Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero me tomé el atrevimiento de jugar un rato con ellos y agregar otros personajes de mi imaginación.
Puede haber escenas subidas de tono, así que si eres menor de 18 "NO" te recomiendo seguir leyendo. No me hago responsable.
Quiero agradecer a todas las que leen, y a las chicas que me tienen entre sus favoritos y alertas. A todas las lectoras silenciosas.
Agradecer especialmente a Melania, pera l.t. Eglee, Doc, Ebrume, jhanulita, gracias por leer, comentar y haberme apoyado en toda esta hermosa aventura.
Gracias a mi beta Wanda.
Sin más cháchara, aquí el último capi…
Ya no estarás sola.
Capítulo 10. FINAL
El tiempo es nuestro, tú eres mía y yo soy tuyo.
"He experimentado de todo, y puedo asegurar que no hay nada mejor que estar en los brazos de la persona que amas". John Lennon
POV Edward
Cuando regresé a casa, encontré a una linda chica luchando con un par de cajas en el elevador. ¡Carajo! Un redondo culo con patas.
—Buenas tardes—Le dije—Déjame y te doy una mano—Yo venía solo con una bolsa que contenía un par de botellas y mis cigarros.
—Buenas tardes, gracias, aprecio la ayuda, están algo pesadas—Dijo con una sonrisa sincera y sudando como una posesa.
—Diablos, si que están ¿Qué coño tienes aquí? un muerto embalado—Acomodé las cajas a un lado y me presenté—Un placer soy Edward—Le tendí la mano.
—Gracias, Edward soy Bree, me estoy mudando al 9-B.
—Ok, bienvenida—Le dije con una sonrisa y oprimiendo el botón con el número 9— Somos vecinos yo estoy en el 9-C. Sabes esto lo deberías subir por el elevador de servicio.
—Ummm, la verdad no sabía que había uno, lo siento.
—Bien no hay problema, está ubicado al final del pasillo, detrás de las escaleras de emergencia. Menos mal que no estaba Seth por allí, te evitaste un regaño de bienvenida.
—Seth ¿El portero?
—El mismo, es muy estricto con eso.
—Bien lo tendré en cuenta. Soy médico, tengo muchos libros, creo que tengo más libros que ropa—Decía sonriendo.
—Entiendo—Llegamos a nuestro piso y tomé nuevamente las dos cajas, ella portaba amablemente mi bolsa ¡Mierda!, sí que pesaban—Ok, que estés bien—Le dije dejándoselas en la puerta.
—Muchas gracias y eh… Edward estoy a la orden por si algún día necesitas una mano tal vez pueda ayudarte—Dijo guiñándome un ojo y devolviendo mi bolsa.
¿Qué coño había dicho? ¿Acaso dijo lo que yo creo haber escuchado? Chica tú viniste sola o te mandaron.
—Ok—Fue lo único que contesté dándome la vuelta y metiendo la llave en la cerradura.
Tenía que darme prisa, Alice me había llamado, programó una reunión de última hora con un nuevo inversionista y no podía llegar retrasado, aunque quería quedarme en casa y tomar hasta perder la conciencia, definitivamente primero eran mis obligaciones, dejaría la bebida para cuando regresara. Y Alice me debía una explicación.
Simplemente había sido caballeroso con la vecina, pero no podía perder tiempo. A las dos de la tarde tenía que estar en la oficina, ya eran las doce y media. Me di una ducha rápida, recordando a la linda chica que había ayudado unos minutos atrás, pero mi cuerpo no reaccionó ni a ella ni a sus insinuaciones y todo era por culpa de Isabella. Ese era el único culo que extrañaba. ¡Diablos!, el único con que mi polla se activaba. Porque, Isabella, no era solo bonita, era hermosa y era mía o eso creí por un tiempo.
Con camisa, traje y corbata a juego, salí, tomaría algo al llegar a la oficina ya tenía el tiempo justo y parecía haber perdido el apetito.
Me enfrenté a las atestadas calles a esa hora pico, me había decidido por la Ducati, ya no estaba mareado, era la mejor opción para sortear el tráfico, aprovechar el buen tiempo y el clima soleado.
La tarde pasó sin mayores inconvenientes, realicé la presentación, que fue todo un éxito ganándome una mirada de orgullo de parte de mi padre y los inversionistas quedaron satisfechos con la propuesta. Carlisle seguía pasándose por la empresa, con más frecuencia últimamente, motivado a que yo andaba un poco disperso y de mal humor por la extraña huida de Isabella. Aunque estaba desesperado, disimulaba muy bien mi estado de ánimo, lo que más ayudaba era que estaba al tope de trabajo, tenía en que ocupar mi tiempo, pero cuando llegaba a casa era otra cosa.
Al salir del salón de juntas le pedí a Carmen que me ordenara un sándwich y me encerré en la oficina con Alice.
—A ver monstro ¿Tienes algo que decirme?
—En mi defensa, solo diré que quería que te enteraras por ella, pero las circunstancias se presentaron solas. Anoche estabas de muy buen humor y no lo quería arruinar, te hubieses aparecido en la casa de Emmett, para hacer un escándalo o que se yo. Además hoy tienes mejor cara, te puedo asegurar que dormiste bien ¿O me equivoco?
—Si dormí muy bien, y tienes razón últimamente ando bipolar, estos cambios de humor me van a producir una ulcera. Pero ahora creo entender, que lo del embarazo, tal vez sea la causa de su traslado sorpresa y me siento culpable.
—¿Por qué?
—Porque sin duda, debí decirle que me había encontrado con Ángela, comentarle de lo que habíamos hablado. Quizás ella se hubiese acercado, evitando esta terrible confusión, ahora todos estaríamos felices y sin problemas.
—Ya que lo sacas a colación, Edward aun me pregunto ¿Por qué estabas con Ángela esa noche?
