Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, son creación de Naoko Takeuchi, yo solo los utilizo en esta historia sin fines de lucro y para entretener solamente.

En el capítulo anterior…

Una agradable mañana, Serena Tsukino se dirigió a su nuevo empleo en un reconocido instituto de la ciudad.

- Estoy muy emocionada señora Zirconia-.

- Eso es bastante normal, en el primer día- comentó con una sonrisa la mujer de edad avanzada.

- Aquí esta su grupo- señalo- suerte y espero no me decepcione, viene altamente recomendada y confío en sus capacidades- dijo en tono severo.

- Haré mi mayor esfuerzo- aseguró la rubia.

Al abrir la puerta una docena de niños de 5 años veían expectantes a la directora de su colegio y aún más a la nueva maestra.

- Niños, les presento a Serena Tsukino, su nueva maestra- indico la mujer con autoridad.

- ¡Hola señorita Serena!- exclamaron los niños a coro.

- Hola pequeños- contesto la aludida con una gran sonrisa.

- Eres muy bonita maestra- se dejo escuchar una tierna vocecita.

Serena busco al dueño de la misma, encontrándose con un pequeño pelinegro de ojos azules que la llevaron a retroceder casi veinte años, a la escena en la cual ella conoció a su príncipe azul, al hombre que le había robado su corazón siendo apenas una niña y que días antes había decidido finalmente olvidar.

- ¿Cómo te llamas?- cuestiono con un hilo de voz, luchando por tener calma y sacar de su mente ese doloroso recuerdo.

- Mi nombre es...

Capítulo 10: Ciclos y señales.

Un mes es el tiempo que la profesora Serena Tsukino tenía al frente de su grupo de preescolar, era muy dedicada, amable, cariñosa y dinámica en sus clases, debido a esto, su grupo era muy destacado y ella muy querida por sus pequeños alumnos.

Fuera del incidente de su primer día, en donde se había impresionado mucho con un alumno en particular, la normalidad era el común en la vida de la rubia.

Un suspiro escapo de sus labios ante la atenta mirada de una joven de hermoso pelo aguamarina. Algo ocurrido en ese día llego a la mente de Serena.

Flash Back.

- Buenos días niños- saludó al ingresar a su salón de clase una entusiasta profesora.

- ¡Buenos días señorita Serena!- respondieron a coro sus alumnos, ella sonrío con dulzura.

- Señorita Serena- la llamo tímidamente un pequeño pelinegro.

- ¿Sí? ¿Qué sucede Zafiro?-.

- Para usted- indicó al extender su brazo, una hermosa rosa roja apareció, él bajo la vista sonrojado, su profesora sonrío y tomo la flor.

- Gracias Zafiro, es muy hermosa-.

- De nada- susurró el niño retirándose a su lugar.

Fin del Flash back.

La verdad es que Serena no podía explicarse la extraña sensación que la albergaba al estar cerca de ese niño, debía reconocer que en un principio le impresiono mucho su parecido con él y la sensación que le provocaba al interactuar en clase, la incomodaba en un principio, porque nunca nadie la había hecho sentirse así, con miedo y a la vez alegre, ahora, con los días estaba segura que lo que pasaba era que le hacía imaginar a su hijo, a ese pequeñito que no conoció, a ese niño que además de su ilusión, se llevo con ella su corazón. La rubia pensaba que en Zafiro por su parecido con Darién veía a su pequeño Mamoru.

- ¿En que piensas?- le cuestiono una voz obligándola a salir de sus cavilaciones.

- En los huecos que ahí en mi vida-suspiro.

- Sere...- susurró la joven algo incómoda con la respuesta.

- No Michi, no habló de mi hijo- aclaró con una triste mirada –aunque no te niego que aún duele y se que nunca dejara de doler, el que me haya resignado no quiere decir que ese acontecimiento tan importante para mí como fue mi breve maternidad este en el baúl del olvido, aún no he logrado eso- informó con tono apagado.

- Entonces... ¿A que hueco te refieres? ¿Al amor?-.

- A todo, fuera de mi trabajo y ustedes, no hay nada más- reconoció mirando hacía la ventana que parecía más entretenida en estos momentos.

- ¿Tú quieres a que deseas que lo haya? ¿Tú quieres más?- la rubia la observó fijamente y sonrío débilmente.

- ¿No es lo que todos queremos?- Espetó con nostalgia.

Su cuñada asintió y ambas se perdieron en la respuesta que cada una tenía para ese pregunta y es que Michiru Tsukino tenía un anhelo, ese algo más del que Sere hablaba: UN HIJO. Y es que con casi 5 años de matrimonio a su vida aún no parecía querer llegar la cigüeña, pese a que según varios doctores que ella y su esposo habían consultado ambos estaban perfectamente de salud y en condiciones para concebir.

- Sí- respondió finalmente –es lo que todos queremos-.

EUA.

- No puedo Saori, tengo una cita con Berejerite- expresó con cansancio un pelinegro de ojos azules.

- Lo prometiste- un peculiar puchero adorno el rostro de la joven pelirroja.

- Sí, pero no es mi culpa que el día de la operación sea justo el único día que tengo libre en tres semanas-acotó exasperado el joven quien yacía acorralado en un pasillo de la clínica en donde laboraba como médico.

- ¡Darién!- Exclamó- ¡Por favor! Solo habla con los padres, se te da mejor que a mí- rogó desesperada.

- Esta bien, hablaré con ellos y me voy- acordó suspirando, al final siempre hacía lo que su amiga le pedía.

- ¡GENIAL!- Gritó con júbilo la chica – Gracias Dari- le dijo besándolo en la mejilla antes de caminar en dirección contraria a la que se dirigía el pelinegro antes de ser acorralado por ella.

Y es que sí hace 4 años le hubieran dicho a Darién Chiba que la relación con Saori, la mujer que tantos problemas había causado en la única relación seria que había tenido con una mujer, volvería a ser su amiga no lo hubiese creído, pero las personas cambian y si cometieron errores y se arrepienten es justo darles una segunda oportunidad y él lo había hecho. Saori formaba parte de sus amigos en EUA, aunque a Loren y Taiki no les hacía mucha gracia y se la pasaban amonestándolo todo el tiempo, sobre todo cuando ese tiempo involucraba estar con ella.

- Así que...Un nuevo intento de arruinar tu cita con Berjerite- comentó una joven sentada en una mesa de la cafetería del lugar.

