Este es el capitulo más largo que he subido hasta ahora, son todos los recuerdos de Kagome, sin los de la vida humana, claro esta. Bueno, espero que lo disfruten.
Por cierto, ni Inuyasha ni sus personajes me pertenecen, son de Rumiko Takahashi
Capitulo 11
La princesa del Este
—No te preocupes, es lo que menos necesita tu mujer en este momento
—Lo dice el que se estaba comiendo las uñas durante el parto de la suya
—Calla Ogata—dijo uno de los hombres mientras apoyaba una mano en su hombro y miraba hacía una mujer de cabellos plateados, cargando un pequeño niño, muy parecido a sus padres— Calla, que si no Irazue te va a escuchar
—Por mi está bien Taisho— respondió el otro mientras que el primero arrugaba la nariz
Los lloriqueos de un bebé se oyeron por el pasillo antes de que una mujer de apariencia madura, con el cabello negro y largo, saliera de la habitación de la cual, hace apenas pocos minutos, se escuchaban sollozos de mujer.
—Todo bien, supongo— dijo Taisho mientras miraba atentamente a la mujer. Ella solo frunció el ceño.
—Era ella o el bebé— soltó la declaración con voz firme, rápida, sin permitirse titubeos y sin preparar a Ogata
Todos se quedaron en silencio un momento, razonando lo que la youkai acababa de decirles.
— ¿Estás segura?— la voz del inuyoukai sonó temerosa.
—Si Ogata, no hubo nada que yo pudiese hacer, ahora, lo mejor es que vallas y conozcas a tu hija, creo que te alegrara verla
— ¿Hija?
— ¡Si con un demonio!, ¡muévete!
El hombre de largos cabellos negros se dirigió hasta la habitación y entró, se le veía muy pálido, con los ojos llenos de un dolor indescriptible. Todos lo siguieron con la mirada hasta que la puerta se cerró detrás
—Debiste ser uh poco más delicada al decirle eso— la reprendió Inu no Taisho, – ¿qué será de tu hija cuando nazca? Probablemente la pobre sea tan amargada como tú, Kameko
—Tendrá que ser fuerte y soportarme— la voz salió monótona— además, ¿Acaso existe una forma de que un hombre no sufra al momento de que le digas, que la mujer que más amó en este mundo, yace muerta en la habitación de al lado?
Taisho sonrió y se quedo callado. Debía reconocer que ella tenía razón, no había una forma menos dolorosa de decirle algo así a un hombre, lamentablemente. Observó cómo, a pesar de su ceño fruncido, Kameko acariciaba con cuidado y cariño su vientre que apenas comenzaba a hincharse. Era obvio que a pesar de sus duras palabras, ella amaba a la pequeña que estaba en su vientre, una sonrisa apareció en los labios de Taisho mientras observaba a Irazue arrullar a su hijo y a Kameko acariciar donde crecía ese bebé.
Le gustaba ver las estrellas, mucho, sobre todo cuando estaba su papá para observarlas juntos, era algo que disfrutaba. Le gustaba tanto que cada noche salía a su balcón a verlas, y esa no fue la excepción. Sonrió para sí misma mientras observaba la luna en cuarto creciente. De verdad le gustaba observar el cielo nocturno. A lo lejos distinguió una silueta y hasta su nariz llegó un aroma familiar. Era el del mejor amigo de su padre, el Señor del Oeste, Inu no Taisho. Entró rápidamente a su habitación y pocos momentos s después entró su padre acompañado de Kameko.
—Hija arréglate— su voz sonó monocorde y sin sentimiento. Se comportaba así desde que recordaba. A veces Kameko, su tutora, le comentaba que no siempre había sido así. Antes era alegre, bromista y se la pasaba molestando junto con el Señor del Oeste, pero todo cambio después de la muerte de su mujer. Su madre, ni siquiera la recordaba, pero aun así sabía que aquella mujer que su padre había amado, había muerto en el momento de su nacimiento. Varias veces se sentía culpable por la muerte de "ella". Aunque su padre nunca mencionase nada, sabía que el simple hecho de verla le traía recuerdos dolorosos. Y le dolía, mucho.
