DISCLAIMER: Naruto no me pertenece.
ADVERTENCIA: Muerte de personajes/ Leve OoC/ Universo alterno.
Espero que lo disfruten.
Espero que lo disfruten.El móvil del delito
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Capítulo 10: Una verdad
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A Sakura se le cortó la respiración como si el aire se le hubiese solidificado en los pulmones. Mientras boqueaba, el pánico de haber sido descubierta enturbió sus procesos mentales, reduciendo su capacidad neuronal a niveles realmente mediocres.
―¡Mierda! ―chilló en un alarido atenuado por el fuerte palpitar de su angustiado corazón, irguiéndose en toda su estatura para encarar al recién llegado.
―¡Me has dado un susto de muerte, niña! ―replicó éste con una severa mirada de sospecha, pero –como era habitual en él- sin dar muestras de estar verdaderamente sorprendido―. ¿Qué carajos haces aquí?
Ella lo miró, escéptica; por mucho aterrada. Neji, Sasuke, Naruto, o cualquier otra persona, hubiese esperado Sakura encontrarse al alzar la vista. Pero ni en sus más remotas divagaciones, habría sospechado que se trataba de él. Sakura logró graficar en su mente la mueca de reprobación que seguramente ocultaba aquella expresión enmascarada al tiempo que sus pupilas comenzaban a dilatarse y casi era capaz de adivinar el pulso acelerársele bajo la fina piel de su cuello. Con los nervios a flor de piel, cogió el valor para sostenerle la mirada; sus ojos verdes lo divisaron con cautela cuando el entrecejo del hombre pareció fruncirse de una manera casi metamórfica. Angustiada, negó con la cabeza, procurando organizar sus pensamientos y coordinar sus reacciones, pero algo en el gesto de Kakashi Hatake, le recordó a sus inicios en la facultad; por allá hace unos nueve años, cuando ella todavía era una chiquilla desmañada e insegura.
Sin margen de error, él emanaba la misma aura tétrica de autoridad que durante el momento que la sorprendió resolviendo el examen final de Naruto; cosa de la que Sakura había tenido suficiente tiempo para arrepentirse. Su rostro casi deformado por una antinatural frustración, la condujo a esos debates -que empezaban siendo apáticos para luego rayar en la controversia-, que el profesor solía entablar con el más perezoso de sus alumnos y, ahora, actual ex director de la División de Inteligencia de la UHK. Fue entonces, cuando Shikamaru Nara se apoderó de sus pensamientos, que Sakura rebuscó en su mente todos los consejos que el vago más brillante de su generación le había dado en algunos momentos determinados de su vida; hasta dar con el que consideró más idóneo, tomando en cuenta la situación en la que se encontraba.
Es mejor ser el cazador que la presa, le reiteraba él con exuberante pereza.
―¿Tú qué haces aquí? ―lo interpeló ella, acatando lo mejor que pudo, el consejo de Shikamaru mientras el corazón le martilleaba frenéticamente.
―Cumplo con mi trabajo.
Sakura se quedó en total inmovilidad en un intento por comprender la escueta réplica del hombre, hasta que éste rompió su postura desenfadada y dio un par de pasos en su dirección.
―¿No esperaras que crea que ahora eres el celador del MP? ―le soltó, demasiado angustiada como para darse cuenta que estaba usando un tono tan cortante.
―No espero nada. ―Kakashi murmuró, como siempre aprovechándose del vacío de lo implícito para poner la balanza a su favor, arponeándola con una mirada de salvaje recelo―. Tampoco tú lo eres y estás irrumpiendo en la oficina de un funcionario público.
Las facciones de Sakura palidecieron ante la deliberada promesa de que sus acciones tendrían consecuencias.
―¿Sabe Neji que estás aquí?
Ella no dijo ni hizo nada; en primer lugar, porque la pregunta era capciosa y en segundo, porque la respuesta era más que obvia. Él, por su parte, no le quitó los ojos de encima y siguió con su interrogatorio:
―¿Qué tienes en la mano?