- Eso es ironía o sarcasmo- espetó el pelinegro divertido.

- Solo es la verdad- afirmó sin levantar la vista de ciertos papeles que leía.

- Es un favor como los muchos que te hago a ti-.

- Siempre te los pide cuando sales con alguna chica ¿No lo haz notado?- cuestiono la chica elevando la voz.

- Exageras- afirmó él.

- No Darién, tú no lo ves, que es diferente- comentó al llegar un guapo, alto y castaño médico de semblante serio.

- ¿Tú también Taiki?- Dramatizó.

- Déjalo Tai- le dijo a su novio -luego no digas que no te lo advertimos- expresó molesta y fijando su vista en su amigo.

Darién solo se encogió de hombros y suspiro -¿De donde vienes?- le cuestiono al castaño.

- Fui a pedir un permiso- informó –necesito unos días para ir a Tokio a resolver unos asuntos-.

- ¿A sí?- el pelinegro enarcó una ceja confuso -¿Tú lo sabías?- preguntó a la chica, la cual asintió y se revolvió incómoda en su asiento.

- Me lo dijo ayer- confesó la joven -¿Cuándo te vas?- cuestiono en un hilo de voz a su pareja.

- En tres días, es urgente que este cuanto antes allá-comento Taiki algo serio y evasivo.

- Entiendo- murmuró ella –los veo después tengo una ronda por hacer- dicho esto se levantó rápidamente y sin despedirse del castaño salió del lugar sin voltear atrás.

- No le agrada nada tu viaje- expresó preocupado el pelinegro.

- No- aceptó el castaño –tiene miedo- agregó –por Ami- finalizó suspirando.

- ¿Hay razones?- increpó su amigo.

- Solo una Chiba-.

- ¿Cuál?-.

- Que el viaje es para cerrar ciclos y eso la incluye a ella-.

- Taiki- Murmuró el joven frente a él, "eres valiente" pensó, y es que él desde la última vez que había visto a su princesa no había querido saber más de ella, no porque ya no le interesará o hubiera dejado de quererla, era simplemente porque tenía miedo de lastimarla de nuevo, de volver a portarse como un idiota, por eso evitaba su país natal, por eso cuando llamaba no preguntaba por ella, por eso había decidido seguir adelante y dejarla seguir a ella, por mucho que doliera.

Tokio, Casa Chiba.

Setsuna Chiba se encontraba preparando la cena en silencio y mirando el horizonte. Estaba tan absorta que no siquiera noto cuando una de sus hijas entró a la cocina.

- Desde que volviste de visitar a ese, estas muy extraña –afirmó una guapa pelinegra -¿Le pasa algo a ese?- cuestiono tratando de sonar indiferente.

- Ray, deja los rencores "ese", es tu hermano- le recordó con una mirada de advertencia.

- ¿Y qué?- alego –prometió venir a mi petición de mano y no cumplió- espeto molesta, como siempre que salía el tema a colación.

- Tuvo un contratiempo- recordó su madre.

- Como siempre- atacó mordaz la joven.

- No discutiré eso- suspiro por vencida Setsuna y se concentró en proseguir su labor.

- Bueno ya... ¿Le pasa algo malo?-.

Su madre suspiro -¿Recuerdas a esa chica Soaori?-.

- La loca obsesionada ¿Quién no?- respondió rápidamente.

- Trabajan juntos- informó.

- ¿¡QUÉEEEE!- Gritó –Estas de broma ¿No? ¿Juntos?- cuestiono al aire airadamente –Pobre Darién lo ha de pasar muy mal con ella ahí-.

- Son amigos aparentemente- comento preocupada la mujer.

- ¿Aparentemente? ¿Aparentemente? ¿APARENTEMENTE?- gritaba furiosa Rey -¡NO PUEDE SER CIERTO!-Acotó histérica –Esa mujer es una arpía, una bruja, una...Una zorra- finalizó respirando entrecortadamente.

- Cálmate hija, tu hermano no es tonto, así que si el decide tener algún tipo de amistad con ella es porque esta convencido de que no le ocasionara problemas ¿No crees?-.

- La verdad mamá es que ya no se que creer o pensar de Darién, en estos años no lo he visto mucho, y después de las veces que nos ha dejado colgadas con las vacaciones tampoco hablamos como antes...Además- un suspiro escapo –se ha portado como un cretino con Sere y ella no se lo merece- finalizó con una mirada cargada de tristeza.

- Lo sé linda, tú sabes como aprecio a esa niña, pero todo pasa por algo, quizás no estaban destinados a estar juntos-.

- Yo se que sí mamá, solo había que verlos para saber que ahí había amor de verdad- su madre negó con la cabeza y murmuró.

- Quizás sí, ahora lo que más me preocupa es Darién y que este bien, según sé Saori es amiga de la chica con la que esta saliendo, pero esa cercanía no me agrada- comentó con preocupación.

- Te entiendo mamá, pero de igual forma mi hermano ya no es un jovencito, es un hombre hecho y derecho que sabrá distinguir lo que le hace y no le hace bien- la reconfortó Ray.

- Sí, lo sé...Por cierto ¿Le vas a contar a Sere las noticias sobre él?- Le cuestiono con verdadero interés.

- No- declaró con rotundidad.

- ¿Por qué?-.

- Por que no se la merece- concluyó con nostalgia.

A unos kilómetros de ahí.

- "Son hermosas"- pensó una guapa peliazul al revisar las invitaciones para su boda que recién acababan de llegar.

- Aún puedes desistir de la boda, en caso de que tengas dudas- comento una voz a sus espaldas.

- No tengo dudas mamá- expresó con firmeza.

- ¿Y entonces porque esa mirada de tristeza?- añadió con preocupación la aludida.

- No es tristeza, es preocupación- se defendió.

- ¿Qué pasa?- inquirió la señora Mizuno.

- Las dudas, creo que esas las tiene Steve- la sorpresa fue evidente en el rostro de su madre –no me mires así- se defendió su hija –se la pasa cuestionándome sobre si creo que estoy tomando la decisión correcta y eso- dijo con un dejo de tristeza –y me duele- añadió.

- Ay hija, no se que decir-.

- No digas nada, quizás son los nervios ¿No?- cuestiono intentando tranquilizarse ella misma.

- Quizás- concedió su madre abrazándola fuertemente.

Pero la mente de la dulce Ami no dejaba de pensar en la hosca actitud de su querido Steve de unos días para acá y esto la tenía intranquila, estaban a 15 días de su boda, las cosas no debían ser así.

