Las dudas se formulaban en mi mente como las efervescentes burbujas de gas en un vaso de coca-cola; por montones, y luchando unas contra otras por ser las primeras en salir a la superficie.

¿Quién era la hermana de Edward? ¿La había visto, acaso? ¿Ella me habría atendido? ¿Sabría quién era yo y la relación que tenía con él? ¿Estaría al tanto del afán de su hermano por salvarme?

Esas carecían de relevancia en este momento, pero no por ello dejaba de intrigarme la respuesta. Una cuestión más urgente era ¿Cómo había encontrado Edward a Jacob? Y, más importante aún; ¿Qué había pasado?

Mi estómago se encogió por un momento al imaginarme las horribles cosas que pudieron haber pasado... Los enormes y fuertes brazos de Jacob podrían haber malherido a Edward con mucha facilidad mientras lo veía con esos ojos negros llenos de odio e ira... Decidí desechar esas espantosas imágenes de mi mente cuando me di cuenta que llevaba más de diez minutos sin hablar con la enfermera.

-¿Y Edw... El doctor Cullen?-me corregí, puesto que no quería dar a entender más de lo necesario.

-Lo más probable es que ande por aquí, le diré que venga a verla en cuanto tenga un minuto libre-se levantó de su asiento y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de si con un ligero chasquido.

Los minutos que transcurrieron desde la salida de la enfermera hasta que Edward entró a la habitación me parecieron una eternidad, aunque no fueron más de quince. En cuanto entró, el medidor de los latidos de mi corazón empezó a escucharse más y más. Me ruboricé un poco, y él me sonrió.

Lo escruté con la mirada, recorriendo cada milímetro. Había algunos golpes mal disimulados en sus brazos y un gran hematoma de un púrpura casi negro le cruzaba desde la mejilla hasta el mentón, y en mi interior se debatían la tristeza por verlo en esas condiciones, el horror por el dolor que debía de sentir y una ira casi asesina contra el hombre que le había propinado esos golpes, que era el mismo por el cual estaba yo en semejante estado.

Contuve una exclamación de sorpresa, pero no pude disimular del todo. Sentí como mis ojos se abrían desmesuradamente y supuse que tendría reflejados en la mirada todos los sentimientos que me producía ver que, evidentemente, sentía dolor.

-No es nada, Bella-puso su mano sobre la mía-Te lo aseguro.

-¿Te duele?-fue todo lo que pude articular, y sentí como si alguien hubiera puesto una piedra enorme en mi pecho, impidiendo el paso del aire.

-¿Realmente crees que me importan unos cuantos golpes?-preguntó, sonriendo un poco.

-No lo sé-me encogí de hombros con un poco de esfuerzo-Pero ahora tengo una pregunta para tí.

-Dime...

-¿Porqué fuiste a buscar a Jacob?-cuando terminé de formular mi pregunta, el color se escapó de su rostro súbitamente, pero eso no me hizo perder mi determinación de buscar respuestas.


Twilight: Stephenie Meyer