Alguien me preguntó qué había sido de Belle. Suelo poner ese tipo de cosas al inicio, pero se me pasó por completo.

Las ideas iniciales para este fic se me ocurrieron en los tiempos de Lacey. Y en contra de lo que pueda parecer por mis relatos, no es que no tenga mis preferencias rumbelle, sino que simplemente no comparto el desarrollo de ciertas partes. Así que podríamos decir que el fic está ubicado en esa época. Si lo preferís, en algún universo alternativo en el cual el tema de Lacey hubiera evolucionado de otro modo. En el que quizá (y más allá del final de temporada), Gold no se hubiera conformado de primeras con Lacey, y en el que hubieran seguido caminos distintos que quizá se volvieran a cruzar en el futuro (o no).

Y después de todo este rollo de explicación, aprovecho para decir que me queda poco. Muchas gracias por leer :D


Venganza

(Regina)

Aún medio atrapada en mis sueños, sentí unas manos sobre mi. Debería haberme sobresaltado, pero había aprendido a reconocerle incluso en los mínimos roces.

Durante una fracción segundo, me pregunté cómo habíamos llegado a eso. A que no me preocupara que entrara a hurtadillas en mi habitación. A confiar en que las intenciones del otro serían buenas, a pesar de las grandes diferencias del pasado. Esa inesperada complicidad me desconcertaba.

Abrí mis ojos, y vi mis muñecas atadas en la cama. No con magia, sino al estilo tradicional. Y cuando tomé conciencia completa de la situación, sonreí. Si pensaba que así iba a controlarme...

- Adelante, hazlo – me retó con un extraño brillo en sus ojos.

No tardé ni dos segundos en entenderlo. Habíamos acordado no usar magia. No después de las consecuencias de la última vez. De hecho, sus palabras textuales después de lo sucedido, habían sido: "Si tú no utilizas magia, yo tampoco". Y era un problema, porque no me convenía entrar en ese juego. No quería ni imaginar lo que podía ser estar inmovilizada durante horas a su merced. Algo perfectamente viable, considerando que él dominaba mejor que yo ese hechizo. Por supuesto, sin contar con el truquito del calor...

Tuve el presentimiento de que la idea ya rondaba su cabeza, así que no iba a darle la excusa.

Le permití hacer.

Su rostro se acercó para besarme, mientras sus manos se perdían bajo el camisón. Descubrió mi piel, me acarició suavemente, y luego dejó que su boca se encargara. Primero rodó sobre mis pechos, y en seguida fue bajando con lentitud hacia mi vientre.

Su mano bajó entre mis muslos, tocándome sobre la ropa. Reaccioné al contacto mientras nuestros labios se entendían. Aspiró mi aliento y profundizó el beso. Retiró la lencería y rozó directamente mi sexo. Me puse peor. Mi respiración se aceleró y mi cuerpo al completo se revolvió.

Uno de sus dedos resbaló en mi. Gemí en su boca y arqueé mi espalda. Le sentí sonreír.

Se desvistió y se situó sobre mi. Sentí su erección contra mi entrada, y me supe ansiosa porque siguiera. La espera era demasiado...

Se deslizó una vez, rápida e inesperadamente. Perdí el control sobre mi voz que resonó en el cuarto. Se retiró y le maldije. No podía aguantar su pequeña venganza.

Cambió sus planes. Su boca se dirigió de nuevo hacia mi vientre, pero esta vez, siguió descendiendo hasta encontrar el punto exacto en que recrearse. No se detuvo. Continuó hasta que me convirtió en simple instinto. Hasta que sólo quedó esa necesidad primaria que no sabes cómo manejar. Hasta que me liberé.

Después soltó mis muñecas, y con su peso encima me descubrí buscando mi propia revancha. Quería demostrarle aún no sabía muy bien qué. Quizá que yo tampoco necesitaba de la magia para seducirle, o a lo mejor sólo era una pretexto.

Me las arreglé para ello. Desperté una parte de esa ansiedad que le había descubierto anteriormente. Le embauqué del mismo modo que él a mi. Y con su cuerpo encajándose contra el mío, le hice caer sin dificultad. Aunque en el proceso, no pudiera evitar que me arrastrara por segunda vez.