—No estaba con ella, cuando terminé la reunión con Harrison, me iba a casa, la encontré en el lobby, estaba pidiendo una cotización al servicio de banquetes, se va a casar, quiere hacer una reunión de despedida con sus amigos y familiares, antes de trasladarse definitivamente a Milán.
—Esto sí es una sorpresa. Y bien ¿Por qué no se lo dijiste a Isabella? Es decir, si no tenías nada que ocultar.
—La verdad, Alice pensé que si le decía que estaba con Ángela, se molestaría. No quería que dudara, lo que nunca me imaginé, ni pasó por mi jodida cabeza es que Bella nos vería.
—¡Joder! Pero nada más a ti se te ocurre semejante estupidez, sabes perfectamente lo que opinamos de las mentiras Edward, nunca traen nada bueno.
—No sabes cuánto me arrepiento de eso, pero no le mentí, simplemente lo omití.
—No solo lo omitiste, Edward estas admitiendo que lo hiciste adrede, cualquier mujer en su caso, se hubiese molestado. Ahora deberás tener un poco de paciencia, dale un tiempo, estoy completamente segura que todo se va a resolver más rápido de lo que tú te imaginas, tengo un presentimiento—Decía mientras su mirada quedaba fija en mi teléfono, alguien hablaba por mi línea privada. Puso un dedo en su boca en señal de que hiciera silencio y lo tomó, presionando el botón de manos libres.
"—…esta aquí, acaba de salir de una reunión y se encerró con la señora Alice—Decía Carmen.
—Tía, averigua que va hacer esta noche, fui a su casa y me rechazó, ya no se qué hacer para estar con él. Y ahora de paso la mosquita muerta está esperando un hijo suyo.
¿Era Heidy?
—Ten paciencia querida, en cuanto sepa algo te aviso…"
Estábamos escuchando como mi secretaria le daba detalles a Heidy. No podía creer que Carmen era su tía, ya entendía muchas cosas, ella era la que le mantenía al tanto de todos los pasos que daba. No quería seguir escuchando, así que le quite el teléfono a Alice y colgué.
—Bien necesito que te calmes, Edward.
—Entonces encárgate tú—Le espeté—En media hora, cuando salga de mi oficina no la quiero ver aquí. Heidy se apareció en mi casa esta mañana, se aparece en todos lados como un fantasma. Y todo porque Carmen le mantiene al tanto de cada puto paso que doy. ¿Acaso sabias que son familia?
—No tenía la menor idea, ni tienen el mismo apellido ¿Cómo iba a saberlo? No te preocupes, yo me encargo—Decía con sus manos en alto para que me calmara— ¿Te vas a tu casa?
—Sí, voy a estar en mi departamento. Alice, necesito más detalles del encuentro te tuviste ayer con Bella. Tengo que verla lo antes posible.
—Ya te dije todo, Edward en serio. Escucha dame una hora y resuelvo lo de Carmen, de verdad nunca me imaginé nada de esto. ¿Te parece si nos vemos mañana en casa?, hacemos una cena y hablamos todo con más calma, descansa, trata de dormir, ya encontraremos una solución.
—Me parece bien, nos vemos mañana entonces—Diciéndole eso tocaron la puerta.
—Disculpe señor Cullen, aquí tiene el sándwich que ordenó.
¡Jodida bruja!
—Gracias, Carmen—Dijo Alice quitándole el paquete de sus manos y colocándolo en mi escritorio—Eso es todo, acompáñame a mi oficina por favor—Habló dirigiéndose a Carmen y luego a mí—Me voy, Edward estamos en contacto—Y diciendo esto salió por la puerta.
Otra vez me quedaba en blanco y de mal humor.
Quien me ve y quien me conoció, hoy en día no me reconocería. Nunca en mi existencia, me había imaginado verme en esta situación. Yo no creía en el amor o eso pensaba, me parecía muy cursi y cliché, cada vez que escuchaba a alguien comentar que se había enamorado, "que era el hombre o la mujer de su vida", "que era amor a primera vista" ¡Mierda! Los veía a todos como si tuvieran tres cabezas, ya que a los meses o pocos días lloraban por su desgracia, desilusiones, decepciones amorosas, infidelidades y los más por falta de amor, por la costumbre o poca atención de sus parejas.
¡Joder!, un maldito círculo vicioso, en el que me negaba a caer de nuevo, era una rotunda y total pérdida de tiempo.
Lo mío era sexo, puro y duro, podía creer en la atracción, sí, definitivamente podía ver a una hermosa mujer y querer follarla toda la noche hasta que me pidiera clemencia ¿Pero amor?... ¡Diablos no! No creía haber nacido para eso.
Pero como nada es completo en tu perfecta vida, pues a mí me tenía que pasar.
¡Dos jodidas veces!
Como bien decía mi abuela Elizabeth: "A cada cerdo le llega su sábado", y yo no había entendido esa mierda hasta el día de hoy.
Estaba totalmente cabreado, con la vida y con todo ser viviente que osaba atravesarse en mi día. Bipolar como el demonio. Papá me dijo para ir a tomar algo por mi cumpleaños, pero yo preferí regresar a mi casa y emborracharme solo, hasta perder la conciencia, hasta no sentir más dolor. Llegué a mi departamento, me cambié de ropa y puse música, hoy me desmadraría. Sentía dolor por mi estupidez y molesto por la indiferencia de Bella.
Pienso que todos en algún momento pasábamos por esto, de buena o de mala manera, ya que algunos si terminaban con su "Feliz para siempre". Ya había sucedido con Ángela, la había ayudado a curar sus heridas, pero ella era reincidente y a pesar de todo parece que Demetri si era el indicado. Mi mejor amigo Jacob, también había claudicado a los brazos de Eros y Cupido lo había atravesado con sus benditas flechas. En fin, se había casado con Emily cuando eran unos adolescentes, no se puede negar que ella fuera todo un mujeron, que estuviera más buena que comer papas fritas y chuparse los dedos, pero una cosa era follar con frecuencia, tener exclusividad en su polla, pero otra muy diferente era vivir juntos como marido y mujer.
