Advertencia: Cualquier parecido que veas en ésta historia con otras ajenas a mi persona, es la simple señal de que lo que te estás fumando no es nada bueno, o que necesitas urgentemente comprarte una vida.
Disclaimer: Odio decirlo, pero "Axis Powers Hetalia" como obra maestra no me pertenece, sino a Hidekazu Himaruya. No es mi intención lucrar con su creación, sino hacer de ésta historia una actividad de mero entretenimiento para quien se interese en leerla.
Capítulo 11: Vicios y Familia.
Vicios: Parte I.
Son comunes los vicios, dependencias y obsesiones en cualquier ser mortal y mundano. Los mortales somos así. Extremizando nuestros gustos, idolatrando personajes y cautivándonos por intereses muchas veces de lo más infantiles, odiosos, dañinos.
Y otros tantos muy simpáticos, también.
Alfred F. Jones estaba viciado. Completamente viciado. Obsesionado como si la vida se le fuese en las cosas que le apasionaban, como a un poeta se le va el alma cuando escribe.
Uno de sus vicios: era el de los videojuegos. No era capaz de soltarlos en ningún momento, a menos que se hallase en otra obligación, ya de fuerza mayor, como lo era el trabajo. De no ser así, y teniendo una consola o una máquina en las cercanías, se convertía aquella realidad virtual en su centro de atención por bastantes horas.
Era ésta una de esas tardes de aburrimiento, cuando el jefe de "la" estadounidense le daba libre todo lo que quisiera para salir, para hacer lo que gustara.
¿Qué sacaría con tenerla allí, sentada, aburrida, comiendo chatarras debido a la ansiedad? Prefería darle un poco de dinero para que saliera a divertirse.
Era un jefe muy flexible, después de todo. Y para su suerte, contaría con compañía. Matthew ese día había decidido hacer una corta visita para arreglar
unos asuntos, pero sus trámites habían terminado tan rápido, que le quedaba mucho tiempo de sobra en Washington, antes de tener que volver a Ottawa.
Sería el momento indicado para estrechar relaciones con su "hermana".
— ¡Matthew~!— llamó Alfred desde la puerta de su morada, en espera del representante canadiense — ¡Matthew~! ¡Date prisa~!
— Ya voy...— respondió tímidamente el muchacho, colocándose su chaquetón café claro, y acomodando sus gafas. Bajó las escaleras, llegando al encuentro de su consanguínea.
— ¿Ready?
— Ah... yes, yes...— asintió, moviendo la cabeza. A su lado, Kumajirou se sacudía — ¿Dónde iremos?
— Al centro comercial, Matt. Me dieron la tarde libre— guiñó su ojo, y celebró con algunos aplausos.
— ¿Centro comercial?— Matthew se miró confundido con su mascota.
— ¿Los hay en Canadá? Porque en cuanto me digas que no, te juro que...
— ¡N-no...! No es eso, es que...— tragó espesamente su saliva — No... Sé cómo decirlo...
Había visto no solo en las caricaturas, sino también en series de la vida real, que las adolescentes estadounidenses tenían una gran fascinación por los centros comerciales. Les gustaba encerrarse por mucho tiempo con sus amigas en los probadores, intercambiando opiniones acerca de la ropa, llevar pilas de éstas para comprarlas con las tarjetas de crédito de sus consentidores padres, para luego obligar a sus novios a cargar las embarazosas bolsas floreadas de rosa mientras pasaban por más tiendas, llevando más y más bolsas de cosas inservibles. Era un clásico.
— Alfred...
— ¿Si?
— ¿Qué haremos allí...? No... Comprarás demasiadas cosas ¿Cierto?
— ¡Oh, no!— carcajeó, para luego, acomodarse el cabello con la mano — Quiero probar el videojuego que los japoneses instalaron en el sector de entretención. Kiku me dijo que era una maravilla tecnológica y que la trama era excelente... ¡Debo probarlo!
— ¿Videojuegos?
— ¡A mí me encantan! ¿Y a tí?
— No... Soy muy apegado a ellos...
— Ya veo... ¡Ah, si! Y luego pasaremos a arrendar unas películas y comprar palomitas y gaseosas para desvelarnos. ¿No suena cool?
— Eh... sí— se sonrió tímidamente — Se oye bien...
— Pero antes de pasar por los juegos...— Alfred sobó suavemente su estómago — Me ha entrado el apetito... ¡Necesito llenar el tanque antes de jugar!
— Ah...
— Así que primero nos daremos una LA~RGA vuelta por el patio de comidas, hermanito...— sonriéndose, "la" estadounidense abrió la puerta. Hizo un gesto con la mano, indicándole al canadiense que saliera. Suspiró cansinamente, haciéndose de la idea que aquella tarde, como todas las que pasaba en aquél país, sería en extremo agotadora.
Alfred tenía mucha energía. Lo sabía. Todos, en verdad. Todos excepto él. No parecía darse cuenta de la velocidad con la que llevaba su ritmo de vida, sus precipitadas e improvisadas conclusiones, inclusive la manera en que hablaba delataba su acelerada rutina, su ansiedad, su apuro... Matthew salió de la morada, junto a su osito, y tras de ellos Alfred les siguió, cerrando la puerta desde afuera.
— ¿Quieres tomar el autobús? ¿O que vayamos en automóvil?
— Ah... automóvil estará bien— Matthew se preguntó internamente por qué Alfred le habría dado a escoger. No le dio la importancia suficiente como para preguntarle.
"La" estadounidense sacó el manojo de llaves de su bolsillo, y caminó hasta la entrada del garaje. Abrió el candado, y la subió hasta donde su nueva estatura le permitía, siendo el sistema instalado en la puerta el que se encargó de subir la puerta lo poco que faltaba, hasta su tope. Abriendo sus ojos de par en par, contempló atónito el canadiense el colosal y magnífico vehículo que manejaba su hermano. Quedó boquiabierto, y sin señal de estar respirando. Alfred se volteó, y viendo el semblante de su consanguíneo, le dedicó una sonora carcajada.
— ¡Ah! Te gusta mi auto... Es precioso ¿Verdad?
— Es enorme...— jadeó Matthew, acercándose a pasos nerviosos y constantes. Se detuvo frente a la carroza motorizada, logrando ver su reflejo de manera curiosamente clara en el elegante negro. Los vidrios polarizados, piezas como el parachoques, los espejos y los destalles de las puertas en brillante plateado. Era una estructura admirable, deseable. Y como a todo buen estadounidense le gusta: magnífica, ostentosa. El sueño de todo americano.
— ¿Subes, Matthew?— invitó Alfred, abriendo la puerta del lado del conductor.
— C-Claro...— recuperando por fin el aliento, se encaminó a la puerta del copiloto, y la abrió, dejando primero el paso a Kumajirou, y luego, subió. Se acomodó en el asiento, cerró la puerta con cuidado, y cruzó delante de su torso el cinturón de seguridad. Kumajirou subió a sus piernas.
— ¿Listo?
— Sí.
Encendió el vehículo. El motor rugió violentamente y todas las luces del panel del conductor brillaron; se acomodaron las agujas de las revoluciones, del tanque de gasolina y la velocidad en diferentes ángulos. La radio, una vez el motor en marcha, resonó en la emisora que había quedado en la última vez.
Sonaba uno de los más grandes éxitos de Slipknot, a todo volumen, haciendo temblar las ventanas, dirigiendo los latidos de los tres palpitantes corazones. Alfred sacó su teléfono, y marcó de memoria el teléfono de la casa, y habló una vez que contestaron dentro. Venció el volumen de la música, con una orden cortante y severa:
— Hey, ya voy saliendo... Dile al jefe que vuelvo para la noche. Y cierra el garaje cuando haya salido ¿Vale?... — separando el pequeño aparato de su oído, presionó el botón que puso fin a la llamada. Asió la palanca de mano, y presionando embrague, colocó la primera marcha. Luego, acelerador. La máquina se movió. En la radio, Corey Taylor gritaba al desgarrador margen de su garganta uno de sus mejores temas.
Y Alfred lo coreaba con nula entonación, desafinando a cada rato, trabándosele la lengua y carcajeando cuando se confundía. Divertido, Matthew acompañó con rítmicos golpeteos de sus pies en el suelo del auto. El estadounidense, en tanto, seguía el ritmo golpeando con los pulgares sobre el volante...
Llegaron al primer semáforo. Rojo. El auto se detuvo de a poco. Junto a ellos, en un deportivo de cegador color rojo, un grupo de adolescentes sintonizaba su misma radio, y comenzaban a gritarles invitaciones e insinuaciones para el goce. Era un truco típico para el coqueteo de auto en auto pero como era de saberse, mientras más grande el grupo de "matadores", más obscenos eran sus piropos. Y es que las grandes masas fomentan la cobardía...
Deberían haber sido unos seis, o más, subidos en el vehículo en posiciones solo comparables a las de las figuras del Tétrix. Típico de los mozalbetes que quieres salir de fiesta, o a hacer desorden. Una de las chicas, encaramada sobre el asiento, se movía al ritmo de la canción puesta en su emisora a todo volumen, mostrando todo su calentador cuerpo. Detrás de ella, firmemente la agarraba un muchacho, con las caballerosas intenciones de mantenerla en equilibrio, o las sospechosas de arrancarle la ropa. Como fuese, los de adelante eran otro cuento.
Sacados casi de una revista de modas masculinas, se creían la soberana muerte. Comenzaron a gritarle a "la" estadounidense.
— ¡Buena delantera el modelito. Ha de tener un parachoques...! — se baboseaba uno, mirando a Alfred tras los cristales de los lentes de sol.
— ¡Y qué focos, tan azulitos! ¡¿Crees que haya suficiente espacio en ese portaequipajes?
— ¡Yo pido el capó!
— ¡Preciosa! ¡¿Y si le echas una mano a ésta palanca de cambios?— se carcajeó el muchacho que sostenía a la chica del auto. La joven le seguía el juego.
— ¡Y mira nada más: doble airbag!
— (Qué asquerosos...)— pensó Alfred para sus adentros, disponiéndose a cerrar la ventana, pese al horrible calor que hacía. Antes de eso, el que iba al volante le gritó como último:
— ¡Eh, mi reina! ¡¿Y si hacemos entre tres un cambio de aceite?— y se carcajeó lascivamente. Alfred ardía de ira, y volviendo a bajar lo poco que había alcanzado a cerrar de su ventana, le gritó con todas sus fuerzas:
— ¡Que te encuentre solo, mocoso! ¡Con tus amigos y todo: Full equipo! ¡Pero solito, apuesto que es bien básico tu modelito!— y dicho esto, cerró la ventana. Notó como los del auto contiguo, aparte de reírse del muchacho que iba al volante, ya no parecían querer molestarle más.
— ¿Y... de dónde se te ocurrió eso último, hermano?— preguntó sorprendido Matthew. Alfred se sonrió.
— No sé. Me salió del alma.
— Ah...— movió la cabeza — Entonces... ¿Comeremos primero?
— ¡Así es! ¡Deliciosa comida rápida, y luego a jugar! Nos la pasaremos genial.
— Me huele a que terminarás sangrando, Matthew— acotó Kumajirou. El canadiense tragó espesamente su saliva. Siempre que se juntaba con Alfred solía quedar adolorido, ya fuera por un golpe descuidado, o por su desmedido y abusivo uso de la fuerza. Concordó con el mal presentimiento del osito, pero no dijo nada.
Familia: Parte I.
Llamaron a la puerta por tercera vez, sin obtener respuesta alguna desde el interior de la morada. No era bien visto dejar esperando a un invitado, pero era comprensible si se tenía que realizar toda una preparación previa a una importante junta, como a la que habían sido convocados Im Yong y Yao ese día, en el territorio norcoreano.
— ¡Hola~! ¡¿Hyung? ¡¿Estás allí?— gritó el surcoreano, golpeando el madero de la puerta.
— No lo presiones-aru. No queremos enfadarlo tan pronto...
— ¡Hyu~ng!— golpeó otra vez — ¡Hyu~ng!
— Debe haber salido-aru. Esperemos un poco más...
Entonces, la puerta de la morada se abrió. Y con un serio semblante, les recibió el dueño de casa.
— Annyong hashimnigga (Buenas tardes)— dijo con tono hosco Hyung, mirando a sus dos invitados.
— Ni hao kailan (Buenas tardes)— respondió Yao, haciéndole una reverencia. Im Yong, sin decir nada, imitó el gesto, para luego, aventarse contra Hyung, abrazándole fuertemente.
— ¡Hyeong* (Hermano)!— vociferó alegremente, echándole ambos brazos al cuello — ¡Tanto tiempo-daze~!
— ¡I-Im Yong...!
