CAPÍTULO 11

Ese colegio había sido el paraíso para Alex desde el primer momento en el que lo pisaron su hermana y ella. Cuando entraron en la adolescencia y terminaron los estudios primarios, sus padres decidieron que era hora de ir a un colegio privado, y en el momento en el que anunciaron que era un colegio solo de chicas, Alex casi había besado a sus padres llena de felicidad. Lexa, en el fondo, pensaba que no habían escogido una escuela femenina por casualidad. Sus padres eran unos seres extraños, pero muy sabios, tolerantes e inteligentes.

En esos momentos estaban en su último año, y estaba segura de que iba a echar de menos a sus amigas y a las diversas experiencias vividas dentro de ese enorme instituto. Cuando empezaron allí Alex odió el uniforme que tenían que llevar, el cual consistía en camisa blanca, corbata roja, falda plisada de cuadros y mocasines; aunque ella solía ir en zapatillas y nunca llevaba la corbata como debía. Tras el odio inicial, empezó a adorarlo ya que le venía muy bien para mirar o meter mano a las chicas. Lexa, a pesar de ser más aplicada en cuanto a los estudios en comparación con su gemela, también sabía cómo divertirse, sobre todo cuando salía con ella. Se habían ganado el título de "gemelas revienta ovarios" por alguna razón, y las bollo-aventuras que habían vivido en los baños, la biblioteca, las canchas de deportes e incluso el salón de música, nunca las olvidaría.

Ese iba a ser su último día de clases antes de que ambas comenzasen la universidad. Lexa giró su rostro y sonrió divertida al ver a su hermana recostada en la pared, sorbiendo por una pajita un zumo de manzana, mirando su alrededor con nostalgia.

-Vas a echar de menos venir aquí, ¿verdad? -le preguntó divertida, acomodándose las gafas.

-¿Estar rodeada de tías ocho horas durante cinco días a la semana? Por supuesto –respondió, y Lexa apoyó el hombro en la pared.

-En la universidad también habrán chicas, ¿sabes? –su hermana levantó la mano, saludando a un par de estudiantes que pasaron por allí sonriendo a ambas gemelas con las mejillas sonrojadas. Lexa también las saludó y Alex se quedó mirando sus piernas mientras caminaban alejándose de ellas-. Son unas niñas, pervertida.

-Están locas por nuestros huesitos.

-Ya somos mayores de edad, podríamos ir a la cárcel.

-Que me condenen si tengo que dejar de apreciar lo que me rodea -miró sonriente a otras chicas que justo salían de clases, y Lexa rio meneando la cabeza.

-La verdad es que estos años han sido fantásticos y, en parte, ha sido gracias a ti, bollito -su hermana la miró con cariño-. Me has ayudado a salir de mi cascarón.

-Tonterías, solo te he dado un empujoncito. El lesbianismo ya lo traías de nacimiento. Recuerda que compartimos espacio en el útero, esas cosas se contagian. Culpable –levantó la mano antes de dar otro sorbo a la pajita.

-Ya sabes a lo que me refiero, idiota -le pegó en el brazo.

-Lex, tú has conseguido todo por ti. Sí, quizás con las chicas te he echado una mano, pero al final eres tu las que las conquista porque eres preciosa y tienes más cerebro que yo.

-¿Que dices? Te ha ido muy bien con las notas.

-Sí, menos en matemáticas –bufó, pero se recompuso en tan solo un segundo, silbando a una de sus compañeras de clase, que levantó su dedo de en medio-. Me aman -señaló a la pelirroja-. ¿Sabías que Amanda no es pelirroja natural?

-¿Cómo lo sabes? –la mayor le dio una mirada significativa- Oh… ¡oh! -rio- ¿Hay alguien aquí que se te haya escapado? –la hizo suspirar con pesar.

-Ya sabes que sí. Mi amor platónico: Kate.

-Kate es hetero.

-Por eso -volvió a suspirar-. Aunque he hecho dudar a muchas heteros, ya sabes… -sonrió.

Lexa miró de nuevo alrededor y Alex siguió sorbiendo su zumo, hasta que unas chicas se detuvieron a su lado a charlar. La pequeña pudo escuchar que estaban hablando sobre una fiesta que iban a montar como despedida de curso.

-¿Sabes lo que adoro de este uniforme? -preguntó Alex de repente- Lo fácil que es meter la mano debajo de la falda -sonrió pícara-. ¡Ah! Y también lo fácil que es inclinarse un poco y mirar las braguitas de las nenas cuando van subiendo por las escaleras.

-Eres una pervertida –rio con su hermana.

-Oh, venga, te he visto mirando más de una vez –frunció el ceño.

-Pero yo no lo estoy alardeando –mordió su labio, porque sí, lo había hecho.

-Tú, bebé –la señaló-, eres mucho más peligrosa que yo. Las chicas se piensan que están seguras contigo, pero eres tan pervertida, como tu gemela... ¡o más! –igual un poco de razón sí que tenía.

¿Qué estaba tramando? Frunció el ceño mirando a su hermana. Sabía que algo tenía en mente por su sonrisa y su mirada divertida. Observó frente a ella por si se había perdido algo, volviendo la vista a su gemela, que le sorprendió al estirar la mano, meterla debajo de la falda de la chica que estaba a su lado y tocarle el culo, antes de salir corriendo de allí. Lexa se quedó alucinada, y la víctima de Alex se giró, mirándola roja y confundida. La pequeña soltó un "lo siento" avergonzado antes de empezar a correr para alcanzar a su gemela, que no paraba de reír.

X X X

Miró la puerta de la habitación de Clarke, rezando por que estuviese dentro. Se acordaba perfectamente de dónde era, ya que había ayudado a Lexa a llevarla a su habitación esa noche que entró en la de su gemela totalmente... ¿drogada? En esos momentos no importaba el estado en el que esa chica estaba, tenía que hacer eso por su hermana y lo mejor que podía hacer era aclarar lo que sucedió entre las dos antes de hablar con Lexa, tal y como le dijo Raven.

Raven, suspiró.

