"¿Estás seguro de eso?" Mientras hablaba con Colby a través del teléfono, Don se dio cuenta que el agente estaba nervioso, alterado y desde luego, estaba en todo su derecho para estarlo, Charlie había desaparecido y quienes le tuvieran, desde luego no querían simplemente charlar con él.

El joven agente, estaba absolutamente enamorado de su hermano, le quería desde el primer momento en el que lo había visto, aunque le había costado reconocerlo y mucho más decirle la verdad a Don cuando ya llevaban juntos un par de meses.

Ahora Colby estaba asustado, Don lo notaba tan sólo escuchándole hablar, aunque el agente intentara ocultarlo, estaba aterrado por lo que pudiera ocurrirle a Charlie, por no poder volver a verle o por no poder salvarle y ante eso Don no sabía que decirle, pues al fin y al cabo sentía lo mismo que él, incluso mucho peor a cada momento que pasaba.

"David acaba de llamarme y dice que ha encontrado el nuevo centro de operaciones de esa maldita secta. Dice que está convencido de que es una buena pista." Colby suspiró al otro lado del teléfono, la tensión estaba terminando con él poco a poco, si no encontraba pronto a Charlie, no sabría que sería de él.

"Muy bien, nos veremos allí. Pero por favor, Colby, no hagas ninguna tontería hasta que nosotros lleguemos." Colby tardó un momento en contestar, obviamente ya había pensado en entrar en la casa sólo e intentar salvar a Charlie antes de que fuera demasiado tarde.

"De acuerdo, pero si no aparecéis pronto, no puedo prometerte nada." Colby colgó el teléfono y un momento después lo hizo Don. Este se quedó mirando el móvil un instante, intentando imaginar lo que podría estar ocurriéndole a su hermano pequeño.

"¿Cuándo nos vamos?" Don se volvió hacia la derecha. Allí estaba Dean, con la bolsa preparada para marcharse. El federal se lo quedó mirando y se percató de las pequeñas gotitas de sudor que poblaban su frente. Volvía a tener fiebre, no mucha, pero la suficiente como para no hacerle sentir del todo bien. Sin embargo, Don no dijo nada al respecto.

"Ahora si estás preparado." Don cogió la bolsa, sin decir nada al respecto y se dirigió al coche. Dean caminaba detrás de él, lentamente, sin parecer cansado, pero sólo por no demostrarle a Don que tenía razón, que de haber estado en el hospital, todavía le hubieran mantenido un par de días más en cama, hasta que estuviera totalmente recuperado.

- o -

Durante el trayecto hacia la dirección que había conseguido el equipo de Don, el federal no le quitó la vista de encima a Dean. El cazador penas había dicho nada desde que se había subido al coche, en el asiento del acompañante. Tan sólo dejó salir un par de protestas por no poder conducir.

"Siempre conduzco yo." Don se lo quedó mirando, sonriendo levemente. "Así funcionan las cosas entre mi hermano y yo, el coche es mío y por eso soy el conductor." Sin decir nada, Don le tocó la frente y asintió.

"Claro, conduce tu y cuando no puedas más con tu propio cuerpo, te desmayas por la fiebre y nos estrellamos." El federal abrió la puerta del copiloto y sin más dilación Dean se metió el coche.

En cuanto se acomodó en el asiento y Don arrancó el coche, cerró los ojos, deslizándose ligeramente en el asiento. Necesitaba descansar, aunque sólo fueran unos instantes, hasta que la respiración volviera a estar en su sitio, la cabeza no fuera a estallarle y el sudor no le hiciera sentir tan débil ante el resto del mundo.

Don lo miró, intentando no fijarse demasiado en él, ya sabía que a su compañero no le gustaba mostrarse cansado o demasiado débil, como para no poder mantener los ojos abiertos más de cinco minutos seguidos.

Simplemente lo miró, parecía hacerse quedado dormido, sin embargo, también sabía que no era así. No estaba realmente dormido, pues solía respirar bastante fuerte cuando se dormía. Don volvió a sonreír, le parecía extraño saber tantas cosas de un chico al que apenas acababa de conocer y poder saber con exactitud cuando estaba dormido o cuando estaba demasiado preocupado como para dormir.

Ese era uno de esos momentos, Dean estaba tan preocupado por Sam, que dormir, era algo totalmente impensable para él. Estaba pensando, alterado incluso por la desaparición de su hermano pequeño, al igual que él lo estaba por Charlie.

