¿Qué ves cuando cierras los ojos?

Gina estaba furiosa…o perdida…o las dos cosas.

¡Tres días! Hacía tres días que Emma no había dado señales de vida: ni un mensaje, ni una llamada, ni una visita, ninguna señal.

Ocupada en aprenderse su nuevo guion, no había tenido tiempo de ir a visitar a la joven. Sin embargo, y tras haber acosado a su hermana, esta tuvo noticias por medio de Ruby.

Cuando la joven pelirroja tocó en casa de Gina, esta apenas pudo disimular su impaciencia. En cuanto hubo puesto un pie en la casa, la bella morena le saltó encima, acosándola con preguntas.

«¡Hey, hey, tranquila!» soltó Zelena

«Lo siento…entonces, ¿tienes noticias?»

«Ruby me ha dicho lo que hay»

«¿Y? ¿Vas a hablar o qué? ¿Está enfadada conmigo?»

Zelena se echó a reír y colocó sus manos en los hombros de su hermana

«Cálmate. Rub me ha dicho que Emma está enferma, eso es todo»

«¿Enferma?»

«Lleva en cama tres días. Me ha dicho que al día siguiente de vuestra cita, ya no se sentía bien. Las cosas empeoraron durante el día, y está en cama desde entonces»

«Ahí está por qué no me respondía a mis mensajes…Pero…¿no ha ido a ver a un médico?»

«Ruby me ha dicho que es más testaruda que una mula, cosa que me creo sin dudar, y que había dicho, cito: «no es más que un pequeño resfriado» Pero al estar Ruby trabajando no ha podido ocuparse de ella como Dios manda, así que, su resfriado se ha alargado…»

«¡Es una inconsciente! ¡Le dije que iba a coger frío!»

«Deberías ir a verla. Coge el guion»

«¿Por qué?» preguntó asombrada Gina

«¿Quién sabe cuánto tiempo te quedarás dándole mimitos?... Deberías coger también un neceser»

«¡Para! Bueno, me voy»

Gina cogió su chaqueta y se bolso, pero su hermana la llamó y le lanzó el guion que la bella morena atrapó al vuelo, después salió por la puerta.


Cuando Ruby abrió la puerta, casi se sintió aliviada al ver a la bella actriz en el umbral.

«¡Hey, gracias a Dios que estás aquí!»

«¿Por qué tanto alivio?»

«Porque estoy atrasada para ir a abrir la tienda, pero no podía dejarla sola en ese estado»

«¿Está tan mal?»

«Yo no la encuentro muy en forma, pero si se lo preguntas, te va a decir que no es nada. Os dejo. Todavía hay caldo en la cacerola. Hasta más tarde»

Apenas dicha la frase, ya estaba fuera, haciendo rugir el motor de su coche. Gina arqueó las cejas antes de entrar. Dejó su bolso, su chaqueta y su guion en la consola de la entrada, después lanzó una mirada a la cocina, constatando que, en efecto, había una cacerola encima de los fogones.

Miró entonces las escaleras, y subió lentamente. Se dejó guiar por los accesos de tos de Emma y llegó pronto a una puerta. Apoyó una mano en ella mientras que la otra giraba lentamente el pomo. Pasó la cabeza y constató que hacía un enorme calor en la estancia. Entró y vio una forma bajo las sábanas.

«¿Emma?»

El bulto, entonces, se movió y de repente, la cabeza de la joven rubia apareció. Gina se sorprendió desagradablemente al ver los trazos cansados y tensos de su compañera: enormes ojeras bajo los ojos hundían su rostro, los cabellos despeinados, la tez pálida.

«¡Oh, Dios mío, Emma…!»

«¿Qué haces aquí?» se asombró la joven enderezándose, dejando ver un camisón color crema

«Zelena me ha contado. ¿Por qué no me has llamado?»

Emma, entonces, se sentó, y Gina se colocó delante de ella

«No lo sé…no es más que un resfriado»

«¡Eres peor que un niño! ¡Te dije que te abrigaras aquella noche!»

«Lo sé, lo sé…Pero ya pasará»

«Hace tres días, si fuera un sencillo resfriado, ya se hubiera ido hace tiempo. Deberías airear el cuarto, está asfixiante»

«Tengo frío…»

«Entonces ponte algo más abrigado»

«A veces tengo demasiado calor» gruñó la joven

Gina suspiró y vio los cadáveres de los pañuelos de papel tirados por el suelo y los restos de lo que debía de ser la comida de la bella rubia.

«Deberías tomar un baño bien caliente, mientras yo aireo el cuarto»

Emma la miró y arqueó una ceja, divertida

«¿Qué?»

«¿Has venido a cuidarme? ¿Eres como…una enfermera a domicilio?»

«Correcto, si eso te divierte. Ahora, te vas al baño, y tomas un baño caliente»

«¿Me vas a arropar?»

«Voy a acabar por lamentar haber venido…»

«Ok, ok, me rindo»

Emma salió de la cama, pero perdió el equilibrio mientras se levantaba, y fue agarrada justo a tiempo por Gina

«Ouh, ¿estás bien?»

«Lo siento, me he levantado demasiado deprisa…creo»

«Ok, te acompaño»

Atravesaron la habitación para dirigirse al baño contiguo, Emma se sentó en el borde de la bañera mientras que Gina dejaba correr el agua caliente comprobando su temperatura con la mano.

«Desvístete»

Emma se echó a reír y la miró, divertida

«Si crees que me voy a quedar desnuda delante de ti…»

«Hace unos días estabas dispuesta a hacerlo en el parking»

Emma se tensó y sus mejillas se pusieron rojas. Felizmente, pudo achacarlo a la fiebre.

