Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien, y espero estén disfrutando de alguna manera la historia (de ser ese el caso, me haría muy feliz). Como se puede ver en el número de arriba, este capítulo es exactamente la mitad de la historia. Y por ende, creí que merecía un capítulo doblemente más largo. Tiene sus momentos alegres y tristes, como todo en la vida, pero principalmente apunta a describir más la relación de ambos personajes. Espero les guste. Desde ya, muchas gracias a todos por su eterna amabilidad. ¡¡Nos vemos y besitos!!
Yuxtaposición de soledades
Irracional
XI
"Conformismo"
Observó por el rabillo del ojo a Ino regresar de donde fuera que se hubiera ido. Por alguna razón u otra, que Shikamaru desconocía –y habitualmente lo hacía-, Ino parecía molesta. Debía admitir que no le sorprendía demasiado, no podía decir que lo estuviera; Ino habitualmente lucía enfadada. Y si no lucía enfadada o no estaba enfadada, siempre había una posibilidad de que lo estuviera. Sus cambios de humor constantemente oscilaban de una manera peligrosa, lo cual la hacía quien era. La hacía impredecible. Como ella se solía decir, pagada de sí misma. Para Shikamaru, sin embargo, la elección de palabras sería otra. Problemática, quizá. Un poco loca, tal vez. Y la lista podía continuar, eternamente si lo quisiera porque a lo largo de los años Shikamaru había aprendido mil y un palabras para nombrarla (no en voz alta, por supuesto. Nunca en voz alta); pero hacer tal cosa requeriría demasiado tiempo y esfuerzo y el Nara no estaba interesado en categorizarla. No creía que pudiera hacerlo, tampoco. Ino era demasiadas cosas en una como para intentar encasillarla bajo un solo nombre. De todas formas, encasillarla era lo que Ino más odiaba; y Shikamaru era lo suficientemente sabio como para no hacerlo.
Al verla acercarse; a pesar de que sus instintos, prácticamente, le gritaban que no lo hiciera; le preguntó que sucedía que tenía aquella expresión. Ino, como era de esperarse, lo tomó de mala manera.
—¿A qué te refieres con "esa cara"? —espetó, cruzándose de brazos y recargando todo el peso del cuerpo en uno de sus pies, quebrando su cintura dramáticamente en el proceso.
El Nara golpeó su frente, arrepentido. ¿Por qué no había hecho caso a sus instintos precavidos? No lo sabía. Lo único que SI sabía era que Ino tenía una capacidad asombrosa de tergiversar cualquier palabra, cualquier situación y convertirla en lo que quisiera. Ella podía tomar entre sus dedos cualquier cosa y retorcerla hasta darle la forma que le placiera o quisiera. En este caso, necesitaba alguien en quien descargar su frustración y Shikamaru casualmente era el tonto que se cruzaba en su camino. Lo peor de la situación era, que él mismo se había puesto en su camino. Como si deseara ser arrollado por la fuerza imparable que era Ino. ¡Genial! Lo que me faltaba.
—No contestaste, ¡¿acaso tiene algo mi rostro que no te gusta?!
El moreno masajeó sus temples en silencio. No, por más que lo intentara y la ignorara; Ino no desaparecía. Era un hecho. Debería decir algo, y debería hacerlo pronto, o Ino se tornaría aún más insoportable —Eso no es lo que quise decir.
—Entonces, ¡¿qué?! —demandó, agitando un dedo delante del rostro del chico. Él deseó, por un momento, tener a Chouji consigo. La presencia de su amigo siempre hacía las cosas del todo un poquito mejores. No demasiado, pero era algo.
—Nada, olvídalo —y, sin decir más, dio media vuelta y se dirigió hacia donde se encontraban Shino y Kakashi. Ino lo siguió de cerca, prácticamente respirándole su aliento cargado de sulfuro en la nuca. Shikamaru pensó entonces, aunque ya lo sabía perfectamente, que Ino no era ninguna princesa en apuros atrapada en la torre más alta del castillo y aguardando a que fuera rescatada. No, Ino era el dragón. El gran monstruo que rondaba la torre respirando maldad y escupiendo fuego. Aquel que de un golpe podía derribarlo todo en segundos. Eso era Ino.
Desde unos pasos más atrás, la oyó decir —Shikamaru, me estás ignorando.
No. No podía ignorarla, por más que lo deseara. No podía hacerla desaparecer ni a su penetrante voz; pero podía pretender que lo hacía, y podía pretender que lo lograba —Eso intento.
La rubia sonrió, su tono de voz adquiriendo un tinte alegre y juguetón —¿Y cómo te esta resultando?
Shikamaru la observó pisarle los talones y farfulló —Ayudaría que dejaras de revolotearme como un mosquito o, al menos, que hicieras silencio unos segundos.
Ante esto, Ino recobró el estado de ánimo funesto que había tenido minutos atrás. ¿Cómo osaba Shikamaru, de todas las personas del mundo, compararla con un mosquito? Y, más aún, ¿quién se creía que era para decirle que se callara? —¿Disculpa? —se detuvo. Él también se detuvo—. No te halagues tanto Shikamaru. No revolotearía, como tú dices, a alguien como tú.
A pesar de que Shikamaru lo sabía, y de que era un comentario para fastidiarlo y de que quería convencerse de que no le afectaba. Lo hizo. Las palabras de Ino lo fastidiaron. Después de todo, y a pesar de que no lo manifestara abiertamente, él también tenía un ego; uno masculino. Y el comentario había apuntado como una flecha directo al centro del blanco —No te preocupes, no me halagaría aún si lo hicieras.