Mientras todas esas reflexiones sucedían en su mente, Kameko se dedicaba a buscar un Kimono adecuado, al poco entró una niña pequeña, con el cabello negro y largo, los ojos azul oscuro y la piel de u tono pálido, casi enfermizo. Ella iba vestida con una simple yukata de color rosa, adornada con motivos florales, y un obi de color rojo con dorado. En cuanto entró, le sonrío a la joven princesa.
— ¿Rosa?—preguntó Kagome al analizar su yukata.
La chiquilla más joven frunció el ceño y asintió, mientras hacía pucheritos con la boca.
—Mamá me obligo
Kagome rió divertida, al ver las caras que hacía su mejor amiga, antes de que Kameko se acercara a ellas con una yukata, un tanto elegante, de seda de un rosa un poco más pálido que el de su compañera, y un obi de color purpura, con los cuales se apresuro a vestir a la niña.
—Ahora tú también vas de rosa—
Kagome solo hizo un gesto de molestia mientras volteaba el rostro.
—Vamos ya, su padre desea que esté abajo, Kagome-sama
La niña asintió y salió de la habitación mientras la otra niña se retardaba atando unos listoncitos negros en sus muñecas.
—Deja eso Kazumi, no te pongas cosas tan oscuras
—Pero es que esto es demasiado rosa, mamá
En la gran sala se encontraban tres personas, un hombre de larga cabellera plateada y ojos dorados, al igual que la mujer que se hallaba a su lado, con marcas moradas en las mejillas y una luna en cuarto creciente en la frente. El otro hombre, en cambio, tenía el cabello largo y de color negro, atado en una cola alta, los ojos de color borgoña y la piel pálida. A su lado había un niño, muy parecido a él, que observaba a las otras dos personas con sincera curiosidad.
—Aquí estamos, Ogata-sama— pronunció Kameko al entrar acompañada de las dos niñas, el chico se volteó y sonrió burlonamente hacia ellas. Cuando las tres llegaron hasta ellos el chico se situó al lado de Kazumi.
—Creí que no te gustaba tanto rosa
La niña lo fulminó con la mirada
—Cállate Deika— susurró la niña furiosa
Deika se rió en voz baja, antes de mirar hacia enfrente y prestar atención a la conversación que se desarrollaba entre las tres distinguidas personalidades.
—Ogata, así que esta es tu hija, de verdad es una niña muy linda, ¿Cómo dices que se llama?
—Kagome
—Es un lindo nombre, ¿Cuántos años tienes, pequeña?
La niña levantó su mano y estiró cuatro dedos, dejando el pulgar pegado a la palma.
—Cuatro años según el desarrollo youkai— agregó Kameko, al ver que la niña no decía nada más
—Sesshomaru tiene siete, no se llevan mucho— esta vez fue la mujer la que hablo
— ¿Qué tiene que ver eso en esta conversación?
—Lo mejor será que discutamos esto en tu despacho, Ogata.
Esté asintió y comenzó a caminar, guiando a sus visitantes por los pasillos del palacio. Kagome corrió tras él y se aferró al brazo de su padre, a este no pareció importarle y siguió caminando hasta llegar a una puerta, detrás de la cual se encontraba un estudio, con estantes llenos de rollos de papiro. Una vez ahí le hizo una seña a su amigo para que continuase.
—Ogata, quiero proponerte algo somos amigos, ¿No es así?, —el youkai hiso una breve pausa antes de decir lo siguiente—siempre hemos querido unificar nuestras tierras, pero sabes que no es permitido a menos que sea mediante el matrimonio entre las dos familias.
