Bueno gracias a todas por vuestros reviews. Esto ya está a punto de acabar, la próxima actualización será el final ya, ha ido rápido eh xD

El capi de hoy trae algo más de la leyenda celta que de la obra de la Princesa Cisne, a ver si os gusta.

CAPÍTULO 11

Inconscientemente, Regina atrajo más a Emma, tratando de protegerla con su abrazo. Frente a ellas, el Ser Oscuro y su hijo las miraban divertidos.

—No permitiré que vuelvas a separarnos, diablillo. – Regina rezó porque su voz sonara firme.

—¿Y cómo pretendes hacerlo, querida? No hay modo de romper mi maldición.

—Encontraré un modo.

—Te propongo un trato.— Dijo el mago.

—Regina, no lo escuches. Los tratos de Rumplestinskin siempre tienen trampa. Terminarás maldita, como yo. – Susurró Emma a sus espaldas.

—¿Qué trato propones?— Sabía que Emma tenía razón, pero era la única posibilidad que tenía de salvarla.

—Espera unos segundos: tres, dos, uno…

Cuando la voz de Rumplestinskin se apagó, Regina dejó de sentir el calor del cuerpo de Emma junto a ella. Se giró para buscarla, encontrando en su lugar, el cisne que había visto a su llegada.

Un chasquido de dedos hizo que el agua comenzara a burbujear. Regina tuvo que alejarse de allí, mirando perpleja la superficie del estanque que se iba llenando de cisnes idénticos hasta que dejó de verse un solo palmo de agua.

—Este es mi trato, querida: un juego. Si encuentras a Emma, romperé la maldición que la mantiene aquí y podréis marcharos. Pero si eliges al cisne equivocado, tú pasarás a ser parte de mi colección. ¿Aceptas?

Aquello estaba abarrotado de cisnes, debía de haber más de mil y todos eran iguales. Pero qué podía hacer.

—Acepto.

—Estupendo. – Regina caminó hacia el agua. – Oh, por cierto, se me olvidó mencionar que, si eliges al cisne equivocado, Emma morirá.

—Maldito mentiroso.

—Querida, yo que tú no insultaría a tu futuro dueño. En cuanto esto acabe, serás mía y no quieres que esté resentido contigo por cosas que puedas decir en el calor de la ira.

Regina cerró los ojos, respirando hondo. No importaba lo que aquel brujo pudiera hacer o decir. Emma y ella estaban conectadas desde que nacieron. Era la persona que mejor la conocía, era su otra mitad. Rumplestinskyn no veía el fallo de su juego, porque lo que veía en Emma era algo más que su aspecto físico, fuera persona o ave, lo que veía en ella era un reflejo de su propia alma.

Se adentró entre la marea de cisnes. Muchos se acercaron a ella como si esperaran que les lanzara comida. Pero Regina se concentró en sus ojos. Hasta que un destello verde llamó su atención. Caminó hacia el cisne que le dictaba su corazón. Su apariencia no era distinta a la de los demás. Fue algo que sintió al acercarse, un repentino calor que inundaba su cuerpo, la sensación de estar por fin en casa tras un largo viaje.

—Emma te juro que vas a tener que compensarme estoy mucho tiempo.

Regina se arrodilló frente al cisne antes de besar su plumosa cabeza. Un pulso de luz se extendió a su alrededor, obligándola a separarse del animal mientras este se elevaba sobre el agua del estanque. La brillante luz la obligó a cerrar los ojos y para cuando volvió a abrirlos, Emma volvía a estar a su lado y el resto de cisnes habían desaparecido.

Sus manos se encontraron para entrelazarse en cuestión de segundos.

—No, no, no. Esto no debía pasar así. – Gritó Rumplestiskin.

— ¡Papá! – Protestó Baelfire con tono lastimero.

—Tranquilo hijo, esto no va a quedar así. Nadie puede vencer al Oscuro en su propio juego.

El tono resentido del mago no auguraba nada bueno y Regina no dudó en crear una bola de fuego. La mano de Emma seguía firmemente aferrada a la suya.

Ante sus ojos, el enclenque cuerpo de Rumplestinskin comenzó a transformarse en una bestia de pelaje marrón, afilados dientes protruyeron de mandíbula, enormes garras ocuparon sus manos que eran ya más bien zarpas y de su espalda surgieron dos enormes alas.

Un monstruo sin nombre rugía ante ellas. Regina repasó mentalmente cualquier hechizo que conociera, pero nada parecía suficiente como para batir a una criatura mágica de aquel tamaño. Rumplestinskin hecho bestia se lanzó sobre ellas, moviendo sus alas con rapidez.

Lo siguiente que Regina sintió fue un empujón, el agua empapando su cuerpo al caer. Pero nada más. Emma la había apartado, recibiendo el impacto de la bestia.

—¡Emma!— Gritó Regina al ver una mancha rojiza que se extendía por el agua. – No, por favor, no me dejes otra vez. – Susurró.

Gracias por leer :)