La noche anterior, tras salir del gimnasio, la guió hacia su garaje para llevarla en coche a la residencia, asegurándose de que llegaba bien. Joder, que Raven Reyes la había besado, y había sido el puto mejor beso del mundo. No pudo evitar sentir un cosquilleo en los labios cuando recordó el calor que emanaban los de su profesora, se moría por repetirlo, deseaba volver a tenerla en la boca... Sacudió la cabeza, no, en ese instante no podía estar pensando en esos labios tan tentadores y suaves.

Llamó a la puerta con los nudillos y esperó unos segundos antes de intentar abrir, consiguiéndolo al no tener la llave echada, y vio a Clarke en su cama sentada, poniéndose las zapatillas. Cuando levantó el rostro pudo percibir las lágrimas que caían en silencio de sus ojos, y notó un pinchazo en el pecho al verla así, porque, aunque no se echase toda la culpa sobre sus hombros, comprendía que la chica se estuviese sintiendo así de mal tras el desengaño.

-Clarke -fue lo primero que dijo.

-Hasta mi nombre suena distinto en ti, Alexa –comentó apesadumbrada, volviendo a mirar sus zapatos para terminar de atarse los cordones.

-Te he traído el reloj -se acercó a ella con el brazo extendido y el reloj en su mano, avanzando despacio para no invadir su espacio.

-No te acerques a mí –advirtió levantando su dedo índice-. Déjalo en esa cama -señaló la que había en el otro lado de la habitación.

Justo en ese momento se abrió la puerta del baño, y salió un chico alto con una toalla en la cintura. ¿Era él el hermano de Octavia? La recorrió con cara de pocos amigos, antes de dirigirse a Clarke.

-¿Qué mierda hace Lexa aquí? –entonces se giró hacia ella, acercándose- Fuera de la habitación, perra.

-Eh, relájate –sin apartar la mirada de su rostro, desafiante, a ella nadie le intimidaba-. Y no le digas perra a mi hermana.

-Oh, la verdadera Alexa tiene el honor de aparecer ante mis ojos -la miró de arriba abajo-. La misma Alexa que se ha follado a mi mejor amiga y a mi hermana, ¿verdad?

-Joder -se pasó la mano por la cara frustrada. Qué buena reputación, seguro que si miraba su expediente académico estaban ahí todas las chicas a las que se había tirado del campus.

-Déjala, Bellamy. Ella sabrá lo que hace con su vida, si es feliz así… -dijo la rubia dolida.

-Necesito hablar contigo, Clarke -se giró para mirarla y andar hacia ella, pero el chico la cogió de la camiseta, tirando de ella-. Tío, ¡suéltame! -se quejó, intentando zafarse de su agarre.

-No hagas que te coja de los pelos y te arrastre por todo el pasillo.

-Me vas a coger lo que yo te diga, cabrón. ¡Suéltame! –dio un tirón de su camiseta, librándose de él- Joder, que contigo no va esto -lo miró con el ceño fruncido-. Deja que me explique con ella, ¿o no merezco tener un voto de confianza?

-¿Te has tirado a mi hermana?

-Sí, me la tiré, y ella no opuso ninguna resistencia y, además, ahora somos buenas amigas –rodó los ojos al ver su cara de hermano mayor enfadado-. Tranquilo, que no la he dejado embarazada -ironizó-. Ahora, deja que hable con Clarke.

-Tengo que irme a trabajar -contestó rápidamente la otra.

-Solo te pido cinco minutos, por favor -suplicó, mirándola fijamente, y ella suspiró.

-Bellamy, déjanos a solas.

-Porque me lo pides tú.

El chico se desnudó frente a ellas, y Alex no pudo evitar realizar una arcada, dándose la vuelta para no mirar al chico mientras se cambiaba.

-Oh, joder, córtate... No estaba entre mis planes de vida el ver una polla... –volvió a hacer un sonido de desagrado.

-Como hagas daño a mi rubia, te juro que te mato -amenazó, ya vestido, girándola y poniéndola contra el escritorio.

-No te acerques tanto, me vas a matar con tu aliento asqueroso -giró el rostro para que no estuviese tan cerca de su cara.

-Ten cuidado con quién te metes, Alexa –advirtió finalmente, saliendo de la habitación.

La morena intentó recomponerse tras tanta testosterona, y miró a la chica, que la miraba de brazos cruzados, aún en su cama.

-¿Y bien? –le dio pie.

-Clarke, sé que la he cagado, y mucho, pero tengo que decirte, para empezar, que no nos llegamos a acostar. Conseguí separarte de mí y te quedaste dormida en el coche.

-¿En serio? –se sorprendió.

-Sí, mucho más tendría que haber bebido para llegar a no recordar nada de la noche esa –en realidad era una mierda tener tanta tolerancia al alcohol por culpa de tantas fiestas, ¿qué clase de vida habías tenido Alexa Woods?-. Que sí, que me costó mucho controlarme, pero no llegamos a nada más. Lo prometo -la chica la miró seria, y entonces Alexa sintió otra vez las lágrimas en sus ojos, agachando la mirada-. Que sepas que ha sido muy difícil para mí haber venido hasta aquí, pero por mi hermana soy capaz de hacer cualquier cosa. Puedes estar todo lo enfadada que quieras conmigo, pero no le hagas esto a Lexa por no haber sido valiente y haberse presentado como la increíble persona que es, cogiendo mi nombre. Siempre le digo que ella es especial y que no necesita que yo tenga que abrirle paso a las chicas, pero es insegura consigo misma, no es capaz de ver lo buena que es con las relaciones, y eso lo habrás podido comprobar tú en el tiempo que habéis estado juntas.

-Sí… -susurró, limpiándose un par de lágrimas que cayeron por su rostro.

-En vez de hacer lo que me pidió, debería haberme hecho pasar por mí y haberte dicho lo increíble que era esa chica que adoraba tus cafés por la mañana y animarte a dar el paso que ella era incapaz de dar por la timidez –observó los ojos azules de la chica, agachándose frente a ella, sujetando su barbilla para que la mirase-. Está claro que ambas sentís algo fuerte por la otra, y no quiero que mi hermana deje de tener esa sonrisa que tenía cuando hablaba de lo maravillosa que eres, Clarke.