- Lo amo mamá, lo amo de verdad, no quiero sentirme así- sollozaba Ami.

- Tranquila hija, solo son nervios, verás como pronto cambia su actitud. Ami se acurrucó más en su pecho para buscando reconfortarse con la calidez de su madre.

La mente de la señora Mizuno era otro cuento, ella al principio dudaba de su casi yerno, le parecía algo misterioso y su relación se basaba en mero formalismo y cortesía, cuando su hija anunció el noviazgo con el chico a la prestigiada doctora no le hizo mucha gracia, pero recordar lo devastada que Ami había quedado tras la ruptura y posterior viaje de Taiki y comparar esos momentos con la sonrisa que irradiaba al estar con Steve, hablar de él y tenerlo en su vida, la habían llevado a bajar la guardia con el moreno. Sí, se dijo la mujer, él estaba nervioso, no había otro motivo para que las dudas lo asaltaran, el amor y la devoción por Ami se notaba a leguas de distancia, por mucho que ella pensara que el matrimonio era precipitado.

En otro lugar.

- Vaya, me sorprende tu visita- la ironía en la voz de una pelirroja era evidente.

- Tú sabes que no es cierto- reprocho el recién llegado –después de tu llamada es obvio que sabías que vendría-.

- Es cierto- rió maliciosa –yo sabía que vendrías- agregó triunfante.

- ¿Qué quieres?- cuestiono secamente.

- Dinero y tu ayuda- lanzó rápidamente- él rió socarrón.

- No-.

- Hay métodos para cambiar tu respuesta ¿Sabes?-.

- No te tengo miedo, yo nada tengo que ver con tus delitos-.

- Pues no, pero si yo bien recuerdo, te haz beneficiado mucho de mi noche de pasión con Taiki ¿Verdad?- el joven frente a ella se tenso y ella solo negó sonriente –ya recordaste- se burló –además te vas a casar con su ex novia- agregó maliciosa –como verás, yo se cosas que a ti en estos momentos no te conviene que se sepan- finalizó sonriendo.

- Y esperaste cuatro años para chantajearme con eso, eres patética -¿Por qué crees que te creerían? ¿Sobre todo Ami?- cuestiono burlón –ella me ama- le hecho en cara -¡ME AMA!- Gritó.

- Por que no conoce tu carteta calculadora, si yo fuera tú, mejor me aseguraba de que las cosas siguieran como están-.

El tenso silencio embargo la habitación, ambos con miradas desafiantes no apartaban la vista del otro en ningún momento. Tras una gran lucha interna por parte del hombre y un suspiro, la negociación concluyo.

- ¿Qué y cuánto quieres?- cuestiono fríamente.

- Ves, así es mejor para ti- lo animo la pelirroja.

Tras hablar de números y detallar lo que ella quería que él hiciera, presuroso, el joven se dispuso a salir de ahí.

- Una cosa más Steve- el se detuvo en seco –yo soy fiel a mis promesas, así como acepte que te hicieras para atrás en nuestro primer trato y así como he acordado no molestarte más ni a ti, ni a ella, quiero que sepas algo importante-.

- Yo nunca me acosté realmente con Taiki-.

El moreno abrió los ojos sorprendido –te vi desnuda con él- acotó confuso.

- Viste lo que yo quería que vieran-.

- Eso no me importa, ahora ya no interesa de todos modos- murmuró el joven recordando a su novia y su inminente boda.

- Sí importa mi querido Steve, porque eso te recordará que tú no eres el chico tan genial que ella cree, yo no haré nada para perjudicarte querido, créeme, tu mismo lo harás- se burló sin apartar su temible vista depredadora de él.

Una semana después.

En la casa de los Black se respiraba la calma, esto según Malaquite Black, primo del dueño de la residencia en cuestión.

- ¡Wow! ¿A dónde tan elegante?- Cuestiono burlón el peliblanco.

- Tengo una reunión de padres- informó su primo Diamante secamente colocándose el saco que complementaba su atuendo.

- ¿Y por eso te vistes así?- Acotó escéptico.

- Fue idea de Zafiro- se justificó el aludido.

- Debe querer que causes una buena impresión- afirmó sin quitar su burlona sonrisa exasperando a su primo.

- Eso es obvio- alegó encogiéndose de hombros, el resignado padre.

- ¿Por qué me llamaste si vas a salir?- preguntó desconfiado Malaquite.

- Eres mi acompañante- respondió indiferente.

- ¿A que hora decidí eso?- Refunfuño.

- Cuando te burlaste de mi atuendo- recordó con una victoriosa sonrisa.

- Ya veo, lo que pasa es que no puedes vivir sin mi, admítelo primo, me adoras- bromeó.

- Seguro, también por eso- expresó sarcástico el peliplateado.

En otro lugar.

Dos rubias acomodaban sillas, preparaban folletos y terminaban de colocar algunos bocadillos en algunas bandejas, era obvio que esperaban invitados, el motivo, la primera reunión escolar en donde la profesora Serena Tsukino además de presentarse oficialmente a los padres de sus alumnos informaría a los mismos de varias actividades a realizarse en la institución.

- Gracias por acompañarme Mina-.

- No es nada, no tengo nada mejor que hacer- respondió indiferente la rubia de lazo rojo.

- ¿Sarcasmo?- Cuestiono la profesora frunciendo en entrecejo.

- Claro que no- contesto sonriendo su acompañante.

- Ya decía yo, te sirvo de tapadera para evitar a Yaten y a sí me pagas- se quejó dramatizando mientras acomodaba algunas sillas en el lugar.

- Me doy a desear- corrigió Mina- ya sabes, para mantener viva la llama de la pasión- agregó con su característico tono jovial.

- Sí, me imagino- suspiro Serena.

- ¿Sabes prima? Y no miento eeeee, te ves guapísima- la aludida sonrío – vas a causar sensación en la reunión, ya verás- anunció enigmáticamente.

- Guapísima, pero profesional, espero- comentó la joven maestra, su prima asintió- gracias Mina, estoy nerviosa- confesó.

- No tienes porque, eres buena, lista y los niños te adoran-.

- Es verdad- sonrío, y a su mente llegaron 12 tiernos rostros de sus pequeños alumnos, aunque uno en especial ocupaba más espacio que los demás: Zafiro Black.

Una hora después.

- ¡Señorita Serenaaaaa!- gritaba emocionado un pequeño pelinegro que corría hacia su rubia profesora.

