Capítulo X

Hawks

A la hora del crepúsculo, el patio del castillo se inundó de sollozos y tonalidades oscuras. La corte entera se había reunido en torno a una gran pira funeraria en cuyo heno descansaban aquellos de cuna noble que perecieron durante ataque; sus cuerpos estaban envueltos por sabanas de lino, empapadas con alcohol.

Entre la multitud, la figura de un joven alado permanecía en total silencio, con la mirada fija al cadáver más cercano. Muchos ya le habían dado el pésame, ya fuera con abrazos o una simple palmada en los hombros; él solo se limitaba a asentir como agradecimiento, pero en el fondo no sentía nada. Su padre o "el viejo", como solía llamarlo, no había sido una figura presente en su vida, apenas dignándose a recordar que él existía; siendo el hombre de confianza para dos reyes de la dinastía Todoroki, cualquiera hubiera dejado a un lado su instinto paternal, pero cuando llegó a recordarlo, era ebrio. Aún podía escuchar su voz rasposa, entorpecida por el vino, reprochándole la muerte de su madre al concebirlo. En un principio le llegó a temer, pero ahora era solo un bulto entre tantos, esperando ser despedidos por las llamas.

Debía admitirlo, gracias al viejo tenía el estatus social y económico para hacer cuanto se le antojase: había viajado a lugares exóticos, comido manjares en exuberantes banquetes, pasado la noche en los burdeles más prestigiados y leído cuanto manuscrito se le hubiese puesto enfrente. Era privilegiado, pero eso no lo tenía satisfecho. Sí algo se sabía del joven conocido como Hawks, cuyo nombre real era un asunto digno de misterio, era su ambición. Sus ojos dorados brillaban al hablar de temas referentes a la política y se decía que deseaba con fervor poseer el puesto de su padre como consejero real, un rumor que seguro se haría más fuerte tras la muerte de este.

— Oye, ¿Cómo va todo?— Preguntó una voz familiar al oído del muchacho alado.

Hawks se sonrió con brevedad—Bien— Dijo en voz baja a su amiga, una mujer de tez morena y cabellos platinados recogidos por un broche de ojo con perlas cuyo atributo más sobresaliente eran sus peculiares orejas alargadas, semejantes a las de un conejo blanco.

La mujer suspiró— No esperabas que se fuera de esta manera, ¿verdad?

—Si te soy sincero, pienso que se tardó— Murmuró, recibiendo un codazo por parte de la dama.

—Compórtate.

El joven alado le dedicó una mirada burlona a la morena— Lindo vestido, Rumi.

Rumi negó con la cabeza, cruzándose de brazos—Cambiando el tema como siempre, mi estimado.

—No está de más un halago—Se excusó.

—Un funeral no es lugar para tus burlas, imbécil—Susurró la morena— Deberías aprender a guardarte esos comentarios.

Hawks la volteo a ver con recelo.

—Esa boca tuya te va a traer problemas si no la saber cerrar.

—Pues hasta la fecha no he recibido quejas de ningún tipo —Expresó con una sonrisa ladina— Al contrario, hay quienes prefieren que la tenga abierta.

Rumi volvió a darle un codazo en el costado; Hawks simplemente se rió con disimulo y fue justo en ese momento cuando una tonada familiar tocada en trompeta hizo que todos callaran al instante. Un escalofrío le recorrió la espalda y las puntas de sus alas cuando vio al rey acercarse hacia la muchedumbre, acompañado por su hijo y un hombre de la Fe, quienes sin dudarlo le abrieron paso. El semblante del monarca era duro, estoico. Con solo divisarlo, cada uno de los presentes le hizo una reverencia al verlo pasar frente suyo en completo silencio hasta que dio completo el recorrido alrededor de la pira y se detuvo justo donde había entrado.

El hombre de la Fe precedió a decir oraciones en el antiguo idioma de Áit que solo los religiosos y sabios dominaban y los demás escuchaban con devoción o simple respeto. Hawks entendía algo del discurso, aunque le parecía aburrido ya que eran meramente plegarias repetitivas para que los Dioses se apiadaran de las almas en su camino al Otro Mundo sin percances, pues "un alma debía ser más liviana y pura que una pluma de colibrí".

Cuando el discurso del hombre de la Fe hubo terminado, el rey dio un paso al frente.

