XI. El Nombre en su Fantasía.

—¡Ellen!

Por algunos meses viviste en una cabaña en el campo, en algún lugar de Bavaria, según te habían dicho. No tenías permitido saber la localización exacta, ni siquiera Johnny te lo podía decir. Eras básicamente una prisionera con trato especial, pero Cuando el viento soplaba, era un fresco ideal, un silbido que le daba voz a las montañas, y los rayos del Sol complementaban el ambiente a una perfección insuperable.

—¿A qué viene el nombre ése? —Cuestionaste, mientras cruzabas los pastizales frescos descalza. El joven del parche y pelo rojo te sonrió y sin cuidado te lanzó el costal de comida que había él traído del pueblo más cercano.

—De modo que ahora eres una chica, ¿no crees que deberías cambiar tu nombre? Ya sabes, para evitar que la Orden te esté pisando los tobillos. Ellen me parece apropiado.

Su sentido del humor no había cambiado, o así lo considerabas tú.

—Sólo le cambiaste una letra, idiota —Hubieras reído, pero no pudiste.

Al contrario, el hombre pelirrojo lo hacía con tanta facilidad— ¿Pero no es bonito? La señorita Ellen Walker.

Era realmente molesto. Pensabas que él lo hacía a propósito.

—Lavi, por favor… Lo estás haciendo más difícil. Apenas puedo ajustarme a este cuerpo. Tampoco quiero ser mujer…

—Ciertamente, el mundo ha desarrollado restricciones innecesarias para las mujeres.

—¿Ves mi punto? Ya no soy exorcista, pero no puedes esperar que yo asuma la identidad de una chica así de simple. Por eso, seguiré siendo un y hombre, incluso si tengo que lidiar con éste cuerpo.

—Perfecto. Pero todavía quiero llamarte Ellen.

—¿Qué pretendes con darme un nombre así?

—Pretendo que encuentres más aceptación al cuerpo que tienes ahora. No importa si todavía sientes que eres hombre… las reglas han cambiado para ti. Si necesitaras ser mujer alguna vez, Ellen sería tu nombre.

—Sigues confundiéndome.

—Bueno… la sexualidad es compleja.

—No estoy interesado en el sexo. No quiero que me hables de eso.

—¿En serio? ¡Menos mal! ¡No tienes idea de lo extraño que hubiera sido hablar de eso contigo!

—Es decir… Yo sé todo lo que se necesita saber del tema. Viví cinco años con Cross, te lo recuerdo.

El joven Bookman soltó una carcajada, pero en realidad tú no le veías la gracia— Buen punto… Pero si te consideras un chico y todavía te gustan las chicas, ¿qué piensas que vas a hacer?

Ya veías a dónde quería él llegar, y no ibas a darle el gusto.

—Lavi, cállate.


—No hay nada que temer, el Conde está sumido en un profundo sueño, y mientras él esté fuera del alcance de la activación de Miranda, él no estará consciente de nuestra presencia aquí.—dijiste, mientras colocabas tu mano sobre el hombro de Lenalee. Ella seguía cuidando del niño de la otra exorcista, sin embargo su mirada estaba perdida en la inmensidad del extraño mundo al que fueron transportados.

—Increíble. —murmuró, más temerosa que fascinada.

Diste la vuelta mientras arrastrabas con tu mano la espada que fue extraída de tu pecho no hace mucho. Comenzaba a dolerte el brazo, pero suponías que era normal. No se supone que fuera un instrumento fácil de usar.

Lavi estaba atendiendo a Neah mientras el agente cuidaba que estuviera vivo. Su rostro… procuraste no mirar su rostro, porque no querías aceptar que él estaba aquí, entre los vivos. Sólo debías de preocuparte por el bienestar de Neah.

—¿Cómo está? —preguntaste mientras te inclinabas sobre la empuñadura de la espada. Lavi había retirado el saco y la camisa del cuerpo que alguna vez fue tuyo, examinando una herida en medio de su espalda, el enorme agujero sangriento estaba cerrándose gracias al efecto de la Inocencia de Miranda.

—No muy bien —respondió el hombre pelirrojo mientras se limpiaba sus manos ensangrentadas con el saco de Neah—. Pero de modo que el tiempo no fluye en este lugar, su herida ha dejado de sangrar; aun así, el daño es irreversible… Ha sufrido una lesión cervical profunda, pero creo que ningún órgano vital ha sido dañado. Cuando Miranda desactive su habilidad, Neah quedará paralizado de la cintura para abajo.

