Capítulo once

- No hace falta que sigas fingiendo. Sé que estás despierta – le habló en voz baja aunque perfectamente audible. Soi-Fong abrió los ojos de golpe. Casi se muere del susto. Puesto que ya no servía de nada hacerse la dormida, se fue dando la vuelta lentamente hasta quedar frente a frente con la expresión amable y ligeramente burlona de la dueña y señora de aquella mansión. Trató de decir algo, pero un nudo en la garganta se lo impedía.

- Si te incomoda mi visita, puedo volver en otra ocasión – dijo sólo para agobiarla, ya que en realidad no tenía intención alguna de irse. Le encantaba provocarla.

- No, no, no – se apresuró a contestar. Por nada del mundo querría que se fuera – Lo siento, es que… no me lo esperaba.

- Me gusta ser imprevisible. ¿Puedo? – preguntó señalando la silla con el dedo. Soi-Fong asintió al instante, incorporándose para quedar sentada sobre la cama, con la espalda apoyada en el cabecero. La mujer de tez morena tomó asiento justo a su lado. A esas horas de la noche, aquella parte de la mansión permanecía a oscuras, bañada únicamente por la luz de la luna que se colaba por la ventana entreabierta y que le confería a las facciones de la noble un halo de misterio que, combinado con su genuina belleza, constituían un verdadero imán para los ojos de la joven, que no terminaba de creerse que hubiera venido a visitarla personalmente.

- ¿Cómo te sientes, Soi-Fong? – rompió el breve silencio.

- Yo estoy muy bien, pero ¿y vos? Quiero decir, ¿cómo estás? ¿Te hicieron daño? – rememoró el momento en que ella la salvó y no pudo evitar sentirse responsable. Yoruichi soltó una risilla.

- Yo estoy perfectamente, no tienes de qué preocuparte – contestó restándole importancia al asunto. – Supongo que después de todo lo que ha pasado estarás algo confusa y querrás hacer muchas preguntas. – Ciertamente así era – Por cierto, ¿qué tal con Kisuke? - La imagen del hombre rubio de sonrisa inquietante le vino a la mente.

- ¿Le conoces? – "¿De dónde vendría esa confianza con él?"

- Sí, es un buen amigo de la familia. Nos conocemos desde hace ya bastante tiempo. Tranquila, puedes fiarte de él.

Soi-Fong se limitó a asentir y pasó a relatarle su encuentro con aquel amigo suyo. Efectivamente, Yoruichi no hizo sino confirmarle todo lo que ya sabía acerca de aquel trágico suceso, añadiéndole quizá algún que otro detalle. Incluso cuando le confesó lo extraño que le parecía que aquellos hombres se esmeraran tanto en acabar con ella, como si en toda aquella maniobra ella fuese el principal objetivo, ella simplemente se encogió de hombros.

- Es posible, pero para ello habrá que esperar a que los resultados de la investigación revelen sus verdaderas motivaciones. De todas formas ¿para qué querrían eliminarte a ti en concreto? No tiene ningún sentido. – La chica acabó por darle la razón, convencida de que tan sólo eran suposiciones suyas.

A pesar de que Yoruichi sabía de sobra que tarde o temprano acabaría conociendo la verdad, no quiso asustarla y pensó que ocultándosela sería más sencillo protegerla y mantener su confianza durante más tiempo, aunque para ello tuviera que mentirle descaradamente. No le había gustado lo más mínimo haberla utilizado de cebo, por sugerencia de Kisuke, y poner así en riesgo su vida, pero necesitaban saber cuánta información manejaban sus enemigos y hasta qué punto estaban dispuestos a llegar.

- Me van a expulsar del escuadrón de operaciones especiales, ¿verdad? – soltó de sopetón sacándola de sus cavilaciones, con la voz teñida de una profunda tristeza. Tardó un par de segundos en reaccionar.

- ¿Perdón?

- Es lo mejor para todos – concluyó apesadumbrada, tras mucho reflexionar – No he superado las expectativas, demostrando ser una incompetente que no sólo no cumple con su cometido, sino que además pone en peligro la vida de sus compañeros. Yo… buscaré mi sitio en otra parte, así nadie más morirá por mi culpa.

