"Los he encontrado."

El hombre, que no aparentaba más de veinte años dio un paso adelante hacia el salón. Sus ojos mostraban odio y una madurez que no era propia de su edad. Se movía con decisión, pese a que delante de él tenía hombres importantes y peligrosos. Su hacía mal su trabajo, podían matarlo sin dudar, pero si por el contrario lo hacía bien, la recompensa sería enorme.

"No hagas falsas promesas muchacho. No eres el primero que dice algo así. tu predecesor también los encontró y volvió malherido y sin el príncipe. Así que ten cuidado con tus palabras."

"No tengo miedo a decirlo. Se donde están. En realidad ha sido mi predecesor quien me lo ha dicho. Es un hombre sincero cuando se le hacen las preguntas adecuadas." El muchacho sonrió, mostrando una expresión horrible.

Los demás hombres, sentados alrededor de él, se miraron. Sin decir nada, todos comprendieron lo que eso significaba. Habían oído hablar sobre la reputación del muchacho y lo que era capaz de hacer por llevar a cabo sus propósitos. Seguramente no volverían a ver a su primer asesino nunca más.

"Me ha contado algunas cosas interesantes sobre el príncipe, pero sobretodo sobre su sirviente." Se escucharon murmullos, pero nadie dijo nada el voz alta. "El chico es un brujo y muy poderoso por cierto."

"No sabemos nada de eso. ¿Estás seguro de tus palabras?"

"Estoy seguro de lo que ese buen hombre me dijo. Se que fue sincero." Recordaba lo mucho que le había costado conseguir aquella confesión, pero tras las horas gastadas en ello, no había duda que había sido sincero. La pena era que no podría volver a preguntarle nada. "Ahora tan solo espero que me déis la oportunidad de terminar su trabajo. El brujo está herido, no podrá hacer nada si ataco ahora. En cuanto al príncipe, también se su punto débil."

"¿Cuál es?"

el muchacho notó los nervios en el resto de los presentes, los tenía justo donde quería, su concentración era total, ahora dijera lo que dijera, estaban de su parte, dispuestos para ayudarle. La fama sería suya, el poder y el honor por haber matado a Arthur Pendragon. Pero además ganaría algo más; ese brujo, Merlin, era un poderoso, se preguntó si sería tan poderoso como él. cuando lo tuvieran en sus manos, cuando pudiera jugar con él y sacarle toda la información, todos sus conjuros… entonces se convertiría en el mejor hechicero que nunca había existido y el poder completo sería suyo.

"Lo siento pero no me gusta revelar todos mis secretos. Si los supierais, ¿Qué os impediría acabar conmigo?" Los miró a todos, estaba seguro que más de alguno de aquellos brujos estaría encantado de verlo muerto. "Lo único que espero es vuestra aprobación para regresar allí y terminar el trabajo."

"Traerás la cabeza de Arthur." Dijo el mayor de los hechiceros, todos le miraron a él con respeto y en completo silencio. "Quiero ser yo personalmente el que le entregue la cabeza a su padre." Todos asintieron, nadie dijo nada al respecto.

"La cabeza del príncipe será tuya."

El joven hechicero, tan solo pensaba en la otra cabeza, la que le daría poder y riqueza. Merlin le daría lo que siempre había deseado.

- o -

"¿Se puede saber que haces aquí? Tendrías que estar descansando."

Merlin se dio la vuelta al escuchar la voz de Arthur tras él. Se había despertado hacía un par de horas, pero el príncipe dormía como un tronco. No había querido molestarle, no cuando había pasado casi toda la noche sin dormir por cuidar de él.

Le dolía la mano, pero los calmantes que Ianto y Jack le habían estado dando le estaban ayudando mucho.

"Lo siento no quería molestarte, parecías realmente cansado."

Arthur se acercó a él y rodeó su cintura lentamente, como si temiera hacerle daño al tocarle. Rozó con su cabello el cuello de Merlin y lo escuchó suspirar, como un gatito al que estaban acariciando.

"No soy yo por quien deberías preocuparte."

"Pero tu herida… podías haber muerto."

"Merlin, estoy bien, de verdad. Por si no te acuerdas, un tipo te ataco, intento usarte y te rompió la muñeca, por no hablar de tu cabeza. pero bueno, supongo que eres demasiado testarudo."

Tomó entre sus manos la muñeca herida de su amigo. desearía tener poderes, usar la magia para quitarle el dolor, que estaba seguro que su amigo tenía y que no quería decirle para no hacerle sentir mal.

"¿Te duele?"

"En realidad no. No se lo que Jack me ha dado, pero me dijo que me quitaría el dolor. No le creí, pero es cierto, casi no hay ningún dolor."

