Disclaimer: Nada es mío, ¡nada! D: Solo se lo he pedido prestado a Mickey para escribir unas cuantas locuras.
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El temible jefe vikingo de cabellos rojos como el fuego había llegado a las costas noruegas en son de paz. No le interesaba iniciar otro conflicto, pese a su experiencia y a la temida reputación con la que contaba. Pero a veces, las batallas no pueden evitarse.
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Día 11
Prompt: Vikingos
Género: Adventure/Romance
Palabras: 1000
Rating: T
Propuesta de: HoeLittleDuck
Ambiciones opuestas
El alba estaba despuntando en el horizonte. Desde donde se encontraba, Hans logró divisar su embarcación de remos anclada cerca de la costa. Los hombres que lo acompañaban se prepararon para emprender el regreso a casa, rumbo a las islas sureñas. Apenas se aproximaron a la orilla del mar comenzaron a descender de sus caballos, tomando las posesiones que habían conseguido en el último de sus asaltos. Tanto provisiones como pieles, armas y hasta oro, habían sido conseguidos a la fuerza horas atrás de uno de los kyn* que habitaban en tierras noruegas.
Para él sin embargo, eran poca cosa. Había obtenido algo mucho mejor.
Apenas estuvo a unos metros de su navío bajo de su caballo; un magnífico ejemplar con las crines blancas y negras, y acunó entre sus brazos a la joven que yacía inconsciente a lomos del animal.
En un principio, sus intenciones al arribar al territorio donde se encontraba habían sido pacíficas. En el pasado había acumulado ya suficientes riquezas como para que le interesara continuar saqueando aldeas insignificantes. Era tan temido como los numerosos hermanos que le precedían y que formaban parte de uno de los kynes más antiguos en Escandinavia.
Se hallaba en ese lugar simplemente buscando formar un lazo con algún clan poderoso. Por más que le gustara navegar, había llegado el tiempo de establecerse y dejar descendencia. Un matrimonio ventajoso no le sería difícil de conseguir, debido a sus bienes y su reputación.
O al menos eso era lo que había pensado.
Hacía pocos días que el jefe de un clan renombrado en la región lo había recibido con lujo de atenciones. Hans no pudo evitar quedar prendado de la belleza de su hija mayor, una doncella con la piel tan blanca como la nieve y ojos azules igual que el océano en el que tanto disfrutaba de aventurarse. Jamás había visto unos cabellos que fueran tan pálidos como los suyos.
Supo que ella era a quien quería por esposa de ahí en adelante. La imaginó durmiendo a su lado y dándoles luz a sus hijos. Sería una magnífica compañera para él.
Excepto por un inconveniente.
Elsa no estaba interesada en el matrimonio. La joven había prometido mantenerse virgen y dedicar su vida como escudera, para luchar por su gente y defender el honor de su familia en las afueras. Era una de esas mujeres guerreras a las que su gente gustaba de referirse como skjaldmö*, y que tenían su admiración incluso cuando pensara que las batallas eran menester solamente de hombres.
Era un lamentable desperdicio que alguien como ella escogiera un camino tan solitario.
Los intentos que había hecho por derribar esa coraza de frialdad que parecía rodearla, a tal grado de mantener una personalidad distante y reservada incluso con los miembros de su propia aldea, habían sido en vano además de poner a prueba la arrogancia que lo caracterizaba. No le gustaba que lo despreciaran.
Y cuando no le daban opción, tenía que recurrir a tomar lo que quería tal y como estaba acostumbrado.
De la forma más traicionera, había atacado junto con su tripulación al kyn noruego después de caer la noche; provocando terror entre los civiles y alertando a los hombres armados que no dudaron en combatir con los suyos. Estaba consciente de que sus actos eran de lo más viles en vista de la hospitalidad que habían tenido con él y con sus compañeros. No obstante no perdonaba la ofensa del rechazo de esa muchachita.
A veces uno debía hacerse respetar por las malas.
Le había asombrado descubrir que, en efecto, Elsa no era tan indefensa como aparentaba. La joven le había dado pelea al descubrir sus intenciones, empuñando su espada e hiriéndolo en un costado y en el brazo. Eso, lejos de disgustarle, provocó que aumentara el ardiente deseo que sentía por poseerla.
Ni la agilidad en los movimientos de la chica ni su valentía, pudieron impedir que perdiera la consciencia con el leve golpe que Hans le asestó, tras unos minutos de intenso combate. Hubiera preferido no tener que lastimarla. Estaba consciente de que sería muy complicado lograr que se resignara a cumplir con el papel de esposa obediente en el futuro. Aunque eso le gustaba, en parte.
Elsa se removió levemente en los brazos de su captor. Sus párpados se abrieron, acostumbrándose a la luz del sol y haciendo que sus pupilas azules se enfocaran en las verdes del pelirrojo, primero con sorpresa y luego con profundo odio.
Inútilmente se revolvió para recuperar su libertad, escuchando impotente como el cobrizo soltaba una risa grave y cínica, afianzando el agarre que tenía sobre ella.
—¡Miserable traidor!—exclamó con rabia—¡Te maldigo en nombre de los dioses! ¡Maldito seas!
Otra carcajada volvió a resonar para su disgusto.
Repentinamente, Hans se agachó hacia ella y atrapó sus labios entre los suyos, acallando todas sus protestas. No pudo contener la exclamación que brotó de su garganta. Nunca había sido besada por nadie, en vista de la promesa que había hecho para salvaguardar su virtud. La lengua de su raptor se adentró en su boca, acariciando con descaro la suya y el cielo de su paladar.
Estaba desarmada y no tenía como defenderse de él. La fuerza y el tamaño de ese extranjero la dejaban en desventaja. Y ahora no sabía que hacer para impedir que la arrebatara de su hogar.
—No luches en vano, querida mía. Pronto estaremos en casa.
Elsa lo observó con un enorme desprecio. Ese hombre era el responsable de la desgracia de su familia y la de su gente. Juró que no descansaría hasta vengarse. Ni desposándose con él conseguiría escapar del castigo que recibiría a manos suyas.
De hecho, no permitiría que ocurriera tal evento si tenía la oportunidad de destruirlo antes. Aguardaría el momento perfecto para rebanarle el cuello o atravesarlo con su propia espada, atacándolo del mismo modo cobarde en que había herido a quienes amaba. Y ni los dioses se apiadarían de él cuando le quitara la vida.
*Kyn. Forma vikinga para referirse a un clan.
*Skjaldmö. Mujeres de la cultura vikinga que como dice el relato, se mantenían vírgenes e iban a las batallas como escuderas. O al menos eso es lo que se cree.
Nota de autor:
Que onda, copos de nieve. :3 Les traje la viñeta del día de hoy, recién salida del horno y con esa dosis de odio/amor que tanto me encanta darles, jejejeje. ¿Qué les pareció? Mi amigo Google me ayudó un poquito cuando me puse a investigar acerca del prompt vikingos, que la señorita Hoe me sugirió. Una vez más me puso en aprietos. ¿Qué tal quedó? ¿Lo hice bien? :3
F: Jojojo, sí, Hans debería prestar más atención a por donde va y a cientos de cosas. xD
¡Pasen un bello domingo, criaturas! ;)
