Serena huía de mi todo el tiempo, no contestaba mis llamadas, menos mis mensajes, me había borrado de su cuenta, no me recibía en su casa. Si la veía en la calle, con ese cretino, me acercaba a ella sin dudarlo, y ellos se retiraban.
No lo soportaba más, no iba a dejar las cosas así de fácil. Pasaron varias semanas y la angustia cada vez me destrozaba más. Mi madre preocupada intentaba hacerme entrar en razón, pero no la escuché, ni a ella ni a Hotaru, quien también trató de animarme. Duré días dándole vueltas al asunto, tratando de localizarla, de acercarme a ella. Pero nada.
Mientras los días pasaban, cada vez me volvía más loco. Por la noche, recostado en mi cama, pensando en ella, no pude resistirlo más; me puse de pie y así, incluso en pijama, salí de mi habitación sigilosamente. Baje las escaleras y abrí la puerta principal con el mayor silencio posible; al estar en la calle comencé a correr desenfrenadamente.
Al llegar a mi destino, me detuve un momento para tomar aire, miré hacía el interior, todo estaba muy oscuro. Era muy tarde, seguro todos estarían dormidos, pero yo sabía perfectamente dónde era su habitación.
Caminé hacía la parte trasera de la casa, su ventana estaba semiabierta, "perfecto", pensé. Aunque la luz estaba apagada pude observar que un pequeño resplandor salía, supuse que era su televisor. Así que me decidí empezar a escalar. Con mucha dificultad llegué hasta arriba y con cautela me introduje a la habitación. Tumbado, me puse de pie y miré a mí alrededor.
Serena me miraba incrédula, con los ojos abiertos como platos, reprimiendo un grito con la mano tapándole la boca. Nos miramos así durante un rato hasta que su rostro cambió de expresión a una menos sorprendida.
Decidí acercarme a ella con lentitud y la observé en el trayecto. Lucía su pijama también, aun así lucía hermosa. Su pijama rosa resaltaba el tono de su piel, la hacía ver más blanca y tierna.
A unos pocos centímetros de mi, al fin logré sentirla cerca, en voz muy baja me habló.
-¿Qué haces aquí, a estas horas?
Por el tono de su voz pude notar que estaba algo enfadada.
-No querías contestar mis llamadas, ni mis mensajes, me privaste de cualquier clase de comunicación, huías cada vez que me veías, ¿qué querías que hiciera?-respondí en el mismo tono.
-Te dije muy claro que ya no quería nada.
-Y yo te dije muy claro que no te dejaría.
Su mirada inquisitiva y retadora me escudriño, yo la miré con dulzura y una sonrisa socarrona, como diciéndole que no podía huir de mi por siempre.
-Muy lista, Serena Tsukino, casi has logrado matarme estas últimas semanas. Pero no, aquí sigo, frente a ti, y quiero que intentes huir de mi ahora.
-¡Por Dios!, ¿por qué haces esto?, ¿por qué no simplemente aceptas que no te quiero y te retiras decentemente?, ¿por qué tienes que venir hasta mi habitación?
-¡Porque te amo!-dije en voz más alta.
Serena me tapo la boca con la mano y esperamos a que mi grito no se hubiera escuchado.
Me retiró la mano y luego volvió a mirarme molesta.
-Deberías irte, ha sido inútil que hayas venido hasta acá por nada.
Sonreí descaradamente y acorté la distancia entre los dos, la tomé por la cintura lentamente y le apreté contra mí. Noté como se comenzaba a poner nerviosa e intentaba separarse de mí, cuando vio que no podía dejo de forcejear. Me miró, aunque no supe si su mirada me pedía que la dejara o que la abrazara incluso más, preferí pensar lo segundo.
Acerqué mi rostro al de ella y sin pensarlo dos veces planté mis labios sobre los de ella, apretándolos ligeramente, sintiendo todo el sabor dentro de mí. Hacía tanto tiempo que no probaba sus labios que casi quise morir, sus besos me devolvían a la vida.
Sentí como Serena rodeaba mi cuello con sus brazos, sabía exactamente lo que eso significaba, me deseaba, me quería, anhelaba mis besos al igual que yo los de ella. Me invitó a que siguiera besándola al apretarse más contra mí. Y le hice caso, la besé con más intensidad.
Cuando nuestras bocas ya no deseaban separarse, fue ella quien rompió el encanto.
Se separó de mí bruscamente y me miró, con cierto enojo, se acercó a mí y me abofeteó.
La miré confundido mientras llevaba una de mis manos a la mejilla golpeada, no entendía lo que sucedía.
-Será mejor que te vayas, Diamante, y que no vuelvas, y tampoco intentes contactarme, ya sabes que la respuesta siempre será no.
Un silencio prolongado inundó la habitación, cerré mis ojos para contener la rabia que eso me producía. Ella sabía perfectamente que yo no podía dejarla así de fácil, y sin embargo ella me invitaba a amarla y luego me alejaba.
Me encolericé, odiaba que tratara de alejarse de mi cuando ambos sabíamos que nos queríamos.
Sin despedirme regresé a la ventana y baje sin cuidado alguno. Al llegar al suelo regresé a mi casa a paso lento, no pudiendo dejar de pensar en lo ocurrido. Al llegar noté que nadie se dio cuenta de mi ausencia y me recosté de nuevo.
¿Qué haría ahora?, cada vez estaba más convencido de que no deseaba ni podía dejarla, pero ella no se cansaba de alejarme, aunque su mirada me revelaba otra cosa, no tenía la más remota idea de que pensar o hacer.
¡Serena Tsukino, tienes que ser mía, toda mía, solo para mi!
