¡Hola! Disculpen la demora.
¡Gracias por sus reviews!
Siletek: Este capítulo responde a tu pregunta.
chr7: lo de Nina, aparecerá en la continuación. Tendrás que esperar.
Yuna-Tidus-Love: bien que pareció romántico. Me parecía que nadie lo notaría.
rafex360: después del gallinero está. Qué bien: uno con Tiny y Dingo. Estoy ansiosa por leerlo ya que estoy esperando escribir sobre Dingo, que es otro personaje que me gusta. Tu sugerencia fue aceptada y ya lo escribí.
¡Gracias por leer y sigan escribiendo fics y comentarios!
Capítulo 11: Separación y enfrentamiento.
Después de haber pasado por varios obstáculos, los hermanos Crash y Coco se reunieron. Ambos eran muy unidos así que el reencuentro fue emotivo. Al día siguiente, la felicidad se vio interrumpida cuando Aku Aku decidió abruptamente algo que los separaría de nuevo.
—Coco: será mejor que no nos acompañes en la travesía en el castillo de esos científicos. Creo que es peligroso y no estás preparada para esto —habló con calma.
—Entiendo… pero es que realmente me gustaría ayudarlos.
"Y… ¿Ella se quedará sola en esta isla? Aquí hay enemigos." Pensó el bandicut mirando con algo de enojo a los ojos naranja amarillentos de la máscara.
—Si lo sé, pero si se mantiene oculta, no la encontrarán. Sólo debemos confiar en que nada malo le sucederá.
—Recién nos acabamos de encontrar y ya nos debemos separar ¡No es justo! —protestó la chica.
—Es que no tenemos otra opción, Coco… tendrás que quedarte aquí.
—De acuerdo… cuida a mi hermano mayor y tráelo de vuelta —suplicó sin ánimos.
—No te preocupes… lo haré.
Mientras que la rubia observaba con preocupación a su hermano y a la máscara flotante, el chico empujaba la balsa hacia el mar y cuando lo logró, él fue corriendo para despedirse de ella con un abrazo. Ambos no deseaban alejarse pero, desgraciadamente, fue necesario. Crash regresó a su bote improvisado antes de que se lo lleve la marea y subió a bordo para comenzar a remar.
—¡No te preocupes, ya regresaremos! —vociferó Aku Aku para tranquilizar a Coco.
A pesar de navegar en aguas turbulentas, el marsupial y el antiguo hechicero avanzaban cada vez más rápido hacia la isla en donde se encontraba prisionera la mutante Tawna Bandicoot. Las energías del evolucionado no se agotaban después de tanto remar; en tener en su mente que debía darse prisa para reencontrarse con ambas chicas era su incentivo para lograr su cometido. Crash había cambiado: al recibir entrenamiento por parte del brujo abandonó, en parte, su temor, su torpeza y su rebeldía sin sentido.
Luego de unas cuantas horas, ambos llegaron a la playa de aquella isla arruinada, ecológicamente, por las construcciones de los científicos. El lugar era impresionante: en primera instancia estaba el Cortex Power, el cual tiene un cartel con su nombre arriba de la entrada. Aquel galpón fabricado con paredes de metal, tenía unos cuantos metros de alto y tan ancho que casi ocupaba toda la isla.
Más arriba podía divisarse el castillo medieval modernizado, con varios pisos que crecían de acuerdo con las alturas de montañas y habitaciones asimétricas dando impresión de ser un castillo terrorífico. En los techos se encontraban varias antenas y subiendo aún más la mirada, estaba el dirigible con la gran letra N pintada en la cola. A pesar de todo esto, el mutante se encaminó seguro hacía la entrada del depósito.
Al acercarse, se abrió la puerta automáticamente y se notaba un estrecho camino con ambos costados con artefactos con la marca de la letra N. A la segunda puerta mecánica había en el camino unos robots parecidos a unas ratas, las cuales fueron destruidas rápidamente al aplastarlas con sus pies. En lugar de las consolas, a los costados del camino se notaban unos anchos surcos con desechos tóxicos color verde fluorescente que burbujeaba. Realmente este era un lugar peligroso.
Mientras tanto, el gángster Pinstripe Potoroo se preparaba para la llegada de Crash Bandicoot y su extraño ayudante. Él ya tenía las órdenes de matarlo pero se encontraba entre un gran dilema: él realmente quería matarlo aunque luego recordaba el pedido de la chica. Tenía varias opciones: acabarlo y mentirle diciendo que fue en defensa propia, hablar con él mostrándole que no es su enemigo y así evitar el enfrentamiento, o actuar una pelea y fingir su derrota.
El marsupial de pelaje marrón se mantuvo pensativo por un rato en su oficina hasta que decidió hacer lo correcto y no lastimar a la chica rubia mintiéndole. Pronto puso en marcha su plan dando los últimos detalles a sus androides. Había construido en total cinco robots con rasgos de animal, precisamente unos androides potoroos.
