Título: Bonne Foi
Categoría: Drama, Romance
Clasificación: M
Resumen: AU. Edward Masen fue convertido en 1918 y abandonado por su creador. Se alimenta de sangre humana, ignorando que hubiera otra forma... hasta que se tropieza con la estudiante de primer año Bella Swan, en una noche que lo cambiará todo.
Renuncia (autor): Una escritora es una diosa en su universo... pero sólo una escritora está haciendo dinero con Crepúsculo, y esa es Stephenie Meyer. Estos son sus personajes, yo solamente me divierto con ellos.
Renuncia (Traductor): Todo lo relacionado con Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Bonne Foi, pertenece a Amethyst Jackson. El enlace de su página es: http: // www .fanfiction .net / u / 252097/ (Quitar los espacios)
Nota del Traductor: Van a notar que cambié de formato. Al principio, quise apegarme a la historia original, y aunque continuaré haciéndolo en el sentido estricto de contenido, creo que era necesario cambiar al formato de diálogo aceptado como correcto en español, con rayas largas (―) en lugar de comillas ("") que es lo correcto en inglés. Poco a poco, iré editando los capítulos anteriores. Gracias por entender... porque entienden, ¿no? =D
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Capítulo Once
Bella estuvo callada mientras yo nos conducía a casa, después de su turno. Quería saber en qué estaba pensando.
―¿Te molesta algo? ―le pregunté finalmente, viéndola desde el rabillo del ojo.
Bella había estado viendo por la ventana y su cabeza giró para verme. ―Amenazaste a Josh, ¿verdad?
―¿Qué?―. ¿Cómo podía saber eso? Había escuchado correr el agua en el baño mientras yo hablaba con él y había escuchado su conversación toda la noche. Él no le había dicho nada.
―No se me acercó ni a dos pies de distancia por el resto de la noche ―dijo Bella, sus ojos entornados en dirección mía―. Hubiera asumido que había decido darse por vencido, excepto que cada vez que me le acercaba mucho, se apartaba como si estuviese aterrorizado.
Fruncí el ceño, mientras veía el camino. ―Te tocó, Bella. No podía simplemente dejar eso pasar.
Bella me miró furiosa. ―Bueno, yo no puedo simplemente dejar esto pasar, Edward. Sí, me tocó, pero tú no sabes si fue un accidente. ¿Qué tal si no intentaba hacer nada? Más aún, yo puedo defenderme sola. Si hubiera un problema, yo lidiaría con él.
―Nunca he dicho que no puedas defenderte sola ―argumenté, aunque claramente, no lo haría si pensaba que el tipo era inocente―. Pero sí te ha estado viendo... irrespetuosamente desde el día que aplicaste al trabajo y yo sé cómo piensan los hombres. No hubo nada accidental en lo que hizo.
Me parqueé fuera de mi edificio y se quitó el cinturón de seguridad. En lugar de bajarse, sin embargo, se volteó en el asiento para encararme.
―Si todo los hombres piensan del mismo modo, entonces, tú debes hacer las mismas cosas que él hace. ¿Qué te da derecho a juzgarlo?
―Es diferente ―gruñí, furioso con ella.
―¿Cómo? ―presionó, aqueando una ceja―. Si éste es un asunto de respeto hacia las mujeres, entonces, diría que lo que tú hiciste esta noche es mucho peor.
Me tomé un momento para formular mi argumento. No me ganaba esta. ―Es diferente ―dije, calmadamente, al fin―, porque nosotros estamos juntos. Tú me has dado tu cuerpo y con éste, tu permiso tácito para que yo piense en ti de cierta manera y te toque de cierta forma. Él, no tiene ese permiso.
Los ojos de Bella centellaron con enojo y casi voló del carro, caminando furiosa hacia mi edificio. La seguí y la dejé entrar, asombrado de cuánta gracia obtenía en su furia. No se tropezó del todo y no tuvo ningún problema subiendo a mi piso. Una vez que estuvimos dentro de mi apartamento, dirigió su enojo hacia mí.
―¿Por qué no aceptas el verdadero problema? ―demandó.
Me estaba impacientando con esto. ―¿Cuál es el "verdadero" problema, exactamente?
Avanzó sobre mí. Oh, la gatita estaba enojada. Podía verla siseando y escupiendo ahora. ―¡Que eres posesivo y celoso y que no confías en mí!
