Azooo... cuanto tiempo sin leernos... Bueno, menos bla, bla, bla mío y más de esta historia inconclusa...
Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen son propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon.
"En mi corazón"
CAPITULO 11.
— Entonces mañana paso por ti.
...
...
Y dicho y hecho. Helga había cedido y Arnold había llegado muy puntual a la cita. "Cita". Que bien se oye aunque no fuera propiamente una cita o por lo menos no era del tipo de cita que preferiría, especialmente tratándose de ella (de Helga). Era una cita (por así decirlo) porque ese es el nombre que se le puede asignar a una reunión previamente acordada. Una reunión que no era romántica, pero por lo menos tampoco era sobre trabajo. Más bien sería una reunión de dos viejos conocidos que no eran solo conocidos, gracias a una invitación que se había lanzado en un desafío. Un desafío que siempre sobrepasaba los límites de la osadía, los dejaba con el entrecejo fruncido, fingiéndose ofendidos, pero al final siempre los unía. Los ligaba íntimamente cuando eran niños, cuando se "odiaban" (jamás se odiaron), cuando era amigos, cuando fueron novios y ahora. Pero la conducta desafiante de siempre no era sinónimo de alarma, por el contrario porque los retos eran parte de ellos así como Helga llamándolo "cabeza de balón" y Arnold respondiendo un "lo que digas, Helga". Todo era parte de su normalidad. Y eso los unía y los unía porque en realidad no eran tan completamente diferentes como el mundo entero los creía. Ambos son (entre lo que más destaca) testarudos, con aspiraciones, competitivos y unos cobardes. Cobardes porque la propuesta y la aceptación escondía un "Te sigo amando" que se negaban a dejar salir sin estar seguros de que valdría la pena. Siempre esperando a que el otro bajase la guardia y diera el primer paso. Cobardes porque, y desde el principio, para salir tenían que fingir que solo tendrían una cita por demostrar quién era el mejor sin siquiera saber en qué.
"Ya debería estar aquí, ¿por qué no está aquí?", se decía a si mismo frente al hotel donde Helga se hospeda. "¿Se habrá arrepentido?, ¿debería entrar a buscarla?", se preguntó preocupado, pero dejo de hacerlo casi al mismo tiempo porque pudo ver no muy a lo lejos una silueta acercándose. "Helga", pronuncio su nombre en un suspiro de alivio al reconocerla.
— Buen día, Arnold — saludo la albina muy cortés.
— Lista, Helga –él la trato con mucho más familiaridad. (Como debe ser)
— Yo siempre — contesto desafiante con una sonrisa cínica. Justo como a Arnold le gusta-gusta desde hace años y lo hacía sonreír bobamente como en estos momentos.
— Adelante — dijo él y galante abrió la puerta del copiloto para que ella entrara.
— Gra... gracias, Arnoldo.
Es un día caluroso y por la ocasión ambos llevaban puesto un atuendo deportivo. Unos shorts y una playera manga corta acompañados por un par de tenis.
—¿A dónde vamos?
— Ya verás — respondió el rubio con una amplia sonrisa mientras comenzaba a conducir.
A partir de ahí el camino se hizo silencioso, excepto claro por la música jazz que siempre salía del estéreo del vehículo del cabeza de balón. Esta vez ha elegido una música suave, lenta, hecha para enamorados que bailan en medio de la pista muy abrazados y los invita a besarse en medio de la luz y la sombra.
Helga se preguntaba si lo había hecho al propósito o solo eran ideas locas de ella. Sabe perfectamente que a Arnold le encanta ese género, pero la última vez que estuvo en ese auto (cuando fueron a la cafetería) la música no tenía ese ritmo tan relajado. Decidió no decir algo, no preguntar, no decir nada porque ya se había arrepentido. Había querido hacerse creer que podría ir con Arnold limpiar su honor y salvar su orgullo sin que terminara besándolo. Pero ahora no se sentía tan segura de lograrlo. Deseaba que todo terminara lo más pronto y no dejaba de preguntarse "¿Como pude aceptar semejante locura?", aunque la respuesta la tuviera por demás.
