DISCLAIMER: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling.

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Preferencia Personal

Capítulo 11: Phoebe Hannigan.

— ¿Lo leíste?

— Sí.

— ¿Y lo firmaste?

Rose soltó un suspiro antes de volver a mirar al hombre sentado al otro lado de su escritorio.

— ¿Por qué tengo que hacerlo? —preguntó ella.

Lex miró la carpeta que le había entregado y sonrió.

— ¿Sabes? Creo que eres la única persona sobre la tierra que no acepta firmar para ser la beneficiaria de un seguro de vida millonario.

Ella se quitó los lentes y recostó los brazos sobre el escritorio.

— Bueno, considerando que Scorpius me hace querer ahorcarlo varias veces al día, no quiero que las personas piensen que su fortuna fue el motivo el día que realmente lo haga.

La sonrisa del hombre se hizo más amplia, dejándole ver sus brillantes dientes blancos. Rose no podía entender cómo alguien podía ser tan perfecto tan temprano por la mañana… o en cualquier momento del día.

Había aparecido en su oficina tres días antes para llevarle los papeles referentes al seguro de vida de Scorpius para que ella los firmara y quedara como beneficiaria en caso de muerte. Algo completamente ilógico e innecesario porque ella esperaba haberse divorciado de Malfoy antes de que algo así sucediera. Sin mencionar que no podía comprender por qué se tomaban tantas molestias en hacer que el matrimonio pareciera lo más real posible, ya que ése había sido el argumento de Lex para convencerla de firmar.

Y decía 'convencerla' porque, efectivamente, ella ya había firmado.

Alexander abrió la boca para decir algo más, pero repentinamente alguien llamó a la puerta. Era la asistente de Rose.

— Disculpe, doctora Malfoy…

Rose tuvo que morderse la lengua para no recordarle a Becky lo mucho que detestaba que la llamara de esa manera. Además, viendo el intento de sonrisa que trataba de estirar los labios de la mujer, ella sabía que lo estaba disfrutando.

— Lily está aquí.

Rose no pudo responder, la puerta terminó por abrirse para dejar ver la vivaz presencia de su prima. Lily dijo hola con una brillante sonrisa antes de que sus ojos repararan en Alexander. De inmediato la sonrisa se desvaneció para ser reemplazada por una expresión de asombro mientras recorría al hombre con una incrédula, y nada discreta, mirada.

Rose podía entenderla, Alexander tenía la apariencia perfecta de un modelo y una clase de carisma enigmático que llamaba la atención tan pronto como tus ojos lo detectaban. Y, además, su personalidad era bastante agradable, o al menos eso se podía imaginar ella mientras los negocios no tuvieran nada que ver. Algo le decía que Lex Nott era un hombre completamente diferente a la hora de enfrentar a sus adversarios.

— Lo lamento. No sabía que estabas ocupada.

— No se preocupen, yo ya me iba —le respondió Alexander antes de ponerse de pie para extenderle su mano acompañada de una sonrisa—. Soy Alexander Nott. Mucho gusto.

La única respuesta de Lily fue su boca entreabierta. Cualquier idea en su cerebro se había evaporado cuando esos ojos azules le habían dedicado su completa atención. Era un milagro que se las hubiera arreglado para estrechar su mano.

Su expresión no tenía precio.

Sin embargo, Lex fue lo bastante caballero como para fingir que no se daba cuenta. Puso su otra mano encima de la de Lily y le dio un suave apretón antes de apartarse y volver a mirar a Rose.

— Gracias. Te llamaré cuando tenga esto listo —le dijo agitando brevemente la carpeta negra.

Rose asintió y dejó que él abandonara la oficina.

Lily tardó más de tres segundos en recuperarse del deslumbramiento.

— Oh, por Dios —suspiró distraída—. Por favor dime que estoy muerta y que ése hombre que acaba de irse será mi guía personal en el paraíso.

Rose sonrió sin poder evitarlo.

— ¿Y qué es lo que harías si eso sucediera, eh? ¿Mirarlo fijamente haciéndolo sentir tan incómodo que él se preguntará si no hay algo malo contigo, justo como ahora?

— Bruja —le dijo Lily con un mohín antes de dejarse caer sobre la silla cercana mientras su mochila terminaba en el piso junto a sus pies—. Es eso o debiste de haber hecho algo realmente muy bueno en tu vida pasada como para que ahora estés casada con un hombre que está para comerse y, además, forrado de dinero y todavía tengas contacto con alguien como el dios que se acaba de ir. Dime, ¿desde cuando las lingüistas se ven rodeadas de hombres que están así de buenos? Si sigues así, dentro de poco tu campo de trabajo estará saturado de mujeres en busca de tu suerte. Yo me incluyo.

Rose rió por sus comentarios. Su prima llevaba años diciéndole que debía de haber escogido una profesión más emocionante –o interesante- y era realmente gracioso verla cambiar de parecer tan repentinamente.

— Es algo mayor para ti.

— ¡Oh, claro que no! —replicó Lily—. Yo calculo que tiene, máximo, veinticinco.

— Sí, y tú tienes diecinueve.

— Cumplo veinte en abril.

— Como digas —respondió Rose intentando dejar de lado la conversación, sabía que nada haría cambiar de opinión a su prima—. Alex es el representante de Scorpius, así que supongo que venía incluido en el paquete cuando me casé con él —explicó mientras revisaba la bandeja de su correo electrónico.

