CAPITULO 11

A la mañana siguiente, cuando Terry llamó, Candy no le explicó nada de la foto, ni mencionó a los Mariden, pero le dijo que estaría de vuelta al día siguiente por la tarde, que había encontrado el hombre apropiado para el trabajo y le preguntó cómo estaba.

-Bien, bien.-contesto Candy casi sin ganas.-¿No hay ningún problema? -No que yo sepa.

De acuerdo. Entonces hasta mañana, Candy.-Colgó.

Candy tardó unos instantes en hacer lo mismo. No estaba segura de si lo vería al día siguiente, porque creía que no podía seguir viviendo con la idea de que Terry y Susana estaban... juntos.

Y dos días después, Candy estaba sentada en el despacho de la Madre maría en su antiguo colegio, una habitación que le era muy familiar y que no había cambiado desde que ella entró por primera vez a los nueve años.

Necesito consejo, Madre. Gracias por atenderme avisando con tan poca antelación. Pero me temo que me he metido en un lío.

El pelo de la Madre maría se había vuelto más gris bajo el corto velo, y su piel tenía más arrugas, pero su figura alta y delgada era la misma y sus ojos azules seguían siendo penetrantes.

Eso parece, Candy. Por cierto, me habría gustado enterarme de lo de tu matrimonio. Habría sido un detalle.

Candy suspiró.-No, no lo habría sido. Porque verá, me casé con mi peor enemigo... o eso pensé en su momento. Me casé por razones equivocadas y luego me enamoré de él y me di cuenta de que posiblemente siempre lo amé. Pero él quiere a otra mujer, alguien a quien no puede tener, pero su marido casi murió hace unas semanas, y si hubiera sido así... Bueno, no dejo de pensar en ello. Si hubiera muerto, podrían volver a estar juntos... si no fuera por mí.

Mi querida niña... -empezó la Madre María.

Pero Candy la interrumpió.-Ya no soy una niña -dijo con firmeza-. Él piensa así de mí, pero soy toda una mujer. En todos los aspectos menos en uno; aún no he tenido un hijo.

¿Y crees que eso es lo que hace falta?-dijo la madre.

¿A qué se refiere?-dijo Candy incrédula.

Bueno, yo tampoco lo he tenido. Pero es a mí a quien has acudido con tus problemas, Candy.

Eso es porque usted más o menos me crió, aunque fuera una tarea desagradecida, pero...

Al contrario, Candy. Siempre sentí que estaba trabajando con material de primera calidad.-finalizo con una amplia sonrisa.

¿Qué?-preguntó Candy perpleja.

Y lo que es más -continuó la monja con su voz serena.-a pesar de nuestros frecuentes choques, siempre esperé que llegaras a respetarme para beneficiarte de mi educación, aunque te pareciera anticuada en su momento.

Así ha sido. Y por eso estoy aquí, pero...

Bien, bien. Vayamos paso a paso, querida. Y me disculpo por llamarte niña.

Y eso hizo. Al final, la Madre María se quedó un rato pensativa antes de hablar.-Me sorprendes, Candy. Pensé que tenías más carácter.

Eso no fue lo que Candy esperó oír.-¿Se refiere... ?

Me refiero a que si realmente amas a ese hombre, ¿por qué no luchas por él?

Candy sonrió.-Vine aquí pensando que me hablaría de la santidad del matrimonio, pero no de eso.

No es muy distinto.-dijo la madre.

Pero él me hace sentirme como una niña a veces, y hay... -se detuvo y continuó incómoda.-hay cosas entre hombres y mujeres que... bueno, son difíciles de explicar...

¿Especialmente a una mujer que no tiene experiencias con otros hombres en ese aspecto?-la interrumpió la madre.-Te creo. Pero no creo que eso pudiera cambiar la moral de alguien, las cosas en las que se cree o fuera causa para escapar. ¿Sabe él dónde estás ahora?

No. -dijo Candy distraída.-¿A qué se refería con lo de «las cosas en las que creo»?

Que eres una mujer y no una niña, que lo amas, que te has entregado a él y tienes derecho a hacer todas esas cosas. Pero yo no te diría esto, Candy, si no me pareciera que también le respetas. 0 si yo sintiera que él era una especie de desalmado que se había aprovechado de una joven inocente... que es lo que le parecería a mucha gente.

