Feliz año! Os deseo lo mejor para este año 2015 y que vuestros deseos se cumplan.

Mientras tanto, mi mayor deseo es seguir con esta historia, así que aquí os dejo dos nuevos capítulos como regalo!

Antes de nada, he de decir que lo personajes no me pertenecen, sino que son de OUAT ABC, así como algunas de las historias.

Podéis dejar vuestro comentario en los reviews. Estaré encantada de leerlo.

Y ahora, sin más dilación, podéis empezar a leer.


Emma fue a su apartamento, se sirvió varios vasos de tequila, puso la música a todo volumen. Cuanto más alta estuviera la música, menos oiría sus pensamientos. Un odio recorría sus venas. Se odiaba a sí misma por lo que le había dicho a Regina. Después de todo lo que la alcaldesa había hecho por ella, se lo pagaba así.

Se lió a golpes con la tostadora, que se quedó atascada. Oyó cómo, a sus espaldas, Mary Margaret apagaba la radio.

-¿Está roto? –preguntó Mary Margaret observando la tostadora.

-Cuando lo he sacado, no. Pero ahora seguro –Emma seguía con la tostadora en sus manos, intentando desatascarla- Necesitaba desfogarme.

-¿Qué te ocurre?

-Regina… -Mary Margaret rodó los ojos. Siempre era Regina, ¿cómo no lo habría adivinado?- Me ha echado por uno de sus títeres. Y es mi puesto.

-Pensaba que no te hacía mucha gracia –se regodeó Mary Margaret- ¿qué ha pasado?

-No lo sé, pero quiero recuperarlo.

-¿Por qué motivo? –Mary Margaret la miraba intentando descifrar sus pensamientos.

-Tal vez para darle… un escarmiento –Mary Margaret levantó las cejas sorprendida. ¿Se refería a darle sexo? Sin embargo no pudo preguntarle a qué se refería, porque llamaron a la puerta. Era el Sr. Gold y decidió dejarles solos.

Gold empezó a hablar sobre la injusticia de su despido, pero Emma no se lo tragaba, sabía que tramaba algo. Aun así, le siguió el juego, y actuó como si no le importase.

-¿Tan pronto tira la toalla? –le preguntó el Sr. Gold.

-No me queda alternativa, ella es la alcaldesa y yo… no soy… nadie.

-Verá, dos personas con el mismo fin, pueden lograr grandes cosas -Emma dejó de escuchar. "¿Se refería a mí y a Regina? ¿Sabe que ambas buscamos estar juntas? ¿Tanto se nota? Dios mío… ¿Gold quiere que siga luchando por ella?" Volvió a centrarse en lo que Gold decía- y si tienen el mismo enemigo, pueden obrar milagros.

Emma se quedó mirándole, no entendía muy bien sus palabras. ¿Quién era su enemigo? ¿Graham? Pero si Graham está muerto… En todo caso, Graham fue su enemigo. ¿Acaso iba a interponerse alguien más entre ellas? ¡¿Es que nunca las iban a dejar en paz?! ¿Nunca tendrían un final feliz?


-Todos merecen sentirse seguros en sus hogares –Regina había dado una pequeña rueda de prensa para nombrar a Sidney como nuevo sheriff- Por eso, otorgo a Sidney Glass el cargo de nuevo sheriff. Este hombre antepone las necesidades de Storybrooke a las suyas desde que empezó como redactor jefe del Storybrooke Daily Mirror. Demos la bienvenida, al nuevo sheriff.

-No tan rápido –interrumpió Emma.

-Ah, señorita Swan, qué inoportuna es usted –dijo la alcaldesa, a pesar de que su corazón ahora latía más rápido.

-Lo único inoportuno es esta ceremonia –la rubia se iba acercando a ella paso a paso- Usted no puede nombrarlo sheriff.

-En los fueros está estipulado que el alcalde nombrará…

-a un candidato mediante unas elecciones –terminó Emma. Regina levantó una ceja, sorprendida. La rubia sacaba sus garras. Parecía que ya no hacía falta que moviese más hilos, al parecer la rubia sabía perfectamente cómo moverse para conseguir lo que quería –Yo me presento.

-Y también Sidney. Veamos lo que dicta la voluntad del pueblo –Regina no se quitaba ese aire teatral y monárquico. Siempre con una sonrisa, que utilizaba como escudo para aquellas ocasiones en las que se sentía insegura. Ahora más que nunca, se siente insegura cada vez que la rubia está cerca. No sabe cómo actuar, ni cómo pensar, ni qué decir. Odiaba sentirse así, ya que estuvo mucho tiempo viviendo como una reina e imponiendo respeto a sus súbditos. Pero con Emma cerca, nunca sabía a ciencia cierta qué iba a ocurrir.

-Usted lo ha dicho –dijo la rubia con tono tenebroso. Regina notó como sus piernas temblaban ligeramente. La mirada de la rubia era demasiado intensa. Necesita sentarse.


Tras meditarlo un rato, Regina sabía exactamente cuál iba a ser su siguiente paso. Era obvio que Emma había necesitado ayuda para descubrir lo de los fueros, y era obvio quién era el único, a parte de ella, que sabía acerca de ellos.

-Eres un malnacido –Regina gritó.

El Sr. Gold rió con sorna.

-Tu congoja te está desacreditando, Regina. Una lástima lo de Graham.