— ¡Oye! ¡Ley del metro cuadrado, idiota!— el norcoreano se zafó del agarre, y rojo de vergüenza, arregló su hanbok blanco de chaquetilla roja. La carita en su rizo, que iba hacia abajo, mostraba enfado.
— Discúlpalo— susurró Yao — Está emocionado.
— ¡Hermanito mío...!— el surcoreano palmoteó los hombros de su consanguíneo — ¡Qué alegría verte de nuevo...!
— Pasen antes que cambie de opinión— ordenó Hyung, volteándose hacia el interior de la morada — Largo tiempo en verdad, Nuna (Hermana)... creí que no vendrías hoy... algo había oído de Im Yong acerca de tu nuevo estado...
— ¿"N-Nuna"...?— un tic apareció en el ojo derecho de "la" china —Sólo dime Yao, por favor...
— Es demasiado personal el llamarte por tu nombre, Nuna.
— Pero no es correcto que me digas así...
— ¡"Nuna"!— repitió Im Yong, aplaudiendo — ¡Me gusta! ¡Nuna, Nuna, Nuna, Nuna...!
— (Salve Buda, por favor, dame paciencia-aru...)— Yao suspiró — Entonces, Hyung, guíanos... cuanto antes empecemos la reunión, antes te dejaremos tranquilo-aru.
— ¿Aún tienes ese tic, Nuna?— preguntó el norcoreano, con semblante molesto — Hiciste que Kiku dejara de decir "desu" todo el tiempo, pero ni tú ni mi hyeong han dejado de ser tan infantiles*...— observó frunciendo el entrecejo.
— ¿I-infantil-aru?— el tic en el ojo de Yao se acentuó aún más — Es... sólo un sufijo...
— Y suena bien-daze~. Imaginar a Yao sin decir "aru" se sentiría raro— acotó el surcoreano, en defensa de "la" mayor. Hyung soltó un gruñido como respuesta.
— Esperen en la sala de estar. Iré por algo e iniciaremos con nuestra reunión— señaló el fondo del pasillo, y luego, se retiró hacia la cocina, en el lado contrario al salón señalado. Los invitados siguieron avanzando, hasta toparse con una habitación iluminada con la luz que se colaba por las ventanas, llenándola de un brillo blancuzco hasta su último rincón. En torno a la mesilla de centro, habían tapices y cojines para los invitados. Yao e Im Yong tomaron asiento, en espera de la llegada del dueño de casa...
— No es por malicia, pero...— sonriéndose disimulado, el surcoreano susurró al oído de "la" china — Hyung sigue igual de malhumorado-daze~.
— Eso no es novedad... Y... ¿Notaste lo delgado que está-aru?
— Ah, pero no se ve demacrado como cuando estaba en... "esa" guerra*— acotó por lo bajo el surcoreano — Pero está más enojón que cuando vivía con nosotros.
— Sabemos que aparenta-aru. A diferencia de todos ustedes, él no es de mucha piel, pero pese a todo, igual nos quiere-aru.
— ¿Cómo sabes?
— Porque si no lo hiciera, no se hubiera molestado en invitarnos-aru— "la" china se sonrió — Es... tan sólo un muchacho complicado-aru.
— ¡Daze~! Se me ha ocurrido una gran idea— cambiando la carita en el rizo de Im Yong, ésta tomó un semblante más contento, al igual que su poseedor: — Podríamos reunir a toda la familia en mi casa, comer hasta hartarnos, jugar, hablar de la vida... ¡Nos reencontraríamos y reviviríamos tantos lindos recuerdos-daze~!
— Me gusta la idea-aru— apoyó Yao.
— ¡Oh~, hace tanto que no nos vemos todos juntos! Sería lindo encontrarnos con los hermanos que están en Tailandia, en Vietnam y el Tíbet... y si es que quiere: nuestro primo mongol...
— ¡Ah...! Esto... complicado-aru... no... no me entiendo muy bien con él-aru*...
— Pero es parte de la familia-daze~... y hace mucho no lo veo.
— Entiendo-aru... pero es que en serio no me entiendo mucho con él, es tan... distinto a nosotros, y... ¡No sé! le tengo algo de rencor todavía-aru...— apenado, Yao bajó la vista — Por suerte en ese tiempo pude controlar sus intenciones... y siempre se mantuvo distante...
— Entendido-daze~...— asintió — Pero... ¿Te ha gustado mi idea?
— Es muy buena, Im Yong, me gustaría que se llevara a cabo-aru— sonrió ampliamente — Reunir a toda la familia... ¡Qué lindo~! Podríamos ver las viejas fotos que tengo de ustedes, y los dibujos que tengo guardados de cuando eran más pequeños-aru...— suspiró enternecido — Y todos esos pequeños regalitos que me hacían... todavía los conservo, todos ellos, en una repisa especial en mi oficina-aru...
— ¡Qué tierno~! Espero a Hyung le agrade...— luego de celebrar, volteó. En una repisa cercana, una fotografía de su hermano en uniforme militar, junto a la bandera de su patria. Tenía en sus manos una katana a medio desenvainar. Gateó hasta el mueble, y tomó el daguerrotipo en sus manos — Yao, ven a ver esto...
— ¿Qué es-aru?— levantándose, "la" china se aproximó hacia su hermano. Por sobre éste, pudo distinguir la fotografía. Se sonrió conmovido — Es Hyung...
— En uniforme-daze~— Im Yong le cedió la fotografía a Yao, y "ella" la miró con mayor dedicación y detalle.
— Lo he visto tan pocas veces tan crecido, que me cuesta asimilar que rápido ha pasado el tiempo...— suspiró la "mujer" china — Mis recuerdos sobre Hyung siempre se remontan a años muy remotos, cuando tan solo era un niño-aru... y verlo así tan... fuerte... hecho todo un hombre... y pensar que creció tan lejos de nosotros...
— Ninguno de nosotros le veía muy seguido-daze~. Me atrevería a decir que, con lo poco que lo hice, fui yo quien más alcanzó a pasar tiempo con él...
— Y pensar que son mellizos-aru...— Yao se arrodilló junto a Im Yong, y colocó la foto frente a ambos, de modo que pudieran apreciarle a la vez — En realidad me habría gustado estar allí con él más tiempo, como lo hice con ustedes-aru...
— A todos, Yao...— el surcoreano quedó pensativo un buen rato, en silencio.
— ¿No crees lo mismo que yo, Im Yong? En la fotografía Hyung se ve muy guapo-aru— acotó Yao, soltando una risita.
— Siempre creí que yo era el guapo.
— Ah~... todos ustedes lo son: tú, Hyung, Kiku, Lee, MeiMei...— enumeró Yao, como una verdadera madre y aficionada. A su mente, vinieron una sucesión de imágenes y recuerdos de todos sus hermanitos menores, pequeños, muy pequeños, todos arreglados y vestidos como él acostumbraba a hacerlo: trajes tradicionales, los dos chonguitos con los que ordenaba el cabello de MeiMei, todos los pequeños coreando canciones y rimas infantiles... los ojos se le preñaron de lágrimas...
— Yao... ¿Estás llorando?
— ¿Eh...? ¡No, no-aru!— carcajeó forzadamente, secándose los ojos con la manga de su típico traje rojo, excusándose — El Sol me irrita los ojos... nada más...
— ¿De qué te acordaste-daze~?— insistió Im Yong, más que convencido de que Yao mentía.
— Nada... nada...— refregó la tela carmín contra sus ojos con aún más fuerza e insistencia, tratando de normalizar también su levemente agitada respiración, y disimular la voz quebrada. En el umbral de la puerta, el dueño de casa había reposado la espalda, mientras les observaba con semblante aún más serio:
— Si ya han terminado con lo suyo, podemos empezar nuestra junta ¿No?
— Claro, Hyung— asintió Im Yong, para luego, tomar la fotografía y dejarla en su lugar. Yao volteó hacia el norcoreano, y disimulando la vista irritada, se dirigió a la mesilla de centro.
— ¿Beben?— ofreció Hyung, poniendo en la mesa una botella etiquetada con caracteres nacionales, y tres vasos.
— ¿Qué... es...?— acercándose, Yao trató inútilmente de descifrar la etiqueta.
— Es Soju*-daze~.
— ¿Soju? ¿Que... no era ilegal-aru?
— Sólo cuando escasea el arroz, Nuna— respondió Hyung, sirviendo el primer vaso — Me tomé la molestia de reservarla para ésta reunión.
— Qué considerado— apremió Yao. Luego de que el primer vaso se hubo llenado, le fue cedido por el anfitrión — Gracias-aru...
— Me imagino que no tienes que conducir después ¿O no?
— Eh... no, no...— Yao sonrió.
— Y me imagino que mucho menos tú— acusó el norcoreano a Im Yong, con mirada severa. Llenó el segundo vaso, y se lo cedió a su pariente sureño.
— Yo sí conduzco-daze~. Soy quien trajo el auto.
— Entonces beberás moderadamente, papugati (tonto).
— Entendido...
— A la salud de todos-aru— Yao levantó un poco su vaso, y brindó — ¡Gan bei*!
— No es una cena, es una reunión formal— corrigió Hyung, antes de llevar el vaso a sus labios, y sorber un poco. Los invitados le imitaron, hasta que el anfitrión dejó el recipiente sobre el madero de la mesilla.
— ¡Qué buen licor!— jadeó Im Yong, luego de sentir el ardor de la bebida bajando por su garganta.
— Está... un poco fuerte-aru— Yao aspiró por la boca profundamente.
— Entonces... ¿Por dónde quieren comenzar? — incitó Hyung, cruzándose de brazos, y mirando fijamente a Im Yong.
— ¿Eh? Pues... hyeong... lo que sucede es que...
— ¿Si...?— desafiante, frunció el entrecejo.
— Ah, pues... eh...— Yao tartamudeaba — Bueno, ya sabes... tus asuntos como representante de tu país... ¿No crees que... deberías asistir a las reuniones-aru?
— ¿Reuniones?— el norcoreano arqueó una ceja — Me niego.
— Sería importante que lo hicieras-aru. Tu país es parte importante de éste mundo-aru, y a los demás nos preocupa tu situación-aru...
— Maldito sufijo tuyo, me está desesperando— interrumpió Hyung, volviendo a dar otro sorbo a su bebida — ¿Les preocupa lo que pasa en Corea del Norte?
— Así es...— respondió el surcoreano.
— Díganles a todos esos metiches que mi país está bien. No necesito de su lástima...
— Pero...
— Céntrense en sus propios problemas— continuó el anfitrión, poniendo cada vez una peor cara. Similar a la de cierto conocido sueco. — Hay muchos otros países que pasan por situaciones bastante malas, y les agradecería que en vez de estar intentando penetrar forzadamente en mis límites, pusieran algo más de empeño por los más necesitados...
— Bueno, muchos de los pobladores podrías decirte lo contrario Hyung... porque si mal lo recuerdo, fueron hasta mi país pidiendo ayuda-aru*...
— Esos tiempos ya pasaron. Estamos bien ahora. Si me disculpan, y no es molestia, quisiera que tocaran otro tema que no sea el de vincularme con todos ustedes...
— Pues... ¡Ah, si! Esto...— Im Yong comenzó a hacer memoria de los temas acordados con Yao — Em... tu... tus leyes...
— ¿Qué tienen de malo?
— Muchas... cosas-aru— intervino Yao, llevándose una mirada asesina por parte del representante norcoreano — ¡Ah...! es que... bueno... aru...— tragó saliva dificultosamente. Su garganta le dolía... — Tus... políticas de turismo. Son muy duras...
— ¿Por qué?
— Si alguien entra a tu país, queda totalmente desconectado del exterior-daze~... nadie puede comunicarse, porque confiscan todo lo que sirva como medio de comunicación: teléfonos celulares, sistemas de posicionamiento global, además de mascotas, radio y propaganda de masas... ¿No crees que es demasiado extremista-daze~?
— NADA de lo que ocurra en éste país, sale del país. Es necesario para la protección de otras naciones...— afirmó Hyung.
— Bueno, bueno-aru...— suspiró "la" china, tomando su vaso, y dando un breve sorbo — (No se puede sacar nada en claro con éste niño...)
— ¿Y qué de ustedes? ¿Estás acaso mucho mejor?
— La verdad es que sí— dijo con seriedad el surcoreano. La carita de su rizo también cambió.
— ¡Im Yong...!— Yao dio un respingo, y comenzó a reír nerviosamente — Dis... discúlpalo-aru.
— Déjalo, Nuna.
— No... No soy mujer-aru...— nuevamente, el tic en el ojo derecho de "la" china. Trató de sonreír — Sólo dime "Yao"...