—Eso ya lo sé, dime a que has venido
—Ogata, se que te desesperas, y no te culpo, al fin y al cabo ya es muy noche, y mañana es el aniversario de tu mujer, pero por favor tranquilízate
—Lo siento, Taisho— el youkai se veía afectado y un tanto avergonzado de el tono que había empleado para con su amigo.
—No importa, bueno, lo que Irazue y yo queremos proponerte es exactamente eso, en unos años, nuestros hijos tendrán la edad suficiente para contraer matrimonio, si ellos se comprometen, la unión de nuestras tierras estaría asegurada
Ogata los miró fijamente y después miró a su pequeña, la cual le devolvía la mirada con cara de no comprender nada.
—Kagome aun es muy pequeña— dijo en voz baja— además que tal si después se enamora de alguien más
Irazue suspiró cansinamente y puso cara de fastidio. Inu no Taisho se mordió el labio de forma nerviosa. Después miró a su mujer y regreso sus ojos hacia su amigo.
—El sabio de la montaña ha predicho que un mal se acercará, tan grande que será casi imposible de contener, es por eso que si unimos nuestras tierras seremos más fuertes, y podríamos vencerlo quien quiera que sea.
—Kagome es muy pequeña
—Ogata—dijó Irazue, —hagamos un trató, cuando tu hija haya cumplido dieciocho años, según el desarrollo youkai, se desposará con Sesshomaru, ¿Aceptas?— la voz de la youkai no admitía replica, era de aquellas veces, en la que alguien se pone tan serio, que cuando te propone algo, no encuentras opción de salida, solo te queda aceptar o ganarte un enemigo.
"Amada mía, ¿qué harías tu ahora?" pensó Ogata, mientras reflexionaba, no quería comprometer a su pequeña, era demasiado pequeña, no quería agobiarla con esa clase de tratos, además, esperaba que ella algún día pudiese vivir un idilio como el de él y su esposa, obviamente no tan corto, pero si con un lazo así de fuerte, sin embargo, las palabras de Taisho lo habían preocupado, si era cierto que se acercaba un mal y la única forma era mantener a dos grandes tierras unidas de la forma más fuerte que se pudiese, debía hacerse ese sacrificio, momentos después suspiró.
—Acepto— pronunció con voz cansina.
Irazue miró a su esposo y este asintió levemente.
—Sabes que tenemos que asegurarnos de que ellos cumplan el pacto cuando sean mayores, sobre todo en tu caso, Ogata.
Este asintió levemente y se levantó, dispuesto a seguir a su amigo.
—Irazue, espérame aquí, por favor. — La mujer asintió mientras miraba a su marido.
—Kameko le mostrará su habitación— dijo Ogata mientras tiraba de una cinta plateada que había junto al ventanal, momentos después apareció Kameko.
—Sígame señora— pidió con voz amable mientras hacía una reverencia. Irazue camino tras ella después de dirigirle una mirada a Taisho.
—Ve con ella Kagome, —pidió Ogata mirando a su hija, esta asintió animosamente y correteó hasta la puerta. Antes de salir se volteó hacia su padre.
— ¿Puedo dormir con Kazumi?—preguntó mirándolo fijamente. Su padre solo asintió y ella salió corriendo tras Kameko, que ya se alejaba por el pasillo seguida de Irazue.
En el despacho reinó un pesado silencio, hasta que Inu no Taisho lo interrumpió
—Vamos con Bokuseno para sellar el pacto
Ogata asintió y siguió a su amigo.
Kagome detuvo un golpe que le iba directo a la cara y contraataco con una hábil espadazo hacia las rodillas de su oponente que fue detenido y regresado con igual habilidad. Su oponente se movió rápidamente hacia su izquierda moviendo la delgada katana hábilmente para asestarle un golpe en el costado que fue detenido con habilidad. Un golpe más y ambas pararon al escuchar un gritó. Un chico de cabellos negros se acercó rápidamente mientras les sonreía a las dos chicas que hasta hace un momento parecía que se volarían la cabeza de un espadazo.
