Nota del autor: Muchos y muchas fans se ofuscarán conmigo con este capítulo, pero son HECHOS PLENAMENTE HISTORICOS. Aun así, no culpen al pobre Feli de las Marranadas de sus dos hermanos, Gabriel y Lovino (en especial de Gabriel). Levísimo Ger/ita, Austria cabreado, y muchas malas palabras por parte de romano.
7 de septiembre de 1941
El viaje en tren desde Zagreb hasta Dubrovnik en la costa dálmata era bastante largo. Aun así, Roderich no podía conciliar el sueño. El viaje entre Zagreb y Dubrovnik duraba casi 10 horas en tren, en especial debido a los constantes retrasos en el expreso transbalcánico, subsidiario del transdanubiano y a su vez de expreso parís-Estambul. Las repitentes imágenes que había visto en Jasenovac, los gritos de terror de los prisioneros, los miembros putrefactos exhibidos al aire libre como trofeos de cacería, la frialdad de las autoridades que decidían el destino de vidas humanas como si fueran poca cosa que menos que reses de ganado no lo dejaban dormir. Aquella tortura mental no lo cesaba de mortificar.
Dalmacia era prácticamente el balneario de verano de la mayor parte de la aristocracia europea. En los tiempos de antes de la gran guerra, solía pasar allí el frio y crudo invierno austriaco junto con Hungría, retozando felices en alguna playa de la costa adriática, caminando tomados de la mano por las medievales callejuelas de Sankt Stefan bañadas por el sol veraniego, tocando él algún solo de piano en su pequeña casa de campo en Fiume, componiendo a la luz de la luna en alguna terraza de algún hotel en Zara o en una de las tantas villas de descanso en Split.
Y sin embargo le dolía regresar de nuevo a Dalmacia. Porque todo le recordaba a ella. La suave brisa del atardecer, el hermoso mar cristalino del Adriático, las coloridas casas rosadas y blancas con sus tejados de arcilla roja, los balcones de las señoriales casas adornados de flores, el pregón del lechero por la mañana, los adoquines de piedra de las callejuelas, el suave murmullo de los árboles, todo se la recordaba.
Hungría.
Al llegar a la estación central de Dubrovnik, es recibido por los tres hermanos Italia.
Y allí estaban ellos: el risueño e inocente Feliciano, el neurótico y temperamental Lovino y el frio, serio y estricto Gabriel. El norte y el sur de Italia parecían tener muchas expectativas frente a la concesión de Dalmacia, por tantos años reclamada. En cuanto al vaticano, él estaba allí por petición expresa de Austria y por tanto tuvo que solicitarle al santo padre permiso para poder acompañar a sus dos hermanos.
—maldición, el señorito se está retrasando mucho…
—no desesperes Romano, ha habido problemas en la línea entre Zagreb y Dubrovnik, es natural que se retrase.
—mira quién habla "señor puntualidad".
Entre tanto, Feliciano estaba allí, callado y estático. ¿Para qué lo necesitaba el señor Austria?, no sabía. Solo sabía que él había estado en una visita diplomática a Croacia junto con diplomáticos alemanes y Vaticanos, en especial el legado apostólico Marceni. Aun le extrañaba de sobremanera la actitud de Austria. No era el Austria que siempre conocía, ya no componía, ya no tocaba ni un piano ni un violín. Sus enfrentamientos con las autoridades alemanas daban mucho de qué hablar. Y después de la sangrienta campaña de los Balcanes Austria no había sido asignado a ninguna campaña militar, sino a simples misiones diplomáticas con los diferentes aliados del Eje. Después de Croacia tendría que preparar una importante misión diplomática a Rumania, en donde tendría que renegociar con Vladimir los recursos petroleros necesarios para continuar con la campaña soviética y la guerra.
El tren había llegado a la estación. El austriaco lucia pálido y ojeroso. Cansado y agotado. Lucia aun el uniforme de las SS que se había cambiado en el hotel. Ni siquiera se había tomado la molestia de quitarse la cruz del toisón que lucía en la solapa de su uniforme.
—pero miren a quien tenemos aquí, el señorito bastardo nos honra con su presencia…
—No quiero que ofendas a Austria, romano —le dice el mayor de los tres, mientras lo mira aceradamente.
—sí señor.