- Ey... ¡Hola Zafiro! ¿Por qué tan agitado?- Cuestiono con dulzura la aludida.

- Quería llegar a tiempo- se justifico sonrojado el niño.

- ¿Y qué crees? ¡Lo haz logrado!- Ánimo la rubia sonriendo –pero sabes, debes esperar a tu papá en el patio, ahí dentro- señalando el salón de clases –solo estaremos personas adultas hablando cosas de grandes- explico en tono confidencial.

- Lo sé, señorita Serena, por eso mi tío Mal vino, para cuidarme- informó sonriendo ampliamente.

- Me parece perfecto ¿Y tu padre? Ya casi es hora –recordó viendo su reloj.

- ¡Ahí viene!- Gritó el niño apuntando una figura masculina que caminaba seguro y con aplomo por el pasillo.

Serena se distrajo viendo hacía el interior del salón para cerciorarse de que los padres que ya habían llegado no estuvieran muy impacientes.

- Buenas noches- una profunda voz la sobresaltó, obligando a la rubia a girar su rostro.

- Buenas noches... ¡BIENVENIDO!- Acotó ella, respondiendo el saludo y sonriendo amablemente –Serena Tsukino- se presentó.

- Diamante Black- respondió él algo turbado.

El impacto que causo la identidad de la joven en el recién llegado no fue notado por la rubia, quien, simplemente se limitó a sonreír invitándolo a unirse a los ya presentes.

En total confianza y como toda una profesional Serena explicaba sus logros, tanto grupales, como individuales, todos esos comentarios, tenían como protagonistas a sus alumnos, obviamente. Su gran carisma, suavidad y delicadeza al expresarse tenían fascinados todos los padres de familia, en especial al señor Black.

Diamante estaba aturdido con ella y por ella y es que…¡ERA ELLA!, pensaba eufórico, a la par que júbilo, emoción, ansia y ¿Felicidad?, bueno, MUCHA EMOCIÓN, rectificó mentalmente, lo agolpaban en todo su ser...Pero no podía negarse o dudar, que sentía todo eso, con sólo verla, ¡ASÍ ERA!...En aquel entonces, cuando la conoció, no había podido preguntar su nombre, pero estaba seguro, sin temor a equivocarse que...Aquella abatida rubia de preciosos ojos celestes del lago era la misma rubia frente a él, la cual sonreía con dulzura al explicar y responder las dudas de los presentes.

- No me habrá reconocido- murmuró en voz baja, la persona sentada delante de él volteo a verlo enarcando una ceja, él sólo sonrió a modo de disculpa.

Después de la formalidad de la reunión, se ofrecía un pequeño refrigerio, en el cual si participaban los niños, ya que al mismo tiempo se podía disfrutar de los proyectos, trabajos y manualidades hechos en la clase.

Serena sonrió al ver a Mina acaparada por algunos padres "el precio de la fama" había dicho la rubia de lazo rojo al ser abordada por sus "fans".

- Es un gusto conocerla al fin- dijo una voz profunda a su lado, obligándola a girar el rostro –sobre todo porque he comprobado que las maravillas que dice Zafiro de usted están bien justificadas-.

Un leve rubor cubrió las mejillas de la profesora –es un honor saber que uno de mis alumnos opine eso de mí-.

- Yo creo que es una idea general- replico él, señalándose él mismo y a todos los demás.

Ella rió melodiosamente –supongo que tiene razón- sus ojos brillaron al posarlos en los niños, Diamante sintió una sensación cálida, anhelante, que lo asusto, pero que era agradable al mismo tiempo.

Zafiro llegó acelerado y la rubia poso sus ojos en él, dirigiéndole una mirada tan dulce que Black sintió que se derretía ahí mismo.

- El tío Mal dice que ya tiene que irse- se quejó, y entonces reparó en su padre y su maestra, abrió los ojos y posteriormente rió -¿Verdad que la señorita Serena es muy linda papá?- Preguntó.

- Eh, pues- la joven desvió la vista -¡Zafiro!- Articuló al fin el peliplateado.

- ¿Qué?- Expresó el niño en tono inocente. Unos niños más se unieron al trío y Diamante supo que la hora de retirarse había llegado.

Casi una hora después, tanto como el peliplateado como la rubia eran abordados por sus respectivos primos.

- Ahora ya se porque tanto arreglo Ante- bromeó Malaquiete en tono burlón, mientras aparcaba el coche frente a la casa de su primo.

- Shh Mal, que Zafiro puede oírte- lo reprendió el aludido.

- Bahh, esta dormido...Y no lo culpo, me mantuvo en constante movimiento mientras tu coqueteabas con la atractiva señorita Serena- comentó entre dolido y divertido.

- Ehhh, ¡Yo no coqueteaba!- Se defendió en un susurró.

- Claro, claro ¿Y esa miradita al despedirte?-.

- Que bobo- se limito a decir con su hijo en brazos.

- Es lo que yo digo, parecías haber encontrado el camino a la felicidad- lanzó con ironía.

Dimanante rodó los ojos y con su pequeño Zaf en brazos, se adentró en la casa, Malaquite se tiró a un sofá cercano mostrando su fatiga, Ante volteo y comento en un suspiro.

- Tal vez tengas razón-.

- Eh- articuló Mal.

- Sobre el camino a la felicidad, talvez si lo encontré-.

- Jajajaja-.

Las estruendosas carcajadas lo siguieron hasta llegar a su destino, pero, pese a la burla, no se arrepentía de haber dicho esas palabras.

En otro lugar.

- Te ves contenta- comento en tono casual la menor de las Aino.

- Lo estoy- respondió Serena- me fue mejor de lo que esperaba-.

- Bahh, tonterías, sabíamos que te iría bien- alegó la rubia restándole importancia a la cara de incredulidad de su prima.

- ¿Qué? ¡Serena Tsukino, no me mires así!- Demandó colocando sus manos en las caderas -¿Viste a los niños?- Su prima asintió -¡TE ADORAN!- La profesora asintió -¿Viste a los padres?- Sere volvió a asentir -¡TE ADORARON!- Su prima rió aún más -¿Viste al señor Black?- La sonrisa desapareció y rodó los ojos.

- Ya se a donde vas- espetó incómoda –así que mejor te ignoro- añadió y siguió limpiando y acomodando el salón de clases.

- Yo solo decía- alegó la chica de lazo rojo –lo hubieras visto- comento divertida –te veía y parecía como si acabara de ver la luz por primera vez.

