Capítulo 11. Detestable.

Leticia tenía cuidadosamente planificado el resto de su día: Desayunar un buen desayuno mexicano, terminar las traducciones que tenía pendientes, disfrutar comida japonesa para la media tarde, entrevistarse con las familia de algunos de los difuntos clientes de D, saborear una cena al estilo holandés y después – preferentemente cerca de la medianoche – cambiar su ropa por un atuendo de estilo ejecutivo para ir a la tienda de mascotas e intercambiar un par de palabras con el Conde disfrazado de conejo y con su nieto engreído… por supuesto, cuando escuchó que llamaban a su puerta supo inmediatamente que debía cambiar algunos de esos planes.

Tomó una respiración profunda, guardó todo enfado infantil y abrió entonces la puerta sintiendo como todo su malestar se desvanecía ante la vista que encontró.

-¿León? ¡Hola! ¡Y mira que apuesto se ve el pequeño Killy hoy! Caballeros es un auténtico gusto verlos pero, sin ánimo de ofender, pudieron llegar un poco más tarde. Es que mírame León ¡qué pena! Aún estoy en pijama – "y no quiero ni pensar en cómo debe verse mi cabello" fue lo que no se atrevió a agregar en voz alta – ¡En fin! Pasen ¿les ofrezco café o algo más? Casualmente estaba por preparar el desayuno.

-No tenía la intención de molestarte Leti, pero necesito tu ayuda en algo – explicó León entrando a la casa y depositando al felino directamente sobre la alfombra. Killy en lugar de explorar se quedó a los pies del detective y jugueteó con una hebra de su pantalón.

-Lo que sea, sólo dime.

-Leti, esto – sacó de su ropa una bolsa de plástico que contenía la nota rescatada en la escena del crimen – ¿puedes reconocer esta escritura, o piensas que es algo diferente?

-Nada diferente – le bastó una mirada para saber eso – se trata de una lengua antigua que se habló en oriente cuando… - sus palabras se interrumpieron una vez que se detuvo sobre el contenido del papel – cuando… León – tragó ruidosamente – ¿quién te dio esto?

-Esto es posible evidencia de un caso. No sé porque pero en cuanto vi este trozo de papel mi primer instinto fue traerlo contigo.

León se sorprendió una vez que el comentario salió de sus labios. Por lo general él no discutía este tipo de cosas con personas ajenas a su equipo de trabajo y Leti y él prácticamente acaban de conocerse; aun así, había algo en esa chica que siempre lograba hacer que olvidara sus barreras y se sincerara más de lo inicialmente esperado.

-¿Un caso de la policía dices? ¿Qué tipo de caso?

-Oficialmente es un posible secuestro… pero en lo personal creo que se trata de un caso de homicidio.

-Y ¿por casualidad hay animales muertos involucrados en este caso?

-¿Cómo sabes eso?

Puede que León no terminase de entender la situación pero era evidente por la palidez de Leticia que lo que sea que dijera ese papel no era algo de poca importancia.

-Te lo pregunté una vez ¿recuerdas?

-¿Preguntarme qué?

-¿Crees en el destino, León?

-¿Por qué eso importa ahora?

Con una habilidad que lo tomó desprevenido, Leti arrancó la bolsa de plástico de las manos de León y después paseó ante sus ojos el pedazo de papel. Killy maulló de sorpresa y se colocó entre el detective y la chica.

-Cómo…

-Este es sólo un fragmento del texto original… aunque no estoy segura de si la historia completa está registrada en alguna parte.

-¿Una historia? ¿Cómo?

-Hubo hace muchos siglos… ¡no! León yo… escucha, no quiero rechazarte ahora que puedo pagar lo que hiciste por mí en el antro pero…

-¿Pero?

-León, perdóname pero creo que es lo mejor si dejas esta pista de lado y te concentras en otras cosas.

-¡Por un demonio Leticia!, aquí estamos hablando de la vida de un chico de 17 años, no puedes pedirme así como así que ignore una puta pista.

-Sí, entiendo como debes de sentirte, tal vez en tu lugar me sentiría igual y entiendo perfectamente si te enfadas conmigo, pero León, por las decisiones que has tomado es muy probable que esta pista te llevará a un camino difícil si es que insistes en seguirla.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Si comienzo a hablar lo más probable es que voy a voltear muchas cosas de cabeza. Creo que lo que quiero decir es que si quieres escuchar la historia completa entonces debes estar dispuesto a lidiar con las consecuencias.

Por la forma en que Leti lo miró León supo que la advertencia era seria, por muy extraño que eso pareciese. Aún así…

-Soy todo oídos.

