GRAND OPERA: TERCERA LLAMADA!
Hola chicos! Feliz miércoles de Atrapada en ámbar! Aquí les venimos manejando un nuevo capítulo de su Fanfic preferido!
Muchas gracias por continuar leyéndonos hasta este momento, de parte de su servidora y mi co-autora Espejo de afrodita quien les deja el siguiente mensaje:
Espejo de afrodita: aclaración a los lectores, si ponemos palabras en francés u otro idioma no es solo por (capricho o por el bien de la composición lírica, si no que realmente cuando sabes dos idiomas de cuando en cuando se piensa primero en el extranjero que en el nativo o simplemente el cerebro le gusta jugar con ambos realizando un revoltijo en la mente y en la lengua. Así que Onward! Allons-y let's go, Ikimasho!
Muy bien, ya la escucharon, lo único que nos queda por decir es que los personajes de esta historia no nos pertenecen, solo el ferviente deseo de que sean felices hasta el final de nuestra tinta.
Sin más que añadir, no leemos al final.
...
Capítulo 8: grand opera: Tercera llamada, comenzamos!
Kousei se había levantado junto con el amanecer con una extraña sensación de irrealidad. ¿Dónde estaba? ¿Había terminado la tarea de contrapunto? ¿Había sacado la basura orgánica el día pasado? ¿Había programado la arrocera? Le había costado un rato recordar que nuevamente se encontraba en Japón, en casa y que tenía una residencia prácticamente abandonada de la cual ocuparse con urgencia.
Cambiándose a una ropa más cómoda, y presto para iniciar con las labores de limpieza, Kousei encendió su Reproductor de música e inicio a poner manos a la obra decidiendo iniciar por la habitación que tenía mayor uso de su parte. Entró en el salón de música para tratar de sacar el polvo de los libreros y abrir las ventanas, sin embargo, el piano lo atrajo de forma casi magnética y, olvidando su impulso hacendoso, se sentó en el banquillo y abrió tapa para mostrar el teclado monocromático. El piano le llamaba a tocar Chopin o quizá a Saint-Saëns. Sus manos acariciaron suavemente las teclas no obstante cerró de tajo la tapa de su instrumento. "Ahora no Kousei" se reprendió a sí mismo mientras pasaba la mano sobre la capa de polvo encima de su viejo amigo. Se alejó un poco de su instrumento y abrió las ventanas, dejando que el juguetón viento matinal entrase y diera nueva vitalidad al cuarto.
-Es hora de ponerse manos a la obra- y diciendo esto en voz alta, al ritmo de aleatorio de su iPod, inició con la ardua tarea de limpieza del lugar: acomodar partituras tiradas en su lugar correcto, tirar viejos intentos de composiciones que ahora ante sus ojos más cultos parecían una verdadera desgracia para los oídos de la humanidad, eliminar los residuos de unas ramas que en su momento habían sido Camelias frescas; limpiando y sacudiendo toda su área de trabajo.
-Vaya bienvenida a casa…- se quejó el joven mientras terminaba de darle los últimos toques a la habitación. Ya eran casi las 9 de la mañana y su estómago pedía a gritos algo de comida. Intento olvidar los reclamos de su estómago y continuó limpiando, acomodando los últimos papeles, cuando un sobre amarillo resbaló de sus manos.- creo que debería iniciar a buscar algo de desayunar...
Antes de que sus dedos expertos se moviesen para acomodarlo en algún lugar de su apretujado librero, recordó el contenido de aquel envoltorio: ¡los pases para el Concierto de Nuevos Talentos!
¡¿Cómo podía haberlo olvidado?!
Aquel sobre contenía el pase del jurado para él y la invitación especial de Tsubaki, para la locura en la que se había visto envuelto gracias a Nagi. La joven pianista le había ofrecido la invitación extra especialmente para la joven castaña, quien si no era fan de la música clásica como el resto de sus amigos, no dudaba que disfrutaría la velada por "los viejos tiempos".
Tsubaki...
¡Pero qué mal amigo había sido con ella!, Kousei se castigó mentalmente mientras dejaba todo de lado y pasaba al tocador para ver qué tan cubierto de polvo se encontraba.
