11. Soportando las consecuencias
-¡Tienes que salvar a Kowalski! ¡Lo trajimos a tiempo, ¿verdad?! ¡Aún no es muy tarde, ¿cierto?!
Esas eran las palabras que le había dicho desesperadamente a Douglas Featherich cuando él y Rico habían llegado con el apenas vivo pingüino. Aún parecían hacer eco en sus oídos. Le había suplicado literalmente que salvara a Kowalski; algo que no era muy común en él. Nadie pensaría que minutos antes de eso había estado discutiendo con el teniente y reclamándole por sus fallos. ¿Qué lo había hecho actuar así y decirle todas esas cosas a Kowalski? Estaba enojado consigo mismo por sus propios fallos y necesitaba desquitarse con alguien, desafortunadamente, esto le había hecho gastar preciados minutos que bien podrían ser la diferencia entre si Kowalski vivía o moría.
Tembló al pensarlo. ¿Qué tal si Kowalski moría de verdad? Si eso pasaba, no sólo ya no habría un Kowalski que los metiera en problemas con sus inventos y cometiera insubordinaciones hacia su autoridad. Sino que tampoco habría un Kowalski que fuera su mejor amigo, no habría más opciones que escuchar, no habría un cuarto compañero con el que compartir. Simplemente, no habría más Kowalski en absoluto.
Douglas había empezado la cirugía hace casi tres horas, dándole rienda suelta a sus pensamientos más lúgubres mientras esperaba. Estaba sentado en un pequeño sillón que no había notado antes en la base del médico, golpeando rítmicamente la palma de su aleta en el apoyabrazos. A pesar de su estado de nerviosismo actual, se encontraba mucho mejor que su experto en armas. Rico caminaba de un lado a otro con las aletas cubriendo su pico y, por la expresión en sus ojos, podía decir que estaba sumamente preocupado; como si no pudiera imaginar que todo fuera a salir bien. A estas alturas, él tampoco se sentía muy optimista.
Al final, había terminado dándole la medicina a Cabo. Kowalski había dicho que seguramente moriría si no se la daban, ¿no? No tenían nada que perder. Tal vez, por algún irracional milagro, Kowalski había dado con la fórmula correcta esta vez (era difícil creerlo cuando había estado casi delirando al momento de hacerlo) y Cabo en verdad se mejoraría. Kowalski había dicho que la medicina era segura ahora. Sólo podía confiar en él.
Tenía muchas ganas de volver corriendo a Central Park sólo para ver a Cabo y ver si la medicina esta vez había funcionado. Pero no podía irse hasta saber al menos que la cirugía de Kowalski había terminado exitosamente.
El tiempo pasó despacio; en más de una ocasión le preguntó a Rico si no preferiría sentarse, pero al final el experto en armas permaneció de pie y recorriendo el cuartel durante largas horas. Hasta que finalmente la puerta del pequeño consultorio de Douglas se abrió y del interior salió el pingüino mencionado. Estaba cubierto de pies a cabeza de blanco: un cubrebocas debajo de su pico y un gorro en su cabeza, así como una especie de bolsas en sus pies que hacían ruido al caminar y unos guantes hechos especialmente para sus aletas. Tenía una apariencia cansada y se limpiaba un inexistente sudor de la frente mientras suspiraba, aliviado de que al fin hubiera terminado el trabajo. Skipper se puso en pie de inmediato y Rico caminó hacia el doctor. A pesar de la mirada ansiosa del experto en armas, Douglas se volteó a ver al capitán.
-Skipper, tal vez tú y yo deberíamos hablar en privado, -sugirió el doctor. Skipper lo observó con confusión y, a su vez, vio como Rico lo observaba a él.
-¿Qué? No, -contestó firmemente.- Cualquier cosa que tengas que decir, puede oírlo Rico. Somos un equipo. Sólo escúpelo, ¿cómo está Kowalski?
Douglas suspiró con ligera frustración y apoyó sus aletas en su cintura mientras miraba un lugar al azar en el piso. Finalmente, volvió a levantar la vista para mirar a los ojos a Skipper. –La cirugía… el procedimiento en sí salió bien, -comenzó a explicar con un aire de profesionalidad.- El tumor era benigno y fui capaz de extirparlo completamente.
Lentamente, una sonrisa comenzó a formarse en los picos de Skipper y Rico. El de cabeza plana incluso dio un paso adelante que antes no había dado por temor a encontrarse con malas noticias.