«Yo…no sé de lo que hablas»

«Claro»

«Espera, ¿en serio? ¿Realmente creíste que…yo quería…?»

«Parecía evidente dado tu último beso, ¿no?»

«Yo…euh…bueno…no…en fin…»

«Hey, cálmate, ¿ok? Bromeaba»

Emma bajó la mirada, su cabeza le daba vueltas.

«¿Estás bien?»

«Yo…estoy cansada»

«Déjame a mí»

Emma estaba tan débil que apenas se daba cuenta de que Gina había bajado las asillas de su camisón.

«No es así como me imaginaba este momento» murmuró ella

Gina sonrió y la ayudó a levantarse, el camisón cayó a los pies de la bella rubia.

«Te lo prometo, solo te miraré a los ojos» murmuró la bella morena

Emma se lo agradeció con una sonrisa antes de meter su cuerpo en el agua caliente, lo que la hizo gemir de satisfacción.

«¡Qué bueno…!»

«Relájate, yo voy a airear el cuarto y a prepararte algo de comer»

«No tengo hambre»

«¿Y cómo piensas curarte si no alimentas tu cuerpo? Debes recobrar fuerzas, Emma»

«De acuerdo, mamá»

«Querida, si quieres que juguemos a un juego en que yo sea tu madre, haré otras cosas aparte de cuidarte»

Emma desorbitó los ojos antes de meterse totalmente en el agua, mientras Gina se dirigía a la habitación. Sin esperar, abrió las ventanas y aireó la cama. Después, bajó y calentó el caldo, y se puso a hacer un plato más elaborado: un estofado.

Más de media hora más tarde, volvió a subir y tocó en la puerta del baño.

«¿Emma?»

Pero no se oyó ninguna respuesta. Tocó de nuevo y abrió. Vio a Emma, dormida, con su cabeza apoyada en el borde de la bañera.

Dulcemente, Gina la despertó, primero sacudiendo sus hombros, pero al ver que nada, le dio un beso en la mejilla, y después le murmuró su nombre dos o tres veces. La bella rubia ronroneó antes de abrir los ojos, sonriendo.

«Hey…»

«Sal de la bañera, está casi fría»

Emma se levantó y Gina le entregó un albornoz, mientras desviaba la mirada, para ver lo menos posible.

«Gracias» suspiró la bella rubia que salió del baño ayudada por su compañera.

«¿Estás mejor?»

«Me he relajado»

«Bien, ven, te he preparado algo de comer»

Emma sonrió mientras cogía la mano de Gina que la condujo a la cama

«Me he permitido hurgar en los cajones para encontrarte algo para dormir»

Emma se dio cuenta de que sobre la cama había un pantalón de pijama de rayas y un top blanco.

«Gracias»

«Dejo que te vistas, voy a buscar la bandeja»

Emma le dio las gracias asintiendo, y una vez Gina fuera de la habitación, se vistió rápidamente antes de meterse entre las sábanas.

Gina volvió algunos minutos más tarde con una bandeja ricamente guarnecida, lo que sorprendió a Emma

«¿Todo eso?»

«Tienes que comer…Y yo también»

«Ni siquiera sabía que había todo eso en la nevera»

Ella se sentó cómodamente, y Gina le colocó la bandeja sobre las rodillas. Le paso un bol de caldo que a regañadientes Emma lo cogió, y no tuvo otra elección sino que tomárselo hasta la última cucharada. Después, se tomó una pieza de fruta. Cuando acabó se sintió satisfecha y algo somnolienta.

«Deberías dormir…»

«No tengo sueño, estás aquí, quiero disfrutar de tu presencia»

«Ya has disfrutado de mi presencia con ese baño y esta comida»

«¿Te quedas?»

Gina posó su mano en la frente de la joven y frunció el ceño

«Aún tienes fiebre»

«¿Eso quiere decir que te quedarás a mi cabecera?» sonrió Emma

«No es un juego, Emma. Si mañana no estás mejor, irás al médico»

«Prometido. No deseo dormir»

«No estás obligada, solo reposa»

Emma se recostó entonces y suspiró dulcemente, mientras Gina se colocaba cómodamente apoyada en el cabecero de la cama, cogía su guion y comenzaba a leerlo. Al cabo de diez minutos, escuchó una pesada respiración, y cuando lanzó una mirada a Emma, esta estaba completamente dormida. Le acarició los cabellos y sonrió tiernamente antes de seguir con la lectura de su guion.

Cuando su estómago rugió de hambre, dejó la cama y la habitación para dirigirse a la cocina. Pero cuando escuchó un ruido sordo proveniente de arriba, se sobresaltó y corrió de nuevo a la habitación y vio a Emma a los pies de la cama.

«¡Emma!»

Gina corrió hacia ella, cayendo de rodillas cerca de la joven, ardiendo por la fiebre.

«Emma, ¿qué…?»

«Creo…que pensé que el borde la cama estaba…más lejos»

Se incorporó y respiró pesadamente, bajo la mirada casi impotente de la bella morena. La ayudó a levantarse antes de volver a acostarla en la cama. Entonces, le quitó el pantalón del pijama mientras Emma gemía

«Hm…¿ya?»

«No seas idiota. Hay que bajarte la temperatura. Voy a buscar un trapo húmedo, tápate con las sábanas»

Emma obedeció, demasiado débil para protestar o aún menos para jugar con Gina. Esta última volvió algunos segundos más tarde y posó delicadamente un guante mojado sobre la frente de su compañera.

«Chuttt…vuelve a dormirte»

«Gina, la cabeza me da vueltas…»

«Descansa…yo estoy aquí»

Gina se acostó a su lado, reposando su mentón sobre su ardiente hombro. Notó que Emma reía, divertida

«¿Qué ocurre?»