- ¿Pero de qué estás hablando? – Yoruichi estaba desconcertada – Soi-Fong, tú no tienes la culpa de nada. Podría haberle pasado a cualquiera – aunque eso último no fuese del todo cierto – Es más, iba a decirte que me dejaste impresionada por la forma en que te desenvolviste en una situación tan extrema. De no ser así, ahora mismo no estarías aquí.

- Eso es porque tú me salvaste. Yo sola no hubiera conseguido nada – le rebatió con ira contenida. "¿Por qué te empeñas en negarlo? ¿Por lástima?"

- ¿Ah, no? Entonces dime, ¿cómo lograste sobrevivir mientras tanto? ¿Cómo te encargaste de alejarlos de allí para evitar que hicieran daño a nadie más? ¿Cómo te defendiste de sus ataques, plantándoles cara aun estando en minoría e incluso acabaste con dos… y medio de ellos? - expuso en tono serio, cruzándose de brazos – Y todo eso antes de que yo llegase. Así que si crees que con esa actitud autocompasiva y tratando de convencerme de lo supuestamente torpe e inútil que eres vas a conseguir librarte de mí, estás muy equivocada – sentenció de manera rotunda, dando a entender que no admitía réplica.

Soi-Fong no salía de su asombro, intimidada por esa mujer a la que nadie en su sano juicio se atrevería a contradecirle. Y mucho menos ella. - Entonces… ¿voy a seguir… aquí?

- A menos que después de esta experiencia te hayas acobardado y quieras renunciar, sí. Vas a seguir aquí.

Suspiró profundamente aliviada, pues esa angustia que la corroía ante la posibilidad de no volver a verla nunca finalmente desapareció, aunque siguiera teniendo fuertes reparos ante la decisión de su señora.

- Pero… yo no pude vencer a esos tipos y sin embargo tú… - recordó con cuán inusitada facilidad había derrotado a sus enemigos sin apenas despeinarse – Un momento. Aquella tarde, en el campo de entrenamiento… ¡eras tú!

Yoruichi asintió tranquilamente ante la expresión boquiabierta de la menor.

- Por fin te has dado cuenta – sonrió con cierto regodeo – En mi opinión, un buen líder debe ser capaz de desempeñar el trabajo de sus subordinados de igual o mejor modo. De lo contrario, ¿qué motivos habría para que le respetaran?

Soi-Fong seguía atónita por su reciente descubrimiento, porque esa mujer no dejaba de sorprenderla. Ahora resultaba que Yoruichi era una experta guerrera mejor cualificada que todos los hombres que tenía a su cargo. "¿Y entonces para qué necesita una escolta?"

- Obviamente una mujer de mi posición no puede pasearse por ahí con una katana al cinto. No lo encontrarían… apropiado – apostilló contestando a su pregunta no formulada – Hay tradiciones que ni yo misma, a pesar de mis continuos esfuerzos, puedo romper. Pero así es la vida – suspiró posando sus ojos ambarinos en los grises de la joven, estudiándola e intentando adivinar sus pensamientos. Una mirada cuya intensidad siempre conseguía ponerla nerviosa.

- ¿Te gustaría aprender? – le propuso de repente.

- ¿A-aprender a qué?

- A pelear como yo, naturalmente – respondió con soltura. - Serían como unas clases particulares, uno o dos días a la semana, ya lo iremos viendo. La verdad es que a mí también me vendría bien estirar los músculos o se me acabarán oxidando, ¿qué me dices?

- Yo… no sé qué decir… - de nuevo la pillaba por sorpresa.

- Vamos, será divertido – la animó tratando de persuadirla – Además, ¿no te preocupaba quedarte atrás o no dar la talla? Así para la próxima misión que te encomiende no tendré que estar pendiente de salvarte la vida. Si mal no recuerdo, ya van dos veces- añadió en tono jocoso.

Sin embargo, esa última frase hizo que Soi-Fong agachara la cabeza avergonzada. Se suponía que ella debía velar por la seguridad de la noble, no al revés.