—Mierda —le escuchaste murmurar, evidenciando su dolor. Los hombros blancos de Neah estaban temblando y su respiración se había vuelto más profunda.

—¿Sigues consciente?

—A duras penas. No puedo moverme —te sentías auténticamente mal por escucharle hablar con tal agonía—. ¿Entonces la espina está arruinada? No presiento que una herida así se vaya a curar en un corto plazo de tiempo.

—Te lo estás tomando muy a la ligera…—gruñó Link, a quien por supuesto no le miraste por un solo segundo.

—Más importante que eso… ¿estamos todos aquí?

—Bookman no se presentó —respondiste.

Por un momento, Neah se esforzó por mover su cuello, mirando directamente al agente, lo cual ya no fuiste capaz de ignorar. Como prevención, te levantaste y diste unos disimulados pasos hacia atrás.

Los ojos grises y brillantes estaban fijos en el rostro pálido del agente—… Howard. ¿Sabías que tu máscara se cayó?

—Sí —el muy sinvergüenza no se molestó en mirarte tampoco—. Pero ahora no es momento de hablar de eso.

Fuiste excesivamente ruidosa con tu respuesta:— ¡Oh, por supuesto que no es el maldito momento, Link!

Howard Link, inclinó su cabeza, ligeramente frunciendo el entrecejo— Lo siento.

No tenías el humor para hablar con él, tener una conmovedora reunión después de haberlo creído muerto por más de diez años. No sólo estuvo vivo, sino que estuvo vigilándote de cerca sin decir nada. ¡Era el maldito colmo!

—¿Alguien podría explicarme por favor qué está sucediendo aquí? ¡No puedo asegurarles que mi activación vaya a funcionar bien mientras entro en pánico!

De nuevo diste la vuelta, no deseabas dejar a Miranda desatendida. Todo lo demás podía esperar. Pero estabas consciente de la mirada que Lenalee estaba dirigiendo a ti mientras te aproximabas a la otra exorcista.

—Perdona Miranda. Es que ciertas cosas salieron muy diferente a como habíamos planeado, pero voy a explicarlo como mejor me sea posible.


Estuviste al lado de Miranda y Ellen, dejaste que Neil la consolara a su madre, ya que, a pesar de sus obvias deficiencias mentales, él comprendía perfectamente la situación en la que estaban metidos. En silencio, Ellen se disculpó y fue de vuelta a donde estaba Lavi con Link y Neah.

Y aunque no querías apartarte del lado de Miranda, todavía necesitabas sumergirte totalmente en la campaña de Allen y sus cómplices. No ibas a tolerar más secretismos.

Fuiste tras él, mientras se dirigía a Lavi, quien se apartaba de Neah al cuidado del agente descubierto; podías ver la añoranza reflejada en el ojo único del hombre pelirrojo cuando Allen le dirigió la palabra. Tú eras solamente una sombra tras él, escuchando sin permiso. Por alguna razón Lavi no denunció a Allen tu oído entrometido.

—¿Cómo está… Neah? —preguntó la joven rubia, su voz un poco monótona.

Él simplemente hizo una mueca expresando incomodidad— Si quieres preguntar acerca de Link, adelante.

—No. En realidad no tengo los ánimos de hablar de él. Aunque la verdad no me sorprende que ya lo supieras. Me imagino que tenías muy buenas razones para no decirme, Lavi.

Suspiró— Yo mantuve mi silencio por petición suya. Si hay quien puede ofrecerte explicaciones sobre tanto hermetismo, es él.

—Supongo. Pero… por ahora no hablaré con él. Tengo que acercarme a Miranda —tus sentidos vibraron al escuchar aquel nombre, y al mismo tiempo Lavi dirigió su mirada a ti, como si supiera que ibas a intervenir en cualquier momento—; la hemos puesto bajo demasiada tensión y además hemos involucrado a Neil… Se ha puesto más complicado de lo que pensamos

—Lo sé… pero, aquí hay alguien quien quisiera hacerte charla un momento— fue inoportuno que te delatara antes de tiempo, pero suponías que era lo mejor. Ellen volteó y te miró sorprendida. Estabas segura que tu rostro lucía lleno de enfado.