Después de que se mudó, Lily había adquirido la costumbre de visitarla casi todos los días en su oficina antes de que tuviera que irse al club a cubrir su turno, aunque fuera solamente para decirle hola y hacerle saber que seguía viva.

— ¿No te da gusto? —preguntó la recién llegada luego de unos segundos de haberse quedado en silencio.

Rose dejo de ponerle atención al monitor de la computadora frente a ella y enfocó sus ojos en aquella pícara mirada al otro lado de su escritorio.

— ¿Qué cosa?

— Se acerca el día de San Valentín —respondió Lily con una sonrisa que añadió más brillo a sus ojos.

Rose soltó un suspiro cansado mientras se hundía un poco más en su asiento. En la esquina más alejada de su escritorio, el calendario le recordaba que estaban a menos de cuatro días para esa fecha.

— Oh, eso.

— ¿"Oh, eso"? —inquirió Lily, extrañada por la poca emoción en el tono que había en la voz de su prima al hablar de ése día—. Es la primera vez que tendrás a alguien con quien festejarlo realmente en ¿cuánto? ¿cuatro años? Y no solamente eso sino que ¡lo harás con tu esposo! —añadió con más emoción antes de apoyar los brazos en el escritorio—. ¿Y bien? ¿cuáles son los planes para el domingo?

Rose miró a la joven sentada frente a ella.

— Honestamente, no los hay —respondió en una exhalación.

Sabía que la pregunta de Lily era absolutamente legal y que no tenía por qué sentirse incómoda, pero hablar de su supuesta relación con Scorpius siempre la dejaba con un terrible dolor de cabeza y un cargo de consciencia enorme porque sentía que, con cada día que pasaba, se estaba convirtiendo en una mejor mentirosa, incluso con su familia.

— ¡Tienes que estar bromeando!

— Nop. Scorpius jugará el sábado en Manchester y su equipo se quedará todo el fin de semana allá, después viajarán a Italia donde jugarán otra vez el martes. En cuanto a mí, planeo ir a Saint Albans.

La mirada de Lily reflejó la incredulidad antes de soltar un bufido.

— Tratándose de su primer San Valentín juntos como marido y mujer, creo que deberían hacerse un espacio en sus apretadas agendas para festejarlo. Además, si no pueden hacerlo en un día como San Valentín, ¿entonces cuándo lo harán?

Quería encontrar una respuesta convincente, sobre todo por el hecho de que Lily tenía razón. En teoría, ésa ocasión debería ser más que especial, era lo que se esperaba de una pareja de recién casados, pero no pudo encontrar ningún argumento que valiera la pena.

Ahora ya podía tener más o menos una idea de por qué Scorpius llevaba una vida como la que llevaba. Ambos estaban dedicados al cien por ciento a sus carreras, ella de lingüista y él de futbolista, y ésa podría ser quizás la única cosa que tenían en común.

Y con vidas como las suyas, honestamente las cosas personales siempre quedaban en los últimos lugares en la lista de prioridades. Ni que decir sobre la idea de conocer a alguien lo suficiente como para enamorarse y pensar en un matrimonio.

No era como si ella y Scorpius se hubieran hecho realmente cercanos luego de dos semanas de casados, ni que al menos soportaran estar en presencia del otro. Es más, podía contar con los dedos de una mano las veces que había visto a su esposo en todo ese tiempo durante más de dos minutos y que hubieran intercambiado más de tres palabras seguidas.

Ni siquiera había podido agradecerle el detalle de los libreros. Y tenía que reconocer que estaba en deuda con Malfoy por haber hecho algo así sin que ella se lo pidiera.

Durante la siguiente casi media hora, Lily añadió un millón de cosas más al regaño por su falta de entusiasmo con las celebraciones románticas mientras ella continuaba con su trabajo como si nada pasara. Era la máxima expresión de la palabra 'multitareas' y su prima lo sabía, así que no parecía importarle seguir con su discurso mientras ella se movía por la oficina porque sabía que a pesar de todo le estaba prestando atención.

— Beck, ¿podrías enviar esto por fax a Saint Albans? —pidió asomando medio cuerpo a través de la puerta. Su asistente cogió la carpeta con el escrito que acababa de imprimir.

Tan pronto como volvió a sentarse tras su escritorio, su teléfono celular comenzó a sonar.

— Weasley.

— Golden River. A las siete.

Rose frunció el ceño al escuchar aquella voz al otro lado de la línea telefónica.

— ¿Scorpius? —Lily seguía hablando, así que Rose tuvo que hacerle una seña para que guardara silencio mientras concentraba su atención en la llamada. No lograba escuchar con claridad, le daba la impresión de que él murmuraba contra la bocina—. ¿Qué… de qué hablas?

— El domingo. En el restaurante Golden River, a las ocho. Y no llegues tarde.

Antes de que pudiera preguntar algo más, el teléfono quedó muerto.

Lily comenzó a preocuparse al ver que Rose mantenía el teléfono junto a su oreja y la expresión en su rostro era una extraña mezcla de emociones que no pudo definir con claridad.

— ¿Era Scorpius?

Rose parpadeó varias veces para salir de su estupor mientras asentía lentamente con la cabeza.

—Dijo que… quería salir a cenar el domingo.