Me reí. No pude evitarlo. ―¿Posesivo? Ciertamente. ¿Celoso? No. No hay de nada de qué estar celoso. Ciertamente no me siento amenazado por esa patética excusa de ser humano, si eso es lo que estás pensando. Y no veo, del todo, cómo éste es un asunto de confianza.
―¡Oh, cierto! ―lanzó sus manos hacia arriba en exasperación― Acabas de pasar dos horas viéndome trabajar sin siquiera tomarte un café porque eso es divertido.
―¿Qué, piensas que te estaba espiando? ―pregunté, incrédulamente. ¡Oh!, si no estuviera tan atractiva, con el rubor de su enojo sobre la piel, la estrangularía ahora mismo.
―¿De veras esperas que piense otra cosa? Es muy claro que no confías en mí del todo, aunque yo siempre he confiado en ti.
Volteé los ojos. ―Estás siendo irracional. Esto no es sobre la confianza.
―¡No me desestimes de ese modo! ¡Lo es! ¡No confías en mí!
―Bella ―suspiré―, confío en tí. Nunca pensarías que eres... infiel. Pero eso no significa que desee ver a los chicos comiéndote con los ojos como si fueras un jugoso trozo de carne, ¿OK? Y no me digas que tú no tienes las mismas reacciones cuando ves a las mujeres viéndome; no es difícil leer la expresión de tu rostro.
Bella se cruzó de brazos y se enfurruño. ―Todavía quiero estar enojada contigo.
No puede más que reírme un poco de la manera en que hacía puchero, tratando de verse feroz. Cerré la distancia entre nosotros, ansioso por tocarla. Esta discusión me había excitado, cuando no estaba contemplando el asesinato.
―Bella, deberías aceptar que esto ―la toqué sobre sus jeans―, es mío, hasta que digas lo contrario. Está respondiendo a mi tacto ahora mismo; ambos lo sabemos. También sé que te excitas cuando me pongo posesivo.
Bella relajó los brazos y se apoyó en mí, lanzándome una mirada retadora. ―Tal vez eso sea cierto. Pero eso significa que esto ―tomo mi erección en su mano y sonreí ampliamente ante su bravuconería―, es mío.
Me reí entre dientes, acariciándola ligeramente sobre sus jeans. ―Es tu complaciente esclavo, te lo prometo.
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Más tarde esa noche, desplayado y desnudo en la cama con una muy satisfecha Bella a mi lado, recordé la resolución que había alcanzado el día anterior y saqué de la gaveta de mi mesa de noche el aparato.
―Bella, tengo algo para ti ―dije, esperando que me mirara antes de entregarle el pequeño teléfono. Lo compré junto a otro similar para mí y ya había programado mi número en el suyo y viceversa.
Lo quedó viendo, pero no lo tomó. Fruncí el ceño.
―¿Qué pasa? ―pregunté.
―Esto... Edward, sabes que no puedo costear un celular ―dijo finalmente, retorciéndole los ojos al pequeño aparato como si la hubiera insultado personalmente.
―Lo sé ―dije despacio―. Por eso yo voy a pagarlo... ―Me parecía un concepto bastante simple.
―Edward, no puedo aceptar esto ―dijo, sacudiendo la cabeza―. Es demasiado.
―¿Por qué? ―pregunté.
Se sentó, cubriendo su pecho con la sábana. ―Porque los celulares son caros y no hay forma de que te lo pueda pagar en un futuro cercano y...
―No quiero que me lo pagues ―dije, volteando los ojos. ―¿Podrías sólo aceptarlo, Bella? Es realmente más para mí que para ti, de todos modos. Es sólo que quisiera poder contactarte cuando quiera sin tener que corretearte por todo el campus. Si no quieres usarlo nunca, es asunto tuyo, pero desearía que lo aceptaras, por mí.
Bella suspiró y tomó la cosa cautelosamente de mi mano, como si estuviera cubierto de porquería. ―Bien. Lo acepto, pero me niego a usarlo. No necesito que cuides de mí.
―¿Alguna vez he dicho que lo necesitaras? ―pregunté, mordazmente―. Como te dije, sólo quiero poder contactarte, eso es todo.
―Supongo que eso tiene sentido ―acordó renuente, ahora mirando con más detenimiento el pequeño teléfono. Sonreí para mis adentros; la curiosidad la atraparía y pronto estaría jugando con todas las aplicaciones que traen los celulares hoy en día.
