N/A: Penúltimo cap de la historia y último antes del concierto... Waaa a ver si vuelvo inspirada y me sale bien el final XD Porque ahora mismo estoy histerica y soy incapaz de escribir nada xd Si es que aún me cuesta creer que dentro de tres días estaré en Barcelona viéndoles y escuchándoles en directo... Ayer se me cayó el calendario de Scream que estaba colgado en el armario y por el camino rompió un poster XXL de Bill... Y yo: "mierda, eso es una mala señal". Pero esperemos que no xd En fin, hoy me he enrollado ya suficiente... pero es que la ocasión lo merece, que es el primer concierto de TH en España! Va, ya me callo que si no me emociono xd Besos y gracias por los reviews! Nos leemos! (o nos vemos allí xd)
Capítulo 11. Decisiones
A Bill le despertó temprano un terrible dolor de cabeza. Sin abrir los ojos, se llevó ambas manos a la cabeza y empezó a masajearse las sienes, tratando en vano de apaciguar un poco las punzadas que sentía en ellas.
Finalmente despegó sus párpados, y grande fue su sorpresa al encontrarse a su hermano en su cama, también despierto y mirándole fijamente.
—Joder, Tom, qué susto... —gimió a la vez que masajeaba un poco más fuerte sus sienes—. ¿Qué coño haces en mi cama...?
Tom alzó una ceja, imitando el gesto que Bill hacía tan a menudo.
—Ya veo que no te acuerdas de nada... —suspiró.
—¿Acordarme...? ¿Acordarme de qué...?
De pronto, Bill abrió mucho los ojos. Un segundo después, saltaba de la cama con ambas manos tapándose la boca y una mirada horrorizada.
Tom se incorporó hasta quedar sentado, sin dejar de mirar a su hermano, expectante. Por esa reacción, supuso que su hermano había recordado algo. O todo.
—Oh, dios mío... Oh, dios mío... —empezó a balbucear Bill—. Tú... tú y yo... Oh, dios mío...
Sí, definitivamente Bill se acordaba de lo sucedido. Tom decidió bromear un poco para relajar el ambiente. Levantó las manos de modo teatrero.
—Bill, esto no es lo que parece —sonrió.
Bill negó con la cabeza de forma exagerada.
—No, yo... Tú y yo... ayer... en el baño... Yo te... te... Oh, dios mío...
Como parecía que Bill no iba a ser capaz de pasar del "oh dios mío", Tom se decidió a echarle un cable.
—Sí, ya... Eso... Digamos que te pusiste... eh... "cariñoso" conmigo... —aclaró sin perder la sonrisa
Bill se sonrojó violentamente.
—Y eso te pasó por beber tanto —añadió Tom, recuperando la seriedad—. Perdiste completamente el control, Bill.
El cantante gimió de nuevo y a continuación se arrodilló en el suelo, con la cara tapada con ambas manos. Tom se levantó de la cama y se sentó a su lado.
—¿Bill...?
Un sollozo le alertó. Colocó una mano en el hombro de su hermano.
—¡Bill! ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?
—Snif... Lo... lo siento, Tom... —musitó entre más sollozos—. Lo siento... snif... No sé en qué estaba pensando... snif... Qué vergüenza... Snif...
—No pensabas, ya te lo he dicho, ibas completamente pedo... —replicó Tom, tratando de calmarle. En verdad que no soportaba verle llorar más—. Además, también fue culpa mía...
Bill descubrió su rostro y le miró confundido.
—¿Por qué dices eso... snif...?
—Bueno... —Tom suspiró—. Tú no me habrías hecho nada si yo no te hubiera dejado... —admitió con un leve rubor.
—¿Y por qué... snif... te dejaste...?
—Pues... porque una paja es una paja y yo soy un puto pervertido —sentenció tranquilamente.
Bill soltó la carcajada.
—Eres lo peor... —dijo medio riendo medio llorando.
—¡Eh! Eso me ofende... —dijo Tom, también riendo.
El menor de los Kaulitz se pasó el dorso de las manos por la cara, borrando el rastro de las lágrimas que afortunadamente ya habían dejado de caer.
—Tom... —murmuró de repente—. Ahora en serio... Lo que pasó ayer en el baño... no nos va a afectar, ¿verdad...?
Tom se encogió de hombros.
—¿Afectarnos? ¿A qué te refieres?
—Pues que... joder, que somos hermanos... gemelos... Eso lo hace aún más raro...
El guitarrista negó con la cabeza.
