Disclaimer: obviamente, los personajes no son míos ni soy la Rowling, porque si fuera ella, estaría escribiendo lo que pasó durante esos 19 años intermedios hasta el epílogo. Yo solo los tomo prestados y trastoco sus vidas un poco, jeje.
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La canción que Hermione canta es "Brahms Lullaby" de Celine Dion.
Capítulo 11:
El tiempo que permaneció llorando en los amorosos brazos de la señora Weasley, le parecieron horas a Hermione. Pero se equivocaba, pues tan solo habían sido unos largos y desgarradores minutos.
Cuando levantó la vista, aun con lágrimas en los ojos, vio como la señora Weasley intentaba sonreírle a pesar de su dolor. Eso hizo que Hermione reaccionara de una vez.
No podría evitar sentirse triste y llorar algunos días del resto de su vida, pero tenia que sobreponerse a ese duro golpe del destino. Ella no era ni la más débil ni la más perjudicada, y aunque estaba bien que exteriorizara su dolor de aquella forma, debía de afrontar otros asuntos igual de importantes.
Buscó a Stuart con la mirada, pero el rubio había salido al patio trasero en compañía de los hijos de Bill, Charlie y Percy. No era un ambiente para unos niños adolescentes. Él no podía compartir su pena con los Weasley pues no conocía a ninguno de ellos, así que decidió hacer algo por los más jóvenes que tendían a afligirse desmesuradamente.
Los tres hermanos Weasley le dirigieron una mirada de gratitud cuando sugirió llevarse a los niños de allí. Además, Hermione ya no lo necesitaba.
También habían desaparecido sus antiguos compañeros de Hogwarts y ahora solo quedaba la familia.
Algo más serena, pero con manos temblorosas aun, Hermione se puso de pie y caminó hasta la escalera. Se paró al pie y miró hacia arriba. Hacia al menos 18 años que no iba a aquella habitación y sabia que el impacto, más allá de la tristeza, iba a ser fuerte.
Desconocía si seguiría igual que cuando Ron la dejó, pero solo había una forma de averiguarlo, aunque esa noche tendría que guardarse esa otra clase de dolor.
Respiró hondo varias veces y comenzó a subir las escaleras muy lentamente. El camino hacia la última planta se le hizo eterno. Pero antes de llegar allí se detuvo en la antigua habitación de Ginny.
- Ginny…-murmuró sintiendo una lágrima deslizarse por su mejilla.
En ese cuarto vivió los mejores momentos de sus vacaciones en La Madriguera. No con Harry, no con Ron…con Ginny. Aun recordaba las largas conversaciones que tenían hasta el amanecer, como se reían por nada o como se lamentaban de que tanto Harry como Ron tardaran tanto en darse cuenta de que eran chicas y que estaban locamente enamoradas de ellos.
- No se como te puede gustar mi hermano; ese cabeza de chorlito que no se da cuenta de lo que sientes por él. Insensible, la cabeza solo le sirve para llevar el pelo. –solía decirle la pelirroja todo indignada y ella solo sonreía indulgente.
Más adelante Ginny le confesó que a pesar de todos sus defectos y de que no dejara de criticarlo, Ron era su hermano favorito.
- Es imposible no quererlo en el fondo. Si hasta te ha enamorado y no se ha dado cuenta. –y meneaba la cabeza dramáticamente.
En el presente, Hermione abrió la puerta con mucha suavidad y contuvo el aliento. Todo estaba tal y como lo recordaba antes de marcharse. Después de salir de Hogwarts y que Ron la abandonara, estuvo dos años viviendo con los Weasley, con la esperanza secreta de que Ron volviera. Harry y Ginny ya llevaban algunos años juntos y lógicamente se acostaban juntos; eso no les hizo ninguna gracia a los señores Weasley, pero finalmente accedieron a cambiar la cama de Ginny por una de matrimonio. La única diferencia en la actual era la que aportaba la presencia de la cuna.
Hermione se enterneció sobremanera al ver al pequeño Leo durmiendo en su cuna y a Brian y Rose ocupar la cama. Eso también aumentó su aflicción. Dio gracias de que al menos ellos, al ser tan pequeños, no tuvieran conciencia completa de lo que había pasado. Sin duda su sufrimiento cabía esperárselo menor.
Avanzó con paso sigiloso y miró con detenimiento a Leo. El bebé dormía a pierna suelta y era tan rechoncho como cuando nació; en su cabeza se podía apreciar una fina pelusa pelirroja, y según le había dicho Ginny, tenía los ojos azules. Acarició su mejilla con el dorso de su mano izquierda; era tan suave tal tacto…
- ¿Tía Mione? –dijo una vocecita infantil.
Rose se había despertado y miraba sonriente a la castaña.
Hermione se apartó de la cuna, caminó hasta el borde de la cama donde dormía Rose y se sentó. La pequeña pelirrojita se tiró a sus brazos y la apretó con fuerza, sin saber cuanto necesitaba Hermione ese abrazo.
- ¿Qué haces despierta aun? –preguntó sosteniéndola en sus brazos.
- No puedo dolmil. –contestó la niña a la que le costaba pronunciar la r.
- ¿Y eso?
- El abuelo dice que mamá y papá se han malchado. Al cielo.
- Si, mi amor.
- Pelo yo quielo vel-los. –hizo un puchero.