Ya con eso fuera del camino, procedí al siguiente asunto. ―Bella, ¿cuándo te vas a Forks?
―El viernes me darán un turno temprano ―explicó―, así que podré irme al rededor de las cinco y no estará tan oscuro mientras maneje.
―¿Qué tan lejos es Forks, de todos modos? ―pregunté, curioso sobre qué tan lejos planeaba llegar en esa sarrosa camioneta vieja.
―Como a dos horas ―suspiró―, pero no he visto a Charlie desde que empezó el curso y sé que esta muy solo por allá. Vale la pena la manejada con tal de hacerlo feliz.
Suspiré internamente. Bella estaría todo el fin de semana a dos horas de distancia de mí, con su padre policía y yo estaría loco de aburrimiento con nada -y nadie- que hacer.
―¿Quieres venir de nuevo mañana en la noche? ―pregunté, pensando que podría al menos tener una noche más con ella antes de que se fuera.
Se mordió el labio. ―Quiero, pero probablemente no deba. Necesito realizar una investigación antes de ir a casa... probablemente pase la noche en la biblioteca.
Hmmf. Eso no era aceptable, para nada. Quería esa última noche con ella antes de tener que abstenerme por tres días.
―Voy a extrañarte ―suspiró con tristeza, arrimándose a mi hombro. Sabía que se esperaba algún tipo de respuesta, pero no podía decir lo mismo con honestidad, no de la forma en que ella lo interpretaría; así que, en su lugar, incliné su cabeza y la besé. Sus tibios labios se movieron lánguidamente contra los míos mientras presionaba su cuerpo al mío. Disfruté de la forma en que su carne cedía a la mía y de la forma en que se me entregaba sin vacilar. Sabía que la complacía y eso me daba un sentimiento de... satisfacción.
―Edward ―suspiró densamente, necesitada. Rápidamente la rodé sobre su espalda y me acomodé entre sus piernas. Gimió bajito cuando me deslicé dentro de ella con facilidad. Supe, en cuanto entré en su aterciopelado calor, que quería tomarme mi tiempo disfrutando la sensación y sus pesados párpados decían que ella también lo quería despacio. Establecí un ritmo perezoso, como para provocarla y nos sacudió llevándonos gradualmente al borde.
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Era obvio para mí que tendría que ver a Bella el jueves en la noche y que que tendría que ser sutil al respecto. Hasta yo era capaz de comprender que un buen novio no seguía a su novia a la biblioteca y la acosaba para tener relaciones sexuales después de que ella manifestara necesitar estudiar.
Decidí irme por la estrategia que me había funcionado mejor antes: comida. Los humanos necesitaban su combustible para funcionar, tal como todas las otras criaturas y parecería un gesto considerado.
Me las arreglé para esperar hasta las 9:30 para ir al súper-mercado. La selección era... desconcertante. No tenía ni idea de qué podría querer y pasé una cantidad irracional de tiempo vendo el surtido de bebidas energéticas antes de decidirme por frutas y agua. Bella había dicho que no consumía mucha cafeína, de todos modos... dudaba que fuera aficionada al Red Bull.
Encontré a Bella en el mismo lugar que la última vez, leyendo de un libro de apariencia mohosa con su cabeza descansando desmadejadamente sobre su mano. Se veía tan cansada.
No notó que me acercaba hasta que puse mis compras ante ella. Bella se incorporó sobresaltada, enfocándose primero en el banano y luego mirándome a mí.
―Edward―. Su voz era suave y me dedicó esa mirada que me ponía incómodo -esa mirada medio adoradora, sobre-agradecida en proporción a lo que había hecho.
―Gracias ―dijo luego, sonriendo feliz ―. No tenías que hacer esto.
Me encogí de hombros y decidí mantener las cosas a la ligera. ―Claramente, alguien tiene que cuidar de ti.
Bella resopló. ―Mira quien habla. ¿Cada cuánto comes, una vez al día?
―No trabajo, ni por cerca, tanto como tú ―señalé, sentándome junto a ella en vez de enfrente de ella―. ¿De qué se trata, esta noche?
―Español ―refunfuño, frunciendo el ceño―. Mi profesor es un idiota -quiere tres fuentes externas para un análisis literario básico, lo cual es absurdo. Digo, el análisis debe salir de la prueba, no de ideas prestadas.