Y, tras soltar las palabras, retomó su camino hacia donde se encontraban Kakashi y Shino. E Ino permaneció allí, inmóvil, contemplando la espalda del Nara alejarse más y más de donde se encontraba. La del ego herido, ahora era ella. Ino sabía, y era perfectamente capaz de usar dicho conocimiento, el efecto que tenía en los hombres. De todas las variedades, tamaños y colores. Era indiferente. Ino podía, si apretaba los botones correctos en el exacto momento y si trabajaba los nervios adecuados, conseguir de ellos lo que quisiera. Era un don, y una maldición para ella; pero era con la maldición con la que le había tocado vivir. Ino era una titiritera, una que conocía como tirar de las cuerdas adecuadamente. Pero con Shikamaru era distinto, el Nara tenía esa actitud de moralidad superior que la fastidiaba. Siempre juzgando sus acciones, cuestionándola y analizando el significado detrás de todas y cada una de sus decisiones. Siempre vanagloriándose de estar por encima de los efectos de cualquier mujer, alegando ser inmune a todos y cada uno de ellos. Diciendo que las mujeres eran problemáticas, complicadas y una pérdida de tiempo. Que solo existían para complicar la vida de los hombres y reducirlos a nada. Como su padre, que no era nada cuando estaba alrededor o próximo a su madre. Para Ino, era absurdo. Y el que dijera que ella no era capaz de seducirlo era más que suficiente. Pero, peor era, sugerir que aún si lo intentara para él solo sería una molestia. Un fastidio.
—Ese idiota... —masculló. Decidida a asegurarse que el moreno tragara todas y cada una de sus palabras, a asegurarle que NADIE se burlaba de esa forma de ella y que era ella quien tenía la última palabra en el asunto. Siempre.
Por lo que, claramente agraviada, caminó hasta donde se encontraba el moreno –discutiendo cuestiones de la misión con ambos shinobi- y se detuvo detrás de él; cruzada de brazos e impacientemente golpeando el pie contra el suelo. Bufando aquí y allá, solo para añadir al enfado que realmente sentía y quería demostrar más realismo. Solo para asegurarse que Shikamaru comprendiera el mensaje. Sin embargo, este la ignoró plenamente. De hecho, ni siquiera reaccionó ante su presencia. Lo cual la enfadó del todo un poco más.
No importaba. Podía aguardar. Ino no era una persona paciente, de hecho era prácticamente el polo opuesto a la paciencia, pero si se trataba de una batalla que debía ser ganada; Ino era capaz de aguardar días con el fin de lograr dicho objetivo. Y lo haría, así si tuviera que aguardar una hora o más parada allí, lo haría. Y, no, no estaba siendo infantil (como Shikamaru diría seguramente); la cuestión iba más al fondo. Mucho más. No solo se trataba de su ego magullado. O, quizá si.
Por largo rato lo oyó debatir horarios de partida y caminos de regreso posibles que pudieran acelerar el proceso de retorno a la aldea. En silencio, analizó el mapa y en su cabeza probablemente señaló cientos de variables para analizar más tarde. Ino nunca entró en la cabeza de Shikamaru, ni siquiera para practicar su jutsu, pero se imaginaba que sería de esa forma. Ordenada y organizada en variables y categorías. Como un viejo archivero lleno de recuerdos y situaciones y razonamientos. Lleno de conceptos y demás. Todos organizados prolija y pulcramente. Tal y como era él. Hacerlo, entrar a su mente, era algo que siempre había deseado pero nunca había admitido. Y nunca lo haría. Aún así, la curiosidad de saber como sería el mundo interior de él y verlo desde adentro no desaparecía. Aún con todas las contraindicaciones de la técnica. Aún con todas las advertencias que su padre había mencionado. Aún entonces, lo deseaba. Se preguntaba cómo podría ser. Shikamaru era aburrido, si; pero no había forma de negar que era inteligente (aún si ella misma lo negara en voz alta) y se preguntaba qué diferenciaba la mente de Shikamaru de tantas otras para hacerlo tal y como era.
Su expresión de enfado había sido olvidada tiempo atrás. La conversación sobre el mapa y el retorno a la aldea se estaba extendiendo demasiado e Ino no sentía otra cosa que no fuera aburrimiento. Profundo, muy profundo aburrimiento. Y toda ira se había ido apagando lentamente, se había enfriado completamente; pero eso no significaba que no estuviera allí. No, seguía allí. Solo... la congelaría para usarla después.
En ese instante, Shikamaru se volteó a ella para decirle algo —Ino.
Ella, en ningún instante dejó de mostrar fastidio alguno —¿Si?
—¿Puedes avisar que decidiremos quiénes harán guardia y en qué orden?
La joven se cruzó de brazos —¿Y por qué yo?
Todo lo tiene que discutir —¿Y por qué no?
La rubia sonrió y desvió la mirada, observando de reojo a Shikamaru con un tinte malicioso en sus ojos cobalto —No dijiste las palabras mágicas.
Él la miró con incredulidad. ¿Acaso lo decía en serio? —¿Qué tenemos, 10 años?
Ella decidió pasar por alto la pregunta sarcástica del Nara y continuó sonriendo de aquella forma —La cortesía no expira.
