Capítulo diez


Hospital de Ikebukuro

10 de agosto, 9:15

El guardaespaldas estaba a punto de salir a fumar, cuando vio a los dos oficiales bajar por las escaleras. Shizuo les miró con discreción, pero expectante. Sin embargo, ninguno de los dos le dijo nada. Uno de ellos le saludó llevándose una mano a la gorra y el otro no se atrevió a darle siquiera un vistazo, ya fuera porque estaba harto de que le hicieran malgastar su tiempo o porque le tenía miedo al guardaespaldas, como la mayoría de la gente en Ikebukuro. ¿La pulga ya se contaría entre ellos?

Shizuo no supo cómo reaccionar. Algo no estaba bien. Miró a la policía marcharse tras seguir su descenso por las escaleras. Luego, Shizuo se apresuró a subir al tercer piso donde Shinra estaba de pie, escribiendo una receta. Al entender las dudas de su amigo, el médico se limitó a encogerse de hombros y soltarle una sonrisa, antes de ir en busca de Celty. En cambio, Shizuo entró en el cuarto del informante sin avisar.

Se encontró a Izaya frente a la cama, con un parche cubriéndole el ojo derecho.

—Shizu-chan —fue lo que dijo, mientras se colocaba su abrigo.

—Corta el rollo, pulga. ¿Cuál es el truco? —dijo Shizuo con apremio.

—No hay truco alguno —Izaya buscó en los bolsillos de su abrigo, alegrándose de comprobar que tenía un par de navajas dentro—. ¿Es qué siempre debes desconfiar de mí?

—Te lo advierto. No estoy de humor.

Izaya se volvió en actitud retadora.

—¿Piensas descontarme el otro ojo? ¿O es que te molesta dejar el trabajo a medias? —sonrió al ver que Shizuo se encogía un poco, al igual que haría un animal herido.

—No hables como si fueras inocente. Tarde o temprano, ambos sabíamos que algo como esto iba a pasar.

—Yo nunca tuve intenciones de matarte o herirte de gravedad. Después de todo, eres una bestia que sobreviviría a cualquier cosa que se me ocurriera. Ya veo que tú pensabas diferente. A medias claro está

—No te creo. ¿Por qué…? —Shizuo ignoró la mala broma.

—Es muy simple: eres un humano y yo los amo a todos. Claro que de las 7,000,000,000 personas que hay en el mundo, tú eres la que menos me gusta.

Shizuo se calló, pero no dejó de mirar a Izaya. El informante, asumiéndose el vencedor, sonrió y se aproximó a la puerta, pero Heiwajima le tomó por el brazo sin poder contenerse.

—¿Shizu-chan? —Izaya intentó zafarse, pero el apretón del guardaespaldas era de hierro.

—¿Adónde vas? —preguntó este viendo el fondo del cuarto. Izaya miró la espalda de Shizuo y luego se giró a la puerta cerrada. ¿Querría o no que Shinra irrumpiera?

—Déjame —exigió.

Shizuo tardó en soltarlo y, viéndose libre, Izaya se frotó el brazo.

—Deberías de cuidarte —dijo Shizuo para sorpresa del informante.

—Eso estoy haciendo —Izaya ya estaba fuera del cuarto, cuando agregó: siempre ha sido de ese modo.

Shizuo Heiwajima se quedó solo en el cuarto, mirando la cortada de su mano. Meditabundo, retornó sobre sus pasos queriendo encontrar un teléfono público, puesto que el suyo, él mismo lo había roto.

Calles de Ikebukuro

10 de agosto, 9:20

Perspectiva de Izaya

Izaya no tardó en notar lo difícil que era depender de un ojo solamente. No creyó que se vería limitado al no poder observar todo lo que ocurría de su lado derecho y si bien no terminó golpeándose contra nada, dio más de un traspiés, hasta que harto, terminó por deslizarse hasta quedar sentado al pie de un callejón, ocultó de miradas curiosas. El joven Orihara se arrepentía de haber dejado que Shizuo le intimidara, pero el apretón en su brazo, le hizo caer en la cuenta de lo cerca que estuvo de quedarse ciego, únicamente por el capricho del monstruo.

Rebuscó en sus bolsillos, hasta que tuvo entre sus manos todos sus celulares. Fue hasta este momento en que revisó los mensajes recibidos en cada uno de ellos, pues temía que en el hospital alguien le cuestionara al respecto. El informante pensó que, para suerte de Shizuo, no se había percatado del aprieto en el que estaba sino hasta ese momento, en la soledad del callejón. De lo contrario, no se hubiera pensado dos veces el mentirle a la policía.

Estando casi a oscuras, dobló sus esfuerzos al releer los mensajes.

A sus pies, el informante había dejado el frasco naranja con los analgésicos que Shinra le había dado. Ni siquiera se molestó en leer las instrucciones escritas en la etiqueta y, tras voltear el frasco, Izaya se tomó todas las pastillas que cayeron en su mano. Sólo se aseguró de dejar unas cuantas pues ya sabía que encontraría la manera de conseguir más. Estaba convencido de que iba a necesitarlas durante los próximos días.

Calles de Ikebukuro

10 de agosto, 9:20

Perspectiva de Tom

Tom encontró de lo más extraña la petición de Shizuo, pero dado que Heiwajima no era sólo un empleado sino también un amigo, decidió aceptar el que se tomará unos días libres, aunque eso no le tranquilizara en absoluto; Shizuo había estado "desaparecido" desde que le había dicho que podía irse a casa y ahora no adivinaba lo que tuvo que haber ocurrido para que el guardaespaldas le dijera que necesitaba tomarse un descanso pues, en sus palabras, había cosas que tenía que atender cuanto antes. Pero, aunque Tom le pidió se explicara, Shizuo no dio detalle alguno. No dijo más, pese a las insistencias de su superior pues pensaba que lo que estaba a punto de hacer no era de la incumbencia de nadie. Sólo a él le atañía y quizá también a Orihara, aunque Heiwajima no pensaba decírselo.

Departamento de Izaya

10 de agosto, 10:06

Namie no tuvo el valor para decirle nada a su jefe cuando le vio llegar. Se percató de que Orihara reparó en el sillón en el cual había sangrado, vomitado, para finalmente desmayarse encima. La joven pensó que fue buena idea, aunque en el momento renegó de ella, el que se hubiera decidido a tirar los cojines y fregar el suelo, con ahínco, hasta que no quedó ni el mínimo rastro de sangre. Sin embargo, se daba cuenta de que eso no era impedimento para que Izaya reviviera en sus adentros esa experiencia que a cualquier otro le hubiera parecido traumática.

Izaya se dirigió a su cuarto y se dejó caer en su cama. Si ya iban a reprenderlo, no importaba cual bando fuera, le tenía sin cuidado el optar por tomarse unas horas más para sí. Notándose somnoliento, entre sus reflexiones, se preguntó los motivos por los cuales había protegido a Shizuo no diciendo la verdad. Si era porqué ahora le tenía miedo, entonces significaría que era humano… Si era por cualquier otra razón, no sabía en que se convertía. A Izaya ninguna de las dos opciones le pareció posible y muchos menos agradable. ¿De no haber miedo, que podría existir…?


N. del A. Celebrando que es viernes, les dejo esto :D Disfruten el fin de semana.

Mañana les pongo otro Cap. Comenten y pásenla bien ;)