- No quiero ser una carga para nadie. "Y menos para ti."

- ¿Y quién te ha dicho que lo seas? – la miró extrañada. La joven negó con una sonrisa apenada.

- Eres demasiado buena conmigo. No tienes que hacer nada de esto por mí… - Yoruichi la acalló con un gesto de la mano, impidiendo que terminara la frase.

- Sé que no tengo por qué – replicó poniéndose seria – Lo hago porque quiero.

- ¿Pero por qué quieres? – necesitaba saberlo, aunque la pregunta fuera una impertinencia. "¿Por qué tomarse tantas molestias por una insignificante refugiada de guerra con aspiraciones militares? ¿Por qué yo no y algún otro mucho más capacitado y con más experiencia que ella?"

- Porque me gustas, Soi-Fong – confesó con una mirada cargada de ternura. – Más de lo que te imaginas.

Y se hizo el silencio. La joven se quedó paralizada durante varios segundos que le parecieron una eternidad, tratando de procesar y asimilar el significado de esas palabras.

Al principio pensó que la había entendido mal, que todavía se encontraba bajo los efectos del sedante y su oído le había jugado una mala pasada. Después barajó la posibilidad de que se refiriera a ella como subordinada, ya que muchas veces había alabado la celeridad de su progreso y continuo esfuerzo, por lo que era lógico que la considerase como una buena inversión a largo plazo, según su criterio. Incluso llegó a pensar que se trataba de una burla y que de un momento a otro comenzaría a desternillarse de risa y a señalarla con el dedo mientras le repetía "has picado" y todo volvería a la normalidad.

No obstante, Yoruichi no se reía. Ni siquiera sonreía. Se limitaba contemplarla, clavando sus entornados ojos ámbar en los grises abiertos de par en par, dando a entender el verdadero trasfondo de sus palabras.

Entonces acudió a su mente una escena en un jardín en que ella le acariciaba la cara con parsimonia, mirándola de la misma forma que ahora. Y luego otra, en la que la joven estaba malherida y Yoruichi la tomaba delicadamente en brazos para luego besarla en la mejilla, susurrándole unas palabras al oído…

- Incluso con esa cara de "pez fuera del agua" me gustas – bromeó para relajar la tensión del momento.

Soi-Fong cerró la boca de inmediato y agachó la cabeza, tapándose hasta las orejas con las sábanas a fin de ocultar el fuerte rubor que recorría sus mejillas y quizá también su cuerpo entero, que no paraba de temblar de puro nerviosismo. "Legustolegustolegustolegusto" – no cesaba de repetirse, aunque por supuesto tuviera aún sus dudas al respecto. "¿Cómo es posible? Tiene que ser un error."

- Oye, ¿sigues ahí?

Cayó en la cuenta de lo estúpida de su reacción. Yoruichi le acababa de confesar que le gustaba y ella había corrido a esconderse, sin siquiera responderle. No tuvo más remedio que descubrirse la cara, despacio, sin atreverse a mirarla directamente.

- P-perdóname, debo parecerte muy t-tonta, p-pero yo… yo no sé por qué estoy tan nerviosa, porque es-esto es algo normal, ¿no? Es decir… quiero decir que-que no es nada malo, ¿no? – expresó como pudo mientras jugueteaba con los pliegues de las sábanas. Pese a sus esfuerzos, no podía controlar el temblor de su voz. "Seguro que se da cuenta de que estoy roja como un tomate." Y eso no hacía sino ruborizarla más, entrando en un bucle sin fin.

- No tiene nada de malo – le aseguró en tono tranquilizador, entendiendo a lo que se refería dentro de ese mar de incoherencias – al menos para ti. El problema lo tendré yo en cuanto me digas que tú no sientes lo mismo – suspiró con resignación. – Alégrate, vas a entrar en mi lista negra de "personas que durante su corta vida rechazaron a Yoruichi Shihouin" – señaló haciendo especial hincapié en "corta vida".

- ¿Qué? No, espera… - debía contarle la verdad.

- Calma, calma, era una broma – repuso soltando una risilla- No existe ninguna lista negra. Puedes decirme que no sin problemas. Será un duro golpe para mi ego, pero lo superaré.