-Grandioso, -suspiró Skipper con un asentimiento de su cabeza.- Entonces, ¿Kowalski estará bien?
Por alguna razón, el médico no sonreía a la par de ellos, tal vez debido a su antipatía. No obstante, Skipper sabía que había algo más que no les estaba contando. Lo vio suspirar de nuevo al momento que mencionó el nombre de Kowalski y volver a mirar al piso en busca de palabras hasta volver a verlo a los ojos.
-Skipper, tu teniente tuvo un derrame cerebral poco antes de la cirugía. La presión en su cráneo simplemente fue más de lo que pudo soportar. Seguí adelante con el procedimiento de todas formas, pero ahora él no presenta respuesta y no muestra señales de consciencia. Y hasta ahora he sido incapaz de hacerlo despertar.
Skipper estaba confundido de a dónde quería llegar el doctor con esto. Pero en lugar de exigirle que fuera al grano, se encontró con un nudo en su garganta que le impedía hablar y tomó asiento lentamente en el sillón que hasta hace un minuto había abandonado, encontrándose incapaz de estar en pie por más tiempo. Douglas se acercó a él.
-Lo siento, Skipper. Pero hasta que no pueda determinar la gravedad del derrame, es imposible predecir cuándo o incluso si Kowalski alguna vez despertará de su estado de coma.
El capitán apretó sus párpados fuerte uno contra otro y empuñó las aletas. "Kowalski… en coma… para siempre," pensó con dolor. No escuchó ninguna reacción de Rico, pero podía imaginar la expresión devastada que tendría justo ahora. Emitió un silencioso gruñido y luego se puso de pie de un salto frente al médico, que retrocedió un paso con sorpresa. El capitán lo observaba con ojos llenos de rabia.
-¡Maldito medicucho de cuarta fracasado! ¡Sabía que no debí haberte dejado hacer la cirugía! –Avanzó hacia él, haciéndolo retroceder hasta una pared.- ¡Fallaste! ¡Y ahora mi teniente está en coma porque no supiste hacer la cirugía! ¡Estúpido pedazo de…!
-¡No es mi culpa que escapara! ¡Tampoco es mi culpa el derrame cerebral ni el coma! ¡Si no fuera por mí, tu teniente ni siquiera estaría vivo en este momento! ¡Yo salvé su vida! ¡Si quieres culpar a alguien, cúlpalo a él!
Skipper volvió a empuñar su aleta y la conectó contra el lado izquierdo de la cara de Douglas. El pingüino cayó al piso y Skipper se sentó a horcajadas sobre él, moviendo un puño en frente de su cara.
-¡No intentes culpar a Kowalski! –le advirtió seriamente.
-¡Sabes que es verdad! –respondió Douglas sin miedo.- Y encima de todo, ¿adivina qué? ¡Tu estúpido equipo no irá a la prueba Glock; todos los planes que hicimos son inútiles ahora! ¡Kowalski no despierta! ¡Él NO irá a la prueba Glock y ustedes tampoco! ¡Puedes darle las gracias si alguna vez despierta por eso!
-¡¿La prueba Glock?! –Gruñó.- ¡Imbécil! ¿Cómo te atreves a hablar de la prueba Glock cuando mi amigo podría morir? ¡¿A quién le importa una estúpida prueba?!
Al decir esas palabras, se quedó sin voz repentinamente y una voz en el interior de su cabeza le respondió: A ti te importa más una prueba que la vida de tus amigos, idiota.
-Pues toma una aspirina cuanto antes. No quiero que nada te retrase en el entrenamiento.
-Quiero que encuentres una solución. La prueba Glock no se retrasará sólo porque tú no puedes inventar una sola cosa que funcione.
-¿Q-Qué quieres decir? ¿No podrá hacer la prueba Glock?
-Es un trato. Te dejaré ser el que realice la cirugía de Kowalski a cambio de que el cuartel general no se entere de nada de esto.
-Yo estaba hablando de la prueba Glock. Tengo dos soldados incapacitados y sólo tres semanas para entrenar, ¿cómo se supone que trabaje con eso?
Los recuerdos de los últimos días lo dejaron con el pico abierto; sin muchas fuerzas, se quitó de encima de Douglas y caminó hacia un rincón del cuartel. No podía creer que hubiera dicho esas horribles cosas, que hubiera podido comparar tan fácilmente la importancia de la vida de sus amigos y la de la prueba Glock y que siempre hubiera ganado la de la prueba.
No era culpa de Douglas Featherich. Ni culpa de Kowalski. Era su culpa.