A diferencia de los asistentes de laboratorio, estos seres artificiales si podían hablar y, como su creador quería que estos sean como sus secuaces, los programó para que tengan el acento italiano y el comportamiento de un gángster. En cuanto a la vestimenta de estos robots, estos tenían una armadura que las simulaba.
Dos de ellos eran delgados, vestidos igual con un traje largo color azul oscuro que ocultaban sus pies, camisa color rosado y corbata roja. Los restantes eran más gordos, también vestidos de igual manera, con traje gris oscuro con bordes negros, camisa rosada y corbata blanca. A estos se les notaban sus zapatos de color oscuro. Los cinco también poseían sombreros fedora de color marrón.
Cuando era momento de repartir las tareas, el líder de la extraña pandilla los activó y los puso al tanto de la situación.
—Colegas: pueden llamarme Don Pinstripelli Potorotti. Pronto llegará un intruso: un bandicut evolucionado llamado Crash. Lo reconocerán porque lo acompaña una máscara flotante y ustedes harán lo siguiente —explicó y se volvió a los delgados—: Ustedes tendrán estas armas y asústenlo ¡No lo maten! ¿Entendido?
—Naturalmente, señor —contestaron al unísono como si estuvieran en un ejército.
Luego el potoroo de traje rojo dirigió su mirada ambarina a los demás androides.
—Ustedes aprovecharán el estrecho camino della sala de los generadores para que puedan arrojarle barriles así evitarán que siga avanzando y, para ustedes también lo mismo: no deben matarlo ¿Comprenden?
—Naturalmente, señor —respondieron con una voz más grave que los anteriores.
—Pero… ¿Por qué no podemos acabarlo? —preguntó uno de ellos.
—Sólo le pondremos obstáculos. Si se rinde, será mejor, de lo contrario, dejen que venga hacia mí. De eso yo mismo me encargaré… Ya conocen el plan della batalla, ahora pueden ir a sus puestos —ordenó Pinstripe sin dejar de lado el comportamiento educado del gángster.
Mientras que los androides arroja-barriles tomaban sus posiciones, el jefe les entregó unas cuatro pistolas de cañón largo a los dos robots que tenían esa misión. Luego de contar y cargar con suficiente munición, estos dos se retiraron dirigiéndose a dos lugares opuestos del Cortex Power buscando y esperando al enemigo anaranjado.
Por otra parte, Crash y Aku Aku recorrían con algo de prisa los caminos peligrosos del laberíntico depósito de máquinas y de desechos tóxicos. Durante el viaje se encontraron con más robots pequeños los cuales fueron destruidos mientras que los que flotaban y poseían largas púas fueron esquivados.
Además ambos se toparon con caños gruesos muy calientes y otros congelados en el medio del suelo. Los que tenían altas temperaturas fueron evitados por razones obvias con un largo y calculado salto por parte del chico.
Después de tanta travesía, el antiguo hechicero sostuvo que era momento de un breve descanso.
—Detente por un rato, Crash —pidió y el anaranjado aceptó acomodándose en el suelo metálico—. Esto si que es complicado. La verdad es que esos científicos construyeron un lugar bastante peligroso.
"Tienes razón pero debemos seguir… Nunca estuve aquí. No sé con qué nos encontraremos más adelante." Pensó mirando a su amigo con algo de preocupación.
—No debes inquietarte. Lograremos superar esto. Con mi sabiduría y tu energía nada nos detendrá —dijo para animarlo.
"Es verdad." Creyó y dio un salto para levantarse sin olvidar de mostrar su ancha sonrisa. "Pronto encontraremos a Tawna. Falta muy poco."
—Bien, ya que tienes ánimos de seguir, continuaremos el viaje.
Fue así que ambos retomaron el camino y subieron unos pocos escalones metálicos para entrar a una habitación. Algo muy diferente a lo que se encontraron anteriormente estaba en medio del camino. Efectivamente, el marsupial y la máscara flotante tenían cara a cara con uno de los secuaces de Pinstripe: uno de los tiradores.
—¿Qué es eso? —preguntó Aku Aku en voz baja.
"No lo sé… pero se parece mucho a uno de los mutantes." Recordó mientras que llevaba una mano a su mentón en señal de estar pensando.
—Pues no creo que sea un amigo tuyo por esas armas que está portando —comentó y ese fue el momento de que el androide reaccionó por el sonido, disparando contra ellos— ¡Corre, Crash! —gritó el brujo deteniendo algunas balas con sus poderes mientras que el mutante buscaba refugio detrás de unos anchos tubos.
—¡Aléjate de aquí si es que no quieres comer plomo! —advirtió el gángster mecanizado cuando detuvo por un instante la balacera.
La lluvia de balas se hizo constante con algunas siniestras risas de por medio.
—¿Qué haremos? No podemos quedarnos aquí escondidos todo el tiempo. Lo enfrentaría de no ser que tengo poca energía —notificó en voz alta por el fuerte sonido el ex nativo con desilusión a si mismo.