Shikamaru puso los ojos en blanco. Y todo eso viniendo de una mujer que no tiene ningún tipo de cortesía, en absoluto —Es una buena lección, quizá deberías aprenderla.
Una línea de expresión atravesó su perfecta frente —¿Acabas de llamarme grosera?
—No.
Ella dio un paso al frente, amenazante —Si lo hiciste.
Esta vez, él no retrocedió —No —y fue conciente de las miradas de Shino y Kakashi. ¡Genial! Ahora estoy haciendo una escena con Ino.
—¡Oh! Lo hiciste, Nara. Al menos sé lo suficientemente hombre como para admitirlo —rió, maliciosamente—. ¡Cierto, no lo eres! Eres un cobarde y un holgazán bueno para nada.
Pellizcando el puente de su nariz, dejó escapar un suspiro de fastidio. Ino era imposible, sabía perfectamente qué botones apretar para causarle hastío. Y Shikamaru rara vez se dejaba llevar por el violento torbellino de locura que era la chica pero la rubia lo hacía imposible. Aún así, no cedería. No le daría el gusto de caer en tan infantil conducta. Estaban en una misión, después de todo. Y debían comportarse como tal. Aún si Ino parecía no recordarlo.
—Bien... olvídalo, iré yo —musitó. Dando media vuelta y encaminándose hacia donde se encontraban Neji y Tenten conversando.
Sin embargo, Ino se adelantó —No, yo lo haré —dirigiéndose aún con paso más acelerado en la dirección en la que Shikamaru se había dirigido antes. El moreno la observó marcharse, incrédulo. No, ahora definitivamente estaba seguro. No había parámetro alguno para juzgar a Ino.
Volviéndose a Kakashi y a Shino, decidió ignorar las miradas de ambos; que habían presenciado toda la discusión y retomó su tarea de examinar el mapa, aunque ya no había en él nada que examinar. Eso le despejaría la cabeza, al menos por unos segundos. Afortunadamente para él, Neji y Tenten regresaron prácticamente seguidos de Ino, y Kiba y Hinata los siguieron de igual manera. Sakura, por otro lado, yacía durmiendo acurrucada contra la hierba junto a Sasuke y Naruto. Y, cerca de ellos, se encontraban inconscientes todos los prisioneros; a los cuales les habían proveído un somnífero lo suficientemente potente para mantenerlos dormidos el resto del camino. Por lo que serían solo ellos quienes hicieran guardia.
Una vez que estuvieron todos reunidos en el mismo punto, Shikamaru se dispuso a aclarar que dividirían los turnos nocturnos en turnos de dos horas cada uno –dado que ya eran las diez de la noche- y que cada uno cenaría durante su turno para no perder tiempo alguno de descanso. El último, culminaría a las 6 a.m. y a esa exacta hora partirían de regreso. Cada turno, obviamente, sería realizado en parejas con el fin de que uno velara por la vigilia del otro y respectivamente. Sakura y Naruto serían una excepción, por razones obvias, y en su lugar se encargarían Kiba y Hinata, quienes tomarían sus respectivos lugares. El resto de las parejas, permanecerían tal cual establecidas y lo único que faltaba por establecer era el orden de dichos turnos.
Luego; dio un paso al frente y, extendiendo la mano hacia donde se encontraba la que fuera su ausencia, dijo —El que saque el más corto será el primero, el segundo más corto el segundo y así sucesivamente...
Ino, a su lado, contempló la mano y los cuatro pequeños palillos con incredulidad y luego volvió su vista al Nara. Una y otra vez, hasta que no pudo contener por un segundo más el pensamiento. No que lo hubiera intentado, tampoco. No —¿Ese es tu "genial" método, Shikamaru? ¿Honestamente?
Él cerró los ojos, rendido. No estaba seguro de qué razón había colocado a Ino en su camino pero estaba seguro que debía ser el karma –aún si el moreno no creyera en tal concepto-, debía serlo. Quizá era una especia de castigo por llamar problemática a su madre constantemente, o quizá por alguna razón que desconocía pero que ameritaba un castigo como tal. Lo cual dudaba, nadie merecía que Ino lo tratara como lo hacía con él. Solo ella pensaba que Shikamaru lo merecía.
Finalmente, Kiba, dando un paso firme al frente; declaró orgulloso que sería el primero en sacar el palillo del puño de Shikamaru. Ino, por otro lado, no perdió de vista la forma en que los ojos de Neji se clavaban en la nuca del castaño —¡Ja! —exclamó orgulloso, contemplando el palillo. Eso hasta que Shikamaru mencionó que había sacado, en efecto, el más corto —Estúpido sistema.
El siguiente fue Shino, quien sacó –de todos- el más largo y retrocedió nuevamente junto a Kakashi. Luego Neji, quien sacó el segundo; lo cual no pareció complacer en absoluto al Inuzuka pues tendría que cruzarse con él en el cambio de turno. Y, por último, Ino dio un paso al frente. Caminando, dando pequeños rebotes contra el piso y extendiendo la mano con gracia hasta sacar el último palillo de todos. Sonriente, se lo mostró a Shikamaru.
El moreno golpeó su frente con la mano. Había veces, en que Ino parecía una niña. Una pequeña niña alborotada. Otras, podía ser la mujer más manipuladora y maliciosa que quisiera ser y el constante cambio de una a la otra lo desconcertaban —Ino, ya sabíamos qué turno nos tocaba. No necesitabas sacarme el palito de la mano.