Lo sé, pero no es así. De hecho le respeto tanto como a usted. De lo que no me di cuenta fue de lo difícil que sería vivir con la idea de que él amara a otra mujer.-dijo Candy a la ves que daba un largo suspiro.

No has estado así mucho tiempo.

No.

Y aparte de esa sensación de que no te ama como tú a él, ¿cómo te trata?-indago la madre.

Muy bien. Mire, no niego que me quiera de cierta forma y sé que siempre le importaré. Ni siquiera pienso que fuera a serme infiel, pero... Es esa horrible sensación de que yo no soy su... alma gemela, y ella sí.-finalizo Candy con nostalgia.

¿Y por qué no le concedes el beneficio de la duda? Los hombres pueden cambiar de opinión. Todos podemos.

Candy se quedó callada un par de minutos.-¿Puedo quedarme aquí sentada un rato?

Por supuesto, pero creo que deberías ponerte en contacto con él dentro de uno o dos días si has escapado y no sabe dónde estás.

¿Eso cree?-pregunto Candy.

¿No parecería cobarde seguir escondida de él?

Es posible.-y bajo la mirada.

Fue puro accidente que Candy oyera lo que hablaron Terry y la Madre María cuando él fue al convento muy temprano a la mañana siguiente a preguntar por ella. Cuando llamaron a la Madre María, Candy estaba jugando con las niñas más pequeñas. Candy lo hacía porque la Madre no le permitía quedarse en su habitación lamentándose y llorando. Así que el día anterior también la mantuvo ocupada haciendo que arbitrara un partido de tenis y tocando el piano después de cenar.

Pero Candy sintió la necesidad de sentarse a solas un rato y pensar en privado. Eligió el pequeño jardín que estaba fuera de los límites para las internas y por tanto era nuevo para ella, sin detenerse a pensar que también estaba justo debajo del despacho de la Madre María.

Había césped y un banco. Candy se sentó y cerró los ojos, disfrutando del sol matinal. De pronto oyó voces sobre ella, muy claras y familiares...

¿Cómo está, Madre María? Soy Terrence Grandchester, y he venido a preguntar si han visto u oído algo de mi esposa a quien usted conocerá como Candice White de Dalkeith.

Candy tragó saliva y se enderezó.

¡Ah, señor Grandchester! De hecho yo quería charlar con usted. Por favor, siéntese se oyó el sonido de una silla.-Bueno, ¿ahora sería tan amable de decirme por qué eligió a una chica tan ingenua y vulnerable como Candy y la forzó a casarse por conveniencia? No se me ocurre ningún adjetivo agradable para calificarle, señor.

Candy se quedó boquiabierta, al escuchar a la madre.

¿Es eso lo que ella le dijo, Madre? -preguntó él con dureza.

No, no es lo que ella me dijo. Ella aparentemente le admira y respeta, y cree que lo ama. Hasta el punto de que está dispuesta a marcharse para que usted y esa otra mujer puedan volver a estar juntos y ser... almas gemelas. -dijo la Madre con frialdad.- Estoy esperando, señor Grandchester.

Escuche Madre, No tengo la intención de ser alma gemela de nadie que no sea Candy -declaró Terry con suavidad pero con la misma frialdad.

¿Entonces cómo es que ella no lo sabe? ¿Por qué esa preciosa joven que era radiante y animosa incluso cuando a veces se encontraba tan sola, que siempre alegraba a los demás a pesar de ser caprichosa, una persona completamente sana, parece ahora una flor destrozada? Dígamelo, señor Grandchester.

Candy metió la cabeza entre las manos, creyendo que se iba a morir.

Mire, Madre María, dígame dónde está. A lo mejor le sorprende, pero a mí me importa el bienestar de Candy tanto como a usted.

Entonces tiene un modo extraño de demostrarlo, señor Grandchester. -volvió a espetar la Madre con frialdad.

¿Hubiera preferido que la hubiera abandonado tras la muerte de su padre?-cuestiono Terry ya irritado.