Regina se acercó a él amenazándolo. –Ni se te ocurra hablar de él. No sabes nada –su voz era amenazante, tanto que a Gold le recordó viejos tiempos.

Y era cierto. Gold no sabía nada de la verdadera razón por la que Graham está muerto. No podía tener ni la menor idea de ello.

-¿Qué hay que saber? Que murió.

-¿Te has propuesto ponerte en mi contra? –preguntó Regina. Su tono seguía siendo amenazante, aunque bajó el nivel de voz.

-No directamente.

-Pues estás apostando por el caballo perdedor, ayudando a esa fracasada –llamarle "fracasada" le había dolido inconscientemente.

-Aún no ha fracasado –replicó Gold- Nunca subestimes el amor de una madre por su hijo.

-Él no es su hijo… legalmente –contestó Regina. Sería maravilloso si lo fuera, pues ambas tendrían un lazo común mucho más fuerte y tendrían que verse más a menudo, cosa que Regina amaba.


Emma se acercó al Granny's para tomarse algo y distraerse. En cuanto entró vio a su hijo sentado en una mesa y se acercó a hablar con él. Hacía mucho tiempo que no le veía.

-¿Qué tal el cole? –preguntó cuando se sentó a su lado.

-¿Es verdad que nací en la cárcel? –replico el niño.

-Sí, pero… esos datos son confidenciales.

-El Bien no puede con el Mal, porque el Bien no hace cosas terribles. Mi madre juega sucio, por eso no podrás con ella. Jamás.

Emma se quedó pensando que debería ir a hablar con Regina. No era justo lo que estaba haciendo. No se merecía que todo el pueblo supiese todos sus trapos sucios.

-¡Ese expediente quedó sellado mediante una orden judicial! No sé cómo lo habrá conseguido, pero el abuso de poder es ilegal –se quejó Emma en cuanto entró en la alcaldía.

Se quedó callada observando a la alcaldesa. ¿Por qué era tan sexy? Estaba inclinada sobre el escritorio, dejando sus curvas perfectamente visibles a Emma. Su mirada era seductora, como cada vez que la veía. Estaba metiendo unos papeles en una carpeta, se agachó para empujarlos mejor y Emma pudo observar como su camisa se abría y dejaba una ligera vista de sus pechos.

-¿No querían que supieran que le cortó el cordón con una navaja? –preguntó fríamente la morena.

Automáticamente la rubia dejó de mirarla el escote para quedarse petrificada por su comentario.

-Me da igual lo que los demás sepan, mientras no le afecte a Henry.

Regina se apartó el pelo de la cara, un gesto que Emma consideró terriblemente sexy, para mirarla directamente a los ojos.

-Se habría enterado igualmente –Regina se sorprendió si misma por lo bien que estaba tomando el control- Todos perdemos a nuestros héroes –se colocó el bolso sobre el hombro y marchó con aire triunfal. Movía las caderas para andar y pisaba fuertemente el suelo, de manera que se oyeran sus pasos. Le encantaba sembrar el miedo, pero siempre con mucha sensualidad y glamour.

-Él no necesita perder a nadie más –Emma la seguía por los pasillos de la alcaldía- Está deprimido, no alberga ninguna esperanza, ¿no se da cuenta?

-Él está bien –Dios, la rubia era persistente.

-Eso es mentira. Está viendo cómo su madre adoptiva lanza una campaña ilegal de desprestigio contra su madre biológica, ¿no cree que le afectará? –Regina apenas escuchaba toda esa palabrería de la rubia. Iba apagando las luces a su paso, dejándola pasar a ella primero para luego cerrar la puerta.

-Solo me he limitado a revelarle la verdad, y que le quede claro que no he hecho nada ilegal –Se quedaron calladas, quitas, observándose. Intentando descubrir lo que la otra pensaba. Emma miró sus ojos, pero no pudo ver nada. Estaban vacíos. Frunció el ceño. No le gustaba lo que pasaba- Pero usted y Sidney podrán ahondar en todo eso… en el debate.

-¿Qué debate? –Emma la siguió por las escaleras.

-Ya me ha oído, habrá un debate. Tendrán ocasión de hablar de presidios, expedientes, y puede que también de su nuevo socio; el Sr Gold. Es un gusano, así que cuidado con quién se acuesta.

Y allí estaba Regina, una vez más, preguntando con quién se acostaba. Estaba harta ya de eso.

-No pienso acostarme con nadie salvo conti –pero no pudo acabar la frase. Regina abrió la puerta y una explosión las tiró al suelo. Emma oyó el quejido de Regina al ver su pierna atrapada por un andamio. Rápidamente, fue hasta donde ella estaba y le quitó el peso de encima. -¡Venga, vámonos! ¡Hay que largarse de aquí! –gritó Emma tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.

-No puedo moverme –se quejó Regina con la voz acongojada. El dolor en el tobillo era insoportable –Tendrá que sacarme. Ayúdeme.

Regina la miró directamente a los ojos. Emma pudo ver terror en su mirada y una expresión de auxilio. Jamás la había visto en ese estado. Tenía que sacarla de allí. No la podía dejar tirada, no a Regina. Vio cómo las llamas de la puerta iban creciendo cada vez más. Corrió hacia la puerta, pero una mano se lo impidió.

-No irá a dejarme aquí tirada, ¿verdad? –preguntó Regina con terror en los ojos.

Emma no respondió, consiguió librarse de su mano y huyó por la puerta en llamas.