Cuando salió el sol, Stan descubrió que despertaba solo. No había rastros de nadie en las habitaciones y tampoco fueron contestadas sus llamadas, ni siquiera de parte de Kyle, por lo que se resignó a pasar un día en soledad sólo con una cerveza. Incluso dieron las ocho de la tarde cuando dormitaba frente a John Travolta interpretando a Vincent Vega en Pulp Fiction. Aunque ese día no estaba destinado a no ver gente. A las ocho con treinta y dos la puerta se abrió y sus amigos entraron tomándolo de los brazos sin que él comprendiera lo que ocurría. Lo obligaron a cambiarse de ropa y lo vendaron antes de subirlo a un jeep negro sin placa y con olor a nuevo.
—¿Dónde estamos? ¿De quién es este auto?
—Mío —sonrió Kenny. O eso asumió Stan por el tono.
—¿Desde cuándo tienes auto?
—Desde hoy. ¡Y deja de hacer tantas preguntas, relájate!
Solo logró oír las risas de Kyle, Kenny, Eric, Butters y las voces animadas de sus compañeros de trabajo y padrinos, Petuski, Douglas y Gary.
—Stan, deja de tocar eso. No te la quitarás—le regañó Kyle.
—¿Pero qué pasa?
Tras tres cuartos de hora el vehículo se detuvo y fue sacado del auto para ser trasladado por un camino de grava. Pasaron unos pocos minutos y escuchó la bienvenida de otros conocidos.
—Sácale la venda —oyó la voz de ¿Gregory?
Sus ojos se entrecerraron al recibir la débil luz de la luna y unas antorchas; frente a él había una gran cabaña rústica llena de guirnaldas extrañas que incitaban al ambiente de fiesta. Sonrió al no saber qué hacer. Los demás seguían riendo y conversando entre ellos.
—¿Y bien?
No había visto a Gregory desde salir de secundaria, pero podía estar seguro de que era él. Su acento y su pelo eran inconfundibles, aunque no lograba responderse el porqué de su presencia. Tampoco era como si hubiesen sido buenos amigos, quizá ni siquiera amigos, pero Stan no sabía que el rubio mantuvo una estrecha relación con Kyle durante todos esos años. Por eso él estaba allí.
—Qué inicie la fiesta —respondió olvidando la incomodidad que le daba el momento.
—¡Bien dicho!
Kyle observó la expresión entusiasta de su amigo y admiró las luces del fuego reflejándose en sus claras pupilas. Sonrió algo atontado y aguardó a que el británico indicara al novio pasar a la casa. Escuchó las exclamaciones alegres y tímidas de Stan ante el bar, la piscina, la terraza y el ambiente general del lujoso interior (¿y por qué no?, exterior) con felicidad. Los padrinos habían hecho un buen trabajo y no había nada mejor que la emoción de Stan.
Había por lo menos unas veinte personas, la mayoría estaba conformada por amigos y conocidos lejanos del novio, y los demás eran amigos de los anteriores. Las cervezas, tan odiadas por Gregory, fueron dejadas casi en el olvido gracias a los tragos finos que ofreció el inglés. La piscina fue aprovechada de inmediato, siendo inaugurada por Kenny después de cantar un buen rato y a eso de las diez cuarenta llegaron las primeras strippers en trajes de policías a animar aún más el bullicio. Stan aceptó entre avergonzado y entusiasmado los bailes de tres de ellas mientras otros se arrimaban a ver el show general y a pedir otro tipo de trabajos. Kyle nunca había visto tantas bailarinas juntas y, en realidad, deseó no haberlo hecho nunca y menos teniendo al frente a Stan con una cara bobalicona como el resto. Era una lástima, pero de nuevo debería alejarse de la diversión retirándose hacia algún apartado.
La gente volvió su atención a la piscina luego de unos veinte minutos. Mujeres y hombres saltaron a ella invitando al novio a imitarlos. Kyle miró a su amigo tratando de adivinar la cantidad de alcohol que corría en sus venas y lo siguió con la mirada sorprendiéndose cuando este se desabrochó la camisa y se deshizo del pantalón —como hicieron otros— junto al trampolín para saltar. Stan lo identificó desde el agua y lo llamó.
—¿Disfrutando la fiesta? —preguntó primero Kyle.
—Totalmente. ¿No entras, Kyle?
—No. Prefiero quedarme aquí.
—No seas así, ven.
—No tengo cambio de ropa. Olvidé por completo que había piscina.
Y antes de poder agregar algo más, se sintió jalado hacia dentro de la misma y se vio flotando en el agua.
—¿Pero qué…? ¡Maldita sea, Stan!
—Kyle, tienes que divertirte, es mi fiesta. No voy a permitir que alguien la pase mal en mi fiesta. Menos si es uno de mis padrinos.
El pelirrojo no hizo caso a lo dicho, sino que con sus manos agitó el agua hacia el rostro del azabache largándose a reír con la expresión que puso.
—¡Kyle!
—¿No querías que me divirtiera?
Stan respondió con risas y devolvió el ataque.
Jugaban como niños sin saber lo peligroso que era para ambos hacerlo, sin tener siquiera en cuenta qué era lo que sentían al hacerlo. Solo sabían que se divertían, habían olvidado lo demás. Stan tomó la mano del pelirrojo al darse cuenta de que Kenny se disponía a saltar hacia su zona y lo hizo nadar con él hacia la orilla. Todo era tan natural. La piscina estaba llena y solo prestaban atención al contrario. Fue entonces cuando Kyle se percató de que debía comenzar a alejarse y se sentó en la orilla. Stan también lo hizo.
—Carajo, Stan. Tenía mi móvil en el bolsillo —se quejó tomando el aparato.