Tsubaki Sawabe había sido -y aún era, o al menos eso esperaba- su mejor amiga, junto con Ryota Watari, desde que tenía memoria. Ella era una de las personas más valiosas para él, en todos los aspectos: Ella era quien había estado a su lado en todos aquellos tiempos difíciles, como el abrumador proceso que envolvió la enfermedad de su madre, o cuando tenía que soportar la ausencia de su padre; había permanecido a su lado siendo un soporte vital para su cordura después del tiempo fuera de Kaori, y por supuesto, como un punto de apoyo en su decisión de estudiar en el extranjero.
Sawabe Tsubaki, temperamental, inocente, activa y solidaria, había sido quien le había presentado a aquella chica que cambiaría su destino bajo la sombra de los cerezos; ella era quien le había dicho cómo era sentir el amor dentro del corazón: "cuando quieres a alguien lo ves todo colorido". Ella, quizás sin haberlo pensado, había traído de nuevo la esperanza y la música a su corazón desconociendo que sacrificaría el suyo en el camino.
Realmente era un tonto: apenas si había hablado con ella desde su regreso, por no mencionar todos sus errores con ella en el pasado. Como haberle roto el corazón y sus ilusiones en más de una ocasión; Si bien la parte racional de su mente le decía que su propia ignorancia lo excusaba de toda culpa, una parte mayor no podía catalogar tal error como una simple "Peccata minuta"; el anteponer sus deseos egoístas sobre su amistad. Kousei sentía en su interior que no merecía una amiga como ella, y ella, por supuesto, merecía amar a un hombre menos mediocre que él.
Debía de dejar de pensar en cómo la había dañado y enfocarse en cómo podía ayudarla, recompensarla y recuperar la amistad que siempre había existido entre ambos. No estaba del todo seguro como lo lograría, pero de algo estaba seguro, debía intentar algo lo antes posible. Y para ello estaba, como una bendición del cielo, el boleto extra para la gala: nada como una velada para recuperar el tiempo perdido, y con un poco de suerte averiguar cómo podía compensar todo el daño, tanto por acción como por omisión que había causado a su mejor amiga.
Quizá la invitación y, después, una cena en ese restaurant francés, recomendado por Yukihira-san pudiera ser de gran ayuda como lo había sido con Nagi… ¿qué era lo peor que podría pasar? ¿Recibir un balonazo por parte de la joven como cuando jugaban quemados? ¿O simplemente escuchar, "lo siento Kousei, tengo planes para esta noche"?
¡Vamos Kousei, es tu deber como hombre!
Finalmente tras haberse asegurando que sus cabellos estuvieran al menos presentables, su cara sin tanta cantidad de polvo como para dar lastima, y la camiseta más o menos arreglada, Kousei salió de su casa, cortó unas camelias frescas de su jardín y caminó rumbo a la casa de su vecina, en espera de que ella aceptase su proposición, y de paso le invitase tan siquiera una taza de ese té fragante que inundaba con su aroma el pórtico de la casa.
…..
-Kousei! Pero, ¿qué haces aquí?- preguntó la joven castaña mientras su boca se abría en una "o" perfecta. Los pensamientos de Tsubaki estaban claramente expresados en su rostro, lo último que esperaba era encontrar a su amigo en la puerta de su casa, con un ramo de camelias blancas entre sus largos dedos de pianista.
En definitiva, ella no había cambiado en lo más mínimo, o al menos, sus miopes ojos fraternales no alcanzaban a percibir algo más; como aquellos nuevos reflejos cobrizos o que su cabello era un más corto que en antaño. Para el, el cabello de la chica aún seguía siendo de un tono chocolate como en sus memorias y como en el pasado, pese a ser las 9 de la mañana su melena aún mantenía rastros de la lucha nocturna con la almohada. Si bien definitivamente había crecido, la joven frente a él, seguía prefiriendo los pijamas de equipos de béisbol a los camisones femeninos que podrían usar las jóvenes japonesas o europeas, dejando atrás el glamour por la comodidad. A simple vista parecía que ella al igual que él se encontraba haciendo limpieza en su casa, solo que, por supuesto, en menor escala.
-Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, -empezó Kousei a disculparse rápidamente, al mismo tiempo que se maldecía mentalmente por ser tan ingenuo. "Por supuesto que ella también tiene cosas que hacer, imbecile, ella tiene una vida más allá de su amigo-vecino".
-¿Que?... pero ¿qué?- pregunto la castaña desconcertada, aún no se había recuperado de ver a su amigo en frente a la puerta de su casa y ahora este se estaba disculpando como si hubiera hecho algo terrible.- ¿qué es lo que pasa Kousei? ¿Estás bien? ¿Te paso algo?