—No te preocupes por eso. Además, admitámoslo, tú y yo, muy "normales" nunca hemos sido... sobre todo tú... —terminó con una sonrisa tranquilizadora.
Bill le devolvió la sonrisa.
—¿Entonces podemos olvidarlo?
«Yo no creo que lo olvide en mi vida», pensó Tom. Pero había tomado una decisión y tenía que apechugar con ella.
—Claro.
Un profundo suspiró escapó de los labios de Bill. Desvió la vista y a continuación frunció el ceño, como si hubiera recordado algo más.
—Oye... ¿qué fue de Ralf? —preguntó.
—¿Ralf? —se extrañó Tom—. ¿Qué Ralf?
—El chico pelirrojo que estaba conmigo en la terraza...
Fue el turno de Tom de fruncir el ceño.
—Ni idea —respondió secamente.
—No recuerdo haberme siquiera despedido de él... —musitó Bill más bien para sí mismo—. Es una pena, era muy simpático...
—¿Tan simpático como para tirártelo?
El tono de Tom había revelado su desprecio. Bill miró de nuevo a su hermano a los ojos, claramente decepcionado.
—Ya veo que aún no lo aceptas... —murmuró.
—¿Aceptar el qué?
—Que yo me tiro a tíos, Tom. Eso.
—Pues no, no es "eso" —replicó Tom, cruzándose de brazos—. Es que no lo entiendo, llevas dos semanas llorando por David y de pronto te pones a ligar con un completo extraño.
—¡¿Y qué quieres que haga?! —estalló Bill, sobresaltándole—. ¡¿Que le guarde luto para siempre?! ¡David pasa de mí, es hora que yo también pase de él!
—¿Estás seguro?
La pregunta descolocó por completo a Bill. No sabía a qué venía aquello.
—¿Que si estoy seguro de qué?
Pero Tom ignoró su pregunta y formuló la suya, aquella que le había tenido intrigado durante todo ese tiempo.
—¿Por qué te dejo David, Bill?
El cantante sintió la boca seca.
—¿Por qué me dejó David...? —repitió.
—Sí. Eso me dijiste, ¿no?
Bill recordó.
«No pasó nada. Bueno sí, me dejó. Eso es todo.»
—¿A qué viene eso ahora...?
—Sólo contéstame, por favor.
La cabeza le seguía doliendo una barbaridad. Bill suspiró y se masajeó de nuevo las sienes antes de responder.
La maldita conversación que mantuvo con David en el cuarto de baño de aquella discoteca regresó una vez más a su mente, al mismo tiempo que las lágrimas a sus ojos.
«Bill, esto no va a funcionar. Creo que deberíamos dejarlo.»
«¿Por qué dices eso? ¿Tanto te asusta que la gente se entere?»
«Así es.»
«¡Pues si me quisieras de verdad no te importaría que todo el mundo supiera lo nuestro!»
«Yo nunca te he dicho que te quiero, Bill.»
—Él dijo... que no quería que nadie se enterara de lo nuestro, y que teníamos que dejarlo.
Tom le miró confundido.
—Pero vosotros dos ya llevabais mucho tiempo juntos... ¿A qué vino eso?
—No lo sé con seguridad... Pensé que le había sentado mal que tú te enteraras...
—Pues deberías haberte asegurado... Pienso yo, vamos, después de una relación tan larga, romper así de repente...
—También dijo que no me quería —cortó Bill—. Y entenderás que después de eso no me apeteció insistirle más.
Tom se quedó con la palabra en la boca. ¿Que David no quería a su hermano? ¿Después de más de un año de relación le salía con esas? ¿Y entonces por qué le había mantenido tanto tiempo a su lado? ¿Para jugar con él? ¿Para follárselo cuando le apeteciera?
Sintió que la rabia empezaba a invadirle. No iba a permitir que eso quedara así.
Pero entonces recordó las palabras de Georg en su casa días atrás.
«¿David está mal?»
«¿Mal? No, bueno, no sé, sólo digo que ayer me pareció que estaba algo raro... como enfadado, agobiado, no sé.»
«No... Aquí pasa algo raro. Y tenemos que descubrir qué es.»
El muchacho se levantó ante la atenta mirada de su gemelo.
—Perdona por lo que te he dicho antes. Tienes derecho a ligarte a quien quieras... Pero al menos cuando estés sobrio y puedas decidir si te compensa que todo el mundo te vea con un chico, ¿de acuerdo?
Bill desvió la mirada y asintió, claramente avergonzado. Tom se alejó un par de pasos.