- Espera, hay algo que quiero… - pero volvieron a cortarla.

- De todas formas, una vez me comentaste que no estabas interesada en nadie, que preferías centrarte en tu entrenamiento, lo cual es digno de admiración, y yo te seguiré apoyando en tu formación para que progreses lo más rápido posible y llegues a convertirte en un excepcional miembro del cuerpo de operaciones especiales. Pero si después de lo de hoy prefieres guardar las distancias, entenderé perfectamente…

- ¡Es que no es eso! – exclamó al borde de la exasperación. Yoruichi la miró sin comprender.

- ¿Y de qué se trata entonces?

- Pues… bueno, pues que yo… - desvió la mirada hacia la ventana, notando como empezaba a tartamudear de nuevo. No estaba segura de tener el coraje suficiente para ello.

- No tengas miedo, Soi-Fong – la tranquilizó, dándole espacio para que pudiera expresarse libremente – Simplemente dilo.

La chica tomó aire, poniéndose de espaldas a la mujer de tez morena y fijando la vista en el cielo nocturno.

- Que tú también me gustas a mí. De hecho, me gustas mucho… desde hace tiempo. – Se acabó. Ya lo había soltado.

Transcurrieron unos segundos en completo silencio, donde únicamente se oía la respiración acompasada de la noble. Notaba el peso de su mirada clavado en ella, pero el temor a haber hecho algo incorrecto la tenía petrificada y era incapaz de mover un solo músculo. Por desgracia, ya era demasiado tarde para arrepentirse.

El chirrido de la silla arrastrándose por el suelo rompió el silencio. Alarmada, observó de reojo cómo Yoruichi se levantaba y se sentaba en la cama junto a ella, abrazándola por detrás, pegando su cuerpo a su espalda, notando el agradable calor que emanaba de él. Pasó sus manos por sus brazos y luego por sus hombros con mucha suavidad, para luego estrecharla más contra ella.

- ¿Ves como no era tan difícil? – le susurró al oído, provocando que la chica suspirara largamente y cerrase los ojos, entregándose al tierno abrazo de la mujer de tez morena, la cual aprovechó para besarle la oreja y luego la mejilla derecha con dulzura, recreándose en la textura de su piel rozándola con sus labios. Los besos fueron acercándose con deliberada parsimonia a la entreabierta boca de Soi-Fong, que en ese instante creía estar viviendo un sueño.

Si ya de por sí estaba nerviosa, cuando Yoruichi la tomó con delicadeza de la barbilla, girándola para colocar sus rostros uno frente al otro, mirándose directamente, sus labios separados por escasos centímetros y sus manos acariciándola con ternura, procurando no abrirle de nuevo las heridas, a punto estuvo de desfallecer. Sabía lo que iba suceder a continuación. Sin embargo…

Yoruichi le dedicó una sonrisa cálida, al tiempo que le apartaba un mechón de pelo negro de su rostro y se inclinaba para darle un corto beso en la nariz y otro más largo en la frente. Quizás el corazón de la joven deseara continuar con los besos y las caricias durante toda la noche. Pero su cerebro opinaba otra cosa, de lo que se percató al sentir bajo sus manos los músculos fuertemente agarrotados por la tensión del momento. Como tampoco quería presionarla, decidió posponerlo para otra ocasión. Demasiadas emociones por un día.

- Creo que se me está haciendo muy tarde – dijo deshaciendo el abrazo y levantándose de la cama – Hoy he tenido un día muy ajetreado y mañana me espera otro similar.

- Sí, claro… no quiero entretenerte - convino Soi-Fong tras respirar hondo para tranquilizarse y volviendo de golpe a la realidad.

- Bueno, en cuanto te recuperes comenzaremos las clases particulares. Como tu futura maestra, he de advertirte que mis horarios son bastante raros y volubles, por lo que tendremos que ponernos de acuerdo. Ah, y otra cosa – añadió en tono firme - no soporto ni la impuntualidad, ni la holgazanería, ni las quejas ni las excusas. Las clases son para trabajar, ¿queda claro?