-Me he sentido utilizada, Alexa –apartó su mano, y se levantó, dando vueltas por la habitación-. Utilizada y engañada, como si fuese un juguete por las dos. Ese sentimiento me va a costar eliminarlo...

-Clarke, no te lo tomes a mal, pero jamás he sentido nada por ti –fue sincera-. Sí, eres preciosa, y si mi hermana no se hubiese fijado en ti y hubiésemos coincidido alguna noche de borrachera, no digo que no hubiese pasado nada; pero yo no soy de sentimientos, esa es mi hermana. Y tú necesitas sentimientos, tú necesitas que estén ahí para ti cuando lo necesitas... Mi hermana puede darte eso y más -ella volvió a agachar la mirada, totalmente entristecida.

-Me cuesta mucho perdonar los engaños, Alexa. No sé si podré confiar en ella otra vez –dijo firme.

-Por favor, habla con Lexa -pidió una última vez.

-Necesito estar sola ahora mismo, y se ha acabado tu tiempo -negó el hablar más con ella, señalando por donde debía salir.

Alexa suspiró, pero antes de salir, se giró para mirarla desde el marco de la puerta.

-Puedo ser muy pesada, que lo sepas. Y puedo ver cómo te brillan los ojos si menciono a Lexa. No os hagáis daño. Habladlo y solucionad esto, porque las dos os necesitáis mutuamente.

Ya había hablado con Clarke, su hermana sabía que necesitaba mínimo veinticuatro horas para poder ordenar sus pensamientos. Hablaría con ella al día siguiente, no sabía con certeza cómo tratarla, porque eso no había sido una discusión por haberle robado unas zapatillas o su camisa favorita, tampoco era una pelea por quién elegía tener el ordenador ese día o tener en su poder el mando de la tele... Esas disputas eran una mierda comparadas con lo que había sucedido. Esperaba volver a la normalidad con ella pronto, necesitaba a su hermana, y eso lo pudo comprobar cuando se fue a Londres y se quedó desolada sin la compañía diaria de su mejor amiga y confidente. Y no quería perderla una vez más.

X X X

Era la primera vez en su vida de estudiante que salía de un examen con la sensación de que le había salido fatal. Estaba acostumbrada a tener las mejores notas tras las horas de estudio que siempre dedicaba, y se sentía extraña con esa sensación de incertidumbre en el estómago, pero es que no había tenido la concentración necesaria para estudiar cómo debía el día anterior y tampoco le interesó conseguir el aprobado, estuvo más ocupada en intentar comprender lo que ocurrió con Clarke y Alexa.

Ese día no tenía entrenamiento, así que decidió volver a su habitación para ducharse y tirarse en su cama para seguir rumiando y hundirse un poco más en la miseria. No le apetecía hacer nada más. Encima, la persona con la que solía hablar de sus preocupaciones era la causante de gran parte de su desánimo y falta de concentración. Así que la conclusión que siempre sacaba era que todo era una mierda.

Abrió la puerta, encontrándose con Octavia de pie y de espaldas a su cama. Cuando su compañera se giró y se hizo a un lado, vio a Alex ahí sentada. La mirada de ambas conectaron, y Lexa apretó la mandíbula, sintiendo de nuevo aquel sentimiento de ira.

-¿Qué demonios haces tú aquí? –preguntó, y luego miró a Octavia- Te dije que si venía no la dejaras entrar –la chica levantó ambas manos en forma defensiva.

-A mi no me metáis en esto, por favor –explicó, yéndose a su cama.

-Bebé… -comenzó a decir, levantándose de la silla con el rostro entristecido.

-Por favor, Alex, vete -le dijo Lexa, sin mirarla, intentando pasar por su lado para ir hasta el baño.

-Lex, por favor, déjame explicarte -la cogió del brazo.

-Creo que hay poco que explicar -se soltó de su agarre de mala gana-. Has jodido por completo la confianza que tenía en ti -vio que los ojos de su hermana se llenaban de lágrimas, cayendo derrotada en su cama, y sintió como si le hubiesen dado un puñetazo en el estomago, dejándola sin aire. Si había algo que no podía soportar era ver a su gemela llorando, le partía el corazón, pero debía ser dura y hacerle saber que le había hecho mucho daño su comportamiento.

-Yo voy a la biblioteca –su compañera de habitación sujetó su portátil y se colgó su bolso antes de irse, dejándolas en silencio, Lexa aún de pie y Alex sobre su cama, con mucha angustia, desesperada por explicárselo todo.

-Ayer hablé con Clarke -frunció el ceño al escucharla.

-¿Que has hecho qué?

-Por favor, bebé, déjame contarte lo que sucedió en realidad... Al menos dame esa oportunidad -levantó la mano, cogiendo la de Lexa y acariciando sus dedos con cariño, mientras las lágrimas caían por su rostro. El labio inferior de la pequeña tembló, y sus ojos también se inundaron con aquel líquido salado y doloroso que no podía seguir aguantando. Alex se puso de pie, atrayéndola a su cuerpo, y la abrazó con fuerza, sollozando contra su cuello. No soportaba eso, no soportaba que Alexandra estuviese enfadada con ella, que su mejor amiga la odiase. La intentó apartar, pero se aferró con más fuerza a su cuerpo-. Debí habértelo dicho antes, lo siento tanto -su mano acarició el pelo de Lexa, y esta intentó apartarse una vez más, empujándola con fuerza.

-No tienes ni idea de las ganas que tengo de pegarte ahora mismo... y eso me hace sentir fatal, porque yo no soy así, Alexa.

-Lo sé, y lo entiendo, entiendo que te sientas así, que me odies, pero Lexa… -se secó las lágrimas, mirándola fijamente mientras cogía aire-. Clarke y yo no nos hemos acostado, nunca pasó nada –dijo de forma atropellada, con la garganta seca y la voz cortada por los sollozos.