Me reí entre dientes ante su breve discurso. ―¿Por qué no la botas? Seguramente ya has aprobado todos tus requisitos generales de educación.
Suspiró profundamente. ―Pero mi licenciatura requiere un énfasis y recomiendan un idioma extranjero. Es muy fácil de obtener, si se piensa bien.
―Supongo ―dije dudoso―, pero si te hace tan infeliz...
Se encogió de hombros, desviando de mí la mirada. ―Sólo es una clase... las otras serán mejores. Pensé que la literatura Hispánica sería divertida, pero... no lo es tanto. Tal vez me hubiera ido mejor si hubiera tomado Francés.
―Ah, peut-être ―bromeé―. La littérature française est très bonne. Et français et la langue de romance.
Bella me miró boquiabierta. ―No sabía que hablaras francés.
Me reí entre dientes. ―Mais oui. ¿Te gusta cuando te hablo en francés?― Por supuesto que yo podía notar que le gustaba; todos los pequeños signos estaba ahí: corazón acelerado, aliento entrecortado, mejillas sonrojadas y el suave aroma de su deseo.
Tragó gordo. ―Es... muy sexy.
―¿De vrai? Tu veux que je parle français pendant que je te caresse, pendent que nous faisons l'amour?
―Oh, guau. OK. No tengo ni idea de qué acabas de decir, pero mejor dejas de hacer eso o no podré trabajar esta noche.
Me reí. ―O tal vez podrías tomarte un breve descanso y yo me puedo asegurar de que estés de muy buen humor cuando vuelvas a trabajar.
―Edward―. Su rostro estaba rojo. ―En la Biblioteca, no.
―¿Y por qué no? Tú admitiste que era una de tus fantasías. ¿Te preocupa que nos atrapen? Por que somos los únicos en este piso, ahorita; los bibliotecarios ya se han ido a sus casas. Y puedo ayudarte a estar callada, si lo necesitas.
Se mordió el labio y supe que las cosas habían girado a mi favor. ―Vamos, Bella, no lo sugeriría si no pensara que vale la pena -para los dos.
―La esquina del fondo ―susurró, sonrojándose como loca.
Me reí entre dientes. ―Muéstrame el camino.
Se levantó de su silla, mirando alrededor, buscando testigos antes de caminar entre el pasillo de estantes. La seguí en calma, sabiendo que no había otra alma en este piso. Tuve que agarrarla una vez cuando se tropezó, casi cayendo sobre un estante. Podía verla derribando la biblioteca entera en una sola caída.
La esquina más recóndita y polvosa de la biblioteca era hogar de volúmenes y volúmenes de registros gubernamentales que parecían no haber sido tocados en años. Bella se volvió hacia mí, nerviosa, insegura. Le sonreí de oreja a oreja y la empujé hacia el estante.
―Ma petite belle ―murmuré en su oído, encontrando la suave piel de su cintura con dedos exploradores―. Je vais te baiser, et tu vas crier mon nom.
―Baiser… ―jadeó― Eso significa "beso", ¿verdad?
Me reí entre dientes mientras mis labios labraban su camino por su cuello. ―No cuando es en forma de verbo, cariño.
―¿Q-qué significa en forma de verbo? ―preguntó, inclinándose hacia mi mano. Sus juguetonas manos encontraron el botón de mis jeans.
―Usa tu imaginación ―sugerí. Mis dedos dieron con la orilla de su brasier y hurgué con mis dedos bajo las copas para rozar sus endurecidos pezones. Gimió muy alto, antes de poderse contener.
―Si no puedes mantener silencio ―bromeé―, quizá debas encontrar una forma de amortiguarlo.
Bella me miró molesta y su mano se deslizó más alla de mis boxers y se cerró sobre el tronco de mi pene. Con fuerza. Probablemente intentaba castigarme con su fuerte agarre, pero su insignificante fuerza no podía lastimarme. Sólo se sintió increiblemente... placentero.
―¿Quién es el que no puede mantener el silencio ahora? ―me preguntó presumidamente, frunciendo los labios. Atraído a ellos, la besé con fuerza mientras luchaba por desabrochar sus jeans.
―Oh, Bella ―finalmente dije, apartándome y sonriendo con suficiencia―, no soy yo quien está preocupado por que nos atrapen.
