Gomenasai
11- Dejándose Querer:
Desde el marco de la habitación veía como cada día que pasaba, aquel pequeño lugar se iba transformando en un sitio agradable; unas grandes ventanas con cortinas de un azul claro, una butaca de color verde, dos cunitas color marrón, dos pequeños armarios, juguetes...
Todo iba creciendo al igual que su barriga, al igual que el cariño que sentía por aquel joven que tenía la cara llena de pintura, aquel joven que sonreía y le daba unas largas charlas a su abultado estómago. Quizás en algún lugar de su cerebro sabía que eso terminaría acabando así; quizás ya lo esperaba.
El rubio giró para verla, le sonrió y casi de manera involuntario le devolvió la sonrisa, se acercó a él y le abrazó. El joven no se lo esperaba, pero no dudo ni un segundo en proteger aquellas tres personas sobre sus cálidos brazos.
- Te amo...-susurré el joven.
- Lo sé.
En aquel momentáneo pacífico lugar, las noticias corrían como la peste. La mitad de la aldea ya estaba al corriente del compromiso de las dos grandes familias de la aldea. La unión de los Hyugas con los Uzumaki. Se podría decir que era el evento del año, y la mayoría de los comercios se dedicaban a adornar todo a su antojo. Cada vez que ella salía de su mansión, la gente le regalaba enormes cestas con comida, fruta y otras grandes bolsas con cosas de bebés, además de largas charlas para ser una esposa perfecta, además de madre y ninja perfecta. Algo que en los últimos días estaba reconsiderando de forma grave.
Siempre le había gustado su trabajo, adoraba enseñar, salir de misión y meterse en peligro. En cierto modo adoraba preocupar a su padre, y por eso, en parte, le encantaba estar al lado del Uchiha. Inconscientemente se llevó la mano al abdomen y sintió casi con tristeza como uno de sus bebés pateaba con fuerza su abdomen. Sonrió y siguió caminando, a pesar de que ya ni se podía ver los pies, prefería salir, caminar y alejarse un poco de la familia, la boda y los futuros problemas que se debería preparar cuando sus hijos salieran de sus entrañas.
Terminó prácticamente sin darse cuenta, en la antigua residencia de los Uchihas. El portón de madera estaba totalmente oscurecido y podrido, las antiguas tiendas cerradas, con telarañas y feas manchas en el suelo y las paredes. A pesar de que habían pasado años aún se podía sentir la presencia de los muertos, la sensación de pánico y por primera vez desde que supo que estaba embarazada, comprendió que dentro de ella estaba naciendo el futuro del clan Uchiha...
Quiso adentrarse más en la residencia, pero tenía el presentimiento que si lo hacía no dudaría en ningún momento en salir corriendo y buscar a Sasuke. No podía obviar y olvidar que lo seguía amando, que cada partícula de su ser lo añoraba, que parte de su alma se había quedado con él. No podía seguir mintiendo más a su corazón, pero por mucho que le doliera se casaba la semana siguiente... tenía el vestido de novia justo a su medida, los adornos y el lugar donde se iba a celebrar la ceremonia. No podía dar marcha atrás, si lo hacía todo su esfuerzo, todas las mentiras de Naruto no hubieran servido para nada. Se tragó las lágrimas y dio media vuelta para volver as u gran mansión y prisión...
Los paseos solitarios pronto fueron imposibles, y siempre debía ir acompañada por su supuesto prometido y padre de sus hijos. Los paseos siempre eran más largos de lo que sus pies de embarazada podían aguantar, por lo que cortezmente Naruto le llevaba hasta un banco para que se sentara y luego proseguir caminando. Normalmente volvían a la mansión cuando el sol se había ocultado y la luna tomaba total protagonismo en el cielo. En esos trayectos las conversaciones siempre escaseaban, pero ese día, sabiendo ambos que cuando terminara esa semana, serían marido y mujer, no pudieron contener las palabras y hablaron..
- ¿Cuanto aguantarás más?- pregunto el rubio deteniendo la marcha.
- Siempre...-susurró ella. Ya se había dado por vencida de esperar al joven Uchiha, sabía que el no volvería, que tendría que casarse con alguien que no amaba de esa manera y que debía criar a sus hijos así. No podía privar a sus bebés de tener un padre.- Quiéreme... Naruto, como lo has estado haciendo hasta ahora... simplemente quiéreme.
Sabía que era algo cruel, lo sentía en cada célula de su ser, pero tampoco podía hacer nada para combatirlo. Era consciente de que cuanto más amor le procesara el rubio, más se enamoraría ella. Era un perro herido, amaría y alabaría a cualquier persona que le ofreciera un cariño o una sonrisa sincera. Y esa persona era Naruto, siempre lo había sido. Era cruel clasificarlo como el segundo plato, aunque en esas circunstancias nunca lo había sido...
Naruto siempre había estado ahí, era el prometido de Hinata desde hacía mucho tiempo, por lo que el segundon era Sasuke...
