Aún no hacían 3 días que estaba en aquel lugar y recibir golpes y ser tratada como una perra rabiosa ya se había convertido en una rutina, aunque tenía por seguro que de haberse mostrado menos complaciente hubiera sido aún peor. Su cuerpo la atormentaba…Las moraduras que Gustus le había causado intentando enseñarle a luchar con espada y escudo no eran nada en comparación con la forma en la que ardían las heridas abiertas de los latigazos, y todo ello empalidecía con el sordo dolor y el vacío que sentía en el lugar donde había existido durante unos pocos meses su hijo.
Que lejana parecía su antigua vida ahora aunque solo estuviera a un par de lunas de distancia. Empezaba a olvidar el frio de la estepa azotándola, la sensación de su leal corcel entre sus muros, el cálido abrazo de…No! No se podía pensar en ella o se desharía por dentro.
Su dolor la separaba del sueño, pero también los ruidos de aquel lugar, de aquellos oscuros pasillos de pesadilla. Guardias que paseaban entre las celdas despertando a los luchadores solo por molestar, gemidos de placer que le indicaban que algunos habían recibido la visita de rameras como recompensa…y de vez en cuando los gritos de algún hombre que despertaba aterrado por lo que seguro serían sueños de sangre y muerte.
Tenía que lograr conciliar el sueño como fuera o en cuanto amaneciera sucumbiría por debilidad, así que se untó aquel ungüento que Raven tan amablemente le había entregado. Sus músculos se relajaron un poco y antes de volver a tumbarse escondió el pequeño recipiente entre la escasa paja de su jergón.
Parecía no haber dormido a penas cuando unos golpes en los barrotes de su celda la despertaron y la claridad le indicó que ya había amanecido. Más gachas aguadas regadas con los agudos comentarios de Murphy, las quejas de Miller y la cálida timidez de Monty, acompañados por la calmada presencia del gigante silencioso. Y de nuevo a correr por la arena cargando maderos.
Nunca se terminaban, siempre había otro que mover de un sitio a otro. Lexa empezó a odiar los árboles de los que aquellos instrumentos de tortura eran fabricados. Aunque notaba su cuerpo más fuerte que el día anterior el cansancio empezaba a hacer mella en ella y el látigo de Doctore aguijoneaba su espalda en cuanto un paso no era lo bastante decidido. El calor tampoco la ayudaba. Sudaba profusamente, maldiciendo a los romanos internamente por no haber situado su maldito imperio en un lugar más fresco. Casi envidió a los hombres por poder ir con el torso al descubierto, ya que su coraza de cuero empezaba a pegársele tanto que cuando volviese a su celda por la noche temía que se hubiera fusionado con su piel. Tal vez debería hablar con Raven a ver si podía proporcionarle algo menos caluroso…
Llegó el sol de mediodía y con él otra parca comida a base de sémola y carne que era mejor no intentar identificar de dónde provenía. En cuanto dio cuenta de ello se reunió con Gustus en la misma esquina apartada del día anterior.
-¿Recuerdas algo de lo que te enseñé ayer, florecilla? ¿O las sombras de la noche han borrado lo poco que conseguimos?-preguntó con tono de broma mientras le lanzaba la espada y el escudo que ella cogió al vuelo-
-Recuerdo que este palito de madera no es para rascarse el trasero-contestó colocándose bien el escudo-
Gustus prorrumpió en carcajadas y Lexa no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Aquel hombre, por duro y estricto que fuera, le caía bien.
Durante unos momentos se permitió evocar a su padre, cuando con 3 años la subió a lomos de un potro salvaje que a ella le provocaba auténtico terror, alegando que debía aprender a ser una Escita. Durante un tiempo estuvo más a menudo revolcándose por el suelo y el barro que a lomos del animal, pero poco a poco adquirió la fuerza y la destreza necesarias para aferrarse con los muslos y guiarlo tirando de sus crines. También recordó a su madre, cuando le puso un arco en la manos con apenas 6 años y le enseñó a tensarlo haciendo que sus manos dolieran y sangraran, cuando le enseñó a controlar la respiración para que la flecha saliera disparada justo hacia donde apuntaba y cuando ya de adolescente, tras probar su valía, pudo tallar su propio arco.