—Cada vez se mueven más rápido, eso está muy bien—elogió el chico
Ninguna de las dos contestó pero Kagome correspondió con una sonrisa. La otra chica hizo una mueca de fastidio cuando el muchacho le pasó un brazo por los hombros para después apoyar gran parte de su peso en ella.
—Quítate Deika—dijo la chica moviéndose para quitárselo de encima
—Kazumi amargada—dijo haciendo un puchero
Kagome rió divertida ante el intercambio de expresiones y frases de sus dos amigos. Ambos parecían estar dispuestos a seguir luchando, hasta que una silueta femenina llegó rápidamente hasta ellos.
—Su padre ha regresado, señorita— dijo la mujer
—Iré enseguida— dijo Kagome mientras guardaba su espada. Hacia un par de meses que su padre había salido a una expedición junto con sus hombres, se alegraba que hubiese vuelto, ya temía que le hubiese pasado algo.
— ¡Es urgente señorita!, —dijo Kameko apresurándola
La preocupación regresó a la mente de Kagome y rápidamente echo a correr de vuelta al palacio.
— ¡Espere Kagome-sama!—gritó Deika
— ¿Que pasó madre?, —preguntó la chica
—El señor Ogata, regresó gravemente herido, al parecer tuvo una recaída aun más violenta que las anteriores, lo que le distrajo.
Kazumi asintió mientras miraba a Deika y ambos comenzaban a correr de vuelta al palacio, seguidos de Kameko.
Kagome entró a toda velocidad por las puertas y después siguió hasta llegar a la habitación de su padre. Al entrar no pudo evitar un gritito de horror, ahí se encontraba su padre, con las vendas tan empapadas de sangre que ya goteaba, aparte de que se veía muy, muy pálido y su respiración salía acompañada de un silbido.
Kagome se acercó lentamente, hasta situarse a un lado del futon donde descansaba su padre. Al llegar se arrodillo y lo miró fijamente. Se veía realmente mal, podría ser que ni siquiera Kameko pudiese salvarle la vida. Agitó la cabeza, intentando disipar todos esos pensamientos, después suspiró y se levantó dispuesta a irse. Un susurro la detuvo.
—Kagome— su padre pronunció con voz débil esa palabra mientras abría los ojos.
Ella regresó a su lado
— ¿Qué sucede padre?—murmuró mientras volvía a tomarle la mano
—Ya tienes diecisiete años— no era una pregunta, por lo que Kagome no respondió, Ogata apretó su mano antes de continuar— Kagome, cuando eras muy pequeña, ¿Recuerdas que recibimos la visita de mi mejor amigo?
— ¿La del señor del oeste?, si, la recuerdo
— ¿Recuerdas de lo que hablamos?
Kagome negó con la cabeza
—Sabes que la forma de unir dos tierras es mediante el matrimonio de los descendientes de la familia— nuevamente era una afirmación— debes unir estas tierras con las del Oeste, Kagome, cuando cumplas dieciocho años, deberás hacer honor a la promesa que le hice a mi amigo, un mal se acerca Kagome, y esto ayudara a detenerlo
—Pero eso es dentro de un par de meses, y yo no quiero casarme
—Por favor Kagome, hazlo, eres mi única heredera, por favor—susurró, su mano, que hasta el momento estaba firmemente sujeta a la de Kagome se relajo de repente. Mientras cerraba los ojos
—Padre
Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la chica, y los sollozos salieron de su pecho. Y se quedó ahí, junto al cadáver de su padre.
Cuando Kagome salió de la habitación su rosto estaba inexpresivo, caminó hasta llegar al origen de la presencia de Kameko. Una vez llegó frente a su habitación, se quedó un momento parada, después abrió la puerta y entró, siendo seguida inmediatamente por la mirada de la mujer. Se sentó en una silla y se quedo un momento callada.