- Eso no va a ser posible, mi amor.
- ¿Pol qué? ¿Pol qué no puedo vel-los?
- Porque ellos están en el cielo ahora y no se pueden ir de allí.
- ¿Y no puedo il yo al cielo?
- No, cariño. Tú eres muy pequeñita aun y tardarás muchos, muchos años en ir al cielo.
- Pelo yo quielo a mi mamá. –comenzó a sollozar.
- Lo se, mi amor. Yo también quisiera verla.
- ¿Pol qué se han tenido que il?
¿Cómo explicarle a una niña de tres años algo que ni siquiera ella comprendía?
Hermione no tenía la respuesta, así que se limitó a volver a abrazarla y acunarla entre sus brazos.
- Quielo a mamá. –repetía Rose una y otra vez.- Quielo a mi mamá.
- Shhh, shhh.
- Quielo a mi mamá. –el disgusto de Rose iba en aumento.
- Duerme un poquito, Rosie.
- N-n-no. Qui-quielo a mi ma-mamá; qui-quielo que ma-mamá me cu-cuente un cu-cuento. –se limpió las lágrimas de su carita pecosa, pero salían más.
- Eso no va a ser posible, Rosie. Mamá no va a poder leerte más cuentos.
- ¿Pol qué?
- Porque está en el cielo ¿recuerdas?
- ¿No hay cu-cuentos en el ci-cielo?
- No, mi amor.
- ¿Qué hay?
- No lo sé, pequeña.
Con un nuevo sollozo la niña se acurrucó en su pecho y continuó llorando. Hermione comenzó a balancearse muy lentamente, logrando que los sollozos fueran cada vez más pausados. Acarició el liso cabello pelirrojo de Rose y apoyó sus labios en él. Besó su cabecita con mucho cariño, y cuando la niña buscó a su muñeca preferida, la señorita Betsy, se la dio.
Rose hacia tiempo que no usaba chupete, pero esa noche se metió su dedo pulgar en la boca. Hermione se tumbó a su lado en la cama y la acomodó encima suyo, en su pecho. Siguió acariciando su pelo al tiempo que comenzaba a catar una antigua nana.
Sun is creping down
behind the hll
everything is calm
everything is still
Recordó que esa misma nana la había buscado para Lily, y que aparte de con ella no la había utilizado con ninguno de los niños. De hecho se había convertido en una costumbre que tía Hermione tuviera una canción diferente para cada uno de ellos, pero ahora solo recordaba esa.
A menudo Ginny se quejaba de que luego no había forma de dormirlos con otra canción y que tendría que apuntárselas cuando ella se marchara, pero después siempre sonreía y le decía que tenía una bonita voz.
El recuerdo de la Ginny mamá provocó que se le escapara una lágrima y que su voz se perdiera hasta convertirse en un susurro, pero en cambio, no dejó de acariciar el cabello de Rose, que movía de un lado a otro su cabecita apoyada en el pecho de la castaña.
So baby close your eyes
And rest your weary mind
Let me hold you close
I'll sing you this lullaby
La pequeña no parecía encontrar la postura correcta y sacándose el dedo de la boca, alzó su cabecita y miró a Hermione. Con su otra mano sostenía fuertemente a la señorita Betsy y no tenia intención de soltarla.
Físicamente era una copia exacta de Ginny, sus ojos chocolate eran los mismos y su cabello rojo también. A través de las lágrimas, Hermione le sonrió de forma tranquilizadora, pero Rose siguió mirándola atentamente.
Let your worries go
You fall asleep
Think of nothing more
Memories will keep
Hermione no poseía una gran voz, pero tenia la habilidad de calmar a los afligidos con ella. Rose dejó de llorar después de la segunda estrofa, pero se resistía a dormirse. Estaba claro que a falta de su madre, había cogido a Hermione como referente.
En una de sus muchas conversaciones con Ginny, la castaña supo que a Rose le costaba dormirse por las noches y que a menudo tenia pesadillas, eso era algo que compartía con Brian.
Suavemente guió la cabecita de Rose y la apoyó de nuevo en su pecho. Y es que a pesar de todo lo que estaban pasando, era agradable sentir ese pequeño peso caliente y constatar que había personas que la necesitaban.
Eso evitaba que ella también se perdiera.
Your dreams will turn to gold
And you will wake and find
That you had a smile all day
From this lullaby
Miró a su izquierda, donde Brian dormía apaciblemente. Vio que tenía los ojitos enrojecidos y supo que también había estado llorando. Y eso volvió a entristecerla sobremanera; unos niños tan pequeños no se merecían ese sufrimiento.
Porque aunque ellos no supieran exactamente lo que significaba la muerte de sus padres, el solo hecho de no tenerlos a su lado al despertar, les hacia sufrir.
La mano con la que no abrazaba a Rose, se movió por la cama hasta acariciar el moreno rostro de Brian.
Maybe somewhere in the silence
You may wake and you're all alone
Just call me and I'll be there
Si Rose era una copia exacta de Ginny, a Brian solo le faltaba la cicatriz en forma de rayo para ser la de Harry. Tan solo él y James habían sacado su cabello negro, pero a diferencia de James, Brian también tenía los ojos verdes, aunque ahora cerrados no se apreciaban.
El niño de cinco años no se enteró de nada y siguió durmiendo ajeno a las caricias de su tía.