«Es solo que…será nuestra primera noche juntas. Me la imaginaba diferente…»

Gina sonrió y estrechó el abrazo

«Yo la veía así» Y ante la expresión de sorpresa de Emma, explicó «Tú acostada, ardiente y totalmente sumisa»

Emma, a pesar del dolor, no pudo sino reír, acompañada de Gina. Al cabo de un largo minuto, la bella rubia giró su cabeza hacia su compañera.

«Gracias una vez más por haber venido, arriesgándote a caer enferma»

«No te preocupes, descansa, estoy aquí»

Y sin decir nada más, Emma cerró los ojos, sintiendo el agradable aliento de Gina en su cuello.


La noche fue agitada para Emma. Más de una vez, se había despertado agobiada por el calor, o por el contrario, totalmente aterida de frío. Pero en cada despertar, Gina estuvo ahí, consolándola, tranquilizándola, mimándola con tiernas caricias, dulces palabras, ligeros besos.

Temprano en la mañana, fue Emma la que se despertó antes que Gina que, cansada de estar velándola toda la noche, se había quedado profundamente dormida. Emma, entonces, sonrió, al ver la mano de la bella morena descansando sobre su vientre. Se dio la vuelta despacio para mirar a la cara a su compañera, y hundió su rostro en el hueco de su cuello.

Ciertamente podría acostumbrarse a eso: esa presencia todas las mañanas, esa mirada serena cerca de la suya, esas manos sobre su cuerpo y su respiración acariciando su piel. Sí, podría muy bien tomarle gusto a eso.

«Hm…¿estás despierta?» murmuró Gina abriendo apenas los ojos

«Sí»

«¿Estás mejor?»

«Me parece que la fiebre ha bajado»

Gina se incorporó y posó su mano en su frente, y sonrió

«Efectivamente»

«Ahora estoy bien, ¿no quieres unirte a mí bajo las sábanas?» dijo haciendo melindres

En efecto, Gina se había quedado dormida sobre el edredón, con su guion sobre las rodillas.

«Emma…»

«¿Qué? ¡Tendrías más calor!»

«Estás enferma, necesitas reposar»

«No, te necesito a ti. Venga, ven…»

Gina suspiró antes de revirar los ojos. Cuando se estaba quitando las botas y metiéndose bajo las sábanas, la puerta de la habitación se abrió dejando aparecer a Ruby

«Wow…¿Molesto?» se echó a reír

Gina entonces gruñó y salió de la cama. Cuando la saltarina compañera de piso la vio vestida, arqueó una ceja, interrogando a Emma con la mirada. Esta última sonrió y explicó

«Me ha estado cuidando toda la noche»

«Oh…vale. ¿Estás mejor?»

«Sí, estoy mejor. Aún no para la maratón de Nueva York, pero bastante para ir a la cocina sin caerme al suelo» sonrió

«Bien, os voy…a dejar»

«No, yo…tengo que irme»

«Pero…»

Al notar que cierta tensión invadía la estancia, Ruby pidió permiso y se marchó, dejando a las dos mujeres mirándose de arriba abajo.

«Escucha, me gustaría que te quedaras»

«Lo siento, tengo que tomar una ducha, cambiarme y debo aprenderme el guion»

«Puedes hacer todo eso aquí: tengo una ducha, tengo ropa, y puedo pasarte el texto. ¡Venga, por favor! Me siento mejor…sería una pena que volviera a recaer, hm…»

«¿Es eso un odioso chantaje?»

«¿Yo? ¿Hacerte chantaje? No es mi estilo» dijo Emma poniendo morritos

«Eres imposible»

«Venga, por favor. Te vas a ir a la otra punta del país para rodar la película, déjame disfrutar un poco de ti antes de que te vayas»

«Mi marcha está prevista para dentro de tres semanas»

«Pero ahora podemos pasar un fin de semana juntas»

«No en las condiciones ideales si quieres mi opinión: tengo que estudiar, tú reposar»

«Hagámoslo juntas, por favor. Me siento mucho mejor que ayer, pienso que lo peor ya pasó»

Gina la miró y reviró los ojos

«¡Muy bien, muy bien! Déjame solo que le haga una llamada a Zelena»

«¡Ok, ningún problema! ¡No me muevo!»

Gina sonrió y salió del cuarto. Captada su atención por un ruido en la planta baja, bajó y vio a Ruby haciéndose un sándwich.

«Ah, ¿cómo está?» dijo metiendo todo en un bolso

«Mejor»

«Bueno, os voy a dejar…solas»

«¿Qué significa esa sonrisilla?»

«Oh, nada…Solo que pienso que…ha caído bien su…resfriado»

«¿Qué quieres decir?»

«Bah, ya sabes…la fantasía de una enfermera a domicilio»

«Si no comenzara a conocerte, diría que eres vulgar»

«Gracias por el cumplido. No, fuera bromas, cuídala. Si nos dejáramos llevar por lo que ella dice, no habría sido nada, y nunca nada grave»

«Lo sé. Por cierto, si ves a mi hermana, dile que me quedo con Emma hoy…y quizás más, siguiendo su evolución»

Ruby sonrió mientras se colocaba su bolso en bandolera.

«Ningún problema, paso a verla al mediodía, comemos juntas, le daré el mensaje»

Cuando iba a salir de la casa, se dio la vuelta hacia la bella morena

«Hey…Hagáis lo que hagáis…no montéis mucho escandalo…Zelena y yo no hemos dejado en paz a nuestros vecinos últimamente…no están muy dados a la compasión»

Como toda respuesta, Gina le lanzó un paño que Ruby esquivó con facilidad. Salió de la casa con una risa incontrolable, dejando a Gina algo avergonzada.