—Voy a preparar el desayuno —anunció—. Así cuando mamá se levante y se dé cuenta de la resaca que tienes, a lo mejor no grita tanto.
Una pequeña sonrisa adornó el rostro cabizbajo de Bill.
—Ah, y otra cosa... —Tom se detuvo un momento en el marco de la puerta—. Esta tarde arréglate, que quiero que me acompañes a un sitio.
—¿A dónde? —se interesó Bill.
—Es una sorpresa.
—¿Una sorpresa?
—Tú sólo acompáñame, por favor.
Y dicho esto, salió de la habitación.
xXx
Si Simone se dio cuenta de la horrible resaca que padecía Bill, hizo la vista gorda. Quizás porque la actitud de su hijo menor denotaba que ya estaba lo suficientemente arrepentido de su infame borrachera, sobre todo por el dolor de cabeza que le acompañó hasta el mediodía.
Poco después de comer, Tom informó a Bill que ya era hora de partir y juntos montaron en el Cadillac. Aunque al principio Bill se aguantó las ganas de preguntar, no pudo evitar intentar averiguarlo en cuanto vio que cogían la autopista en dirección a Berlín.
—¿Vamos a Berlín? —inquirió.
—Sí —contestó Tom simplemente.
—¿A qué hacer?
—Ya te he dicho que es una sorpresa.
—¿Y a qué viene esa sorpresa? ¿Un premio por mi gran actuación de ayer? —preguntó irónicamente el cantante.
Por toda respuesta Tom subió el volumen de la música. Bill se cruzó de brazos y se puso a mirar por la ventanilla, molesto. No entendía a qué venía tanto secretismo, y empezaba a arrepentirse de haber seguido a su hermano ciegamente.
Entre el silencio entre ellos, el calor y que habían comido hacía poco, Bill terminó adormilándose. Tom le miraba de vez en cuando de reojo.
El mayor de los Kaulitz sabía que estaba arriesgando mucho con aquella jugada. Bill podría regresar de aquella visita con el corazón roto en más pedazos que antes. Pero estaba cansado de aquella situación, de ver a su hermano hecho polvo día sí y día también, sin poder hacer nada verdaderamente útil al respecto. Así que si era necesario que Bill tocara fondo para seguir adelante, que así fuera.
Pero aquello era sólo la primera parte de la decisión que había tomado esa noche. La segunda parte consistía en que, pasara lo que pasara esa tarde, él le apoyaría como hermano. Nada más.
Los sentimientos confusos que había estado experimentando en los últimos días no podían ir a más. Sufriría él y sufriría su hermano.
Y no quería ver sufrir más a Bill.
xXx
Finalmente llegaron a su destino. Tom aparcó el Cadillac en el garaje subterráneo del edificio. Bill se despertó en ese momento, y no tardó en reconocer dónde estaban.
—¿Por qué hemos venido al estudio? —preguntó mientras ahogaba un bostezo.
—Para que puedas hablar con David —respondió Tom.
Bill le miró abriendo mucho los ojos.
—¿Cómo que para hablar con David? ¿David está aquí?
—Sí, estará en el estudio toda la tarde, según me ha dicho Silke por teléfono. Están haciendo unas pruebas de sonido con un grupo nuevo al que David y Patrick están planeando producir.
—¿Pero tú te has vuelto loco o qué te pasa? —exclamó el cantante—. ¡Te he dicho esta misma mañana que no tengo nada más que hablar con David!
—Y yo que creo que deberías asegurarte de eso —replicó el guitarrista—. Piénsalo Bill, más de un año de relación, ¿y de pronto te viene con que no quiere que os descubran? No tiene sentido.
Bill apoyó la nuca en el respaldo del asiento.
—Da igual si tiene sentido o no, Tom... —murmuró con gesto de cansancio—. No me quiere. Estuvo jugando todo ese tiempo conmigo, eso es todo.
Tom suspiró y a continuación cogió aire. No estaba seguro de si era adecuado revelar la escasa información que poseía.
—El otro día, cuando vinieron Georg y Gustav a casa, y Andreas nos invitó a su fiesta... —empezó—. Cuando tú subiste a por la consola, Georg comentó algo...
Un gesto de interrogación apareció en el rostro de Bill.
—¿El qué?
—Pues... que le había sorprendido que David te hubiera dado permiso para ir a la fiesta, porque el día anterior le había visto, y... le había parecido que estaba mal.
Bill alzó una ceja.
—¿Mal?
—Sí.
—¿Mal en qué sentido?