Antes de que el joven pianista pudiese revelar sus verdaderos planes ante ella, el gruñido de su estómago delató su fragilidad humana y el deseo de su subconsciente: desayunar con la castaña.
La chica soltó una carcajada de alegría.
-Así que ¿tienes hambre? Kousei! -le dijo Tsubaki recargándose contra el marco de la puerta, en una actitud más relajada. En algunas cosas definitivamente aún eran esos pequeños de 6 años que simplemente jugaban a ser felices- No seas tonto, ven pasa, aún hay desayuno suficiente, debí suponer que tendrías hambre y que aún no hacías compras. -la chica tomo el ramo de las manos de su amigo con una actitud juguetona -el ramo de flores funciona bien como soborno -agregó girándose hacia la cocina.
Mencionando lo último el joven simplemente la siguió dócilmente, para el alivio de su hambrienta barriga y gran vergüenza de su mente.
…
-He sido una terrible persona Tsubaki- se disculpó el joven por enésima vez esa mañana mientras bebía el té floreciente que le había ofrecido su amiga de la infancia.
-¡Claro que no!, siempre escribes y los regalos que nos diste en navidad fueron increíbles- la castaña cortó el discurso pesimista de su amigo, o al menos lo intento mientras terminaba de servir el desayuno para ambos: tostadas con mermelada, y yogurt con fruta y más té.
-Pero no te he tratado como mereces…-la culpa seguía carcomiendo al joven quien no se perdonaba haber lastimado a una de sus personas más queridas.
-Estabas en Francia al otro lado del mundo, no te iba a exigir que estuvieras al pendiente de cada pequeña cosa que hay aquí…. -Tsubaki sonrió - Kousei yo soy la que siempre te he apoyado, comprendo por lo que pasas, y siempre, siempre, voy estar aquí cuando lo necesites.
Las palabras sinceras de la joven se hundieron en su corazón cual estacas afiladas: realmente era una persona horrible. Su determinación creció sobre lo que estaba a punto de hacer. Así que soltó el aire lentamente y se cuadro de hombro, como tenor dispuesto a soltar una Aria di Bravura antes de continuar.
-Bueno, al menos puedo empezar a compensarte con esto -le dijo mostrándole el sobre amarillo y sonriéndole tímidamente, mientras ella tomaba el sobre entre sus manos, abriéndolo con cuidado.
-¿Esto es? -preguntó observando los papeles dorado y rojo con letras color ébano.
-Una invitación, y una disculpa, ¿qué dices?..., tu y yo, ¡como en los viejos tiempos!, -Kousei le tendió una sonrisa tentativa mientras le explicaba su itinerario -tengo que ser juez en ese concurso este fin de semana, pero después podemos ir a cenar o pasear por la ciudad, yo que sé, como antes… ¡o quizás mejor!, ya tenemos edad para ponernos ebrios…- el intento de guiñar el ojo de manera seductora, desternillo de la risa a su mejor amiga. Así era como le gustaba recordarla, feliz y sonriente; dichosa, y radiante.
-Tomaré eso como un sí,- continuó el joven con una sonrisa cautivadora que solo pertenecía a aquellas personas a quienes consideraba parte de su familia.- Es mañana, a las 7 de la noche inicia, va a estar interesante… si bien tendré que estar apartado de ti durante la función en el palco de los jueces, tengo entendido que participará Koharu-chan tocando la trompeta, así que Hiroko-san estará también ahí, te divertirás, lo prometo!, no es otro estúpido concierto clásico, es uno en búsqueda de talentos! -abogo el joven con la emoción palpable en su voz
-vaya, y ya que respondiste por mi… no veo forma de negarme- asintió Tsubaki retomando el aliento- solo una cosa Kousei, después del concierto, ¡serás todo mío! ¡Como en los viejos tiempos!
-será una noche inolvidable, te lo prometo Tsubaki, recuperaremos el tiempo perdido.
Terminaron su almuerzo, casi comida. Conversaron un poco más, sobre las clases extras que tomaba Tsubaki, de los pormenores de vivir en Francia de Kousei, hasta que el reloj les indico que debían terminar con sus deberes a no ser que realmente no deseasen acudir a la gala. Cualquiera que los hubiese visto pensaría que sus caminos jamás se habían separado, al contrario, si algún ojo indiscreto los hubiese visto por la ventana de la cocina, pensaría que sus caminos estaban a punto de convertirse en uno mismo.