-En ese caso nuestra historia comienza así: hubo hace incontables siglos una armonía inquebrantable entre la naturaleza y sus creaciones. El sol, el viento, la tierra, las plantas y los animales eran uno mismo y los espíritus de la tierra estaban felices. Conforme el tiempo pasaba la naturaleza se hacía cada vez más diversa y las especies originales cambiaban generación tras generación surgiendo en ellos nuevas inquietudes pero también nuevas necesidades. De entre todas esas especies fueron dos las que destacaron de una manera diferente al resto:

"La primera era la raza humana: soberbia y curiosa pasaba su tiempo explorando y nombrando todo lo que había a su alrededor y cuando sus capacidades físicas no eran aptas para algo entonces esta especie en lugar de resignarse y asumir su propio papel cambiaba las cosas a su propia conveniencia. A pesar de sus múltiples habilidades los humanos tenían sin embargo un enorme defecto, y este era que con frecuencia dejaban de escuchar la voz de la madre naturaleza y se perdían en su propia sed de poder y en su propio ego."

"La segunda raza de la que hablamos es una mucho más antigua que la de los humanos: los kamis. Los kamis eran siempre muy pocos porque sus vidas eran mucho más largas que la de cualquier otra criatura que haya existido sobre la tierra y su singularidad particular era que no sólo podían escuchar el llamado de la naturaleza, sino que además lo comprendían de una manera que podría llamarse "racional" y, por lo mismo, al estar más conectados con la naturaleza que otras especies estas especies recurrían a los kamis en busca de consejo y de ayuda."

"Resumiré esta parte: Tras varios siglos kamis y humanos evolucionaron juntos en armonía y cordialidad; los humanos crearon para ellos y para otras especies "clases sociales" y adoraron a los kamis como si de deidades se trataran… sin embargo, llegó un día en que el ego de ciertos hombres fue demasiado alto y así el hijo de un rey se atrevió a llamar "amor" a la obsesión ciega que tenía por una de las más hermosas mujeres kami… cuando ella se negó a corresponder a sus sentimientos entones él dejó que la ira y la crueldad lo consumieran y entonces ordenó la muerte de esa mujer y de toda su especie."

Estupefacto León notó como Leticia dejó de lado su narración oral y comenzó a leer el pedazo de papel en lo que él suponía que era un "palabra por palabra"; al ser ese un idioma que nunca había escuchado antes el detective no estaba seguro de lo que esas escritura quería decir pero el tono con el que Leti leyó no le gustó nada y su presentimiento sólo se confirmó cuando ella levantó la vista hacia él.

-Lo que acabo de leer, León, significa: "los asesinos enviados por el hijo del gobernante sabían que no tendrían una sola oportunidad de derrotar a los poderosos maestros de la naturaleza, por lo que hicieron entonces algo imperdonable y sacrificaron las vidas de un ser emplumado, un ser peludo, un nadador, una rana, una salamandra y un humano para, al mezclar sus sangres con la sangre de la gran maestra asesinada, crear así un veneno capaz de convertir a las deidades en seres indefensos, que perecieron rápidamente al ser sus corazones destrozados por las armas de los hombres."

-¿Qué has dicho? – Sintiéndose como si algo muy, muy importante se escapase a sus sentidos, León sacó de sus bolsillos las fotos de los animales que habían sido encontrados en la escena del crimen y las extendió sobre la mesa – Leti, por favor repite los nombres de los animales asesinados.

-Sacrificaron las vidas de: un ser emplumado – sonó la voz de la chica mientras la mano de León comprobó sobre el cadáver de gallina – un ser peludo – León señaló ahora a un perro decapitado – un nadador – un pescado enorme abierto y sin entrañas – una rana – el cadáver estaba junto a la cabeza del perro – una salamandra – sólo se podía suponer que eso era lo que el reptil despedazado había sido – y un humano – el detective pensó en la licencia de conducir de Steve Black y sus puños se apretaron – para, al mezclar sus sangres con la sangre de la gran maestra asesinada, crear así un veneno capaz de convertir a las deidades en seres indefensos.

El detective sentía un nudo extraño en el estómago: con la evidencia de la identificación de Steve Black encontrada en la escena y el recipiente con restos de sangre ahora el destino que había sufrido el pobre chico parecía claro, sin embargo, por alguna razón al rubio todo le parecía como algo aún más grave que un caso de homicidio simple y el fondo de su mente le gritaba por unir las piezas de un rompecabezas del que no podía ni siquiera entrever la figura.

-León…

-Quien quiera que hizo esto debió tratar de replicar el "veneno" que se menciona en esa historia, pero ¿por qué?

Como tratando de responder a la pregunta de León, Killy maulló en un tono grave y movió con su pata delantera la pantufla de Leticia.

-¿Qué es lo que pasa, chico? – preguntó León a su gato al notar su actitud extraña.