—No lo sé...
—Ya... ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—Puede que mucho...
Los ojos de Bill se clavaron unos segundos en los de su hermano. Luego desvió la mirada hacia la ventanilla.
—Si David está mal, no creo que sea por mí. Fue él quien me dejó. Además, ¡si ni siquiera me ha llamado ningún día para preguntarme cómo estaba! Está claro que pasa olímpicamente de mí.
—Todo podría tener una explicación... Así que, ya que estás aquí... ¿Por qué no lo averiguas?
Bill suspiró.
—Bill, no pretendo darte falsas esperanzas —siguió Tom—. Sólo creo que deberías aclarar las cosas con David, tener una conversación como dios manda antes de alejaros definitivamente el uno del otro. Si no, a este paso nunca saldrás adelante.
Pasaron varios segundos en completo silencio. Bill consideró seriamente la proposición de su hermano. Aquel día, cuando tuvo que llamar a David por teléfono, en verdad quedaron muchas cosas por decirse. Quizá había llegado el momento.
—Está bien —dijo de pronto, sorprendiendo gratamente a su hermano—. Hablaré con él. ¿Subes conmigo...?
Tom sonrió levemente.
—Claro.
Bajaron del coche y se encaminaron sin ninguna prisa a los ascensores. El nerviosismo se apoderó rápidamente de Bill, quien empezó a retorcerse las manos, cosa que Tom notó perfectamente, pero no le dejaría echarse atrás.
En pocos minutos llegaron al estudio. La puerta como siempre estaba abierta. Bill y Tom entraron sin llamar. A la primera que se encontraron fue a Silke.
—¡Oh, chicos, qué sorpresa! —exclamó la asistente, yendo hacia ellos con una gran sonrisa.
—Hola Silke...
La asistente primero le dio un abrazo a Tom y luego a Bill, el cual fue un poco más largo.
—¿Cómo estás, Bill? Se te ve algo pálido...
—Pero si me has llamado cada día, pesada —replicó el aludido con una sonrisa.
—Ey, no me digas eso —reclamó la joven mostrando un falso enojo—. Díselo a David, que fue quien me encargó mantenerle al corriente de tu estado. Yo le dije que no era plan de agobiarte, pero no me hizo caso... Por cierto, ¿qué tal Georg y Gustav? Georg estuvo aquí el otro día, no sé qué tenía que hablar con Patrick... pero él no estaba, así que aprovechó para escuchar al grupo nuevo que lleva unos días practicando aquí...
Silke siguió hablando pero los gemelos no la escuchaban. Tom miró a Bill, y Bill miró a Tom.
«Te lo dije», se leía en los ojos de Tom.
Bill miró de nuevo a la asistente, quien seguía hablando sola sobre la última visita de Georg.
—Silke, ¿dónde está David? —la interrumpió.
—¿David? Está con Patrick y Oliver en la sala de grabación, escuchando a...
—Vale, gracias.
Y sin siquiera despedirse de Silke, Bill partió hacia el lugar indicado. Tom sonrió a la asistente a modo de disculpa y se apresuró a seguir a su hermano.
Ambos se detuvieron frente a la sala de grabación. La estancia estaba dividida en dos partes mediante un tabique de cristal en la mitad superior, en un lado cinco chicos con pinta de emos estaban tocando una canción, y en el otro, donde se registraba el sonido, se encontraba un técnico, además de Patrick y David.
Bill no se lo pensó dos veces y abrió la puerta para entrar. El técnico, Patrick y David se giraron para mirarle, sorprendidos.
—Bill, qué sorpresa... —murmuró Patrick—. ¿Qué tal estás?
—Bien, gracias —respondió Bill secamente. Inmediatamente se dirigió al otro productor—. David, ¿tienes un minuto? Tengo que hablar contigo.
—Ahora mismo estoy ocupado, Bill —dijo David, seco.
—Es importante —insistió el cantante con mirada dura.
—Está bien —cedió el productor. Miró un momento a Patrick—. Enseguida vuelvo.
Bill salió de la sala y David lo hizo tras él.
—Ah, hola Tom —saludó al mayor de los Kaulitz.
—Hola —saludó Tom sin demasiado entusiasmo.
David adelantó a Bill y se dirigió a otra habitación que empleaban como sala de reuniones. Antes de seguirle, Bill le dirigió una última mirada a su hermano, quien le guiñó un ojo.
«Suerte», le dijo sin palabras.
Bill asintió, respiró hondo y entró en la sala de reuniones junto a Jost.