Serena siguió ignorándola, lo cual en vez de intimidarla, le dio más cuerda para seguir con sus comentarios.

Una vez terminaron de limpiar, ambas chicas se dirigieron a la casa Tsukino a terminar algunos detalles que estaban haciendo para la boda de Ami. Mina pilló a Serena con esa mirada de nostalgia que ponía cada vez que recordaba a Darién. Que lástima que ella no siguiera el ejemplo de él, pensó, Chiba hace mucho que había decidido continuar con su vida y en ella, no había cabida para la mujer que seguía suspirando por él...La mujer que aún estaba enamorada de él a pesar de la distancia y el tiempo.

A la mañana siguiente.

El día había comenzado sin contratiempos, con la única novedad de que Zafiro Black le había hablado mucho de su familia, en concreto de su padre, era como si lo estuviera promocionando, pensó Serena. Turbada, miró a su alrededor, estaba en casa de la familia Chiba. Evitaba ir ahí lo más que podía, no por Setsuna, ni Hotaru a quienes seguía considerando como de su familia, a pesar de todo, es sólo que debía confesar, evitaba el lugar...Por él, su recuerdo dolía, su aparente olvido carcomía sus ilusiones, más no podía quejarse, ella así lo había decidido ¿No?... Quería tranquilidad y ahora la tenía. Sí, es verdad que no se sentía completa, y eso sucedía porque no se esmeraba en mejorar ese aspecto.

Ese día tenía una reunión con sus amigas, la comida mensual que nunca, por nada y por nadie era cancelada, era su tradición, la única que les quedaba. Ray le había llamado es mañana pidiéndole que fuera a recogerla a su casa, a ella y a las cosas que había comprado para una sorpresa que preparaban para la boda de Ami. Las cuales serían terminadas de hacer en su casa, por eso se encontraba ahí, esperando a su amiga y recordando al amor de su vida.

El sonido del teléfono la sobresaltó.

- Contesta por favor- le gritó la pelinegra, supuso que desde su habitación.

- Claroooooooo- grito ella de vuelta, tomo el auricular y sintiéndose de pronto, sin podérselo explicar, sumamente nerviosa.

- ¡Hola! Casa de los Chiba- contesto con cordialidad.

- Ehh...Hola, ¿Se encuentra mi madre Ray o Hotaru por ahí?-Dijo esa voz, esa que ella conocía tan bien y que hasta ese momento tanto había anhelado escuchar de nuevo.

- Da... ¿Darién?- Expresó cautelosa.

- ¡Serena!- Exclamó él denotando sorpresa.

Asustada ella giró su cabeza esperando ver a su amiga acercándose a la sala –espera, enseguida llamó a Ray-.

- ¿Cómo estás?- Preguntó él ansioso, ignorando el ofrecimiento de ella.

- Bien- "amándote aún", pensó -¿Cómo estás tú?-.

- Igual- "pensando en ti, en nosotros", pensó él.

- Se que te va muy bien, que estas contento en Estados Unidos- comentó ella tratando de no sonar nerviosa –me da mucho gusto por ti- añadió con voz trémula.

- Si, estoy contento, no me puedo quejar...Ha pasado mucho tiempo- suspiró.

- Tanto...Que me ha parecido una eternidad- expresó la rubia con nostalgia.

- Sere yo- dudó -¿Cómo vas?- Dijo tratando de mantener distancia más grande que la física, fallando en el intento, todo el amor que sentía por ella lo golpeo tan duro, que no teniendo derecho de preguntar algo más profundo sólo pudo articular esas dos palabras tan banales.

- Tratando de recuperarme y de ser feliz- confesó.

- Serena- susurró él como acariciando su declaración, ambos cerraron los ojos, deleitándose con la imagen y el recuerdo de su último beso.

- Dari ¿Ya hablaste con tu mami?- Se dejo escuchar una voz femenina, la rubia abrió los ojos sorprendida, ella recordaba a Loren y obviamente esa no era su voz, ésta era diferente, sonaba melosa.

- Le diré a Ray que tome la llamada- articuló ella con dificultad, tratando de salir de la sofocación que la embargo.

Él entendió la reacción de la mujer que plagaba su mente, con esa sonrisa que recordaba y adoraba –Sere- la llamó dudoso y miró a su acompañante, situada a su lado -cuídate y... Espero que consigas lo que buscas-.

- Lo haré- respondió ella, llamó en un grito a su amiga, quien no tardó en aparecer, causando ciertas conjeturas en la rubia, quien opto por retirarse encaminándose a la habitación de Ray. Los ojos le escocían y de quedarse se arrojaría por el auricular gritándole a Darién que volviera, que lo necesitaba. Pero no, no podía ser egoísta...Quizás él si había conseguido lo que ella no...Quizás era hora de que finalmente ella quisiera e hiciera lo mismo...Quizás era ya la hora de buscar ser feliz...

Ray suspiró al colgar la llamada con su hermano...No había ninguna novedad, saludos, preguntas sobre la familia, la salud, los planes, etc. Y en ninguna hizo amago de saber de ella, la chica que seguía con el corazón destrozado. "NO DARIÉN, NO TE LA MERECES, OJALA QUE CUANDO TE DECIDAS, NO SEA DEMASIADO TARDE". Pensó al caminar despacio hasta donde se encontraba su amiga.

A kilómetros de ahí, aún con el auricular en la mano, el pelinegro derramaba algunas lágrimas silenciosas... ¿Cómo puedes amar tanto a quien no puedes tener cerca? Tenía miedo, por eso se había alejado tanto emocional como físicamente, temía luchar por ella y volver a salir lastimado en el intento. Vivía con un aliento de vida, porque sin su princesa, vivir era algo carente de sentido. Su trabajo, familia, amigos y hasta Berjerite, con quien salía desde hacía un par de meses atrás solo eran alientos de vida...Era cobarde, sí, lo sabía, lo aceptaba... ¿Y qué?... ¿Podía hacer algo? ¿De verdad quería hacer algo?...

- Dari la cena esta lista- anunció una guapa joven de franca sonrisa. Limpiándose el rostro, el aludido se puso de pie y camino hasta el comedor.

- Gracias Berjerite...Por todo- le tomo la mano y ella se sonrojo.

- No es nada, para eso estoy ¿No?, recuerda que mientras yo te doy la oportunidad de conocerte y tu te das la oportunidad de conocerme, la amistad es lo mejor para ambos-.