«¡No, tú te has equivocado, Ted! Me gusta este restaurante mucho antes que a ti y romper nuestra pareja ya no significa nada para mí. ¡Ya no te amo, y mi pregunto si tú me has amado alguna vez!»

Gina contuvo el aliento y miró a Emma, esperando el veredicto. La bella rubia, medio recostada en la cama, con el guion de su compañera en la mano. Lo dejó caer a un lado mirando a Gina

«¿Y? Veredicto: ¿cuántas faltas?»

«Tres»

Gina gruñó caminando de nuevo de arriba abajo por la habitación.

«Él se llama Fred, no Ted»

«¿Por qué no logró retener este guion?»

«Cálmate, no está tan mal»

«Empiezo el rodaje en tres semanas y solo me sé una tercera parte de mi texto, es desalentador. Debo reconocerlo, asimilaba mejor las cosas cuando era más joven…»

«No seas idiota, aún eres joven» sonrió Emma

Gina se sentó en el borde de la cama, decaída, Emma se acercó a ella y le depositó un tierno beso en el hombro.

«Venga, ánimo, ¿lo intentamos otra vez?»

«Gracias por ayudarme»

«Solo es una justa devolución de las cosas. Tú me ayudaste ayer»

«¿Cómo te encuentras?»

«Aún tengo el cuerpo abotargado y la cabeza me late, pero mis cambios de temperatura han cesado, creo que ya no tengo fiebre, y el apetito comienza a aparecer»

«¿Tienes hambre?»

«Un poco, pero puede espe…»

«¡No! Necesito despejar la mente. Estamos con esto más de dos horas, estoy harta»

«Ok. ¿Quieres ayuda o…?»

«No, no te muevas»

«¿Qué agradable es hacerse servir en la cama?»

«No te acostumbres, ¿quieres?»

Emma sencillamente le respondió con una encantadora sonrisa y un suspiro de satisfacción.

Al cabo de unos diez minutos, Gina volvió con los restos del estofado y dejó la bandeja en la cama.

«Creo que podría acostumbrarme a eso, ¿sabes?: tú aquí, ocupándome de mí, haciéndome ricos platos, yo ayudándote a aprenderte los guiones…Me gustaría ese tipo de cotidianidad»

Gina no respondió, pero su sonrisa habló por ella.

«Di…¿Me das de comer?»

«Ni en sueños…»

«No eres divertida»

Gina arqueó una ceja, se inclinó y le dio un tierno beso en los labios.

«Elige: ¿te doy de comer o te doy placer?»

Emma se puso tensa, desorbitando los ojos y miró, incrédula, a su compañera.

«¿En serio? ¿Tú…de verdad?»

«No he dicho cuándo»

Pero sin esperar, Emma apartó la bandeja y le saltó literalmente encima, aplastándola contra el colchón.

«¡Emma!»

«Ok, no es justo, tú me has visto desnuda…¡me toca!»

«¡Ni hablar! ¡Ahora no, así no!»

«¿Estás segura? Porque ahora, estoy más que dispuesta» rio Emma

«Eres insufrible. Y….no quiero que te desmayes en mis brazos»

«Oh, ¡si me desmayo es porque me habrás hecho subir demasiado rápido al séptimo cielo!»

«No es divertido»

«Ok, lo siento»

Emma intentó calmarse, pero vio la expresión seria de su compañera.

«¡He dicho perdón!»

«Emma, nada me daría más placer que…»

«¿De verdad? Porque yo pensaba que…era tabú»

«¿Tabú?»

«Bah, ya sabes, nunca…ninguna…con una mujer…»

«Oh, ya veo»

«Así que pensaba que lo rechazarías»

«Te equivocas. Hacer…el amor es una continuación lógica en una pareja, ¿no?»

«Entonces somos una pareja»

Gina arqueó una ceja

«¿Qué creías que éramos?» dijo asombrada Gina

«Bueno, no lo sé….¿tengo el derecho de llamarte mi novia?»

«¿Por qué no lo tendrías?»

«Bueno, eres un personaje público, no sé…Pensaba que había un código…novia o prometida, compañera…no sé cómo presentarme»

Gina entonces sonrió y se acercó a ella

«Tienes el permiso. Eras mi compañera cuando comenzamos a fingir nuestra relación, así que, ¿por qué no tendrías el privilegio ahora? Más que nunca eres mi compañera, mi novia, todo lo que desees»

«¿Tu amante?»

«Pronto, te lo prometo. Solo quiero que sea en el momento perfecto, el sitio perfecto. No sirve de nada precipitarnos»

Emma suspiró satisfecha, dejándose caer sobre la cama.

«Creo que me estoy enamorando de ti…»

«Pareces inquiera diciéndolo»

«No, es solo que hace una eternidad que esto no me pasaba. La última vez fue con un hombre que además….»

«Lo comprendo. La última vez que creía estar enamorada fue de un hombre al que no dudé en dejar en provecho de nuestra farsa. Por lo que parece nunca he conocido de verdad ese sentimiento»

«Es triste…»

«¡Es la vida! He interpretado muchos papeles, y entre ellos el de la amante perdidamente enamorada formaba parte de ellos. Creo que he fingido tanto que no sé si podría reconocerlo si me pasa de verdad»

«Para, me vas a hacer llorar. Pobre niña rica que tenía que mentir en sus relaciones con los hombres más guapos de la tierra»

Gina le sacó la lengua y Emma le tiró una almohada, que ella cogió al vuelo para lanzársela de nuevo, lo que provocó las risas de Emma. No lo confesaría nunca, pero en ese preciso momento, cuando vio a Emma riendo a carcajadas, su corazón se saltó un latido y sus ojos no dejaron por un segundo de mirar a la joven.

«¿Sueñas?»