Simplemente hablaste— Necesito que vengas conmigo un momento.

Ella asintió tensa —Claro, Lenalee.

—Perdón, este… Lavi— lo miraste, sin saber cómo dirigirte a él tras haberte permitido entrometerte a su conversación—. Sólo quiero hablar con Allen, si no es de mucha molestia.

Lavi arqueó sus cejas y sacudió sus hombros; no parecía tener molestias contigo. Te apartaste de él, asegurándote de que estuvieras también lo suficientemente lejos de Miranda y Neil para que no te escucharan. Tenías la impresión que ibas a alzar la voz más de lo necesario. Ellen te miró un poco nerviosa, lo cual te enfadaba aún más porque ahora mismo no tenía el lujo de sentirse sorprendida con las consecuencias que sus actos tuvieron contigo.

—Déjame tener esto en claro, Allen: ¿fue todo esto parte del plan? —La tenías agarrada de ambos hombros, obligándola a mirarte de frente— ¿Te dejaste atrapar por Apocryphos para que pudiera extraer la espada?

Ellen miró un segundo tu pecho y retornó su mirada a tus ojos. Cierta insolencia brillaba en sus ojos mientras las palabras fluían de sus labios resecos.

—No hubiéramos tomado una medida así si hubiéramos encontrado otra forma —replicó la joven—. Bien hubiéramos podido forzar este cuerpo a sincronizarse con la Inocencia, pero eso era mucho más arriesgado que prepararme a enfrentar al Apocryphos. Créeme, no fue suerte que yo hubiera podido mantener mi cordura tener mi mente por tanto tiempo expuesta a él. A una persona normal la hubiera podido corromper de una manera irreversible.

Suspiraste y decidiste aflojar el agarre en sus hombros— ¿Qué clase de poderes tiene ésa cosa de los que no me has contado aún?

Ellen siguió mirándote con suficiencia— Aparte de increíble fuerza física y velocidad, hemos averiguado que él puede navegar en la mente de las personas que él toca. Puede incluso modificar o destruir recuerdos. Pudo haberme destruido si yo no hubiera estado mentalmente preparada. Y tuviste suerte de que él no te tocara.

Casi con brusquedad retiraste tus manos de sus hombros. No sabías qué te disgustaba más: si era su falsa actitud altanera contigo o la forma en la que te hacía revivir el horror que sentiste al enfrentarte a ése ser.

Se supone que Apocryphos era Inocencia, y a su vez él podía controlar la Inocencia de otros acomodadores…

—Allen, cuando dijiste que él no podía ser atacado con Inocencia… creo que te has equivocado. Yo logré darle atacarlo en dos ocasiones. Tú misma me observaste.

Su expresión se suavizó así con la lenta comprensión del hecho que ella pasó por alto.

—… Cierto.

—Eso me parece muy interesante —Dijo Lavi, casualmente parado a un lado tuyo. No notaste su presencia sino hasta que habló.

—Lavi, ¿qué estás haciendo?

—Perdón, perdón… pero como heredero del Bookman, tengo la tendencia de meter mis oídos en conversaciones ajenas —Su argumento no te tranquilizaba, pero su naturaleza te era completamente desconocida—. No espero que me disculpen por eso.

—Muy bien, ¿pero qué pasa?

—Lenalee, cuando atacaste a Apocryphos tu Inocencia no fue afectada por ninguna fuerza extraña, ¿correcto?

—Bueno, así es. Pero no comprendo a dónde quieres llegar.

Él miró de nuevo a la joven rubia mientras su ojo la parecía examinar con detenimiento de pies a cabeza— Cuando Allen tenía en su poder a Crown Clown, su Inocencia era del tipo Parásito. Y también tomando en cuenta la Inocencia del tipo Equipamento de la señorita Sadira, ninguno de ellos pudo haber hecho algo en contra de Apocryphos. ¿Qué aspecto tiene la Inocencia de Lenalee que la hace diferente a las demás?

La claridad abrió lentamente tu mente a su pregunta— … Mi Inocencia es del Tipo Cristal.

—¡Exacto!

—Pero Kanda tenía una Inocencia del Tipo Cristal también. Allen me dijo que él no logró hacerle daño a Apocryphos cuando lo enfrentó.