Pero ella lo ignoró, fría e indiferentemente. Jugando, aún, con el pequeño palillo entre sus manos. Y, sin decir más, se acomodó contra el tronco de un árbol. Shikamaru la siguió, aunque renuente.
—¿Qué quieres?
Él la observó incrédulo —Mi parte del árbol.
—¿Tú parte? No veo tu nombre por ningún lado.
El moreno puso los ojos en blanco —Ino...
La joven sonrió —¡Oh, ya veo! Quieres dormir conmigo.
Shikamaru pensó la rapidez con que Ino dejaba de ser la niña pequeña y caprichosa para convertirse en la mujer sugerente y manipuladora que él sabía podía llegar a ser —Ino...
—¡Bien, bien! Te dejaré un lugar, ¡Dios eres un malhumorado!
Cansado e ignorando los comentarios de Ino, se dejó caer junto a ella y tiró la cabeza hacia atrás. Suspirando frente al agotamiento físico y mental que la misión (e Ino) estaban causando en él. Lentamente, cerró los ojos.
Las cuatro horas siguientes, parecieron no existir. O, al menos, eso supuso él ya que el supuesto descanso que debía tener desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Supuso que tenía que ver con Ino, siempre que ella estaba a su alrededor; cosas malas pasaban (particularmente para él) y él no podía hacer nada al respecto. Y, para incrementar el infortunio de su situación, debería ahora pasar dos horas con la exasperante mujer haciendo guardia. Quizá, Dios –si tal ente existía y él no lo creía pues, si en su mundo había un Dios, debía ser uno con un humor sumamente retorcido- había decidido finalmente castigarlo.
—Luces terrible... —señaló ella tras observarlo con una leve sonrisa.
Él torció el gesto, conciente de las ojeras negras que debía tener cavadas bajo la piel de sus ojos. Ino pareció notarlas también.
—Vaya ojeras...
Shikamaru suspiró. Quiso encontrar ojeras en ella también o algún defecto que pudiera señalar solo para fastidiarla y forzarla a que lo dejara de molestar pero no encontró nada. No que hubiera tenido esperanza de hacerlo. Ino lucía perfecta. No había en su larga cabellera dorada ni un cabello fuera de lugar, en su inmaculada piel de porcelana no había siquiera una marca de imperfección. No había ojeras ni restos de cansancio, ni nada. Supuso que se debería a algún maquillaje que estaría usando, pues Ino se rehusaba a lucir menos que perfección, pero tampoco este estaba corrido. Ni siquiera un centímetro, ni una mancha delatora. Aún con el ajetreo de la misión y demás, Ino no tenía un defecto en su aspecto que manifestar. Era innatural y frustrante. Ino era dolorosamente hermosa, siempre luciendo como una muñeca inmaculada, como esas mujeres de las revistas que jamás deberían poder lucir así. No en la realidad. Porque nadie podía verse de esa forma por fuera sin tener algún defecto no visible. Nadie podía lucir de esa forma en la realidad. No era simplemente humano. No, Ino era artificial. Desde su perfectamente cuidado cabello de hebras de oro, sus peligrosas y largas pestañas, su piel de porcelana hasta las uñas de sus pies. Perfectamente arregladas y pintadas, obviamente, de púrpura. Todo en ella era falso, pura apariencia, y mientras esa era la apariencia que hacía que hombres enteros cayeran a sus pies como soldaditos de juguetes con los que ella podía jugar a su antojo hasta cansarse y quemarlos con una gran lupa como una niña maliciosa; a Shikamaru no le provocaba nada. Ino era hermosa, si, él lo sabía –quizá mejor que nadie-, pero lo era cuando no estaba cubierta de maquillaje y lucía remotamente natural. Pero Ino no permitía a nadie verla de esa forma, solo Chouji y él sabían como lucía debajo de toda aquella máscara. Debajo de la apariencia de modelo o estrella de cine.
Toda cavilación sobre el asunto se detuvo cuando sintió la suave yema de un dedo posarse sobre su rodilla y presionar levemente contra ella. A esa le siguió otra y otra e Ino empezó a tamborilear con los dedos distraídamente. Luego, volvió su rostro a él y batió sus largas pestañas negras en el aire; fingiendo inocencia.
—Ino... —susurró, deteniéndola por la muñeca y quitando la mano de ella de su propia pierna. La rubia simplemente sonrió y, extendiendo su otra mano, tomó un cabello negro de Shikamaru y comenzó a jugar con él como si no tuviera la menor importancia.
Luego dijo —Nunca vi tu cabello suelto.
Él apartó su cabeza arrancando el cabello de la mano de ella —¡Tsk! Deja de hacer eso, es problemático.
Ino, una vez más, fingió no saber de qué hablaba —¿Hacer qué?
El moreno la observó de reojo —Eso.
Pero Ino no era de las que se rendía fácilmente. Para ella, todo era un juego, una competencia –Ino hacía de todo una competencia- donde se trataba de demostrar quien poseía el control. Y era ella, siempre, quien debía tener el control. Ino odiaba ser segunda.
—No se a que te refieres —susurró, rozando sus labios contra la oreja de él. Un escalofrío descendió por la espina dorsal del chico. Intentó ignorarlo, pero era demasiado. Ino estaba llevando el juego demasiado lejos.
Con la voz ronca, pero intentando disimularlo, replicó —Eso... Es problemático.