«¿Hm? No, pensaba…»

«Haz como yo: deja de pensar»

«Querida, una de las dos debe ser la pensadora de la pareja»

«¡Así que yo soy la idiota de pueblo!»

«Oh no, al contario. Creo que tú eres la más clarividente de las dos»

«¿Por qué?»

«Porque fuiste la primera en haber visto lo que podría haber entre las dos»

Emma le sonrió, antes de darse cuenta de un detalle que le sacó una enorme sonrisa

«Aún llevas la pulsera, la de San Diego»

«Oh…Sí, bueno…al final…creo que es bonita»

«Ah…pequeña zorra» rio Emma

«¡Por favor!» fingió enfadarse la bella morena

«Hm, perdón. Mira, yo también tengo la mía. Como si…»

«¿Como sí?»

«Como si perteneciéramos la una a la otra»

«No pertenezco a nadie, no soy un objeto»

«Nada más lejos. Y si lo fueras, querida, serías el más deseable de todos»

«Los halagos no te llevarán a ningún lado»

«¿Ni a tus labios?» dijo Emma, poniendo morritos

«Para eso no necesitas halagos…» sonrió Gina

En un rápido gesto, Emma atrapó a Gina y le dio un fogoso beso. La bella morena tuvo que calmar su ardor empujándola suavemente.

«No es el momento, aún tengo que aprenderme ese maldito texto»

«Venga, ánimo»

Emma volvió a coger el guion y retomaron el estudio, haciéndo pausas a lo largo del día para pequeños tiernos momentos.


«¿Estás segura de que quieres marcharte?»

«Emma, se hace tarde, aún tengo que hacer muchas cosas. Y tú debes descansar, no lo has hecho en todo el día»

«Estoy bien, te lo aseguro. Creo de verdad que lo peor de la enfermedad fue lo de ayer, me siento mejor ahora»

«Razón de más: ya no tengo nada que hacer aquí»

«Sí, no, no es lo que quería decir»

«Emma…»

«Quédate, te lo ruego. Yo…te necesito a mi lado. Yo…»

«¿Algún problema?»

«Solo que necesito sentir a mi novia cerca, es todo»

«Emma, no estoy lejos»

«Pero lo estarás en tres semanas…»

«De aquí a allá, tenemos tiempo. Recupérate y cuando estés en plena forma, te prometo una sorpresa»

«¿Una sorpresa? ¿Eso incluye ropa interior comestible y nata?» rio ella

«Quizás…o no. Para ello, deberás ser paciente»

Después ella le dio un beso en la punta de nariz antes de marcharse…y dejar a una Emma, aún débil, pero en una pequeña nube.


Emma no tuvo que esperar mucho tiempo para que Gina la llamara: una semana apenas, y como la salud de Emma iba cada vez mejor, Gina la llamó para saber si quería ir a cenar a su casa.

Evidentemente, Emma aceptó con placer…Placer…antes de que el pánico se apoderara de ella ante lo que estaba en juego en esa famosa velada.

Ruby la vio y se llevó aparte a su coinquilina, el día X, para LA charla.

«Ok, escucha…la situación es grave»

«¿Grave? ¿Hasta qué punto?» se asombró Emma, algo inquieta del tono serio de su amiga.

«El sexo»

«¿El sexo?»

«Esta noche, es la gran noche, lo sabemos»

«¿Lo sabemos?»

«Me has comprendido. Así que, ¿cómo te las apañarás?»

«Como el culo, seguramente…» suspiró, desolada, Emma

«Relax. El sexo es sencillo. Y mucho más entre dos personas del mismo sexo»

«Si tú lo dices…»

«Eres una mujer, en eso estamos de acuerdo, ¿no?»

«Hasta que se pruebe lo contrario…»

«Gina también lo es»

«Eso espero»

«¿Quién mejor que una mujer para saber lo que le gusta a otra mujer? Quiero decir: conoces tu cuerpo, sabes lo que funciona contigo. Eso funcionará también en la otra»

«…»

«¿Qué? ¿No estás convencida?»

«Sí, al contrario»

«Entonces, ya está, solo tienes que pensar en lo que te gusta que te hagan, y haz lo mismo»

«No es tan sencillo…»

«¿Por qué?»

«Tengo miedo…de…»

«¿De qué?»

«De que no me guste. Quiero decir, jamás he tocado el cuerpo de una mujer tan íntimamente»

«¿Ni en la facultad?»

«¿Huh?»

«Vale, déjalo. Pero si amas a Gina, te gustará proporcionarle placer»

«Jamás se lo he dicho…»

«¿El qué?»

«Que la amo. Evidentemente, sospecho que se lo imagina, pero…nunca nos lo hemos dicho cara a cara, con todas las palabras…¿entiendes?»

«Ya veo. Pero ya llegará, quizás esta noche»

«No lo sé…Dice que se ha pasado tanto tiempo fingiendo, que quizás no sabría reconocerlo. Tengo miedo de que no sienta lo que yo siento por ella»

«Te toca enseñárselo, confío plenamente en ti»

«…estoy completamente perdida: no sé qué hacer, sin embargo, lo deseo…»

«Quizás es igual para Gina»

«Eso espero»

«Ve a vestirte, ¡ponte guapa y perfúmate!»

«¡Idiota!»

«Y no lo olvides: ¡lo que te gusta, le gustará!»

Emma suspiró y subió a su habitación, se desvistió y se metió en la ducha. Bajo el agua caliente, pensó en las palabras de Ruby: ¿hacerle a Gina lo que a ella le gustaría que le hicieran? Parecía tan sencillo, y al mismo tiempo tan complicado.

