Arara lamento la espera, me pasaron muchas cosas, pero aquí lo tiene el final… jujujujuju si quieren saber si hay continuación, sí, sí la hay, pero si quieren leerla me dicen, cuídense ^^ que lo disfruten
Capítulo once
"Al final del día"
Grimmjow se sentó justo al lado de Ulquiorra, viendo hacía el lado al cual daba la espalda del pelinegro, el ojos jade tubo la intención de girarse para mirarlo, al sentir su delicioso perfume, al sentir esa presencia que demandaba calladamente por no ser ignorada, pero se contuvo, debía de mostrarse indiferente con él, pasara lo que pasara, no trataría de verlo ni se interesaría en él, pensaría únicamente en el chico del sábado… Esa silueta, sus movimientos, sus gestos, eso lo mantendría lejos de ese tedioso y maldito momento.
-"¿Esperas a alguien, Ulquiorra Schiffer?"-
El peliazul habló con calma perfectamente fingida, sin hacer esfuerzo por hacerse ver, los nervios aun lo retenían en sus manos y no quería echar a perder su primer encuentro después de tanta espera. Además, aun estaba la posibilidad de ser rechazado, y no aguantaría esa verdad de frente, no porque Ulquiorra pudiera golpearlo o herirlo físicamente, si no porque las palabras de ese "enano" malcriado podían ser mas filosas que las espadas y mas dolorosas que las heridas abiertas escocidas por al sal.
-"Sólo a un idiota que cree que puede ganarse a alguien con algo tan estúpido como regalos de San Valentín"-
Él sabía que se estaba pasando, demasiado en realidad, aun así quería sacudirse a ese "acosador" de una sola vez; estaba consiente de que "quizás" heriría permanentemente los sentimientos de alguien, pero no contaba, no para él. Si algún día la "Ley del Karma" se lo devolvía lo afrontaría, sólo esperaba que no fuera pronto, para que pudiera declarase apropiadamente el catorce de marzo.
Para Grimmjow aquello fue una estocada a sangre fría, cruel y dolorosamente profunda, se alegraba de haberse sentado ahí, en aquella banca, y de no haberse presentado de frente como él había planeado inicialmente; le diría lo que quería, concluyendo su plan, le entregaría su último regalo y todo acabaría…
-"¿No tienes curiosidad por saber quien soy?"-
Le dijo con su mismo tono "calmado", encubriendo sus sentimientos exitosamente por primera vez, no quería perder los estribos y ponerse violento frente a él, y mucho menos en esa situación tal delicada, de su comportamiento podía depender mucho el final de toda esa tensa situación.
-"No"-
-"Entonces… ¿Estas retractándote cobardemente de tu palabra, Ulquiorra?"-
Si lo que el pelinegro quería era evadir su cita del día de St White estaba bien, no lo obligaría a cumplirle, pero tampoco se lo iba a dejar tan fácil; sentía que perdería pronto el control de sus emociones, mantener la calma nunca había sido su fuerte, tenía que contenerse, sólo un poco mas, unos minutos más..
-"Te dije claramente que no estoy interesado. No tendrás nada de mí. Si crees que es cobardía o lo que te parezca es problema tuyo, no me importa, me da lo mismo lo que pienses tú de mí. Ahora vete y déjame en paz. No quiero nada de ti ¿Te quedó claro?"-
Había pensado en decirle cosas peores, como "Cobarde eres tú, por no dar la cara de frente y que te ocultas a mi espalda como vil perro callejero", pero con ello lograría que su acosador se le cruzara por el frente, y no quería mirarlo, en lo absoluto, porque después se sentiría mal, por lo que le decía, cuando se lo cruzara en el instituto, aunque no tuviera ni la mas mínima idea de quien pudiese tratarse, estaba seguro de que se lo encontraría mucho después de eso…
-"Ni siquiera te interesa saber mi nombre… Es algo que debí esperar de ti, una serpiente venenosa que no siente nada cuando dice las cosas, como tú, nunca cambiará… Debí suponerlo desde que no te acordabas de mí, Sin embargo quise creer que eras diferente de lo que dicen los demás, pero eres todo lo que las gente dice: Un maldito engendro del infierno incapaz de sentir nada por nadie…"-
Soltó, con un poco de furia y rencor, sin mirarlo; no era que lo creyera verdaderamente, a pesar de lo acontecido, más bien, lo dijo porque tenía ganas de herirlo tanto como a él lo había herido en ese momento. Que lo rechazara lo hubiera podido pasar, pero no de esa forma tan cruel y déspota, todo lo que le hubiera pedido eran un beso y que aceptara su regalo, eso era todo, nada mas… Pero ese muchacho le salía con insultos a su persona y una insoportable altanería que superaba a la de las "fresas" de su escuela. ¿Qué más podía hacer? Estaba llegando al límite de su escaso control, si pasaba un par de minutos más ahí seguramente lo mataría a golpes…
Ulquiorra no le contestó nada, simplemente se levantó para retirarse, sin mirar atrás, estuvo tentado de girarse y mirarlo, no iba a negarlo, pero ¿Para qué? ¿Qué iba a ganar con ello? ¿Regresaría a su lado para consolarlo? No, por supuesto que no. ¿Quería sentir remordimientos cuando por azares del destino se lo topara después? No, eso tampoco estaba entre lo que quería, ni de lejos. ¿Quería saber como era el chico que acababa de rechazar? Sí, sentía una insana curiosidad por saber como era, se preguntaba, muy interiormente, si sería atractivo, porque reconocía que su voz era bastante sedosa y tentadora, pero había un dicho que decía ·Avanza hacia delante sin mirara atrás", y literalmente fue lo que hiso.