Sakura siguió la mirada de Hatake hacia el objeto que sostenía y otra vez tuvo que recurrir a su aplomo para no gritar cuando corroboró que se trataba del revolver que acababa de tomar de la gaveta. Sin embargo, en un acto más irreflexivo que otra cosa, terminó arramblándose hacía el escritorio, asustada, y soltó un chillido cercano a la histeria.
―Por lo menos tienes guantes ―suspiró, cansado―. Déjalo sobre el escritorio y vete.
Sometiéndose a un viejo hábito de alumna, ella obedeció sin chistar. No obstante, cuando estuvo a su lado, lo miró a los ojos y como si no fuese capaz de comprender la razón por la que un sujeto tan, aparentemente, recto como Kakashi se involucraría en la defensa de un hombre con los antecedentes de Neji, se dejó llevar por sus impulsos; tal cual lo haría si estuvieran en una de sus polémicas clases de Derecho Penal y le preguntó:
―¿Por qué estás en este caso, Kakashi?
La mirada del hombre se rasgó más de lo habitual y guiándose por la costumbre, decidió no entrar en controversia.
―No lo entiendo… ―insistió ella.
―Porque quiero que se haga justicia. ―Kakashi la interrumpió, mirándola intensamente―. Tenten Nohara era muy importante para mí y estoy seguro de que Neji no es un asesino.
―¿Lo estás? ―preguntó Sakura, sintiendo envidia por la certeza de su voz y la seguridad con la que defendía al susodicho. Ella misma se había sentido así hasta hace algunos días y extrañaba la sensación de confort de poder confiar ciegamente en alguien. De confiar ciegamente en él―. Neji ya ha intentado matar antes; él mismo me lo confesó.
Kakashi la miró, otra vez, ceñudo.
―¿Él te dijo eso? ―Sakura asintió como toda respuesta, ganándose una miranda fría del hombre―. No debió hacerlo. Además, lo que pasó con Hinata fue algo totalmente distinto.
―¿Hinata? ―repitió la forense; su cerebro haciendo conexiones que sabía absurdas.
―Puedes desconfiar de él, Sakura. ―Kakashi le espetó, ciñendo el envoltorio del revólver con un pañuelo―. Pero lo que no puedes es conspirar en su contra.
―Yo-yo… este… no… ―Tras haber guardado el arma en su lugar, el hombre silenció sus tartamudeos con un gesto y dijo:
―Sé que no viniste aquí por tu cuenta; sin embargo, ya no puedes estar bien con Dios y con el Diablo. Es hora de que elijas un bando.
Ella quiso objetar, pero al final lo aceptó: Neji no tenía el poder para salvar a su hija.
…
―¿Cómo sabes que no te está mintiendo?
―Porque confía en mí ―se jactó Sakura con una falsa pose de donaire, que, por supuesto, Sasuke no se tragó.
En lugar de eso, el detective tomó la documentación que ella le acababa de conseguir, echándole un vistazo distraído. Acto seguido, colocó la carpeta en su escritorio y, sin prestar la menor atención al insistente llamado de la línea local, alegó:
―Las personas no mienten por falta de confianza, Sakura; lo hacen porque tienen algo que ocultar.
Eso se lo había enseñado Itachi. Y con los años, Sasuke había entendido que la mentira nada tenía que ver con el nivel de confianza que una persona depositaba en otra; sino que estaba intrínsecamente unida a lo que alguien estaba dispuesto -o no- a exponer de sí mismo y sus miserias.
―Es todo cuanto he podido conseguir hasta el momento―mintió en un murmuro afanoso mientras el teléfono seguía sonando, haciéndola sentir más ansiosa―. Pero si me das algo de tiempo, te juro que…
―Esto servirá… por ahora. ―Sakura volvió a sentirse tranquila cuando vio la expresión adusta y desconfiada de Sasuke destensarse en una mueca de claudicación. Al quinto repique, Sasuke cortó la llamada y dejó el teléfono descolgado para evitar más interrupciones―. Le diré a Karin que lo revise y lo compare con los hallazgos oficiales de la investigación.