Esto debía ser lo mismo, una disciplina que debía adquirir para lograr sobrevivir a ese mundo. Y debía mostrar la misma actitud tenaz y observadora para lograrlo. Paró el primer golpe de Gustus con el escudo y lanzó una combinación de tres golpes que el detuvo sin problema ni esfuerzo.
-Analiza a tu rival, Lexa. Todos tenemos puntos débiles, sea por falta de talento o por nuestra condición física. Busca los míos.-le dijo enlazando golpe tras golpe hacia su abdomen que ella protegió con el escudo para luego recibir uno en la cara por falta de rapidez al alzar la rodela de madera-Yo veo los tuyos como si los llevaras grabados con tinta en la piel y eso siempre me hará vencerte-añadió parando su siguiente golpe con más fuerza, desestabilizándola momentáneamente y aprovechando para lanzar otro golpe a sus rodillas que la dejó de cara en el suelo-
Desde el que se había convertido en su nuevo lugar más visitado en los últimos días escrutó al viejo gladiador…era alto, muy alto. Ella casi resultaba una niña a su lado. Se levantó poniéndose en posición de defensa. El asestó un par de nuevos espadazos que detuvo con el escudo y esta vez combinó los golpes entre el escudo de su rival y sus piernas. Como pretendía, tanto cambio de sentido abrió un hueco que ella aprovechó para asestarle un fuerte golpe en el muslo, que si bien no logró tirarlo al suelo ni nada similar, le causó un leve gesto de dolor.
-Bien, otra vez-dijo él atacándola de nuevo-
Un par de horas después hicieron un alto y se encaminaron a una enorme tinaja de la que podían extraer agua con una cuchara de madera. Mientras ambos bebían una y otra vez para recuperarse Lexa observó el trabajo de los demás. Sus compañeros reclutas realizaban ejercicios similares a los que ella hacía, vigilados de cerca por Doctore, que de vez en cuando les gritaba instrucciones o directamente los azotaba, maldiciendo a sus ancestros por su inutilidad.
Los demás practicaban por parejas que iban rotando en algunos casos.
-Hay más armas que las espadas-comentó Lexa por lo bajo-
-Claro que las hay. El público se aburriría si todos luchásemos igual-dijo Gustus cargado de razón- ¿Ves a Wells? ¿El de piel oscura? Es un Samnita. Usa un escudo oblongo y grande que protege muchísimo el cuerpo, pero que resta movilidad. Su espada es algo más corta, lo que hace que las luchas sean más cercanas y más sangrientas-
La Escita pensó que eso le iba bien a ese despojo de hombre.
-Atom es un Reciario. Usa red y tridente. Lleva menos armadura que los demás, ya que debe mantener a distancia a su oponente. No infravalores esa red, tiene púas que se clavan al cuerpo para no poder escapar de ella y una vez enredado en ella evitar verse con ese tridente clavado es casi imposible. Una vez vi como prendía fuego a su red en unas festividades al dios del fuego y se la lanzaba por encima a otro gladiador. Qué muerte tan horrible…-
-¿Y ese?- preguntó señalando a un rubio de físico espectacular-
-Ese es Wick y como todos los Auvernos es un maestro con la lanza. Es un Hoplómacus. Mantiene a cualquiera a distancia con la lanza y solo se cubre con un diminuto disco de metal en el antebrazo bajo el que esconde una daga por si alguien se acerca más de la cuenta. Aunque ya te aviso que si te alejas mucho te verás atravesada de parte a parte ya que también la usan como jabalina-
Lexa se había enfrentado con muchos lanceros en sus pasadas batallas y no dudaba de lo peligrosos que podían llegar a ser, en especial cuando ibas a caballo.
-Lincoln y Nyko son Murmillos-siguió explicándole Gustus-Gladius y el escudo cásico de las legiones romanas. Probablemente los gladiadores más tradicionales de la historia de Roma. Pueden resultar aburridos o demostrar una técnica tan elegante y depurada que la gente los idolatra. Ese par de Britanos chiflados enardecen al público como nadie cuando luchan juntos-
-¿Y el del martillo gigantesco?