-¡Quie'o ver a Kowalski! –dijo Rico con determinación luego de un rato. Douglas apenas se levantaba del suelo y se masajeaba la mejilla golpeada.
-Tras esa puerta, -les indicó con un movimiento de cabeza.- Tú también puedes entrar si quieres, Skipper. Y no te preocupes, no tomaré represalias por esto.
Skipper suspiró mientras Douglas salía del cuartel. Poco después, él y Rico atravesaron la puerta hacia la pequeña habitación donde yacía Kowalski. Estaba a oscuras; sólo la luz de una lámpara iluminaba la cama en la que estaba el pingüino acostado sobre su espalda. Una delgada sábana cubría la parte inferior de su cuerpo y sus aletas estaban colocadas a sus lados, inmóviles. Lo que realmente perturbó a Skipper fue el grueso vendaje envuelto alrededor de la cabeza del pingüino, rozando sus párpados cerrados; ocultando la incisión que el médico había hecho para extraer el tumor. Había ojeras bajo sus ojos y un tubo sujeto a su pico con cinta adhesiva por medio del que más probablemente respiraba. Además de eso, un gran número de electrodos conectados a su pecho que subía y bajaba constantemente. Y por supuesto, no podía faltar a lado suyo el monitor cardiaco que con desquiciantes bips medía el ritmo de su corazón y otras máquinas que lo mantenían vivo.
No se movía, en absoluto. Skipper y Rico no dijeron nada en un largo tiempo, sólo observaron a su amigo en coma en silencio. Durante ese momento, un recuerdo vino a la cabeza de Skipper. Su conversación con Kowalski de hace apenas dos días. Kowalski le había pedido hablar con él en privado justo antes de que volvieran a Central Park a cuidar de Cabo, y él se lo había concedido.
Lo dicho durante su plática volvió claramente a su mente.
- o –Dos días antes- o –
-Ah Skipper, -lo llamó Kowalski de último minuto. El capitán se detuvo y miró sobre su hombro a su teniente.- ¿Podría hablar contigo a solas un minuto?
Skipper y Rico intercambiaron miradas. Rico dudó un momento en si debería quedarse. Pero Skipper le dio un asentimiento y al final el experto en armas abandonó la habitación.
-Adiós, Kowalski, –se despidió Rico mientras cerraba la puerta detrás de él.
-Adiós, Rico, –contestó Kowalski con una pequeña sonrisa.
Cuando el pingüino del mohawk se fue, Skipper volvió sobre sus pasos hacia un costado de la cama donde yacía Kowalski. Por alguna razón, éste se negaba a hacer contacto visual con su líder.
-¿De qué quieres hablar? –preguntó el capitán, cruzándose de aletas.
Kowalski suspiró, sin poder levantar la vista.
-¿Cómo sigue Cabo? ¿Aún no hay mejoras?
Esta vez fue el turno de Skipper de suspirar. –No. Se ve igual de mal que anoche, -contestó. Kowalski se encogió de hombros y apretó la sábana sobre sus piernas con sus aletas.
-Le hice daño a Cabo, y ahora voy a morir dolorosamente por un tumor cerebral. Cabo tenía razón, todo lo que das se te devuelve. Desgraciado monstruo del karma irreal y vengativo.
-Por favor, soldado. Contrólate. No vas a morir, -le aseguró Skipper.
-¿Cómo lo sabes? Siempre hay una probabilidad de riesgo en cualquier cirugía; incluso si es sólo un 1%... sabes que ese 1% está allí, y sólo hace falta eso para que algo salga mal.
-Sí, no tienes que decirlo dos veces. He aprendido mucho de la probabilidad de riesgo de tus inventos.
Aunque eso pretendía ser una broma, Kowalski no se rio. Se quedó callado por unos momentos con una expresión consternada en el rostro, aun sin ver a Skipper.
-Tengo miedo, -confesó con voz trémula. Skipper arqueó las cejas con un poco de lástima. Él nunca había estado bajo cirugía, ni siquiera herido de gravedad. La única herida de guerra (si podía ser llamada así) que había obtenido había sido su aleta rota al caerse de ese árbol. A Kowalski le iban a abrir el cráneo mañana y a toquetear el cerebro. No podía imaginar el miedo que debía estar sintiendo.
-No lo estés, -le ordenó Skipper, sin mucho dulzura en su voz.- No vas a morir, Kowalski. Aún no es tu hora; saldrás bien de esa cirugía, te recuperarás, crearás otra medicina que alivie a Cabo e irás a la prueba Glock.