Se hizo una pequeña pausa y la tensión pareció llegar hasta donde Candy estaba sentada.

¿Por qué se casó con ella? ¿Me lo dirá? -preguntó la Madre con menos hostilidad.

Le diré esto. No tengo la intención de corromperla si es lo que teme. Sólo me interesa lo mejor para ella. Verá -dijo con ironía.-yo también conocía desde el principio su inocencia, su vulnerabilidad cuando su padre murió, su soledad, la terrible carga y deudas con las que su padre la dejó. Y sepa una cosa. La conozco desde antes que usted. Así que también sé lo especial que es Candice White.

¿Admitirá al menos que no ha sido capaz de hacerla feliz, señor Grandchester?-volvió la Madre lanzando una punzada peligrosa.

Eso parece hasta ahora. Pero eso no significa que vaya a dejar de intentarlo. ¿Sigue aquí?-pregunto el un poco relajado.

La Madre hiso una pausa.-si, y me disculpo si le he juzgado mal, señor Grandchester. Pero aún debo decirle que borre de su mente todos los pensamientos sobre esa otra mujer, porque le hago enteramente responsable de Candy. ¿Está claro?

Mucho. Y resulta que yo me considero responsable de ella. Así que estamos de acuerdo en eso.

Candy no oyó más, porque se puso de pie rápidamente y corrió a su habitación, donde empezó a recoger sus cosas a toda prisa. Pero no fue lo suficiente rápida, porque alguien llamó a la puerta y apareció la Madre María seguida de terry.

Candy. ¿Qué estás haciendo?-pregunto la Madre.

Candy miró a Terry y se sorprendió al ver lo pálido y cansado que parecía.-Recogiendo. Hola, Terry. No... no esperaba verte... ¡Oh, qué más da! -se sentó en la cama.-Bueno, por accidente he oído la conversación entre los dos y debo decir algunas cosas. Gracias por defenderme, Madre, pero no soy la flor destrozada que imagina y...

¡Candy! -jadeo la Madre con sorpresa.

No fue culpa mía. Por casualidad estaba sentada en el jardín bajo su ventana. Busqué un lugar tranquilo donde poder pensar -dijo Candy cansada y miró a Terry.-Y gracias por sentirte tan responsable de mí, pero posiblemente yo sé mejor que nadie lo imposible que es borrar a alguien de tus pensamientos.

Madre María, ¿podría dejarnos solos, por favor?-pregunto Terry.

La monja vaciló, pero se fue y cerró la puerta.

¡Oh, me sentí avergonzada cuando los oí hablar! -exclamó Candy.-Por cierto, ¿cómo me has encontrado tan deprisa, Terry?

Recordé que una vez me hablaste de la Madre María. Pensé que a lo mejor habrías recurrido a ella. ¿Pero por qué avergonzada?

Porque... ¡me sentí como si nunca hubiera dejado el colegio! -lo miró indignada.

Algunas de las cosas que oíste son ciertas, Candy.-dijo Terry con voz suave.

Ella se dio la vuelta, tomó una blusa y empezó a doblarla en su regazo.-Lo sé, lo sé... Fue una de las razones por las que me casé contigo. No sabia a quién recurrir. No tenía madurez para estar sola. Y ahora mírame; he vuelto al colegio.

Y dos personas que te quieren han estado a punto de pegarse por ti esta mañana.-dijo el algo divertido.

¡Ella no lo habría hecho!-dejo Candy con media sonrisa.

Pues pareció que le habría gustado en cuanto me presenté.

Bueno... pero eso no cambia las cosas.-dijo Candy con ceño fruncido.

Para mí sí. Eso y... saber que te habías ido.

Mira. Te vi con Susana en el periódico, ¡tomados de la mano! Pero en cualquier caso, como Tim Mariden casi murió... no pude evitar preguntarme si tú estarías pensando en lo que podría haber sucedido si hubiera muerto. Después de todo, ella recurrió a ti. Luego... -le tembló la voz.-he tenido que escuchar todas esas cosas que has dicho sobre responsabilidad, vulnerabilidad e inocencia como si yo fuera tu protegida y no tu mujer. ¿Cómo puedes esperar que crea que soy otra cosa para ti, Terry?