Roderich fijó su agotada mirada en el vaticano. Gabriel lucía una sotana blanca con su correspondiente fajín rojo, sin capa de hombros o capa larga. Sintió ganas de agarrar a la santa sede y golpearlo hasta que su rostro sangrara y aquella sotana blanca y prístina quedara manchada de sangre, pero el aun dudaba de que el vaticano estuviese implicado en los macabros planes del arzobispo Stepinac. Sin embargo, tenía que preguntarle.
—Aloysius Stepinac. ¿Te dice algo ese nombre, vaticano?
—sí, es el arzobispo de Zagreb, porque lo preguntas Roderich, acaso no lo conociste en Croacia.
Luego fijó su mirada en la santa sede. El italiano lo miró con desconcierto por encima de sus lentes, mientras que los del austriaco seguían fijos en el mayor de los italias.
—sabes porque le pedí a tus hermanos que vinieras aquí a Dalmacia, ¿verdad?
—aun no.
Luego, con algo de cansancio le pregunto a Veneciano.
—Feliciano, ¿sabes en donde hay una casa en la que pueda descansar yo y mis hombres?…
—claro señor Austria, mi fratello tiene una casa a las afueras de la ciudad —contestó Feliciano algo intimidado.
—non, non, non, Bastardi signorino di merda, no usarás MI CASA para descansar —espetó Lovino malhumorado.
—realmente estoy muy cansado, Lovino. Yo y mis hombres necesitamos descansar un poco antes de regresar a Berlín, además de que tengo algo muy importante que mostrarles. No quiero más problemas.
El constante malhumor del austriaco se había esfumado en una suerte de melancolía y abatimiento incomprensibles para los dos italianos, pero fácilmente entendible para el mayor de los tres.
Posteriormente bajan los dos SS. Franz y Albretch jamás habían visitado la Dalmacia italiana, y el esplendor y brillo de la estación les impacto de sobremanera. Aun así guardaron la compostura. Los dos austriacos se sentían algo cansados, aunque mirando a los tres italianos se intentan arreglar el cabello, organizarse los uniformes lo mejor que pueden y lucir al menos mas presentables.
—simple Vanittá… cazzo, Austriacos tenían que ser. —murmuró romano para sí.
Mientras tanto, Feliciano se fijaba en el corpulento rubio SS que le recordaba mucho a Alemania. Albretch por así decirlo era algo parecido a la representación nacional del pueblo alemán, solo que era un tanto más bajo. Aun así, de lejos se parecía mucho al estado alemán. De cerca, sus facciones eran un tanto más parecidas a las del señor Austria.
—Bueno, ya que estamos todos aquí, porque no nos dirigimos hacia tu casa, no Lovino… —insistió el estado vaticano.
—ah, claro, claro… como tú no eres el que pone la casa, Gabriel…
Los seis hombres salieron de la estación central, en donde un auto Alfa romeo les estaba esperando. Romano condujo por entre las callejuelas de Dubrovnik dirigiéndose hacia una hermosa villa romana en un risco. Feliciano había notado que Austria tenía en su mano una voluminosa carpeta gris, con un membrete de "altamente confidencial". Le pensaba preguntar a roderich sobre lo que contenía aquella carpeta, pero se abstuvo por evitar un regaño de parte del señor Austria.
Al llegar a la casa, el italiano menor salió precipitadamente del auto. Ya se estaba haciendo de noche.
—Ve~ lo mejor es que vaya a preparar la cena.
Luego, Austria soltó las maletas en la portada. Todos los presentes entraron a la enorme casa, la cual emulaba las antiguas villas romanas. Romano posteriormente les indica con un deje de fastidio en donde pueden dormir él y sus guardas.
—en la casa hay en total cinco habitaciones, dos en el primero y tres en el segundo. Ustedes dormirán en la primera planta. —Dijo con desgana Romano— ¿capisci?
—entiendo perfectamente, Romano.
—los tuos compagnieri no tendrán problema en dormir en un mismo cuarto, ¿o sí?
—No tenemos ningún problema, señor romano —contestó Franz con algo de desgana.
A romano no le gustaba que le dijeran "señor", lo hacía sentir viejo.
— ¡Cazzo!, que no me llames Signore, que me hace sentir que tengo muchos años encima.
Con posterioridad se dirige al austriaco. Le dice en donde puede acomodarse y el de forma silenciosa sale de la sala de recibo dirigiéndose al cuarto asignado en donde acomoda sus cosas en la maleta.