-Hmm… Cabo… -murmuró Kowalski con un tono pensativo.- Él también debe estar asustado, ¿eh?
El capitán apenas si dudó antes de responder: -De hecho. El niño debe estar muriéndose de miedo. Pero al menos él no necesitará de cirugía. Digo, si tenemos suerte, su enfermedad se esfumará por si sola en unos días, ¿cierto?
-Sí… si tenemos suerte.
Skipper sonrió, tratando de ser optimista por la cordura de su teniente.
-Todo estará bien, soldado.
Cabo había estado durmiendo por una larga jornada de veinticuatro horas desde que Skipper le había administrado la medicina, y Skipper no se había separado de él. Tampoco quería estar lejos de Kowalski en este momento, pero de él ya tenía respuestas certeras, por lo que había dejado a Rico a cargo de él. Aún no sabía si Cabo iba a salir de esta. Frecuentemente checaba su pulso para asegurarse de que el antídoto no había "terminado el trabajo". Finalmente, casi al segundo día de sueño ininterrumpido, el joven pingüino despertó.
No se movió al principio. Ni siquiera estaba seguro de lo que había ocurrido en los últimos días desde que había caído enfermo de gravedad. Sin embargo, si notó que se sentía mucho mejor que la noche pasada. Sus fosas nasales y garganta ya no estaban obstruidas, podía respirar perfectamente. Su piel ya no hervía, y en su pecho ya no estaba ese ardiente dolor que lo hacía jadear.
Bostezó y finalmente el primer movimiento fue el de su aleta para rascarse un costado. Aún no quería salir de la cama, la medicina de Kowalski aún lo tenía adormecido.
Al recordar a Kowalski, finalmente todos los recuerdos volvieron claramente a su mente.
Se levantó al instante, evitando por poco golpearse la cabeza contra la parte superior de su litera. Fue hasta entonces que notó la presencia de Skipper, quien había estado observando en silencio como su compañero finalmente despertaba, esperando a que se diera cuenta de que estaba allí.
-Skipper -pronunció su nombre lentamente y se sentó sobre la litera, dejando sus pies colgar por la orilla de ésta. Se sentía de maravilla, pero algo en el interior de su cabeza le molestaba.- Dime qué ocurrió, por favor.
Skipper continuó observando a su soldado en silencio. Algo dentro de él había hecho click con alivio al momento que Cabo se había levantado de la cama, aparentemente completamente curado. Se puso en pie de la silla que había ocupado los pasados dos días, pensando en que ahora que sabía que Cabo estaba bien debería ir a reunirse con Kowalski y Rico cuanto antes, pero sabía que le debía al niño una larga historia.
-Siéntate conmigo, Cabo -le pidió señalando la mesa.
Después le preguntó qué era lo que sabía, o cuánto recordaba de lo que había ocurrido en la unidad los últimos días. Cabo dio respuestas vagas de lo que había en su memoria; no sabía cómo había enfermado tan seriamente, si hasta donde sabía él sólo tenía un resfriado común. Eso era algo que Skipper tendría que explicarle. Le dijo que recordaba algunas peleas entre él -Skipper- y Kowalski, en las cuales Skipper gritaba mucho, lo que, según sus palabras, era imposible de olvidar.
También sabía que Kowalski había enfermado de algo y luego había desaparecido. Todos parecían tan preocupados, aunque él no estaba seguro por qué. Ahí sus recuerdos se terminaban.
-Cabo, Douglas encontró un tumor en el cerebro de Kowalski.
-¿Q-qué es un tumor? -preguntó Cabo, sintiéndose tonto por no saber. Pero no sonaba bien.
-Es... como un bicho maligno, que le hubiera hecho mucho daño al cerebro de Kowalski si lo hubiéramos dejado ahí -le explicó el líder simplificándolo para Cabo.- Douglas se ofreció a operar a Kowalski... para sacar el tumor. Se suponía que Kowalski estaría bajo cirugía hace tres días pero... se escapó sin que nos diéramos cuenta.
-¿Qué? ¿Por qué Kowalski haría eso? -preguntó Cabo con preocupación. Skipper hizo una mueca, aquí venía la parte difícil. Si no la manejaba con cuidado, Cabo se sentiría culpable.
-Él se sentía culpable por lo de tu enfermedad. Verás, Cabo; Kowalski había hecho una medicina que te ayudaría a mejorar, pero se equivocó en algo y tu condición sólo empeoró. Sentía que debía ayudarte, pero no podría hacerlo si lo operaban, así que escapó para hacer un antídoto.