El sufrimiento de Hermione creía por momentos, pero al mismo tiempo lograba controlarse.
Even when I'm gone
Each day will end
So I'll say goodnight
Till we meet again
Hermione apartó su mano del rostro de Brian por miedo a despertarlo y se concentró de nuevo en Rose. La niña aun continuaba despierta aunque había momentos en los que sus ojitos se cerraban, pero siempre volvía a abrirlos.
Abrazó con sus dos brazos a la pequeña y cerró ella sus ojos también. Necesitaba que la reconfortaran a ella también, y aunque Stuart era sumamente solicito y le agradecía su preocupación, no era lo que ella necesitaba.
Porque Hermione necesitaba a otra persona.
Necesitaba a Ron…
…y acababa de darse cuenta.
Now baby close your eyes
And rest you weary mind
I'll let you know the joy you bring
Everytime you hear me sing
You this lullaby
Si, Hermione necesitaba a Ron desesperadamente a su lado.
Poco le importaban en esos momentos el odio y el rencor, que supuestamente, sentía por él. Porque solo él podía entender lo que sentía en esos momentos, y solo en su abrazo encontraría ese puerto al que amarrarse.
El amor de Ron era lo mas importante que había sentido en su vida, y aunque él se marchó dejándola sola y rompiéndole el corazón, ahora, de nuevo, estaban unidos por un dolor común y mayor.
No le cabía duda de que el pelirrojo aparecería de un momento a otro.
La respiración pausada de Rose le indicó que la niña se había dormido al fin. Hermione la trasladó a la cama y cuando vio que se movía tarareó unos segundos más la canción. Después de taparla con el edredón y darle un beso en la frente se levantó.
Pudo comprobar que Leo seguía durmiendo tranquilamente en su cuna, y pensó que Ginny tenía razón al decir que era un niño muy bueno.
Con ese pensamiento salió de la habitación y se encontró con Luna en el pasillo. Se abrazaron con fuerza. Nunca habían tenido una relación demasiado estrecha por lo diferentes que era, pero ahora…
- ¿Estás bien? –le preguntó la rubia.
- No, y no tengo ni idea de cómo volver a estarlo, pero…no se puede hacer nada.
- Es terrible todo lo que ha pasado.
- Nunca, en ningún momento de mi vida barajé la posibilidad de que les pudiera pasar algo.
- Un accidente de coche no se puede prever.
- Rose me ha preguntado porqué no podía ver a su mamá y yo no he sabido qué decirle. –la castaña comenzó a llorar.
- Es muy duro. Alice dice que James esta destrozado y Lily…bueno, creo que ella te está esperando a ti para desahogarse. Están todo en la habitación de Ron, no han querido bajar para nada, ni comer, ni cenar, ni siquiera quieren que los adultos entremos.
- Están blindando su dolor.
- Sirius y Andrea, los hijos de Lupin y Tonks, también están con ellos.
- Es tarde ya.
- Muy tarde, y mañana serán los funerales a primera hora.
- No se si podré soportarlo. Es…es superior a mi.
- Lo sé.
- ¿Cómo voy a vivir sin ellos, Lu? –dijo llorando de nuevo y abrazando a su amiga.
Luna no tuvo respuesta para esa pregunta. Todos sabían la historia de Hermione y su trato especial con Harry y Ginny, que se había incrementado con la marcha de Ron.
- Voy a subir a buscar a mis hijos, es hora de irnos ya a casa. Aunque no creo que Alice quiera separarse de James. –dijo Luna.
- Lily me dijo que eran novios. –sonrió a través de las lágrimas.
- Si, son una pareja muy especial. Se parecen a Harry y Ginny cuando comenzaron a salir juntos.
Subieron en silencio hasta el último piso, donde se encontraba la habitación de Ron.
Hermione cogió aire y se limpió las lágrimas antes de coger el pomo de la puerta y la abrió.
La habitación de Ron tampoco había cambiado mucho con el paso del tiempo y por sus posters de Quiditch y sus bonitas vistas, era la favorita de sus sobrinos. Era demasiado pequeña para todos los que había dentro, pero Hermione no tuvo tiempo de mirar pues enseguida dos pares de brazos la rodearon fuertemente.
Eric y Molly habían corrido al encuentro de su tía y se aferraban a su cuerpo mientras lloraban quedamente.
Hermione sintió más ganas de llorar que antes, pero no supo como se contuvo y solo logró corresponder al abrazo con mucho amor. Ese amor que tantos necesitaban esos niños.
Luna le susurró un par de cosas, pero Hermione no la escuchó. Luego al levantar la vista y vio como los hijos de Lupin y Tonks, Alice y su hermano, y un chico rubio que reconoció como Simon Malfoy, abandonaban la habitación y la puerta se cerraba tras ellos.
Si había alguien que entendía por lo que estaban pasando esos niños esa era ella. No hay que olvidar que Hermione perdió a sus padres cuando tenia 17 años, y todo ese dolor que ella creía perdido la estaba golpeando de nuevo.
Pero ella tenía a Ron a su lado, recordó de nuevo.
Nunca pensó que lo volvería a necesitar de esa manera, porque nunca pensó que lo que acababa de ocurrir pudiera ocurrir algún día.
James se unió al abrazo con su tía y eso consiguió sacarla de sus pensamientos. Acarició sus rostros y sus espaldas, sabiendo que ningún gesto borraría ese dolor que sentían, pero algo tenía que hacer.