Se estremeció, como si estuviera muerto de frío, no pudo ocultarlo. Bajó la mirada, no quería que Arthur le viera, pues entonces podría ler su mente y saber lo que estaba pensando y sintiendo. Demasiado tarde, llevaban mucho tiempo juntos, al menos como amo y sirviente como para que el príncipe no pudiera leer más allá de sus ojos.

"Es igual, vamos es hora de volver a la cama." Mantuvo con fuerza su mano rodeando la cintura, pero Merlin no se movió. "¿Qué ocurre?"

"¿Dónde estamos?" Dijo Merlin sin dejar de mirar las pantallas y ordenadores que tenían delante de sus ojos.

"Torchwood, ya nos lo dijo Jack."

"Si, lo se, pero nunca he visto nada parecido a esto. No se trata de magia, podría sentirlo si lo fuera, pero no lo es. Esto es algo distinto, fuera de nuestro alcance. Se que nos hablaron del futuro, pero esto…" había tantos ordenadores, pantallas, luces y sonidos, jamás hubiera pensado que el futuro fuera algo así.

Se dio la vuelta para seguir mirando a su alrededor, pero al hacerlo, la habitación comenzó a darle vueltas en la cabeza. Si no hubiera sido por Arthur que le sujetó con fuerza y dejó que se apoyara sobre él, hubiera caído al suelo sin remedio.

"¿Lo ves? Necesitas descansar. Vamos al cuarto."

"No, espera."

Merlin tomó el rostro del príncipe entre sus manos y le besó en los labios. Se trataba de un beso sincero, romántico, tal vez uno de los primeros que daba en su vida. abrazó a Arthur, rodeando su cuello con el brazo sano, mientras notaba lso brazos del príncipe rodeando también su cintura.

"Necesito darte las gracias."

"¿Por qué?" Preguntó Arthur

Los ojos azules de Arthur se encontraron con los suyos. Por fin, no parecían realmente los de un amo, sino los de un verdadero príncipe para Merlin. Aquellos ojos parecían mirarlo con devoción, pero también había dolor y pesadumbre en su interior.

"No deberías estar cuidando de mi, al fin y al cabo no soy más que un sirviente. Yo soy el que debería estar encargándome de todo lo que necesitaras y en lugar de eso, mírame, soy un inútil, que ni siquiera puede mantenerse en pie."

Arthur no le dejó terminar, selló su boca con un nuevo beso que le dejó sorprendido; el príncipe nunca había sido totalmente espontáneo con él, Merlin siempre había estado seguro que había una parte de él que se guardaba, que no le mostraba, tal vez porque no era más que un simple sirviente. Le sonrió con naturalidad y cariño y le acarició la mejilla.

"No eres un simple sirviente." Merlin se sorprendió, parecía que le había leído el pensamiento. "en realidad creo que nunca lo has sido, pero no me atrevía a decirlo en voz alta por miedo a lo que pudiera decir mi padre o incluso a que tu no sintieras lo mismo por mi."

Merlin sonrió, pro una mueca de dolor desdibujó su expresión.

"Vamos." Continuó diciendo el príncipe. "No soy médico, pero se lo que es tener algún hueso roto. Necesitas descansar." Deposito un pequeño beso sobre su frente y rodeando una vez más su cintura comenzó a llevarlo de vuelta a la habitación.

Merlin se dejó llevar, con la cabeza apoyada sobre el hombro de su compañero, escuchándole hablar de cómo iban a ser las cosas cuando volvieran a Camelot, como ocultarían a su padre su relación y como iba a cuidar de él.

"Porque no voy a dejar que nadie más te haga daño."

"Pues lo siento, pero creo que no vas a poder cumplir tu promesa." Dijo el muchacho que les esperaba a la entrada del dormitorio. Portaba una gran espada y dos saquitos colgaban de su cinturón.

"¿Quién eres?"

Muy despacio, Arthur hizo que Merlin se colocara detrás de él. esta vez no iba a permitir que arriesgara su vida para salvarle a él y menos cuando estaba herido. Lo notó estremecerse pero no dijo nada. tan sólo esperaba que no decidiera usar su magia, sabía que eso le agotaría.

"Vamos dime quien eres."

"El hombre que te va a matar." Arthur miró a su alrededor, esperaba escuchar una alarma, los pasos de Jack o Ianto acercándose, pero nada, todo estsaba en silencio excepto por la voz del muchacho que tenía delante. "Se me había olvidado comentarlo, las alarmas están cortadas y vuestros amigos están muy ocupados luchando contra una ilusión que yo mismo he creado, especialmente para ellos."