—Ve~ La cena está lista —canturrea Italia veneciano mientras sirve los seis platos en la mesa del comedor.
Todos se ubican en medio de la larga mesa dispuesta para la cena. Gabriel se sienta en la cabecera de la misma, como el mayor de los tres, mientras que Roderich hace lo propio en el otro extremo. Feliciano y Lovino se ubican a la derecha de Gabriel mientras que Franz y Albretch se ubican en las sillas a la derecha del austriaco.
Feliciano empezó a servir la comida, compuesta por rissoto a la marinera, pasta a la Carbonara en salsa de mariscos, ravioles en salsa boloñesa, una ensalada ligera y algo de fino y excelente vino italiano de la casa Saboya, de los viñedos privados de la familia real italiana.
Todos se aprestaban ya a comer, pero el vaticano los para en seco.
—antes que nada, hay que bendecir la mesa.
—por el amor de dios Gabriel, tengo hambre y no he tenido una comida decente en días. —repara Lovino con hastío.
—ten más respeto para conmigo, que aparte de tu hermano soy la sede del…
—del vicario de cristo en la tierra, si, si ya lo sé. —le replica nuevamente romano.
—por favor dejen de discutir por idioteces y deja que Gabriel bendiga la mesa —contesta Roderich visiblemente irritado.
Todos en la mesa se quedan callados. Inmediatamente Gabriel se levanta, se persigna mientras que todos se persignan a la vez.
—nominus pater, et fillius, et spiritus sancti.
—Amén —respondieron todos al unísono.
Cuando ya el vaticano empezaba a aprestarse a empezar la plegaria, romano lo interrumpe.
—dado que Austria es nuestro invitado especial, porque no lo dejamos que presida la plegaria, fratello querido.
Gabriel miró seriamente a Lovino por encima de sus lentes. Este denotaba tener una mirada algo maliciosa, aunque al final cedió.
—está bien, que Austria la comience.
El austriaco ya sabía que plegaria iba a usar. Agachando solemnemente la cabeza comenzó a recitar.
—señor dios todopoderoso, que das y quitas la vida a los hombres, te agradecemos por los alimentos que hoy vamos a recibir, y te pedimos por lo que nada tienen, por los que sufren por defender tu santo nombre, por aquellos que a pesar de no seguir tu santa fe son perseguidos cruelmente, te pedimos señor por los fieles difuntos, por aquellos que han muerto bajo tu gracia o defendiendo también tu santo nombre, por aquellos que han muerto por solo desconocerte o seguir tus santos preceptos de acuerdo a las leyes de sus padres y no bajo los mandamientos de nuestra santa iglesia, te pedimos señor por nuestros amigos, por nuestros seres queridos, por nuestros seres amados —Feliciano apretó sus manos con fuerza mientras una delicada lagrima recorría su rostro recordando a Alemania— y por nuestros enemigos, que a pesar de que nos persiguen y nos hacen daño, están haciendo lo que consideran correcto, te pedimos señor por aquellos que se extralimiten en sus funciones oficiales, y que en pos de un ideal enfermizo y cruel, pretextando defender a dios y su santa romana iglesia —en esta parte de la plegaria Austria mira retadoramente al Vaticano sin levantar la cabeza, el cual al parecer sabia a quien se refería, mientras el vaticano, aun con las manos entrelazadas y su cabeza agachada lo miraba inquisitiva y fríamente. — cometen las más ruines y viles atrocidades. Te pedimos señor que ellos recapaciten pronto y pidan perdón y expiación por sus pecados, o que sean juzgados como es debido, por dios nuestro señor o por los hombres...
—Amen. —respondieron todos al unísono.
La muy larga oración había dejado algo perplejo y confundido a Feliciano, mientras Lovino miraba con malicia y sospecha a Gabriel. Roderich por su parte se sienta, y algo agobiado dice.
—muy bien, ya podemos comenzar.
Después de eso, la cena siguió en un torvo y tensionante silencio solo roto por los balidos de Feliciano y el roce de los cubiertos con la vajilla. Austria y sus subordinados hacían gala de sus más exquisitos modales, lo mismo que Gabriel, mientras que Lovino y Feliciano comían con la mayor naturalidad del mundo, sin tanta ceremoniosidad y etiqueta, pero al menos conservando la compostura y decencia debida.