-Clarke parece no pensar lo mismo –la mayor volvió a sentarse, y le señalo la cama a Lexa para que también lo hiciera. En un primer momento dudó, pero acabó haciéndolo, dejando un gran espacio entre las dos, lo que dolió a su gemela.

-Esa noche ambas bebimos mucho, sé que no es excusa, pero no pensé con claridad y… -suspiró- Clarke se me lanzó… -el rostro de Lexa mostraba enfado con sus palabras- No estoy diciendo que sea su culpa ni mucho menos, es más, ella pensaba que eras tú la que estaba ahí. Estuve intentando separarla de mí todo el rato, pero las cosas se salieron mi control en algunas ocasiones, y tengo que ser sincera con eso, Lexa. Cuando conseguí separarme, me alejé de ella y se quedó dormida en el coche. No nos acostamos –repitió para que lo tuviese claro-. Nunca te haría algo así –agachó la cabeza-. Me sentí fatal simplemente por haberla besado, porque sabía que, aunque hubiese sido sin yo buscarlo, te había fallado -giró su rostro para mirar a su hermana, que miraba al frente con la mandíbula tensa.

-¿Por qué no me lo contaste?

-Tenía miedo. Me aterraba la idea de que te enfadases y de que pasase precisamente esto -se puso de rodillas frente a Lexa, y cogió sus manos-. Tú eres lo más importante en mi vida, y si te pierdo me muero, Lex. Me muero -su voz volvió a quebrarse mientras Lexa miraba a un lado, aún con la mandíbula apretada.

-No debiste mentirme, no debiste ocultarme lo que había pasado con Clarke... -murmuró.

-Lo único que pasó es que fui una imbécil por usar el alcohol para intentar alegrar su noche. No sé en qué estaba pensando... –se llevó la mano a la frente, haciéndose un masaje.

-Ese es el problema, Alex, que a veces no piensas con la cabeza sino con tus hormonas -se miraron, y Alex tragó hondo.

-Estoy intentando trabajar con eso... Te prometo que lo estoy intentando cambiar... Desde que ocurrió eso me he dado cuenta de que mis acciones pueden dañar a mucha gente -estiró el brazo, acariciando la mejilla de su hermana-. Y haberte hecho daño a ti es el peor castigo que puedo tener, créeme.

Lexa se miró las manos, que las tenía sobre el regazo, sintiendo que el toque de su hermana le quemaba, pero al mismo tiempo la necesitaba. Era la primera vez que discutían de esta forma tan intensa y seria, y que fuese por una chica era casi increíble. Ni siquiera habían tenido los mismos gustos en cuanto a mujeres en ningún momento.

-Yo… -comenzó a decir, intentando aguantar las lágrimas- Yo tampoco te he contado una cosa… -murmuró, y vio como los ojos verdes de Alex la observaban de vuelta.

-Sea lo que sea, estoy segura de que tenías tus razones.

-Las tenia, pero en el fondo siempre quise decírtelo porque me habría gustado poder hablarlo contigo –la mayor llevó las manos de Lexa a sus labios, besando sus nudillos con cariño.

-Cuéntame, bebé -cogió aire, armándose de valor. Sentía que esa situación las tenía a ambas demasiado vulnerables, y no sabía si era el mejor momento para contarle sobre Amber, pero lo iba a hacer.

-La verdadera razón de por qué me fui a Londres es porque me enamoré de una chica -soltó sin más, y Alex frunció el ceño.

-¿Qué chica?

-Nunca la conociste –explicó-. La conocí por Internet el año anterior de empezar la universidad –su hermana escuchaba atenta su discurso, y Lexa la miró, intentando descifrar la expresión en su rostro, pero su gemela solo mostraba interés en la historia, no parecía molesta ni enfadada-. Vas a llamarme tonta, pero fue una conexión instantánea, Alex, y la verdad es que buscaba a alguien que me viese más allá de mi físico, que se interesara en lo que soy realmente, enamorarme de alguien que pudiese enamorarse de mí… -se mordió el labio- Anda, dime que soy una ñoña... –su hermana rio, acariciando su mejilla.

-Eres increíble -sonrió-. Sigue -la animó, y Lexa cogió aire una vez más.

-Amber vino para convencerme de que me fuese a Inglaterra con ella, y... –suspiró cerrando los ojos- Ahí igual soy como tú, lo admito, porque solo necesitó una noche para convencerme... Fue increíble -esta vez Alex sí abrió la boca indignada.

-¡¿Un encuentro sexual del que no me he enterado?! Eso sí que no te lo perdono –bromeó, pellizcándole la nariz y Lexa rio divertida, aún ambas con lágrimas en los ojos.

-La cosa es que finalmente decidí irme y, de verdad, me moría por contártelo, pero probablemente no lo habrías entendido.

-No, no lo habría hecho -le concedió-. Al menos en esa época. La verdad es que estuve unas semanas enfadada contigo por haberme dejado, pero ahora lo entiendo un poco mejor.

-¿Sí?

-Eres la persona con el corazón más grande que existe, bebé; y ese corazón necesita amor. Entiendo que lo busques y lo desees con tantas ganas –su hermana bajó la vista, y Alex, cansada de estar arrodillada frente a ella, se dejó caer en el suelo, sentándose con las piernas cruzadas-. ¿Qué pasó con Amber?

-Quizás tienes razón y estoy constantemente buscando el amor, pero solo quiero una persona que esté dispuesta a quedarse conmigo por quien soy, Alex –su hermana la miró confundida por no haber contestado a su pregunta directamente-. Nadie nunca ha dado todo por mí, y yo siempre lo doy todo… -su voz volvió a quebrarse, y su gemela se acercó para abrazarla otra vez.

-Yo daría mi vida por ti, bebé –susurró contra su pelo-. Daría todo por ti –la miró fijamente, sujetando sus hombros-. Si necesitas un riñón puedes tener el mío, si necesitas un hígado también, si te quedas ciega te daría mis ojos... –la apretó de nuevo con sus brazos mientras Lexa sollozaba- Bueno, quizás solo te dé uno, me moriría sin poder ver a una mujer guapa -eso hizo que Lexa riera divertida por sus tonterías. Alex se separó y le secó las lágrimas-. ¿Qué hizo esa Amber? Dímelo.