También estaban Alice y Jasper, se habían casado hace ocho años, cuando ella solo tenía veintitrés y el contaba los veintinueve, estaban estables, felices y ya esperaban su segundo hijo para Acción de Gracias. Para completar el cuadro, estaban mis padres, que habían mantenido su relación por más de 30 años.
¡Joder! Aquí estaba yo, como un idiota infeliz, enamorado de un culo que desapareció sin dar explicaciones y ahogando mis penas en una botella de licor.
¿En qué momento me había enamorado de Isabella? ¿Por qué mierda no me dijo que se iría? ¿Dónde estaría en estos momentos? Tantas jodidas preguntas y no tenia respuesta para ninguna de ellas, ya la primera botella de Jack Daniels estaba menos de la mitad, el cenicero repleto y la música seguía sonando estruendosamente.
Parecía un siglo, pero nada más había pasado una puta semana en un infierno, ya estaba decidido a encontrarla y seguir con mi vida, juntos como debe ser… Todo esto era mi jodida culpa.
¿Y si ella no quería saber nada de mí?
—Cómo diablos iba yo a saber que ella quería el puto combo: la casa y los bebés, ya el perro lo tenía. Si nunca lo hablamos, pensé que estábamos bien. Era como ir al Mc Donalds y pedir solo papas ¡No! Isabella quería la hamburguesa, las papas, la bebida extra grande y obviamente el juguetico, ¡La Cajita Feliz! Y yo también—Le hablaba a la botella, mientras me servía otro trago.
Sonó mi móvil, un Whatsaap de Emmett.
"Las flores funcionaron, pero el sonajero fue la guinda del pastel, muy buena jugada" Emmett.
"Necesito verla" Edward.
"Llámala y suerte" Emmett.
Bajé la música y marqué su número, lo más probable es que lo tuviese apagado, pero nada perdía con intentarlo. Después de repicar cuatro veces lo atendió.
—Hola.
—Hola, Isabella, no cuelgues por favor.
¡Dios! sentía que mi corazón saltaría fuera de mi cuerpo en cualquier momento.
—Edward—La oí sollozar.
—Solo quiero que hablemos por favor, no nos hagas esto. Déjame verte, escúchame, y... Y si luego no quieres saber más de mí, lo entenderé, Isabella... Todo ha sido un enorme mal entendido, lo sabes.
Espere su respuesta, solo quería verla de nuevo... Dios, escuché como se sonaba la nariz y esperé, esperé, esperé...
—Está bien, Edward.
¡Gracias, Dios!
—Tenemos muchas cosas de que hablar, Bella no podemos seguir separados, los quiero en mi vida, a ti y al bebé, que me dejes ser parte de la de ustedes. No quiero que estén solos. Deseo verte dormir en mi cama y despertarme contigo todas las mañanas, que nos des una oportunidad. Te amo, nena los amo y los quiero conmigo. Dame una oportunidad—Lo había dicho, la palabra había salido de mi boca y me sentía libre.
—¡Oh! Edward ¿Dónde estás?
—En el departamento y ¿Tú?
—Estoy donde Rose ¿Estás solo en tu cumpleaños?
—Sabía que estarías con ellos. No, estoy con Jack, Jack Daniel`s de Tennessee, una botella de whisky—Sonreía mientras veía la botella y me servía otro trago—Disculpa, nena es una broma. Estoy solo, pero eso no importa, porque estoy hablando con la única persona que me gustaría estar en este momento.
—¿Y tu fiesta?
—Suspendida, pero cuando quieras hacemos una privada tu y yo.
—¡Edward!
—Nena quiero verte, puedo ir a buscarte ahora mismo si quieres.
—Estas tomado. No creo que sea buena idea.
—¿Y cuando crees que podamos vernos?
—Te aviso mañana, yo te llamo.
—Ok. Isabella estaré esperando tu llamada.
—Hasta mañana, Edward.
—Hasta mañana—Dije con pesar.
Me quedé como un tonto viendo la imagen que reflejaba mi móvil. Una foto que le había tomado en el desfile de Liguerie, se veía tan hermosa en esa sexy lencería negra, que resaltaba en su blanca piel. Pasé mi dedo por la pantalla, buscando el icono de imágenes, fui pasando una por una y recordando cada momento captado. Mi hermosa Swan.
Continúe con mi bebida, ahora tenía motivos suficientes para celebrar, mañana la vería nuevamente y la tendría en mis brazos.
La felicidad se detuvo en mi rostro, pasada una hora y aun reflejaba una fantástica sonrisa en mis labios. Toda la desdicha, preocupación y mal genio habían desaparecido.
Terminé con mi vaso de whisky pero no serví otro, no tomaría más, ya me sentía bastante achispado, encendí un cigarro y fui hasta la cocina, estaba buscando una botella de agua en la nevera cuando escuché el timbre sonar. ¿Quién podría ser a esta hora? Apagué el cigarro en el cenicero de camino a la sala.
Al abrir, me sorprendí, al ver a la mujer que no me había dejado conciliar el sueño en esta pasada semana y la causante de la enorme sonrisa que tenía en mi rostro.
Me quede estático, Bella lentamente comenzó a acercarse a mí con precaución, las lagrimas bajaban a raudales por sus mejillas, me acerqué a ella con cautela, salvando el corto espacio que nos separaba, alargué mis manos tomando las suyas, atrayéndola a mí y cerrando la puerta. Su sonrisa se ampliaba y su mirada me escudriñaba.
—Hola. Qué bueno que ya es mañana—Le dije y sonrió, negando con su cabeza.
—Hola.