Los fríos y oscuros reproches entre las dos naciones hacían que el ambiente se enrareciera. Italia, ignorante de la tensa situación le pregunta inocentemente al austriaco.
—señor Austria, ¿por qué en medio de la plegaria miraba a mi fratello Gabriel de forma acusadora?
Austria parecía impasible, mientras Gabriel se atoraba con el vino algo asustado, y romano miraba inquisitivamente a su hermano mayor, indagando los oscuros recovecos que escondía. La impasibilidad e inocencia de Feliciano estaban a punto de destapar el turbio asunto que Austria conocía ya bien y que no dudaría en confesar.
—lo diré a su debido tiempo, Veneciano. —Le respondió Roderich— pero pasando a otro tema, qué opinas de Ante Pavelic y los ustashi.
La serena pregunta aturde a Gabriel, el cual al parecer intentaba contener su nerviosismo con una falsa mascara de tranquilidad tan falsa como decir que Francis es un fiel católico que sigue los preceptos de la castidad y la continencia.
—que me causan mucho miedo, señor Austria —contestó veneciano con una serenidad impresionante —a mi Pavelic nunca me gustó ni siquiera cuando vivía en mi casa.
—y tú, Gabriel, ¿qué opinas?
— ¿de Pavelic?,… —le inquiere con mal disimulados nervios el mayor— que es uno de los paladines de la iglesia en Europa oriental que combate con valentía a la bestia comunista que engaña a las masas.
—claro, como no lo vas a decir, Gabriel querido mío, si el mismo te visitó en tu casa y tu bendeciste su "noble cruzada" mientras tus hermanos le daban protección, dinero y armas para iniciar su gobierno y así establecer el reino católico que querias….
—que estas queriendo insinuar, Roderich.
—nada, simplemente decía.
Tomó un largo sorbo de su copa de vino, un excelente vino Saboya. La ostentación estaba al orden del día, y aun así, le sorprendía que se sirviera aquel vino, uno de los más caros del planeta.
—y volvemos al orden del día en Europa —exclama el austriaco con una impasibilidad y sarcasmo extrañas en el— Alemania está peleando en contra de Rusia, contra la "bestia del comunismo" de la que hablas, tus hermanos fracasan en el norte de áfrica en donde Feliciano si mal no recuerdo huía despavorido del cejudo Inglaterra, y si mal no recuerdo por obra y gracia del "espíritu santo", o querría decir las gestiones de nuestro amantísimo y diligente estado vaticano, el flamante estado independiente de Croacia cede la región de Dalmacia, la joya de la corona del disuelto reino de Yugoslavia, al reino de Italia.
La glacial y acusadora mirada del austriaco se fijaba en los tres italianos. Veneciano al mirar los ojos del austriaco recordó su cruda infancia. La cruel y acusadora mirada de Austria que siempre lo vigilaba. Romano le devolvió la mirada con otra de forma soberbia y retadora, mientras que Gabriel intentaba enmascarar sus nervios en una impasibilidad y serenidad inconcebibles.
—Y ustedes tres, —agregó el austriaco— porque también Gabriel les colaboró diligentemente como un buen hermano mayor a obtener lo que querían, lograron que una inocente pequeña como Croacia, tan torturada por la guerra, les entregara la preciada Dalmacia.
—a que quieres llegar, Roderich.
—no quiero arruinarles la cena, así que terminemos esta deliciosa comida que nos ha preparado especialmente Feliciano, porque no deseo desairar a tan excelente cocinero como es el.
Italia se sonrojó. ¿Quién era ese impostor que se hacía pasar por Austria y hacia tan directos halagos y decía tan crudas palabras enmascaradas en hermosas flores?, por un momento se arrepintió de haberle pedido a su rey un lote de sus mejores vinos de la cava real. Quizás era el vino el que hablaba por roderich, pero Austria no había sido nunca hombre de excesos, ni de vida disoluta como lo era Francia. No, roderich estaba en pleno uso de su razón, y al parecer quería revelar un sucio secreto de su hermano.
Después de terminada la cena, y ya cuando todos se encontraban en la sala de recibo tomando un pequeño aperitivo, el austriaco le vuelve a repetir al mayor de los italianos.
—recuerdas que hace unas horas, te pregunte por uno de tus subordinados, el arzobispo Aloysius Stepinac. ¿Qué me puedes decir de él?