-Es Sterling, de las tierras al este del Rin. Una bestia salvaje capaz de destrozar un escudo de un solo golpe. Carece de cualquier tipo de sutileza en la lucha, pero lo compensa con brutalidad. Un golpe de ese martillo y ni encontraríamos tus restos-
-¿Y tú que eres?-preguntó ella mientras volvían a su lugar de entrenamiento-
-Dimachaerus…lucho con dos espadas, cuando no entreno a niñas-
Siguieron luchando y Lexa empezó a sentirse orgullosa de sí misma cuando vio que cada vez era capaz de detener más acometidas del viejo gladiador, aunque eso no evitó que le partiera un labio y la dejara medio coja por un nuevo golpe en la rodilla. Cuando el sol empezaba a ponerse un alboroto los hizo mirar hacia donde entrenaban los demás.
Wells golpeaba a Murphy una y otra vez en la cara con su propio escudo mientras que Doctore reía con crueldad y los demás observaban. Dio un paso hacia allí pero Gustus la sujetó por el hombro para evitarlo. Al final Lincoln paró la paliza y siguiendo las órdenes de Doctore arrastró al chico hacia la enfermería. Gustus se le unió para ayudarlo y Titus los siguió gruñendo sobre la debilidad de los nuevos reclutas.
Al verse sin entrenador, Lexa se encaminó hacia el "Palus", un poste de madera en forma de cruz, de la altura de un hombre, que servía para entrenar golpes y fintas. No había descargado más de tres espadazos cuando se precipitó hacia el suelo de cara, sin más opción que desviar un poco la trayectoria para no golpearse la cabeza contra la madera.
Aún aturdida por la caída vio sus piernas enredadas en una red y al intentar deshacerse de ella afilados ganchos se clavaron en su carne.
-La perra Escita se ha quedado sin guardianes-dijo una voz cerca de ella… demasiado cerca-
Clarke le había estado dando vueltas a su encuentro con Nia Albino en el mercado durante toda la noche. Era una mujer conocida por su crueldad, sus ansias de poder y su habilidad para salir impune de cada barbaridad que cometía gracias a estar bien relacionada. Las disputas entre ambos Ludus nunca preocuparon demasiado a la rubia, pero ahora, con la vida de una mujer en juego, le quitaban el sueño.
¿Por la vida de una mujer o por la vida de Lexa? Porque cada vez que recordaba esos ojos verdes clavados en los suyos y esa sonrisa torcida que pronosticaba un juego del que ella desconocía las reglas, algo en su interior se encogía.
Borró de un plumazo ese pensamiento, diciéndose a sí misma que lo que iba a hacer era por el bien de su familia y de los esclavos que habitaban bajo su techo. Por lo que tras desayunar se presentó en las estancias de su padre.
Aún yacía en la cama, pero ya estaba despierto y algunas de las heridas de su rostro empezaban a cicatrizar. El brazo se lo sujetaba con un cabestrillo y bebía vino con su mano sana.
-¿Cómo te encuentras, padre?- preguntó Clarke sentándose junto a su lecho-
-Cansado de esperar a que vinieras a visitarme, Camila-respondió el con tono duro-
-Disculpas, he estado muy ocupada y el Médicus me aseguró que tu estado no era grave. Octavia ha estado informándome día y noche-
-De acuerdo, te disculpo. ¿Qué más?-
-Verás, ayer fui al mercado con Maya y tuve un encuentro del que creo que debes ser informado. Nia Albino-
Su padre se alzó un poco en la cama pese al dolor y su gesto se tornó adusto y batallador.
-¿Esa zorra osó hablarte? ¿A ti? ¿La hija de los Vero?-
-No dejes que tu sangre arda, padre. Sabes que sólo la considero chusma. Ni te lo hubiera dicho, pero sus palabras revelaron algo que creo, debes saber. Conoce tus intenciones de presentar una gladiatrix en los próximos juegos y por lo que dijo es fácil asumir que piensa hacer lo mismo con intención de humillarte-
Marcus se levantó por completo del lecho y casi arrolló a Clarke al pasar por su lado tambaleante.