Tomé su rostro entre mis manos, retirando sus lagrimas con mis dedos, perdiéndome en sus orbes chocolates, estaban rojos de tanto llorar, ella solo me miraba sin decir nada, veía mis ojos y bajo su mirada a mis labios. Ahí lo entendí, lo leí en su gesto, acorté la distancia y rocé su boca con la mía ¡Dios como la había extrañado!, le mordí el labio inferior escuchando como soltaba un leve gemido que me alentó a seguir con mi trabajo, estaban suaves e hinchados de tanto mordérselos, blanditos y jugosos por las lagrimas derramadas, la besé lento, tomándome mi tiempo, reconociendo su dulce sabor, invadiendo su boca con mi lengua. Le acariciaba el cuello mientras ella metía sus tibias manos debajo de mi camiseta y tocaba mi piel. La abracé de forma posesiva ya no la dejaría marcharse de nuevo. ¿Para qué coño iba a perder el tiempo ahora en preámbulos?, no lo soporté más y me comí su boca, con veneración, mordiendo, chupando, saboreando.
Luego de unos minutos nos separamos.
—Ven—Dije tomando sus manos nuevamente y guiándola hasta el sofá. El mismo que había sido testigo más de una vez de nuestra pasión—¿Quieres tomar algo?
—¿Tienes helado?
—De chocolate—Le dije sonriente.
—Perfecto.
—Espérame aquí—Fui lo más rápido que pude, le serví un tazón y le puse un par de galletas Oreo, yo necesitaba mucha agua con hielo.
Dios, si hubiese sabido que ella venia, no me hubiera tomado más de media botella. Menos mal que me encontró consciente. Le entregué el tazón y me senté a su lado.
—¿Cómo sabias de las galletas, quién te lo dijo? —Preguntó asombrada, llevando la primera cucharada a su boca.
—Nadie me dijo, simplemente, aunque aun yo no lo crea, he tenido antojos y malestares propios del embarazo. Y ayer tenía ganas de helado con galletas, no pensé que coincidiríamos.
Bella se echó a reír.
—¿Me estas jodiendo?
—Te lo puedo jurar, hasta fui esta mañana a hacerme un chequeo, tengo dos semanas así—Le dije y vi como ella llevó una de sus manos a su insipiente pancita—¿Puedo?
Ella solo asintió. Le quite el tazón de la mano, lo dejé en la mesa del centro, y la senté a horcajadas en mi regazo. Comencé a desabrochar cada uno de los botones de su blusa sin dejar de mirar sus hermosos ojos.
—Déjame verte. Estas más hermosa que nunca, Isabella—Bajé mi mirada a sus senos, estaban más llenos, voluptuosos, los acaricié sintiendo su peso en mis manos, continúe mi recorrido hasta su vientre y posé una de mis manos acariciando la pequeña redondez, mientras que con la otra acariciaba su espalda baja—Aquí está nuestro bebé.
—Aja—Dijo entrecortadamente.
Vi como descendía una lagrima solitaria por una de sus mejillas y la atrapé con mis labios.
—No llores amor. Todo va a estar bien, te lo prometo. Te amo con todo mi ser, con todo lo que soy, con todo lo que poseo, con mis defectos, con mis carencias y con lo que me falta por aprender, perdóname si te mentí, aunque no fue así—Le decía mientras le quitaba la blusa y acariciaba toda la extensión de su espalda, desde su cuello hasta el comienzo de sus nalgas, haciéndola estremecer, no podía dejar de tocarla—Ángela estaba por casualidad en el hotel, yo había terminado mi reunión con los inversionistas y coincidí con ella en la salida. Está buscando una cotización para celebrar su compromiso, se va a casar. Yo simplemente la llevé a su casa, para que no tomara un taxi y me pusiera al tanto de todo, Ángela más que ser mi novia fue mi amiga, sigue siendo una gran amiga, pero solo eso. Te lo puedo asegurar. Ahora quiere que sea el padrino de su boda. Tal vez te parezca una locura, pero yo acepté.
—¿Por qué cuando te llamé no me lo dijiste?
—Porque soy un tonto del culo y pensé que si te decía que estaba con ella te molestarías. Igual pensarías mal aunque te hubiese dicho la verdad.
—¡Por los clavos de Cristo! Edward si me lo hubieses dicho, hubiéramos evitado todo esto ¿Estás consciente de eso? Y más cuando yo te veo salir con ella de ese hotel.
—Nena perdóname, nunca fue mi intención dañarte, te lo juro, tienes que creerme, mucho menos hacerte sentir mal o que dudaras de mi. Te amo, Isabella mi único error es no habértelo dicho antes, lo admito. Pero te amo, quiero una vida contigo y con nuestro bebé. ¿Tú me amas?
—Yo también te amo, Edward eres mi vida. Te quiero pedir perdón por desconfiar de ti y por embarazarme sin consultarlo contigo.
—¿Qué quieres decir? ¿Te embarazaste adrede?
Ella solo asintió y comenzó a llorar de nuevo. Yo no salía de mi asombro.
—Di lo que tengas que decir, no te quedes con eso—Le dije, tomando con mi dedo pulgar e índice, levantando su barbilla para que me viera.
—No quería estar sola—Decía entre sollozos e hipidos—Me sentía horriblemente sola.
—Nena, ya no estarás sola—Le consolé mientras acariciaba su rostro y retiraba sus lagrimas—No nos compliquemos, el tiempo es corto, yo soy tuyo y tu eres mía, eso es lo importante. Ya tendremos tiempo de hablar con calma, que todo pase y se aclare. Quiero estar contigo por lo que me queda de vida, que a nuestro bebé no le falte nada, que si tiene miedo se cuele en nuestra cama para que le confortemos, quiero leerle cuentos antes de dormir, verle dar su primer paso, escucharle decirme papá, llevarle a la escuela. No me niegues el placer de vivir eso con ustedes.
—¿No estás molesto?
—¡No! Como crees. Estoy feliz de tenerte en casa nuevamente. No es lo que me esperaba, obviamente las cosas serán diferentes, pero de buena manera—Le di cortos besos en sus labios—Dame un minuto, ya vuelvo—Dije mientras le ayudaba a incorporarse.
—Voy al baño—Me dijo, poniéndose la blusa nuevamente.