— Viendo que no sacaremos nada en claro, pasemos a otro tema...— de su extraña seriedad, Im Yong pasó a sonreír con amplitud, y vociferar con energía: — ¿Para cuándo la junta familiar-daze~?
— ¿Junta, dices? No, gracias...— bufó soberbio el dueño de casa, volviendo a tomar de su bebida — Ya hace mucho me desligué de todos ustedes...
— Hyung, por favor-aru...
— No.
— ¡Vamos, será divertido~!— Im Yong se levantó, y tomó lugar junto a su hermano, echándole los brazos al cuello, y refregando su mejilla contra la de él
— ¡¿Hace cuánto que no ves a nuestro dongsaeng (Hermano menor) Lee? ¡Y deberías ver lo guapa que está MeiMei! ¡Y qué decir Kiku...!
— ¿Q-Qué?— Hyung abrió sus ojos de par en par. Luego, empujó al surcoreano — ¡Y deja de invadir mi metro cuadrado!
— Lo siento. ¿No lo sabías? Kiku también es una chica ahora... — carcajeó con ganas —¿En serio no lo sabías-daze~? Lo mismo pasó con los representantes de Rusia, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania...— enumeró despreocupadamente el surcoreano, poniendo cada vez más tenso a su consanguíneo.
— Sa... sabía de Yao por lo que me contaste, pero... ¿Kiku? ¿Y... y todos los demás...?— Hyung remeció la cabeza con fuerza — ¡¿Qué les pasó...?
— Yo lo llamo "Crisis"-aru— intervino Yao, vaciando su vaso de Soju — Por suerte no será eterno-aru...
— Eso es lo aburrido-daze~, porque a Yao le sienta bien ser mujer ¿O no?
— ¡I-Im Yong...!— "la" china se ruborizó intensamente — N-No te acostumbres-aru. Tarde o temprano volveré a ser hombre-aru...
— L-Lo... lo veo difícil...— la voz quebrada de Hyung delataba su nerviosismo, y la rapidez con la que vació su vaso, y volvió a servirse otro lleno: su desesperación. — A-apenas y creí lo de Yao... y ahora me vienes con esto...
— Bueno, pero ahí se ve lo desconectado que estás de la familia y el mundo, hyeong...— asintió sonriente Im Yong, retomando el tema — Entonces ¿Qué día te acomoda? Será en mi casa, comeremos un rico Kimchi* y beberemos sake y soju por montones ¿Qué dices...?
— Podríamos también revivir tradiciones familiares, como armas casas con mondadientes, ver los animés que Kiku pueda traernos...
Y así, ambos parientes asiáticos siguieron enumerando una larguísima lista de ideas divertidas acerca de lo que podrían hacer en aquella junta planificada. Hyung estaba en shock, callado, los nervios y la culpa le carcomían por dentro. Desoía lo que decían sus hermanos, y mejor, porque la sola idea de ver a toda su familia, felizmente reunidos, mientras él observaba de lejos, como siempre había hecho, llenaba su pecho de una dolorosa y vergonzosa sensación de angustia, que por muchos años había ocultado en un uniforme de guerra y un genio de los mil demonios.
— Hyung... oye... Hyung...
— Está muy pálido-aru... ¡Eh... Hyung! ¡Hyung...!— sintió los cálidos brazos de su "Nuna", rodearle en torno a los hombros. Apenas y distinguía imágenes, sonidos, sensaciones...
— Está cerrando los ojos... ¡Oye, Hyung...! ¡Hyung! No tiene buen aspecto, deberíamos tenderlo-daze~...— ahora, fue cargado por Im Yong, quien le acomodó en los cojines dispuestos en el suelo. Sin poder siquiera exhalar un último suspiro, perdió la conciencia.
Vicios: Parte II.
— ¡Ahora a los juegos...!
— Hermano, estoy satisfecho... por favor, no me apresures...
Llevaban menos de veinte minutos, luego de haber ordenado su comida, y ya Alfred había acabado con su hamburguesa y su ración mediana de patatas fritas. La gaseosa se había hecho de rogar un poco más, pero... tampoco resistió demasiado. Lo único que pensó Matthew, era que su hermano mayor no comía: TRAGABA. Y su estómago no tenía fondo.
— ¡Apresúrate, Matt! ¡Estoy ansioso!— insistió el mayor de los americanos, tomando unas cuantas patatas con la mano, y poniéndolas cerca de la boca del canadiense. Éste le hizo el quite con la cara, sintiéndose asqueado por la presión... no era la primera vez en la tarde que Alfred hacía eso, de hecho, fue así que en un tiempo casi récord, su hamburguesa se había deshecho casi mágicamente, situándose pesadamente en su estómago, en conjunto a la burbujeante malteada que, casi por la fuerza, había sido introducida mediante el uso de una pajilla. Alfred estaba muy acelerado.
— Hermano, por favor... dame tiempo, apenas y trago...
— ¡Sin excusas! Come, o cerrarán el local antes que podamos ir a jugar— insistió "la" estadounidense, acercando nuevamente las patatas fritas, ésta vez, alcanzando a hacer que rozaran los labios de Matthew.
— E-Espera...— el canadiense interpuso frente a la boca una de sus manos, y volteó, cerrando los ojos — Comes muy rápido, Alfred... yo necesito tiempo...
— ¡Oh~, eres muy lento, brother...!— desistió, y comió "ella" las patatas, para luego tomar otro montón, y acercárselas a su consanguíneo, quien las recibió, masticando apresuradamente.
— Sigue comiendo así, y terminarás vomitando, Matthew— acotó Kumajirou desde su asiento, moviendo con una de sus patitas el recipiente con helado, y dando una lamida que lo redujo notablemente hasta un poco más de la mitad de lo originalmente servido.
— El oso tiene razón, hermano.
— Y es lo que he estado intentando decirte, Alfred...— gimió Matthew, haciendo un enorme esfuerzo por tragar lo comido, que aún lo sentía en la garganta — Me duele el estómago...
— Me lo hubieses dicho antes...— "la" norteamericana tomó el vaso con gaseosa, y dio un sorbo a la pajilla — Yo te ayudaré...
— Si quieres come... yo ya me empaché...
— ¡Por mientras ve a comprar las fichas del juego, brother! ¡Que sean diez, yo luego te pago cinco!— pidió Alfred, sonriéndose por la propuesta, abarcando con sus manos la ración de patatas a medio consumir, y comenzando a llevárselas a la boca.
— Okey...— el canadiense se levantó de su asiento, y caminó en dirección al centro de videojuegos, dispuesto a una distancia no muy larga del patio de comidas.
Le atendió un hombre con aspecto canceroso y aburrido, sin decirle nada, solo tendiendo la mano en espera de recibir el dinero. Matthew, anonadado, metió la mano en su bolsillo, y pasó algunos dólares.
— Diez fichas, por favor...— pidió en voz bajita Matthew. El hombre, dirigiéndole una mirada perezosa, golpeó el cajón de la caja registradora, abriéndolo.
— Disfruta tu tarde, y bla bla bla...— tomó las fichas, a cálculo, y se las entregó a Matthew. Luego, lo mismo hizo con su cambio. Tras recibirlos, el extranjero comprobó que la cifra fuera la correcta... sorprendentemente: lo era...
— Gracias, señor...
— Vete ya, muchacho— gruñó el hombre, sacando una historieta de la parte de abajo de su mostrador de trabajo, y echándose en su silla. Matthew dio media vuelta, y caminó hasta la mea, donde Kumajirou ya había acabado su helado, y Alfred la ración de patatas que sobraba.
—¿Listo, hermanito?
— Sí... ya traje las fichas...— mostró el lote de moneditas en su palma, y sonrió — ¿Qué jugaremos...?
— ¡Oh, un juego muy genial que me recomendó el genio-friki japonés: Kiku!— "la" estadounidense se levantó de un salto de su silla, y se apoyó en Matthew, abrazándose de su brazo — ¡Usaremos pistolas!
— ¿Un juego de puntería?
— ¡Puntería a los zombies!— celebró "ella", apretando más el brazo de Matthew contra sus pechos, y arrastrándole a la zona de juegos. Tras ellos, Kumajirou les seguía de cerca.
— ¿Puedo jugar?— preguntó el osito.
— Kumakichi...
— Kumajirou— corrigió el cachorro.
— ¡Perdón! eh... lo veo difícil... no tienes pulgares...
— ¿Y me subirás a la plataforma para ver?
— Claro...
Entraron al recinto, lleno de luces de colores verdosas, granates y azuladas coloreando las paredes y las pieles de los asistentes, mezclándose y formando nuevos tonos e imágenes. Los ruidos agudos y de baja calidad de los videojuegos más antiguos eran un simpático ruido que sintonizaba a quien se acercara con la naturaleza del lugar: las típicas pistolas y sables laser de los juegos de "Star Wars", los rugidos de falsos motores de los juegos de carrera, las pegajosas musiquitas de los juegos infantiles, los golpeteos de desesperadas manos en los botones y tableros de control por una parte, las risotadas y celebraciones en torno a los maestros de la diversión virtual...
— ¿Cuál de todos es...?— preguntó Matthew, mirando hacia todos lados del local.
— ¡Es ese de allá~!— señaló animoso Alfred, corriendo con Matthew bien agarrado del brazo en dirección a una máquina que permanecía sin ocupantes.
Trató de seguir el ritmo de trote de Alfred con pasos torpes, y mientras los anteojos le hacían equilibrio, logró descifrar lo que el anuncio luminoso en la parte superior de la estación del videojuego decía:
— "The House of the Dead..."*— gimió para sí mismo el canadiense entre cansados jadeos. Llegando al lado de la máquina, Alfred se detuvo.
— Kiku me dijo que la gráfica es excelente, y que es una saga muy interesante.
— ¿Saga? ¿Y qué "capítulo" es éste?
— El la cuarta entrega, hermanito— Alfred asió el puntero con forma de metralleta, y con una mirada cómplice, dio a entender al canadiense que esperaba nada más la introducción de las fichas para comenzar. Matthew tomó el otro disparador, y con la mano libre, hurgó en su bolsillo, tomando dos fichas, y las acercó a la ranura de la máquina. Mientras, Alfred acomodaba su ropa, arremangando la camisa, y desabotonando los primeros dos botones de ésta, para dar mayor libertad a su cuello. Ordenó su cabello con la mano, y luego, respiró hondamente.
— ¿Listo, Alfred?
— ¡Siempre listo...!— hizo un gesto con su pulgar apuntando hacia arriba, y guiñó su ojo. Tras ellos, Kumajirou les miraba atentamente, sentado en el suelo y alzando la cabeza para obtener una mejor perspectiva de lo que acontecería. Un grupo de jóvenes, en espera de que el juego se desocupara, se fueron colocando en torno a los dos hermanos americanos.
El parpadeante "Insert Coin" en la parte inferior de la pantalla, pronto señaló en su escritora fraccionaria la entrada de la primera ficha. Tenso, Alfred sujetó bien el arma, y tragó la espesa saliva. La entrada de la segunda ficha se digitó, con el característico ruido de las máquinas hacen al recibir la pieza.
Asiendo firmemente su disparador, Matthew presionó con la parte delantera de ésta ambos botones de comienzo. La pantalla en negro, y luego, el video de inicio...
Diálogos vagos entre los dos agentes principales: un hombre sentado en una silla, en medio de una muy desordenada oficina, y caminando en torno a él, una mujer de rasgos virtualmente agradables, vestida con chaquetón rojo y botas de taco. Sin dar gran importancia, Alfred prefirió saltar el video de inicio. Siempre lo hacía. Quería acción inmediata, adrenalina, pánico. Ver y destruir a los zombies le tenía impaciente...
Entonces, del mismo modo que Matthew lo había hecho, golpeó su botón de inicio con la parte delantera del arma. Apretó bien los labios, engarrotó los dedos en torno al cargador y el gatillo, y luego...
— ¡MATTHEW...! ¡DISPARA~, DISPARA~~!— vociferó Alfred a todo lo que daba su garganta, presionando el gatillo de su arma totalmente fuera de control. Apuntaba apenas a las cabezas de los monstruos virtuales, pero para su suerte, acertó gran parte de sus tiros. Matthew era más paciente, y manteniendo un semblante impávido, tomaba algo más de tiempo en realizar sus movimientos.
— Alfred, no...
— ¡Cuidado~!— cargó el arma, e hizo una rápida y casi precisa puntería a los tres muertos vivientes que enfocaba la pantalla. Uno de ellos, en el juego, logró tomar el arma — ¡¿Q-Qué hago...?
— ¡Ahí dice: sacude el arma!— aconsejó divertido el canadiense. "La" estadounidense agitó el arma como si todo lo del juego fuese verdad, como si su vida real dependiera de que aquel monstruo hecho a computadora soltara su supuesto disparador... Y así, reanudó el juego, dándole de lleno en la cabeza.