Apoyó su brazo en los fríos azulejos de la ducha, mientras que el chorro le golpeaba en plenas cervicales. El agua corría por su cuerpo, por su espalda, sus nalgas, ente sus piernas. Lo que a ella le gusta…

Hizo deslizar el gel de ducha por su pecho y llevó su mano hacía sus pechos, sintiendo un escalofrío. Lo que le gusta…Subrepticiamente, se detuvo un rato en su pecho, acariciándolo dulcemente. Cerró los ojos, intentando imaginarse el cuerpo bronceado de Gina, sus pechos, sus curvas, su cálida y temblorosa piel. Su mano se deslizó suavemente y se posó entre sus muslos. Intentó descifrar las sensaciones, de discernir el placer tras los gestos: si a ella le gustaba eso, a Gina entonces también podría gustarle. Deslizó sus dedos en la cálida intimidad de sus carnes, pellizco ese haz de nervios, sobresaltándose, ayudada por el calor del agua sobre su piel.

Suspiró ruidosamente mientras movía sus dedos en ella, después, de repente sintió un calambre nacer en sus riñones. En pánico, se detuvo en seco, jadeante.

«Eres estúpida…» gruñó antes de terminar de bañarse para vestirse para esa noche.

Sí, esa noche sería la gran noche. Tenía miedo, pero también lo deseaba.


Gina, por su parte, tampoco estaba serena. Lo había preparado todo: desde la comida, su ropa hasta su perfume. Esa noche tenía que ser romántica. No pensaba salir si eso significaba que Emma volviera a enfermar. No, quería tenerlo todo bajo control, aunque le llevara el tiempo necesario, incluso dejando de lado el aprendizaje de su guion. Esa noche, todo tenía que ser perfecto.

De esa forma, había preparado su plato fetiche, lasaña, más el postre, un tiramisú que ya había pasado la prueba en los estómagos de sus amigos…o amantes.

Había vestido la mesa, de forma sencilla, pero elegante con velas, bordados, porcelanas y cristal. Se había vestido de forma elegante, pero sexy con un vestido negro, corto y escotado. Su pelo se lo había peinado en un moño alto. Ahora, estaba viendo pasar el tiempo escrutando el reloj del salón, desgranando los minutos hasta la llegada de su compañera. ¡Estaba tan nerviosa como el día de su primer rodaje!

Cuando finalmente escuchó el coche de la bella rubia aparcar delante de su casa, su corazón saltó de su pecho. Se levantó apresuradamente e intentó aparecer relajada, pero en vano…Se trituraba nerviosamente los dedos y cuando el timbre sonó, se quedó parada unos segundos antes de abrir la puerta y ver a una Emma, toda sonriente, llevando un enrome abrigo color crudo.

«Buenas noches. ¿Llego a la hora?»

«Puntual. Entra»

Emma se quitó el abrigo que Gina cogió. Pudo, ahora, a placer detallar las ventajosas curvas puestas en relieve gracias a un vestido corto de color rosa chillón.

«¿Algún problema?» dijo divertida Emma

«Hm, no, ninguno, al contrario. Bueno…¿un aperitivo?»

Emma contuvo una risa antes de asentir y ser conducida al salón para la anfitriona

«¿Un whisky?»

«Oh, no, algo menos…fuerte»

«¿Por qué? ¿Piensas volver a conducir esta noche?»

Emma se tensó, algo perpleja ante el aplomo de su compañera.

«Euh…¿Por qué? ¿Tú no lo habías planeado así?»

«No»

Completamente turbada ante la sinceridad de Gina, Emma se quedó muda

«¿Te asombra?»

«¿El…el qué?»

«¿Que quiera que te quedes esta noche?»

«Para ser sincera…había pensado lo mismo»

«Perfecto, si ya sabemos a qué atenernos, entonces, podemos relajarnos, ¿no?»

«O estresarnos más» sonrió Emma

Gina se unió a ella en el sofá

«¿Estás estresada?»

«Realmente…Gina…estoy muerta de miedo»

«¿Muerta de miedo? ¿Hasta ese punto?»

«Yo…»

«¿Sí?»

Emma estaba perdida: ¿decir lo que iba a decir ahora no estropearía el resto de la noche? ¿Era el momento adecuado?

«Te quiero, y no deseo estropearlo todo por el hecho de no saber qué hacer. Me gustaría satisfacerte como nunca»

«Emma, sé lo que sientes, yo también me siento así»

«¿Sí?»

«Sí. Pero me he convencido diciéndome que nada será perfecto la primera vez: cometeremos errores, torpezas, tendremos dudas…Pero creo que es como el buen vino: mejorará con el tiempo y…la práctica»

«Pareces tan segura de ti misma»

«Una de las dos tiene que estarlo. Tengo la impresión de que vas a derrumbarte de lo estresada que estás» dijo irónicamente Gina «He hecho lasaña, ¿vamos a la mesa?»

«Con mucho gusto»

Y la cena transcurrió de forma idílica entre anécdotas de la infancia, recuerdos de rodaje o incluso promesas de futuro. Emma sentía a Gina más nerviosa por su rodaje que por el final de esa noche. Y cuando llegó el postre, Emma estaba petrificada por los nervios.

Gina podía sentirlo y solo estaba en sus manos anular lo que tenía previsto y elegir otro momento mejor. Pero el tiempo corría: en dos semanas tendría que marcharse a Nueva York para su rodaje que duraría más de un mes.

«Emma…escucha…relájate»

«¡Pero si estoy relajada!» dijo la joven

«Estás tan tensa que incluso el cemento lo está menos que tú. Mira, si no lo deseas…»

«¡Claro que sí!»