Claro está, las apariencias podían llegar a engañar...
... ….
¡Una cita con Kousei!
Por fin, después de muchos atardeceres, el destino parecía haberle sonreído a Tsubaki Sawabe.
No deseaba emocionarse en vano, pero todo parecía un cuento de hadas hecho realidad: el chico de sus sueños, su mejor amigo desde la infancia, Arima Kousei, finalmente estaba posando sus ojos añil sobre ella.
Se pellizco involuntariamente -ante las miradas atónitas de algunos transeúntes -para averiguar que no estuviese soñando despierta. El dolor por semejante repizco le demostró que no era así, y que todo había sido real: ¡Kousei la había invitado a salir! Definitivamente las cosas no podían estar mejor. Quizás lo que le había dicho su amiga Nao tiempo atrás era verdad… Quizás finalmente había llegado su turno de caminar al lado del gran músico, no como amigos, sino como algo más…
¡Algo más!
No supo en qué momento había metido su boleto en la bolsa delantera de su chaqueta justo al lado de su corazón o en qué momento acordó de verse en el auditorio el día del concurso; no se dio cuenta de cómo había abordado el tren con destino al distrito 10 para contarle todo a su amiga Nao con un nada halagador retraso o como eso no parecía importarle en lo más mínimo: finalmente Tsubaki Sawabe tendría una cita con Arima Kousei y…
Y quizá….
¡Algo más!
….
Kousei inspiró lentamente, llenando sus sentidos del lugar en el que se encontraba. Que curiosa sensación era el estar del otro lado del escenario; ser el juez y no el juzgado en un certamen musical.
Era temprano. Solo algunos de los asientos del auditorio estaba ocupado por alguno de los que había llegado temprano como él.
Si bien, no era un concurso de piano de renombre como a los que había asistido en el pasado, sino más bien una especie de Japan's Got Talent. Sentía que su corazón y su alma vibraban in crescendo por la emoción. ¡Qué diferente era el nerviosismo que sentía! Por momentos deseaba estar sobre el escenario, en lugar de esa fría butaca con un puñado de hojas con fotografías, nombres y datos que tenía que llenar para dar el triunfo a alguno de los competidores. Al menos sobre el escenario sabría perfectamente lo que estaba haciendo, en vez de contener en su una sensación de incertidumbre, un sentimiento de usurpación de una posición que merecía algún pianista más prestigioso, o alguien con mayor talento musical que él.
-Miren nada a quien tenemos aquí, ni más ni menos que el famosísimo Arima Kousei-sama - el aludido se giró para mirar al hombre rubio que saludó de manera casual. Lo conocía perfectamente: Aiza Takeshi, el hermano mayor de Nagi-chan y por alguna razón que él no comprendía del todo, su autonombrado rival. Tras de él se encontraba una joven belleza oriental con temperamento digno de un tsunami, a quien por un momento no logro conocer, de no ser por aquellos ojos penetrantes ojos color cobre: su antigua compañera en competencias, la gran pianista Igawa Emi. Junto a ellos, un grupo de personas comenzó a congregarse a su alrededor, la mayoría rostros poco familiares.
-Kousei no lo puedo creer, me lo dijo Nagi-chan pero lo creí hasta ahora -el tono de Takeshi cambio de ser árido, a uno más familiar, de camaradería.- bienvenido nuevamente, Just in time my Friend!
-Takeshi-kun, Emi-san que bueno verlos-contesto el pianista de ojos añil, no recuperado del todo por el reencuentro. Se levantó para saludarlos debidamente.
-Bueno, bueno, ahora dinos: -continuó el rubio tras los saludos formales -¿que hizo mi hermana para convencerte? ¿Cómo te chantajeo?
-No lo hizo -dijo Kousei defendiendo a su joven pupila- Nagi me pidió el favor porque faltaba el quinto juez, me dijo que los había abandonado en último momento...
-Oh claro! el quinto juez… -intervino Emi guiñando un ojo- que chica tan lista, que mejor que Arima Kousei para ser el reemplazo de última hora, lamento decepcionarte de tus buenas acciones Arima-san pero debo decirte que esa linda Bishojo rubia y de ojos achocolatados te mintió.