— ¡Le di!— celebró en un aullido de gloria, volviendo a cargar su arma.
— ¡Cuidado, ahí vienen otros...!
— ¡¿Disparo?
— ¡Deja que salten primero, así es más fácil...!— Matthew, mientras hablaba, vio con sorpresa que uno de los holograma reducía en una unidad su "vida" dispuesta en la parte inferior de la pantalla. Luego, presionó el gatillo, y deshizo al zombie en un polvillo que se desvaneció, y un chorro de sangre oscura e irreal, que fue a dar a la nada. Alfred rugió potentemente:
— ¡Muérete, zombie miserable!— y dicho esto, volvió a disparar. Era monótono, predecible, repetitivo... pero todas y cada una de sus hormonas nutrían en sobrecarga su organismo, y las arterias llevaban la rauda sangre a todos sus miembros, acalorándole, pidiéndole más...
Un pequeño video de "espera". Sujetando aún el puntero artificial, Matthew y Alfred se miraron con complicidad. "La" americana le sonrió, y asintió con la cabeza, para luego, voltear a la pantalla nuevamente. Allí, tras cristales transparentes, una nueva horda con decenas de muertos vivientes, les acechaban hambrientos...
— Son muchos...
— Nada que no podamos enfrentar, brother...— jadeó Alfred, sonriéndose. El video acabó cuando el cristal se deshizo en pedazos, y los zombies avanzaban hacia la pantalla. La perspectiva de la imagen era perturbadora. Sentir que, estando fuera de aquella "realidad" computacional, todos esos horrendos hologramas se vienen encima, extendiendo sus manos despellejadas y azulinas, aullando de forma lastimosa, hambrienta...
Matthew disparó otro par de veces, cargando de forma alternada. Y no fue hasta que uno de los zombies atrapó nuevamente al personaje de "la" americana, que volvió a escuchar sus feroces bramidos.
— ¡SUÉLTAME, ZOMBIE GA~Y!— movió su arma con descontrol, de un lado a otro. No hubo caso. Su personaje fue a dar al suelo, y los disparos de vieron bloqueados, sólo hasta que el enfoque de la pantalla volvió a la normalidad, con una horrorosa cara desfigurada y roja en primer plano. Alfred volvió a gritar, y presionó el gatillo con furia, alternándolo con el cargador del arma.
En realidad era otro. No era el mismo Alfred entusiasta y enérgico que andaba haciendo las de Superman en todas partes. Tampoco el ingenuo e infantil hombre a quien todos, en parte, odiaban... o quizás temían... ¡Quién sabía! Sólo no era él en ese momento.
"Ella" se había transformado en una especie de heroína de las películas y juegos de "Survival Horror"*, combinada con el estereotipo de mujer histérica, compulsiva, enérgica. Seguía teniendo ese extraño potencial que tanto caracterizaba a Alfred. Esa energía que nadie sabe de dónde obtiene, el fuerte vozarrón con el que manifestaba atroces rugidos de guerrera, el carácter, el potencial. Era extraño, pero maravilloso. Verla así, enviciada, metida en la historia, de forma tan ridículamente exagerada que llega a simpatizar, a asustar inclusive...
Era extraño, pero maravilloso...
— ¡Matthew, apunta!— ordenó en un potente rugido "la" norteamericana, viendo que cada vez los muertos vivientes se le venían encima. El canadiense se sobresaltó, y tensándose nuevamente, consiguió alejar a algunos de ellos. Pero pronto, perdió la otra "vida". Introdujo otra ficha y presionó el botón de su lado, reanudando su partida y prosiguiendo con su ayuda.
Mientras que Alfred, hecho una furia, no sabía si cargaba, disparaba o agitaba su arma. Confundido y sobresaltado, pasó por alto un mortal rasguño de uno de los muertos vivientes. Una cuenta regresiva desde nueve, en grandes letras, coronaba el pequeño "Continue"? en la parte inferior de la pantalla.
Extendió su mano, y le fue cedida una ficha mientras el juego se pausaba, a la espera de la rendición o la respuesta del jugador derrotado. La "mujer" introdujo la moneda, y con el arma, golpeó el botón. La partida se reanudó.
— ¿Crees que avancemos mucho más, hermano?— cuestionó el canadiense, sin dejar de mirar y apuntar a la pantalla.
— ¡Of Course! ¡Los héroes siempre ganan!— respondió Alfred, volando la cabeza virtual de uno de sus enemigos. Cuando otro de ellos, que venía muy pegado al anterior, estaba a punto de atacarle, "la" estadounidense le dio un tiro certero en la cara, mandándolo a volar mientras se desintegraba por completo — I'm the shit*...— jadeo victoriosa, sonriéndose ampliamente.
Tras de ellos, Kumajirou era el fiel espectador. No perdía de vista ningún detalle. Ya la gente, cansada de ser simples testigos, prefería ir a ver otros juegos. Los que no, igualmente enviciados y sin emitir ruido alguno, les miraban detenidamente.
Aquella parte del juego era realmente difícil. Porque luego de la primera horda de muertos vivientes, salidos desde atrás del cristal, le venía un segundo ejército.
Las fichas pronto se vieron agotadas. Ya los disparadores pesaban en sus brazos, la precisión no era la misma que desde un inicio. Ya las fuerzas no daban a basto...
— Última ficha...— avisó Matthew, introduciendo la pieza en la ranura — El que quede último: la ocupa...
— ¡Okey!— asintió Alfred. Debido al esfuerzo y la concentración, sacaba la punta de la lengua, mordiéndola suavemente en la punta. Transpiraba, y le dolían las piernas. Demasiada tensión en los músculos. Eso era. De seguro al día siguiente se sentiría igual...
Por fin, la segunda horda fue derrotada. El video del juego les llevó hacia un pasillo bastante más despejado, pero...
Las criaturas venían de sorpresa...
— ¡Muérete~!— soltó Alfred en un sonoro alarido, mientras que ya con menos maestría, se deshacía en dos disparos del contrincante aparecido. Otro tiempo "vacío", dejó caer los brazos con el puntero pendiendo de las manos engarrotadas en torno a las piezas principales. Jadeó rendida, dejándose vencer por un nuevo enemigo que apenas y se había dado cuenta aparecía.
— ¿No vas a seguir, Alfred...?
— Me cansé...— jadeó "la" joven, sonriéndole. Dejó el arma en su lugar, y estiró holgazana los brazos hacia adelante, y luego, los flexionó en un brusco movimiento hacia atrás, como si quisiera romper la ajustada blusa que llevaba puesta. La ropa húmeda se le pegaba al cuerpo, dejándole una sensación de frío que pronto fue general en toda la piel. Suspiró agotada, y miró a su hermano, que imitando su gesto, dejaba el arma en su lugar. El zombie acabó con los personajes estáticos, y pronto, la cuenta regresiva desde nueve ocupó la totalidad de la pantalla.
Ignorándola, se alejaron de la máquina. Pese a su rendición, Matthew sentía una mezcla de victoria y bienestar llenando todo su pecho. Miró a Kumajirou, e hizo una seña con la cabeza, indicándole que les siguiera.
— No pasamos siquiera el primer capítulo del juego— se lamentó falsamente Alfred, desabrochando el primer botón de la blusa, y desajustando la corbata que le adornaba.
— Pero... ¿Te ha gustado?
— ¡Mucho! Deberíamos salir los dos más seguido... ¿No?
— Concuerdo, hermano...— suspiró Matthew, entre rendido y agotado, con los brazos colgando como barras de plomo a los lados — Ha sido divertido.
— Ahora, vamos a otra parte. Quiero ver algo...— "ella" tomó del brazo a su consanguíneo, y comenzó a tirarle hacia la salida del sector de videojuegos sin demasiada prisa. Aunque con más de la que las cansadas extremidades de Matthew podían avanzar en su actual estado...
— ¿D-Dónde vamos?— preguntó el canadiense, acelerando el paso para tratar de ir al ritmo de su "hermana"
— ¡Hace tanto que quiero ver una película~!— carcajeó — Deberíamos desvelarnos comiendo palomitas de maíz, viendo películas de terror hasta altas horas de la madrugada, hacer guerra de almohadas y charlar sobre lo que se nos ocurra.
— ¿Y eso, Alfred...?
— Aquí eso se le llama "Pijama Party", y a las chicas de Estados Unidos parece gustarles muchísimo ¡Siempre las pintan tan divertidas en las series y películas que me dieron ganas de hacer una...!
— ¡Pero... eso es para chicas...!
— ¡Entonces hay que aprovechar~! Lo digo por mí, más que nada...— apremió acelerando sus pasos. Salieron del bullicioso lugar, caminando por los aglomerados sectores del centro comercial. Ya el aire en las afueras del rincón de videojuegos era fresco, renovador. Podía respirarse gratamente.
— ¿Hay locales que arriendan películas aquí?— Matthew observaba hacia todos lados, en busca del ansiado lugar a donde era arrastrado.
— ¡Por supuesto, hermanito! No está muy lejos. Y podremos ver algo interesante para pasar la noche sin dormir...
— ¿Elegirás... una de terror?
— ¿Te dan miedo, acaso?
— No es eso, es que...
— ¡No temas, Little brother! ¡El héroe estará allí, acompañándote mientras tiemblas! Y ante cualquier extraña señal, te salvaré— carcajeó potentemente Alfred, haciendo caso omiso a los apenas leves susurros del canadiense.
— Alfred...
— ¡Porque el trabajo de un héroe es ese: ayudar a los desvalidos, proteger a los débiles, salvar a los que lo necesitan, socorrer a los que están en apuros...!
— ¡Alfred...!
— ¡Y también tienen obligaciones menores: salvar gatitos atrapados en los árboles, ayudar a las ancianitas a cruzar las calles, plantar árboles...!
— ¡A-Alfred...! ¡Me duele...!
— ¡... y por supuesto, si lo necesitas, estaré allí para protegerte de los monstruos imaginarios de las películas que me gusta ver...!
— ¡Alfred, por favor...! ¡Mi brazo... detente...!
— ¡Mira...! ¡Allá está!— señaló eufórica "la" estadounidense, echando luego una imparable carrera hacia el local. Tras de él, Matthew trataba de igualar su ritmo de carrera, en intentos de largas zancadas, y llevándose fuertes porrazos contra el suelo, hasta que por fin, el suelo alfombrado le sirvió como consuelo. Una vez dentro del local, trató de incorporarse firmemente, pero cayó de rodillas, con Kumajirou a su lado.
Al fondo del local, una colección de lúgubres y sanguinarias portadas eran exhibidas en repisas de distintos niveles y alturas.
— ¡Vuelvo luego, hermanito!— avisó, trotando hacia la zona de películas de terror. El canadiense, de rodillas todavía en la alfombra, suspiró cansino.
— ¿Qué he hecho para merecer esto...?
— ¿No has pensado en que no le caes bien al Karma?— preguntó Kumajirou, desperezándose a su lado.
— Comenzaré a considerarlo...
— Señorita ¿En qué le ayudo?— preguntó uno de los trabajadores del local, llamando la atención de "la" estadounidense.
— ¡Ah! Hi... Eh...— pensativa, "ella", miró la amplia gama de opciones que ofrecía la tienda en el género del horror — Una película de terror... ¿Cuál me recomienda?
— Puede optar por las más nuevas, señorita, o por algún clásico...— dijo el hombre — Si me lo pregunta, en mí opinión, los clásicos son los mejores...
— ¿A qué llama usted "clásicos"?
— Las películas que han hecho historia. Puede que ahora su calidad de imagen y video no sean las mejores, pero en su momento, fueron el furor del cine, muy solicitadas por lo demás, y han dejado una profunda huella por la cual se han hecho famosas...
— ¿Como la película del payaso?
— Exactamente.
— Usted dígame, y yo elijo ¿Okey?
— Pues veamos... de mis predilectas, le puedo recomendar "La Pofesía", "Poltergeis", "Chucky", "Psicosis", "Alien", "It", "Holocausto Caníbal", "Braindead", "Viernes Trece", "Pesadilla", "El Exorcista"...
— ¡Todas me suenan muy buenas...! A ver...
— ¿Cuántas quiere?
— Bastará con tres para pasar la noche...— llevó su dedo índice al mentón, en señal de estar meditándolo. Relamió sus labios, y miró a la repisa con las portadas en exhibición repetidas veces — Quizás... ¡Sí, ya lo tengo! Señor: quiero arrendar tres películas. Y de casualidad... ¿Sabe de alguna buena tienda donde vendan palomitas por montón?
Familia: Parte II.
— ¿Crees que vaya a tomarle mucho tiempo recuperar la conciencia-daze~?
