Ya habían pasado varios días de la conversación del rubio y la castaña en la biblioteca, y no se habían dirigido la palabra. Los días se resumían en verse mientras comían, sin dejar escapar alguna palabra, pactando una apuesta silenciosa, ninguno se daría por vencido tan rápido.
Era 19 de Septiembre, un día normal y corriente, pero por primera vez en muchos años, Hermione se sentía realmente emocionada por su cumpleaños, la chica no había dormido nada durante la noche, pensando en la mejor forma de celebrar su día especial, aunque 17 años es una edad normal, y tampoco son muy comunes las fiestas y reuniones en su familia, la ojimiel, explotando de alegría, planeaba un buen día, nadie le arruinaría su felicidad en su cumpleaños.
―Hermione, ya logramos hablar con McGonnagall, nos dijo que podríamos aparecernos en el colegio hoy a partir de las 10 de la noche, cuando todos los alumnos estarían dormidos― expresó un moreno, entrando a la habitación de la castaña.
―¡Qué bien! El mejor regalo del mundo, regresar a Hogwarts― respondió la muchacha.
―Me alegra que estés feliz, aunque yo no comparta tú sentimiento― expresó un pelirrojo, intentando animarse,
―¿Pero cuándo empiezan las evaluaciones? Las clases se empezaron hace dos semanas y aún no sabemos nada de los horarios…
―Debes relajarte Hermi― dijo Harry, colocándose junto a su amiga.
―Aún no tenemos esas informaciones, debemos esperar hasta la noche para saber― murmurró un pelirrojo.
―¿Cómo haremos para convencer a Malfoy para que podamos irnos de aquí?― preguntó Potter, observando a sus amigos pensando en un plan.
―Eso déjenmelo a mí, yo tengo una idea― respondió la joven, asomando una sonrisa en sus labios y picándole un ojo a los chicos.
―Confiamos en ti, pero ten cuidado Herms, es Malfoy― susurró Ronald, un poco molesto.
Los chicos sabían que estaba sucediendo algo entre su amiga castaña y el chico de ojos grises, no actuaban normal y casi nunca hablaban, pero siempre veían a ambos jóvenes dedicándose miradas perdidas y poco disimuladas, tan poco disimuladas, que Ron pudo adivinar que algo estaba pasando entre esos dos chicos.
Ese mismo día, tres horas antes de su ida, cuatro muchachos se sentaron a comer para llegar al colegio de magia con energía, cierto rubio tenía un mal semblante, se retiró rápidamente, alegando que había cosas que arreglar, Ron y Harry no supieron cómo hizo Hermi para convencer al chico de que se fueran.
Faltando treinta minutos para las diez, en una habitación al este de la casa, se escuchaba a dos jóvenes peleando a todo pulmón:
―La alegría que tenía hoy me la arruinaste hurón.
―Hermione, sabes que no estoy de acuerdo y, espero tengas claro, que no te dejaría ir si no fuera porque McGonnagall no permitirá que te dañe persona alguna.
―Además, recuerda que compartiremos torre, no vivirá más nadie con nosotros Draco.
―Podremos vivir, al menos un año, en algo de paz de pareja.
―¿Paz de pareja? ¿Y eso?
―Podremos estar juntos y nadie lo prohíbe, dormir en la misma habitación, cocinar un poco, estudiar juntos, comer juntos…
―¿Tenemos derecho a cocinar y comer en la torre, seguro?.
―Sí, está en la carta que nos dio McGonnagall cuando nos dio la noticia.
―¿Cuándo salí corriendo al enterarme?
―Y dejaste tú bufanda morada en la oficina, la carta está en la bufanda.
―No he tocado esa bufanda desde que me la diste.
―Eso quiere decir que no leíste la carta.
―¿Cómo sabría que había una carta si no me dijiste?
―Asumí que la verías en la bufanda, al desdoblarla.
―No la he desdoblado todavía, y está en la Madriguera.
―Por cierto, la pelirroja menor, va a llevar un baúl al colegio, tiene tus cosas y las de tus amigos, deberías ver esta oportunidad como algo bueno.
―¿Bueno? Mis cosas no estarán conmigo, ¿cuál es la parte positiva de eso?.
―Dejarás que te compre ropa nueva.
―Yo me la puedo comprar, me niego a tus estilos de moda.
―Pero son muy nuevos, ¿por qué no estarías de acuerdo con las prendas que te compre?.
―Porque son muy reveladoras, para mi gusto.
―Tranquila no te vestiré como Pansy, y menos como Daphne, nunca dejaría que eso pasara.
―Y yo nunca aceptaría vestirme como ellas. Yo soy Hermione Jane, no una cualquiera.
―Hermione Jane que me trae loco, y que va a dejar que le compre algo de ropa nueva.
―Disculpen la intromisión jóvenes, pero deben irse, ya son las diez en punto.
―Gracias Winky, ¿puedes decirle a los chicos que ya estamos en camino al salón?
―Claro, Hermione― finalizó la elfina con un plop de desaparición.
―Debemos irnos Draco― murmuró un poco contenta la ojimiel.
―Sigo negándome Hermione― masculló tomando de la muñeca a la muchacha, y caminando con ella al gran salón, donde pronto se desaparecerían de la casa de campo al colegio que tanto querían.
Al salir de la chimenea, se dieron cuenta que aparecieron en la oficina de la directora, la cual los esperaba pacientemente. Sin más dejó que Harry y Ron se fueran a la torre de Gryffindor, y les prohibió moverse a Hermione y a Draco, habían cosas importantes de las cuales hablar, asuntos relacionados con su rol como premios anuales, iniciando por la contraseña de su sala común y la regla inicial de "Más nadie puede entrar a su torre, el que rompa esta regla, será merecedor de un castigo", observando pensativa el comportamiento de los dos muchachos.