Sus ojos brillaron y me dio otro fuerte apretón. Gruñí. Podía sentir su pulso al alrededor de mi pene. Bajé sus jeans y sus calzones en un único movimiento.
―¡Edward! ―jadeó ante su súbita exposición.
―Shh ―. Di un paso hacia ella, ligeramente entre sus piernas, suficientemente cerca como para que nuestros pechos se rozaran con cada aliento tomado. ―No hay nadie alrededor para verte, sólo yo.
No le di más tiempo de pensar antes de deslizar mi mano entre sus piernas y acariciar sus húmedos pliegues. Su deseo se sentía pesado y liso en mis dedos mientras sus gimoteos vibraban en el aire.
Gimió mi nombre de esa forma que me excitaba, bajo y suplicante. La levanté de la parte trasera de sus muslos, acunado entre sus rodillas dobladas y la ajusté en el ángulo correcto antes de penetrarla.
Bella gimió muy alto, de nuevo, antes de tomar mi consejo y amortiguar sus sonidos contra mi hombro. La tomé con rápidas y cortas embestidas; el tiempo de bromear había acabado. Me ahogaba en fuego. Su calor parecía intensificarse cada vez; era un infierno, una llama viva. ¿Era éste el lago de fuego para el que estaba destinado en mi condena? Si éste era el Infierno, no tenía ningún interés en el Cielo.
―Edward ―jadeaba, volteando su rostro hacia mi cuello―. ¿Oh, Dios, cuándo termina?
―¿Cuándo termina qué? ―jadeé a mi vez, casi demasiado envuelto en el placer para concentrarme en sus palabras. Mi capacidad mental parecía volar por la ventana cuando estaba dentro de ella.
―El deseo... no puedo dejar de desearte... tanto... ―sus labios temblaban contra mi cuello.
―No lo intentes ―me escuché decir. La necesidad aumentaba, crecía, se colaba por mis huesos. Tenía que sentir su orgasmo... esa era la única manera de liberar el mío.
―Bella ―gruñí―, necesito que termines, para mí.
―¡Oh! ―sus labios chocaron con los míos, silenciando el grito que vibraba por su boca, justo cuando sus paredes se apretaban en tormo mío.
Mi largo, estremecedor orgasmo vino con un gemido profundo. Y luego, estaba hubo silencio, paz... la calma después de la tormenta. Todo lo que quedaba era el constante latir del corazón de Bella... vibrante, canturreando su vida en mis brazos.
Quería mantenerla ahí, sostenida contra mí, pero sabía que no podía. Estábamos en la biblioteca, después de todo. Así que, renuentemente, me salí de su cuerpo y la puse sobre sus inestables pies.
No me miró hasta que hubimos re-acomodado nuestra ropa y entonces, fue una mirada tímida por entre sus pestañas. Un rosado rubor se establecía en sus mejillas. ¿Cómo podía ruborizarse después de eso?
―Eso fue... intenso ―dijo, sonriendo un poco.
Me reí entre dientes. ―"Intenso" es quedarse un poco cortos, creo.
Sacudió la cabeza, riendo un poco, también. ―Recuerdame nunca más dejarte hablarme en francés cuando estoy intentando trabajar en Español. Ahora no podré pensar con claridad.
―Supongo que tendré que ayudarte, entonces ―dije con un suspiro fingido. Sus ojos volaron a mí rápidamente.
―No me digas que hablas español, también.
―Claro que sí* ―dije, incapaz de controlar la picara sonrisa que cruzó mis labios.
Volteó los ojos y empezó a caminar de regreso a la mesa. ―Claro,* claro. ¿Por qué no ibas a ser trilingüe, encima de todo lo demás? Eres inhumano, te lo juro.
Reí entre dientes un poco, mientras la seguía.
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Miércoles 12 de Mayo, 2010.
*Esto lo dicen, de hecho, en español en el original.
El próximo miércoles, ¡a Forks! Hmmm... ¿Qué hará Edward, lejos de Bella?, me pregunto...
Gracias a todos por sus reviews, alertas y favs! Me hacen muy, pero muy feliz y me dan más ganas de traducir! =D Juro que intento responder a los reviews, pero no siempre puedo.... =(
Como siempre, más tarde, dense un vueltín por Polyvore en mi perfil encuentran el enlace!