- Sí, señora – respondió poniéndose rígida al instante, pues no debía olvidar que seguía tratándose de la heredera de la familia Shihouin, Comandante del escuadrón de operaciones especiales y miembro influyente en la Corte Imperial.

- Así me gusta. Buenas noches, Soi-Fong – se despidió desde la puerta - Que descanses… "Si puedes." – añadió mentalmente, satisfecha por cómo había acabado el día y dejando a una Soi-Fong hecha un caos y que emplearía toda la noche en convencerse a sí misma de que todo lo que acababa de suceder en aquella habitación de enfermería había sido real y no el mejor sueño de su vida.


Una semana más tarde, cayendo en sábado, se encontraba en mitad de una pequeña fiesta que se había organizado en los jardines de la mansión, con mesas repletas de comida y bebida, incluso un par de botellas de sake que habían comprado horas antes en el mercado. El motivo de la celebración no era otro que el cumpleaños de Hinamori, coincidiendo con la penúltima fase de sus exámenes para el ingreso en el Ejército Imperial. Si al año siguiente también lograba superar las pruebas, ya podría rellenar su solicitud de admisión y una vez oficialmente aceptada, trasladarse definitivamente a los cuarteles de la división a la que se la destinase.

Hinamori no podía estar más contenta y daba saltos de alegría allá por donde iba, riendo y repartiendo abrazos a todo aquel con el que se cruzase. A la fiesta de esa tarde, además de ellas cuatro, habían acudido algunos compañeros de clase y el novio de Hinamori, Toshiro, que había traído a su vez a un par de amigos más. Era un joven amable, cordial y bastante reservado cuya personalidad contrastaba fuertemente con su apariencia aniñada. A Soi-Fong le cayó bastante bien.

A medida que se acercaba el verano los días se volvían más largos y cálidos, por lo que la temperatura en aquel jardín era la ideal. Todos disfrutaban en aquel ambiente distendido, lleno de risas, conversaciones amenas e incluso algún que otro coqueteo por parte de Suki y Maiko, que se acercaban a los chicos de forma alegre y desinhibida con cualquier excusa y trataban de que una rígida y visiblemente incómoda Soi-Fong participara en aquel juego a priori inofensivo.

No obstante, la mente de la joven estaba en otra parte. En realidad, llevaba así toda la semana, algo de lo que Hinamori, tan intuitiva como siempre, se percató enseguida. Separándose un momento de Toshiro, se acercó a su amiga y la llevó a pasear un rato por los jardines, argumentando estar un poco cansada y necesitar despejarse.

- Escucha, no les hagas caso a Suki y a Maiko – comentó a la vez que se sentaban en la base de una escalinata de piedra - Están como locas por encontrar a un chico y sé que intentan buscarte también a ti un pretendiente. Pero no te lo tomes a mal, es su naturaleza. Además, a estas cosas no hay que meterles prisa, el amor llega cuando tiene que llegar – esto último lo dijo mirando de lejos al joven de cabello blanco y ojos del color aguamarina. Soi-Fong sonrió débilmente.

- El caso es… que me gusta alguien – confesó al fin, pues seguía estando claramente confusa y eran tantas las dudas acerca de sus sentimientos que necesitaba recurrir a alguien que le aconsejara sobre tales asuntos. Hinamori ya tenía experiencia en el amor, además de ser mucho más fiable y menos agobiante que las otras dos.

- ¿Qué? No… ¿es en serio? ¿De verdad? – exclamó aún no podía creérselo. La otra le ordenó que bajara la voz de inmediato.

- Sí, pero no se lo digas a nadie, no quiero que se sepa – se apresuró a contestar, temiendo que empezara a gritarlo a los cuatro vientos y que se convirtiera en la comidilla de la fiesta, cuando no debía ser ella la protagonista aquel día.

- ¿Por qué no? Estar enamorada es la cosa más maravillosa del mundo… - era imposible no emocionarse ante esa noticia.