Ino sonrió, Shikamaru removiéndose incómodo en su lugar era una vista graciosa. Verlo intentando no manifestar algo más que aburrimiento y fastidio lo era aún más. Era la victoria, para ella lo era.
—¿Te molesta? —volvió a susurrarle, una vez más estableciendo un breve y efímero pero certero contacto con él. El Nara sintió un nudo formársele en la garganta. Ino estaba jugando con él, como lo hacía con cualquier otro desafortunado hombre que estuviera en su camino, y lo hacía con una facilidad mayor de la que él debería permitir. No significaba nada, ninguno de sus gestos y roces lo hacía, y él lo sabía mejor que nadie. Ino era inteligente, más de lo que el resto le daba crédito, y sabía exactamente qué recurso usar en tal o cual momento dado y para cual o tal persona para obtener lo que quería. Aún si lo que solo deseara fuera algo tan infantil, como fastidiarlo a Shikamaru para probar que ella podía hacer de él lo que quisiera. Pero él se esforzaba por hacerle entender que no, que él no era como todas esas marionetas con las que ella jugaba hasta que estaban viejas y gastadas y entonces las tiraba. Él no era alguien con quien ella pudiera divertirse para luego descartar. Él no le daría lo que ella deseara por más que gimiera e hiciera el berrinche que quisiera.
—Ino —la apartó con la mano—. Detente. No seas problemática... todos sabemos que no me deseas y que solo intentas probar un punto.
Ella volvió a sentarse contra el árbol y cruzó ambos brazos frente a su pecho —Podría desearte.
El moreno negó con la cabeza, cansado. Ino era demasiado trabajo y demasiada energía y parecía succionarle la vida lentamente. Había días en que podía soportarlo con facilidad pero otros se hacía demasiado imposible. Ino era la mujer más problemática que había tenido el infortunio de conocer en su vida y todo lo que ella significaba era apabullante. Agotador. Ino era frustrante, de hecho, era la definición de frustración.
—Tú no te conformas.
Ella sonrió, sabiendo que él estaba en lo cierto —No.
El Nara –sentado contra el árbol aún con las piernas plegadas- apoyó su codo derecho sobre su pierna derecha y sobre éste descansó su frente. Cerrando suavemente los ojos por un instante, murmuró —Muerte.
Ino lo contempló desconcertada, parpadeando sus grandes ojos azules —¿Huh?
Shikamaru bostezó, estiró ambos brazos detrás de su cabeza y se reclinó una vez más contra él árbol detrás de ambos; luciendo completamente desinteresado y aburrido —Eso es lo que hace grande al tipo de romance que tú dices querer.
La joven soltó una carcajada, luego añadió —No creas que soy tan tonta Shikamaru, eso lo sé.
Él la observó de reojo, sus ojos color chocolate escudriñando los de ella en busca de algo. ¿Qué? No sabía —Las mujeres son problemáticas. La muerte no tiene nada de bello, Ino.
Ella acomodó un mechón rubio detrás de su oreja y alzó la vista al cielo, contemplando la oscuridad del firmamento por encima suyo —Entonces, ¿qué? No hay razón para que estemos aquí, no hay motivo. Nada de esto tiene sentido.
Shikamaru continuó observándola de reojo. Aún si Ino no lo manifestaba y la máscara perfecta de belleza no se descascaraba ni por un segundo, él podía ver que Ino estaba sufriendo. En aquel preciso instante el pensamiento le estaba provocando angustia. Para Ino, todo tenía que ser bello y el que la vida fuera solo azar y no tuviera sentido no era bello en absoluto. Y, por tanto, no podía ser.
—No lo sé.
Molesta, ella lo golpeó —¡Eso es estúpido! —Shikamaru siempre había sido de esa forma. Aún desde que eran niños, él siempre se había encargado de desmentir todas y cada una de las cosas en las que Ino solía creer. Como, cuando tenían tan solo 5 años y sus padres se habían juntado a beber, le había dicho que las estrellas fugases no cumplían deseos, ni hacían nada por el estilo (y que no había nada de mágico en ellas), sino que eran solo pedazos de roca de diversos y variados tamaños que vagaban por el espacio sin motivo alguno y que caían al colisionar con la atmósfera para desintegrarse y morir. Tras eso, Ino había llorado una semana. Nunca antes había vuelto a pedir un deseo a una estrella. Y Shikamaru se había convertido en su persona menos favorita. Años después, volvería a hacer lo mismo; diciéndole que no entendía que veían las mujeres en un hombre como Sasuke Uchiha, cuando solo se trataba de una triste persona dañada por el mundo. Y nada más.
—Si no tiene sentido que estemos aquí... ¿Qué estamos haciendo?
La expresión seria de él se suavizó, solo un poco —Sobrevivimos, por poco poético y problemático que suene. E intentamos no estar solos.
Ella negó con la cabeza —Estamos solos, todos nosotros. Las personas tarde o temprano desaparecen... —como la amistad de Sakura, como Sasuke y como Asuma-sensei...
El chico negó con la cabeza, él era el cínico y escéptico de su equipo, el racional y el que no creía en las hadas y los duendes y demás creaciones de la imaginación y; sin embargo (e irónicamente) era él quien creía en las personas y era ella quien había perdido toda fe en ellas. De niños, era él quien no creía en cuentos de hadas y finales felices y era ella quien si lo hacía. De adultos, era ella quien ya no lo hacía y era él quien había empezado a hacerlo. O al menos, deseaba creerlo, lo cual era infinitamente distinto; pero era algo. Ino no creía ya en nada.