-¿Qué?- en el rostro de Kousei no cabía más sorpresa a través de los cristales de sus gafas. ¿Había sido engañado?
-Así es, Nagi hizo una apuesta con Takeshi a que tu serias el juez del evento -le explicó la joven tácitamente - y si por alguna razón que no fuese de esa manera, ella dejaría sus intentos de ingresar a la misma facultad de música en que tú, y acudiría con su celoso hermano mayor a Melbourne.
-No… no lo puedo creer -la mente de Kousei estaba en blanco, en alguna parte recóndita sabía que debía de estar indignado por el engaño de Nagi, pero otra parecía bastante halagado de pensar que ella deseaba asistir a Versalles dentro de un par de años.
-¿cómo lo diría ella? Que cliche! -sonrió Emi dando por zanjado el asunto - En fin Kousei, me alegra que te haya convencido, es divertido volver a tenerte cerca, aunque no sea como competidor. -la pelinegra se giró un poco hacia las otras personas que habían entrado en el palco -Te presento a nuestros otros compañeros en el jurado: Madame Oruha -Kousei se inclinó respetuosamente ante la conocida cantante, era una mujer con el cabello como una masa de rizos negros azulados hasta la cintura y ojos oscuros melancólicos le daban un aire etéreo: hermosa, magnetizante y casi mágica, al igual que su voz. -y al joven Hanazawa Rui -esta vez hubo un extraño apretón cordial de manos, quizás algo normal si se encontrase en algún lugar de occidente, pero ciertamente desconcertante encontrándose y siendo ambos originarios del país del sol naciente, con el reconocido violinista rubio, pero este parecía más interesado en la arquitectura del edificio que en sus colegas jueces.
-Un placer conocerlo Maese Kousei -le saludo Oruha con una sonrisa misteriosa -les parece si tomamos asiento
Mientras el auditorio se llenaba lentamente, Takeshi les pasó a sus compañeros jueces una libreta y una tabla donde estaban anotados los participantes según el orden en el que iban a aparecer, así como lo que iban a interpretar.
-Solo vamos a calificar los siguientes puntos -le indico Oruha mostrándole una hoja al azar - interpretación, expresión en el escenario, habilidad con el instrumento, armonía y ritmo… así que por favor diviértanse esta noche y traten de ser lo más justo posible.
-qué curioso, los concursantes no podrán vernos desde aquí -comento Rui mientras tomaba asiento delante de Kousei
-Si le pones mala calificación a Nagi te mando de una patada a Francia. -le amenazo Takeshi en un susurros que no pasó desapercibido por su novia.
-pues si haces eso yo me voy con el -le dijo Emi al lado de su novio -¿podrías invitarme un croisant y un cafe au lait? ¿Nee kousei?
Kousei rio nerviosamente mientras, la conversación a su alrededor se reanudaba hasta que el auditorio estuvo ocupado casi en su totalidad, pero tanto el corazón anhelante del joven como su mente brillante, divagaba entre la emoción de su primer papel como jurado, así como aquella sensación extraña de estar usurpando el puesto de alguien famoso, como en aquellas películas holliwodenses en las que todo era posible.
Las vueltas de la vida… yo suelo ser quien es juzgado, y ahora yo juzgaré… c'est la formidable vie:todos los límites son convenciones.
La voz de una mujer lo hizo volver de su mundo de pensamientos, devolviendo su mirada hacia el escenario frente al y dando un gran vuelco en su corazón:
-Damas y caballeros esta es la tercera llamada, comenzamos.
Y con un destello fugaz las luces se apagaron.
Continuará...
….
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¿Qué tal? ¿Les gusto? ¡Tranquilos, tranquilos que viene lo mero bueno! No olviden seguirnos leyendo y dejar un review para esta historia que con todo nuestro musculo miocárdico escribimos para ustedes
En este capítulo, no hay Easter Eggs que no hayan sido mencionados antes, si tienen alguna duda de quién es quien, no olviden leer las notas de autor al final del fanfic del capítulo anterior, ahí están las referencias.
¿Qué sucederá? ¿Qué tal será la cita con Kousei de Tsubaki? ¿Y qué interpretaciones podremos ver? ¿Habrá nuevos Easter eggs?
Descúbranlo la siguiente semana en su Fanfic favorito: Atrapada en Ambar!
¡Nos leemos la próxima semana!
Su autora que, por si a estas alturas no se han dado cuenta, adora el drama,
The Candy Girl!