Saber como era lo que estaba abandonando, sin haberlo probado, no iba a dejarle ningún aspecto positivo, era mucho mas fácil manejar la culpa si esta carecía de rostro alguno para mirar. Era seguro que para el día de mañana eso estaría totalmente borrado de su mente, y en una semana ni si quiera se acordaría de que había estado recibiendo esos regalos…
Grimmjow se quedó sentado en esa banca con los dientes apretados y los puños fuertemente cerrados, no pudo entregarle su último regalo, no tuvo el valor de enfrentarlo, simplemente había perdido…
Permaneció ahí, en aquella banca, bastante tiempo, con el corazón destrozado y sujetando ese presente entre sus manos, sin moverse. Mantenía esas malditas lágrimas en su interior, eran de rabia, impotencia y dolor, pero no iba a derramarlas, un hombre jamás llora y Grimmjow Jeagerkaquez era un hombre, con todas las letras.
De la gente que pasaba, algunas se fijaban en él, pues tenía aquella caja, en forma de corazón, entre sus manos, sobre su regazo, con las tibias lágrimas cruzando su atractivo rostro… ¿Lo habían plantado? Era la pregunta que todas ellas se hacían. Otras simplemente lo ignoraban… Poco a poco la gente dejó de pasar, se iba haciendo cada vez mas tarde, era alguna hora de la madrugada cuando decidió que era hora de volver a su casa, se sentía menos irritado, pero no menos herido. No había querido pensar en nada, pero había pensado en todo; a pesar de su irascibilidad, y su violento carácter, él era un chico muy maduro, aunque muy pocas veces daba muestras de ello.
No quería dejarlo así, pero era lo mejor, había prometido veintiún días de San Valentín, es decir, veintiún regalos, y el último aun no lo había entregado. Abrió la caja y miró su interior una últimas vez… Sacó lo único que hacía diferente ese presente de los demás, así como el corazón en donde había gravado sus iniciales y las de Ulquiorra…
-"Es así como debe de ser… Cumpliré mi palabra, lo quieras o no…"-
Regresó a su casa hasta casi las dos de la mañana, cuando todos ya dormían… Subió con sigilo a su cuarto, pero ahí estaba su hermana, en el pasillo, esperándolo con una enorme sonrisa picaresca, y a punto de preguntarle alguna indecencia cuando notó, en ese preciso momento, el rostro ensombrecido de su querido hermanito. Él siguió de largo, pasando junto a ella groseramente sin intentar mirarla, cerró su puerta sin darle tiempo de decir nada. No porque la culpara de algo, al contrario, ella lo había ayudado muchísimo, simplemente él no quería desquitarse con la persona que menos culpa podía tener de todo lo ocurrido… Una vez dentro de su habitación se encerró, no quería saber nada de nadie.
Ella entró a su propio cuarto, acostándose unos momentos, y luego se fue corriendo al cuarto de su pequeño hermano, abriendo con sus llaves. Siempre lo había cuidado con gran esmero, desde que eran pequeños, siempre pendiente de él, como una hermana/amiga/madre, sabía que eran nada mas medios hermanos, porque sus padres eran diferentes, pero cuando su madre falleció, cuando él tenía cinco y ella siete, lo mandó con ella y su padre para que lo cuidaran, porque su verdadero padre era un desobligado, por lo que ella lo adoraba más que a su vida, y no podía dejarlo solo en un momento tan crucial.
Ella entró y lo abrazó; él se resistió en un principio, pero poco después acabó aceptando su calidez, en verdad la necesitaba, porque en ella había hallado a la madre que no pudo disfrutar…
Ulquiorra se había regresado a su casa, haciendo lo de siempre, y durmiéndose temprano. Debía de buscar el momento adecuado para confesarse en una semana, tenía que comprarse algunas cosas, y quería pensarlo bien, cuando los eventos de esa noche no rondaran su cabeza. No sabía lo que pasaría después de eso, y no le importaba. Concilió el sueño, ignorando que en su taquilla estaba su último regalo de Sn Valentín, que Grimmjow había dejado antes de regresar a su casa, con una última nota dirigida con todos los sentimientos de aquel al que había rechazado…
"To my Dear Ulquiorra Schiffer:
Prometí veintiún regalos y lo cumplí, soy un hombre de palabra.
Puedes hacer con el lo que desees, yo te cumplí, tal como lo he prometido.
Te deseo suerte en tu día de St White.
Fromm A quien nunca conocerás…"
Veintiún días de San Valentín
FIN