Los tres niños lloraban quedamente y quedó claro que la estaban esperando a ella para compartir su dolor.
Hermione volvió a perder la noción del tiempo y no supo cuantos minutos estuvieron abrazados. James, puesto que era el mayor, luchaba por sobreponerse y dar ejemplo a sus hermanos, pero Hermione le dijo que no guardara nada de su dolor. Eric y Molly no dejaban de preguntar porqué a sus padres, y Lily…
A Lily ni siquiera la había visto.
James le indicó con la cabeza que Lily se encontraba afuera, en el tejado, y más tarde supo que aparte de Simon Malfoy, nadie había podido hacerle compañía.
Decidió dejar a Lily para el final, pues conociéndola sabia que tendría toda la noche. Caminó con sus sobrinos hasta sentarse en las dos camas que había en la habitación; de los tres, Molly era la que se mostraba más afligida, aunque Eric también estaba bastante mal.
James y Eric ocuparon una cama, abrazados, cuidándose el uno al otro.
Molly rehusó soltarse de Hermione bajo ningún concepto. Así que la castaña se tumbó con ella en la cama y la abrazó como minutos antes había hecho con Rose.
- No es justo. –James rompió el silencio.
- Eran muy buenas personas ¿porqué se han tenido que morir? –preguntó Eric.
- No hay respuesta para eso, cariño. –respondió Hermione.
- Pero nosotros los necesitamos, necesitamos a papá y mamá.
- Lo sé, Eric. Sé por lo que estás pasando.
- Quiero ir con mamá. –dijo Molly.
- Yo perdí a mis padres cuando tenía 17 años, sé lo que se siente.
- Me duele todo el cuerpo, pero no puedo dejar de llorar. –sollozó Molly.
- No puedo cerrar los ojos porque enseguida los veo. –dijo James.
- Y yo me siento muy mal. Quiero morirme para estar con ellos. –dijo Eric.
- Nunca vuelvas a decir eso, Eric. –le reprendió Hermione.- Se como os sentís, yo pasé exactamente por lo mismo y pensé lo mismo que tu, Eric. Pero una persona me dijo que aunque me pareciera imposible en esos momentos, llegaría un día en que dejaría de estar triste y lo superaría. Que lo superaríamos juntos, y que cuando volviera a sonreír ahí estaría él, y que cuando recuperara las ganas de vivir, allí estaría él…
- ¿Y lo superaste? –preguntó James.
- Si, con el tiempo. Aunque no los he olvidado y a veces me pongo triste y lloro al recordarlos, otra me río de cosas que viví con ellos… Y así es como debemos recordarlos, solo en los buenos momentos y reírnos con ellos.
- Tía…esa persona… -James sabia demasiado como para no reconocerla.
- Si, James. Era tu tío Ron.
- Pero él te quería.
- Si, y vosotros tenéis muchas más personas que os quieren. Yo os quiero mucho y voy a estar con vosotros siempre. Juntos vamos a salir de esta tristeza. No será hoy, ni mañana, ni la semana que viene, pero cuando sea…yo estaré allí.
Molly se quedó dormida escuchando la tranquila voz de su tía y Eric poco a poco fue ahogando sus sollozos hasta que también se quedó dormido de puro agotamiento.
Hermione no sabía de donde había sacado esa serenidad que no sentía, pero no se detuvo a analizarlo. Dejó a Molly en la cama y se acercó a James; el joven liberado de su tarea de hermano mayor, pudo desahogarse en el abrazo de su tía.
- Mi pequeño Jimbo. –dijo besando su mejilla y utilizando el calificativo de cuando era pequeño.- Lo siento tanto, tanto, tanto.
- Eran buenas personas ¿porqué tuvo que ocurrirle a ellos?
- No lo sé, mi amor. No lo sé.
- Es que no lo entiendo.
- Yo tampoco.
- Un día antes escribía una carta a mamá y al siguiente ya no existía ninguno de los dos. –James comenzó a llorar.
- Shhh, shhh, shhh.
- ¿Cómo voy a vivir con tanto dolor?
- Vivirás. Ahora todo parece indicar que no, pero vivirás.
- No quiero hacerlo sin ellos, no puedo vivir sin ellos.
- Yo tampoco. –dijo Hermione llorando también.- Pero para eso nos tenemos los unos a los otros, para apoyarnos y que cuando los recordemos no sintamos pena ni dolor, sino alegría por el tiempo compartido con ellos.
- Pero fue muy poco, yo necesito mas tiempo.
- Nunca hay tiempo suficiente para pasarlo con las personas que quieres.
- ¿Cómo voy a recordarlos con alegría? ¿Cuándo voy a dejar de sentir este dolor tan grande que agujerea mi corazón?
- Solo el tiempo tiene la respuesta.
James siguió llorando unos minutos más, pero sintiéndose algo reconfortado por las palabras y las caricias de su tía. No era mas que un niño al que le había tocado crecer de golpe, igual que a Hermione.
Pasaba de la medianoche cuando James se durmió al fin y se acurrucó junto a su hermano Eric.
Hermione escondió su rostro entre las manos y lloró en soledad. La conversación con James había sido dura, y no sabia de donde había sacado todas esas palabras, pero se alegraba de haber conseguido que el muchacho se durmiera.
En su mente se hizo la misma pregunta que los niños.
¿Por qué? ¿Por qué ellos?
La muerte de Harry y Ginny nunca tendría una justificación para ella.
En el silencio de la noche el ulular de un búho le recordó que todavía faltaba una persona a la que consolar. Y quizás después de James y la señora Weasley, sería la más difícil.
Se limpió las lágrimas y salió al balcón que daba acceso al tejado.
Lily permanecía agazapada en las sombras y solo la luz de la luna iluminaba una parte de su rostro. Hermione se sorprendió al comprobar que no había lágrimas o rastro de ella. Subió al tejado y se sentó a su lado. Lily no pareció notarlo y siguió mirando al frente como si nada. Le costaba reaccionar a lo ocurrido, igual que a la señora Weasley o en momentos a la propia Hermione.
- Lil's…-decidió usar también su nombre de pequeña.
Lil's y Jimbo, ella era la única que los llamaba así.
- Lil's, cielo, estoy aquí. –le colocó una mano en el hombro.- Ya estoy aquí.
Lily comenzó a temblar y poco tiempo después ya estaba llorando en sus brazos. Su llanto era más amargo que el de los demás, y te atrapaba de una forma desgarradora. Hermione se tuvo que contener mucho para no llorar con ella.
Y al contrario de la conversación con James, a Lily no le dijo ni una palabra. Era imposible contener esa agonía, y sabía de antemano que ninguna palabra la reconfortaría.
En muchos aspectos Lily era como su niña particular. La relación especial que tenían había existido desde que nació; Ginny lo sabía y por eso la nombró su madrina.
La niña se aferraba al cuerpo de Hermione como si fuera el hilo del que pendiera. Había esperado a su llegada para compartir su dolor, porque sabía que solo ella le podría responder como lo haría Ginny.
Solo a ella quería tanto como a sus padres.
Durante más de dos horas estuvo llorando en sus brazos, a intervalos paraba o sollozaba quedamente, pero el llanto siempre se recuperaba. Y la castaña simplemente estaba allí con ella, a su lado, compartiendo su sufrimiento.
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El día amaneció nublado y amenazaba lluvia. Hermione pensó que esa era la forma que tenia el cielo de mostrar su descontento. No era justo que Harry y Ginny tuvieran que morir dejando a una familia desolada y a unos hijos que los necesitaban más que nunca.
La castaña acarició el lacio cabello rojo de Lily y suspiró. Hacia escasamente una hora que la chiquilla se había dormido, pero ella no había aflojado su abrazo. Habían pasado toda la noche sentadas en el tejado, y ni la luna ni las estrellas habían podido apartar su congoja.
Ahora con el venir de un nuevo día podía apreciar las magnificas vistas que en otro tiempo más feliz contempló con Ron.
- Ron…-murmuró.
De un tiempo a esta parte todo le recordaba a él y no podía evitar la necesidad de que el pelirrojo la abrazase y le susurrase palabras de consuelo. La noche anterior se había dado cuenta de cuan diferentes podían llegar a ser Ron y Stuart; pero la diferencia más notable era que ella estaba enamorada de Ron y de Stuart no.
Seguramente era egoísta de su parte ponerse a pensar en Ron en esos momentos, pero Merlín sabía que esa era su forma de mantener la calma. Ignoraba si el pelirrojo había llegado ya o si lo haría al fin. Esperaba que si porque…
- Tía…-Lily se despertó interrumpiendo sus pensamientos.
- Hola, cielo. –le dio un beso en la frente.
- Siento haberme dormido.
- No lo sientas, tenías que hacerlo.
- Pero mamá y papá…-comenzó a llorar en silencio.
- Ellos ya no están, pero eso no significa que quieran verte derrotada y agotada.
- ¿Porqué tenían que morir?
Esa era la pregunta que todos se hacían y la única para la que no tenían respuesta.
Hermione tenía ganas de meterse en su cama, taparse hasta la cabeza con las sabanas y no levantarse jamás. Durante la noche había estado pensando qué haría con su vida ahora que ellos no estaban y se sintió tan perdida como cuando murieron sus padres.
- Al menos antes tenía a Ron. –pensó.
El pelirrojo parecía ser vital para superar su dolor.
Era absurdo si tenemos en cuenta que Hermione había pasado dieciocho años de su vida intentando olvidarlo y fracasando en su intento de odiarlo. En el fondo ella siempre supo que algo grave tuvo que pasar aquel día, pero nadie quiso hablar de ello y ella tampoco estaba muy por la labor.
- Tía…me siento muy, muy, muy mal. –se lamentó Lily llorando.
- Lo sé, cielo. Lo sé.
- ¿Qué va a ser de nosotros ahora?
- Lo superaremos, Lil's.
- No, yo nunca lo superaré.
- Claro que lo harás; no hoy, no mañana, no la semana que viene, pero con el tiempo lo superarás. –repitió lo mismo que le dijo a James.- Tienes una gran familia que te apoya y que te quiere.
- Pero no volveré a verlos nunca.
Hermione luchó contra sus lágrimas que querían hacerse notar también.
- Los verás en tu corazón siempre que quieras. Ellos no te han abandonado, están ahí. Y estarán cuando sonrías de nuevo, cuando tengas tu primer novio, cuando te gradúes en Hogwarts, cuando encuentres trabajo, cuando te cases, cuando tengas tu primer hijo… No los verás, pero ellos estarán ahí siempre apoyándote.