—es un hombre devoto, fiel pastor de su rebaño. Es una persona sin tacha que busca el bienestar tanto espiritual como terrenal para su pueblo. Es un hombre desprendido de lo material, un siervo de dios como pocos, que ayuda a su prójimo sin distinción de clase o de raza. En otras palabras, se puede decir que monseñor Stepinac se acerca al ideal de un santo.
¿El ideal de un santo?, Austria no sabía si reír o abalanzarse sobre el vaticano y golpearle la cara. Durante los pocos días en los que había estado en Zagreb, la imagen que se había elaborado del arzobispo Stepinac era distante a la que se refería el vaticano. Un hábil manipulador de los turbios entramados políticos en Zagreb. Un frio y despiadado hombre, que le daba lo mismo un serbio ortodoxo que un judío, pues para el merecen el mismo destino de la muerte. Un intrigante y sucio consejero que prácticamente gobernaba desde las sombras a Croacia. Un ser desprovisto de todo sentimiento de humanidad.
Luego regresó a su cuarto, tomando la carpeta gris marcada con el membrete de "altamente confidencial".
—pues mira lo que está haciendo tu santo, Gabriel.
Al abrir la carpeta, esparció en la mesita de la sala una serie de espantosas y escalofriantes fotos en las que se mostraban los diferentes vejámenes que se cometían en Croacia. Niños de tiernas edades entre los dos meses y los diez años empalados en estacas, guardas ustashi portando picas con cabezas de los ejecutados en Croacia, un patíbulo con tres hombres y dos mujeres los cuales se consumían en el fuego mientras lanzaban gritos de terror, atrocidades sin control ni nombre.
—Antes de salir de Croacia, me entere de cierto acontecimiento en la Abadía benedictina de Gunic, sucedido meses atrás. El arzobispo había ordenado que reunieran a todos los que estaban en el pueblo. El abad del monasterio, apoyado por los guardas ustashi los llevó al refectorio de la Abadía, exigiéndoles el certificado de conversión al catolicismo. Solo dos, DOS, personas presentaron sus certificados, el resto fueron degollados sin misericordia mientras que el abad "rogaba por la salvación eterna de sus almas".
Gabriel oía con consternación y espanto las palabras del austriaco. Feliciano se había asustado terriblemente, temblaba y lloraba de terror, aferrado a romano y suplicando a los gritos que aquella pesadilla cesara. Romano había quedado gélido, de piedra, sin ninguna emoción, ni terror, ni espanto, ni rabia, nada.
—el quinto mandamiento dice "no matarás". Y tus sacerdotes están matando gente inocente, Gabriel. —luego, señalando con una lupa le muestra al aterrorizado estado vaticano —mira con atención a los guardas y soldados ustashi.
Gabriel miró con atención las fotos. Quedó impactado. Los despiadados y crueles asesinos llevaban cruces Tau y algunos tenían tonsurado el cabello de forma benedictina.
—no… puede… ser verdad, NO ES VERDAD, DIOS SANTO... NO ES VERDAD
Romano, después de ver la histérica reacción de su hermano mayor reacciona.
—IDIOTA, COMO PUEDES PERMITIR QUE TUS MALDITOS CURAS HAGAN ESTAS COSAS, TU QUE TE UFANAS EN SER LA SANTA SEDE, LA SOMBRA DEL VICARIO DE CRISTO PERMITIENDO ESTAS COSAS, ME REPUGNAS, MALEDIZIONE, ¡BASTARDO HIPOCRITA DI MERDA!
Romano encolerizado abofetea a su propio hermano quien había entrado en shock.
—yo… aunque quisiera no puedo hacer nada.
— ¿no puedes hacer nada, o no quieres hacer nada? —le recrimina el austriaco con marcada crueldad.
—De que habla, señor Austria —le inquirió un lloroso Feliciano.
—no les has contado acaso de oro ustashi que recibiste antes de mi visita a Croacia.
—de que oro hablas, Austria. —inquirió a su vez romano intrigado.
Austria impasible y sereno les dijo.
—después de que las fuerzas de ocupación comandadas por mí y por Hortstenau hicieran su trabajo, los ustashi comenzaron un sistemático expolio contra las iglesias ortodoxas. Millones y millones de liras en oro, joyas, obras de arte se recaudaron después del saqueo. Parte de esos fondos fueron a parar a los tesoros personales de Pavelic y Stepinac y la otra parte se la entregaron a tu hermano por medio del arzobispo.