Arnold por su parte tenía tantas ganas de iniciar una conversación, pero no podía; no tenía ni la menor idea de cómo lograrlo "¿Qué tal el clima?, no eso es muy bobo", se decía así mismo mientras se golpeaba la frente imaginariamente. También se preguntaba si "la música es demasiado o muy poco". Solo le quedaba esperar a que las cosas se hicieran más fáciles cuando llegaran al lugar a donde piensa llevarla.
Son cobardes aunque presuman de valentía.
...
...
Arnold condujo hasta un exclusivo club deportivo a las afueras de la ciudad. Un club bastante grande; de varias hectáreas; con diferentes tipos de canchas, campos e incluso piscinas para diferentes tipos de deportes.
— Hemos llegado — anuncia el rubio.
— ¿Era necesario salir de la ciudad, Arnoldo? — pregunto desanimada y con una cara de "he estado en mejores lugares".
— Sí, ve tenemos de donde escoger — dijo Arnoldo... Arnold señalando varias áreas con buen humor — ¿con que quieres iniciar?
— Escoge tú.
— No, las damas primero.
"No las damas primero, sexista. Seguro les dices esto a todas". Helga le lanzo una mirada asesina y Arnold se sitio expuesto al peligro y sin tener idea que mal había hecho.
— ¿Qué? — se aventuró. De todas formas ya se sentía cadáver.
Helga seguía mirándolo con saña.
— ¡Dime! — insistió. Había querido que saliera circunspecto para hacer énfasis de que ya había crecido, pero en lugar de eso había sucedido todo lo contrario y salió algo parecido a un chillido de un pequeñuelo pidiendo lo involucraran en una plática de adultos.
— Eres un bobo, Arnold — dijo con simpleza y camino dos pasos adelante.
—¿Que hice? — con su voz ya modulada y tragándose la pena de hace un rato. Sin embargo no recibió respuesta y no tuvo más que caminar rápido para volver a estar al par de la rubia.
Helga se detuvo en seco. Arnold la imitó. Ella lo observó y se dio cuenta de que "no miente". Él no tenía ni la menor idea de lo que ocurría.
— Bien -suspiro y fue allí donde se le ocurrió —¿Qué tal si empezamos por bateo?
...
...
— Me rindo — dijo Arnold dejando caer el bate y el casco para poder encorvarse con más facilidad, llevarse las manos a las rodillas y jadear tal como un perro.
— Tan rápido, Arnold -bufo con una sonrisa autosuficiente —¡Por dios! De ante mano sabía que perderías, pero… ¡Qué malo eres!
Malo. Malo se quedaba corto, una vergüenza dirían los que observan a su alrededor esperando a que llegase su turno de entrar a la jaula de bateo. Y que por cierto irritaban a la rubia.
— Oye, ya logre una — dijo con orgullo y mostrando su dedo índice.
— De cien.
— No exageres, Helga — dijo aun encorvado y rodando los ojos.
— Bien, bien — acepto Helga con fastidio —¿cuantos eran?
— Ve... veinte — sin alzar la vista y con un tono muy bajo. Sin orgullo.
— ¿Veinte? No redondez, cabezón -protesto.
— Esta bien. Veintitrés.
— EXACTO — espeto alzando los brazos, celebrándose su triunfo — significa que he ganado y por mucho.
— Hiciste trampa.
—¿Qué? — Trampa. ¿Cómo se atrevía el cabeza de balón a tan siquiera pensarlo?, "Helga G. Pataki no es ninguna tramposa". Si bien en años pasados formulaba planes, algunos de ellos algo egoístas y enfermizos, estos eran frustrados por la suerte, el destino, el karma o cualquier fuerza que se involucrara o bien eran cancelados por ella misma después de un conflicto sobre ella y lo moral —¿Cómo te atreves? –"¿Cómo se atreve?". Cuando ni siquiera termino el trabajo para ganar el único trofeo que Olga no tenía.