—Tú lo sabías— susurró
—Si te refieres a lo de tu emparejamiento, si, lo sabía
—No quiero hacerlo, — susurró
—Lo siento, no hay manera de romper el trato sin que nos hagamos de enemigos
Kagome se quedó callada, el dolor se retrataba en sus facciones. Era tan notorio que Kameko se sintió un poco conmovida.
—Ve a corretear por ahí, veré si encuentro que hacer.
Kagome la miró agradecida antes de salir. En cuanto se quedó sola Kameko soltó un suspiró
— ¿En qué rayos me metí?
Kameko sintió una descarga eléctrica al momento de liberar más energía, las palmas de sus manos estaban completamente quemadas, Kazumi no se encontraba en mejor estado, los símbolos estaban rebosantes de energía y su luz envolvía a una forma humana que se encontraba en el centro del círculo. Aun no sabía cómo era que se había decidido a usar ese conjuro tan peligros, uno nuevo que jamás había hecho antes, pero que había encontrado en un antiguo rollo de papiro. Un poco más de energía se desprendió del cuerpo que se encontraba en el centro, lo que ocasiono que hiciese una mueca de dolor, mientras Kazumi soltaba un quejido.
— ¡Aumenta tu youki!, — le indicó a gritos a su hija, — ¡Pronto se abrirá el portal!
Kazumi asintió y entrecerró los ojos mientras el flujo rojo que desprendían sus manos aumentaba. "Solo un poco más" pensó Kameko, la única forma que había encontrado de salvar a su princesa de un matrimonio arreglado había sido enviándola lo más lejos posible, ocultando su naturaleza y sellando sus recuerdos. Entre las oleadas de energía alcanzó a distinguir a Deika que las miraba preocupado. Apartó su mirada y se esforzó en aumentar su youki aun más.
Una esfera encerró el cuerpo de Kagome y comenzó a elevarlo, de la nada se abrió una brecha y la esfera entro liberando una oleada de energía al desaparecer. Cuando todo acabo Kameko cayó de rodillas, jadeando por el esfuerzo. Su hija se desplomó sobre el piso y solo se salvó de chocar contra este, ya que Deika la retuvo entre sus brazos, rodeándola tiernamente.
—Funciono—dijo antes de caer desmayada ella también
Naomi caminaba rápidamente rumbo a la casa que compartía con su esposo, llevaba un sobre bajo el brazo. Había vuelto a la clínica para ver i podía someterse a un tratamiento de fertilidad, llevaba casada con su marido cuatro años y medio y aun no había sido capaz de embarazarse. Suspiró derrotada, tal vez nunca sentiría la dicha e ser madre.
Una ráfaga de viento llamó su atención, venía de un callejón. Se apresuró a llegar hasta él y lo que vio la sorprendió, era una niña pequeña, vestida con una yukata blanca, el cabello negro y corto, su rostro pálido y una estrella dibujada en la frente que fue borrándose mientras Naomi se acercaba. Se agachó junto a ella y la miró detenidamente, era una niña muy bonita. La pequeña se removió y abrió los ojos, mirándola un poco asustada.
—Hola pequeña, ¿qué haces aquí?— preguntó amablemente
—No lo sé— respondió la niña con voz asustada
— ¿Dónde están tus padres?
—No lo se
— ¿Cómo llegaste aquí?
—No lo se
Naomi frunció el ceño
— ¿No recuerdas nada?
La pequeña negó con su cabeza
— ¿Ni siquiera tu nombre?
La niña asintió esta vez
—Dímelo
—Kagome
—Qué bonito nombre, el mío es Naomi, Higurashi Naomi, y creo que desde ahora yo seré tu madre.
Hasta aquí llegué, espero que les guste
Ya saben, envienme reviews, me haven muy muy muy feliz (:
