Declaimer: Naruto no me pertenece.

Advertencia: Lo mismo de siempre.


Tentación

Nunca, pero nunca en mi vida creí llegar tan bajo como ahora.

¿Por qué lo digo?

Por el simple hecho del deseo que tengo aquí, escondido debajo de esta máscara.

Máscara inexpresiva que por dentro siente celos.

Celos de lo que no tengo.

Celos de los que otros sí tienen.

Celos de todo y nada.

Y quizás, celos porque, sí lo tengo, y no lo veo.

La envidia me corroe, la ceguera me acompaña.


11. Envidia


¿Cómo podías sentir algo así? ¿Cómo? No lo entendías. Te enfurruñaste más en tu lugar, cerrando los brazos sobre tu pecho, clavándote las uñas en los antebrazos y rezando para que toda esa mierda romántica acabara pronto. Joder, y te molestaba. Te molestaba, te molesta y te molestaría. Siempre. O eso pensaste en ese momento. Volviste a observar los ojos azules brillantes como dos luceros en medio del mar, destilando amor, viste el sonrojo creciente en el rostro femenino en respuesta por la penetrante mirada y casi te dieron ganas de vomitar.

Era la estúpida fiesta de compromiso de Naruto y Hinata y tú estabas allí, en medio de los dos novios, cual maruja cuarentona. Tú, el genio Hyuga, poderoso ninja de la Villa Oculta entre las Hojas, tú que alcanzaste el rango de jounin antes que cualquiera de los zoquetes que tenías por compañeros. Sí, tú, Neji Hyuga, haciendo de carabina. Todo un caso. Y ya no sabías que era lo más que te molestaba. Sí las miradas furtivas, los sonrojos o esos gestos extraños, exagerados e idiotas que hacía Naruto, aunque obviamente él creía, en su eterna idiotez, que era discreto al hacerlas. Ni una mierda. Hoy, realmente, estas de malas pulgas ¿eh, Hyuga? Un alma bondadosa diría: "Déjalos vivir su amor". Y tú responderías: "¿Amor? Esos dos eran más bien miel en estado puro". Y seguía molestándote.

Pero ¿qué te molestaba exactamente? Ahí estaba el problema de la cuestión, no estabas totalmente seguro, o sí lo estabas y no querías admitirlo, porque eras demasiado orgulloso para admitir que te molestaba que se demostraran su amor allí, en tus propias narices, porque sentías celos. Sí, celos. Putos y jodidos celos. De esos que te queman la sangre y te hacen incomodarte e irritarte con extrema facilidad. Pero no eran de esa clase de celos que te explotaban por la venas y te creaban esos instintos homicidas. No. Esos últimos se debían a otra clase de cosas, que ya habías experimentado, para tu desgracia. Estos celos eran por el hecho de que ellos recibían, sobre todo, recibían, y daban amor y tú no.

Sí, maldita sea, sí. Tú, el genio Hyuga, estabas molesto porque el prometido de tu prima y ésta se dedicaban a demostrar y pregonar su pasteloseria cursi delante de ti y como bien dice el dicho "No comas dulces delante de un hambriento". Parecía que esos dos no fueron el día que el maestro Iruka dijo eso en la academia. Y…mierda. Estabas enojado contigo mismo por sentirte de esa forma tan patética.

Pero lo ocultabas. Te encontrabas perfectamente sentado, con la espalda perfectamente recta y el porte perfectamente indiferente. Los brazos cruzados contra tu pecho, clavándote discretamente las uñas en la carne, tratando de concentrarte en el dolor, que ni tan siquiera sentías. Todos tus sentidos seguían atentos, como un depredador, cada movimiento que hacía la parejita feliz. Y resoplaste asqueado, exasperado y jodidamente alto, tanto que la tierna Hinata se recompuso, dándose cuenta de su comportamiento, y su novio te observó con los ojos entrecerrados y fingida suspicacia, que dudadas que tuviera.

– ¿Qué? –le gruñiste al rubio, mirándolo de soslayo.

–Nada…pero estás más gruñón y amargado que de costumbre, de verás. –te respondió, con la misma mirada.

Tú decidiste ignorarlo.

Aunque, hay que reconocerlo, tenía razón.

Permaneciste allí, sentado como un pasmarote durante más de media hora, pasaste la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados y en la misma perfecta posición. Por dentro no parabas de rezar para poder largarte de una puñetera vez de esa mierda de fiesta. Porque…joder. Si no tenías suficiente con los novios, también tenías que ver, como, casi todos los invitados, comenzaron a beber y ponerse más cariñosos de lo normal. Esto era patético, absurdo e ilógico. ¿Qué carajo hacía él en ese sitio? ¿No podía simplemente irse?

Nop, claro que no. No era correcto.

– ¿Neji, no quieres un poquito de sake? ¡De verás!

Y ese era el estúpido de Naruto. Se abalanzó sobre él, pasándole una mano por el cuello. Sus mejillas estaban sonrojadas, pero no de vergüenza, eso seguro, hablaba a trompicones y medio se tambaleaba, mientras, una tímida Hinata trataba de controlarlo inútilmente.

–Naruto, deja a Neji tranquilo–le pidió su suave voz, jalando de su brazo–Lo siento, primo.

–No te preocupes. –trataste de no sonar tan brusco, pero lo fuiste.

Apartaste al rubio y decidiste que no podías más. Te dirigiste a la salida, abriendo una de las puertas corredizas y saliste al esplendido jardín dominado por la más absoluta oscuridad de la noche, iluminada, apenas, por unos pequeños farolillos y la luz de la luna. Y la distinguiste a unos metros de distancia, parada descalza en medio de la hierba, abrazándose a sí misma y contemplando el cielo, embelesada. Una suave brisa removía su largo cabello castaño, extrañamente suelto, y su vestido azul vaporoso. Hermosa.

Y sentiste que tenías que protegerla, que debías atraerla hasta tus brazos y transmitirle todo tu calor acumulado durante esa larga velada con su ausencia. Lo hiciste. Guiado por ese impulso natural, efímero y resplandeciente, te acercaste cual depredador a su presa, tan sigiloso como un gato la atrapaste, atrayéndola contra tu pecho.

Ella, en vez de asustarse o apartarte, aceptó el toque. Te reconoció al instante. Tomó entre sus manos las tuyas posadas en su cintura y se acurrucó más contra ti. Permanecieron en silencio lo que te pareció un instante, mierda, el tiempo con ella siempre se iba taaaan rápido. Y te negaste a que se fuera, te negaste a dormir solo esa noche, te negaste a tener como compañera a la soledad. Sip, te negaste.

La tomaste de la mano y comenzaste a guiarla. Ella no dijo nada. Tú tampoco. Las palabras sobraban entre ambos, supusiste. Y te preguntaste a qué nivel habían llegado con todo aquello y cuándo lo hicieron. Porque no te diste cuenta. No te diste cuenta de en qué jodido momento ustedes dos se entendían así. Y….maldita sea, te gustaba sentirte de esa manera.

Giraste el pomo de la puerta, la abriste y cerraste en menos de un segundo. Y contemplaste tu obra. Ella estaba en tu habitación. Tu compañera de equipo estaba en tu habitación. ¿Y sólo era eso? ¿Tú compañera de equipo? ¿Tú amiga? No lo pensaste demasiado, te decidiste abalanzar sobre ella, besándola.

No lo soportabas más. La besaste con fiereza, deseoso de probar esos carnosos labios rosas, frustrado por todas las veces que durante esa maldita fiesta deseaste probarlos, ser tú el besado, ser tú el que recibía esas miradas cargadas de amor. Porque sí. Toda la puta noche estuviste maldiciendo la asquerosa cursilería y romanticismo que destilaban la parejita feliz, y sin embargo, tú te imaginaste en esa situación con ella. Tenten.

Pese a todo, pese a la rabia con la que tus labios se movieron sobre los de ella, Tenten trasformó el beso apasionado en uno más lento y suave, con su tacto delicado y sus movimientos pausados, te fue domando, como una directora de orquesta. Tu lengua y la de ella, chocaron, enfrentándose, y de todas formas, tú sabías que ella ganaría. Porque su melodía te adormecía.

Ambos se fueron desnudando mutuamente, la ropa cayendo, poco a poco al suelo, quedando desnudos uno enfrente del otro. Para tu sorpresa, la empujaste delicadamente sobre la cama y te diste cuenta de que esta era primera vez que la tenías a ella en tú cama. Sonreíste con socarronería, ella te miró a los ojos, sin comprender exactamente el chiste. Tú tampoco le pensabas responder, estabas más interesado en hacer otras cosas.

Bajaste por su cuello, mordiéndolo y lamiéndolo a tu antojo. La escuchabas suspiras contra tu oído y calvarte las uñas en los hombros. Excitante. Querías colocar tus manos en todas partes, abarcar con ellas la mayor cantidad de piel que pudieras. Por eso, terminaste ayudándote con tu boca. Bajando y bajando. Subiendo y subiendo.

Te frotaste contra ella, sintiendo su cuerpo tibio, un bálsamo para el tuyo propio, caliente. Con tus manos le abriste las piernas, pero para tu sorpresa, no fue algo brusco, más bien fuiste delicado. Recorriste la cara interna de sus muslos, sin llegar a rozar su centro, excitándola, provocándola. Alzó las caderas en respuesta. La fricción entre sexos fue inmediata.

–Neji–susurró en tu oído.

Y no lo soportaste más. La penetraste. Fue algo lento, no tan duro, como siempre. Por algún motivo, inexplicable, querías disfrutar ese momento, querías grabarlo a fuego en la mente de ambos, aunque ya estaba grabado. La embestiste de igual forma, sin llegar a ser una tortura, es más, disfrutaste más las estocadas así, que haciéndolo fuerte, cabalgándola sin descanso.

Y no pudiste evitar preguntarte si de verdad hoy estabas follando con tu compañera de equipo o, por el contrario, estabas haciendo el amor con Tenten. Sonreíste con ironía. Toda la puta noche, condenado por la jodida envidia, consumido en el ardiente infierno y ahora te dabas cuenta de la absurda verdad: Tú ya tenías lo que envidiabas.


Mátenme T.T Lo sé, me tardé horrores y encima no es el mejor capítulo que hago, pero la inspiración me abandonó para este fic, aparte de que sufrí una época de bloqueo permanente. Había tratado muchas veces de escribir el capítulo, incluso lleva mucho empezado, pero no le había dado fin, hoy pude en un momento de iluminación divina y tampoco es la gran cosa. No puedo más que pedirles disculpas u.u

Nos leemos! ^^