Por un momento, cesaron los disparos y Crash se asomó para planear un contraataque. Ese fue el instante que estaba esperando el robot para lastimarlo con un rasguño un poco profundo en un brazo con una de sus balas. Al sentirlo, rápidamente el bandicut volvió a refugiarse presionando la herida para evitar desangrarse.
—¡No! Ten más cuidado —pidió el trozo de madera viviente tratando de curarlo con un poco de sus poderes.
—¡Última oportunidad, Crash: si regresas por donde viniste, no te dispararé! —decidió el tirador vociferando.
Ambos seres escondidos se quedaron pensativos, hasta que concluyeron acceder a la demanda de ese peligroso robot.
—No hay problema. Podremos tomar otro camino —comentó la máscara en voz baja de modo que sólo su amigo escuche.
"Está bien." Resolvió sin muchos ánimos.
En el momento de que comenzaban a retornar, repentinamente el mutante corrió a toda velocidad hacia el androide tomándolo por sorpresa. Con marcha zigzagueante esquivó las balas y saltó para golpearlo con su giro tornado. Por la fuerza del giro, el robot se estrelló con la pared explotando y fragmentándose en varias partes. Crash venció. Aku Aku estaba más que sorprendido por esa gran hazaña.
—¡Bien hecho!... aunque fue muy arriesgado —felicitó y se molestó un poco con él.
"Nada nos detendrá." Pensó ignorando el comentario y continuó caminando.
Lo que el bandicut y el médico brujo desconocían era que todo lo sucedido era captado por cámaras de seguridad. Fue entonces que el líder de la pandilla observó las habilidades de su enemigo para tenerlas en cuenta y aprender de ellas.
"Parece que mejoró sus movimientos… aún así no habrá ningún problema. Tutto va de acuerdo al plan." Reflexionó Pinstripe con malicia mientras se preparaba para recibir a su invitado en cualquier momento.
Siguiendo el camino, Crash y Aku Aku se encontraron con otro de los esbirros mecanizados. Éste reaccionó ante la presencia de estos dos arrojándoles con gran fuerza barriles de metal del tamaño de la altura del chico. Para evitarlos, el mutante los saltaba sin problemas hasta que finalmente, llegó hacia el androide quien tuvo la misma suerte que el anterior: el giro tornado lo destrozó.
Así continuó con el siguiente y también el tercero no pudo escapar, destruyendo de esa manera a los tres robots arroja-barriles. La máscara parlante se sorprendía cada vez más por el gran poder que tenía el adolescente.
Cada vez subían más y más hasta que se toparon con una habitación muy diferente a las que habían visto. Esta era más elegante, con ventanas en el techo, con piso de madera y sobre esta una gran alfombra. Sobre la alfombra se localizaban unos sillones pequeños y también había una larga mesa que, al final de esta, estaba Pinstripe de pie apoyando sus manos en este mueble.
Al ver a ese mutante, el de los ojos verdes tomó su posición de defensa y antes de que comience con el ataque, el potoroo lo interrumpió diciéndole:
—Antes de que hagas algo, permíteme advertirte que no quiero pelear contigo. Tus verdaderos enemigos son los dottori así que puedes irte por aquella puerta.
—Sólo es un truco ¡Esto debe ser un engaño! ¡No le creas! —gritó Aku Aku quien hizo levitar uno de los sillones para lanzárselo con violencia al joven de traje rojo.
Gracias a sus reflejos, el mafioso lo esquivó y, por esa reacción, él se enfureció.
—¡Les estoy dando la oportunidad de largarse sin problemas y me responden así! ¡Ahora ya es tarde para arrepentirse!
En ese momento, el de los ojos amarillos volteó la mesa para tomar su ametralladora y comenzar a disparar por todas direcciones. Mientras lo hacía se reía con maldad. Por su parte, el silencioso se ocultó detrás del sillón esperando el tiempo oportuno para atacar. Buscando un mejor ángulo para lastimarlo, el maleante detenía los disparos por un instante para cambiar de posición.
—¡¿Pero qué pasa con esta cosa?! —gritó el mutante cuando su arma se atascó repentinamente y no podía disparar.
Crash aprovechó que la ametralladora se trababa de forma inexplicable para golpear a Pinstripe y volver rápidamente a esconderse. Lo cierto era que el dueño del arma le daba esas oportunidades ya que él era un experto con ella y, si quería, podía matarlo con un solo tiro. Unas cuantas "ocasiones" brindaba a su enemigo y cuando sintió que no podía soportar otro golpe más, él fingió desmayarse dando fin a ese falso combate.
Pinstripe prometió no matarlo y cumplió con su palabra. Los luchadores terminaron con unos golpes, en caso del potoroo, y con heridas superficiales producto de los balazos, en el bandicut. Al ver a su oponente tirado en el suelo, Crash se levantó con dificultad y se dirigió hacia la salida; el ataque lo dejó algo agotado.
Al salir del Cortex Power, Crash y Aku Aku se reencontraron con un puente frágil.