Por breves instantes, cayeron en el silencio; pero Ino odiaba el silencio. Odiaba permanecer en él demasiado tiempo, odiaba la sensación de entumecimiento que le provocaba. Por lo que, decidida a romperlo, comentó; como quien no quiere la cosa —Empezaré a entrenar con Ibiki Morino.
Shikamaru se tensó y sus ojos se clavaron en ella. Él sabía bien quien era Ibiki Morino, su padre le había contado de cuando el padre de Ino había trabajado con él en el escuadrón de interrogación y tortura. Era un hombre aterrador, casi demente, de métodos atroces e incapaz de sentir piedad alguna. Era frío y solitario y podía obtener de quien fuera lo que quisiera. Nadie se había rehusado nunca a decirle nada. Nadie había podido. Y el que Ino fuera a entrenar con un hombre como él le provocaba escalofríos. Ino ya era lo suficientemente aterradora por su cuenta.
—No creo que lo necesites.
Ella lo observó ofendida —¿Qué demonios se supone que significa eso?
Ino tenía un ingenio astuto, incisivo, era egocéntrica y narcisista –la mayor parte del tiempo-, era una fuerte inconformista –como ella misma había dejado en claro- y tendía a ser caprichosa. Esas eran características peligrosas de su personalidad, pero más lo era el hecho de que cuando quería, podía ser maliciosa y cruel, para obtener algo que deseara a cambio o solo por el simple hecho de poder serlo. Y con los años esas características negativas de ella se habían incrementado. Y todo se reducía a un nombre, el nombre del hombre que yacía inconsciente unos metros más allá junto a Naruto y Sakura: Sasuke Uchiha. Sasuke Uchiha, definitivamente, había logrado lo que nadie más; había dañado a Ino como nunca nadie había podido hacerlo. Había quebrado todas sus defensas y su confianza en los demás con ella. La había roto.
Y temía que con el entrenamiento de Ibiki Morino, Ino perdiera el resto de humanidad que le quedaba y, se convirtiera, finalmente en la muñeca sin corazón que tanto parecía ansiar ser —Solo... creo que no lo necesitas.
—¿Crees que debo conformarme? Sabes que no lo haré.
Él tiró la cabeza hacia atrás y reposó sobre la idea unos instantes. No, Ino nunca se conformaría con menos de lo que creía que merecía. Ino jamás se conformaría con menos. Punto. —¡Bah!, mujer problemática. No es eso.
—¿Entonces, qué? Shikamaru —demandó saber. La había hecho enfadar, una vez más. Ni siquiera sabía que había dicho esta vez, en concreto, para molestarla. Ino era fácilmente irritable y eso lo había aprendido a él través de los años. Al menos con él lo era, y siempre se preguntaba porque la rubia sentía que debía enfrentarlo cada vez que abría la boca. Con ellos, siempre era discusiones y peleas. Aún cuando él no hacía ni decía nada, se iniciaba una pelea por dichos motivos. E Ino empezaba a nombrarlo desde holgazán hasta bueno para nada, considerando la gama intermedia entre ambos insultos. Y él lo toleraba, una y otra vez, a través de los años. Y se decía que lo hacía porque era demasiado perezoso como para defenderse o para decir algo que la hiciera callar, pero él sabía que no era la verdad. Que la verdad era otra.
—¡Cielos, mujer! —exclamó, rascando su nuca fastidiado. Por una vez quería dejar de discutir y pelear. Quería dejar de sentirse en un campo de batalla o en un tablero de shogi, quería dejar de pensar cautelosamente cada palabra y cada próximo movimiento como si pudiera ser el último—. No lo sé. Es lo que pienso...
—Pues... ¡no me importa! —declaró. Orgullosa. Como si alguien como ella fuera a hacerle caso a alguien como él, alguien que no se esforzaba en mejorar solo porque requería demasiado esfuerzo. Un conformista. Un perezoso. Un cobarde.
—Vaya... —masculló sarcásticamente, bostezando— Esa es una novedad. No te importa lo que piense...
—No —volvió a decir—. La especialidad de mi clan es la interrogación y la tortura...
Y tú eres buena en ello, pensó amargadamente. Sabiendo la facilidad con la que Ino era capaz de reducir a un hombre a nada, la facilidad con la que podía quebrar mentes y manipular personas a su alrededor. La facilidad con la que se desenvolvía en la hermosa mentira que era pretendiendo que era verdad, que esa era la verdadera ella. Que no había nada más. Pero él sabía lo contrario —Eso no significa que sea lo que tú debes hacer.
Ella sonrió y murmuró, más para sí que para su acompañante —No más misiones de seducción.
En la materia, ella era la mejor. Era ideal para infiltrarse, seducir al objetivo y obtener de él todo lo que necesitaba y deseaba. Y con los años se había vuelto mejor, pero las misiones nunca dejaban de repugnarle. Desde la primera a la última, recordaba todas y cada una de ellas. Cada rostro antes de eliminarlo por ser el objetivo. Cada repulsiva mano sobre ella, cada mirada lujuriosa como si se tratara de un mero objeto o un pedazo de carne. Aún con el tiempo, no dejaba de perturbarle; pero había aprendido a disimular. Había aprendido a actuar y a mentir como nunca antes lo había hecho, y se mentía a sí misma de que todo aquello era por un bien mayor.