Así que nos fuimos a mi habitación, mientras ella utilizaba el aseo yo busqué lo que había comprado para ella, ayer, después de almorzar con Emmett, me senté en la cama a esperarla. En diez minutos salía con su rostro lavado y una tímida sonrisa.
—Quiero darte algo—Le dije tomándola de la mano, sentándola a mi lado en la cama, la misma en la que habíamos hecho el amor tantas veces.
Le coloqué la cajita de terciopelo negro en la mano. Ella estaba sorprendida y negaba con su cabeza.
—Vamos a casarnos, tener a nuestro bebé y vivir nuestra vida juntos, te quiero y los quiero a mi lado.
—Yo también te quiero, pero no pienso casarme contigo, Edward—Decía con la cajita en la mano y sin atreverse abrirla.
—¿Qué? ¿Por qué? —Estaba perplejo—¿No quieres casarte conmigo?
—Si quiero, pero no en esta situación. No tienes obligación de casarte conmigo por el bebé.
—Dime que estas de broma ¿Acaso vas a desaparecer de nuevo?
—Claro que no, te quiero, te amo, Edward porque iba a dejarte ya estamos juntos otra vez, ¿No?
—Entonces, no entiendo.
—Creo que eres maravilloso, hasta me gusta el sabor a cigarro de tu boca, aunque debemos dejar de fumar por el bien del bebé.
—Ok, te prometo que lo voy a dejar, pero yo si me quiero casar, por favor casémonos, tengamos al bebé y tratemos de hacer las cosas como debe ser.
—Edward, si hubiéramos hecho las cosas como es debido nos hubiéramos casado primero y luego tener al bebé. Y no lo hice por atraparte ni nada de eso, no lo vayas a pensar nunca. Yo tendría mi bebé, casada o no.
—¡Joder!, eres tan extraña—Pasaba mi mano por mi cabeza, desordenando mi cabello más de lo que estaba. No entendía a Isabella, aun no abría la cajita, me sentía tan frustrado—¿No le vas a dar una ojeada?
Sonó el timbre ¿Quién sería el inoportuno?, quien fuese lo echaría de inmediato.
—¿Esperas a alguien?
—No.
Salí y abrí la puerta. Allí se encontraba mi vecina en todo su esplendor, con una camiseta negra ajustada, unos short diminutos en color blanco y una taza rosa en sus manos.
¡Mierda, estaba en problemas!
Isabella estaba justo detrás de mí, observando la escena.
—Hola, Edward.
—Hola, Bree.
—Umm, disculpa la hora, pero como escuché música, supuse que aun estabas despierto. Me preguntaba si podías darme un poco de azúcar, preparé café y me di cuenta que no tenía ni un grano.
No me había percatado que aun sonaba la música de fondo.
—Claro, pasa—Abrí la puerta y le dejé pasar, al voltearme vi la cara de póker de Bella ¡Coño, esto nada más me pasaba a mí y al pato Lucas!, pensé—Nena, ella en Bree, nuestra vecina, se acaba de mudar al departamento de frente. Bree ella es Isabella, mi esposa.
¡Sí, señor!, se escuchaba bien.
Isabella sonrió, le había gustado.
—Hola, es un placer—Le dijo tendiendo su mano y quitándole la taza—Edward, el azúcar está en el gabinete de arriba, toma—Dijo tendiéndome la taza—¿No es muy tarde para tomar café?, a mi me desvela. Bueno tampoco es que pueda.
Vi desde la cocina como acariciaba su pancita, me volvía loco cada vez que me echaba esas meadas.
—Si esa es la idea, tengo que estudiar un caso y necesito estar espabilada, soy médico. Y claro obviamente en tu estado, tienes que cuidarte.
—Exacto y ¿Cuál es tu especialidad?
—Soy Cirujano, pero ahora estoy haciendo una especialización en cardiología.
—Aquí está—Le dije tendiéndole el recipiente.
—Muchas gracias y de verdad disculpen la molestia, Isabella fue un placer.
—Igualmente.
—No hay de que, Bree estamos a la orden, Buenas noches—Le dije mientras sostenía la puerta para ella. La cerré y me fui directo a la nevera. Me serví un vaso con agua y me lo tomé de un solo trago.
—¿Estas molesto?
—Eres una cabezota ¿Por qué eres tan extraña? todo lo haces al revés, cualquier mujer estaría ahora mismo dando brincos y feliz por casarse—Le decía mientras me acercaba de nuevo a ella y la abrazaba por la cintura.
—Bien, yo no soy cualquier mujer.
—Lo sé, eres mi mujer—Le dije rozando sus labios con los míos—Me has hecho tanta falta, estos días han sido un total infierno para mí, sin saber nada de ti—Mi polla respondió de inmediato, rozándola dolorosamente contra su entre pierna.
—Edward—Susurró.
—No tengo la culpa que mi cuerpo reaccione así—Sonreí y seguí presionando mi polla contra ella—Bella, casémonos.
—Edward, te vas a casar conmigo por el bebé.
—¡No!, ayer cuando compré el anillo aun no lo sabía, te lo puedo jurar. Me enteré hoy—Le dije algo apenado.
—¿Cómo te enteraste?
—Te lo digo, si me prometes que no te molestaras ni saldrás huyendo—Le dije abrazándola más fuerte.
—Dime, no me voy a ir a ninguna parte. Me tienes presa entre tus brazos.
—Mi hermana.
—¿Cómo se llama tu hermana?, y quiero la verdad.
—Marie Alice Brandon. Ella usa su apellido de casada.
—Umm, ok. Quiere decir que todo esto fue planeado—Lo estaba afirmando.
—No… bueno si.
—Edward ¿Es si o es no?
—Lo que quiero decir es que no lo planee yo, ella lo hizo todo sola y las cosas se dieron automáticas supongo, Alice tiene una manera de manipular y arreglar las cosas que da miedo, te lo puedo asegurar.
