si de la morena se trataba: cediendo ante todo lo que quisiera.

Lo serías para mí — creyó la morena susurrarlo tan bajo pero pudo oírla con claridad. Ella se escondió en su cuello, solo para sonreír gratamente y la abrazó completamente por la cadera.

— ¿Puedes seguir leyéndome? — a pesar de lucir incómodas, no lo estaban y Rachel solo se estiró a abrir el libro y continuar la lectura.

Quinn la escuchó. Cada palabra de aliento que expulsaba literal y pasaba invisible frente a ella como la mirada que le dedicaba al terminar una oración. Tan fresca como profesional y tan seria como relajada, la sicóloga dejaba bajo la puerta su título y parecía debatirse entre entrar o salir.

Pero al pasar la página y al chocar sus ojos, la morena aparentó cerrar tras ella. Rachel rozó sus rostros y le dejó un sonoro beso en la mejilla, antes de preguntarle y cederle la suave brisa de su aliento:

¿Te divertiste anoche? — Quinn alzó los hombros —

— Fue muy interesante. Todo

— ¿Quieres que te diga algo? — la rubia asintió —

— Me gustó besarte — reveló la morena de manera torpe y nerviosa — eres hermosa, Quinn

— ¿Te gustó?... ¿Lo hice bien? — inquirió realmente preocupada y Rachel sonrió por la dulzura con lo que lo había soltado también. La vió asentir e inconscientemente se humedeció los labios —

— No lo hubiésemos vuelto a hacer si así no fuera, creo… ¿te sientes bien con esto? Te besé luego y lo hice hace menos de cinco minutos — la morena sabía que eso escapaba de su limite profesional. Pero no podía evitarlo. El olor al jabón de limón rondando a su alrededor, no parecía muy gustoso si se mantenían alejadas. Sin embargo, por mucho que disfrutara arrebatarse contra la boca de Quinn, si la rubia no quería que permaneciera cerca de ella, no iba a continuar con su trabajo en el lugar —

— Me siento bien contigo — musitó acariciándole el mentón con su nariz — y eso incluye todo de ti. A mi también me gustó besarte, por si te quedan dudas

Antes de que pudiera decirle más, esta vez ella la sorprendió y Rachel se venció en sus brazos, respondiéndole al beso que ya no cargaba pasión como los demás. Solo fue un movimiento armonioso, sin disputas a dominio y cálido a la hora de separarse.

— Es suficiente para mí con saber que te guste que esté aquí — dijo la sicóloga cuando sus bocas permanecieron separadas apenas por un centímetro. Ella asintió y bajó a verla, tan carnosa e hinchada y haciéndole crecer un fuego interno por volver a devorarla.

Pero se contuvo y regresó contra el asiento, esperando porque la llama fuese apagada.

— Tenemos suficiente ambas, entonces — le aseguró y, luego de unos minutos en silencio, Rachel reinició su lectura.

Tan pausada y lentamente que fue cuando notó las tazas en la silla de enfrente ¿en qué momento y cuál de las la habían dejado allí? No lo supo.

Pero suponía que esas cosas hacían ciertos tipos de sentimientos. Olvidar detalles, recordar otros y alejarse del mundo externo para sujetarse del más pequeño, del que necesitaba. De un mundo interno que por primera vez no la incluía a ella sola.

Cada vez que Rachel la miraba por la intensidad que ella la veía, Quinn estiraba su mano y le pinchaba las costillas, arrebatándole las risas que tanto le gustaban.

Mientras la morena intentaba cubrirse, notó que más allá de solo eso le gustaba. Su perfume, su voz, la manera en que le hablaba, la forma en que le sonreía, sobre todo la forma en que le sonreía porque nadie nunca la había mirado así, el dominio con que la abrazaba y le llamaba la atención saber que disfrutaba estar allí.

Le gustaba todo de ella. No tenía defectos para sus ojos y, mejor aún, cada cosa que hacía era mejor que la anterior.

La sicóloga había dejado su lugar para incorporarse al suyo y se había adaptado sin quejas ¿la había esperado tanto como ella? A Quinn se le había hecho larga la espera pero allí la tenía ahora.

Y notó entonces que su gusto por ella acababa de confirmarse.

Porque comenzado fue más allá de los 24 días que ya compartían.


Rachel acomodó su cartera a un lado y le dió una mirada a su alrededor.

Dos días después allí estaba. Tras golpetear la tarjeta que Judy Fabray le había entregado, ingresó a la cafetería y se acercó a la barra.

Russel visitaría a su hija el viernes, eso le había dicho Quinn y, para ese momento, ya quería saberlo todo porque lo necesitaba. Las dudas en su cabeza eran constantes y sospechaba que su paciente no iba a hablarlo por cuenta propia.

¿Se enojaría la rubia si se enteraba de lo que iba a suceder allí dentro? No tenía dudas que le pediría cientos de disculpas, el problema no era ese. El problema era que desconocía cuán grave sería lo que Judy le contaría y, en efecto, la mayor consecuencia fuese alejarse de Quinn.

Observó el pasillo a un lado tras oír un ruido de tacón acercándose y apretó los labios flaqueando, porque allí estaba la dueña del lugar y llegaba con una bandeja en mano.

— ¡Rachel! Buenas tardes, que linda sorpresa

— Buenas tardes, señora Fabray…Judy — se corrigió frente a la mirada inquisidora de la mujer — ¿Cómo está?

— Muy bien, gracias. Me alegro que estés aquí — ella balbuceó. No estaba tan segura porque Quinn desconocía la reunión de ambas pero, así como le gustaba compartir besos y momentos con la rubia, le gustaría entender ciertos comportamientos de los que debería averiguar por otros lados —

— La esperaré en una mesa — le dijo señalando al fondo y al ver la bandeja que sostenía con una orden lista a entregar —

— No, Rachel. Si has venido por lo que acordamos…ve a la cocina y espérame allí — le pidió indicándole con el dedo el lugar por dónde ella había llegado — nadie más puede escuchar lo que voy a contarte.


Otro caps queridismas lectoras, espero que les haya gustado. Muchas gracias por leer y/o comentar, son un amor como Matthy (no es cierto, no las comparo con él) dandole follow y unfollow a las cuentas de Lea solo para llamar la atencion. Avalo la violencia solo con él, que alguien lo golpee

Leila: Neh, Lea la está pasando bárbaro. Fijate el snapchat de Sarah, volvió a la joda con ella y se la ve re contenta igual que en fotos. Seguro que descorcha un champan por noche y está más feliz que nosotras por sacarse de encima al tarupido ese.

Enia: Creo que te equivocaste de fic

Ni glee ni sus personajes me pertenecen lamentablemente o de lo contrario ya no pongo nada porque me quedé sin ideas vieron. Que estén bien, saludos!