-Amber no había salido del armario, y me dijo que no hacía pública nuestra relación por sus padres y su familia, y yo, en parte, lo entendí. Pensé que, con el tiempo, cogería algo de valor y podríamos contarlo, pero no fue así. Y a los dos años me entero de que la verdadera razón por la que no hacía público lo nuestro, era porque tenía novio... Desde hace años, Alex, y yo como una idiota creyéndome sus mentiras...

-¡Qué zorra! -exclamó Alex anonadada- ¿Has dicho novio? ¿Con "o"? ¡Un tío comparado contigo es una mierda! Bueno, un tío comparado con quién sea... -Lexa sonrió con la reacción de su hermana, tenía una fobia bastante grande a los hombres.

-Estuve muy mal, tuve que tomarme unos meses para recomponerme y tomar la decisión de regresar. Total, ya no me quedaba nada allí…

-Debiste contarme esto, habría estado allí para ti, probablemente habría cogido el primer avión y le habría partido la cara a la tal Amber por jugar con mi hermana...

-Siempre has estado para mí, Alex -se miraron con cariño-. Y ahora ha aparecido Clarke y siento cosas muy fuertes por ella, pero no va a perdonarme esta estupidez...

-Escúchame, bebé, no te vengas abajo, simplemente tienes que reconquistarla, todas las mujeres tenemos debilidades. Tus debilidades son las tonterías románticas, las mías dos buenas piernas... –su hermana le dio un empujón entre risas suaves- Seguro que tu chica tiene también alguna debilidad.

-No quiere ni cogerme las llamadas –dijo apenada.

-Dale tiempo. Cuando hablé con ella estaba aún enfadada, pero le he explicado lo que ocurrió y, con suerte, se piense mejor las cosas.

-¿Tú crees?

-Estoy segura, y yo te ayudaré a que se vuelva loca por tus huesos otra vez y porque te deje husmearle el chochito.

-Eres una pervertida, Alex... -la aludida sonrió y se abrazaron de nuevo, contentas por una parte por haber podido calmar las cosas entre ellas.

-No quiero que nos peleemos nunca más, bebé.

-Ni yo –apoyó la cabeza en el hombro de su hermana-. Ha sido horrible.

-Muy horrible.

-Aún te quiero pegar solo por saber que os habéis besado… -murmuró contra su camiseta.

-Me darías una buena paliza...

-Lo haría.

-Lo siento, de verdad.

-Está bien –limpió sus lágrimas, mirando a su hermana fijamente-, pero, como te acerques a Clarke otra vez, sí te voy a pegar –rio entre dientes con la amenaza.

-Ya no me gustan las rubias –su hermana la miró con suspicacia.

-¿Eso qué quiere decir? -pensó en su profesora y en que no podía sacársela de la mente, pero eso era un tema que tenía que hablar primero con esa mujer en cuestión.

-Nada, bebé. Abrázame -se recostaron en la cama y se apoyó en el hombro de su hermana mientras se dejaba rodear por sus brazos. Alex cerró los ojos perdiéndose en el olor del pelo de su gemela. Era algo que la reconfortaba, que la hacía sentirse segura y feliz-. Te quiero mucho, Lex.

-Y yo a ti, bollito... Y yo a ti.

X X X

Sabía que probablemente había mejores lugares que ese, mucho más caros, más grandes y con más personal, pero las vistas que tenían en ese jardín eran preciosas. Clarke aspiró el aire fresco mientras observaba el estanque fijamente, donde unos patos nadaban tranquilamente en el agua. Cerró los ojos, deseando ser aquellos animales sin preocupaciones, sin dolor y sin engaños de las personas en las que confiabas y amabas.

Elevó su rostro, sentada sobre el césped, y miró a su abuela en una silla justo en el momento que los dedos de su delgada mano se contraían ligeramente sobre los suyos, manteniéndose aún sobre su regazo. Su abuela había sido su confidente, su consciencia y su consejera favorita desde que era una niña. Nunca había tenido problemas en contarle sobre su vida amorosa, sobre sus miedos y sus inseguridades; esa mujer siempre había conseguido hacerla sonreír con un buen consejo. La echaba mucho de menos, extrañaba tener a su abuela, la que la miraba con cariño y le daba abrazos con olor a lavanda. Apretó los dedos de la anciana, quien seguía mirando al frente, intentando que supiese que estaba ahí con ella. No estaba segura de si la estaba escuchando, pero ella solo quería desahogarse. Sintió que los ojos le ardían y que las lágrimas bajaban por sus mejillas, sin poder frenarlas.

-¿Recuerdas cuando cumplí los ocho años y mamá prometió que me llevaría a comprar una tarta de chocolate para la fiesta? Nunca apareció -se limpió las lágrimas-. ¿O cuando prometió que había cambiado y la pillé robando dinero de tu monedero? ¿O cuando regresó diciendo que esta vez quería que me fuese a vivir con ella, pero acabó desapareciendo con tu tostadora y tus joyas? -tragó hondo-Me han engañado durante toda mi vida, abuela, y por esa razón me cuesta confiar tanto en la gente. Y, para una vez que lo hago tan rápido, que aparece esta increíble chica: preciosa, inteligente, sensible y con una sonrisa que… -bufó en medio de las lágrimas- Le abrí mi corazón porque pensé que era hora, porque estaba cansada de esos encuentros fortuitos con gente que realmente no me interesaba -sollozó-. Me estaba enamorando lentamente de Lexa y me engañó, jugó conmigo y probablemente se rio a mis espaldas con esa gemela suya -negó con la cabeza-. Gemelas, abuela, ¿te lo puedes creer? Me hicieron creer que eran una sola y yo me lo tragué como siempre hago con las mentiras -su cabeza acabó sobre el regazo de su abuela, aspirando su olor, sintiéndose un poco mejor aunque no estuviera escuchándola.

