Capítulo 10

-Creo que no es una buena idea, Syd- Después de lo ocurrido, lo que menos le apetecía a Nigel era volver a entrar en aquella Cripta.

-Tal vez no, pero la joya puede que se encuentre aún en posesión de Margaret.

-Ah, ¡qué bien!- musitó el inglés.

Sydney cogió una barra que había encontrado en las ruinas del tercer piso y la encajó bajo la tapa de la tumba de Margaret.

-Ayúdame, Nigel- dijo sin hacer caso.

-Esto me da mala espina.

-Vamos, Nigel, ¿Qué puede pasar?

-¿Me lo estás preguntando en serio?

-Esta vez te haré caso cuando me hables de corrientes de aire.

-Es todo un detalle, Syd- a regañadientes, Nigel se colocó al lado de su jefa- Por cierto, ¿se te ha ocurrido pensar que tal vez nuestro Joshua se haya llevado el brazalete?

-Recuerda que no figuraba en sus efectos personales, y cuando hablé con su familia, nadie sabía nada.

-Es cierto, tú ya buscabas la joya antes de venir por eso te mostraste tan entusiasmada con este curso en particular- le reprochó su asistente.

-A la de tres… uno… dos… ¡Tres!

Los buscadores de reliquias hicieron palanca pero la tapa no se movió. Pasaron a observar la tumba con detenimiento.

-Tiene que haber un modo más sencillo.-pensó Sydney en voz alta.

-Sí, vámonos, si la tumba no abre, será por algo. Tal vez…- el británico se detuvo- tal vez ésta no sea la tumba que hay que abrir.- esto último lo dijo en un tono muy suave, como si alguien se lo acabase de susurrar al oído.

Sydney miró a su compañero.

-¿Cómo dices?

-No lo sé, quizás no esté con Margaret, tal vez se lo haya quedado Charles, o puede que sea Sarah la que lo tiene escondido.

-Esa idea me gusta, probemos con la niña.

-¿Con la niña? – se angustió el inglés, ya la idea de ver los cadáveres no le resultaba especialmente agradable, mucho menos la idea de encontrarse con el de una niña de cinco años… casi prefería seguir viendo el fantasma.

-Charles es el que parece tener más mal genio, creí que no te apetecía volver a encontrarte con él.

-Syd, me parece que aún no te has tomado esto en serio.

La profesora levantó la vista de la tumba de Sarah para clavar sus ojos en los de su asistente.

-Nigel, yo…

-Lo siento, creo que aún estoy un poco nervioso por todo lo sucedido, Intentémoslo con la niña.

¿Le estaba pidiendo perdón a ella? No es que ella frivolizase con lo que había ocurrido, aunque era cierto que resultaba difícil de creer. Pero esa quemadura era real, su asistente había sufrido una experiencia bastante traumática y ahí estaba ella, arrastrándolo de nuevo tras ella…

-Syd, ¿estás ahí?

-Sí, claro, perdona.

-Pues vamos a intentar abrir esto.

Nuevamente, sus esfuerzos resultaron inútiles. Sydney buscó en su bolsillo. Sacó un clip y lo observó, podía valer. Lo estiró e intentó insertarlo bajo la tapa.

-Es maciza- anunció-, no son tapas, es una especie de caja.

-¿Insinúas que los féretros no están dentro?

-En todo caso, estarían "debajo"- puntualizó la profesora.

La luz de las linternas comenzó parpadear.

-Mala señal- vaticinó Nigel-, en las películas de miedo, siempre que falla la luz, aparece un fantasma.

En otras circunstancias, Sydney hubiese pedido a su asistente que dejase de decir tonterías pero, esta vez, decidió que tal vez era hora de hacerle caso.

-De acuerdo, vámonos.

Nigel, que tenía pensado un reproche para cuando su jefa no lo tomase en serio, no se esperaba esa respuesta y se quedó quieto, con una expresión de extrañeza dibujada en la cara.

-¿Nos vamos? – preguntó al cabo de un rato con incredulidad.

-Sí, tiene que haber otro modo de acceder a los cadáveres, está visto que por aquí no es.

- Ya me parecía a mí…

Decidieron regresar a sus habitaciones y revisar el mapa que habían encontrado en el trabajo de Samantha. Mientras Sydney hacía esto, Nigel buscaba a la muchacha por el Convento sin éxito.

-Qué extraño- murmuraba-, ¿dónde puede haberse metido esta cría?

Sin embargo, tampoco se atrevió a preguntar, las monjas seguirían mirándole de esa forma tan rara y ya le había quedado muy claro que la chica no era muy popular entre sus compañeros. Tras una infructuosa búsqueda, regresó a la habitación de su jefa.

-Me parece que, si queremos ver si hay algo en esas cajas, tendremos que hacer un agujero en el techo de la Capilla del segundo piso- informó Sydney cuando lo vio entrar.

-Seguro que las monjas estarán encantadas- bromeó el inglés-. Hagamos una cosa, vayamos a dar la conferencia que tenemos ahora y luego pensaremos en algo.

-Me parece bien.