— No lo sé-aru...— inclinándose hacia el norcoreano, Yao colocó un paño empapado en su frente, enjugándola un poco — Parecía bien hasta que tocaste el tema de la conversión-aru...
— Me sorprende no haya reaccionado tan mal cuando te vio...
— Según dijo, le habías estado comentando de esto...— dijo "la" china, acomodando al desmayado de modo que su cabeza estuviera ladeada, en caso de que fuese a sentir nauseas — Pero sólo de mí-aru...
— ¡Así es-daze~! Olvidé por completo hablarle de los otros. En todo caso, cuando se lo comenté dijo que no se sorprendió demasiado, o algo así, porque siempre le habías parecido andrógino-daze~.
— ¡¿A-andrógino...? ¡Niñato irrespetuoso...!— gruñó, apretando fuertemente los dientes — ¿Cómo se atreve-aru?
— No te enojes— carcajeó el surcoreano. Yao infló sus mejillas.
— Qué atrevido.
— Eso mismo dijo MeiMei una vez que se peleó contigo. Y lo oí también de otras muchas personas.
— ¡Ya verán...! Niñatos... sin respeto. Sinvergüenzas...— gruñía entre dientes, apretando su traje con las manos fuertemente cerradas.
Pronto, vieron que el dueño de casa abría los ojos lentamente.
— ¡Mira, se despierta-daze~!— señaló emocionado Im Yong, sonriendo.
— ¿Puedes levantarte-aru?— preguntó Yao, ofreciendo de apoyo su brazo. Hyung lo ignoró, y haciendo uso de su propia fuerza, se incorporó hasta sentarse.
— Mi cabeza...— se quejó él, sobándose las sienes. Se mantuvo cabizbajo varios segundos, para luego, dirigir una mirada somnolienta, pero estremecedora, a sus visitantes.
— ¿Te sientes bien, hyeong?— preguntó el surcoreano, tendiéndole el cinto con el cual Hyung afirmaba su cabello en una trenza.
— ¿No oíste que me duele la cabeza?— protestó frunciendo el entrecejo. Pasó una mano por su cabello, ahora suelto, y abrió sus ojos de par en par — ¡¿Quién desarmó mi trenza?
— ¡Fui yo-daze~!
— ¡¿Por qué...? ¡Dame eso!— le arrebató el cinto, y comenzó de inmediato a ordenar su coleta, con rapidez. Yao acotó con tono despreciativo.
— ¿Andrógino yo? Pues si no te has visto al espejo, niño: tú pareces una chica cuando tienes el cabello suelto-aru...
— ¿Pregunté tu opinión, Nuna? No que yo recuerde...— trenzó rápidamente el cabello, y con el cinto, lo sujetó al final de la coleta.
— ¡Es verdad~! Hyung Soo, en verdad pareces una chica si tomamos solo del cuello hacia arriba. Si pusieras una mejor cara, podrías pasar perfectamente por una ¿O no, Yao?
— No comentes más eso.
— ¡Vamos! Tómatelo con humor-daze~.
— No es gracioso— ordenó algunos mechones rebeldes, y luego, acomodó el rizo que caía hacia abajo. Éste aún encerraba un emoticón que mostraba seriedad, en contraste al sonriente de su hermano menor.
— Siempre has sido un amargado-daze~...
— Piensa lo que quieras...— suspiró cansinamente, para luego, voltear hacia sus parientes — ¿Proseguimos?
— ¿Te has recuperado por completo?
— En gran parte.
— ¡Si~! Entonces... ¿En qué íbamos?— Im Yong se acomodó, sin devolverse a su lugar, junto al norcoreano. Muy cerca.
— Pasemos a otra cosa que no sean esos... planes que estabas haciendo...— propuso Hyung, avergonzado.
— A mí me agrada la idea de Im Yong. Nos rencontraríamos toda la familia, y podríamos retomar muchos contactos y lazos que se han ido perdiendo-aru .
— Y comeremos Kimchi-daze~.
— ¿Y si me opongo?— dijo cortante el anfitrión, cruzándose de brazos.
— No es la gracia, hyeong...— suspiró el surcoreano — Además que sería divertido. Como dijo Yao, podríamos hacer muchas cosas entretenidas. Además, hace poco que están saliendo buenos animés coreanos, y pensaba en...
— ¿Animé coreano? ¿Que no es japonés-aru?— Yao parecía confundido.
— No, el animé se inventó en Corea. Son caricaturas que provienen de un Manhwa creado por un autor...
— Sé lo que es un animé, pero... el animé es propiamente japonés-aru— reiteró "la" china.
— ¡No~! El animé se inventó en Corea...
— NADA se inventó en Corea— acotó Hyung con desprecio.
— ¿Eh? Entonces dime ¿Y en hanbok?
— Es una copia del kimono.
— ¿Y el Manhwa-daze~?
— Es MANGA, ignorante...
— ¿Y qué del Kimchi?
— Copia de gastronomía china y japonesa.
— ¡Ah, pero no me niegues que el soju...!
— ¡Lo inventaron los mongoles! Admítelo, tu cultura ni la mía son originales ¿Entendido? Vivimos a costa de lo que los mayores inventan. Porque no me vas a negar que siempre estás copiando a Kiku y Yao...
— ¡No~! Hyung, eres un amargado y aguafiestas— bromeó Im Yong, halando de la trenza.
— ¡Suelta mi cabello! Y no soy amargado, te estoy diciendo la verdad.
— Tú copiarás a Kiku y Yao, pero yo no. Todo lo que he dicho y mucho más tiene su origen en Corea...
— ¿Cómo voy a plagiar culturas que ni siquiera tienen directo contacto con la mía? Mi país tiene antecedentes chinos y japoneses, pero no me dedico a copiar los estilos como tú— escupió venenosamente, frunciendo aún más el ceño.
— No tiene sentido que discutan esas cosas-aru...— intervino Yao, como buena "hermana" mayor — Mejor cambiemos de tema...
— Yao tiene razón...— apremió el surcoreano, sonriéndose — ¡Daze~! Entonces... ¿De qué hablamos ahora?
— ¿No tienen más temas?— preguntó el dueño de casa, arqueando una ceja.
— Creo que no...
— Me lo esperaba— suspiró Hyung — Les ofrecería algo más, pero... no.
— Descuida. Si seguía bebiendo, de seguro chocaría el auto-daze~— dijo Im Yong — Muchas gracias por el servicio.
— Sí, muchas gracias-aru.
— Ni lo menciones. Pero...— Hyung se detuvo a pensar un rato más — Creo que tengo algo de arroz en la cocina ¿Gustan?
— Si insistes-daze~— Im Yong sonrió.
— Espero no les moleste sea del almuerzo. Es para no desaprovecharlo, y por si tienen hambre...— se levantó de su lugar, y se dirigió a la cocina — Disculpen...
Nuevamente, Yao e Im Yong quedaron en la silenciosa sala de estar, mirándose fijamente.
— Me preocupa...
— ¿Hyung?
— Así es-aru...— suspiró "la" china — Se ve que no está bien...
— Él es así... aunque le ofrezcamos ayuda, no la aceptará. Acuérdate nada más cuando éramos más niños... siempre hacía las cosas solo...
— Y no parece querer cambiarlo por mal que esté. Me pregunto si tendrá aliados de confianza-aru. Eso me dejaría un poco más tranquilo...
— No sé qué tipo de alianzas o tratados tiene Corea del Norte con otros países. Quizás se entienda con Vietnam, o... podría tener cierta cercanía con tu país, Yao...
— No estoy tan seguro de eso-aru...— Yao bajó la vista — Si tan solo fuera menos orgulloso...
— Y terco.
— Si no estuviera tan cegado por el pasado, quizás... tan solo quizás...— sin poder continuar la frase, volvió a subir la vista, encontrándose una muy agradable sorpresa en una de las mesillas, justamente donde estaba el teléfono de la casa. De la nada, sus ánimos subieron — ¡Aiyaa~! ¡Qué lindo~!
— ¿Qué?
— ¡Mira! Tiene una estatuilla de un dragón-aru— levantándose del suelo, Yao caminó hasta la mesilla, observando en detalle la figura tallada con perfeccionistas detalles — Se me hace muy familiar.
— ¿Será porque es típico de tu país-daze~?
— No sólo por eso. Éste dragón estaba en el recibidor de nuestra casa, y un día, desapareció. Ahora me vengo a dar cuenta de dónde ha venido a parar-aru. Me acuerdo que les gustaba mucho sacarlo de su lugar, y jugar con él y con todas las otras figuritas de porcelana que había en casa... ¿No te acuerdas-aru?
— Ahora que lo pienso...— Im Yong se levantó, y llegando a la mesilla, tomó la figura en sus manos — Éste dragón era tuyo-daze~. Y siempre que jugábamos, nos peleábamos a ver quién era el desafortunado que debía ocuparlo, porque... siempre era el villano. A Hyung era el único que parecía gustarle ésta figura-daze~.
— ¿Ah si?
— Sí. Porque la geisha de porcelana del dormitorio de visitas siempre se la dejábamos a MeiMei, y el adorno de samurái que ponías en la ventana nadie tenía permiso de ocuparlo, más que Kiku. Y entre Lee y yo nos peleábamos a los ninjas que solían estar en la mesa del comedor, o la matrioska* que te regaló tu amigo en tu cumpleaños, que está hecha con puros personajes típicos de China...
— De tanto que sacaban, golpeaban y jugaban con esas figuras, es que acabaron rompiendo algunas de ellas-aru— acusó Yao, medio sonriéndose pícaramente.
— El punto es que Hyung siempre quedaba con el dragón. Aunque a veces se lo llevaba, y prefería no jugar con nosotros-daze~...
— ¿Y por qué el dragón siempre era el villano-aru?
— ¿Es que no lo has notado? En toda historia o cuento de hadas, el dragón siempre es el malvado.
— Pues claro...
— Cambiando de tema-daze~... ¿Qué crees que estén haciendo los demás?
— ¿A qué te refieres con "los demás"-aru?
— Pues los demás condenados... digo: los convertidos en mujeres...— Im Yong volteó a observar a "la" mayor — Tú pareces ya haberte adaptado, haberlo asimilado...
— En parte sí lo he asimilado... pero es demasiado incómodo todavía-aru. Me da vergüenza mirarme al espejo, o desnudarme, aunque sea a solas-aru...— Yao cruzó los brazos sobre su pecho — Nada más espero no tener problemas cuando... pase algo.
— ¿Qué?
— Lo que le pasa a las mujeres-aru.
— A las mujeres les pasan muchas cosas-daze~. Especifica.
— No te hagas el ingenuo-aru.
— ¿Es incómodo usar sujetador?
— ¡¿E-Eh? Pues...— "la" china enrojeció — L-lo... lo es... aprieta... pero...
— ¿Te lo sacas para dormir?— curioso, Im Yong le miró acusadoramente, sonriéndose lascivo.
— Cl-Claro...
— ¿Y usas pantaletas?— arqueó las cejas con gesto pícaro.
— ¿Por qué preguntas... esas cosas-aru?— Yao cerró fuertemente los ojos, y volteó.
— ¿Tienen dibujitos de Shinnaty-san? ¿Cintas, vuelitos...? ¿Son pequeñas?
— ¡N-No... no uso pantaletas...!— respondió avergonzado — Ni tampoco lo haría.
— ¿Sigues usando la ropa interior de siempre-daze~? Qué aburrido...— suspiró el surcoreano — ¡Ya sé! ¿Y si llegando a casa me modelas un poco, "Nuna"?
— ¡Ni pensarlo-aru! ¡Y... no me trates como a una chica!— protestó avergonzado. Im Yong no insistió, y a cambio, rió de buena gana.
— Es divertido ver cómo te enojas, Yao...
— Sabes que tus perversiones me sacan de quicio-aru...
— ¿Pervertido yo-daze~?— el muchacho del rizo apuntó a su pecho, y ofendido, acotó: — Jamás creó que pensaras eso de mí...
— ¿Ah? Siempre te lo he dicho. La Internet te hizo mal-aru...— comenzó a regañar "la" mayor de los asiáticos, poniendo ésta vez ambas manos en la cadera — Sea de hecho, o tus bromas de mal gusto, es incómodo que invadas así el espacio personal de la gente-aru. No te lo tomes a mal, pero a veces eso hace que la gente se moleste contigo, y mucho...
— Entiendo, entiendo— intervino Im Yong, extrañamente, sonriendo — Sabes que respeto a la gente, y no llegaría a más de lo que me permitiesen-daze~.
Y por sobretodo, te respeto a ti...
— ¿Res... peto? ¿De qué respeto hablas-aru?— anonadado, Yao frunció el entrecejo — ¿Qué clase de respeto es al que te refieres?