- Desearía que estuvieran de verdad.
- Yo también.
- No es justo. –y Lily se abandonó al llanto de nuevo.
Hermione la abrazó con fuerza y la acunó entre sus brazos, rogando a quién fuera que sus palabras tuvieran efecto y esos niños dejaran de sufrir. Mantuvo la vista al frente, clavándola en un punto fijo para evitar echarse a llorar también.
Estaba demostrando una fortaleza que ni ella misma se creía, pero sabia que tras ella se escondía la tempestad, y que solo estaba esperando el momento oportuno para atacarla con la mayor crueldad posible.
Pensó en las palabras de Lily: ¿qué iba a ser de los niños ahora?
Desconocía si Harry y Ginny había hecho testamento u otorgado la custodia de sus hijos en caso de accidente. Pero algo estaba claro, ella no tenia intención de dejarlos. Eran su familia, como muchas veces había repetido, y ahora era cuando mas la necesitaban.
En el horizonte vio a Hedwig; la lechuza blanca de Harry era inconfundible. Estaba inmóvil en la rama más alta de un árbol y emitía un ulular en tono lastimero. Había perdido a su dueño, a su compañero de secretos. Llevaba mas tiempo con él que ninguno de los allí presentes, y el hecho de que fuera un animal no significaba que no pudiera sentir dolor y añoranza.
Hermione recordó lo arisca que se mostró cuando regresaron de la guerra, pues Harry no la había llevado consigo, y dos días después estaba de lo más cariñosa y alegre porque todos hubieran vuelto.
Las lechuzas eran seres complejos.
Y casi como si le estuviera leyendo el pensamiento, Hedwig abandonó su descanso en el árbol y voló directo hacia ella. Se posó a su lado y dejó que la castaña le acariciara la cara y la cabeza. Cuando pasó su mano por sus ojos, Hermione notó que estaban mojados.
- También es duro para ti. –le dijo y la lechuza ululó.
Lily continuaba llorando en su hombro, pero Hermione sabia que tendrían que bajar pronto. Acarició su cabello en un movimiento mecánico y cuando Lily se hubo calmado lo suficiente bajaron.
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A lo largo de la mañana, el cielo se fue poniendo más negro y la certeza de que llovería se hizo patente.
El único momento en que Hermione dejó a los niños fue cuando se reunió con Stuart en una habitación y después de agradecerle todo lo que estaba haciendo por ella se puso a llorar todo lo que había contenido esa noche.
El rubio una vez más se mostró comprensivo en todo momento y colmó a Hermione de atenciones. No le preguntó, sin embargo, nada de lo sucedido con los niños o como había pasado la noche, y Hermione se lo agradeció. La ayudó a ponerse el vestido negro y le sacó un abrigo para que no pasara frío. Él ya estaba completamente vestido, también de negro.
Salieron al rellano y Eric y Molly corrieron a su encuentro. Tenían los ojos rojos y llorosos, pero no había ojeras en sus rostros. Se abrazaron a su tía y no la dejaron en ningún momento. Lily bajó poco después arropada por James. Al ser los mayores eran los que más sufrían, porque sabían exactamente que significaba la muerte.
Bajaron al salón, donde la familia Weasley ya estaba presente, y también algunos amigos. Les ofrecieron desayuno pero Hermione no quiso ni probarlo, y los niños después de insistirles mucho comieron un poco. Demasiado poco.
Hermione recorrió la habitación con la mirada, pero no había rastro de Ron. Estaba segura de que vendría pero al desconocer donde se encontraba no podía precisar la hora correcta. Si estaba fuera de Europa y había cambio de horario de por medio, seguro que tardaría unas horas más. Se perdería el funeral, pero nadie quería alargar el sufrimiento que estaban sintiendo.
A las diez comenzó la procesión hacia el pequeño cementerio del Valle de Godric. Harry y Ginny habían expresado su deseo de ser enterrados allí, junto a los padres de Harry. Se desplazaron en coches muggles y Hermione entró en uno junto a James, Lily, Eric y Molly; los niños no habían querido ni hablar de separarse de ella. Era muy triste ver como a su paso los muggles se detenían y bajaban la cabeza en señal de respeto. Eso solo conseguía acongojarlos más.
Los señores Weasley, Bill, Fleur, Charlie y Anne iban en otro coche, y una vez más, Stuart se ofreció para acompañar a los sobrinos que no sabían muy bien qué hacer.
Cuando llegaron al Valle de Godric les sorprendió la cantidad de gente que había allí reunida. Parecía que medio mundo mágico estaba allí, había magos y brujas de todas las edades, colores, nacionalidades y estatus social.
Hermione reconoció a Víktor Krum en la multitud, que no dudó en acudir a su encuentro y abrazarla torpe y brevemente. Ella se lo agradeció profundamente, pues conocía muy bien a Víktor y sabía que no se le daban muy bien los sentimentalismos. También reconoció a numerosos compañeros de Hogwarts, profesores, aurores, gente del Callejón Dragón, la cúpula del ministerio en pleno,…
La comitiva familiar avanzó despacio y en silencio, y Hermione apretó fuertemente las manos de Lily y Molly, que ahora eran las que estaban a su lado. James se situó detrás, abrazándola por la cintura y apoyando su cabeza en su hombro, y Eric delante, pegándose lo más que podía a su abdomen.