— Tú siempre has sido mejor que yo en bateos.
Bien, eso es sin duda es cierto. Pero de ninguna manera justificaba que la llamara una tramposa.
— ¿Y qué culpa tengo que tú seas un asco?
— No soy un asco, Helga.
— ¿Así?..., ¿por qué no les preguntas a ellos? — señalando a todos los espectadores, en su mayoría niños que miraban con curiosidad y que solo querían pasar bien una tarde de sábado. Y por ser niños precisamente se refugiaban inmediatamente en el desentendimiento, fingiendo otras actividades o silbando en direcciones contrarias — Cobardes — mascullo la rubia. Qué ironía que ella también lo fuese y se refugiara con métodos semejantes.
— Deja de asustar a los niños.
— Ellos deberían dejar de meterse en lo que no les importa.
— ELLOS solo esperan su turno.
— Pues, que lo hagan sin ser metiches — se cruzó de brazos y permaneció así un rato. Se dio cuenta que había divagado, pero es que la mirada de esos niños y Arnold ya era demasiado — Gane — dijo de impulso relajando los brazos.
— Hiciste trampa.
— ¿Sigues con eso? — se amargo genuinamente — Ya supéralo. Si no quieres aceptar que te gano una CHICA que pega como NIÑA, está bien. Solo que de cualquier forma yo ya cumplí y ya me voy.
— No, espera — surgió algo desesperado. En las palabras se había erguido y la había tomado del brazo.
— Suéltame — le ordeno con un leve jaloneo.
— Tú siempre has sido mejor en bateo.
— ¿Y eso qué?
— Pues no fue muy justo.
— Tú me has dejado escoger ¿recuerdas?
— Sí, bien... pero... espera — dijo procesando. La había descubierto — lo has hecho al propósito — y tenía el descaro de hacerse la ofendida y hacerlo sentir culpable por un momento.
— Jugué limpio.
— No es limpio cuando llevas ventaja.
— Tener talento es un don y no es trampa.
— Bien, no digo que hayas modificado algo para hacer que perdiera. Pero tampoco debiste elegir algo que sabias perfectamente no tendría la más mínima oportunidad.
— Y aquí vas de nuevo con hacerme ver una villana.
— Admite que no estuvo bien.
— Suéltame y llévame de regreso.
— Primero admítelo.
— Primero suéltame.
Arnold la soltó.
— Llévame de regreso.
— No lo has admitido.
— Quiero irme.
— Revancha.
— ¿Qué?
— Revancha. Elige algo.
— Elige tú — dijo con enfado. "No volverás a llamarme tramposa".
...
...
— Disculpa, si me atreví a llamarte es porque quisiera...
— Hablar de Helga — se adelantó.
— Cuando Helga dijo que eres una chica lista, sabia de lo que hablaba.
— Bueno, es que ella y yo crecimos juntas.
— Lo sé por esa razón te he pedido que nos veamos.
Liam le había llamado Phoebe para verse y platicar. Para ello había tenido que buscar el contacto en el móvil de ella, había invadido su privacidad y eso lo tenía algo incómodo pero si lograba obtener lo que buscaba todo habría valido la pena.
— Si acepte venir a la comida es solo porque Helga para mi es mi hermana y me interesa todo lo que tenga que ver con ella — tomo un poco del jugo que había ordenado y continuo —. Yo también quisiera que respondieras algunas cosas. Por cierto ¿cómo has logrado zafarte de ella?
— Es que ella está ocupada en algún lugar.
— ¿Dónde está ella? -pregunto dubitativa.
— Con Arnold.
— ¿ARNOLD?
...
...
— ¿Y bien?
— Y bien ¿qué?
— ¿Quién es mejor?
— Trampa.
— Tener talento es un don y no es trampa.
— No uses mis palabras en mi contra, pequeño insecto — le advirtió — Y lo tuyo no es talento, fue suerte.
— Claro que sí.
— Por supuesto que no, Arnoldo.
— Entonces ve el marcador.