— Quizás no me explico bien, Yao...— soltó una risita — Para mí la familia es sagrada. Y de la familia vienen mis principios, los mismos que tú me has inculcado desde que era un niño. Y yo los respetaré hoy y siempre, aunque claro, a veces parezca que no es así... y puede que muchas veces falle, pero... aunque no se note, me controlo bastante...— sonrió ampliamente. Gesto que fue imitado por la carita encerrada en su rizo.
— Eh... entiendo-aru...— suspiró Yao. Sabía que Im Yong, pese a sus obscuras intenciones, tenía un gran corazón, y era más maduro de lo que normalmente aparentaba. Le ofendía que le trataran de pervertido, y sería raro si no fuera así... Yao lo sabía. Él mismo le había hecho saber que le incomodaba lo acusaran de forma tan extremista, aunque buenos argumentos se tuvieran.
Asomándose con una bandejita con cuencos llenos de arroz en las manos, hizo nuevamente aparición Hyung Soo. Dejó la comida en la mesilla de centro, y acercándose a ambos hermanos, les invitó, apenas con un gesto hecho con la cabeza, a que se acercaran a comer algo...
— Hyeong, qué detalle-daze~— exclamó el surcoreano, palmoteándole el hombro a su consanguíneo.
— Sí, se ve sabroso-aru...
— Hum...— gruñó apenas el dueño de casa, tomando asiento a la cabecera de la mesilla, para luego, extenderle los palillos a cada uno de los que en torno al mueble se habían dispuesto.
— Como diría Kiku: ¡Itadakimasu~! (Buen provecho) — dijo alegremente Im Yong, para luego, dar por iniciada la comida. Los palillos escarbaron entre los granos de arroz y los recién fritos y calientes trozos de carne, puestos encima como acompañamiento. La habitación se llenó del agradable aroma de la comida en sus platos.
— Entonces, Hyung, hablemos de otra cosa-aru...— intervino "la" china de buena gana — ¿Tienes algún pasatiempo en especial-aru? El mío es coleccionar muñequitos que me parezcan tiernos, y diseñar cosas sencillas y divertidas-aru...
— Y a mí me gusta navegar en Internet buscando... cosas...— levemente apenado, a sabiendas de lo que Yao estaría pensando, Im Yong no pudo evitar sonreírse — ¡Ah! Y a veces estudio inglés...
— ¿Pasatiempos? No los tengo. No me da el tiempo para malgastarlo en esas cosas...— admitió el norcoreano, extrañamente decaído.
— ¿Te gusta alguna cosa en especial-aru? ¿Animales, flores...? ¿Algún color predilecto?
— El rojo, por supuesto— contestó el dueño de casa, dejando el plato en la mesilla.
— ¿Te gusta el K-pop? A mí me encanta-daze~. Y lo mejor es aprenderse las coreografías... una vez me acuerdo que pillé a Kiku tarareando y medio bailando una, y comencé a reírme tanto que creo se enojó conmigo-daze~...
— Que yo recuerde, lo que bailaba Kiku era "Para-para", y no se parece mucho a tu música-aru...— intervino "la" china, pensativa — Iba algo como... "ARU ha RETA hi NO koto, Mahou ijou no YUKAI ga. Kagirinaku furisosogu fukanou janai wa..."*
— ¡Esa... esa misma-daze~...! ¡Qué linda te sale la voz, me encanta~!— celebró el surcoreano, levantándose de la mesa. Tomó las manos de Hyung, obligándole a ponerse de pie — ¡Ven, hermano, bailemos...!
— ¡Pero... no me gusta bailar...!— protestó el de la trenza, tratando de que Im Yong le soltara. Ahora que estaba de pie, fue manejado como una verdadera marioneta, siendo remecido al ritmo de la pegajosa letra de uno de los temas predilectos del menor:
— ¡Ahora, mueve esas caderas...!
Urineun! Oh~ After! School Up! Neohuin modu bikyeora! Check it out!
Da gajyeobwa! A-ha! A-ha! A-ha!
Right now! Oh~ After! School Up! Modu michyeora! Oechyeora! Tto ireoke!
A-ha! A-ha! A-ha!*
— ¡Basta...! ¡Esto es vergonzoso...! ¡Oye, idiota, suéltame...!— protestaba entre forcejeos el mayor, severamente ruborizado. Aún sentado, Yao apremiaba aplaudiendo con entusiasmo.
— ¡Hermanito, estás hecho para esto! ¡Suelta tu cuerpo-daze~!
— ¡No, no quiero...!— hizo grandes esfuerzos para vencer a la fuerza bruta de Im Yong, y así, arrodillarse en el suelo. Logró soltar sus brazos, y de inmediato, los cruzó. Carraspeó con la garganta, y regresó a su serio e intimidante semblante que tanto le caracterizaba, simulando estar enfadado. Aunque sus mejillas dijeran lo contrario.
— Oh~, qué pena-aru...— rió Yao — Comenzaba a verse entretenido— normalmente, y conociendo a Hyung (poco en verdad, pero le conocía), hubiese detenido a Im Yong antes que el mayor se enfadara de verdad. Pero para su sorpresa, Hyung no daba señal alguna de fastidio, sino que tan sólo parecía avergonzado de las ocurrencias y ridiculeces que le pasaban. Así lo sentía.
— ¿No te gusta bailar, hyeong? ¡Qué mal...! ¿Cómo lo harás cuando te inviten a una fiesta-daze~?
— No voy a fiestas. Idiota— jadeó nerviosamente, volteando la vista, rojo como un tomate — Ni aunque me invitaran asistiría. Tengo cosas más importantes que hacer...
— Lo que pasa contigo es que estás estresado, Hyung— y sentándose a su lado, el surcoreano siguió provocándole, incitándolo a animarse y unirse al desorden — ¡Debes disfrutar la fiesta, el desorden, la alegría...! Mira, yo te enseño. Podemos aprender bailes, y los de Kiku también, aunque los míos son mejores...
— No me interesa.
— ¡Se que sí, sé que sí!— Im Ying picó la mejilla de su hermano con el dedo índice — Pero estás tan cansado y marginado, que te pusiste como esos viejos amargados que no tienen ganas de nada-daze~—volvió a picar la mejilla del mayor.
— ¡Oye, oye! ¡Respeta mi metro cuadrado!— gruñó, sonrojándose más aún.
— ¡Anda! ¡Sonríe! ¡No puedes estar tan serio siempre~!— nuevos golpecitos en la mejilla, consecutivos, separados por pequeñas, miserables fracciones de tiempo. No parecía pretender detenerse: — ¡Vamos: sonríe, sonríe, sonríe, sonríe...!
— No quiero.
— ¡Sonríe, hyeong, sonríe, sonríe, sonríe!
— ¡Deja de picar mi cara, idiota...! ¡No lo haré...!
— ¡Sonríe, sonríe, hermanito~...! ¡Yao, ayúdame a hacerlo reír! ¡Vamos, Hyung: sonríe, sonríe~...!
Y Yao sólo se dedicaba a observar, riéndose para sus adentros...
Vicios: Parte III.
Daban ya las tres de la mañana, hora estadounidense, y ambos hermanos norteamericanos seguían en pie. Frente a ellos, y siendo el único foco iluminativo en toda la sala de estar, la televisión encendida, centellando una extraña luz azulada, tenue, que apenas y delineaba la silueta de Matthew y Alfred, sentados en el sillón. Alfred temblaba...
Las películas escogidas eran tres, como había acordado "la" estadounidense, y sugeridas por aquel sujeto de la tienda.
— (Los héroes no tienen miedo) — se dijo mentalmente "la" dueña de casa, aguantando, desde hace ya varios minutos, las ganas de ir al baño. No porque la oscuridad que había entre la sala, el pasillo y el habitáculo de aseo le asustara. Sólo... que la película estaba interesante.
"Interesante". Rara palabra, aplicada para una escena tan horrenda. Una chica de cabellos azabaches, largos, tapándole gran parte de la traslúcida piel del rostro, era enfocada desde el peor de sus ángulos, mientras escalaba las paredes de la fosa a la que había sido arrojada.
— Alfred...
— ¿S-si?
— ¿Te sucede algo? No dejas de moverte...
— Nada. No pasa nada— mintió "la" norteamericana, acomodándose nuevamente en el sillón, abrazándose a sus piernas, apretándolas fuertemente.
— ¿Te alcanzo algo? Palomitas, gaseosa...
— ¡No... Menciones la gaseosa...!— se estremeció por completo, retorciéndose en el sofá con desesperación — No quiero nada...— tragó su espesa saliva, y centró su atención en la pantalla de la televisión. Horrible escena. Escabrosa. La ponía la piel de gallina...
— ¿Cuál es ésta película?— preguntó Kumajirou, quien acomodado en el sofá contiguo de un solo cuerpo, se hallaba tapado por un chal que Matthew le había reservado para los días de frío.
— "The Ring" si no me equivoco— contestó el canadiense. Alcanzó de la mesilla de centro un puñado de palomitas, haciendo un cuenco con una de las manos, para luego sacarlas en orden, e irlas comiendo una a una. Nuevamente, sintió que su "hermana" se estremecía a su lado — ¿Quieres que pare la película?
— ¿Why?
— Quieres ir al baño...
— Ah... sí...— Alfred se levantó del sofá — Pero hazme un favor...
— El que sea, hermano...
— Espérame con la luz encendida, por favor...— jadeó nerviosamente, hablando de forma apresurada — No quiero tropezarme con nada de vuelta...
— Por supuesto. Ve tranquilo— asintió Matthew, levantándose también a activar el interruptor de la luz. Kumajirou alcanzó el control, dándole "Pause" a la escena, que por suerte, ya no enfocaba a Samara. Toda la habitación se vio iluminada de un cegador rayo amarillento, que alcanzó hasta la mitad del pasillo que conectaba la sala de estar con el baño.
Y sin decir nada antes, Alfred corrió al habitáculo. Cerró de portazo tras él la puerta del baño.
— Tiene miedo— comentó de la nada Kumajirou.
— ¿Cómo sabes?
— Era cosa de ver su cara. No te creas el cuento de que no quiere tropezar a oscuras...— se acomodó en el sillón, para luego, arreglar la manta que le tapaba sobre el pelaje.
— No creo. Sería tonto asustarse por una película de terror...— dijo el canadiense en una risita.
— (Miedo, miedo... mucho miedo. Tengo miedo... Samara es realmente fea...) — pensaba Alfred, muy tembloroso, luego de haber vaciado su vejiga. Tenía la vista baja, todos los músculos tensos. — (Es horrible... y sale de las pantallas... ¿Y si sale de mi televisor...?) — tragó su saliva, y apretó los labios. La "mujer" soltó un suspiro cortado, para luego, estremecerse al fijar la vista en el espejo. Logró ver en la superficie, el reflejo de la ventana del baño. Tras el cristal, se asomaba una silueta blancuzca, oscura, con una forma raramente indefinida...
— (¡Es Samara...! ¡Y está en mi ventana...!) — pensó Alfred, sintiendo como su cuerpo perdía calor ante la reflexión. Era ella. Lo sabía. Tenía que ser ella... ¿Quién si no? Venía por "ella", a sacarle todo lo que tenía dentro... ¡Golpeaba el cristal, por Dios...! ¡Quería entrar, y matarlo...! ¡El héroe tenía miedo...!
¡¿Dónde estaba el héroe del héroe cuando más lo necesitaba...?
¡Por supuesto! Estaba en la sala de estar, usaba gafas, y hablaba con osos polares...
— ¡MATTHEW~!— vociferó, abriendo la puerta de baño, y corriendo hacia la sala de estar, con los ojos cerrados, cargados de lágrimas. Se abalanzó contra el canadiense, haciéndolo caer sobre el sofá, con "la" dueña de casa encima.
— ¿Qué pasa...?— preocupado, Matthew trató de levantarse, y calmar a su "hermana", de no ser porque "ella" le tenía bien sujeto, rodeándolos y apretándolo potentemente con los brazos.
— ¡Es Samara, es Samara...! ¡Y viene por mí...!— gritó contra las ropas de su hermano, horrorizada, conteniendo las lágrimas del susto.
— Samara no existe, Alfred...— rió nerviosamente Matthew. Suspiró.
— ¡Estaba en mi ventana, me estaba... acechando! ¡La vi en mi ventana!— dijo a velocidad de metralleta, mientras más apretaba al canadiense, casi cortándole la respiración.
— Imposible. Samara no es real...— venciendo la fuerza de Alfred, Matthew logró hacer que soltara sus brazos. Sujetó los de su "hermana", y le miró compadecido — No te asustes con estas cosas...
— Ma...Matt...
— ¿Quieres mejor no seguir viendo la película...?
— ¡Por favor!— suplicó.