Cabo se quedó sin aliento. Efectivamente, Skipper podía adivinar que se estaba sintiendo culpable. Sintió que debía interferir para apartar ese sentimiento del pequeño pingüino.
-Kowalski pensó en lo que era mejor para ti, Cabo. No quería verte sufrir por algo que él había inventado -dicho esto, continuó con la historia.- Lo buscamos por todas partes. Él también estaba enfermo y no queríamos que le ocurriera algo. No nos dejó encontrarlo hasta que hubo terminado su maldito antídoto, para entonces ya era tarde.
Los ojos de Cabo se abrieron con horror, abrió el pico para decir algo pero Skipper levantó una aleta para detenerlo. -Por favor, déjame terminar -suplicó.- No era demasiado tarde. Lo llevamos rápidamente con Douglas para que finalmente lo operara. Eso fue hace dos días. No tengo que decir que no retiró el tumor a tiempo.
El joven se puso en pie de un salto, azotando las aletas en la mesa.
-¿Cómo está Kowalski? -preguntó, exigiendo la información inmediatamente.
-Tuvo un derrame cerebral.
-¿Qué es un derrame cerebral? -preguntó gritando, frustrado por no saber.
-Algo malo -respondió simplemente, no sabiendo cómo ponerlo en términos que pudiera entender Cabo.- El cerebro de Kowalski colapsó o algo así; pudo haber muerto.
-Entonces... ¿no murió? -un deje de alivio lo abordó mientras esperaba la respuesta de su capitán.
-No por ahora. Aún está delicado. Está en coma. -De nuevo vio confusión cruzar el rostro de Cabo.- Está inconsciente, durmiendo profundamente. Su cerebro sufrió mucho daño. No tenemos forma de saber cuándo despertará, o si acaso lo hará. Sólo podemos esperar.
Cabo finalmente terminó de levantarse de la mesa y pateó el ladrillo sobre el que estaba sentado. Su pie dolía por la tremenda patada, pero no le importó mientras las lágrimas comenzaban a arder en sus mejillas. Sólo tenía algo claro en su mente: era su culpa. Skipper también se levantó y fue a colocar sus aletas sobre los hombros de su soldado en un gesto de consuelo.
-¡¿Cómo pudo haber pasado todo esto?! -lloró el joven, cerrando los ojos con fuerza.- Hace sólo unos días estábamos preparándonos para la prueba Glock. ¡Eramos uno de los mejores equipos! ¡¿Por qué pasó todo esto?!
Cabo se dio media vuelta de repente y se sujetó con fuerza las plumas de su líder, abrazándolo y derramando sus lágrimas encima de él.
-¡Di que estará bien, Skipper! ¡Di que harás algo para que todo esté bien! -suplicó Cabo, levantando la vista sólo para ver a los ojos a su capitán. El capitán asintió con decisión.
-Cabo, te doy mi palabra de honor: Kowalski va a estar bien. Kowalski va a superar esto. Justo como tú superaste tu enfermedad. Y justo como nosotros superaremos esta crisis.
Cabo sostuvo la mirada de su líder, intentando descifrar si sólo hablaba por hablar. Pero en sus ojos veía la tristeza que los embargaba, él también estaba sufriendo. Cabo también asintió y volvió a hundir su cabeza en el pecho del cabeza plana. Skipper se lo permitió. Permanecieron así por un largo tiempo, hasta que el mismo Cabo decidió que era hora de separarse e ir a visitar a Kowalski.
¿Sabían que gran parte de la historia estuvo basada a partir de un episodio de Medium: Bring me the head of Oswaldo Castillo? En dicho episodio, la protagonista se entera de que tiene un tumor cerebral, pero decide escapar del hospital y retrasar la cirugía para atrapar a un asesino y evitar que mate a su familia. Incluso algunos de los diálogos de la historia son los mismos que los de ese episodio. Yup; no fue idea mía, merecen saberlo. Claro que hubo MUCHOS cambios, tenía que adaptarlo a las circunstancias de los pingüinos. Todo lo demás excepto lo del tumor cerebral fue planeado por mi.
De ahí que mi idea original sufriera tantos cambios, pero a pesar de haber tomado varios elementos de un episodio de una serie, creo que el resultado final de cómo he escrito esta historia ha sido bastante bueno. Bueno, eso lo dejo a criterio de ustedes; gracias por seguir la historia hasta este punto :)
PS. No sabía qué título poner a este capítulo.