Lily sonrió abiertamente al escuchar aquella inesperada noticia.

— ¿Ves? Te lo dije. Siendo su primer día de San Valentín era una ocasión que no podía dejarse pasar así como así. ¿A dónde irán?

Rose le respondió usando casi las mismas frases que Scorpius le había dicho mientras ella aún intentaba de encontrarle lógica o de, al menos, asegurarse de que no había entrado a la dimensión desconocida.

Sencillamente no lo podía creer, ¿qué posibilidades había de que él hubiese pensado en aquel día y hubiese planeado algo? Pero claro, su mente lo descartó de inmediato al pensar que tal vez había sido Alexander el artífice de todo para mantener las apariencias como el matrimonio feliz que se suponía que eran.

Cuando el domingo llegó, algunos días después, Rose prácticamente había olvidado aquella cita.

El resto de la semana había transcurrido entre ajetreadas clases, interminables reuniones con el consejo patrocinador de la fundación y eternas videoconferencias para mantenerse al tanto de todo lo que ocurría en la investigación de Saint Albans. Demasiado trabajo para una mujer de veintidós años pero que, a pesar de todo, la hacía sentir realmente satisfecha con lo bien que se estaban dando las cosas últimamente. No obstante, para su desgracia, una fuerte e inusual tormenta de nieve había azotado la ciudad desde el viernes y había obligado al cierre de algunas vías como la autopista que la llevaba a Saint Albans por lo que tuvo que cancelar su viaje al centro de investigación.

Luego de notificar a su equipo allá, no le había quedado más opción que permanecer en Londres y aprovechar las horas en casa. Se había vestido con ropa cómoda, había puesto algo de música y había llenado la mesita de la estancia con algunos libros de Lingüística, dispuesta a terminar ese adelanto al plan de estudios del siguiente año que sus jefes le pedían.

Alguien llamó a la puerta rompiendo su concentración.

Soltando un pequeño bufido se levantó del piso y corrió para abrir. Fue una completa sorpresa encontrar a Alexander al otro lado del marco de la entrada, recién salido del ascensor. No habría esperado ni en un millón de años que él se presentara a su puerta, sobre todo ahora que Scorpius no estaba lo cual quería decir que había ido a verla a ella.

Durante algunos segundos ambos se quedaron mirándose fijamente hasta que él le regaló una deslumbrante sonrisa que no hizo más que agravar la expresión de sorpresa que muy seguramente había escrita en su rostro.

— Interesante elección de vestimenta para ir a cenar —le dijo luego de recorrerla con la mirada.

Rose parpadeó algo contrariada.

— ¿Cómo dices?

— Tu cena con Scorpius. Sólo vine para asegurarme que no la olvidarías, ya que no contestas el teléfono.

Eso pareció traer de regreso el cerebro de ella. Su expresión y su tono de voz adquirieron algo de neutralidad.

— No la olvidé, decidí no ir —respondió mientras abría la puerta y regresaba a la estancia, permitiéndole a Lex la entrada.

Él cerró la puerta antes de seguirla.

— ¿Y por qué?

Rose se inclinó para cerrar el libro que tenía sobre la mesita y se giró para mirarlo.

— Porque no quiero tener a alguien disparándome flashes de cámara justo en el rostro mientras finjo que estoy enamorada de alguien a quien en realidad detesto.

— El contrato dice…

lo que dice el contrato, Alex —le frenó ella, aunque no pudo evitar que hubiera cierta amargura en su tono de voz—. Pero en ninguna parte se especifica que tenga que ser exhibida y tratada como un animal de zoológico. No soy una cosa.

Su respuesta pareció desconcertar a Alexander.

— Nadie lo dice, Rose. ¿Por qué piensas de esa manera?

Ella soltó un bufido mientras se sentaba en el sofá cercano y miraba sus manos entrelazadas sobre su regazo. Él se sentó en el sillón de junto.

— Bueno, después de que un tipo prácticamente se me echara encima ayer con su cámara mientras salía de una cafetería, no he podido pensar de forma diferente.

La boca se le llenó de un sabor amargo al recordar la experiencia del día anterior. Había ido a casa de sus abuelos y se encontró con algunos de sus sobrinos que estaban ahí para pasar la tarde, ella se había ofrecido a salir a comprar lo necesario para la cena y se había llevado al más pequeño para quitarle algo de peso a su abuela. Luego del súper, se había detenido en una cafetería y al salir aquel desconocido la había asaltado de repente.

El incidente había resultado lo bastante molesto como para que ella todavía se sintiera enfadada al recordarlo. Sobre todo porque había traído en brazos a su sobrino, el cual todavía era un bebé, y aquel desagradable paparazzi no había dejado de fotografiarla y de asustarlo mientras hacía insidiosas preguntas a pesar de que ella hacía grandes esfuerzos por alcanzar su auto, abrir la puerta, y huir de su acoso.

Durante ése instante se había sentido realmente impotente, sin saber qué hacer e incapaz de sacar a su pequeño sobrino de ahí. Y no le había gustado la sensación en lo más mínimo.

No había tenido una verdadera noción de lo que era vivir con alguien bajo los reflectores hasta esa tarde y una cosa era ella y lo que pudiera ocurrirle, pero que eso hubiese alcanzado a su familia resultó desconcertante y casi devastador. Si había algo que la hacía saltar a la menor provocación eso era su familia, y no iba a tolerar que nadie se atreviera a fastidiarlos.