Cuando todos estuvieron colocados, comenzó la ceremonia.
Nadie hablaba y todos mostraban una extraña serenidad solo rota por los sollozos de la señora Weasley y de los niños. Hermione se mantenía firme en su papel de pilar de entereza para estos; por ellos se guardaba su pena y hacia tremendos esfuerzos por no llorar.
Las tumbas de Harry y Ginny estaban una al lado de la otra, asegurando que al igual que en vida, también pasarían la eternidad juntos.
Las palabras del sacerdote eran escuchadas con suma atención y sumisión, pero no ejercían ningún consuelo. Poco les podía decir que estaban en un sitio mejor y que no sentirían dolor alguno, y que la vida es un valle de sombras que todos hemos de recorrer para llegar al paraíso. La única certeza que tenían era que no volverían a verlos. Sus cuerpos humanos ya no existían.
En un momento dado, a petición de la familia se leyeron dos poemas mágicos que alababan la vida y la belleza, pero que también hablaban de la muerte y del cielo. Hermione siguió sin entender nada de aquello pero lo escuchó diligentemente con la cabeza gacha. Era muy conciente del peso que soportaban sus hombros, y de la pena que afligía a los niños.
Estaban en el momento en que ya nada podía dar marcha atrás. Ahora la certeza de la pérdida de Harry y Ginny era más certera.
La castaña comenzó a sentir un fuerte dolor en su pecho y se obligó a no mirar al frente. Claro que había personas que tenían otros planes para ella. Los señores Weasley expresaron su deseo de que fuera ella la que pronunciara las últimas palabras antes de enterrar para siempre los cuerpos de Harry y Ginny en la tierra.
Ella se sintió totalmente consternada, pues no creía que su dolor le permitiera estar lo suficientemente serena, pero las miradas de los Weasley eran suplicantes. Después de todo era ella la que mejor conocía a los dos y a la que mas querían sus hijos. Seria bonito que pudiera dedicarles esas palabras de calor que tanto necesitaban.
Haciendo que James abrazara a Molly y Lily a Eric, los dejó unos momentos y avanzó hasta colocarse al frente a la vista de todos. Cerró los ojos con fuerza y respiró hondo.
- Harry y Ginny lo significaban todo para mí. Su muerte me deja en un estado de inseguridad total y huérfana de familia. Nunca imaginé, nunca me planteé ni por un solo segundo la posibilidad de tener una vida en la que ellos no estuvieran presentes, eran mis hermanos, mis amigos, mis fuerzas, mis todos. Ellos y su familia eran todo lo que yo tenia, aquello a lo que durante veinte años he estado agarrándome y ahora todo esta nublado a mi alrededor. –hizo una pausa para acallar un sollozo.- Y si hubiera sabido que esa iba a ser mi ultima conversación con Ginny la habría prolongado, si hubiera sabido que ese iba a ser mi ultimo abrazo con Harry no lo habría soltado, si hubiera sabido que esas iban a ser nuestras ultimas vacaciones juntos las habría recordado mejor y si hubiera sabido que esos iban a ser nuestros últimos momentos juntos en este mundo les habría dicho mil veces que los quería. –no pudo evitar una lágrima.- Y aunque estoy segura de que ellos no hubieran deseado vernos tristes, es inevitable no estarlo. Pero al mismo tiempo hemos de pensar que ellos no se han ido del todo, vivirán en todos nosotros mientras los recordemos con amor, cariño y humor, pero sobretodo estarán presentes en sus hijos, el legado más importante que tenían. Y si de verdad pueden oírme de algún modo, me gustaría decirles que cuidaremos de los niños, que no los abandonaremos, que yo nos los abandonaré. –miró al cielo.- Harry…Ginny…os quiero mucho.
Cuando bajó de nuevo la vista a la tierra le pareció ver una cabellera pelirroja junto a un árbol cercano, pero cuando se limpió sus lágrimas y volvió a mirar ya no estaba.
Los señores Weasley le agradecieron tan hermosas palabras y Hermione fue a reunirse de nuevo con los niños.
Lloraron cuando los féretros de Harry y Ginny comenzaron a descender en la tierra y cuando el enterrador echó la primera pala de tierra. En ese momento ni Hermione pudo contenerse y sintió como las lágrimas se sucedían por su rostro y manchaban su vestido.
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Después de los funerales, todos los asistentes se congregaron en la casa de los Potter. Como manda la tradición, la familia les ofreció un refrigerio y aceptó sus pésames con estoicidad.
Pero no todos disponían de esa fuerza de voluntad y tanto los señores Weasley como los niños se notaban ausentes. Los padres de Ginny habían vuelto a La Madriguera directamente, pues todas las muestras de pesar no hacían más que aumentar el suyo propio.
Hermione recibió los abrazos de Neville y Luna, pero enseguida también se disculpó y subió las escaleras al segundo piso. No podía soportarlo más. Stuart la siguió y cuando la alcanzó en el descansillo la abrazó. Ella le correspondió agradecida y se lamentó por no haberle dedicado más tiempo a su amigo.
- No digas tonterías. –dijo él.- Estás donde tienes que estar.
- Pero casi no te he prestado atención y…
- No soy yo el que necesita atención, y tu estás con las personas que realmente te necesitan. Así que no te reproches nada.
- Eres demasiado bueno conmigo.