—Ciertamente, Yu no pudo tocarlo…—hiciste un pequeño mohín cuando Lavi pronunció el nombre de pila de Kanda— pero aquello no implica que su Inocencia fue manipulada, ¿verdad?

—Tienes razón. Si Johnny hubiera visto alguna anomalía en Mugen, me lo hubiera descrito.

—¿Entonces debemos de asumir que las Inocencias del Tipo Cristal pueden usarse en contra de Apocryphos? —preguntaste un poco esperanzada, porque si ése era el caso, no había necesidad de aliarse con los Noah para vencerlo.

Lavi miró hacia el suelo, contemplativo— El tipo Cristal es creado a partir de la propia sangre de su acomodador, así que la Inocencia se vuelve parte del exorcista, y no sólo un instrumento fabricado por Lilith.

—Entonces Lilith quiere que sus descendientes fabriquen su propio poder —Una nueva voz entró a la conversación, lo cual no te pareció tan agradable.

Era Allen, o más bien, el Decimocuarto Noah. Los poderes de Miranda habían surtido efecto en él, pues a pesar de su columna partida, ahora estaba erguido con la salud de cualquier hombre. Aun así, su apariencia era deplorable, como una horrible combinación entre resaca y muerte.

—Neah, ¿qué sabes tú al respecto? —cuestionó Ellen, quien honestamente parecía poco preocupada por él.

El albino hizo una mueca desagradable y replicó:— Qué bueno que preguntan por mí, pero no se angustien, no estoy muerto todavía —Por lo menos tenía la energía para ser sarcástico—. Bien; cuando Lilith me dijo que ella quería que sus hijos crearan sus propias armas, no estaba seguro de lo que hablaba, pero ahora que escucho cómo deducen fascinados acerca de la sangre cristalizada, creo que ya comprendo a lo que se refería.

Aquel detalle llamaba tu atención; no podías contener tus deseos de preguntar— Exactamente… ¿qué clase de entidad es Lilith? ¿Está ella de nuestro lado?

Para tu sorpresa, él sonrió y te miró, gustoso de aclarar tus dudas— Ella sólo busca la destrucción del Conde Milenario, y eso es todo lo que puedo decir al respecto. La muy piruja parece no darle importancia al asunto de Apocryphos, y no estoy seguro de qué clase de relación tiene ella con él aún… Pero si la cristalización de la Inocencia es voluntad suya, seguro que Apocryphos no ha de ser la creación de la cual se sienta más orgullosa.

—Más vale que sea cierto —gruñó Ellen—. Por lo menos ahora sabemos que tenemos más de un arma a nuestra disposición contra nuestro enemigo.

Aquellas palabras, aunque no te habían levantado el ánimo, forjaron una seguridad más estable acerca de la guerra secreta en la que te estabas involucrando.

Antes de que volvieras con Miranda y Neil, querías hablar con Lavi. Había algo en él que te inquietaba mucho, si de por sí ya te habías percatado de que él no era un hombre común. Sabías que no era prudente encariñarte con alguien que apenas conocías, pero todavía así deseabas acercártele, querías saber qué era eso que te interesaba tanto descubrir en él.

Caminaste con poca naturalidad, quizás por el agotamiento que habías acumulado en los últimos minutos. Lavi estaba mirando al vacío.

—¿Lavi? —Le llamaste, tu voz había salido bastante apagada. Cuando el volteó a verte con su brillante ojo jade.

—Mande.

Observaste con cuidado su sonrisa. Él sabía ocultar su amargura mejor que Allen, y de algún modo podías detectarlo. Aparentaba ser un hombre entusiasta y fuerte, pero podías ver en su rostro los rasgos de alguien que había soportado una vida llena de desilusiones. Eran las sombras de alguien que había presenciado la tragedia incontables veces. Tú lo sabías, pues siempre habías vivido rodeada de tragedias— … No, no es nada. Sería inapropiado preguntar.

—Tienes derecho a preguntar, adelante.

—Lavi, ¿cómo fue que terminaste involucrado en todo esto? ¿Qué te encausó a ayudar a Allen y a los demás?

—Vaya, pues… Allen y yo hemos sido amigos por muchos años. Y además, como historiador, tengo la obligación de quedarme cerca de los hechos que cambiarán la historia de la humanidad —notabas por su voz que él estaba cansado—. Más que una causa, es un deber que tengo que cumplir como Bookman. Y además… le debo tantas cosas que no podría ni comenzar a enumerar. Ella… quiero decir, Él es muy importante para mí.