—No estoy tan segura de eso, creo que te pusiste de acuerdo con todos.
—Nena, no querías atenderme, te juro que si no lograba hablar contigo, a partir de mañana hubiera acampado en la puerta de Rose, hasta lograr convencerte de regresar.
—¿En serio hubieras hecho eso?
—¿Aún lo dudas? Isabella te amo, no me cansaré de decírtelo y, en este momento te deseo—Pasaba mi nariz por su cuello embriagándome con su olor, haciéndola estremecer—¿Cómo te sientes? ¿Cómo llevas el embarazo?
—¿Tengo que encontrar un médico?
—Déjame llamar a Jake, él te puede atender mañana mismo—Dije sacando mi móvil del bolsillo.
—No, Edward que no sea él, además es muy tarde para que lo llames, deben de estar durmiendo.
—Ok. Primero dime ¿Por qué no quieres que sea Jake?, es un excelente médico, Alice se ve con él y segundo, hoy me confesó que ya no duermen después que nacieron los gemelos, así que lo más seguro es que estén despiertos.
—Me da pena.
—Nena, Jake es un profesional y confió plenamente en él.
—Bueno, está bien, pero llámalo mañana, ahora apaga todo y vamos a dormir, tengo sueño.
—Yo no quiero dormir—Le dije restregando mi polla de nuevo, que estaba emocionada por salir a jugar.
—Vale yo tampoco, pero me quiero ir a la cama.
—Si, hagámosle los ojitos al bebé—Le dije sonriente.
—Dame un minuto—Tomó la cajita que había colocado en la mesa y la abrió—Es hermoso.
Se lo quité de la mano.
—Quiero tener el placer de colocártelo—Tomé su mano derecha y se lo puse en el dedo anular, le quedaba perfecto— Isabella, deseo estar contigo por lo que me queda de vida. No te prometo que todo será fácil, pero que estaré a tu lado, enfrentaremos todo juntos, que haré todo lo que esté a mi alcance para que seamos felices y, lo más importante, ya no estarás sola.
—Edward, yo sé que no será fácil ¡Dios!, todas las mujeres quieren contigo—Decía sonriente—Pero yo me encargaré de alejarlas a todas, empezando por Heidy.
—No te preocupes, te aseguro que, Heidy no volverá a molestarnos.
—¿Y la vecina?
—Creo que a ella, ya le quedó muy claro—Comencé a besar su cuello—Me decías que querías irte a la cama—Le susurraba mordiéndole el lóbulo de su oreja.
—Aja, también te he extrañado mucho.
Ya en nuestra cama, le besé cada centímetro de piel, chupé, mordí y le di largas lamidas a su coño, tragándome su humedad, quería comerla, devorarla completamente. Ella se retorcía y gemía cual gatita, este había sido, sin duda, el mejor de mis cumpleaños, el mejor regalo que la vida me podía dar. Bella había explotado en mi boca.
Me senté y la atraje sentándola a horcajadas sobre mí, colocando mi polla en su centro empapado, mi miembro palpitaba dolorosamente, pidiendo a gritos su liberación. Le di suaves estocadas, disfrutando del placer que me producía su estrechez, ayudándola a moverse con mis manos, que sujetaban sus caderas, mientras ella me abrazaba y se aferraba a mi cuello.
Besaba y follaba su boca con mi lengua, probando su saliva y dándole la mía con sabor a su intimidad, estaba literalmente tocando el cielo con la punta de mis dedos. Sabía que yo no aguantaría mucho, así que apresuré las estocadas, ya sentía nuevamente las contracciones de Isabella, que me succionaban, atrapaban y me empujaban en una dulce agonía de placer. Unos segundos después, el orgasmo nos alcanzó a ambos.
Podía morir en ese mismo instante, ya tenía a mi mujer de vuelta.
Esa noche le hice el amor a la que dentro de poco seria mi esposa, con toda la calma del mundo, dándome mi tiempo, reconociendo la leve redondez de su cuerpo, disfrutando de sus gemidos. Estaba pletórico, y ella estaba jodidamente caliente. Le preguntaría a Jake si a las embarazadas les subía la temperatura, porque estábamos ardiendo. Unas horas después, nos quedamos profundamente dormidos.
Había amanecido, Isabella estaba a mi lado acurrucada en mi pecho, se veía tan hermosa, su boca roja e hinchada de los mordiscos que le había dado ¡Dios! tendría que tener cuidado, pero en el arrebato del momento, cuando me corría de esa manera tan fuerte, que solo lo había logrado con ella, no medía y quería comerla.
Le rocé el labio inferior con mis dedos y me los atrapó en su boca, chupándolos y rozándolos con su lengua húmeda, haciendo que mi polla se estremeciera.
—Pensé que estabas dormida.
—Desperté hace unos minutos, tengo muchas ganas de orinar, pero una inmensa flojera que puede más—Decía sonriente—Y tú me tienes atrapada, no podría moverme aunque quisiera.
—Anda, no aguantes. Yo no me voy a mover de aquí—Le di un piquito en la nariz, mientras ella se desperezaba y salía de la cama. Yo ya tenía mi carpa levantada.
Unos minutos después volvió acostarse a mi lado. Agarró mi polla con su mano y comenzó a bombear.
—Estoy cachonda, Edward. Tengo muchas ganas de ti. Quiero que lo hagamos otra vez—Decía ronroneando.
Yo solo sonreía, este embarazo lo íbamos a disfrutar mucho, ya había escuchado que las mujeres en su estado se ponían hormonalmente más fogosas.
—Estas caliente, voltéate—Le dije y vi su ceño fruncido—Anda date la vuela, confía en mí.
Lo hizo pegando su espalda a mi pecho, comencé a besar su cuello, a darle leves mordiscos en su hombro y acariciar sus senos, retorciendo sus pezones con mis dedos, mientras que con mi polla rozaba su trasero. Así la tuve un rato, prodigándole caricias y susurrándole te amos. Intercalando mi mano, bajando a su sexo y luego subiendo de nuevo a sus senos.