-León, la historia no termina ahí.

-¿Ah no?

-No. Después de que casi toda su especie fue masacrad hubo muy pocos kamis sobrevivientes; algunos de ellos porque habían estado fuera de las tierras del soberano, pero hubo uno en especial que logró sobrevivir al paso de los soldados y escapó sabiendo que era el único "afortunado" entre todas sus hermanas y hermanos – hizo una pausa breve para limpiar una lagrima que amenazaba brotar de su ojo izquierdo –. Después de esa desgracia casi todos los kamis sobrevivientes juraron a la humanidad que no volverían a saber de ellos y se retiraron a las montañas, pero el hombre que había sobrevivido prefirió quedarse a vivir entre los humanos.

-¿Por qué haría algo así? – preguntó León pasando por alto el hecho de que estaban hablando de "el personaje de una vieja historia".

-Para vengarse – la expresión de Leticia se ensombreció –. León ¿has escuchado la expresión "dos errores no suman un acierto"? bueno, en comparación con los humanos los kamis tienen una gran cantidad de virtudes: paciencia, serenidad, armonía, dedicación, etc. pero al mismo tiempo tienen dos grandes defectos: el primero es que son rencorosos y el segundo es que su soberbia les hace asumir que sus prejuicios son verdades absolutas. De esta suerte, ese kami decidió, después de tomarse un par de décadas para recobrarse de sus heridas, que podía utilizar todo lo suyo para vengarse de la humanidad.

"Los ojos de los kamis son muy especiales, tanto que les permiten ver aquellas sombras sobrenaturales que muy pocas especies son capaces de notar, así, valiéndose de sus habilidades, su rencor y su poder, ese hombre construyó un arca que durante siglos ha viajado de un lado al otro del mundo llevando consigo la muerte y el infortunio a todo humano que se atrevía a poner un solo pie dentro de ella… - Leticia titubeó insegura de si debía añadir o no la siguiente frase, pero un empujón suave de la pata del felino la animó – el kami fue lo suficientemente hábil como para hacer a los humanos firmar el contrato de sus desgracias."

La mente de León dio vueltas ante esta última revelación.

Cuando en un principio comenzó a investigar la tienda de mascotas se encontró con una gran cantidad de muertes ligadas a animales extraños en todas y cada una de las ciudades en las que está había estado y aunque no había habido nada que pudiese ayudarlo a armar un juicio contra D las "coincidencias extrañas" en tantos países simple y sencillamente se habían convertido en algo que su intuición no podía ignorar. Después de eso León y D habían comenzado a pasar una gran cantidad de tiempo juntos y, entre sarcasmos, insultos y discusiones ambos habían dejado ver al otro su lado más vulnerable hasta el punto en que cuando Chris llegó a la ciudad León sabía que podía confiar en D para cuidar de su hermano pequeño y la intención de encerrar al excéntrico "Conde" había perdido importancia hasta convertirse en un juego entre ambos; cuando el juego pasó de moda León simple y sencillamente había dejado de pedir al pelinegro por cada "contrato roto" que explicara las muertes de sus clientes. Al llega el punto en que la relación maduró tanto que D y él durmieron juntos bueno… ¿qué palabras podían haber importado más que el hecho de que el detective renunció a los casos que involucraban a las mascotas?

-León…

-Esta historia… hablabas en serio cuando dijiste que voltearías muchas cosas de cabeza pero tú… no me estás diciendo esto por mera casualidad. Las cocas que estoy pensando ahora ¿tú las entiendes, cierto? – La chica asintió suavemente con la cabeza y León tuvo que luchar con el deseo de llorar – Entonces lo sabías – eso no era una pregunta – tú… de algún modo tú estás enterada de mi relación con D y con su maldita tienda ¿verdad?

-Sí.

-¿Cómo?

-El sábado después de conocernos paseé por las tiendas departamentales buscando algunas cosas que me hacían falta; estaba en el departamento de cocina comprando una batidora cuando te vi con ese niño que después fue que supuse que era tu hermano… antes de que saliera para saludarte vi que D se acercó a ustedes y entonces la curiosidad sacó lo mejor de mí, por lo que los seguí hasta la tienda de mascotas.

-¿Conocías a D antes?

-El padre del D que conoces fue quien vendió a Killy con su anterior dueño – la chica prácticamente escupió las palabras mientras que el gato se puso rígido – y créeme cuando te digo que es una de las personas más repugnantes que he conocido en mi vida… eso ya es mucho decir.

Una vez conocido este dato la reacción de Killy al conocer a D tuvo mucho sentido para León y, como si entendiese lo que pensaba su dueño, el gato maulló en aceptación.

-Leticia… si D es uno de esos "kami" entonces ¿tú que eres?