—Comprendo.

—Por cierto, Ellen —Lavi subió la voz mientras miraba hasta el otro lado, donde estaba la aludida—. ¿No crees que deberíamos de comenzar pronto nuestra primera parada? Va ser una ajetreada primera parada, y hay que ayudar mucho a Miranda. ¿Ya estamos?

Allen hizo un ademán, y notaste que le dirigió una mirada despectiva a Link y luego se dirigió a Miranda para hablar con ella. Lavi volvió su atención hacia ti nuevamente.

—¿No te emociona? Seremos de los pocos humanos que podrán experimentar viajes por el tiempo.

—No me lo tomaría con tanta alegría —respondiste, tu cuerpo estaba tenso—. Estoy todavía preocupada por mis compañeros y por mi hermano en la Orden. No sé cómo podremos salvar a todos una vez que volvamos al punto del cual hemos partido.

—Es muy buena razón para sentirte preocupada. Pero, te aseguro que cuando llegue el momento de regresar, haremos todo lo posible por proteger a tus camaradas.

—Gracias por tu consideración, Lavi —no confiabas del todo en ello, no porque él fuera deshonesto, sino por las posibilidades que siempre habían estado ahí: siempre había una gran posibilidad de perder a todos los que amabas.

Y él podía reconocer tu angustia, su rostro no trató de reconfortarte con una sonrisa forzada. Sin palabras, tú sabías que él intentaba hacerte saber que no estabas soportando este pesar tú sola.

—Si no es de mucha molestia, ¿puedo preguntarte algo personal, Lenalee?

—... Adelante.

—¿Alguna vez has contemplado ciertos momentos de tu vida y te das cuenta que hay un vacío ahí que no puedes explicar de ninguna manera? Como si fueras incapaz de recordar una parte específica de un recuerdo con el que te has encariñado. Sabes que es algo importante, pero todavía así no puedes deshacerte del vacío que bloquea aquel aspecto importante de tu recuerdo.

—Ahora que lo dices… hay veces en las que me siento así —No mentías, y a decir verdad, no te habías puesto a pensar en ello hasta ahora—. Es tal como lo describes. Siempre me he preguntado qué es. Tú lo has experimentado también, ¿cierto?

—De cierta forma, sí —Sus rostro se puso un poco tenso mientras encorvaba su postura—. Pero a decir verdad, a veces ése vacío soy yo.

En ése momento, comenzaste a comprender qué clase de dolor Lavi soportaba. O por lo menos, te dabas una idea de cómo se sentía.

—No digas algo así. Tú debes de ser importante para varias personas, estoy segura —le miraste con compasión—. Es cierto, que quizás te encontrarás con alguien, y quizás ése alguien podría olvidarte, pero el tiempo nunca es generoso con nuestras memorias, supongo. Es algo con lo que estamos obligados a vivir.

—¿Y qué crees que pasa cuando alguien a quien estimas mucho se olvida por completo de que alguna vez exististe?

—No podría imaginármelo —Era doloroso solamente escuchar de algo así. Le miraste de frente a frente y su rostro apenas podía contener su aflicción; ¿por cuánto tiempo se estuvo guardando esto? ¿No contaba con Allen para desahogar tanta amargura?—… Lamento mucho que te ése sea tu caso. La verdad, yo no imaginaba que tú albergabas un problema así, Lavi. No sé qué clase de apoyo puedo darte… Pero puedo prometerte que yo no olvidaré quién eres. No mientras yo viva.

Tu corazón se abrió de una manera la cual no recordabas ser capaz. De verdad habías olvidado cómo solías ser antes de que los años te endurecieran. Por alguna razón, confiabas en que Lavi era bueno para ti, que él era alguien que podías llamar "amigo". Lo sentías.

—Agradezco tu gesto, Lenalee —El alto hombre pelirrojo abrió sus brazos lentamente, sin acercarse repentinamente hacia ti—. ¿Me permites? —Te agradaba el hecho de que él esperara tu aprobación.

—Está bien, todos llegamos a necesitar un buen abrazo de vez en cuando, ¿verdad? —Rodeaste sus hombros con tus brazos y los suyos tomaron su espalda. Te agradaba cuando alguien te abrazaba así— No me imaginaba que fueras tan sensible.