"Sabes que daremos con ellos ¿verdad?" Dean tardó un momento en abrir los ojos, instantes en los que agradeció que alguien se preocupara lo suficiente por él, como para tratar de hacerle sentir mejor.

Cuando por fin abrió los ojos, clavó la mirada en Don, dejando ver la angustia que sus ojos trataban de ocultar. Don sonrió ante aquella visión, tan dulce, al mismo tiempo que desgarradora del chico.

"Después de todo lo que me has contado sobre lo que hacéis ¿no crees que los vamos a sacar de esta?"

Dean le devolvió la sonrisa, aunque la suya fue un poco más forzada de lo que le hubiera gustado ver. "No se como te las arreglarás para meter alguno de tus faroles a lo detenidos, porque la verdad es que mientes rematadamente mal."

Don le dio un pequeño golpe en el hombro; comenzaba a adorar demasiado al hermano mayor de los Winchester por no poder engañarle, por no poder hacerle creer que se encontraba totalmente bien cuando en realidad tenía tanto miedo como el propio Dean, pues ya comenzaba a conocerle demasiado bien. "No tienes porque disimular conmigo; se perfectamente como te sientes, al fin y al cabo, se trata de nuestros dos hermanos."

El federal remugó algo que Dean no logró entender, aunque tampoco tuvo tiempo para reaccionar. Dean fue a decir algo, pero antes de poder hacerlo, Don detuvo el coche en seco y le besó con fuerza y mucha rabia, pues estaba comenzando a odiar al que pocos días antes había creído un delincuente, al que había creído un asesino y un simple estafador, al que tan sólo había visto como un crío cuando no quería demostrarse a si mismo que le gustaba demasiado, del que ahora podía decir que estaba total y perdidamente enamorado, a pesar que sólo lo conocía de unos pocos días.

Si le odiaba por haberle cambiado, por hacerle un ser humano más débil ante el resto del mundo y sobretodo le odiaba por ser el primer hombre y una de las pocas personas que había conocido, que realmente le había robado el corazón. Tanto que le había vuelto lo suficientemente cursi como para pensar eso.

Don se separó por fin de él. "¿Te he comentado alguna vez lo mucho que te odio?" Don sonreía mientras hablaba, al mismo tiempo que Dean acariciaba su pierna tranquilamente. Dean asintió con toda la tranquilidad que pudo encontrar.

"Yo también te quiero." Don abrió la boca para volver a replicar ante eso, pero fue entonces cuando Dean se giró, observando lo que tenía delante de él, la enorme casa abandonada que Colby les había indicado.

Allí estaba el coche del otro agente, Don se alegró de verlo agazapado entre los arbustos cercanos. "Bien, haremos una cosa, Colby y yo vamos a investigar los alrededores; una vez que nos aseguremos que no nos van a sorprender vendré a por ti."

"Desde cuando me he convertido en la damisela en apuros que deja al príncipe que le salve la vida." Igual que había hecho antes, Don puso su mano sobre la frente de Dean, si, seguía teniendo fiebre y parecía un poco más alta que antes. Por un momento, Don pensó que tenía que haberle convencido de haberse quedado en la cama, aunque no lo hubiera conseguido.

"Desde que me he convertido en tu propio médico." Dean se mordió el labio mirando la seductora mirada federal sobre él.

"Yo que pensaba que todos estos días te habías convertido en mi enfermera." Sin decir nada más, Don le besó de nuevo, con una calidez que Dean necesitaba desesperadamente en ese momento y un momento después, se bajó del coche. Cerró la puerta detrás de él se volvió un momento hacia el chico.

No le gustaba dejarlo atrás, no porque pudiera estar en peligro, sino porque le gustaba tenerlo cerca en todo momento. Dean también le miró, se cruzó de brazos y volvió a cerrar los ojos mientras el federal se iba a alejando de él.

Pasaron un par de minutos cuando Dean volvió a abrir los ojos, atraído por un sonido proveniente del exterior del coche. Pero allí no había nada a simple vista. Don no había vuelto. Volvió a cerrar de nuevo los ojos, pero el sonido volvió a aparecer y entonces lo reconoció como alguien moviéndose muy despacio.