Cerró los ojos, y estuvo sollozando unos minutos, sacando todo lo que tenía dentro cuando sintió la mano de su abuela soltando sus dedos para comenzar a acariciar sus mechones. Se tensó, y levantó la vista con el corazón acelerado. Allí estaba, esa mirada de cariño, de comprensión, y de amor incondicional.

-¿Abuela? -preguntó entre lágrimas y los dedos de su abuela limpiaron sus mejillas.

-Sabes que te pones muy fea cuando lloras, mi niña -le dijo con los ojos cristalinos. Clarke se abalanzó sobre ella, dándole un fuerte abrazo, aliviada y feliz de que estuviera allí. Su abuela rio suavemente por la efusividad del abrazo-. Y si esa chica es tan guapa como dices, seguro querrá una novia guapa, no una con los ojos hinchados –su nieta acabó riendo, y se apartó para mirarla.

-No somos novias, abuela -dijo agachando la mirada, y la anciana la cogió del mentón para que la mirase.

-Un error lo comete cualquiera, Clarke. Creo que eso te lo hemos enseñado tu abuelo y yo muy bien -dijo con voz dulce-. Si esa chica es tan increíble como dices, no la dejes ir, porque quizás te arrepientas.

-Sabes que no soporto el engaño, abuela.

-Lo sé, mi niña, pero no puedes vivir alejada del mundo y del amor por culpa de tu madre. No dejes que eso te condicione. No todos son como ella.

-Según mi experiencia… -la anciana bufó.

-¿Qué experiencia, pequeñaja? Estás comenzando a vivir, no le hables de experiencia a alguien que ha pasado ya los setenta años, ¿o ya pasé los ochenta? –hizo reír a su nieta entre lágrimas, mientras volvía a apoyar su cabeza sobre su regazo.

-Te he echado mucho de menos –murmuró, abrazándose con fuerza a sus piernas.

-Y yo a ti, mi niña. Sé que a veces no puedo estar y que te he dejado sola…

-No, no digas eso.

-Pero es cierto –dijo, acariciando el pelo de Clarke-. Sin embargo, sabes que eres lo más bonito que me ha pasado en la vida, ¿verdad? No me arrepiento de haberte cuidado, de haberte visto crecer hasta llegar a ser la increíble jovencita que eres ahora –la rubia levantó la vista-. Te mereces ser feliz, Clarke. Busca a esa chica, habla con ella, dale la oportunidad de que arregle su error -le tocó la nariz con cariño-, pero tampoco se lo pongas muy fácil, no queremos que piense que eres una blanda -dijo juguetona, y Clarke sonrió.

-Me da miedo, abuela. Me aterra el pensar que he sido la única que estaba experimentando esto, ¿y si no era recíproco? ¿Y si era yo la única que veía amor?

-Solo aquellos con la inteligencia y la capacidad de ver lo increíble que puede ser otro ser humano es capaz de sentir una emoción tan pura y bella como el amor. Según la describes es maravillosa, solo que ha cometido un error -ladeó la cabeza-. Esta chica… ¿cómo se llama?

-Alexandra -respondió Clarke mirando el estanque, recordando a Lexa. Sus ojos, su sonrisa, su olor...

-¿Dejaste que Alexandra se explicara?

-No, pero su hermana sí lo hizo, y me aseguró que Alexandra estaba muy mal y que el fallo fue suyo, de la gemela –explicó-. Pero, abuela, esta sensación de estar reviviendo todos esos momentos… -Abigail negó con la cabeza.

-Tienes que dejarlo, Clarke, deja eso en el pasado y habla con Alexandra. Deja que te conozca, que sepa cuáles son tus miedos e inseguridades, por qué has actuado así y por qué estás tan dolida –su nieta se quedó pensativa, observando de nuevo los patos del pequeño estanque- Y tráela para que pueda conocer a la idiota que hizo llorar a mi nieta favorita.

-Soy la única nieta que tienes –rio entre dientes.

-No me hacen falta más para saberlo -cogió los dedos de Clarke, y ésta sonrió cuando los labios de su abuela se posaron en su frente.

-Te quiero, abuela.

-Y yo a ti, mi niña.

Ambas se quedaron disfrutando de ese instante fugaz. No podía ser casualidad que justo en ese momento su abuela estuviese tan lúcida. Sí, Lexa tenía el derecho a ser escuchada, pero aún se sentía demasiado mal por lo ocurrido; a pesar de que ya sabía que no fue exactamente un juego entre gemelas, porque Alexa nunca quiso nada con ella y que solo fue una vez el intercambio entre hermanas.

Necesitaba tiempo para pensar antes de armarse de valor e ir a hablar con esa chica de sonrisa increíble.

X X X

-El próximo día vamos a empezar con las clases prácticas. Las impartiremos todos los viernes en nuestro horario lectivo, dividiéndonos en dos grupos. Este viernes quedaría de la siguiente forma –señaló la lista de la pantalla-, y al siguiente sería al contrario: primero el grupo B y, a continuación, el A -dio las pautas de división mientras andaba por la clase entre las mesas de los alumnos, observando que se pudiese leer desde el final de la clase y dejando unos segundos de más para que todos se encontrasen en ellas y tuviesen claro cuál era su turno. Escuchó un bufido y giró su rostro para ver a Alexa echada sobre su mesa, totalmente derrotada, y sonrió burlona antes de hablar de nuevo-. No te preocupes, Woods, a partir de ahora estarás siempre en el grupo de la segunda hora –se burló, haciendo reír a sus alumnos, y consiguiendo que levantase la cabeza para observarla con el ceño fruncido.

-No entiendo por qué me tienes tanta manía –nada más lo soltó, sus ojos empezaron a darle uno de sus habituales repaso desde la cabeza a los pies, a pesar de que lo había hecho mil veces en clase. Esa chica era imposible...

-Porque eres una pesada, Woods -dijo Weaver metiéndose con ella, y Alex le lanzó un bolígrafo, dándole justo en la cabeza. Buena puntería.