«¿De verdad?» dijo asombrada Gina

«Por supuesto. ¿Cómo no desearlo viendo con ese vestido? ¡Por Dios! He intentado durante toda la cena imaginar formas de quitártelo…»

Gina sonrió y se removió en la silla

«Curioso, yo he imaginado lo mismo…»

Ella le envío a Emma un guiño sugerente antes de levantarse y extender su mano hacia ella

«Me hubiera gustado que este momento hubiera sido más romántico, pero…¿quieres subir?»

El corazón de Emma latía en su pecho tan fuerte que casi era doloroso. Se levantó entonces y le cogió la mano, y como si la hubieran puesto en modo automático, siguió a la bella morena a la planta de arriba.

Cuando esta abrió la puerta de su habitación, Emma pudo ver cientos de velas, pétalos en la cama, copas de champán en una bandeja a los pies del lecho.

«Wow, el paquete completo»

«¿Demasiado?»

«Justo lo necesario» subrayó Emma adelantándose, descubriendo no solo la decoración puesta por Gina, sino también la propia decoración de la habitación. De un estilo barroco elegante, era, al final, la viva imagen de Gina.

«Muy bonita»

«Quizás podrías mirar aquí para decir eso» dijo divertida Gina

Al girarse, Emma se colocó delante de la morena. Sin una palabra, deslizó uno de sus dedos bajo el tirante de su vestido y poco a poco, fue dejándolo caer.

«¿Atrevida? Me gusta…» suspiró Gina

Sin responder, Emma prefirió besarla tiernamente, mientras que su segunda mano se puso a trabajar en el otro tirante. Después, finalmente, encontró la cremallera y la bajó lentamente. Sus labios juguetearon con la línea de la mandíbula de Gina, antes de posarse en su cuello, embriagándose con el perfume afrutado de su compañera.

Gina no estaba impasible. También ella había encontrado la cremallera del más que ajustado vestido de Emma. Se llevó la agradable sorpresa de ver que no tenía sujetador. Mucho mejor, pensó mientras seguía sufriendo los febriles ataques de la bella rubia. Lentamente, esta empujó a Gina hasta el borde de la cama, y poco a poco la bella morena se recostó. La visión de su compañera en un lecho de rosas aturdió a Emma, que nunca había visto visión más hermosa.

Subió a su vez a la cama, y se colocó a horcajadas encima de Gina, su vestido ascendiendo por sus muslos. Las palabras de Ruby le vinieron a la mente, así como su pequeña experiencia en la ducha: ¡y si Regina fuera tan receptiva como ella!

Una de sus manos se posó en un pecho, ejerciendo ligeras caricias, mientras que la otra se deslizaba lentamente hasta uno de los muslos de Gina.

Ante los perceptibles gemidos de su compañera, Emma entonces continuó, sus labios no dejaban de saborear una y otra vez la tierna carne de Gina. De repente, su mano se deslizó bajo el vestido y se colocó directamente entre los muslos de esta, lo que la hizo sobresaltarse.

«Tranquila…tenemos tiempo» sonrió Gina

«Perdón» respondió una Emma, apenada

Gina la atrajo hacia ella y la besó lánguidamente mientras iba subiendo poco a poco el vestido de Emma, hasta su cintura, dejando ver un tanga de encaje azul. Se incorporó, sentándose y manteniendo aún a Emma sobre ella, y se lanzó al pecho de su compañera.

Con una mano, mantenía a Emma firmemente contra ella, y con la otra exploraba las sinuosas curvas antes de bajar la parte de arriba del vestido, y desvelar un pecho al que trató con la mayor de las dulzuras. Lo beso una primera vez, esperando la reacción de Emma, pero al escuchar un suspiro de placer, encadenó pequeños golpes de lengua sobre la punta endurecida por el placer de su compañera.

Miles de preguntas atravesaron en ese momento a las dos jóvenes: ¿lo estaba haciendo bien? ¿Es lo que ella quería? ¿Está sintiendo ella el mismo placer que yo?

«Gi…Gina…» suspiró la joven encerrando entre sus manos la cabellera de su compañera, deshaciendo el moño de esta

Llevada por las dulces quejas de su amada, Gina se enorgulleció y recostó a Emma en la cama, poniéndose sobre ella, sin apartar sus labios de su piel, dándole placer a esos pechos ya entregados a su causa. Algunos segundos más tarde, hizo caer su vestido, dejándola parcialmente desnuda ante los ojos curiosos y deseosos de Emma que se humedecido los labios con su lengua.

«Eres bellísima» soltó con una mirada de admiración

Gina sonrió, aún en silencio, y se hundió de nuevo en Emma, intentando, más mal que bien, quitarle su vestido que se resistía. Emma tuvo que ayudarla, riéndose a carcajadas, y una vez el dichoso vestido quitado y en suelo, Emma la atrajo de nuevo hacia ella.

Sentir su piel desnuda contra la suya era una sensación embriagadora, casi como una droga de la que, a partir de ahora, ya no podría prescindir.

Su lengua, verdadero instrumento de tortura, serpenteó por cada centímetro de la piel satinada de Gina, bendiciendo sus curvas portorriqueñas.

Solo tuvo una pequeña visión del sujetador de la morena que se unió rápidamente al resto sus cosas en el suelo. Sin miedos ni aprensiones, como si los gestos fueran automáticos, deslizó su lengua sobre los pechos de su compañera, parándose en el valle, pues, se había dado cuenta de ello, de que Gina era particularmente sensible en esa zona.

Y con una total naturalidad sus manos tomaron caminos más íntimos, descendiendo más al sur y cuando la de Gina rozó el encaje del tanga, casi de una forma solemne pidió, con la mirada, permiso a Emma para ir más lejos.

Esta última ya no tenía miedo, ni aprensión…todo había sido sustituido por el deseo y el placer. Así que, con total naturalidad y con una sonrisa le dio su consentimiento. Gina, entonces, descendió poco a poco su mano por encima del encaje y ejerció algunas suaves caricias, que se transformaron en pequeñas presiones que hicieron nacer algunos nerviosos temblores de placer.