Alzó el rostro, buscando alejar el amargo recuerdo, y se encontró con los ojos de Lex fijos en ella. Su expresión le decía que no le hacía ninguna gracia enterarse de su molesto primer encuentro con la prensa amarillista.

— ¿Por qué no llamaste para decírmelo?

Ella sencillamente se encogió de hombros.

— No lo sé.

Las facciones en el rostro de Lex se aligeraron un poco antes de que su mano se extendiera para alcanzar las suyas y ofrecerles un suave apretón que la hizo dar un pequeño respingo. Desde que se conocieron, Alexander Nott le había dado la impresión de ser un hombre sexy y no uno comprensivo… o tierno, pero comenzaba a cansarse de que no pudiera expresar nada más que sorpresa con cada cosa que descubría de él.

— Escucha, ambos sabíamos que iba a llegar un momento en el que esto sucedería ya que eres el prototipo de una chica normal casada con uno de los hombres más deseados del mundo y su boda fue realmente imprevista. —le dijo él en voz baja, casi como un susurro, su tono era sereno y algo ronco—. Todos quieren ver si no hay algo más detrás de tanto apresuramiento, por lo que no se darán por vencidos. Y sí, reconozco que tal vez fue negligente de mi parte pasarlo por alto y no darte consejos sobre cómo manejarlo, quiero que sepas que lo lamento pero te prometo que no volverá a pasar. Tengo contactos y me aseguraré que los paparazzi te dejen en paz tanto como sea posible, ¿okay?

Rose intentó creerle, pero lo cierto era que ella no era ninguna tonta y sabía lo poco probable que eso era. Vivían en la capital mundial de los paparazzi, estaban esparcidos por todo el mundo pero los de la prensa inglesa eran implacables y permanecían a la espera de capturar el más mínimo detalle que pudiera darles la nota. Así que no podía hacerse falsas ilusiones respecto a que lo sucedido no volviera a repetirse.

Sin embargo, sonrió al ver la expresión sincera de Lex y en silencio le agradeció por al menos intentarlo. Él le sonrió de vuelta.

— Bien, ahora dime ¿por qué no te has arreglado si tienes que encontrarte con Scorpius en el restaurante en unas horas? Ahí no tendrás que preocuparte de la prensa, el lugar es realmente exclusivo y no dejan a cualquiera estar dentro del edificio… o cerca.

El extraño momento entre ellos se rompió al volver al verdadero motivo de su visita. La sonrisa de Rose se desvaneció antes de regresar su atención al montón del libros y papeles frente a ellos.

— Como verás, tengo demasiado trabajo que hacer —respondió en un intento por sacarle la vuelta al tema.

— Eso no es excusa, lo sabes.

Su respuesta la hizo sentir incómoda, sobre todo porque le hizo darse cuenta de que él podía leerla mucho mejor que la mayoría. Comenzó a apilar los libros y se levantó del sofá.

Lex hizo lo mismo, haciéndole saber que no dejaría de insistir por su respuesta.

— Bueno… yo… es que no tengo nada apropiado para ir a un lugar así —admitió ella, esperando ser convincente—. Los únicos restaurantes que he visitado en los últimos años han sido el coreano que hay en el edificio dónde vivía y los cercanos del Soho, y dudo que lo que hay en mi clóset sea adecuado para algo diferente. Tú mismo lo dijiste, es un lugar bastante exclusivo.

Lex sonrió por sus palabras.

— Lily me dijo que muy probablemente saldrías con una excusa como ésa…

— ¿Cuándo hablaste con Lily?

—… así que te traje esto.

Rose iba a preguntar nuevamente cómo es que él había hablado con Lily, pero entonces su mirada cayó sobre la enorme caja que había en el sillón. Resultaba muy curioso que no la hubiese notado antes cuando el paquete pedía a gritos ser notado.

Lex se lo extendió y Rose se quedó boquiabierta al ver el nombre de la marca en la tapa de la caja. Kellerman's era una tienda muy cara y exclusiva que se había puesto de moda en los últimos años en la ciudad. Ella había mirado el escaparate un montón de veces, pero nunca había entrado. Era uno de esos sitios en los que vendían un vestido para cada ocasión… ropa con propósitos tan específicos, que hacía falta una guía para saber cuándo tienes que ponértela y que era obra de los diseñadores de moda que aparecían en las portadas de las revistas.

No era un sitio en el que ella compraría algo. Sobre todo porque no tendría donde lucirlo.

— ¿Tú lo escogiste? —preguntó alzando el rostro para mirar a Lex.

Él le sonrió casi con arrogancia, lo cual le quedaba demasiado bien para su gusto.

Volvió a mirar el relieve dorado sobre la caja, calculó la longitud, la anchura, el grosor y el volumen, y la duda se asomó en su mente. ¿Cómo había adivinado su talla?, ¿cómo sabía lo que le gustaba y lo que no? Si el vestido era rojo o demasiado revelador, no pensaba ponérselo. ¿Qué tal si tenía unas enormes mangas abullonadas como las de los vestidos que solían llevarse a las fiestas de fin de curso de los ochenta, y hacía que su trasero pareciera enorme?

— No voy a ponerme nada —declaró resuelta.