Una vez más, cayeron en el mismo silencio. Sin embargo, esta vez no fue Ino quien rompió el mutismo sino Shikamaru; quien acababa de rebuscar algo en el interior de su mochila —Toma —dijo, dándole una lata en mano. Ino la observó sorprendida, sosteniéndola con ambas manos frente a su pecho.
El moreno bostezó y alzó la suya enseñándosela a la chica —Dije que deberíamos comer en nuestros turnos de guardia... Así que... dejemos el problemático drama de lado y comamos.
—¿Drama? —lo cuestionó con una ceja enarcada, molesta—. ¿Estás diciéndolo por mi?
Él suspiró y pellizcó el puente de su nariz —Ino...
La rubia, pasando rápida e innaturalmente de una expresión a otra, sonrió —Está bien. Tregua, por ahora.
El chico asintió —Gracias —y, tomando un kunai, abrió la lata y tomando ambos palillos de madera los partió y se dispuso a comer. Ino, a su lado, continuaba contemplando la lata—. Oy Ino, no me digas que empezarás con eso de la dieta otra vez.
—¿Por qué lo dices como si fuera tonto? Una chica necesita conservar su figura y lucir perfecta —ella, más que nadie, necesitaba lucir perfecta; pero aún si Shikamaru le dijera que estaba bien tal y como estaba, ella no le creería. Aún así, él creía que debía intentarlo. Ino debía dejar de preocuparse tanto por ello o llegaría a un punto sin retorno.
—¡Tsk! Las mujeres son tan problemáticas, no se porque se preocupan tanto por su figura aún cuando están bien tal y como están.
Ino sonrió, inclinándose hacia delante –lata en mano- observando el rostro del moreno —¿Eso fue tu idea de un cumplido?
Incómodo, rascó su nuca —Yo... no se a qué te refieres.
La joven muchacha rió, no falsa o forzadamente, no artificialmente, sino alegremente, genuinamente, algo que no se veía a menudo. Algo que ni siquiera Shikamaru veía a menudo pero, cuando ocurría, se aseguraba de disfrutar el momento como si se tratara del último. Ino continuaba riendo, luego tomó un kunai y abrió su lata también; para sorpresa del Nara.
—¿Comerás? —masculló, sorprendido.
Ella partió ambos palillos de madera y los introdujo en la lata de sopa de fideos, comenzando a revolver los largos tallarines distraídamente. Aún con una sonrisa en los labios —Tu intento de cumplido fue un desastre, pero fue un intento. Eso merece una sopa de fideos, ¿no crees?
Él avergonzado, farfulló por lo bajo y empezó a comer. Ino, mientras tanto, reía de la expresión de fastidio y vergüenza que tenía el joven moreno en su rostro. Era divertido, verlo de esa forma y no sereno y colecto como habitualmente era. Debía admitir que disfrutaba de incomodarlo y hacerlo abochornarse de esa forma, aún bajo su piel bronceada era capaz de ver un leve sonrojo en sus mejillas. Desde que tenía memoria, Shikamaru siempre había sido alguien de sonrojarse y avergonzarse fácilmente; aún recordaba la vez en Ichiraku cuando él recién acababa de convertirse en chunin. Un comentario de ella bastó para hacerlo sonrojarse y mascullar "problemático", entre dientes.
Y estaba decidida a volver a incomodarlo nuevamente.
—Así que... Shikamaru... —él la observó de reojo— ¿Cómo era Temari en la cama?
Inmediatamente a las palabras de ella, el Nara comenzó a toser desesperadamente; golpeando con el puño cerrado su pecho en un intento de hacer pasar el fideo que acababa de descender por su garganta demasiado abruptamente. El resto, como temía, había ido a parar frente a él; junto con el caldo que había escupido instintivamente. Tras componerse, exclamó —¿Qué?
Ella soltó una sonora carcajada —Vaya... deberías haber visto tu cara. Por cierto, tienes un tallarín colgando de la boca.
Entre fastidiado y completamente abochornado, tomo el fideo de entre sus labios con ambos dedos y lo dejó caer despectivamente sobre la hierba —Mujer problemática... no es gracioso.
Ino rió, nuevamente. Una vez más, era una risa ligera y despreocupada. Una que el moreno no había oído en demasiado tiempo pero, esta vez, estaba demasiado incómodo como para siquiera notarlo o apreciarlo —Eso crees tú.
Él asintió —Eso creo yo —y tomó una vez más los palillos. Sin embargo, antes de poder siquiera atrapar otro fideo entre ellos, Ino volvió a hablar. Provocando que el moreno quebrara ambos palillos en dos.
—¿No me contestarás?
—No hay nada que contestar —farfulló, observando los fragmentos de sus palillos rendido. ¡Genial! Esta mujer me saca de quicio.
Pero, una vez más, Ino no se rendiría fácilmente —¡Oh, vamos! Shikamaru... somos adultos. Podemos hablar de-
Rápidamente, se apresuró a interrumpirla. Ino siempre había sido una persona muy liberal y desenvuelta. Nunca había tenido demasiado pudor ni vergüenza que la retuviera. La sexualidad, para Ino, nunca había sido un problema; de hecho, estaba presente en todos los aspectos de su vida. Para ella, temas como aquellos eran naturales y habituales. No que para él no lo fueran, solo que Shikamaru era una persona más bien privada y prefería retener las indiscreciones que le correspondían a él para sí mismo.