—Edward, me estas volviendo loca.
—Esa es la idea, nena relájate.
Levanté su pierna apoyándola en la mi cadera y me posé en su centro. La penetré lento y profundo, estaba húmeda y resbalosa por todas mis caricias, mientras volteaba su rostro y me comía su boca. Estocada tras estocada, continúe rozando su clítoris, presionando con mis dedos y acelerando su orgasmo, hasta que Bella se corrió, desencadenando el mío y exprimiéndome con sus contracciones.
Media hora más tarde estábamos metidos en la bañera dándonos una ducha relajante.
—Voy a llamar a Jake, para saber cuándo te puede atender y luego de desayunar nos iremos a donde mis padres, hoy tenemos tu primera comida con ellos.
Isabella solo asintió, con una enorme sonrisa.
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El sábado habíamos tenido un almuerzo familiar al estilo Cullen. Lo único que hice fue llamar a Alice y decirle que estaríamos en dos horas en Los Hamptom y ella se había encargado de avisarle a todos, así que cuando llegamos a casa, teníamos hasta el pastel de mi cumpleaños. Mis padres quedaron encantados con Isabella, fue el mejor jodido fin de semana que había experimentado en mi vida, rodeado de las personas que más amaba.
Nella le pidió a Isabella que tuviese niña, para tener con quien jugar ya que su mami le iba a dar un hermanito y no podía llevarlo a su casa de muñecas. Estaba feliz porque su tito había encontrado una novia con bebé incluido.
¡Jodidamente genial, del mundo mundial! Estaba idiotizado, los embarazos como que ponían a los hombre así.
Jake atendió a Isabella el lunes a primera hora, le ordenó una serie de exámenes y todo marchaba de acuerdo al tiempo de gestación que tenía. Le hizo una ecografía y le tomó varias fotos, aun no se podía ver el sexo, estaba muy pequeño, quizás en la próxima consulta en un mes ya se podría ver.
Cuando vi las pulsaciones de su corazón, se me inundaron los ojos de lágrimas, nunca pensé que fuese algo tan emocionante. Crear una vida era lo más perfecto que podía existir y lo bueno es que todas esas experiencias la estaba pasando por primera vez junto a Bella.
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Habían pasado tres meses desde que Bella había vuelto a casa. Mis padres y hermana estaban encantados por mi nuevo cambio de humor, y yo, pues encantado de la vida.
Todos los días estaba feliz de regresar a casa, primero, porque mi mujer me esperaba y segundo que ella siempre tenía ganas de sexo, Isabella estaba realmente fogosa, se había decantado totalmente por la posición de cucharita, como le decía ella y a mí me parecía genial ya que no aplastaba su barriguita, además de tener libertad para besarle y acariciarle como me gustaba, definitivamente ¿Qué más le podía pedir a la vida?
Le sugerí a Isabella que comenzara con lo de la academia después del nacimiento de nuestro bebé. Aunque el Abogado ya había redactado el contrato de arrendamiento del estudio, el cual no se llevó a cabo, ya que Alice, se lo había cedido, poniéndolo directamente a su nombre, alegando que sería nuestro regalo de bodas adelantado. Eso era algo que planificaríamos con calma, después del nacimiento de los próximos integrantes de la familia. Quizás para mediados el año venidero.
Este fin de semana era el cumpleaños de Isabella, lo celebraríamos en Milan. Viajamos a Italia a la boda de Ángela, yo era el padrino. Hace un mes habíamos participado en la cena de despedida de soltera, como lo había comentado la futura señora Vulturi, más bien parecía una cena ente amigos y sin strippers.
Al regresar de Europa, viajamos directo a Nashville, mi mujer tenía una sesión de fotos en Liguerie ¡Joder!, hasta con barrigita se veía jodidamente sexy para su propio bien, estaba muy hermosa, definitivamente la venezolana Renata, era un crack en el negocio de la ropa íntima, se ingeniaba cada cosa que hasta yo terminé tomándome un par de fotos con Isabella. La que más me había gustado era una donde tenía a Bella recostada en mi pecho, acostados de cucharita, nos veíamos a los ojos mientras yo acariciaba su pancita. Esa la mandaría a enmarcar para ponerla en nuestra habitación.
Después de treinta y tres semanas de embarazo y aun no sabíamos el sexo de nuestro bebé, estaba sentado con las piernitas cruzadas y no se dejaba ver. Así que todos estábamos a la expectativa. La ecografía mostraba un bebé hermoso y sano. ¡Dios!, estaba chupándose el dedo, los dos estábamos llorando de felicidad. Habíamos concordado en un par de nombres si era nena se llamaría Katherinne y si resultaba varón, su nombre seria Kenneth.
Alice había dado a luz el fin de semana antes de Acción de gracias, en casa todos andábamos pletóricos por el nuevo integrante. Anthony Jasper Jr, era tan rubio como su padre, pero con los ojos verdes de su madre, y la pequeña Antonella no dejaba de darle besos en los gordos mofletes.
Nos encontrábamos reunidos en casa de mis padres, compartiendo una excelente cena por Acción de gracias. La primera de muchas, de las que estaba seguro disfrutaríamos juntos.
—Hoy quiero dar gracias, por permitirme tener esta hermosa familia, que cada día es más grande y unida, lo único que deseo es que siempre nos mantengamos así. Con la templanza, el cariño y la abnegación de mi querida esposa, lo arrollador de mi primogénita Alice, la tolerancia de mi hijo Jasper, el aplomo de mi hijo Edward y lo luchadora de mi hija Isabella. Que dios los bendiga siempre—Habló mi padre con esa serenidad que lo caracterizaba, mirándonos al rostro cuando se refería a cada uno de nosotros—Gracias por las inquietudes de mi nieta Antonella, que siempre nos divierte con sus ocurrencias—Mi padre sonreía con satisfacción y orgullo—Por Anthony y por mi nieto o nieta que viene en camino—Se levantó de la silla y alzó su copa—Quiero agradecer también por Martha y Walter, por siempre estar para nosotros como integrantes de esta familia, por Rosalie y Emmett, que comparten con nosotros esta noche. Feliz día de Acción de gracias—Dicho esto, todos alzamos nuestras copas y brindamos.