Dio la clase por finalizada, y observó a los chicos recoger sus cosas, sin poder evitar mirar a Alex de vez en cuando. Recogía en silencio, guardando sus cosas lentamente en la mochila que usaba para ir a clases, no sabía si era para quedarse con ella a solas y soltarle un par de frases de las suyas, o si, esta vez, un sentimiento de desolación la envolvía, haciendo que funcionase más despacio. Esos pensamientos la llevaron de forma automática a lo ocurrido en el gimnasio hacía unas noches, y fue instantáneo ese calor en los labios con el recuerdo de lo sucedido. Había besado a su alumna, a Alexa Woods, y tenía pensamientos muy contradictorios sobre eso. No sabía qué le había pasado, estaba consolándola mientras lloraba y, a los pocos segundos, estaba experimentando cosas indescriptibles por tener sus labios unidos a los suyos. No podía decir que no le gustó, porque, a pesar de la reputación que tenía en el campus y de lo mal que se sintió al hacerlo, fue un beso muy tierno y cálido.

Se sintió algo decepcionada cuando la vio dirigirse hacia la puerta, pero había una parte en ella que estaba preocupada y necesitaba saber si se arreglaron las cosas con su hermana o no.

-Woods –la llamó cuando fue a salir del aula, logrando que la mirase-, quédate. Tengo que hablar contigo –vio que golpeaban su hombro y que le sonreían de forma pícara.

Ese tipo de comportamiento que observaba a su alrededor le hacía sentirse insegura con respecto lo que había pasado, sobre todo por su profesión y lo que podría pasar si se enterasen que se había besado con su alumna. ¿Y si iba a más? Suspiró internamente, mejor no pensarlo...

-Dime, profesora -dijo cuando llegó a la altura de su mesa, apoyando los brazos en ella mientras la miraba.

-¿Cómo estás? -susurró preocupada, inclinándose un poco para que la escuchase, a pesar de que estaban ya a solas en el aula.

-He hablado con las dos. Con mi hermana mejor, supongo que la sangre hace mucho y no podemos estar mal con la otra, es imposible… -sonrió entristecida y agachó la mirada para observar sus manos- La chica está un poco a la defensiva, pero no voy a culparla. Es normal que esté así.

-No has contestado a mi pregunta. ¿Cómo estás tú?

Alex levantó el rostro, y se quedó en silencio mirándola. Sintió un escalofrío cuando la vio bajar sus ojos varias veces a sus labios, antes de estirar su brazo y apoyar sus dedos sobre su mano, que descansaba en la mesa, y sujetando su archivador a un lado de ellas, como queriendo taparlas por si alguien se asomaba por la puerta. Miró el gesto, y vio cómo su pulgar la acariciaba, temblando sin querer por el roce.

-Estoy bien gracias a ti.

-No es gracias a mí, Alex. Yo no he ido a hablar con ninguna, lo has hecho tú –la vio sonreír, y ella la imitó, levantando su pulgar y acariciando uno de sus dedos, sintiendo la calidez que transmitía su piel.

-Aún no sé cómo manejarlo todo para que vuelva todo a la normalidad. Incluso hay una parte de mí que quiere que mi hermana me cuente otra vez las cosas moñas que hacía con esa chica...

-Las cosas se ponen solas en su sitio con el tiempo. Sé paciente, Alex -se miraron a los ojos-. Si quieres te puedo dar mi número de teléfono, por si algún día necesitas hablar o desahogarte. Puedes contar conmigo.

Cuando ya había soltado las frases era demasiado tarde para que su parte lógica trabajase. Si en clase Alex se comportaba de esa forma desinhibida, ¿cómo sería por mensajes? ¿Y por qué se moría por saberlo? Vio que se mordía el labio, y no le vino nada de bien, porque el gesto le pareció de todo menos inocente. Ninguna de las dos había mencionado el beso, pero sabía que era un tema que debían tratar tarde o temprano, suponía que, sobre todo para intentar que no se fuese de la lengua contando lo que pasó. Aunque esperaba que esa charla no fuese en ese instante. La vio sacar su móvil y se lo tendió tras escribir algo, y no pudo evitar soltar una carcajada con lo que leyó.

-¿Sugar mamma?

-Creo que poner Raven o Reyes será muy revelador.

-Sí, tienes razón –sonrió, apuntando su número-. No sé si estoy haciendo bien en darte mi teléfono, teniendo en cuenta tu historial con chicas…

-¿Te da miedo que te envíe fotos desnuda? -levantó la ceja, y Raven tuvo que admitir que aumentó su atractivo unos puntos más.

-O que las pidas -ambas se miraron, y vio cómo lamía sus labios, observándola fijamente, provocando otro escalofrío. ¿Qué estaría pensando?- No lo uses para eso –advirtió, antes de devolverle el móvil, y comenzar a recoger sus cosas.

-¿Puedo preguntarte algo? –sintió los nervios apoderarse de su cuerpo, y la miró para asegurarse de que, efectivamente, quería hablar del beso, porque su mirada estaba fija en sus labios.

-No –se levantó, bajándose de la tarima tras recoger sus cosas, dispuesta a irse de allí. Huir como una cobarde que no se hacía dueña de sus actos.

-Raven, necesito que lo hablemos.

-Alexa, por favor, ahora no –volvió a sentir ese escalofrío cuando sujetó su brazo y la giró para que se miraran.

-¿Por qué me besaste?

Así lo preguntó, sin más, sin advertencias; pero debía admitir que eligió muy bien las palabras. Una gran pregunta, ¿y por qué no sabía responderla? ¿Por qué la besó?

Se quedaron mirándose unos segundos, antes de que la mano de su alumna se posara en su mejilla, y cualquier pensamiento que pasase por su mente se desvaneció mientras observaba cómo miraba su boca de nuevo. Cerró los ojos cuando se inclinó, buscando sus labios, haciendo que su olor la invadiese por la cercanía, era embriagador y ese perfume que usaba casi definía su forma de ser. No supo por qué, pero dio un paso al frente, apoyando una de sus manos en el hombro de la chica, y elevó su rostro, ¿a quién quería engañar? Se moría por sentirla de nuevo, aunque fuese un instante. Fue Alex la que capturó su labio inferior con habilidad, como si la hubiese besado mil veces, y no se movieron, disfrutando simplemente de la calidez que emanaba la boca de la otra y de esa leve humedad que envolvía sus labios. Ambas suspiraron, separándose levemente mientras unían sus frentes y respiraban pesadamente sobre la otra.