―Bien. ―suspiró la mujer, ocultando con poca pericia su ansiedad―. ¿Eso quiere decir que sí vas a…?
―Con esto o sin esto iba a acceder a la operación, Sakura. No soy tan desgraciado como siempre has creído. No porque que no supiera que ella es mi hija y que aún después de descubrirlo, no la sienta como tal, soy escoria; eso solo me hace humano.
―¿Qué clase de humano pone condiciones para salvar la vida de su hija? ―lo interpeló con ojeriza.
―La clase de humano que no quiere que la madre de su hija se involucre con un asesino ―sentenció.
Ella únicamente rodó los ojos.
Todo este asunto en el que se hallaba envuelta estaba agotándole la paciencia. Todavía no se sentía en sus cabales después de la discusión tan intensa que había sostenido con Neji esa misma mañana; como para colmo de males tener que sumarle a Sasuke y su maldita manía de salirse con la suya. Sakura resopló al recordar a Neji. Era obvio que iría a increparle una vez Kakashi le contara lo sucedido; sin embargo, ella no esperó jamás que el fiscal recurriera a medidas tan bajas para amedrentarla de no meter las narices en asuntos que, según él, no eran de su incumbencia, como las utilizadas anteriormente por Sasuke.
―Mantente al margen; hay cosas que no te convienen que se sepan ―le había advertido con perentoria serenidad el fiscal, abreviando en esa frase todas las observaciones del caso.
Ella comprendió la amenaza de inmediato y, dejando escapar un resuello de indignación, le riñó:
―¿Cómo cuáles, Neji? ¿Qué encubro a un asesino?
―Te puedo asegurar que yo no maté a Tenten.
De nuevo, Sakura obvió el descaro de su declaración, y lo miró con el ceño fruncido. La postura relajada de Neji, la había hecho enfurecer todavía más ¿Podía ser posible que fuera tan insolente? ¿Qué después de haberle confesado que sí había intentado asesinar a su prima, esperara que ella creyera en sus baldíos alegatos de inocencia? Neji la subestimaba si pensaba que tal cosa iba a suceder.
―Creo que eso es algo que ya no puedes probar.
El fiscal endureció su expresión y su semblante adoptó un aire de reprensión que a Sakura no le pasó desapercibido.
―El hecho de que tus antecedentes no figuren en un record policial, no te hace mejor persona que yo, Sakura; así que tú menos que nadie estás calificada para cuestionar mi credibilidad.
Cuando las últimas palabras de Neji retumbaron en su cabeza como un certero golpe a su moral, Sakura volvió a sentir las mismas ganas de abalanzarse contra él y golpearlo, que había experimentado hace apenas unas horas. La ira volvió a segregar sus glándulas salivales a medida que su desparpajo se repetía una y otra vez en su mente. En la tráquea, sin embargo, un malestar sordo y rasposo se le había hecho nudos y no la dejaba tragar o escupir su furor. Comenzó a tiritar hasta que recordó que Neji no estaba allí.
―Sakura. ―Sasuke, no obstante, sí estaba; como siempre recordándole el lugar que ocupaba en este absurdo―. Necesito…
Ante la insinuación de una nueva exigencia, Sakura se sintió nuevamente indignada. Odiaba ser tan impulsiva, pero desde que todo comenzó se sentía como un simple peón en un maldito juego de ajedrez; sujeta a las decisiones y conveniencias de dos hombres, a quienes por lo visto lo único que les importaba era salir airosos de la situación en la que se hallaban inmiscuidos, sin importarles a quien tenían que sacrificar para lograrlo. Al analizar sus acciones de los últimos días, Sakura volvió a resoplar, conteniendo la retahíla de insultos que se moría por gritarle. A ambos.
―Ya tengo que irme. ―murmuró, pero antes de que pudiera poner un pie fuera de la oficina, Sasuke la detuvo, tomándola del brazo.