- Tú te mereces todo eso y más.
- Gracias.
Lo abrazó de nuevo y el rubio volvió abajo.
Hermione había subido con un objetivo: cumplir la promesa que les había hecho a Harry y Ginny en el cementerio.
Buscó a los niños en todas las habitaciones pero no los halló, dejó para el final la habitación de Harry y Ginny, y tomando una bocanada de aire entró. No había nadie, pero del vestidor llegaban sollozos. Fue hacia allí y se encontró con Lily, Eric, Brian y Rose. Los mas pequeños se mostraban nerviosos y echaban en falta a sus padres. James y Molly habían salido al jardín y Leo dormía placidamente en una cuna.
La castaña entró al vestidor y se sentó junto a ellos; colocó a Brian y Rose en su regazo y los abrazó. Eric y Lily se colocaron uno a cada lado. Los cuatro sollozaban sin poder contenerse y cuando se escuchó un trueno los más pequeños gritaron.
- Está lloviendo. –constató Eric.
Un nuevo trueno.
- No me gusta la lluvia. –dijo Rose.
- A mi tampoco. –se unió Brian y escondió su cabecita en el pecho de Hermione.
- ¡Tluenos malos! –gritó Rose.
- ¿Porqué llueve tía? –preguntó Brian.
- Porque el cielo está triste, como nosotros.
- Si papá y mamá estuvieran aquí no llovería. –dijo Brian.
- Pelo… ¿Qué es la lluvia?
- Son lágrimas de los duendes que habitan en las nubes. –contestó Hermione.
- Y lloran por papá y mamá. –dijo Eric.
- Yo quielo que vuelvan.
- Yo también.
Brian y Rose comenzaron a llorar y pronto contagiaron a sus hermanos, aunque el llanto de Eric y Lily era más quedo y silencioso.
Un nuevo trueno retumbó en la habitación.
- ¡Ahh! ¡Lluvia mala! –gritó Rose.
- Shh, shh. No pasa nada, Rosie. –dijo Hermione.
- Quielo que se vaya.
- En unos minutos se irá.
Estuvieron así unos cuantos minutos hasta que con el suave balanceo y las caricias de la castaña, los pequeños se durmieron. Luego con mucho cuidado las dejaron en la cama de Harry y Ginny, y salieron al descansillo.
Ninguno de los tres tenía ganas de bajar, así que se sentaron en las escaleras.
- Tía…
- Dime.
- ¿Realmente vas a cuidar de nosotros como dijiste en el cementerio? –preguntó Eric buscando el calor de su abrazo.
- Si, mi amor. –le dio un beso en la frente.
- Bien, porque no quiero que te vayas.
- No me iré.
- Tia…
- Dime Lil's.
- Yo…fue…fue muy bonito lo que dijiste en el cementerio.
- Solo dije lo que sentía.
- Ver a toda esa gente solo consigue ponerme más triste. –dijo señalando con la cabeza el piso de abajo.
- A mi también. –dijo Eric.
- Lo sé.
- No creo que pueda llorar más en mi vida. –dijo Lily sin más.
- Llorarás Lil's, pero no sentirás más un dolor como este.
- Es que…sigo sin entenderlo.
- Yo también, cariño. Yo también.
Se abrazaron los tres y al cabo de media hora, Hermione los mandó a dormir con los pequeños. Era mejor que no se separaran y estaban agotados. Cuando salió de nuevo al descansillo se volvió a sentar en la escalera, enterró la cara entre las manos y comenzó a llorar.
Era un llanto lastimero pero que media muy bien el volumen. No quería que ninguno de los asistentes se enterara y fuera a consolarla.
De repente la puerta de la calle se abrió, pero Hermione no prestó atención y siguió con la cabeza gacha y la cara escondida.
No fue hasta que sintió una presencia su lado que reparó en ello.
Después una sola palabra…su nombre salido de sus labios…una voz que hacia veinte años que no escuchaba…
- Hermione… -fue apenas un susurro.
Levantó la cabeza y abrió sus ojos para encontrarse con los azules de sus sueños. Estos estaban enrojecidos y consumidos por el dolor.
- Ron…
Y aunque nunca pensó que reaccionaría así cuando se volvieran a encontrar, se tiró a sus brazos y al fin pudo llorar.
Descargó todo su dolor mientras él la abrazaba y le murmuraba palabras de afecto. Más tarde tendría tiempo para pensar en su reacción, pero en esos momentos no.
- Se han ido Ron, se han ido…
- Shhh, shhh.
- Me han dejado sola, Ron. Estoy sola de nuevo.
- No estás sola, preciosa.
- Si lo estoy, y…y los niños…ellos…ellos me necesitan pero…yo…yo no puedo…no puedo seguir sin ellos…
- Shhh, shhh.
- No puedo soportarlo, Ron. No puedo.
- No estás sola, yo estoy contigo ahora. Tranquila, tranquila.
Ron también lloraba, pero lo hacia en silencio.
El esperado reencuentro de dos almas rotas se acababa de producir gracias a la peor noticia, pero se tendrían el uno al otro.
Ron abrazó con más fuerza a Hermione y enterró su rostro en el cabello castaño. Hacia tantos años que deseaba hacerlo… su olor era el mismo, y reconoció con sorpresa que la castaña llevaba el mismo perfume que le regalara él hacia tantos años.