-Alex, no podemos –cogió aire, echándola suavemente hacia atrás, con su mano aún en su hombro-. Y menos aquí. Eres mi alumna y puedo perder mi trabajo si nos ven.

-Me conformo ahora mismo con que me digas por qué lo hiciste -lamió sus labios, como si intentase contener las ganas de volver a inclinarse.

-No sé por qué lo hice... –suspiró- Ni siquiera me había fijado en una mujer en mi vida -confesó-. Además, me encontré en ese momento fatal, porque estabas vulnerable y sentí que me había aprovechado de ti…

-Oh, créeme -sonrió-, no te has aprovechado nada de nada. Creo que algo debo estar haciendo mal si no te has dado cuenta de las ganas que tengo –la profesora rio con su frase, y entonces vio que su sonrisa se ampliaba, levantando de nuevo su ceja-. ¿Nunca has estado con una chica? –muy bien, Reyes, alimentemos su ego.

-Así es, y ya es demasiada información que puedes usar en mi contra.

-El misterio es muy atrayente –tonteó, e hizo que sonriese de nuevo. ¿Qué le pasaba con esta chica? Tenía un efecto muy extraño en ella, y conseguía que su parte más racional dejase de funcionar y se dejase llevar-. ¿Te gusta?

-¿El qué?

-Besarme –ahora fue ella la que lamió sus labios, algo nerviosa, porque esa respuesta sí la sabía.

-¿Tú qué crees? -intentó sonar seria, pero se le escapó media sonrisa, e hizo que Alex agrandara la suya.

-En el gimnasio no somos alumna y profesora, ni en la calle, ni en tu piso, y mis padres suelen viajar bastante, en mi casa pod… -tanteó.

-Woods… -advirtió, cortando su frase. Lo que menos necesitaba en esos momentos era en otros escenarios en los que pudiesen seguir con lo que empezó.

-Sabes que cuanto más me rechazas, más me engancho, ¿no?

-Sí, creo que lo he notado -sonrió levemente.

-Adoro tu sonrisa -¿eso a qué venía? ¿Y por qué logró que temblase con esa frase unida a la forma en la que la miraba? Agradeció que siguiese hablando, porque le habían descolocado un poco aquellas palabras-. Tengo que confesarte que es la primera vez que necesito besar a una persona de esta manera... –elevó otra vez su mano, apoyándola suavemente en su mandíbula, y pasó de forma delicada el pulgar por su labio inferior.

-Alex... –pidió nerviosa, echándose hacia atrás para romper el contacto.

-No es bueno luchar contra las tentaciones, Reyes, me han dicho que sale urticaria.

Rio suavemente, era un poco tonta su alumna, había que admitirlo. Ambas se quedaron mirándose unos segundos en silencio, y se encontró a sí misma pasando varias veces la vista por esa boca que poseía y sus ojos verdes. Se fijó en el lunar que tenía en su labio superior y le pareció de lo más atractivo, y el deseo de besarla de nuevo fue aún mayor del que sintió hacía unos minutos cuando se unieron en otro lento beso. Tenía que largarse de ahí cuanto antes.

Se giró y comenzó a andar fuera del aula tras despedirse con un "hasta la próxima clase, Woods, no te olvides de venir cómoda". Sí, ambas se morían por repetir, y no tenía muy seguro de si podría aguantar las ganas si volvían quedarse las dos a solas.


Hola, holita.

¿Qué os ha parecido este capítulo?

Para empezar, hemos vuelto a ver a las gemelas en su más tierna adolescencia, aunque en este flashback estaban a un paso de la universidad. Parece que se lo pasaron bien en el colegio de chicas. ¿Quién creéis que es más peligrosa con las chicas: Alex o Lexa?

Alexa da el paso y finalmente va a hablar con Clarke tras el consejo de su profesora. Primer encuentro "formal" de Bellamy y Alex, parece que a nuestro querido amigo no le ha sentado bien que la famosa jugadora de fútbol haya marcado goles con su hermana, pero ¿alguna escuchó a Octavia quejarse? Pues eso. ¿Qué pensáis de lo que ha expresado Alex con Clarke? ¿Y de la reacción de nuestra querida rubia? Parece que le va a costar perdonar, ¿pero va cediendo un poco tras aclarar ciertas cuestiones?

En serio, estas escenas de las gemelas nos da en la patata a Juno y a mí, y la siguiente de Clarke con su abuela también. ¿Qué os ha parecido ambas escenas algo más "dramáticas"? Parece que las cosas entre las hermanas se han calmado, y que Lexa ha sido sincera y ha contado el real motivo de su huida a Londres, y que su gemela se lo ha tomado bien. En cuanto a Clarke, ¿creéis que va a hacerse la dura con Lexa? ¿O va a ir corriendo a hablar con ella? Los sentimientos son complejos, y tras tantos engaños es normal sentirse dolida. ¿Perdonará finalmente a Lexa?

Para terminar, volvemos a adentrarnos en la relación que vuelve loca a la gemela un minuto mayor. Nos pedisteis POV Raven, aquí lo tenéis. Junsey malcriando con amor. Parece que nuestra profesora sexy esta confundida, y que tiene sentimientos encontrados: le gustó, pero no debe dejarse llevar. A pesar de ello, no ha podido evitar dejarse dar ese beso leve con su alumna, un beso de "necesito ese contacto" que ha acabado de forma rápida, pero que parece que ambas han quedado medianamente satisfechas con él. ¿Qué creéis que pasará entre estas dos? ¿Van a dejarse llevar del todo o van a aguantar las ganas?

En fin, esperamos mucho que os haya gustado, y que nos lo comentéis.

Un saludo sensual de Juno y Ginsey.