―Espera.
Como cada vez que Sasuke la tocaba o estaba demasiado cerca, Sakura advirtió como las fuerzas le fallaban; sus piernas se volvieron enclenques y su respiración errática.
―¡Suéltame! ―chilló, haciendo valientes esfuerzos por no sonar destrozada a la par que le abofeteaba la mano para romper cualquier contacto.
Sasuke no obedeció la demanda; no por su hábito de desacatar cualquier imposición, sino porque notó la debilidad de la mujer y temió que al soltarla ella no fuera capaz de mantenerse de pie. Además, no la dejaría ir sin una respuesta. Ella no tenía derecho de hacerlo padecer la zozobra de la espera; tendría que tragarse su estúpido orgullo y fijar posición de una maldita vez.
―Te dije lo que sentía y aún no dices nada.
―Pensé que era obvio.
Los ojos oscuros de Sasuke se clavaron en los verdes de ella como dos frías balas de metal y solo se despegaron cuando él hizo un mohín de desdén con la mirada.
―¿Por qué simplemente no lo dejas correr?
―Porque no puedo ―rugió, molesta, cuando lo vio rodar los ojos como si estuviera cansado de ella; como si creyera que su actitud fuera un simple berrinche; como si no hubiese sido él quien le destruyó la vida―. Me has hecho más daño que cualquier persona en el mundo y estoy segura que si te doy la más mínima oportunidad, lo volverás a hacer. Así que no, Sasuke; no pienso otorgarte una carta aval de impunidad que te facilite el camino hacia la reincidencia. No dejaré que vuelvas a quebrarme; no quiero tenerte cerca.
Sakura no se dio cuenta que se había quedado sin respiración hasta que la última palabra había abandonado sus labios. Sasuke permaneció quieto mirándola con atención, no entendiendo en qué momento ella había dejado de ser aquella chavala enamoradiza que vivía por él, para convertirse en el vivo ejemplo de una mujer resentida e incapaz de indultar el único error que había cometido en su vida: no haberla llevado con él.
―No se trata de eso.
―¿Ah no?
Sasuke siguió divisándola minuciosamente mientras el rostro de la mujer mudaba la molestia por indignación: su entrecejo se había fruncido y su boca desencajado, ligeramente, como si apenas lo reconociera o no fuera capaz de comprender lo que él le decía.
―¿Entonces de qué se trata?
―De perdón ―le soltó, acentuando su respuesta con un tono que Sakura nunca le había oído―. De que tienes que perdonar si quieres obtener perdón.
Ella no se quedó en la oficina por más tiempo, pero supo que cuando quisiera que Sarada la perdonara por haberla abandonado, no estaría siendo totalmente sincera sino era capaz de superar lo que había pasado con Sasuke.
…
Hanabi se despidió de Shisui con un mohín esquivo y caminó rápidamente hacia el vehículo que la esperaba al otro lado del estacionamiento de la Naviera Uchiha. Abrió la puerta con premura e ingresó al auto, esbozando una mueca cansina al darse cuenta de la expresión furibunda de su primo: sus facciones estaban completamente tensas, volviendo visible la parte del sistema circulatorio que le recorría la cara. Ella se acomodó en el asiento del copiloto, procurando no hacer o decir algo que detonara su mal humor al tiempo que rebuscaba en su portafolio los resultados que Neji le había encomendado conseguir.
―¿Dónde te habías metido? ―le cuestionó, tomando un sobre rotulado de los laboratorios de la UHK que ella le ofrecía―. Hace días que he tratado de contactarte.
―Lo sé. He estado algo atareada.
―Urdiendo planes en mi contra, supongo.
Hanabi rodó los ojos, hastiada. Resopló un par de veces mientras se acomodaba las mangas de su jersey de lino. Finalmente, dijo:
―Si lo dices por lo de Sakura…
―¿Los leíste? ―Quiso saber él, desviando la conversación y nivelando la mirada a la altura de su prima para poder estudiarla.