Lex se encogió de hombros sin dejar de sonreír, parecía que no le molestaba su rotunda negación y eso no hizo más que llenarla de inseguridad. Le daba la impresión de que el hombre se guardaba un as bajo la manga y eso sólo le hacía esperar lo peor.

— Cómo quieras —respondió él en un suspiro antes de mirar el reloj en su muñeca—. Sólo espero que puedas explicárselo a quien venga en cinco… cuatro… tres… dos… uno…

El timbre sonó causando que Rose diera un pequeño salto.

— ¡Está abierto! —dijo Lex lo suficientemente fuerte como para que quien fuera que estuviera al otro lado pudiera oírlo.

La puerta se abrió y una figura conocida para Rose apareció a través de ella.

— ¡Hola, hola!

— ¿Lily?

La recién llegada ignoró olímpicamente su sorpresa y de inmediato enfocó su atención en Lex.

— ¡No puedo creer que se lo mostraras sin esperarme! —exclamó entrando al apartamento—. Te dije que quería ver su expresión al verlo.

Lex sonrió de lado y se encogió de hombros manteniendo las manos hundidas en los bolsillos de su pantalón.

— Aún no lo abre así que llegas a tiempo.

Rose pasó su mirada de Alexander a Lily y de regreso intentando dar con el secreto que ambos parecían compartir sin que ella pudiera comprender cómo era posible si, hasta donde sabía, no se conocían.

— Ustedes dos… lo siento si me perdí, pero ¿podrían explicarme?

Lily dejó de sonreír y reparó en ella.

— Me encontré con Alex cuando dejé tu oficina el otro día, charlamos un rato y ambos concluimos que muy probablemente intentarías zafarte de la primera cita real que tienes con tu esposo así que decidimos darte un empujón.

Oh, así que eso era…

Lily había desempeñado el papel de Cupido con ella desde que Rose había terminado su última relación formal… cuando tenía dieciocho años, por lo que verla ahora no la sorprendía en absoluto. Lo que le tomaba con la guardia baja era descubrir que Lex también tenía esa faceta oculta en su personalidad, y una parte de su mente no alcanzaba a comprender por qué se tomaba tantas molestias para mantener la tapadera de su matrimonio con Scorpius.

— Bueno, ya estoy aquí. Ábrelo —pidió Lily extendiéndole un abrecartas que había sobre la mesita de centro con solemnidad, como si estuvieran a punto de cortar el listón de inauguración de algo grande.

Rose paseo su mirada a lo largo de la caja y finalmente se rindió. Algo le decía que no tenía muchas opciones después de todo. Colocó la caja sobre la mesita y se puso de rodillas. Quitó la tapa y la dejó a un lado, haciendo lo mismo después con la primera capa de papel de seda.

Comenzó a desesperarse, parecía que en esa tienda envolvían la ropa como si se trataran de momias.

Finalmente sacó el vestido de la caja y lo alzó un poco. Era negro, largo y sin tirantes, salpicado de diminutos cristales que destellaban suavemente con el reflejo de la luz; la falda llegaba a los tobillos, parecía de ésas que se arremolinaban alrededor de ellos, y tenía una abertura que debía alcanzar a la altura del muslo. Una maravilla… que no era su estilo.

Rose acarició vacilante la tela mientras trataba de imaginarse luciendo una prenda así en público… peor aún, durante una cita.

— No puedo…

Lily la interrumpió al comenzar a poner frente a ella otras cajas más pequeñas que había traído consigo en una bolsa. Rose suspiró con resignación y descubrió un par de zapatos, un bolso y el resto de los accesorios que, en teoría, completarían tal atuendo.

Miró las ropas que traía puestas en ese momento y miró el vestido. ¿Cómo iba a poder ponerse algo así que no iba con ella?

— Te va a quedar fabuloso. Anda, pruébatelo —pidió su prima. Al parecer, la expresión que tenía en ese momento debía ser muy graciosa porque ninguno de sus invitados dejaba de sonreír.

— No, tengo trabajo por hacer —dijo Rose antes de dejar el vestido de nuevo en su caja y alcanzar la pila de libros cercana—. Guarda eso, ni siquiera sé si voy a ponerme algo de todo esto.

Lex se encogió de hombros mientras ella pasaba junto a él para ir a la habitación transformada en biblioteca.

— Es tu decisión, no podemos obligarte a hacerlo. Pero quiero que pienses muy bien que dedicamos una tarde entera a buscar algo perfecto para ti y que es de esta manera cómo pagas nuestro esfuerzo.

Rose se detuvo y cerró los ojos, tratando de resistir el impulso de ponerlos en blanco.

Lentamente se giró y vio que Lily la miraba con una ceja enarcada, sonriendo.

— Así es ella, Alex. Podrá simular ser una chica que practica deportes extremos, pero al final del día es más una abuuurrida lingüista que no se permite tomar riesgos sobre ella misma. Ni siquiera por su adorada prima, quien la conoce mejor que nadie.

Rose se quedó en silencio meditando seriamente a quien ahorcaría primero… porque la estaban haciendo ceder.

— Ustedes dos son un par de chantajistas, ¿lo saben, verdad?

Lily se acercó a ella para entregarle el vestido mientras Lex no dejaba de sonreír. Era obvio que ellos habían ganado y ella había perdido.