—Mierda. ¿Lo metemos en arroz?
—¿En arroz? ¿Y hay arroz aquí?
—Vamos a ver.
Kyle se deshizo de su ropa mojada y pidió al británico que le consiguiera otra. Gregory había tomado el papel de auxiliar desde que llegaron las vedettes y prostitutas por alguna extraña razón. Un poco más secos, Stan y él entraron a la cocina sin encontrar lo necesitado. Se dividieron la cabaña para buscarlo y Stan dio su grito de eureka al hallar en un adorno de vidrio en el segundo piso. Se sentó en un sofá a investigar el móvil para desatornillarlo y luego meterlo en el mismo recipiente-florero. Kyle se sentó a su lado.
—¿Crees que funcione?
—Eso creo… Aunque tendrás que dejarlo así también en casa por unos días.
—Ugh. Al menos hay una posibilidad… —murmuró—. Hey, tú vuelve allá. Me quedaré un rato a ver qué más puedo hacer.
—¿Seguro?
—Sí. No tiene sentido que te quedes.
—Bien… Uh, te quería dar las gracias por todo esto…
—Oh, pero yo no pagué esto…
—No, lo sé, pero estás gastando tu tiempo en todas las cosas raras que hay que hacer. Debió ser un fastidio ir a eso del baile y organizar esto, ¿no?
—Está bien, Stan. Es lo que siempre pasa en las bodas, o eso creo —rio—. Pero lo dices como si hubiera algo que te molestara… ¿qué pasa?
—No es nada.
—Anda, dilo, no me voy a enojar.
—Es… Rebecca…
—¿De nuevo con eso?
—No quiero que esto sea una pérdida de dinero, pero encuentro que todo ha sido muy apresurado… No llevábamos mucho tiempo juntos y llegó la idea del matrimonio… ¡Y el plazo fue muy corto! Compramos todo semanas antes en vez de planificarlo meses atrás, ¿entiendes? Y aún ni sé si me quiero casar con ella.
—Stan, estás ebrio. No sabes lo que quieres. Así más te confundirás. Velo con calma y por hoy, solo por hoy, disfruta. ¿Sí? —Sugirió y el azabache hizo ademán de replicar—. Hazlo por mí.
Stan aguardó unos largos segundos en los que Kyle se odió por herirse solo cada vez más.
—Es que sé lo que quiero.
—¿Y qué quieres supuestamente?
El de ojos azules inclinó su cuerpo hacia Kyle.
—A ti. —Dijo avergonzado en un susurro.
—¿A mí? —lo dijo más espantado que sorprendido.
—Lo siento… Pensé que… No debí...— vaciló agachando la cabeza.
Kyle siguió con la mente los latidos de su corazón. Solo hazlo. Acercó su mano a la barbilla de Stan y la alzó hacia su dirección, miró en sus ojos azules la confusión y posó sus labios en los de él. Advirtió que los labios de Stan se comenzaron a mover sobre los suyos con torpeza y él los guio hacia la sincronización. Se separaron antes de llegar a la completa falta de aire.
—Kyle…
El pelirrojo volvió a unirlos en un beso más desesperado que precedió a otros más profundos. Stan tomó las manos de Kyle atrayéndolo hacia sí dejando que este se situara sobre él y Kyle sintió su cuello ser rodeado por los de su amigo. Se separó unos instantes a observarlo. Tenía un notorio sonrojo en el rostro, en parte por el alcohol y otra por su cercanía. Pensó que él debía lucir igual. Se acercó a besarlo y se permitió esta vez introducir la lengua para lograr una danza con la de Stan, una donde solo buscaban saborear y adueñarse por completo del otro. Sus pensamientos se nublaron al sentir las manos de Stan recorrer su cuerpo con suaves y placenteras caricias y apenas cayó en la cuenta de lo que ocurría.
—S-Stan —gimió intentando detenerse—. Esto no… n-no está…
El azabache se obligó a parar.
—¿Qué pasa?
—No es una buena idea…
—¿Por qué no?
—¿Olvidaste ya que te vas a casar la semana que viene?
—Kyle…no empieces... –protestó.
—¡Stan!
—Todo va a estar bien, Kyle… Rebecca no se enterará, ¡y aunque lo hiciera!, yo me encargaré –trató de tranquilizarlo recibiendo la desaprobación de Kyle—. ¡Kyle no me hagas decirlo!
El pelirrojo lo observó severo e insistente.
—Vale, vale… ¿Quieres que lo diga? Quiero tenerte aunque sea una sola vez… por favor, y este es el mejor momento. No hagas que esto sea más humillante de lo que ya es…
¿Humillante? Entonces era cierto eso de que no podía reconocerlo. Capturó los ojos suplicantes de su amigo entendiendo que incluso con esa pequeña ayuda de parte del alcohol, le costaba decir algo como aquello. Debía valorar su esfuerzo. Además no era algo que pudiera dejar pasar así de fácil, pues, aunque intentara recordar la amenaza de Tucker, no lograría despegarse de él. Lo siento, Craig. Sonrió con lástima y guio al avergonzado Stan a una de las camas. Quizás un "te amo" sería algo demasiado difícil de conseguir de los labios de su amigo, pero le daría un intento.
Por él, intentaría todo.
...
¡Hola, otra vez! Acabo de tener un pequeño enredo con el término "secundaria" y casi jodo todo, pero creo que ya lo entendí, so... espero que les haya gustado el cap y les deseo éxito en este precioso mes. ¿Algo más que decir? Nada más que decir. Un abrazo.
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Ff me ha vuelto a borrar algunas cosas de los diálogos, así que me disculpo por algunas incoherencias en las frases.