— Okey, hermano...— sonrió dulcemente. Alcanzó el control remoto, que estaba en el sillón donde Kumajirou les miraba, y puso "Stop" a la cinta. Apagó el reproductor, y luego, se levantó a apagar la televisión. — ¿Ahí si?
— Ajá...— respondió, a la vez que asentía con la cabeza. Alfred estaba pálido, temblaba...
— ¿Quieres ir a dormir?
— B-Bueno...— tragó su saliva espesamente. No paraba de temblar, en serio, no podía. Para más remate, tenía mucho frío. Afuera, el viento comenzó a soplar iracundo.
— Vamos, levántate. Debes ir a alistarte.
— Acompáñame, Matt...— suplicó haciendo ojitos — No quiero estar solo en mi habitación...— el canadiense suspiró, sorprendido.
— Alfred... no puedo creer que tengas miedo. Fue una película...
— ¡No fue una! ¡Fueron tres...! ¡Samara es asquerosamente horrenda, la chica de "El Exorcista" me dará pesadillas, y posiblemente cada Viernes Trece deba de contratar a seguridad nacional en caso de que Jason quiera acercárseme...!
— Eso no ocurrirá. Son de fantasía, no existen realmente...
— "El Exorcista" está basado en hechos reales...— objetó Alfred, frunciendo el entrecejo.
— Esa versión no, la historia de Emily Rose es la cierta...
— ¡¿Entonces en verdad... un espíritu puede poseer a un humano...? ¡Acabas de confirmarlo, Matthew...!— vociferó "la" estadounidense al borde de los gemidos. Matthew se le acercó, abrazándole de forma protectora, de forma casi involuntaria. Alfred tiritando, se colocó de pie, y rodeó la cintura del canadiense con sus brazos.
— No temas... no temas, hermano...
— N-no... no es que tenga miedo... se me pasará...
— Vamos, necesitas relajarte... inhala, exhala, inhala, luego exhala... Ahora: parpadea...
— ¡No exijas tanto!— protestó — ¡No soy acróbata!
— Normalízate, y luego subimos a tu cuarto ¿Okey?
— Okey...
Estaba en shock. Reconocía ese caótico estado emocional en todo el rostro y cuerpo de "la" estadounidense. Acarició la melena rubia con lentitud, apartando los mechones más cercanos al rostro y ordenando los que caían a su espalda, haciendo uso de los dedos. El otro brazo, en tanto, le sostenía firmemente por la cintura, aprisionando a la vez ambos brazos y apegándola a su cuerpo. Sentía cómo temblaba, la respiración agitada, los latidos de su corazón...
— Matthew...
— Dime.
— No me dejes solo... es tan infantil y embarazoso, pero... por favor, no me dejes solo, al menos no hoy...— gimió Alfred, sin subir la vista — No sé si pueda dormir tranquilo hoy...
— Vas a ver que mientras menos pienses en esos seres de fantasía, antes podrás dormirte. Mira, si quieres, Kumajirou y yo te hacemos compañía hasta que te duermas, y luego, te dejamos tranquilo para no interrumpirte...
— ¡Los ángeles son canadienses...!— celebró, hundiendo más su rostro en las ropas del menor, mientras con los brazos, le rodeó y apretó cariñosamente
— ¡Muchas gracias...!
— Cuando quieras...— respondió, para luego, encaminarse hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones en la segunda planta. De cerca, nuevamente, el osito polar les seguía, bostezando y cabeceando, con los párpados pesándole.
Afuera, el viento desataba sus ráfagas con rudeza, agitando las ramas de los árboles, haciéndoles golpear contra las ventanas. Los cristales crujían por la presión de la corriente, dando la sensación de que en cualquier momento se romperían. Pronto, las luces de la casa comenzaron a parpadear alternadamente, y la corriente silbaba colándose por los marcos de las ventanas y puertas, helando toda la casa en pocos segundos. Una escena digna del terror hollywoodense. Una corriente eléctrica de escalofríos, recorrió todo el espinazo de "la" estadounidense.
— Vamos, arriba...— incitó Matthew, sonriéndole — No tengas miedo...
— No tengo miedo...— gruñó "ella", subiendo otro escalón. Todas las maderas crujieron sonoramente. Todas a coro.
— ¿Voy encendiendo las luces...?
— ¡Si!— haciéndose a un lado, la "mujer" estadounidense permitió el paso del menor adelante de "ella". Así, mientras caminaba, Matthew iba accionando los interruptores que tenía a su paso. Luces que también empezaron a parpadear...
— Tétrico...— gimió Kumajirou, luego de oír el fuerte ruido del viento, haciendo crujir aún más las ventanas, tratando de entrar por las puertas y ventanas cerradas.
— De seguro hoy habrá una tormenta— dijo Matthew con toda calma. Tras de él, Alfred iba arrinconado a la pared, estremeciéndose a cada sonido imprevisto, a cada baja de energía que hacía casi extinguirse las luces de la casa. Le costaba tragar su saliva...
— Sólo quiero llegar a mi cuarto a salvo...— suspiró con voz cortada "la" estadounidense, apretando los puños y mordiendo su labio tras callar. Faltaban unos cuantos escalones. Ruidosos escalones de madera...
— No va a pasarte nada.
— Júralo. De lo contrario: te golpearé.
Entonces, otro furioso soplido del viento. Tanta fue su fuerza esta vez, que tras un sordo ruido, toda la casa quedó a oscuras. No podían distinguirse siquiera un rastro de las siluetas de los tres presentes Apenas y eran audibles sus respiraciones. Un gimoteo del cachorro llamó la atención del canadiense.
— No veo nada...
— Yo tampoco...
— ¡Quiero llegar a mi cuarto~!— dijo Alfred, sujetándose a tientas de las ropas del menor, para luego, seguir subiendo al mismo ritmo que el menor. Los pocos escalones que en realidad faltaban fueron haciéndosele eternos.
El pelaje de Kumajirou le cosquilleaba las pantorrillas por sobre la tela del pantalón cuando el osito se apuraba. Y de un par de veces, sintió sus canillas impactar contra los talones del menor.
Era terrible. La oscuridad, la inseguridad, el silencio ¡Todo! Esa atmósfera tan tensa, respirable. Densamente degustable. Asqueroso temor. De seguro, ahora mismo Samara estaría acechándole desde algún rincón oscuro, o quizás la chica de "El Exorcista" tendría su crucifijo en alto, esperando a su llegada para enterrárselo de un solo movimiento en el pecho. Peor: Jason podría estar al final de la escalera, esgrimiendo su afilado machete para partirle el cráneo. Tras él debía estarle esperando al menos un centenar de hambrientos muertos vivientes, listos para arrancar dolorosamente la piel con sus sucias y desgastadas manos. Comenzó a dolerle todo el cuerpo. No podía tragar. Y de solo pensar que el primero en ser atacado sería Matthew, sintió que su corazón dejó de latir por un momento.
¡No podía permitírselo! ¡No era tan solo su hermano mayor, sino que, además, era el héroe! ¡No importaba qué tipo e villano, real o no, tuviese que enfrentar! ¡No importaba cuán inseguro fuese, ahora que se encontraba en el cuerpo de una fémina! ¡Y no importaba cuanto mied... cuan nervioso estuviera! ¡¿Miedo? ¡Quién habla de miedo! ¡Los héroes no tienen medo! ¿O han visto a Superman mojar los pantalones, a Batman tiritando, a la Mujer Maravilla vociferando por auxilio? ¿O a Aquaman llorar por su mami? ¿Por qué debería entonces una horrenda niña salida de un pozo frenar su deber?
— Matthew...
— ¿Si?
— Atrás.
— ¿Seguro? ¿No tienes mie...?
— ¡No lo digas! ¡Subestimarme es lo peor que puedes hacer!— protestó Alfred, sujetando al canadiense por el hombro. Antes de cambiar de opinión, adelanto sus pasos a tientas por los escalones que faltaban. Entonces, empuñando fuertemente las manos, logró canalizar e exceso de adrenalina y apaciguar un poco sus elevados niveles de mied... ¡Nerviosismo!
Miró de reojo. ya su visión se había acostumbrado a las penumbras, por lo que lograba distinguir, aunque apenas, las siluetas de algunos objetos y estructuras: las aristas de las paredes, algunos cuadros colgados y el canto de los escalones, el marco de las puertas... pero sorprendentemente: ningún machete, cabellera negra enmarañada, y mucho menos un zombie. Hasta ese momento, todo estaba en paz. Exceptuando que afuera, el viendo seguía azotando con toda su furia la enorme mansión de "la" estadounidense.
— No hay moros en la costa...— comentó Alfred al más puro estilo de las viejas películas de acción.
— Entonces vamos...
Apresurando cuatro pasos, casi zancadas, llegó Alfred al interior de a habitación donde dormía. Igualmente oscura y densa a la respiración, pero se sentía algo... más ligera. Suspiró encantado, y calculando, saltó a su colcha. Los maderos crujieron casi tanto como los tablones de las escaleras. Pero éste era un crujido que a los oídos era más grato. Inspiraba seguridad.
— ¿Listo?
— Sí. Ya está...
— Espero tengas buenas noches, Alfred... En vista que estás mejor, quizás no necesites que me quede— dijo Matthew en una risita, para luego, hacer un gesto de que iba a voltearse.
— ¡Ah...! Bueno... ¿D-dónde dormirás...?
— Eh...— Matthew calló un momento — Pues...
— Digo yo que... bueno, si tienes miedo...— Alfred carraspeó con la garganta — Para ayudarte y cuidarte estoy yo: Tu hermano mayor, y héroe indiscutido... Y puedes pasar la noche conmigo para que te proteja.
Matthew soltó una risita por lo bajo. Trató de que ésta pasara desapercibida por el mayor.
— Tranquilo, hermano... yo estaré bien. En todo caso, estaré abajo, posiblemente, y si no te molesta... em... ¿Crees que podría... dormir en el sillón?
— ¡¿Ah... en el sillón?— eso era DEMASIADO cerca de la televisión. Samara aún estaba en el reproductor de DVD, y podría... ¡No! ¡¿En qué idiotez estaba pensando? — Pues... por mí: ningún problema.
— Gracias, Alfred.
— Aunque insisto: si gustas, te quedas aquí... ¡Mira! La cama es cómoda y confortable, y... te helarás en el sillón...— eran excusas, simples y vanas excusas.
— No quiero abusar de tu hospitalidad, hermano. Kumajirou y yo estaremos bien— el canadiense le sonrió, antes de voltear. A medida que avanzaba hacia la salida del dormitorio, si negra silueta se perdía en las sombras, dejando una estela de ensordecedor silencio, y a Alfred, con un nudo en la garganta.
Nudo que deshizo, tras tragar algo de su saliva. Ni pensó en desvestirse. De inmediato, buscó refugio bajo las mantas que disponía sobre la colcha.
Afuera, los pasos del menor, que bajaba las escaleras, hacían crujir espantosamente las escaleras. Hasta que, llegado un momento, cesaron por fin. Ya debía de haber llegado al sillón, con Kumajirou en sus brazos. Ya se habrían recostado cómodamente, cerrado los ojos.
Y Alfred: hecho un atado de temblores y gemidos en su cama. En medio de un solitario e inseguro cuarto, ahora que lo pensaba, sin posibilidad alguna de escape, más que una ventana. Sus oídos se hicieron más sensible hasta ante los más miserables sonidos, como también, su visión muchísimo más aguda a cualquier insinuación fantasmagórica de movimiento. Fue así que, aún en las penumbras, divisó a no mucha distancia de "ella", un sinfín de escalofriantes sombras que iban tomando indefinidas formas, a la vez que se acercaban.
Escuchó los golpeteos de las ramas más altas de los árboles en el cristal de su cuarto, el furioso soplido del viento impactando de lleno contra las paredes exteriores. Todo caía en su contra como una cascada de inexplicable mal karma.
— (Por favor, la luz, que llegue la luz...)— rogaba apenas y moviendo los labios, con los ojos fuertemente cerrados, y las manos apretadas, aprisionando las sábanas — (Maldición ¿Qué hice para merecer esto...?)
A lo lejos: un espantoso grito. Venía de afuera. Era desgarrador. Una mujer...
Alfred rápidamente se escondió entre las mantas, temblando como una jalea. Los ruidos se acentuaron, todas sus sensaciones exacerbadas por el terror.
Sí, tenía miedo. Pero no iba a gritar, ni a rogar. Tampoco pensaba implorar por ayuda, o moverse de allí. No. No lo haría...
Sacó apenas una mano por entre las mantas, y abrió el cajón de su mesilla de noche. Buscó a tientas en su interior, hallando el teléfono móvil de emergencias. Introduciéndolo rápidamente en su escondite, marcó de memoria, y seguido del código nacional de Inglaterra, el número de Arthur.