Isabella se le escaparon algunas lágrimas, ella culpaba siempre a las jodidas hormonas.
Antes de navidad, Jake había atendido a Isabella, que ya estaba de treinta y seis semanas.
—Tendremos que hacer una cesárea, Isabella—Decía Jake—Como puedes ver el bebé aun está en posición podálica, adicional a esto, la pelvimetría que se te realizó, nos arrojó que tu pelvis es muy estrecha, por lo que la cesárea es lo más recomendable, tanto para ti, evitar que sufras algún desgarre como traumatismos para el bebé a la hora del parto.
—Está bien, bro, tu eres el que sabe de eso ¿Nena estás de acuerdo?—Le dije mientras besaba su mano. Yo estaba sentado a su lado.
—Claro, Jake lo importante es que todo salga bien ¿No?—Dijo mi hermosa mujer. Estaba asustada.
—No tienes nada de qué preocuparte, todo saldrá excelente, es más ya estas lista para tener a tu bebé cuando quieras, igual en estos casos, no podemos esperar a que cumplas las cuarenta semanas, ¿Qué les parece si lo programamos para después de navidad? —Decía, mientras le pasaba una servilleta a Bella para retirar el gel de su pancita.
—Ok—Fue lo único que dijo Bella.
—Veamos—Dijo Jake, mientras revisaba el calendario—El veintisiete ¿Estaría bien para ustedes?
—Perfecto—Habló y me miró a los ojos, los tenia húmedos, sus lagrimas estaban a punto de derramarse—¿Te parece bien, Edward?
—Claro, nena, me parece genial. Ya estoy loco por tener a nuestro bebé en brazos—Le dije con una enorme sonrisa, haciéndola sonreír a su vez.
—Ok. Entonces voy a preparar todo, tienen que estar aquí a las siete de la mañana en ayunas, Isabella si tienes algún dolor o contracción, ya saben, me llaman inmediatamente—Le tomó de la mano para que se incorporara.
Después de salir de la consulta, nos fuimos a comer, noté que Isabella estaba un poco intranquila, lo que hacía era darle vueltas y jugar con la comida.
—Nena ¿Qué sucede? —Pregunté—No te gusta ¿Quieres ordenar otra cosa?
—Estoy asustada, Edward no te alteres, pero mi madre murió al yo nacer y eso me tiene un poco de los nervios.
—¡Oh, por Dios! Amor no va a pasar nada—Me levanté de la mesa y me arrodillé a su lado, abrazándola—No pienses en eso, todo va a estar bien, ya verás.
Pasamos las navidades en familia, excelente como cada vez que nos reuníamos, decidimos pasar todos esos días en los Hamptom hasta el día del parto. En realidad prácticamente vivíamos todos allí. Alice se había trasladado desde hace un mes, después del nacimiento de Anthony y, mis padres felices como unas perdices. Y yo estaba más tranquilo de que Bella estuviese acompañada todo el día, y ella feliz porque podía aprender y practicar con nuestro sobrino.
Esa mañana nos levantamos muy temprano, Bella en este último mes dormía poco y se levantaba a cada rato al baño. Nos dimos una ducha juntos, me encantaba enjabonar todo su cuerpo, a ella se le dificultaba un poco por lo redondita que estaba, y yo lo disfrutaba. Se vistió con unos leggins cómodos y una de mis camisetas, mientras yo, ya vestido la ayudaba a bajar, portando una pequeña maleta con sus cosas.
Mis padres decidieron acompañarnos, así que Carlisle manejaba, mientras yo abrazaba a mi hermosa Swan en la parte trasera del auto.
Llegamos y después de darle un largo beso a mi mujer, se la llevaron a quirófano. El tiempo parecía estar detenido. Un par de horas después salía Jake con una enorme sonrisa.
—Hermano, felicitaciones. Eres padre de una hermosa niña—Dijo abrazándome—En hora buena.
—¿Isabella?
—Las dos están en perfectas condiciones, las están preparando para subirlas a la habitación. Vamos les acompaño.
—Muchas gracias, bro.
—No hay nada que agradecer. Felicitaciones para ustedes también abuelitos.
—Gracias Jake—Dijo mi padre dándole unas palmadas en la espalda.
Yo estaba realmente feliz, todo había salido excelente, mis padres me dieron unos minutos para estar a solas con mis dos mujeres.
—Anda, hijo, ve con Isabella, luego vamos nosotros—Mi madre siempre con un paso adelante. Le agradecía el gesto, este era un momento muy importante para mí, para los tres.
Isabella estaba dormida, y mi pequeña nena a su lado, acurrucada en una cunita. Me acerqué y le di un beso en la frente. Luego fui y tomé a mi nenita en brazos, mi hermosa Kate ¡Dios era un hombre muy afortunado!
—Hola hermosa, bienvenida a este mundo de locos, te prometo que te protegeré con mi vida si es necesario, te prometo que siempre estaré aquí para lo que necesites. Te amo—Ahora si entendía perfectamente el significado enorme de esta pequeña palabra.
—Que lindas palabras, Edward—Escuché susurrar a mi mujer.
—Nena, te desperté—Le dije mientras me acercaba de nuevo a ella y besaba castamente sus labios.
—No, ven siéntate aquí—Palmeo a un lado de su cama.
—¿Estás segura?, amor te puedo lastimar.
—No lo harás, te necesito aquí a mi lado.
—Gracias por este regalo, Isabella. Es la nenita más hermosa del mundo mundial, como dice Nella—Dije sonriendo—Te amo, las amo y lo más importante, ya no estarás sola.
FIN
Muchas gracias….Besos de a dos.
Cleo