Él se quedó callado por varios segundos. Le permitiste que siguiera abrazándote, pues imaginabas que le vino mucho en falta. Podías incluso sentir su respiración pausada y callada en su pecho pegado a ti.

Le escuchaste susurrar con voz grave— Lo siento mucho. Lo siento, Lena.

—Está bien. Todo está bien —Murmuraste a su oído mientras dabas una gentil caricia a su cabeza.

Pero no pudiste mantenerte completamente tranquila. Mientras seguías abrazaba a Lavi, por la orilla de tu ojo detectaste a Ellen, observándote atentamente. Tenía una expresión severa, en su rostro, incluso… ¿dolida? Trataste de ignorarla. No querías saber qué significado tenía.


Creíste estar preparado adecuadamente para la peor crisis posible, y todavía podías aparentar que sí te habías preparado, pero eras igual que todos los demás: tu estado emocional era un completo caos, más aparte tus ideales estaban en grave conflicto.

Pero todavía no era momento de reflexionar. Tuviste que ayudar a Neah a recuperarse superficialmente, y encima de eso, Ellen, o más bien Allen, descubrió tu verdadera identidad dado un descuido tuyo. Por suerte decidió evadirte después de tu breve enfrentamiento con ella, porque no hubieras sabido confrontarla apropiadamente en tu actual estado.

Neah te hizo un ademán y logró que le quitaras las manos de encima, porque la habilidad de Miranda absorbió sus heridas y por el momento su salud no peligraba… ¿pero por cuánto tiempo? Toda la operación estaba en crisis ahora que Neah soportaba heridas irreversibles...

Por un momento reposaste tu mano dentro de tu chaleco, donde guardabas aquel envase sellado de extrema importancia. Tus dedos se aferraron con delicadeza a la superficie fría del recipiente. Su contenido podía ser la única verdadera esperanza para ganar esta guerra.

Dudar ahora no era un lujo que podías darte.

Al acercarte al círculo donde todos se habían reunido, escuchaste a Allen enunciar las primeras instrucciones para todos— … Primero, con la ayuda de Neah abriremos un pequeño portal en la región que marcó Johnny en sus notas, en la misma fecha que encerré al Conde Milenario. Hay que tener cuidado porque sabemos que Apocryphos estará cerca en ése mismo momento. Después de rescatar a Timcanpy, iremos a las mismas coordenadas que Lavi propuso. Es ahí donde tomaremos un descanso, ¿de acuerdo?

Nadie protestó acerca del plan, salvo una queja de Neah acerca de su dolor de cabeza: nadie le hizo caso. Pero bueno, tú estabas exactamente parado a su espalda, acostumbrado a escuchar cada pequeño e insignificante sonido que él hiciera. De nuevo observaste cómo se acercaba Allen a la exorcista Lee; su semblante era frío.

—Lenalee, tú eres la persona más rápida, ¿crees poder ir tú sola a encontrar a Timcanpy y volver en el menor tiempo posible?

Viste tu oportunidad de salir, la tomaste:— Yo ayudaré. Soy el segundo más rápido, además que conozco la localidad mejor que Lee.

Los ojos de la joven te reconocieron otra vez, pero esta vez no te regalaron desdén. Ella sólo asintió para aprobar tu ofrecimiento a la primera misión. Regresaste la breve reverencia mientras tu mano dentro de tu chaleco salía y depositaba el frasco en la chaqueta de Neah. No podías arriesgar tal objeto de valor, y Neah no era lo suficientemente sucio para destruir algo tan importante tanto para él como para todos los demás.

Otra vez Ellen se paró al lado de Miranda, asegurándole que no necesitaría clavar su espada en su muñeca nuevamente. Esta vez, Neah fue y con el permiso de la exorcista (dios, todavía te parecía extraño ver el lado caballeroso del sujeto) tocó con su dedo índice el disco del reloj de Inocencia, produciendo una breve electricidad entre los dos. Neah separó su mano al instante e intentó de nuevo, evidenciando que su naturaleza como Noah le provocaba incomodidad al tener contacto con la Inocencia.

Eventualmente Neah logró mantener un contacto firme con el Time Record de Miranda y pareció enfocar su mirada al vacío. Un destello de luz blanca se abrió dentro del domo, y fuiste a posicionarte al lado de Lenalee, quien estaba más lista para cruzar que tú. El portal aún no se materializaba por completo, y la señorita Lee decidió aprovechar para lucir su lado menos serio.