—eso es mentira, roderich —le contesta el Vaticano a la defensiva.
—claro que no lo es, tú querido Nogara supo cómo justificar ese oro, y lo reinvirtió en tus propiedades de Italia: la Societá Generale Inmobiliare, Italgás, la Societá Mineraria e Metallurgica di Pertusola, Cartiere Burgo, la societá Adriática di electricitá y muchas otras más.
—yo no tengo nada que ver con Nogara, esos son asuntos del IOR [1] y el papa en los que no puedo interferir.
— ¿ah, no? Tenías casi cinco cofres de oro serbio saqueado impunemente, no sabías que hacer. ¿A quién acudir?, acudiste al mercader del templo, acudiste a Bernardino Nogara.
—ya basta, roderich.
—vendiste tu conciencia por treinta monedas de plata, haciendo oídos sordos a las suplicas de tus obispos en Austria, a las suplicas de Innitzer, a las suplicas de tus fieles, de tu grey.
—te ruego que pares ya, no más.
—sí, yo vi a Innitzer ese día. —Le recrimina roderich con rabia— todo desvalido, aterrorizado, golpeado, maltratado, humillado. Lo vi decepcionado de sí mismo y de su iglesia, decepcionado de ti. Y sin embargo se levantó decidido a seguir luchando, a seguir combatiendo por los que no se pueden defender, por los desvalidos, por los desprotegidos.
—Ya no más.
El cargo de conciencia y desesperación del vaticano crecía.
—y tú que era lo que hacías, apoyar tácitamente a Stepinac en su "tarea evangelizadora", que fue inclusive peor que la que hizo en el nuevo mundo España. —Luego agregó sarcástico— bueno, al menos Antonio tuvo la decencia de contarte sus métodos de "propagar la fe cristiana", mientras tú lo apoyabas, porque al menos les daba chance a los nativos de convertirse. Pero en Croacia, tu "santo Stepinac" no evangeliza con la palabra: Evangeliza con pistola en mano y fusil. Y así se conviertan, eso no es garantía, porque aun así los matan.
—YA BASTA MALDITA SEA
Los desesperados gritos del vaticano asustaron a todos, menos a Roderich. El impasible austriaco quedó en silencio dirigiéndose hacia romano y veneciano, los cuales no sabían de qué forma mirar a su hermano mayor. Posteriormente, el austriaco les increpa.
—si su hermano, como el todopoderoso estado vaticano, no puede hacer nada, sé que ustedes podrán hacer algo. Ustedes no saben lo que yo he visto en Croacia, los brutales alcances de los ustashi. Sé que Gabriel es a veces un amoral sin escrúpulos pero nunca creí de él tanta falta de caridad cristiana. Así que si quieren que se salve esta pobre gente que nada ha hecho, háganlo antes de que sea demasiado tarde.
— ¿Croacia lo sabe? —le pregunta a su vez romano.
—sí, lo sabe y ella misma me pidió que les dijera a ustedes todo lo que sucedía allí. Lastimosamente, Stepinac y Pavelic la tienen demasiado controlada. Está asustada y no sabe qué hacer.
Feliciano había dejado de llorar, pero su triste y perpleja mirada denotaba espanto y terror. Lovino no tenía otra expresión que de odio y repugnancia. Gabriel por su parte había quedado pasmado del pánico, como si un enorme crimen le pesara.
—consultaré con el "Governatoro" para que abra un corredor humanitario entre Dalmacia y Croacia. —dice romano.
—y que sea la cruz roja la que se encargue del paso humanitario, la santa sede no deberá intervenir —refrenda Feliciano en un tono anormalmente serio.
Roderich luego les dijo a los dos italianos.
—es lo menos que esperaría de ustedes. —Refrendó el austriaco—al menos sé que ustedes dos tienen buenos sentimientos, no como aquel que dice llamarse su hermano.
Antes de retirarse a dormir, les dice a Lovino, a Feliciano y Gabriel a modo de advertencia.
—vigilen de cerca a vaticano, que no vaya a ser que le informe a su jefe de lo que les he dicho esta noche. Si Stepinac y Pavelic llegan a enterarse, me olvidaré del debido respeto que le tengo a la iglesia, y le romperé a Gabriel la cara sin misericordia.
La amenaza aterrorizó a la santa sede, el cual aún tenía su rostro gélido de espanto, mientras Lovino le dedicaba una mirada de profunda ira y desprecio.