El pelinegro asintió y mientras comía, su cabeza voló a kilómetros de ahí, ubicándose en otro tiempo y espacio, uno en donde si podía decir y declarar a los cuatro vientos que era feliz.

Tokio.

Con la sencillez que la caracterizaba Ami Mizuno camino hasta una solitaria mesa, ubicada en un rincón de la cafetería en donde había pactado un encuentro con cierto castaño.

- Te ves bien- dijo él al verla pararse frente a él.

- Lo mismo digo- replico ella risueña.

- Por un momento pensé que no vendrías-.

- Yo también lo pensé- confesó la peliazul.

- Entonces, pasado mañana es el día- comentó él poniéndose de pie para ofrecerle un asiento a la chica.

Ami sonrió mostrándose algo incómoda –así es-.

- ¿Por qué Ami? ¿Qué hicimos mal?-.

- No lo sé Taiki, hace mucho que deje de hacerme esa pregunta y de culparme o martirizarme por cosas que no tienen remedio-.

Una sonrisa triste cruzo el rostro de él -¿Lo amas?-.

- Sí- respondió con seguridad, mirándolo directamente a los ojos.

- ¿Cómo me amaste a mí?-.

- ¡Taiki!- Se sobresaltó la joven –no terminamos por falta de amor- le espetó –no llegamos a este punto por que sí- bajo la mirada dudando en continuar.

- ¿Entonces?- Apremió él frustrado.

- Fue porque te fuiste- murmuró ella.

- Pero tú-.

- Se lo que dije- lo corto ella –estaba enfadada y conmocionada –explicó perdiéndose en esos recuerdos –pero Steve me dijo que siguiera mi corazón y el me dijo que te buscará, que arreglara las cosas contigo, cuando me aclaré-.

- Entiendo- suspiró el castaño, interrumpiendo a su ex novia.

- ¡No! ¡Tú no entiendes nada!- Exclamó, rápidamente volteo a su alrededor, por suerte había poca gente en el lugar, y al parecer estaban muy ocupados en sus propios asuntos, para placer de Ami.

- No tienes porque justificarte Ami-.

- ¡Y no lo hago! Sólo te explico las cosas ¡ESCUCHAMÉ!- Demandó –fueron momentos difíciles, llore mucho por ti, llore mucho más cuando ni te dignabas a saber de mí, con el tiempo el dolor se convirtió en resentimiento –Taiki se sorprendió con esta confesión, ella suspiró –pero seguías aquí- señaló su corazón –busque distraerme y Steve siempre estuvo conmigo-.

- Claro- lanzó él con sorna.

- Aunque no lo creas, no había nada romántico en su apoyo, él incluso tenía pareja- confesó en un susurro.

- Ami- él tomo las manos de la peliazul sintiéndose completo al instante, ella no se retiró, pero tampoco mostró alguna manifestación de esos chispazos que los habían embargado en el pasado.

- Un día me di cuenta de que podía ser feliz, seguir sin ti y sin que me doliera pensar en nosotros, te guardé como un hermoso recuerdo- apretó las manos de él –eso eres ahora- declaró. El corazón de Taiki empequeñeció de dolor. Ella continuó –Steve me ganó, se abrió paso en mi corazón sin buscarlo, me mostró un amor diferente al que viví contigo, pero igual de profundo...Y soy feliz- concluyó esbozando una pequeña sonrisa.

- Me da gusto por ti-.

- Lo sé, te conozco tan bien, que se que eres sincero al decirlo-.

- Yo aún te amo- soltó él abruptamente.

- Taiki, no te hagas esto, no tienes derecho a decir aquello que espere escuchar de ti durante tanto tiempo, ¡NO AHORA!-.

Derrotado, él, bajo la cabeza, ella levanto su mentón, mirada contra mirada, pasado y presente, todo un contraste.

- Guárdame, llévame en ti como lo que fui, piénsame como lo que ahora soy...Una mujer enamorada de otro hombre, que solo puede ofrecerte amistad-.

"Amistad", pensó él, esa palabra era tan pequeña comparada con todo lo que aún sentía por ella.

- Loren es buena chica, dale una verdadera oportunidad-.

- Ehhh- balbuceó confundido.

- El que tu hermano sea novio de una de mis mejores amigas, tiene sus ventajas- le bromeó la joven.

- Sí,ella es buena...Pero no eres tú-.

- Y Steve no es Taiki y aún así me siento feliz y segura del paso que voy a dar-.

Ami verificó su reloj y dio un respingo -¡CIELOS! Es tardísimo y quede de verme con las chicas.

- Si, ya es tarde- comentó el castaño despreocupadamente.

- Taiki- dijo ella, levantándose, él la imito.

- Adiós Ami- dijo él con voz ahogada -trataré de seguir tus consejos, pero en verdad dudo que alguna vez pueda verte como amiga –ella asintió.

- Adiós Taiki- el cerró los ojos con dolor, los cuales ni siquiera abrió al sentir un cálido cuerpo fundido al suyo, rodeando su espalda, él la apretó más contra su cuerpo y una oleada de vacío y abandono empezó a embargarlo, ella comenzó a separarse y la sensación cambió a añoranza cuando unos suaves labios se posaron sobre los suyos. Ese último acto rompió la serenidad que trato de mantener en esa despedida, la definitiva.

- Hasta luego mi amor- susurró el castaño al ver a la peliazul caminar a la salida del lugar, el cual había sido testigo de tantos te amo de ellos en el pasado y que ahora era el testigo del fin de esa historia.

En un restaurante ubicado a 15 minutos de ahí.

Serena, Lita y Michiru conversaban animadamente mientras Ray y Mina discutían sobre cosas sin importancia, como siempre.

- Me crispan los nervios- externo la castaña viendo con fastidia a su hermana y su amiga.

- A mi también- secundó la rubia.

- Las ironías de la amistad- acotó Michiru en tono dramático, ocasionando la risa de las tres. Mina y Ray se callaron abruptamente enarcando una ceja, bufaron y derrotadas se dejaron caer en su respectivo lugar.

- ¿Por qué tarda tanto Ami?- Preguntó la menor de las Aino hojeando despreocupadamente el menú del lugar.

- Seguro se le atravesó algún detalle de la boda- intercedió Lita, todas asintieron entablando una conversación más amigable que la que había detonado la pequeña discusión de las más explosivas del grupo. El punto crítico llego cuando el tema, hijos, embarazo y ser feliz se coló en la plática y es que Mina, comento exagerando la realidad introdujo la situación con el señor Black, como una opción de pareja para su prima, todas miraron asombradas y perplejas a la Tsukino, que incómoda decidió ir a refrescarse al tocador.