Miró hacia la ventaba, sabiendo que allí, al otro lado había alguien. No se había equivocado, por mucha fiebre que tuviera, eso no le había quitado su instinto de cazador.

Allí estaba un hombre, que no le permitió hacer nada, no le dejó reaccionar cuando golpeó el cristal con fuerza, reventándolo, haciendo que el cristal se hiciera añicos. Dean sintió como algunos de los pequeños cristales le arañaban la cara, pero no pensó en eso, simplemente tuvo tiempo de pensar en Don, cuando el hombre estiró el brazo y agarró de su ropa.

No se dio cuenta como, pero el hombre consiguió sacarle del coche, haciendo que algunos de los cristales que había quedado en el coche, le rasgara la piel. Cayó al suelo e instintivamente, se apartó cuando el hombre iba a golpearle en el rostro. Sin embargo, cuando el hombre se dispuso a asestarle un nuevo golpe, no pudo evitarlo, sintiendo el terrible dolor en su cara.

No estaba seguro si había sido por la fiebre, que le había subido después de tanto esfuerzo o por si el golpe había sido más fuerte de lo que había esperado, unos momentos más tarde perdió el conocimiento, aunque no del todo, pues si que fue consciente que el hombre lo levantaba y cargaba con él.

- o -

No supo cuanto tiempo había pasado cuando el hombre lo dejó sobre el suelo, aunque no fue muy delicado y Dean no pudo evitar gemir por el dolor.

"Ahora es cuando tu y yo vamos a entendernos." Dean sabía que el hombre no estaba hablando con él, pero desconocía con quien lo estaba haciendo, hasta que el hombre volvió a hablar con la otra persona. "Sam, ya se que es lo que piensas de nosotros, pero se nos esta acabando el tiempo. Siento tener que haber hecho esto, pero es la única forma de que nos ayudes por las buenas."

"¿Has secuestrado también a mi hermano para que os ayude a traer a un peligroso demonio de vuelta a la tierra?" Con los ojos todavía cerrados, Dean escuchó que su hermano se movía hacia él aun que no llegó a tocarlo. "Dean, Dean ¿estás bien?"

Dean no estaba seguro si realmente había contestado o no cuando quería decirle a Sam que no se sentía bien, que le dolía la cabeza y le ardía todo el cuerpo, pero no debió de hacerlo pues Sam no dijo nada al respecto. Seguramente, estaría simplemente delirando.

"Así no es como esto funciona." El dolor en la espalda cuando el hombre le propinó la patada en la espalda hizo que Dean se hiciera un ovillo. "Vas a darnos tu sangre ahora o tu hermano lo va a pasar muy mal."

Por lo que Dean era capaz de saber, Sam tardó un momento en contestar, aunque Dean no supo lo que su hermano dijo. Cuando el siguiente golpe llegó hasta él, Dean comprendió que Sam no había aceptado los términos del hombre.

"¡Sam!" Gritó el hombre con fuerza.

"Muy bien, muy bien, haz lo que quieras conmigo pero deja a mi hermano tranquilo de una vez por todas." El hombre se alejó por fin de Dean, que por fin abrió los ojos y pudo ver a su hermano mirándolo, mientras el otro hombre se acercaba a Sam con un cuchillo en la mano.

"Sammy…" Dean trató de moverse, pero estaba seguro que no lo había hecho, se había quedado donde estaba, incapaz de saber lo que era un delirio de la fiebre o algo que realmente hubiera hecho.

El hombre cogió con fuerza el brazo de Sam e hizo un profundo corte en él, Dean escuchó a su hermano gemir, pero en realidad no dijo nada, no quería preocupar a Dean más de lo que ya estaba, alterarlo, más de lo que lo estaba haciendo la fiebre.

Sam miró a su hermano, mientras la sangre comenzaba a manar por la herida, hasta un copa bastante rudimentaria que el hombre había colocado debajo. Entonces, todo comenzó a ocurrir demasiado rápido, las voces a lo lejos, esa voz que tanto se parecía a la de Don y que le hizo sentir tan bien, la mano de su hermano sobre él y su voz llamándole.

"Dean, ¿puedes oírme? Dean tranquilo, te vas a poner bien, te vamos a sacar de esta, ya lo verás."

Después de eso nada, tan sólo oscuridad y silencio a su alrededor, obviamente había perdido el conocimiento a causa de la fiebre y de los golpes propinados.