— Nueve a diez. No necesito verlo sé contar.
Arnold la había llevado a las canchas de baloncesto. Era la revancha y jugaría el mismo juego de Helga. Tiros libres, su mayor especialidad desde niño, recuerda con gozo cuando le enseño al hijo del entrenador. En aquel entonces era parte del equipo de la 118, después fue líder de en el grupo de San Lorenzo y de allí hasta en la preparatoria en su regreso a Hillywood. Conoce el juego aunque llevara tiempo sin practicarlo (casi los mismos que lleva sin la rubia) es muy cierto cuando dicen que lo que bien se aprende jamás se olvida. Sin embargo Helga había sido una fuerte rival en aquel entonces y ahora pues por poco habría sido otro el resultado.
— Solo ganaste por uno.
— De cualquier modo yo he lanzado el diez antes que tú.
— No iba decirte esto. Pero te he dejado ganar.
— Por dios — dijo alzando los brazos — ¿por qué no solo lo aceptas?
— Es verdad.
— Helga — en reproche — Te gané.
— Y ahora te sientes feliz de ganarme. Suenas Harold.
— Primero sueno Rhonda y ahora sueno Harold — alzo una ceja mostrándose confundido — , decídete.
— Tonterías sexistas.
— Yo no sueno a ellos... ¿qué?... espera. Me crees machista.
— Helga jamás cree.
— ¿Y Geraldine?
— ¿Qué?
— ¿Geraldine cree?
— No hables como si fueran dos personas. Qué enfermo.
— ¿De dónde sacas que soy machista?
Helga se quedó muda.
— ¿De dónde Helga?
— De nadie, cabeza hueca. Llévame de regreso.
— No hemos comido.
...
...
— Arnold y yo llevamos tiempo sin hablarnos. La única razón en la que yo sé de él es por los amigos que compartimos, porque mi marido y su mejor amigo vienen siendo la misma persona y por los chismes que circulan en esta ciudad.
— ¿Qué clase de chismes?
— Solo te diré que Arnold siendo un gran empresario es una figura pública y un blanco para que toda su vida sea un libro abierto. Aparte él no se ha creado una buena reputación.
— Que dicen tiene amoríos o algo así — la plática se había abierto a un tema muy interesante para Liam. Para proteger a Helga de una vez por todas tenía que conocer al enemigo.
— Pues sí.
—Lo he escuchado, ¿qué tan cierto lo es?
— Veras Arnold fue un niño que siempre ayudaba a la gente, una persona con muchos valores. Me imagino que sabrás como Helga se enamoró de él.
— Sí.
— Después se fue a San Lorenzo y cuando volvió seguía siendo el mismo. Su personalidad era muy sólida incluso cuando se le pego un poco del sarcasmo de Helga, cuando se hicieron amigos y después novios — se rio un poco — Pero cambio mucho cuando ella se fue. Cambio con sus amigos, con Gerald, con su familia y con el resto. Se volvió frio.
Liam asintió en silencio.
— Comenzó a salir con muchas chicas desde entonces.
— Entonces, es verdad.
— Yo lo veo muy probable.
Liam siguió en silencio. Tenía que analizar la información que estaba recibiendo.
— ¿Y ahora, dime, tú exactamente qué relación llevas con mi amiga Helga?
— Es complicado.
— Explícate.
— Helga y yo somos... somos novios sin ser novios.
— ¿Perdón? — la respuesta que escucho era muy rara.
— Yo amo a Helga y quiero lo mejor para ella. No me importa las condiciones quiero verla feliz.
— Eso puedo entenderlo, pero lo demás me resulta confuso — Phoebe le fue sincera. Aunque por otra parte no podía, no sentía que culparlo solo a él sería justo. Conoce a Helga y piensa que lo más seguro es que todo se deba a sus planes.
— Lo es. No tanto — no tanto porque él sabe las razones — Sabes no quiero que Arnold la lastime. Ha sido mucho el esfuerzo… Phoebe, apreció mucho que hables conmigo de esto, siento que tú y yo compartimos algo, por eso confió en contarte mi relación con Helga…
...