No culpaba a Mina por sus ideas sobre mirar el horizonte, ella también pensaba así, aunque con su escasa vida social no tenía en donde encontrar con quien animarse a empezar. Iba tan distraída que no noto como un niño salió corriendo por el pasillo al cual ella se dirigía haciéndola trastabillar.

- Ohh- fue lo único que alcanzó a decir al tambalearse, precipitando una inminente caída.

- ¿Se encuentra bien señorita Tsukino?- Le preguntó en tono preocupado y seductor, cierta voz que reconoció al instante turbándola.

- Se...Señor Black- balbuceó ella con su rostro a escasos centímetros del de su salvador.

Mientras tanto, de regreso con las chicas.

- ¿Cómo te atreves Ray Chiba?- Cuestiono con furia la chica Aino.

- ¿De que rayos hablas?- Inquirió ésta.

- De tu actitud- recriminó la rubia.

- ¡MINA PORFAVOR!- Intervino su hermana.

- Déjala- habló Michiru –así entendemos el porque de éste espectáculo-.

- ¿Y bien?- Apremio la pelinegra.

- ¿Por qué pones cara de molestia cuando digo que Sere debe buscarse un novio?- Todas las presentes aguantaron la respiración. Entendiendo el comportamiento de la pelinegra.

- Porque ella...Pues...Aún sigue enamorada de mi hermano- murmuró.

Lita bufó ganándose una mirada de molestia del hermano del aludido -¿Y?- Ironizó la otra Aino.

- No me la imagino con otro- confesó.

- Valiente amiga- masculló la castaña -¿Te he dicho que brillas por tu egoísmo?- Ray bajo la vista apenada, si, sabía que sus negativas de apoyo para con Sere eran así, era lo que sentía, por mucho que se esforzará en creer lo contrario.

- Ray- habló Michiru –como amiga y como mujer debes alegrarte por lo que ella decida-.

- Lo sé- susurró la aludida.

- Mina- expresó impaciente su hermana.

- Yo solo quiero que MI prima sea feliz- enfatizó.

- Yo también- concedió la pelinegra.

En ese momento y para alivio de todas, llegó una agitada Ami, quien al entrar al establecimiento, corriendo se dirigió hasta donde estaban sus amigas. Para la peliazul percibir la tensión en el ambiente fue efecto inmediato apenas se sentó en la mesa, más decidió pasar por alto su presentimiento ya que aún tenía las emociones a flor de piel tras su encuentro con Taiki.

Serena llegó en ese momento, se le veía cohibida y con el rostro encendido, las explosivas del grupo fueron las primeras en advertir que algo, o mejor dicho ALGUIEN, la había puesto así. Y no se habían equivocado en su deducción, al cabo de unos minutos Diamante y Zafiro Black pasaron por su mesa a despedirse de la rubia, solo que al intercambiar palabras el "Serena" y "Diamante", se prestaba para interpretarse como una señal de que su amiga, buscaba de la manera más simple un nuevo comienzo, el botón de rosa, quizás estaba floreciendo de nuevo, pensó Lita y ese ya era un avance en ella.

Anécdotas, risas y comentarios jocosos amenizaron la tarde, en donde a pesar de las diferencias el valor de la amistad fue exaltado en esa agradable tarde.

La boda.

Finalmente había llegado el día tan esperado para Ami Mizuno y Steve Ross.

La ceremonia religiosa se realizo en la misma iglesia en donde su hermana se había casado, solo que los adornos en esta ocasión eran a base de margaritas, las flores favoritas de la novia. Todos los asistentes vestían de color blanco a petición de los novios. La novia lucía un vestido que la representaba tal como era, sencilla y práctica. El vestido strapple, ajustado en la parte de la blusa, escote redondo, con varillas para remarcar su cintura y con una falda amplia, así como el pequeño tocado de cristal que adornaba su cabello, resaltaban aún más lo hermosa que era.

El matrimonio civil se realizó después de la ceremonia, siendo Serena y Haruka los padrinos del novio y Lita y Andrew los de Ami. Tras estampar las firmas en el acta, dio inició lo más esperado por todos ¡La fiesta!, la cual se llevo acabo en un elegante restaurante de la ciudad, era pequeño, privado y justo lo que la pareja había buscado ya que en sí, la boda era muy íntima, solo familiares y amigos, aunque Steve solo contaba con la presencia de su única familia, su hermana Ann, una simpática castaña que a todos les había caído muy bien.

La felicidad era el estado que denotaba el rostro de Ami, todos lo notaron y todos brindaron por ello. La sorpresa de la noche fue cuando su grupo de amigas, casi hermanas, proyectaron un video de todo lo compartido durante su amistad, sus sinceros deseos en la aventura del matrimonio y finalmente colocaron en sus manos un sobre, en el que claramente se vislumbraba una tarjeta, la cual minutos más tarde le mostraría a la recién casada todo lo necesario para hacer aún más especial la noche de bodas. La guapa novia les agradeció el detalle con un abrazo colectivo antes de continuar con la siguiente tradición de toda boda, el lanzamiento del ramo, mismo que sin querer fue atrapado por Serena.

Si la rubia quería señales que siguieran animándola a la mejora de su vida, ese detalle del ramo era una, sólo faltaba que así lo comprendiera. A su mente llegó el recuerdo del señor Black, "Diamente", la corrigió su mente.

Flash back.

Sujetada por unos fuertes brazos masculinos, sus pensamientos no coordinaban bien ¿Tal vez por la cercanía? ¿Lo hipnótico de sus ojos?... Contrariada hizo el amago de retirarse, sonriendo algo nerviosa.

- Gracias- balbuceó la rubia.

- De nada- respondió él con voz ronca

-¿Se encuentra bien señorita Serena?- Preguntó la voz infantil de uno de sus alumnos.

- Ehhh si Zafiro- articuló incorporándose -¿Qué haces aquí?- Pregunto al reparar en el lugar donde estaban, en medio de una fila de hombres frente a los sanitarios.

- Necesito ir al baño, pero tengo que esperar- se quejó el pequeño pelinegro.

- Oh vaya, pues... ¿Y si entras al de mujeres?- Propuso la rubia sin mirar al padre del niño.