—Hola Link.

Suspiraste. No sabías si ella trataba de ser graciosa o no, pero no volteaste a mirarla— Por Dios, Lee. Han pasado diez años y sólo se te ocurre saludarme de la forma menos formal.

—A juzgar del modo en el que me respondes… —Y ella se reía. ¡Este no era el momento!— ¿debo de asumir que me has extrañado?

—Nunca nos hemos llevado bien, en lo que a mi memoria no falla —Respondiste.

—Pero igual, me extrañaste de algún modo, ¿no? —Fue lo que te dijo con una agridulce sonrisa. No entendías el gusto que le daba de verte. Nunca habías sido especialmente dulce con ella, además del comportamiento esperado de un caballero a una dama.

Atravesaste el portal al mismo paso que ella, y te resultó completamente nuevo. No duraste en la luz por más de un cuarto de segundo, y viajar de un lugar a otro resultó extrañamente ligero. De un momento a otro te encontraste en la boca de un estrecho callejón de Londres, justo en el lugar donde estuviste poco después de detectar la presencia de Buscadores. Pero conocías bien el camino: sabías que tenías que caminar por puntos los cuales ni tú ni Allen, ni nadie relevante tendrían que verte. Era esencial no cambiar el curso de las cosas, te dejaron en claro.

Lenalee aguardó a tus instrucciones— Tenemos poco tiempo para explorar y regresar. Timcanpy debería de encontrarse en aquel punto —Señalaste al otro lado de la calle, donde observaste que había un tumulto; entonces el estómago se te encogió— ¡Cuidado! —y lograste jalar a Lenalee de vuelta al escondite.

Procuraste mantener tu respiración: el Cardenal extendió unas alas gigantes que repartieron un resplandor que te hizo sentir muy mal, e instintivamente cerraste los ojos— ¿Qué fue eso? ¡Toda la gente a su alrededor se ha desmayado!

Tal como dijo Lenalee, el gentío ahora yacía en el suelo, inconsciente.

—Aunque seas una exorcista, no te exenta de los efectos que pueda tener sobre tu mente. Mantén tu Inocencia desactivada, sólo por seguridad.

—Comprendo.

Pero por supuesto, ahora no era el momento de relajarse. Sabías de antemano que unos Noahs aparecerían e intentarían capturar a Apocryphos, así que te aseguraste de movilizar a Lenalee a la dirección correcta con el fin de que no fueran detectados por nadie. Diste vuelta por todo el edificio con la exorcista, de modo que entrarías al lado opuesto del callejón donde Timcanpy fue acorralado, como suponías. Hasta este punto, Lenalee no hizo ningún tipo de objeciones por tu decisión de no intervenir con los acontecimientos; era una dicha que los años la ayudaran a entender las prioridades de una misión, suponías.

Finalmente recorriste por completo el edificio y evitaste el conflicto a la perfección. Cuando llegaste al punto donde estaba Timcanpy, Lenalee se adelantó a ver al otro hombre que estaba inconsciente al lado de la pequeña pila de piedra calcinada, a quien inmediatamente identificaste como Timcanpy. Su estado físico estaba peor de lo que esperabas. No sabías si esto tenía reparo. Por primera vez sentiste lástima por un gólem.

Lo recogiste con un pañuelo, con extremo cuidado lo envolviste como una bolsita y lo guardaste en la seguridad del bolsillo de tu chaqueta. Lenalee seguía de rodillas, sosteniendo con estupor la cabeza del joven Yu Kanda. Obviamente había sido tocado por la habilidad de Apocryphos, y quizás tardaría unos pocos minutos en recobrar la consciencia.

—¿Qué estás haciendo?

—Kanda vendrá con nosotros, ¿no? —Respondió la exorcista. Contemplaste la determinación en sus ojos. En ningún momento te enteraste que tenían planeado que el exorcista Kanda formaría parte de todo esto, incluso habías deducido que sería perjudicial a la misión… pero no estabas en posición oponerte a Lenalee. Además, tenían que regresar lo más rápido posible al portal.

—Sólo date prisa; y trae su espada también.


N/A: ¿Lavi? ¿Quién es Lavi?