Mientras Nigel explicaba el significado de las decoraciones de unas vasijas griegas, Sydney repasaba mentalmente los acontecimientos de esos días. Todo aquello de una cripta oculta en un sitio secreto entre dos pisos, con unas tumbas que no se podían abrir, una Madre Superiora enterrada lejos del resto de su congregación, un tercer piso, donde se habían producido las muertes, en estado ruinoso, un hombre en una ventana que resultaba ser el fantasma de un hombre que asesinó a su familia… todo era difícil de creer. Y estaba también aquella marca en el brazo de su asistente… No se había quejado demasiado, pero estaba claro que le molestaba por la frecuencia en que su otra mano tocaba el lugar en donde estaba la quemadura. Algo se les estaba escapando, pero… ¿el qué?

Cuando terminaron ya había oscurecido. Los dos profesores caminaban hacia el comedor cuando una religiosa se acercó a ellos.

-Señor Bailey, esto es para usted- dijo tendiéndole un sobre.

Nigel cogió el sobre y miró interrogante a su jefa, que se encogió de hombros. Musitó un gracias y examinó el sobre. La Monja se despidió y se retiró.

-No tiene remite- informó el inglés. Abrió el sobre-. Es de Sam- informó sorprendido cuando leyó el contenido.

-¿De Sam?

-Se ha ido, dice que su misión ya ha terminado, que si concluimos nuestra búsqueda los espíritus descansarán en paz. Y añade que Claire tiene la clave.

-¿La clave?, ¿qué clave? Ya he visto los restos de Claire. Allí no hay nada. Tal vez los otros estudiantes tengan razón y la joven estuviese un poco trastornada.

-¿Por qué, Syd?, ¿Por qué veía a Sarah igual que yo la ví?

Ahora Sydney se quedó sin palabras.

-Volvamos arriba- dijo al cabo de un rato.

-¿Ahora? ¡Es de noche!- Nigel no quería volver a ver a Charles… bueno, la verdad es que no quería encontrarse con NINGÚN miembro de aquella familia… ni siquiera con Katherine.

-Si lo prefieres voy yo, y tú vas a descansar- concedió su jefa.

-No, voy contigo- si había algo que le atrajese menos que volver a la cripta, era regresar a su habitación. Sabía que sería incapaz de pegar ojo y se pasaría la noche bajo las mantas rezando para que los Howards hiciesen amistades nuevas y le dejasen tranquilo.

Así fue como, por enésima vez en aquellos días, se encontraron en la cripta sin saber qué hacer.

-No sé por qué te obstinas en volver aquí- repuso Nigel-, creo que ya lo hemos registrado todo y no hay nada que nos indique dónde está el brazalete- El inglés se detuvo, allí en medio, el fantasma de Margaret le miraba fijamente- Syd…- susurró

-Dime – la cazadora le daba la espalda mientras examinaba una de las paredes del recinto.

-Está ahí..., Margaret… -el inglés estaba demasiado sobresaltado como para dejar de susurrar. Sydney se giró y miró en la dirección que le indicaba su asistente.

-No veo a nadie – la buscadora de reliquias eligió bien sus palabras antes de hablar. No quería dar a entender que no creía a su asistente, pero tampoco le iba a mentir, ella no veía a Margaret.

-Porque ya se ha ido- informó el británico- apareció ahí, me miró, miró al suelo y desapareció.

-¿Al suelo?

-Sí- Nigel se acercó con cautela al sitio donde había estado el espíritu y bajó la vista mientras enfocaba con su linterna.- ¡Mira!, ¡hay una trampilla aquí!

Con la cantidad de polvo existente y la escasa luz proporcionada por sus linternas, ninguno de los dos cazarreliquias se había dado cuenta de la existencia de aquella pequeña puerta.

-¡Sabía que algo se me escapaba aquí! Dale las gracias al fantasma de mi parte.

-Prefiero que no se me presente la ocasión, la verdad, seguro que ya sabe que se lo agradeces- musitó Nigel acuclillándose al lado de su jefa para inspeccionar la puerta- ¿Por qué nos están ayudando? Primero Sarah me indica dónde está el libro y ahora Margaret nos señala esto. ¿Qué vamos a encontrar ahí?

-Lo averiguaremos en cuanto abramos la puerta.

- No sé si quiero saberlo, Syd.

La morena miró fijamente a los claros ojos de su asistente. Tal vez esta vez habían ido demasiado lejos.

-Nigel, si quieres que lo dejemos, dímelo, nos iremos de aquí, no te atormentarán más.

El británico sonrió.

-Creo que sí lo harán, hasta que lleguemos al final de todo esto. Será mejor que no esperemos más. ¿Alguna idea de cómo se abre?- preguntó viendo que sus esfuerzos por levantar la tapa no daban resultado.

-¿Ves ese agujero? Debe ser para una llave

-Una llave "rara", querrás decir- puntualizó Nigel observando la extraña forma de la cerradura

-¡Lo tengo! Es lo que Samantha decía, "Claire tiene la clave"

-¿Me he perdido algo, Syd?

-Cuando abrí la tumba de la Madre Superiora, ésta llevaba un colgante al cuello, no era ningún símbolo religioso, pero no le di importancia creyendo que se trataría de algún tipo de joya a la que Claire tuviese un cariño especial. Ahora que veo esto, me parece que el colgante encaja perfectamente en el agujero de esta puerta. ¡Vayamos a buscarlo!

-¿A un cementerio? ¿De noche? ¿Sabes, Syd?, creo que te voy a esperar aquí, a fin de cuentas a los Howards ya los conozco y hasta se podría decir que caigo bien a dos tercios de la familia…

-Como quieras.