Posteriormente se fue a dormir, porque ya para mañana tendría que tomar de nuevo un tren hacia Alemania.
Y habían muchos asuntos que discutir con Ludwig, en especial de la "cuestión judía".
[1]: el I.O.R o institutto per le opera di religione, (instituto para las obras de la religión) es el banco oficial de la ciudad del vaticano, uno de los tres organismos económicos de la santa sede. Los otros dos son la "sacra cámara apostólica", encargada de la emisión de moneda, (el euro vaticano, debido a un acuerdo con Ios italias, Gabriel comparte la misma divisa que Feli y Lovi.) y la prefectura apostólica para las finanzas vaticanas, la cual se encarga de regular el presupuesto vaticano. Aun así, el banco vaticano se ha visto involucrado en una serie de turbios escándalos desde la década de los 70. Con respecto a Bernardino Nogara, este era uno de los más eminentes financistas de Italia, el cual construyó el enorme andamiaje financiero que sacó al estado vaticano de la ruina económica. Cabe aclarar que Nogara era un hombre muy piadoso, que casi no se involucraba en actividades mundanas excepto, tal vez, ver películas norteamericanas. Algunos economistas italianos han considerado el absurdo de iniciar su proceso de beatificación, abriéndose la causa en 2008. A su muerte, en 1958, el cardenal norteamericano Francis Spellman dijo: "después de Jesucristo, lo mejor que le ha pasado a la iglesia ha sido Bernardino Nogara".
Nota del autor sobre este controversial capitulo:
Con respecto a este capítulo debo de dar su correspondiente explicación:
El espinoso asunto de la colaboración de la iglesia católica en el genocidio Ustashi está más que comprobado por diferentes fuentes documentales, como el libro "magnum crimen" que habla más detalladamente de la influencia del arzobispo Stepinac en el estado croata, agregado a las importantes fuentes documentales graficas mencionadas por Austria y que de hecho existen, resguardadas por la autoridad nacional para la memoria del holocausto en Israel o el "Vad Yashem". En cuanto a la participación vaticana, el abad Giuseppe Marceni supuestamente tenía el cargo de "visitador apostólico", un cargo diplomático menor en la administración diplomática vaticana; pero en la correspondencia de Marceni el figura como "sancti sedae legatus apostolicum", mas nunca como "visitador apostólico". Valga decir que la traducción en latín del título es la de "legado apostólico de la santa sede" el cual es uno de los cargos más altos de la diplomacia vaticana, inclusive superior al de Nuncio. Su equivalente en la diplomacia internacional sería el de ministro plenipotenciario. El equivalente de visitador apostólico es el de un simple agente consular.
La santa sede no hizo nada, y se mantuvo en silencio frente a las atrocidades Ustashi durante la guerra. Aunque en este fic muestro a la santa sede con algo de remordimiento de conciencia, lo hago solamente como una especie de muestra de decencia frente a las Fans de Feliciano y Lovino, porque un hermano psicópata sin remordimiento de conciencia le quita el encanto a los Italias. Sin embargo, la historia no es tan de color de rosa como nos la pinta Himaruya. Aunque no quiero desmeritar a Hidekaz-kun, valga aclarar.
Agregado a esto, los hechos de la Abadía de Gunic si sucedieron, tal cual como son narrados por Austria.
Por último, este capítulo está dedicado a las 300.000 víctimas del régimen ustashi enterradas en la ignominia del olvido, opacadas por las atrocidades (aunque menos crueles, pero no quiero desmeritar lo atroz y espantoso que fue) del holocausto judío y el silencio oficial del estado croata. Disculparán lo largo de esta nota, pero era necesario. Si deseas dejar un flame diciendo "que porquería", "que malo", Waaaaa, no hay YAOI o nada bueno que ver", búscate otro FF que leer, hay cientos de US/UK para escoger, y que son menos crudos y crueles que este. Sin embargo, si desean dejar su buen rewiew, es bienvenido. Si desean hacer aportaciones a este oscuro episodio borrado por la historia en los rewiews, o alguna fuente documental está errada, intentaré corregirla a medida que se vaya escribiendo el Fic. Habrá más Austria/Hungría y quizás algo de Ger/ita, pero no voy a dar Spoilers.
Si no dejan rewiew, Austria no tocará el piano para Hungría, y la ignominia Ustashi se perderá en el olvido.