El lugar donde se realizaría la ceremonia era lejos de el centro de Konoha. Normalmente las celebraciones se hacían en algún templo cercano, o en alguna casa señorial. Pero aquella boda era especial, demasiado especial para limitarse al centro, por lo que se trasladaron: El templo estaba cerca a una cascada y la linde del bosque que daba a un poblado vecino. El lugar era agradable, pacífico, enorme y se podía respirar tranquilidad. El templo estaba bien cuidado, toda y cada una de las habitaciones enormes, con tatami pulcro, baños termales enormes y cocina esquisita. Era una tontería mudarse cuando faltaban tres días para la boda, pero ambas familias habían decidido que era mejor que la pareja comenzara a vivir sola, aunque fuera en otro lugar ajeno a su hogar.
La habitación pre nupcial daba a la cascada, se escuchaba el caer del agua y cuando la luna salía se veía reflejada en el agua cristalina, era un bonito lugar para amarse y lo hicieron. Los tres días antes de la boda. Naruto era un espléndido amador, tenía unas grandes manos, labios dulces, caricias tiernas y palabras amables, Jamás hacía más daño de lo necesario, jamás se ante ponía a su placer antes que el de ella, se detenía antes de que los bebes pudieran sentir el movimiento. Era un dios en la cama y fuera de ella. Para Hinata era mejor el masaje de los pies que le daba, que el sexo en si. Algo horriblemente desesperante, pero era así...
- ¿Qué nombre les piensas poner?- pregunto Naruto después de hacerle el amor a los pies de Hinata.
- No lo se...-confesó.- al no saber el sexo no quiero decidir ninguno todavía...-antes de seguir miró al cielo, se avergonzó y luego volvió a mirar al joven.- ¿y tu?
- ¿Yo?- pregunto sin darse cuenta de que significaba aquello.- ¿Qué?¿Q-quieres que yo?
- Eres su padre... después de todo.
Y en esos días pre nupciales se rindió. Sasuke no volvería a por ella, por mucho que le amara sabía que el no vendría a buscarla, sabía que no irrumpiría en la ceremonia para raptarla, que no se comunicaría con ella antes de que diera el si quiero, no antes de que hiciera una familia. Tenía la extraña seguridad, de que el joven volvería cuando sus hijos nacieran, cuando ella amara a Naruto y el recuerdo de Sasuke, tan sólo fuera eso... un mero recuerdo. Lo sabía tanto que le dolía el alma, pero no podía evitarlo. Ya estaba totalmente segura de ello y debía ir a acostumbrandose a levantarse cada día con aquel hombre que hacía unos orgásmicos masajes de pies. Sonrió ante la idea.
Su nuera le peinaba el pelo, su cuñada TenTen le pintaba las uñas de las manos, su hermana le maquillaba y una de las sirvientas de confianza le arreglaba los pies. En menos de dos horas debía estar totalmente presentable, para forrarse con el vestido de novia, salir de aquella habitación y acudir a la sala donde le estaría esperando su futuro marido. Antes de ponerse el vestido le entraron las náuceas, y sabía que no era por el embarazo. Corrió al baño y arrojó con violencia todo el desayuno, aludio que era causa del embarazo y de los nervios de la boda, sonrió y pidió un momento a solas, para terminarse de arreglar ella sola. Las mujeres dudaron un poco pero no dijeron nada y se marcharon dejando a la novia pálida y sola en la habitación.
Miró el vestido que colgaba en la percha y lo admiró; un vestido de mangas largas trasparentes, con un bonito cuello con un extraño bordado, luego la parte de los senos se ajustaba para luego dejar caer toda la tela hasta el suelo, entre las tetas y el abdomen iba una enorme cinta de color violeta que hacía juego con el trabajado moño que tenía en la cabeza y los pendientes, y collar. Suspiró un par de veces y se enfudó el vestido, miró a la mujer del espejo y se dio animo. Abandonó la habitación y antes de acudir a la otra, donde le estaría esperando su padre para llevarla se detuvo en la del novio. Tocó dos veces pero nadie le contesto, con cuidado la abrió y escuchó algo que cambiaría totalmente la respuesta de la boda...
- ...cuídala, cuida a mis hijos...
- ¿Por qué?- preguntó Naruto lleno de odio.- ¡Me voy a casar con ella!¿Y tu solo me dices eso?¿Por qué no me la quitas?- exigió saber.
- Lo haré...-le aseguró.- pero no hoy...
¿Quien es el de la voz misteriosa? Juju como si no lo supieramos jjiji. En fin.. espero que se haya entendido el capitulo.
Rukia cc: No había pensado lo de la posada... me ha gustado la idea xD
puertorrican- babe: Yo también quiero apostar por Sasuket! O pero no se yo... Naruto tiene mucho poder con los masajes de pies jejej
Misaki: La vida es cruel, me gusta bastante enrrollar todo, pero todo lo que dices tienes razon u_u nose si se tendrá un final feliz.
:P
ciaooo~~~
PD: No tuve inspiración antes para escribir, disculpen el retraso de esta servidora U_U