No lo espero aún. Pero me gustaría tener la oportunidad de explicarlo todo. ¿Me permitirás hacerlo, Candy? Pero no aquí. ¿Vendrás ahora conmigo?

¿Y si para mí... no tiene sentido lo que me digas? -Candy se secó una lágrima.

Entonces haré lo que tú digas. Te traeré aquí de nuevo si quieres.

Ella dudó.-Bueno, tendrás que saber que ya no soy una persona fácil de convencer. Ni tampoco una flor destrozada.

Él se quedó callado mirándola. Estaba sentada en la cama, con la barbilla muy alta y los ojos húmedos.-Nunca lo fuiste, Candy. ¿Podríamos desayunar? Es la hora.

No si vives aquí. Yo he desayunado hace mucho.

¿Entonces un café?-pregunto el.

De acuerdo.

Terry la llevó a un restaurante con una terraza que daba al puerto de Sidney. Él entró a pedir y apareció a los pocos minutos con el camarero, que llevaba zumo de naranja, café y bollos.

¡Oh, no sé si podré con todo! -exclamó Candy,

Inténtalo -murmuró Terry, sentándose frente a ella.

Comieron en silencio hasta que él apartó el plato y se sirvió café.-Candy...

Terry...

Hablaron a la vez. Él sonrió.-Empieza tú.

No. -ella apartó su plato y se limpió la boca.-De todos modos no sé qué iba a decir. -se encogió de hombros con tristeza.

De acuerdo. Candy, tuviste razón en lo de Susana... pero sólo una vez. Cuando ella me dejó y se casó con Tim, me hundí y juré que nunca la perdonaría. Y tampoco a él. Y aunque no es cierto decir que no me importó con quién me casé después, sí es cierto que yo no te ofrecí un verdadero matrimonio.

Candy cerró los ojos y bebió café.-Sigue -dijo con voz débil.

Pero nunca fue un gesto provocado por esas cosas que dijo la Madre María y que yo enumeré esta mañana avergonzándote. En otras palabras, me importaba mucho lo que sucediera contigo, no sólo con Dalkeith. Por desgracia ciertas cosas suceden inesperadamente, como sabes, y aunque yo nunca habría provocado una situación para presumir contigo delante de Susana, cuando sucedió, no pude sentir cierto... desquite. -Terry hizo una pausa.

Continúa -susurró Candy con el rostro muy blanco.

Pero cuando me di cuenta, eso pasó rápidamente a un sentimiento de remordimiento, y estuve a punto, cuando me ofreciste hacer de nuestro matrimonio uno de verdad, de dejarte marchar.

CONTUNUARA…

HOLA A TODAS MIS QUERIDAS Y BELLAS LECTORAS QUE COMO SIEMPRE HAN ESTADO AQUÍ LEYENDO ESTA ADACTACION QUE LA HAGO CON MUCHO PLACER PARA TODAS Y CADA UNA DE USTEDES

Gaby oly Bliu Liz Klayis Andrew Oligranchester raqhu luisa melodya77 lady Karina Grandchester GemaGrandchester Rossy Jimenez Mona

LES DOY MIS MAS SINCEROS AGRADECIEMIENTOS POR TODOS LOS COMENTARIOS QUE ME HAN DEJADO DESDE EL PRINCIPIO HASTA AHORA, SE Q ESTE CAPITULO ES CORTO, PERO LES TENGO UNA MALA NOTICIA, ESTE ES EL PENULTIMO CAPITULO, YA QUE EL OTRO Q SIGUE ES EL FINA, YA ME DA COMO NOSTALGIA Q LA HISTORIA TERMINE TAN PROTO, PERO BUENO AQUÍ LES DEJO ESTE CAPITULO Y DISCULPE POR LO CORTO DEL CAPITULO, ME DESPIDO DE TODAS Y HASTA EL PROXIMO, ESPERO QUE ESTE CAPITULO ALLA SIDO DE SU AGRADO, LES DEJO BESOS Y ABRAZOS A TODAS Y A CADA UNA DE USTEDES, SE LES QUIERE Y CUIDENSE MUCHO…=)