- No he dicho que esté enamorada, digo que me gusta alguien – le corrigió mientras un incómodo calor inundaba sus mejillas - Y no quiero que me empiecen a perseguir con preguntas y cotilleos todo el día. Además, no sé qué hacer ahora, estoy hecha un lío… - "Quizás contárselo no haya sido tan buena idea…"

- Está bien, está bien. No te preocupes por eso, te ayudaré – acordó tratando de serenarse y poner en orden sus pensamientos – A ver, vayamos por partes, ¿sabe él que le gustas? – Soi-Fong asintió - ¿y le gustas tú a él? – Volvió a asentir. - ¿Y has hablado con él de todo esto en persona? – Por tercera vez, asintió con la cabeza. - ¡Pero eso es estupendo, Soi! – le correspondió con una sonrisa tímida.

- ¿Y quién ese chico tan afortunado? – le tuvo que preguntar, sin poder contener su curiosidad por más tiempo. - ¿Le conozco? – Se emocionó todavía más cuando su amiga respondió afirmativamente. Seguro que se trataba de un joven recluta alto y apuesto, y un montón de posibles nombres empezaron a desfilar por su mente.

-Bueno, lo cierto es que no es ningún chico – le dijo en tono apagado – se trata de… otra persona.

- ¿De quién? – la miró sin comprender. Tal vez se tratara de un hombre adulto.

- De Yoruichi - reveló al fin ante la estupefacción de su compañera. Pasaron unos segundos en un incómodo silencio. Pensó que quizás no conociera su nombre de pila y tuviera que aclarárselo - Ya sabes, la…

- Sé a quién te refieres.

Por supuesto que lo sabía. La voz de Hinamori había bajado una octava y ahora transmitía una frialdad a la que Soi-Fong ni de lejos estaba acostumbrada. Todo vestigio de alegría se había esfumado y su rostro se había transformado de pronto en una máscara de seriedad y profunda decepción. La chica era incapaz de sostenerle por más tiempo esa mirada.

- Seguro que piensas que es una locura y seguro que lo es – sonrió con amargura, tratando de suavizar el gélido ambiente - ¿Cómo iba alguien como ella a fijarse en alguien como yo? Cuando yo jamás podría merecerla…

- Todo lo contrario, Soi. Es ella la que no te merece – replicó de forma cortante. Se pasó la mano por el pelo con gesto abatido, preparándose para la explicación que le debía a su ahora atónita amiga. – Escucha, no creo que exista persona alguna en la faz de la tierra que no adore a la señora Shihouin. Es una mujer encantadora, inteligente, generosa, honesta, fuerte y un sinfín de cosas más. Resulta fácil enamorarse de alguien así y si tienes la suerte de ser correspondida, bueno, te sentirías la persona más afortunada del mundo, de eso no hay duda – a medida que avanzaba la conversación iba relajando su expresión, para alivio de su interlocutora – Pero olvidas que es una noble, Soi. Ella jamás podrá darte algo… como lo que yo tengo con Toshiro, ¿me entiendes? Tendrás que vivir en un permanente segundo plano, con la certeza de que nunca vas a ser su prioridad aunque ella deba ser la tuya, sin poder mostraros juntas en público, soportando toda clase de rumores y cuchicheos que levantarás inevitablemente a tu paso…

- Sí. Sé que hay muchos inconvenientes, pero…

- Y hay algo más que debes saber –añadió como advertencia - No vas a ser la primera chica que se queda prendada de ella y con la que luego acabará… intimando – la joven se ruborizó violentamente – para luego deshacerse de ella y seguir como si nada, sin importar los sentimientos que ambas hayan podido experimentar. Y no es porque sea una mujer fría e insensible, ya te he dicho que todos la adoramos, sino debido a su estatus social, el cual no le permite mantener una relación formal con nadie a menos que sea otro noble y con vistas a un compromiso matrimonial. Por lo que, tarde o temprano, todas esas idílicas historias de amor se terminarán, por mucho que les pese o les duela a esas chicas. Y no quiero que eso te pase a ti, Soi. No quiero verte sufrir – Soi-Fong escuchaba atenta todo lo que su amiga le decía, admirando la tremenda madurez que manifestaba en sus palabras. Recordó aquella conversación sobre los amantes, que la mayoría aceptaban serlo a cambio de obtener sus favores y luego casarse con un hombre con posibles y de mejor linaje que el suyo propio.