...
— ¿Te duele?
— Eres un zopenco.
— Lo si... siento, Helga.
— Idiota.
— Esta bien Helga puedes llamarme como quieras. Solo discúlpame.
— Y crees que necesito de tu permiso para llamarte como quiera. Parece que quien sea golpeado la cabeza eres tú.
— Lo siento, Helga.
Arnold y Helga se habían puesto a recoger los balones para llevarlos a donde correspondía. Pero al rubio se le había ocurrido que lanzarlos en lugar de caminar y guardarlos uno por uno era una mejor idea. Mala suerte que en el acto Helga se había atravesado y el balón había caído justo a la cabeza.
— ¿Quién es Helga? — pregunto desorientada.
— Helga no seas así.
— No es en serio. ¿Quién es? — volvió a preguntar.
— Helga.
— Esta bien, esta bien — dijo ella entre risa — , ya sé que no puedes con tu conciencia. Todavía recuerdo cuando me pegaste con la pelota de beisbol o cuando me dejaste ciega el día de los inocentes.
— ¿Lo recuerdas? — lo dijo sonriendo.
— Bueno... este... — se puso nerviosa — Emm... es que ese tipo de cosas no suceden a diario.
— Haré lo que me pidas.
— Llévame a la ciudad — "ahora, por favor".
— Bueno..., mejor yo propongo algo.
— Deja de dar vueltas, quiero irme a casa.
— Helga te hospedas en un hotel.
— ¿Y eso que, genio?
"Seguro es por Liam". — No podemos dejarlo en empate y aún no hemos comido.
— No te preocupes por el empate y comeré llegando — se puso una chaqueta el sol se estaba ocultando y norteaba un poco.
Se quiere ir ¿qué hago?, ¿qué hago?".
— Te invito pastrami.
— No seas infantil.
— Es el mejor pastrami — quizás estaba exagerando, pero tenía que hacer algo y eso fue lo único que se le ocurrió.
—¿El mejor? –"maldito eso es muy bajo".
— Sí, el mejor — dijo sonriente. Su plan nada planeado dio resultado.
— Bien, pero solo un poco y me llevas de regreso a Hillwood.
— De acuerdo.
...
...
Liam volvía al hotel después de una gran charla con la mejor amiga de Helga. Se sentía feliz porque había logrado su objetivo. Se había informado sobre Arnold, sobre Helga, pero especialmente había encontrado una aliada. Que Arnold y ella no se hablaran resultaba un punto a su favor.
...
Los rubios viajaban de vuelta a Hillwood, el camino es mojado pues está lloviendo a cantaros. Helga había obtenido su pastrami del que por cierto no era el mejor que había probado. Tenía buen sabor eso sin duda, pero no se trataba del mejor.
— ¿Quieres dejar de verme así?
— ¿Por qué?, ¿te molesta?
— Pues... de hecho sí.
— Entonces no te dejare de verte así — le informo y hasta se acomodó de mejor forma para seguir mirándolo con acusación.
— Vamos Hel... no sabía mal.
— Eso no está en discusión.
— Lo admites — sonrió.
— Dijiste que era el mejor.
— Es que para mí es muy bueno.
— Muy BUENO y no el mejor En la preparatoria había mejores y la cafetería era un asco. Me engañaste.
— No.
— ¿Quién me crees? — pregunto en alto —¿Por qué?
— Por...
— ¿Por?
— Porque yo... — era el momento. Si ella quería la respuesta, él le daría respuesta.
Azooo... ¿impactante? Sé que soy malvada por hacerme la interesante, pero lo siento. Tratare de no tardarme. Esta semana es la última de exámenes y como mis prácticas se cancelaron :( (Larga historia y muy desilusionante) pues gozo de tardes más desahogadas :DD. Hay que ver el lado amable. En fin les agradezco estar al pendiente y animarme a continuar.
Son grandiosos. Los quiero. Chaito ;)