La bella morena deslizó entonces sus dedos bajo la tela y sintió todo el calor, pero también la humedad que sus caricias habían provocado. Vacilante, en un primer momento, sobre la manera de proceder, comenzó sin embargo a mover sus dedos, pellizcando los húmedos pliegues, deteniéndose en esa terminación nerviosa que se mostraba de lo más eficaz en las mujeres.

Emma estaba mucho más que receptiva, olvidándose de repente que se encontraba en un momento tan íntimo por primera vez con una mujer. Ahora, solo sentía la presencia de Gina sobre ella, casi en ella. Y ya no tenía miedo, y cuando pensara en ello más tarde, se encontraría idiota por haber tenido tantas aprensiones.

Mientras, Gina había encontrado su ritmo, deslizando aún un poco más sus dedos hasta que decidió pasar a algo superior. Lentamente, se enderezó y besó a Emma, hasta cortarle la respiración, y esta sintió de repente un dedo, después dos, insinuarse dentro de ella.

Movida por un placer que le quemaba las tripas, se arqueó, autorizando un acceso más profundo de su amada. Sus manos estaban por todas partes, su lengua lo mismo. No pudo reprimir algunos gemidos de placer cuando Gina comenzó un ritmo más intenso, más rápido. Se agarró a sus hombros cuando sintió que el orgasmo estaba a punto de hacer su aparición.

«¡Regina!» gritó derrumbándose sobre el colchón, arrastrando a su amante con ella.

Jadeante, pero satisfecha, Emma abrazó a Gina contra su pecho

«¿Estás bien?»

«¡Ha sido…wow!»

«¿Tanto?»

«Mucho más…»

«¿Cómo será cuando nos hayamos pillado el truco?» dijo irónicamente Gina

«¡Tú ya lo has pillado!»

Gina no pudo sino reír, después se enderezó y admiró la silueta de su compañera, brillante por el esfuerzo hecho. Emma se enderezó a su vez: ¿podría ella hacer lo mismo? ¿Sería capaz de darle lo mismo a Gina? A ella que nunca había tocado a una mujer y le había sabido dar semejante placer.

Vaciló un cuarto de segundo antes de que Gina se recostara y los gestos comenzaran lo más naturalmente posible: como si ella aprendiera a leer los contornos del cuerpo de Gina, Emma parecía no querer olvidar un centímetro de piel. Su lengua siguió rápidamente a sus manos, deteniéndose en su liso vientre, jugueteando en su ombligo antes de dejarle algunos besos en la frontera del tanga. Se incorporó un poco, para juzgar la reacción de Gina, que parecía concentrarse en el techo para no flaquear, después deslizó sus dedos bajo el elástico y las hizo descender lentamente para dejar ver una intimidad ya empapada por las dulces caricias prodigadas.

Emma sonrió, aliviada de que su compañera fuera igual de receptiva. Posó su mano en su sexo antes de acariciarlo dulcemente, de deslizar el dedo corazón por los ardientes pliegues de Gina, haciéndola estremecerse de deseo.

«Emma…» suplicó Gina, clavando sus dedos en el colchón

«Paciencia…» susurró Emma, divertida

Deslizó su dedo más hacia dentro hasta chocar con la tan ansiada entrada. Con cierta aprensión, la penetró con un dedo, provocando un pesado suspiro a Gina. Después comenzó un movimiento de largas entradas y salidas, antes de que, más segura de sí misma, introdujera un segundo dedo, para el gran placer de la bella latina.

«¡Dios mío…!» se crispó Gina

Emma capturó sus labios en un ardiente beso, ahogando sus sonoros gemidos. Su otra mano agarró un voluptuoso pecho de su amada.

Y al cabo de interminables minutos de carnales torturas, Gina se hundió en el calor de un orgasmo. Jadeante, le sonrió a Emma mientras le acariciaba el rostro.

«Y pensar que tenías miedo…»

Emma la besó sobre el hombro antes de meterse bajo las sábanas, invitando a Gina a hacer lo mismo. Se acurrucaron la una contra la otra, deleitándose con sus respiraciones, con sus pequeños y tiernos gestos. Gina no dejaba de mirar amorosamente a Emma, que, con los ojos cerrados, enarbola una expresión serena y feliz.

«¿Qué ves?»

«¿Hm?»

«Cuando cierras los ojos» preguntó Gina

Emma se giró hacia ella y la miró intensamente

«Te amo»

La declaración fue tan abrupta que Gina se quedó sin voz. Emma se apoyó en un codo, como si esperara una reacción, una respuesta…

«Emma…»

«Tenía que decirlo. Imaginaba el perfecto momento para decirlo, pero…tenía que hacerlo. No pasa nada si tú no sientes lo mismo, simplemente yo quería…»

«Yo también te amo»

Emma desorbitó los ojos, sin saber qué responder a su vez.

«¿De…verdad? Quiero decir, no te sientas obligada»

«Idiota» sonrió Gina «Yo también esperaba el momento perfecto»

«¿En serio?»

«Absolutamente. Así que, ¿qué ves cuando cierras los ojos?»

«Nos veo a nosotras: juntas, felices. Un futuro radiante»

«Me gusta lo que ves» dijo Gina cerrando a su vez los ojos y sonriendo «Yo veo lo mismo»

Emma se acercó a Gina y le dio un beso en el hombro

«Estoy bien…»

«¿Cansada?»

«Hm, no»

«¡Mucho mejor!»

Gina, con un gesto rápido, se incorporó y se colocó encima de su compañera con una sonrisa sádica. Esa noche, para las dos mujeres, nada fue imposible.