— Nop —le respondió él—. Somos personas capaces de darte posibles perspectivas sobre los hechos, eso es muy diferente.

"Oh, qué manera tan elegante de decir lo mismo…"

Scorpius terminó de abrocharse los botones de la camisa, se dio un último vistazo en el espejo, sólo para comprobar que su cabello todavía húmedo lucía peinado hacia atrás y salió disparado de su habitación. Su vuelo de Manchester a Londres se había demorado casi una hora y eso lo había dejado con el tiempo ahorcándole. Había sido un milagro que el clima mejorara en las últimas veinticuatro horas.

Tan pronto como había tocado suelo londinense, le había pagado al taxi el doble para que lo llevara a casa a toda velocidad, y al llegar se había duchado de igual manera. Incluso su equipaje seguía intacto junto a la puerta de la casa. No tenía tiempo ni de respirar.

Lex lo había obligado a hacer esa pequeña escapada para llevar a Rose a cenar "como todo esposo haría" y, además, como forma de disculparse con ella por haberla abandonado en medio de la ciudad el otro día. Él había tratado de explicarle cómo habían sucedido las cosas en la oficina de su padre, que él había regresado a buscarla dos minutos después de haberla dejado en aquel puente pero ya no la había encontrado, pero, como solía suceder, su amigo y representante fue implacable.

Bien, ya lo tenía todo planeado. Cenaría con Rose durante un par de horas y después regresaría a Manchester en el vuelo de las cinco de la mañana tal y como se lo había prometido a su entrenador. Resultaba curioso que el hombre le hubiese dado permiso de hacer algo así luego de que él le había contado la 'triste' historia del joven matrimonio que no había tenido tiempo para pasar juntos y le había dicho que quería estar con su esposa aunque fuera un par de horas.

Sólo había habido una condición por parte del entrenador: nada de sexo.

Y eso había estado bien para Scorpius. No era como si su esposa fuera una mujer que realmente lo tentara. Es más, con su actitud, tendría que considerarse afortunada de ser definida dentro del género femenino.

Una sonrisa involuntaria apareció en su rostro en respuesta a su cómico pensamiento mientras cruzaba el pequeño pasillo que iba desde el ascensor hasta la entrada principal del edificio en el que vivía. Sabía que exageraba pero…

La sonrisa murió en sus labios.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó al ver a la persona que lo esperaba al otro lado de la calle.

Lentamente la mujer bajó de la acera contraria, manteniendo las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo. Una ligera brisa agitó los mechones que caían sueltos de su cabello oscuro recogido en un moño flojo.

— Pensé en todos los lugares posibles dónde podría encontrarte y…

El rostro de Scorpius se endureció cuando ella estuvo lo bastante cerca como para recordarle que no había cambiado en absoluto. Seguía teniendo el mismo rostro de ángel, los mismos ojos de un azul pálido y la misma sonrisa que durante mucho tiempo lo había desarmado en un dos por tres.

Ella seguía siendo la misma. O al menos eso parecía.

Desde que la vio aparecer el día de su boda había sabido que era cuestión de tiempo antes de que inevitablemente sus caminos volvieran a cruzarse de nuevo pero, honestamente, él no hubiera imaginado que ese momento llegaría justo ahora.

— No tengo tiempo para esto.

— ¿Es así cómo me darás la bienvenida, después de casi seis años sin vernos? —la vio encogerse de hombros mientras sus dedos intentaban mantener un mechón de cabello tras su oreja. Ése siempre había sido su tic cada vez que se sentía nerviosa, él lo recordaba—. Creí que al menos podríamos ir a beber algo.

Scorpius quiso sacarle la vuelta, pero ella le bloqueó el camino y puso su mano en su brazo para detener su avance. El toque fue suficiente para hacerlo estremecer incluso por encima de la gruesa lana de su abrigo.

— Por favor, Scorpius.

El tono suplicante en sus palabras terminó por cuartear sus barreras… y Scorpius se odió por ello.

Lentamente, Rose abrió la puerta y descendió del vehículo sin apartar la vista de la fachada del edificio frente a ella. Las horas transcurrieron con más rapidez que de costumbre, y antes de que ella pudiera siquiera pensar en hacer otra cosa, se había arreglado para ir a la 'cita' que había hecho con Scorpius.

Durante el trayecto del apartamento al restaurante, había llegado a la conclusión de que así era como debía llamarla, pero no porque fuera una cita romántica, sino una cita de trabajo.

No obstante, eso no bastaba para hacerla sentir menos ansiosa, y ella no podía entender el porqué. Tal vez porque no estaba acostumbrada a salir a cenar a un restaurante dónde una comida para dos costaba mínimo quinientas libras, o tal vez era por el vestido de noche que traía puesto y que, para su gusto, la dejaba demasiado expuesta.

"No puedo creer que me convencieras de esto, Lily", pensó al recordar que había sido su prima quien personalmente había elegido el atuendo. Pero claro, ella solamente era la mitad del equipo conspirador porque no podía olvidar que Alex también estaba involucrado.

Miró el reloj en su muñeca. Eran las siete con diez.

Ajustó el chal sobre sus hombros desnudos y juntó la determinación necesaria para avanzar hacia el interior del lujoso restaurante. Una joven mujer vestida con blusa blanca y falda negra, parada en el atril del maître le dio la bienvenida.