―Sí ―musitó, tratando de sonar arrepentida; las falsas disculpas de sus ojos no convencieron a Neji―. Efectivamente, según el patrón del ADN, el padre del hijo de Tenten era Kankuro Sabaku.
Neji la sacó de su campo visual, tensando aún más el gesto. A su lado, Hanabi era consciente del ímprobo esfuerzo que estaba haciendo su primo para no imprecar en contra del susodicho; sus manos sujetaban tan férreamente el mango del volante que tenía los nudillos completamente blancos y sus ojos reflejaban aquella ira asesina que ella conocía muy bien. El hombre se aclaró la garganta mientras regulaba la respiración y cuando se creyó calmado, miró a la muchacha a su lado. Sin embargo, cuando habló lo hizo para retomar el punto principal de la reunión.
―¿Por qué le dijiste eso a Sakura?
―Neji…
―Te pedí que la desencantaras para que se alejara de mí… ―murmuró, apretando la mandíbula al recordar sus últimas dos discusiones con la forense―. ¿Y lo primero que se te ocurre es contarle que intenté matar a Hinata?
―Solo quería…
―Sabes que van a procesarme por homicidio, ¿verdad? Y también sabes que tu padre aprovechará esta oportunidad para deshacerse de mí de una vez por todas y cobrarme cada maldita cosa que aún cree que le debo.
―Él no haría eso ―mintió ella más para convencerse a sí misma que al propio Neji―. Solo está molesto porque cree que lo desobedeciste.
―Era una tarea simple, Hanabi. ―Siguió despotricando, pasando por alto todos los alegatos de la benjamina―. ¿Acaso no eres capaz de honrar un simple trato?
―Tú no entiendes.
―¿Qué es lo que se supone que no entiendo? ―resopló, irritado.
―Ella está enamorada de ti. ―Neji abrió los ojos de golpe; Hanabi continuó con lisura―. Si quería decepcionarla era contarle eso, o confesarle que mientras ella creía que estabas en su apartamento, tú estabas en la Galería Arena's mientras Tenten era asesinada.
Neji hubiese podido determinar que Hanabi tenía razón y que, ciertamente, era mucho mejor que Sakura estuviera al tanto que hace algunos años él intentó asesinar -con total alevosía- a la primogénita de su tío, a que se enterara de su verdadera participación en el homicidio de Tenten. Sin embargo, su cerebro estaba tan embotado, en un conato por procesar lo que su prima acababa de decirle sobre la forense, que no escuchó ni media palabra de lo que Hanabi dijo después de pronunciar: ella está enamorada de ti. Neji arrugó el ceño, lo relajó y después tragó grueso. Sabía que nada de eso era conveniente, pero no podía doblegar la sensación de regocijo que lo embargó al saber lo que Sakura sentía por él.
―Sakura ―farfulló entre dientes e hizo una mueca como si ese nombre le rasgaran la garganta.
A pesar de todo, seguía siendo la mejor noticia que había recibido en semanas.
…
―Es la culpa del sobreviviente ―Ino expuso sin despegar sus ojos azules del reflejo de los negros de Shikamaru―. Se supone que no es algo que detectes con facilidad, pero experimenté los mismos síntomas; así que sé de qué te hablo.
El hombre la observó a través del espejo con pereza, advirtiendo que en el baño ya empezaba a subir la temperatura por el vapor que emitía el agua tibia de la tina. Suspiró, lentamente, deleitándose con las comodidades que lo rodeaban, antes de darle una última calada a su cigarrillo. Solo después de haber escuchado todos los posibles diagnósticos de la psiquiatra, dijo:
―¿Así que piensas medicarme para eso? ―Se burló mientras extendía por sus mejillas y mentón un poco de la espuma para afeitar de Sai―. ¿Por eso me recibiste en tu casa?
Ino sonrió con gracia mientras recostaba la espalda sobre el alicatado de la pared del lavado y veía como Shikamaru empezaba a rasurarse la descuidada barba. Notó con cierto disgusto como el pulso de su amigo rehilaba, acusando la demanda etílica de su cuerpo curtido por tantos meses de alcoholismo.