- Soy un niño- comentó el pequeño frustrado.

- Sí, pero esta vació- le hizo notar ella.

- Me puedo aguantar- declaró él no muy convencido, en ese momento su padre y profesora se animaron a intercambiar miradas.

- Bueno, si tú lo dices- comento ella casual, rompiendo el contacto con la profunda mirada del peliplateado –con permiso Sr. Black- dijo en tono formal.

- Espere señorita Serena- suplico desesperado Zaf –si quiero ir al baño ese-.

Ella sonrió, volteo a ver al padre y con un gesto de asentimiento guió al niño a través de la puerta.

Al salir y sin saber porque intercambio unas palabras más con el hombre, agradeciéndole una vez más su detalle, al no haber dejado que cayera, él solo le pidió que como agradecimiento la dejará llamarla Serena, después de todo no estaban en la escuela como para ser tan formales, tras dudarlo un poco, ella asintió con una sonrisa, diciéndole que ella también lo llamaría únicamente por su nombre.

Fin del flash back.

Negando una y otra vez con la cabeza, se pregunto ¿Por qué pensaba en eso? Más bien, se preguntó ¿Por qué se ruborizaba pensando en él? Ahora que lo pensaba bien, ella nunca se había comportado tan atrevida con nadie...Ni siquiera con Darién... ¿Eso era bueno? No lo sabía, lo que sí sabía, es que por una extraña razón se sentía cómoda con su presencia, desde ese día en la reunión, sin necesidad de esconder su dolor o aquello de lo que carecía... Confianza, y era consciente de que eso, no podía estar pasándole, no cuando apenas y conocía al hombre...Se dijo que quizás era el cariño que sentía por el pequeño Zafiro lo que le hacía sentirse así con la presencia del padre.

Suspirando se reunió con sus amigas, las cuales la llamaban a acompañarlas en la diversión del baile, en la fiesta, después de todo aún tenía tiempo, quizás mañana, mañana empezaría a tomar las riendas de su vida.

Dos semanas después.

El tiempo siguió su marcha, el trabajo, la escuela, la monotonía y la rutina fue el común denominador en las vidas de los chicos. Bueno, en la de casi todos.

Ese día, por la mañana, la recién formada familia Ross había anunciado un viaje a Alemania en donde harían una especialización, lo cual los tenía felices a ambos y aunque la familia de Ami entristeció, terminaron por aceptar que todo era parte de los sueños que aún tenía por realizar la peliazul.

Aunque secretamente la recién casada guardaba algo que sólo compartiría con su esposo antes del viaje, era la señal que tanto había pedido, señal de que había tomado la decisión correcta para ella y su vida.

Y mientras ella veía el horizonte con optimismo. En otro lugar, que para muchos significa resignación, pena y dolor, Serena Tsukino pretendía hacer lo mismo...Mirar hacía adelante.

De pie, frente a una pequeña tumba, bien cuidada y con flores frescas, se encontraba la rubia, ese era el mejor comienzo de una mejor vida, enfrentándose a un pasado que NO podía cambiar, pero que SI, podía darle el aliento para forjar un presente lleno de aquello que tanto merecía tener en su vida. Suspiró sonoramente antes de comenzar a hablar.

- Siempre...Siempre vas a estar en mi corazón, aunque pasen los años, la alegría que me regalaste durante el tiempo que estuviste conmigo no dejará de acompañarme en lo que duré mi vida- dijo con serenidad- pero- pausó y suspiró –debo dejar atrás el dolor, tengo que vivir... ¡Quiero vivir de verdad!- Exclamó –respirar y oler las maravillas de este mundo...No creas que quiero olvidarte, por el contrario, quiero que estés orgulloso de mi, quiero que me veas ser lo que era, para que así el que yo me encuentre habitando este mundo tenga sentido –una lágrima silenciosa rodó por su mejilla –te amo... Y espero anhelante poder encontrarme contigo y abrazarte como no pude hacerlo, besarte y decirte que orgullosa me siento de haber sido elegida para llevarte en mi vientre- un sollozo escapo de sus labios, evocando el dolor de esa pérdida que aún luchaba por superar –desde el cielo, cuídame, voy a necesitar un ángel que cuide de mí- murmuró con nostalgia.

Antes de salir, depositó un ramo de rosas rojas y una sonaja quedándose unos minutos más, perdida en sus pensamientos y disfrutando del silencio. Había pasado la primera prueba, el temor de enfrentar la pérdida de su hijo.

Ella solo quería ser feliz, dejar de sufrir, dejar de dar pena y preocupaciones a las personas que la rodeaban y querían...Pero aún seguía sintiéndose cobarde, necesitaba una señal, algo además de un ramo de boda que la instara a seguir, que le dijera que no estaba equivocada... Que su decisión de dejar de esperarlo a él iba a traer a su vida lo que tanto necesitaba.

Un golpe contra su abdomen la hizo a retrocedes dos pasos.

- Perdón...Per... ¿Señorita Serena?-.

- ¿Zafiro?-.

- ¡Te dije que no corrieras!- Amonestó una voz agitada al llegar frente a ella.

- Diamante- murmuró.

La rubia no pudo evitar reír y mirar al cielo ante la ironía de la situación.

¿Esto quería decir algo?... Un presentimiento y la sensación de paz y tranquilidad que emanaban de esos dos, le dijo que tenía todo el tiempo del mundo para descubrir eso que su sentido de alerta le indicaba... Y por primera vez, las dudas que la agobiaban, no hicieron su aparición.

Continuará...

¡Hola!

¡NO ESTABA MUERTA...ANDABA DE PARRANDA!

Ehh, bueno...No...Sólo no había inspiración para este fic, que a pesar de ser una historia escrita, pues al teclear supera por mucho la idea original...En fin...De a poco se ve una luz al final del túnel para la rubia...¿Lo notaron?... Y bueeenoooo...¿Darién?...Pues es un tontillo, ya leerán ustedes como ser tan cobarde le pasa la factura...

En lo personal, lo que más me gusto del capítulo, escribirlo claro, fue la conversación de Ami y Taiki, y las palabras de Sere a la tumba de su bebé.

En fin, en el próximo, se promete muchoooooo romance y muchas cosas lindas...Y mucho más de Darién, claro ésta, lo tuve abandonado en este capítulo, pero pues, era necesario, espero ustedes lo comprendan.

Ya saben, que dudas, comentarios, sugerencias, todo es bien recibido...

Se cuidan, éxito siempre...bye