— ¿Puedo ayudarla en algo?

— Sí, ah… hay una reservación a nombre de Scorpius Malfoy.

La muchacha revisó el enorme libro de reservas y una cortés sonrisa apareció en su rostro.

— Por supuesto, señora Malfoy. Sígame, por favor.

Rose soltó un pequeño suspiro mientras era guiada hacia una mesa situada en el piso superior, cerca de la ventana desde dónde se podía ver hacia el Támesis. Un mesero apareció para apartarle la silla y después le ofreció una copa del vino de la casa mientras esperaba a su acompañante. Rose la aceptó con un movimiento de cabeza distraído mientras intentaba controlar los nervios que se le habían disparado ahora que ponía atención a los comensales.

A su alrededor, el ambiente estaba diseñado para la intimidad y la comodidad de las parejas que se habían dado cita en aquel lugar como parte de sus planes románticos.

Y eso, de alguna manera, la hacía sentir algo fuera de lugar. Las citas no eran los suyo.

— ¿Nos dedicaremos a vernos fijamente el uno al otro?

Scorpius miró a la mujer frente a él por encima del borde del vaso de whisky que bebía en ese momento. Las tenues luces de aquel bar ejecutivo jugaban con sus rasgos dándole una apariencia un tanto borrosa. O tal vez era el cansancio acumulado el que la hacía ver de esa manera.

Terminó de vaciar el contenido de su vaso y lo depositó sobre la barra con un golpe sordo.

— ¿Por qué volviste, Phoebe? —preguntó ya no queriendo aplazar lo importante tras una conversación insulsa. Nunca había sido su estilo. Además, entre más rápido pudiera terminar con esto, más rápido podía intentar convencerse de que no le afectaba en lo absoluto.

Ella sonrió mientras delineaba la parte superior de su vaso con la yema del dedo. Cuando volvió a mirarlo, Scorpius no pudo negar lo bien que se sintió al notar ese brillo especial en su mirada y que sólo había visto cuando ella lo miraba a él.

— Debutaré como diseñadora en la Semana de la Moda en Londres, así que he venido a preparar todo desde ahora, ¿puedes creerlo? Después de tanto tiempo.

"Típico", pensó él.

Tal parecía que, de nuevo, solamente se trataba de ella y de lo que ella quería o necesitaba mientras que a él lo dejaba en segundo lugar, como siempre.

— ¿Lista para ordenar, señorita?

Rose alzó la mirada y se encontró con el amable rostro del camarero. Era un hombre mayor, que tenía la apariencia de un caballero y su tono de voz era tranquilizador. Discretamente miró el reloj en su muñeca y vio que habían pasado treinta y cinco minutos desde que había llegado. El estómago se le convirtió en un hueco mientras amargas memorias de su adolescencia intentaban abrirse paso en su mente.

— Ahm… ¿podría traerme otra copa de vino? —dijo extendiendo su copa hacia el hombre—. Gracias.

Cuando el camarero la dejó sola, ella se atrevió a mirar hacia las escaleras a través de la docena de parejas que compartían el mismo piso del restaurante en ese momento. Era un milagro que estuvieran lo suficientemente embelesados los unos con los otros, y no la notaran ahí, sola.

No había señal de Scorpius.

— Me refiero a por qué me buscaste —aclaró Scorpius sin apartar la vista de la mujer frente a él.

De nuevo, Phoebe se pasó los dedos para poner su cabello detrás de la oreja antes de responder.

— Creí que lo sabrías —rodeó su vaso con sus dos manos y lo acercó un poco más a ella—. Porque… he pensado mucho en ti.

Scorpius soltó un bufido incrédulo.

— No me digas…

Convencido de que esa conversación no los llevaría a ningún sitio, se levantó de su asiento y sacó unos cuantos billetes de su cartera para pagar los dos tragos antes de alejarse sin siquiera mirarla. No tenía caso continuar porque, aceptémoslo, nada de lo que ella dijera o él hiciera, cambiaría lo que había sucedido en el pasado. Y, sinceramente, luego de seis años de distanciamiento, las palabras ya resultaban algo más que inútiles.

Para su desgracia, ella no pareció entender el significado de su salida del bar y lo siguió a través estacionamiento.

— No entiendo por qué no me crees —dijo con la respiración algo agitada luego de haber tenido que trotar para poder alcanzarle—. Lo que vivimos no es fácil de olvidar.

Que ella intentara traer al presente lo que habían vivido pinchó una fibra sensible dentro de él. No quería esta conversación. No la necesitaba. No sabía cómo manejarla. Y en verdad comenzaba a odiar que le siguiera afectando tanto a pesar de todos los años que habían pasado.

Pero ella no volvería a verlo vulnerable. Lo había visto aquella tarde, cuando él casi le había rogado que no lo dejara, y a ella no le había importado en aquel entonces.

Y si ella quería apelar al pasado ahora, él también lo haría.

— ¿En serio? Perdona que me cueste creerlo, pero no me dio la impresión de que pensaras mucho en mí cuando dijiste que lo nuestro no tenía futuro y después te largaste al otro lado del mundo para traicionarme. Diablos, creo que esos pequeños detalles tampoco son fáciles de olvidar, ¿verdad? —respondió ácido.