-¿A qué viene esa pregunta?

-Sigo negándome a creer toda esta mierda, pero, si hay algo de realidad en esto, entonces no cualquiera conocería este tipo de información y saldría indemne.

-Tienes razón ¿alguien te ha dicho antes que tienen una habilidad fuera de lo común para caer sobre estas cosas? En fin, no voy a desviar el tema pero quiero que sepas que antes que nada soy tu amiga. Sobre la especie a la que pertenezco… bueno, no podrías pronunciar el nombre al que nos gusta responder pero un representante muy famoso de mi raza fue aquel al que ustedes llamaron "el mago Merlín".

-¿Esto es una puta broma? – se sobresaltó el detective.

-No, no lo es. León, te advertí que lo pesaras bien antes de escuchar la historia y perdón por decirlo pero, las decisiones siempre tienen consecuencias.

-Yo… ¿por qué D se impresionó tanto al conocer a Killy?

-Acabo de decirte que el padre de D fue quien lo vendió a su dueño abusivo.

-Lo que quiere decir que no es un gatito común y corriente – concluyó el detective con voz sorda.

-No. Pero descuida, Killy eligió por propia voluntad que te convirtieras en su dueño, y dado la especie a la que pertenece eso es algo bueno para ti, porque él buscará siempre la manera de hacerte feliz. También – una sonrisa traviesa se deslizó por sus labios – confieso que el collar de nuestro amiguito es una pieza casi la mitad de especial que él: oculta su energía mágica y la forma de su espíritu, por lo que parte de la razón del desconcierto de D es que tuvo que soportar el no poder identificar la especie a simple vista.

-Miau – dijo entonces el gato como si tuviera la intención de concederle la razón a Leti; León entonces reflexionó acerca de eso y recordó (con un sonrojo involuntario) que la primera noche que él y D pasaron juntos había sido por culpa del felino, quien se había atravesado en el camino del Conde.

-Deduzco por la sonrisa de Killy, y por la expresión de tu rostro, que en algún momento él ya ha comenzado a hacerte feliz.

-Creo que puedes ponerlo así… ¡demonios! Todo esto es una montaña de mierda que procesar.

-Si lo piensas desde un punto de vista frío en realidad nada ha cambiado de manera sustancial – murmuró Leticia cuando el detective recogió titubeantemente al gato del piso para acariciarlo en su regazo –; es verdad que D es un kami, que Killy es un felino con habilidades destacables y que yo tampoco soy estrictamente humana, pero en realidad, los tres seguimos siendo exactamente los mismos que éramos antes de que entraras por esa puerta.

-¡Maldición! – Soltó León – todo esto es tan ridículamente confuso que…

-Mira, sé que no tengo el más mínimo derecho a meterme en esto, pero creo que debes hablar con D…

-¿D? – los ojos de León se abrieron mientras su mente procesaba una terrible idea repentina.

-Sí. Entiendo que esto es difícil de procesar pero la verdad es que en lo poco que he podido llegar a entrever de él D no es como su padre, y pienso que de hecho te tiene un auténtico cariño y…

-¡No lo entiendes Leti! D es un maldito kami y nosotros encontramos junto a un recipiente con restos de sangre los cuerpos de los animales que están marcados como "ingredientes" para crear un veneno para kamis ¿no te parece que eso es demasiada coincidencia?

La muchacha palideció repentinamente.

-Sí. También a mí me pareció algo extraño, pero no hay posibilidades, es decir… ese veneno no funciona sin la sangre de un kami en él y…

-D me dijo que su padre lo mataría si llegaba a enterarse de nosotros – cortó León – tú… dijiste que conoces al padre de D ¿verdad?

-Sí.

-Leti, el chico que asesinaron desapareció hace casi un mes en Washington, pero todo indica que el homicidio no se cometió sino hasta el día de ayer en una bodega de aquí de la ciudad ¿no te parece mucha coincidencia eso?

-¿Qué estás intentando decirme?

-Leti ¿existe la posibilidad de que el padre de D esté dispuesto a urdir un plan para matarlo?

Ante la pregunta la chica se estremeció.

-Yo… no me gusta haces juicios apresurados pero – Killy maulló acusadoramente – la verdad creo que sí.

Sintiendo la respuesta de Leti como un golpe al corazón León sacó su celular y marcó el número de la tienda de mascotas. La línea sonó una, dos, tres veces sin que nadie contestara, y a la sexta marcación el detective simplemente cerró el aparato de golpe maldiciendo en voz alta.

-¡Joder Leti! Yo… - comenzó a pasear por la habitación – tengo un mal presentimiento sobre esto. Creo… debo ir a ver a D.

-Sí – Leti lo miró con ojos graves – pero dame un minuto para ir por mis cosas: voy contigo.