―No ―murmuró una vez que la navaja se había deshecho de buena parte del bello facial―. Pienso patearte el trasero si no te dejas de pendejadas.
Esta vez quien sonrió fue Shikamaru; esa era Ino, su jodida y temperamental mejor amiga. Tan impulsiva a sus veintiséis años, como lo había sido a los seis, cuando la conoció en el jardín de infancia y ella lo golpeó por haberla llamado 'mandona desquiciada'. Tan preocupada por él y su bienestar ahora que le brindaba el cobijo que se había negado en rotundo a recibir antes, como lo había estado siempre que él participaba en algún operativo de la UHK.
―Naruto habló conmigo.
―Lo sé.
Él sabía que ella sabía; solo que él no sabía por dónde empezar y el inicio siempre era una buena opción.
―Quiere que vuelva.
―Lo harás ―afirmó la rubia, encogiéndose de hombros al tiempo que sus ojos se clavaban en un punto impreciso de la fornida y desnuda espalda de Shikamaru―. Es por eso que estás aquí.
―Pareces muy segura.
―Llevo meses persiguiéndote y sacándote, en contra de tu testaruda voluntad, de cuanta pocilga has conseguido por ahí; y de repente eres tú el que viene a mi casa…
―Es un argumento lógico para tratarse de una psiquiatra criminal. ―Estuvo de acuerdo, embelleciendo sus rasgos con una seductora sonrisa que iluminó al espejo―. Pero no llegaste a esa conclusión solo por mi reciente conducta ¿no es así?
―Me buscas cada vez que tomas una decisión importante.
Proponerle matrimonio a Temari. Aceptar el puesto de director de la División de Inteligencia de la UHK. Perseguir a Hidan para vengar la muerte de Asuma; fueron algunos de los casos que citó Ino en su mente mientras veía como las facciones de su amigo adquirían una apariencia cada vez más imberbe con cada temblorosa pasada de la navaja.
Shikamaru asintió más complacido con esta tesis: ella realmente podía predecir sus acciones con una veracidad infalible. Llevaba veinte años conociendo a esa mujer y, aunque actualmente solo la viera como una amiga, había pasado alrededor de una década enamorado de ella; más que por su obvia hermosura, por ese perfil de incondicionalidad que la caracterizaba. Esa era la razón por la que quería que fuera Ino la primera en enterarse de su decisión; también porque contaba con ella para convencer a Temari de no dar todo por terminado.
―Lo haré ―le anunció, sucinto, procurando restarle importancia a la mueca de alegría contenida que se emplazó en los labios de su amiga.
―Ya lo sabía.
―Deberías estar feliz. ¿Es lo que querías, no?
Ino sonrió, coquetamente y se encogió de hombros.
―Claro, como si realmente lo estuvieras haciendo por mí.
Él le devolvió el gesto con sinceridad; no obstante, cuando las imágenes de un mal recuerdo le atacaron la psique, su expresión pareció ensombrecerse. Shikamaru se volvió para mirarla directamente y sujetando mejor la toalla a su cadera, le preguntó:
―Hablando de eso, ¿sabías que Temari está saliendo con Daimaru?
…
Después de releer como por quinta vez los estatutos injerencistas que se le aplicarían a todos los miembros –sin excepción alguna- de la UHK, Naruto se apoyó en el bastón, haciendo un gran esfuerzo por no trastabillar mientras recorría el largo pasillo que lo separaba de su oficina; dando la impresión de que le podría explotar el aneurisma cerebral que le fue diagnosticado a los doce años de un momento a otro. Las dos mujeres que lo acompañaban lo siguieron de cerca.
―¿Qué se ha creído? ―gritó el rubio, enardecido.
Ni Sakura que estuvo presente cuando al detective le fue entregada la notificación de que su departamento sería intervenido por las presuntas anomalías generadas en torno al caso Nohara; ni Hinata que acaba de unírseles, dieron acuse de haberlo escuchado. Sin embargo, ambas féminas se estremecieron ante el volumen vibrante de su voz cuando empezó a despotricar nuevamente.
―No permitiré que me impongan a un fisgón que se esté entrometiendo en cómo carajos llevo mis malditos asuntos.
―¡Naruto! ―exclamaron la esposa y la amiga al mismo tiempo; avergonzada una, crispada la otra.
―Siempre diciendo pistoladas, Uzumaki. ―El hombre palideció cuando identificó una tercera voz de mujer a sus espaldas. Se volvió lentamente; la vena de su frente empezó a inflarse al ver parada entre Sakura y Hinata, a nada más y nada menos que a Anko Mitarashi―. Deberías ser más respetuoso con tus profesores; aun cuando vengan a fisgonear en cómo carajos llevas tus malditos asuntos.
―Lo que me faltaba ―bramó cuando entendió lo que la presencia de la experta en investigación penal significaba realmente. Él arrojó los brazos al aire, irritado, su temperamento caldeando―. No voy a suspender a Kiba, ya te lo dije.
―¿Quién es ella? ―le susurró, nerviosamente, Hinata a Sakura.
―Es la oficial de Asuntos Internos encargada de investigar a los responsables de la fuga de información en el caso Nohara.
Hinata asintió, pareciendo aún más nerviosa. Estaba preocupada por su marido y sus dos mejores amigos.
―No solo eso, Haruno ―dijo la aludida, mirando al par de mujeres con sospecha mientras les hacía ver que las había escuchado―. A partir de hoy, y por decisión inapelable de la alcaldesa Tsunade Senju, soy la directora encargada de la UHK hasta nueva orden.
Naruto, que ya se lo esperaba, arrugó el ceño y las otras dos no supieron cómo reaccionar ante tal confesión. A pesar de todos sus esfuerzos por dar con el soplón, él sabía que Tsunade, quien siempre había tenido las mejores referencias de rigor y honestidad laboral, se había granjeado una fama de sapiencia y rectitud al mostrar una mano de hierro con todos sus subalternos. Esas cualidades que lograron impulsar su intachable carrera política para situarla en el lugar privilegiado que ocupaba ahora.
―Eso es imposible… Naruto es… ―Sakura lo intentó, pero la derrota que visualizó en el rostro de Naruto no la dejó formar una oración coherente.
―Era ―rebatió Anko―. Debido a su parentesco con dos de los sospechosos, Uzumaki no está acto ni para dirigir la unidad o para participar en la investigación procesal que se les abrió a los Hyuga por el caso Nohara.
También era obvio para Naruto que eso pasaría tarde o temprano. Desde la primera fuga de información, la lupa del país del Fuego estaba sobre el organismo policial. A partir de ese día, la opinión pública empezó a juzgar al fiscal Hyuga, a su prima; y a una reducida lista de sospechoso más. El que dos parientes de su esposa estuvieran liados en el caso, era razón más que suficiente para que se le restituyera del cargo.
―¿Así que la vieja Tsunade quiere mi renuncia?
―Se te prolongará la incapacitación por lesión física ―explicó Anko, siendo neutra.
―¿Parentesco? ―recapituló Sakura sin entender ni media palabra de todo lo dicho hasta ahora―. ¿De qué Diablos estás hablando?
―Eso no es justo ―chilló Hinata―. Mi esposo no tiene por qué pagar por los errores de mi familia.
―¿Familia? ―Sakura oteó a Hinata y la inusual rudeza que se apoderó de sus rasgos mientras defendía a Naruto, hizo que la forense notara aquel parecido latente que siempre había detectado entre esas tres personas―. ¿Eres su prima? ¿Eres una Hyuga?
―Lo es ―confirmó la oficial Mitarashi como si la pregunta hubiese sido para ella―. Y por lo visto, la señora Uzumaki no es la única Hyuga con la que usted mantiene una relación especialmente amistosa.
…
Hinata Uzumaki. De soltera Hyuga.
Sakura aún no daba crédito que esa joven tierna y sencilla realmente guardara algún parentesco con la familia Hyuga. En definitiva, no lograba comprenderlo. Su cerebro, que ahora mismo trabajaba negligentemente, no concebía la idea de emparentar a los otros dos con ella. La Hinata que conoció en el transcurso de su último semestre en la universidad. La misma que unas semanas después se hizo novia de Naruto. La mujer dulce que le permitió ser madrina de su primer hijo; la que ahora mismo estaba esperando un segundo bebé. Ella, a quien Neji había intentado asesinar.
―Te ves alterada ―señaló Hinata, devolviéndole una mirada aprensiva a la forense.
Ambas hacían el intento de tomarse un té para los nervios después de haber dejado a Naruto que terminara a solas su conversación con la oficial Mitarashi cuando él así se los pidió. Y desde entonces, Sakura no había dejado de murmurar incoherencias y observar angustiosamente a Hinata mientras lo hacía.
―Eres una Hyuga.
A estas alturas, ya no era pregunta; era, llanamente, la aceptación de un hecho.
―Eres la prima de Neji.
―¿Conoces a mi primo? ―inquirió la otra mujer; sus ojos muy abiertos.
―También a tu hermana ―admitió, ya asimilándolo―. Fue ella quien me contó que Neji trató de matarte.
A Hinata le huyó la sangre de la cara, confiriéndole un aspecto enfermizo; su labio inferior empezó a temblar y en cuestión de segundos su mirada se volvió acuosa. El comentario de la forense pareció haberla sacado de rumbo. Sakura la observó, esperando a que ella le dijera algo. El silencio era incómodo; la tensión podía comerse a mordiscos. Fue entonces que Sakura se arrepintió de haber sido tan directa.
―Hanabi no debió ―murmuró ella, quien podía sentir como sus ojos comenzaban a picar mientras intentaba sofocar un gemido frustrado con el dorso de su mano―. Ella no lo conoce. No entiende. Nunca entendió.
―¿Qué es lo que ella no entiende?
―Neji no es un asesino ―sentenció Hinata con lágrimas empezando a formarse en sus ojos; Sakura la miró como si fuera un bicho raro. La pelinegra reconoció esa mirada, porque es como siempre la habían observado en su familia: como alguien fuera de lugar.
―Él trató de asesinarte, Hinata. Él mismo lo admitió.
―Tampoco lo entiendes ―sollozó, tiritando de la emoción―. Él no… Neji no es una mala persona; él solo es una persona a la que le han pasado demasiadas cosas malas.
Sakura la miró, ceñuda. Cualquiera con dos dedos de frente, estaría aprovechando la oportunidad que le brindaban las actuales circunstancias para hacer justicia; para refundir en la cárcel a quien haya osado intentar lastimarla. Por eso la forense, en serio, no entendía cómo Hinata podía seguir defendiéndolo. Ella se lo aclaró enseguida:
―El verdadero Neji no es aquel que intentó hacerme daño; ese solo era alguien demasiado cegado por el dolor y el odio. El verdadero Neji es aquel que me salvó la vida; ese que, sin importarle nada, recibió tres balazos para salvarme a mí.
Sakura pestañeó sin variar apenas su expresión. Sin embargo, cuando su mente fue anegada por una única imagen (la piel blanca, pero lacerada en tres pequeños puntos de Neji) ella sintió una fuerte punzada de alivio, pesar y culpa eclosionar en ella. Los disparos que había reconocido en la espalda del fiscal el día que lo conoció ya tenían una explicación.
Hinata era la historia complicada que Neji Hyuga prometió contarle alguna vez.
Continuará...
¿Que les pareció? ¿Demasiado disparates? Bueno, esto es todo por ahora; se los he traído con mucho cariño. Gracias a todos lo que comentaron el capi anterior: son lo máximo. Ojalá este también haya sido de su agrado y puedan comentarme sus opiniones.
¡Feliz existencia!