—Oy, Ino... no lo digas —dijo avergonzado.
Ino no podía parar se sonreír alegremente y de soltar una carcajada tras otra. La imagen de Shikamaru avergonzado, sofocado y sin demasiadas palabras era simplemente deliciosa; y ella no podía evitar quererlo incomodar más.
—Bien, pero debes contestarme.
Él intentó irse por la tangente —Vaya que eres problemática, ¿qué te hace pensar que Temari y yo...?
—No me entiendes, Shikamaru. NO te estaba preguntando si tú y ella "estuvieron de esa forma" —dijo, para no herir su sensibilidad—. Eso ya lo sé. Te estoy preguntando como estuvo.
Él enterró la cabeza en su mano —Estas cosas no me sucederían con Hinata como compañera de equipo, estoy seguro...
—¡Oh, vamos! No seas infantil... es solo una respuesta breve.
Él refunfuñó y se mantuvo con el rostro entre las manos y, tras unos largos instantes de buscar una solución que no encontró, replicó en un sonido ahogado algo que Ino no alcanzó a oír. Algo que, la rubia sabía, se trataba de una respuesta.
Inclinándose hacia delante, ahora frente a él, sonrió —¿Qué dijiste? Porque no te entendí... Estoy segura que un genio como tú se da cuenta que las manos sobre tu rostro hacen que tu voz salga ahogada.
El Nara apartó ambas manos y, con la mayor dignidad posible y restante que le quedaba, replicó —Bien.
Ino ladeó la cabeza —¿Solo "bien"?
Él frunció el ceño —¿Qué se supone que significa eso, Ino? ¿Qué esperas que te responda, con los detalles? ¡Mujer problemática!
—¡Dios, no! Solo me preguntaba si solo estuvo "bien"...
Shikamaru la observó con curiosidad. La forma en que la rubia continuaba diciendo "bien" daba a entender que estaba comparando algo en su mente con la respuesta de él. Probablemente, y conociéndola a Ino, estaba haciendo de la conversación una competencia ficticia e imaginaria entre ella y Temari y podía imaginarse cual era el pensamiento de Ino en aquel instante. Y no sería él quien le daría el gusto.
Avergonzado, añadió —Estuvo genial, ¿contenta?
Definitivamente, no lo estaba. Esa no era la respuesta que deseaba escuchar, había disfrutado más la respuesta anterior. La que indicaba que Temari no era nada del otro mundo y que, en una situación hipotética, ella sería mejor. Pero no importaba, no realmente. Ella podía ganarle a la rubia de la arena en muchos otros aspectos. Ella era mejor en muchos otros aspectos y el pensamiento le causaba placer. Después de todo, Ino era una persona competitiva y siempre se forzaba a superar a las que consideraba su rival. Como Sakura. Y Temari, siendo habitualmente comparada con ella –pues había oído a Kiba decir algo en relación a ambas y también lo había oído de Naruto e incluso de Chouji-, era considerada también de esa forma. Después de todo, nadie comparaba a Ino. Nadie.
—¿Por qué terminaron su relación? —bufó, cruzándose de brazos.
Shikamaru observó esta conducta desconcertado. Ino era absurda e ilógica, de eso estaba seguro. De otra forma, no había explicación racional para la actitud de ella. Pero, sabía, que la rubia estaba siendo infantil. A Ino nunca le había agradado Temari, ambas –en varios aspectos- eran similares, y quizá esa fuera una razón; o quizá tuviera que ver con asuntos de mujeres que él no quería siquiera entender. De una forma u otra, la sensación de rechazo parecía ser mutua; pues la rubia de la arena tampoco disfrutaba de la presencia de Ino. Y eso hacía la situación del todo un poco más problemática, pues su ex compañera de equipo tendía a competir con cualquier mujer que la hiciera sentirse amenazada. Y Temari, definitivamente, era una amenaza para Ino porque, por alguna razón u otra, la gente tendía a compararlas. Él, por otro lado, las encontraba sumamente distintas.
—¿Por qué te interesa? Hablar de todo esto es problemático y-
—No cambies de tema.
Él dejó caer la cabeza rendido —¿Por qué todo lo que sale de tu boca es una orden? —o una mentira.
—Porque no pareces reaccionar de otra forma —señaló.
—Bien, bien... ¡Cielos! —rascó su nuca—. Porque era demasiado problemática.
Ino torció el gesto —Esa no es respuesta suficiente. Piensas que todas las mujeres son problemáticas y aún así empezaste algo con ella. Shikamaru... eres pésimo mintiendo.
Él asintió. Era cierto, nunca había sido bueno. No era convincente ni capaz de mentirse a sí mismo lo suficiente para creer su propia mentira y convertirla en verdad al decirla. No había entrenado ese tipo de habilidad porque no la requería. Ino, en cambio, era una maestra del engaño y la mentira pero, por otro lado, ser kunoichi lo requería. Ella solo había decidido perfeccionarse en ese campo.
—Porque... —comenzó, cruzando sus brazos detrás de su cabeza e inclinándose sobre el tronco del árbol detrás suyo. Su expresión denotaba únicamente indiferencia—. Porque soy un conformista.
Ino se mostró de acuerdo, Shikamaru lo era y Temari no parecía ser del tipo que se conformaba fácilmente. Sino más bien lo contrario —Lo eres.
Apesadumbrado, asintió —Lo se. Lo soy.