A Hinamori no le faltaba razón. Lo más probable es que se tratara de un simple capricho para una noble acostumbrada a obtener todo cuanto quería y que cuando se cansara de ella, la dejase de lado. Y no podía siquiera reprochárselo, aunque le doliese en lo más profundo de su corazón. Al fin y al cabo, si ahora estaba viva, con un nuevo hogar, rodeada de personas que la querían y cumpliendo su sueño de convertirse en una guerrera similar a los samuráis que tanto admiraba era todo gracias a ella. Le debía demasiado. Y por ello estaba dispuesta a servirla, como agente encubierta, guardaespaldas o incluso como amante, si era eso lo que deseaba de su joven protegida. Porque además de infinita gratitud y profundo respeto, durante todos esos meses había desarrollado una fuerte atracción por la noble que no hacía sino aumentar día tras día.

- Gracias, Hinamori. Sé que todo sería más fácil si no…

- … ¿te hubieses enamorado? – completó con una sonrisa enternecida. Su silencio se lo confirmó. Ya no tenía sentido ocultarlo por más tiempo – Llevo más tiempo que tú por aquí, y te diré que en muchos aspectos es la mujer más asombrosa que haya conocido, si bien en cuanto al plano sentimental es preferible no involucrarse con ella lo más mínimo. Pero también sé por experiencia que cuanto te enamoras, resulta difícil luchar contra esos sentimientos. Así que sólo te pido una cosa, Soi: ten muchísimo cuidado y no te sientas obligada a hacer algo que realmente no quieras. Recuerda que ella sigue siendo un miembro de la alta aristocracia y tú siempre estarás en desventaja. Pero por lo demás, sólo tienes que seguir a tu corazón. Si en algún momento te sientes incómoda o insegura, no tengas miedo de hablar con ella. Y si no, ya sabes que siempre puedes contar conmigo.

Soi-Fong volvió a agradecerle haberla escuchado y aconsejado. En el fondo sabía que su contrariedad se debía a que realmente se preocupaba por ella y sólo quería verla feliz.

- Bueno, será mejor que volvamos a la fiesta, ¿no? – Dijo levantándose - Seguro que ya nos están echando de menos.

- Es verdad. Hoy es tu gran día – le recordó dándole un abrazo repentino que la otra correspondió sorprendida – Eres una buena amiga, Hinamori. Me alegra haberte conocido. – Y aunque tras haber hablado con ella estuviera todavía más confusa que al principio, se había quitado un gran peso de encima.

La otra se limitó a sonreír y a tomarla del brazo, poniendo rumbo de nuevo al centro de aquel jaleo que era su fiesta de cumpleaños, que en esos momentos clamaba por la atención de su anfitriona.


- ¿Señora? Os informo de que han interceptado al mago – le susurró prácticamente al oído uno de sus agentes encubiertos – Al parecer, trataba de salir de la ciudad por la muralla norte. Lo mantenemos retenido en los calabozos, a la espera de nuevas instrucciones.

- Buen trabajo, Keita. Ponedlo bajo vigilancia y que no hable nadie con él hasta que yo llegue. Deseo encargarme personalmente de dirigir el interrogatorio. Comunícaselo al resto y que nadie más se le acerque ¿entendido?

- A la orden, mi señora – Keita hizo una breve reverencia y abandonó el despacho con el mismo sigilo con el que había entrado, presto a cumplir las órdenes recibidas.

"Con un poco de suerte podré sonsacarle para quién trabaja. Tal vez esa información no sirva para procesar a esos canallas, pero es un buen comienzo." – resolvió con algo de optimismo. Ya les habían permitido hacer demasiadas jugadas. Ahora le tocaba a ella mover ficha.


¡Hola a todos! Muchas gracias por los ánimos para continuar escribiendo. Puede que se avecine otro nuevo parón en cuanto al próximo capítulo, aunque espero que no sea tan terrible como los anteriores. Espero que os haya gustado. Un saludo y nos leemos pronto! =)