-Haced llamar a Thelonius de inmediato. Lo quiero aquí antes de la hora de comer. Y traedme todos los informes de las ventas de esclavos para la arena que tengamos del último mes. Rápido u os desollaré vivos, escoria- Gritó furioso haciendo que los esclavos corrieran de un lugar para otro temiendo tanto sus palabras como sus promesas de sangre- Bien hecho, hija. Ahora desaparece. Ponte con tus labores de costura o algo así-
Por una vez, Clarke acató aquella orden con gusto, al margen de resultarle cómica, ya que el telar y ella no eran precisamente amigos. Pero estar cerca de Marcus cuando su ánimo se volvía tan sangriento era una mala idea desde cualquier punto de vista.
-Octavia, Raven, acompañadme a tejer-les ordenó con esa voz de mando que detestaba usar pero necesaria cuando no estaban solas-
En cuanto estuvieron en su alcoba, Raven puso una mano sobre su frente con fingida preocupación.
-Dómina, temo que ayer en el mercado te contagiaste de una grave fiebre-
Clarke apartó su mano con una carcajada que las dos esclavas imitaron.
-No permitiré que una de tus torpes manos toquen la preciosa seda que elegimos ayer-afirmó Octavia-
-Aún me acuerdo de cuando intentaste hacerle un manto a tu padre…acabamos usándolo para calentar a la cabra lechera en las noches de invierno-
-No estaba tan mal-se quejó Clarke en broma-
-Claro que no…y yo soy una semidiosa-soltó la hispana provocando nuevas carcajadas-
Pasaron el resto de la mañana y parte de la tarde en la alcoba de la rubia, mientras Octavia cortaba y después bordaba la preciosa seda azul plomizo en un bonito tono dorado, la rubia las entretenía recitando varios de los múltiples poemas de Safo que conocía de memoria y que a las tres les encantaban y Raven limpiaba y organizaba la habitación para acabar sepultada bajo un buen número de pergaminos al intentar ordenarlos.
A media tarde salieron de la alcoba para ver a Marcus y Thelonius enfrascados en diversos pergaminos con gesto de preocupación y por suerte Maya apareció para distraerlas. Clarke la invitó a una copa de "Mulsum" en el balcón para que la brisa calmara el punzante calor mientras ambas esclavas las guardaban. Debatían sobre la Vulcanalia cuando unos gritos les hicieron levantarse de sus asientos y mirar a la arena…
El hijo de mil rameras de Wells se reía mientras su compañero Atom estiraba del fino cordel que sujetaba la red a su muñeca y ella los abservaba quieta y atenta, al comprender que solo podría librarse de aquellas sogas entrecruzadas si la ayudaban.
-Dijeron que no podríamos tocarte a menos que lucharamos…bueno, si hay armas de por medio estamos luchando- dijo Wells con una risilla maliciosa-
-Mi red cada día captura presas mejores…-comentó Atom-
Era evidente que este carecía del don de la palabra de su amigo. Lexa decidió aprovechar el orgullo desmedido de ambos, conocedora de que no había nadie que la protegiera en ese momento-
-Paco podrás hacerme con las piernas atadas como un animal en una trampa-dijo con una mirada sugerente y leve tono de coquetería mientras clavaba sus ojos verdes en el moreno cabecilla-
-Guapa y lista…le cerraré la boca de inmediato a menos que sepa usarla para otros menesteres…Atom, suéltala…Seré el primero en probarla-dijo Wells agrandando su sonrisa-
El citado hombre, si es que merecía ese título, desenrolló la red de sus extremidades con maestría para que los ganchos no se incrustaran más en su piel. No hubo tiempo de levantarse cuando Wells ya se lanzaba sobre ella con algo que no quiso mirar sobresaliendo de su subligar. Un error por su parte no desarmarla primero, porque con un golpe que copió de Gustus y que la había dejado especialmente molesta, incrustó su espada en ese bulto palpitante que la asqueaba.
Wells cayó al suelo mientras que Atom, mucho más atento, le golpeaba el rostro con su tridente. No tuvo tiempo de volver a incorporarse cuando vio a Nyko y al que su entrenador había llamado Wick, crear una barrera protectora frente a ella y ante la que se alzaban el resto de gladiadores salvo sus compañeros reclutas.
-Basta!-dijo una voz que hizo respingar a todos desde las alturas-Esa mujer es de mi propiedad-
Sorprendente tono para lo que le había escuchado a esa rubia belleza con anterioridad…más Lexa nunca le pertenecería.
Continuara...