— Las cosas no son cómo crees, Scorpius. Lo que pasó con Tyler… —su voz se desvaneció un segundo, dándole la impresión de que quería encontrar las palabras correctas para justificar algo que para él resultaba injustificable—… Nos encontramos en Nueva York meses después de que yo me fuera. No tuvo nada que ver contigo ni con…

— No me importa —le cortó él.

No estaba interesado en sus explicaciones. Y si a ella le hubiese importado tanto dárselas, entonces lo hubiera hecho mucho tiempo antes. No ahora.

Scorpius sacudió la cabeza y pasó a su lado.

— Espera —le pidió Phoebe cuando él alcanzó la puerta de su auto—. Antes que todo fuimos amigos, prometiste que siempre lo seríamos sin importar lo demás… y ni siquiera me dijiste que te casabas.

— Ahora imagínate lo que fue cuando me enteré que te metiste con mi mejor amigo —susurró él por fin dándole voz a la idea que lo había comido vivo por años enteros.

— Nunca te traicioné, Scorpius… y tampoco dejé de amarte.

Eso terminó por colmar su paciencia, y por echarle más leña al fuego del resentimiento que ardía en su interior.

— Demasiado tarde para darse cuenta, ¿verdad? —sin poder contenerse avanzó un par de pasos hacia ella, deteniéndose cuando se sintió demasiado cerca como para su propio bien—. ¿Qué cambió? ¿los millones en mi cuenta o el hecho de que Tyler terminó tratándote como a otra de sus putas? ¿O es que acaso me buscas ahora porque quieres algo de publicidad? Lamento decirte que a diferencia de ti, yo no vendo a cualqu…

Una fuerte bofetada puso freno sus palabras.

Durante eternos segundos, ambos permanecieron estáticos en medio de aquel oscuro estacionamiento, sin importarles la pálida nevada que caía lentamente sobre ellos. El silencio era tan tenso, que hacía palpitar los tímpanos.

— Scorpius, yo lo…

Las lágrimas comenzaron a asomarse en los ojos de Phoebe mientras intentaba que las palabras de disculpa se abrieran paso por su garganta, su labio inferior temblaba sin que ningún sonido pudiera salir de su boca.

Él volvió a mirarla, pero ahora no había equivocación en la amargura y el rencor que había en sus ojos. Había sido la gota que había derramado el vaso, un vaso que se había llenado seis años atrás.

— Olvídalo. Ya nada me sorprende ni me interesa de ti, Phoebe Hannigan. Siendo más claros, ahora prácticamente me importas una mierda.

Casi dos horas y ocho copas de vino después, Rose tuvo que aceptar oficialmente que había sido plantada. En San Valentín.

Una pareja cerca de ella no dejaba escapar la ocasión para mirarla y luego intercambiar susurros entre ellos.

Rose quiso morirse ahí mismo. Repentinamente se sintió tan pequeña, que todo su cuerpo le gritaba que saliera corriendo, pero ella se negaba a darle esa satisfacción. Ella nunca huía. El mesero llegó para llenarle su copa de nueva cuenta y ella se sintió todavía más tímida cuando la mirada compasiva del hombre se cruzó con la suya.

Obviamente, tampoco ayudaba el hecho de que otras parejas más habían comenzado a prestarle atención.

Ella quería que la tierra se abriera ahí mismo y se la tragara, y que después llegaran los Hombres de Negro y utilizaran su desneuralizador en todos los del restaurante para que la olvidaran como la patética mujer plantada en un lugar romántico que era.

Incapaz de seguir soportando aquella abominable situación, se bebió el contenido de su copa en un solo trago y dejó que el suave ardor del vino le recorriera la garganta. Todavía tenía la suficiente conciencia como para saber lo estúpida que resultaba la idea de que intentara irse a casa sola, así que rebuscó entre su bolso y sacó su teléfono para oprimir una tecla de marcado rápido.

Una cálida voz le dijo hola, y fue precisamente ésa calidez la que terminó por derrumbarla al arrebatarle la fachada de seguridad que había mantenido desde que había llegado a ese lugar.

— Soy yo, ¿podrías venir por mí? —preguntó con la voz quebrada.

«Continuará…»

Espero que les haya gustado!

Sí, lo sé, este fue un capítulo un tanto... extraño, sobre todo por la casi nula interacción entre los protagonistas pero, como tal vez se hayan dado cuenta, esta fue la mitad del capítulo entero porque la verdad quedó muy largo y no quería hacerlo tedioso. Sin embargo, aquí sirvió para poder escribir algo más de Alex, de quien me han preguntado si va a ser el que complete el triángulo amoroso entre Rose, a lo que debo responder honestamente que no lo sé, pero espero definirlo en los capítulos próximos.

En fin…

Ha llegado el momento de despedirme, no sin antes agradecerles por sus comentarios a:

jjaacckkyy — Clyo-Potter — fearinourminds — javiera8 — Adriu — saritadinamita19 — jos Black — anakaulitz — Marie Weasley DxC — Sorcieres de la Neige — luna-maga — AdiWeasley — Linda Tonks — Giselle Lestrange — here we go again P — Alex Rose Love — Saki — Cecy Martinez — Veida Joana — Isla de Thera — magda — AdiWeasley — xXPequita AnonimaxX — Anónimo — harryandale

Es por su apoyo que esta historia llega hasta sus monitores así que muchas gracias ^^

Nos leemos pronto!

Anna