— Mis nobles señoras y honorables señores, vengo a ustedes con un nudo en la garganta y un terrible peso aquejando mi pecho— Expresó con voz calmada pero fuerte y clara para que todos pudiesen escucharlo— Han sido terribles las pérdidas que hemos sufrido tras el ataque a nuestra nación. Nos encontramos reunidos para despedirnos…

—Voy a hablar con el rey tan pronto esto se acabe acerca de lo que te había contado hace tiempo— Dijo Hawks en voz baja a Rumi.

— ¿Acaso estás demente?

El muchacho alado de encogió de hombros— Debo intentarlo.

—Sabes que van a hablar de ti por esto, además no estás lo suficientemente preparado para-

—Dije que voy a intentarlo—Reiteró, interrumpiéndola.

Rumi lo fulminó con la mirada—Estás queriendo volar alto.

— Es lo que siempre hago, ¿no?

—Esta vez es diferente. Solo te estoy advirtiendo que si lo haces, no habrá vuelta atrás y tendrás que vivir con las consecuencias.

—Todo saldrá bien, tenlo por seguro.

—Hawks, piénsalo.

—Lo he pensado demasiado como para mandar al carajo esta oportunidad.

La mano del rey comenzó bajar hasta tocar la pira—… pido pues que se vayan en paz de este mundo y puedan ser todos recibidos en el siguiente—con un solo desliz de sus dedos sobre la paja, esta comenzó a incendiarse y esparcir el fuego hasta que cubrió por completo los cuerpos mientras una nube fétida de humo negro subía al cielo.

...

Solamente quedaron cenizas y un tufillo desagradable pululando el aire. Como era costumbre, el rey debía quedarse hasta que las llamas se consumieran, aún si tardaban una noche entera en apagarse. Para ese entonces la gran mayoría se había ido, incluidos el príncipe y el hombre de la Fe. El rey Enji observaba los huesos de los cadáveres sucumbir ante el calor de las lenguas de fuego.

—Es una pena la partida de mi padre— Dijo con pesadez el joven alado, sorprendiendo al monarca con su presencia— Él le tenía un enorme aprecio.

—Tsubasa era un hombre ejemplar y muy sabio— Expresó solemne —Debería ser yo quien le dé el pésame a usted, joven…

—Hawks—Completó en seco— él siempre quiso que mi nombre no fuera público, era muy paranoico.

El rey se limitó a asentir.

—Debe estar considerando quien pueda tomar su cargo.

—Es un tanto pronto para eso, el consejo-

El joven alado se puso frente suyo—Permítame servirle como él lo hizo alguna vez.

La determinación en la mirada del muchacho hizo al rey aguantar una carcajada—Eres muy joven para ser consejero.

—La edad no es equivalente al conocimiento de un individuo— Contestó Hawks con altivez— Bien puede haber jóvenes sabios como ancianos ignorantes.

— Ahí tiene un punto— El monarca suspiró, pasándole de largo— Pero no hará cambiar mi opinión. Sugiero que vaya a descansar.

Las gruesas cejas de Hawks se fruncieron con desdén para luego de tomar un respiro y volver a su relajada posición de siempre— Apuesto a que puedo hacer que la noticia de la tragedia de Ionad llegue más rápido a los oídos de los otros reinos que sus mensajeros a caballo.

Aquello hizo al monarca detenerse y regresar hacia donde se encontraba el muchacho— ¿Qué tan rápido?

Sonrió; había dado justo en el blanco—Si su alteza lo dispone, enviaría la noticia cuanto antes y mañana a mediodía llegaría a la ventana de sus respectivos destinatarios; si usted desea que le contesten, tendrá sus respuestas a la medianoche del siguiente día.

El rey se encontraba por demás intrigado— ¿Y cuál es esa manera tan eficaz de intercambiar información?

Hawks se encogió de hombros— Hágame su consejero y lo sabrá.

—Muchacho, no estoy jugando.

—Yo tampoco.

Las miradas de ambos chocaron. El momento era tenso, casi insufrible. La confianza de Hawks hacía al rey sentir furia; había algo en él que no era tanto de su agrado, mas no sabía con exactitud de lo que se trataba, no obstante, esa confianza en sí mismo le parecía una cualidad de admirar.

—Está bien.

Hawks sonrió de lado— Mande un pergamino a mis aposentos con el mensaje que desee sea enviado y yo me encargaré del resto— se dio la media vuelta— No tarde.

Y se fue, justo cuando la flama más pequeña daba su último suspiro.