Colocó el aparato en su oído, sujetándolo, temblando...
— Contesta, contesta... por la mierda, contesta...— rogó en pequeños y desesperados jadeos. El tono de marcado no hacía más que tensar sus nervios, haciéndose de rogar en agudos pitidos en el auricular... hasta que por fin, contestó.
Una voz indiscutiblemente adormilada, aunque furiosa, gritó en la oreja de "la" estadounidense.
— ¡¿Qué mierda quieres a éstas horas, maldita sea...?
— ¡A-Arthur...! ¡¿Cómo estás?— dijo mientras reía nerviosamente. Del otro lado de la línea, la voz enojada estaba gangosa, como si estuviera... ¿enferma?
— ¡¿Cómo crees que estoy contigo llamando a éstas horas? ¡Ubícate un poco, idiota! ¡¿Es que acaso no conoces las diferencias horarias? ¡¿Te figuras qué horas son en Londres, maldita sea?
— ¡Lo sé, lo sé...!— gimoteó — Pero... te lo suplico... sólo te molestaré ésta noche...
— ¿Qué quieres?
— ¡Distracción...! ¡Necesito distraerme, y no pensar en zombies, en niñas salidas de pozos, psicópatas y poseídos...!
— ¿Has estado viendo películas de terror otra vez?
— Sólo han sido tres... y un videojuego...
— ¡Cómprate un vida, bastardo, y déjame dormir! ¡No estés molestando por esas tonterías infantiles, tarado!— y colgó...
Alfred quedó helado. Guardó el aparato bajo la almohada, y se acurrucó, aún bastante inquieto. La llamada no le había servido de mucho...
— (Ya pronto amanecerá. Habrá luz. No habrá oscuridad, será de día, la noche se acabará...) — la torpes redundancias eran una de sus claves para hacerle sentir, por poco que fuera, algo de tranquilidad. Apretó fuertemente las aprisionadas sábanas contra su pecho, cerrando los ojos, apretando los dientes.
Todo se pasaría... todo acabaría, y cuando así fuera, podría salir con toda calma a hacer algo divertido.
Todo exceso o vicio es malo. Aunque sean infantiles y aparentemente nada dañinos: enviciarse, obsesionarse hasta sus extremos, acabaría siendo la causa de un colapso total de su psiquis.
Y cuando así fuera: el héroe dejaría de serlo...
Pero para eso, faltaba aún demasiado tiempo...
Familia: Parte III.
Ya entrando las horas de la noche, era el momento de salir de la casa de Hyung Soo, y partir directamente a la residencia en Pekín, donde por fin descansarían.
Puede que el día aquel no halla sido agotador, más aún, necesitaba dormir.
— ¡Daze~! hyeong ¿Entonces así es la vida en Corea del Norte? ¿Y no te gustaría conocer otros lugares bonitos...?
— Una vez fui a Vietnam— respondió secamente, aunque calmado, el norcoreano.
— ¿En serio-aru? ¿Y viste a... nuestra hermana?— preguntó "la" china.
— Sí. Pero eso fue hace años... digamos... cuando todavía estaba éste enorme conflicto que tuvo con los estadounidenses...
— Oh...— el surcoreano quedó helado. Tocar temas delicados, como aquel, le entristecía — B-Bueno... No hemos tenido demasiado contacto con ustedes últimamente-daze~... Pero retomando... ¿Conoces Canadá?
— ¿"Cana" qué?— el dueño de casa arqueó una ceja.
— CA-NA-DÁ— silabeó Im Yong — Es bonito país. Y hay castores.
— Ah... jamás... había escuchado de ese país...
— Mira, está al lado de Rusia, según lo que explicaban en una reunión, y abajo de Alaska... y si mis cálculos no fallan, abajo de Canadá está Estados ...
— Ah...— Hyung frunció el ceño — No nombres a ese país en mi casa ¿Entendido?
— Eh... disculpa-aru...— Yao bajó la vista — ¿Aún mantienes tus amistades? Recuerdo que hubo un tiempo en que sí tuviste algo de contacto con exterior, y si no me equivoco, tú e Iván eran muy cercanos...
— Alianzas de guerra. Eso era todo— interrumpió Hyung, tratando de mantener su semblante serio y frío.
— ¿Y qué me dices de tu amigo? Era... cubano, si no me equivoco...— mencionó el surcoreano, sonriéndole — ¿No extrañas las juntas que hacían todos los... comunistas?
— A veces. Pero me gusta mi vida.
— Mira, te propondré algo, Hyung...— dijo Yao, aclarándose la garganta — Date a tí mismo un gusto-aru. Pide permisos a tu jefe para salir de tu país unos días, conoces muchas partes del mundo, y luego, vas a alguna reunión de representantes ¿Te parece-aru?
— Mala idea. No seré bien recibido en ningún lugar— Hyung se cruzó de brazos — Mucho menos por esos... capitalistas desgraciados. Hasta donde yo sé, en toda Europa los que seguimos mi ideología somos tratados como primitivos y soñadores. No me gusta que se metan en mis cosas, así que...
— No es una cosa de intercambio culturas, ni de compartir ideologías-daze~— interrumpió el surcoreano — Es simplemente abrir tu mente a otras culturas distintas, relajarte y conocer. Por ejemplo... em— por un momento, Im Yong quedó pensativo: — Por ejemplo...
— ¿Has probado alguna vez las comidas de otro paí?
— Nunca que yo recuerde. Vivo de arroz y té— admitió el anfitrión.
— ¿Y alguna vez has visto con tus propios ojos algún... monumento internacional? ¿Algún paisaje distinto al de Corea del Norte...?— prosiguió Im Yong Soo.
— Nunca.
— ¿Alguna vez has pensado en lo divertido que pude ser estar en un gran grupo, de variadas culturas y personas-aru? Se pasan muy buenos ratos, se discuten temas importantes...
— Y pese a que a veces las juntas son muy escandalosas, se hacen muy buenos amigos-daze~— apremió el menor de los coreanos, esbozando una gran sonrisa. Luego, se deslizó hasta quedar junto al dueño de casa, y poder palmotearle el hombro — Y te vendrían bien algunos, hyeong...
— Pues... yo...— Hyung comenzó a titubear — N-No... No me interesa realmente...
— Im Yong Soo tiene razón-aru. Hay mucha gente muy agradable que deberías conocer. Quizás sean demasiado distintos a ti, pero te hará bien y lograrás salir de tu rutina-aru...
— Ah... pues...— Hyung carraspeó con la garganta — Me lo pensaré-
Aquello era un rotundo "No", solo que disfrazado en una frase aparentemente más sutil. Yao suspiró, dándose por derrotado.
— ¿Necesitas algo más?— preguntó el norcoreano, acusando con la vista a ambos visitantes.
— No en realidad. Creo que hoy hemos tratado todo-aru— Yao se levantó del suelo, y estiró su traje hasta dejarlo más o menos decente y ordenado.
— Gracias por recibirnos en tu casa-daze~. Podríamos venir más seguido a verte.
— ¡No...! P-pero... gracias por venir, de todos modos. Ni siquiera se molesten en pensar en volver...— Hyung se levantó, junto a Im Yong, para así, encaminarse a la puerta. Los invitados le siguieron.
— Entonces... Hyung...
— ¿Si, Im Yong?
— ¿No... te gustaría que volvamos a vernos, al menos, todos los hermanos...?— hubo un largo rato de silencio, tras el cual, el dueño de casa soltó un pesado suspiro.
— A muchos ya ni les quiero ver la cara, Im Yong. Lo siento...— reposó ambas manos en el interior de las mangas de su hanbok, para luego, apoyar la espalda en la pared. Quedó cabizbajo y pensativo por largo rato. Sus ojos centellaban con extraña tristeza — Nuna...
— ¿Eh? Oye... te agradecería dejaras de tratarme como a una mujer-aru...— dijo Yao, notando como nuevamente en su ojo derecho, aparecía el tic.
— Quiero pedirte algo...
— Lo que sea-aru.
Yao quedó esperando. Hyung se volteó hacia una mesilla del recibidor y extrajo del lapicero un tubo de pasta, con el cual, escribió en una de las notas adhesivas que reposaban en el tablero del mueble. Una vez que acabó, extendió el papel escrito, y doblado en cuatro partes, a "la" china.
— Nuna... esto es para tí. Ni se te ocurra leerlo ahora, ni tampoco dentro de las fronteras de mi país. Hazlo en tu casa...
— De acuerdo-aru...
— Y si llegas a desobedecer mi instrucción, entonces lo sabré. Y créeme que vas a lamentarlo— advirtió, poniendo su peor cara, y dejando helados a sus invitados. El surcoreano miró atónito al dueño de casa.
— Eh... bueno... Yo creo que ha sido todo por hoy-daze~— tragó su saliva — ¿Nos... Acompañarás hasta la puerta, o hasta el enrejado...?
— Al enrejado si quieren.
Entonces, Hyung siguió avanzando, hasta alcanzar a abrir la puerta. Yao guardó el papelillo en el bolsillo que tenía dispuesto su traje, extrañado aún por lo que Hyung le había dicho. Salió de la residencia junto a sus dos hermanos menores, y caminaron hasta la verja. El norcoreano abrió la puerta, y cedió el paso de salida a ambos extranjeros.
— Lleguen bien...— dijo fríamente el mayor de los coreanos, mirándolos de reojo.
— Gracias. Cuídate mucho-daze~— antes de salir, Im Yong se colgó del cuello de Hyung, no solo abrazándolo estrechamente, sino que también refregando su majilla contra la de él.
— ¡Ya... te he dicho que respetes mi espacio! ¡Idiota...!— rugió, tratando de quitárselo de encima — ¡¿De... dónde aprendiste...?— logró que Im Ying le soltara — ¡¿... a acosar con ese descaro a tu familia?
— ¿Acoso? ¡No soy un pervertido-daze~!— protestó ofendido el surcoreano — Sólo soy cariñoso-daze~.
— Te maleducaron los americanos*.
— Lo que digas. ¡Nos vemos-daze~!— el surcoreano se alejó un poco, caminando hacia donde había estacionado el vehículo — ¡Yao, iré por el auto! ¡Tú espera aquí...! ¡Y tú, Hyung, recuerda: nos veremos pronto~!
— No cuentes con ello...— volteó la vista, ahora, hacia su "Nuna". En seguida, su semblante cambió a uno más entristecido, casi emocionado.
— Espero estés muy bien, Hyung...— suspiró "la" china, entrecerrando los ojos lagrimosos. Sonrió conmovida, haciendo una leve reverencia, para disimular su casi llanto.
— Igual tú... Yao... Llega bien, y cuídate mucho...
"La" china, de pronto, sintió las manos de su pariente, asiéndole por ambos codos, atrayéndole suavemente hacia él.
— ¿Hyung...?
— No se lo menciones a Im Yong ¿Quieres...?— algo similar a un sollozo, escapó de la garganta del anfitrión, cortándole la voz casi de sobresalto. "La" china sintió que le abrazaba. A su manera. Distante y orgulloso. Sólo por unos segundos...
Luego, se separó, mirándole directamente a los ojos... Yao estaba atónito, y comenzó a tartamudear:
— Hy-Hyung... a-acabas de...
— Sí. Y como dije: no se lo menciones a Im Yong...
— ¿Por qué?
— No lo soportaría... si lo sabe, vendrá a reclamar el suyo, y...— nuevamente, un sollozó le cortó la voz. Volteó, escondiendo tras su orgullo y su seriedad las rebeldes lágrimas que comenzaron a enrojecerle las mejillas — ¡S...simplemente no lo soportaría...!
— No quieres derrumbarte frente a él... ¿Cierto-aru?
— A-algo así... Nuna... no vayas a decirle sobre esto...
— Prometo no hacerlo. Pero... te sugiero no sigas así por mucho tiempo-aru... Im Yong te quiere mucho, y se preocupa por ti...— dijo "la" china, conmovida — Y aunque no lo crean los demás, lo que más le importa es la familia... y le duele tener que pasar por estas cosas... Dale el gusto, Hyung. Te extraña...
— Nuna...
— Al igual que todos nosotros también te extrañamos...— el norcoreano volteó, mirándole casi incrédulo. Luego, asintió con la cabeza.
— Pues... Nuna...
— ¿Si-aru...?
— Yo...— iba a decir algo más. Pero pareció arrepentirse. — Nada. Sólo... recuerda leer ese papel en casa ¿Entendido?
— Claro.
— Y tenlo en mente una vez que lo hagas...— Hyung afirmó su postura, forzando su gesto para verse fiero, como siempre. No tuvieron aquellos intentos por fingir estabilidad y rudeza, efecto alguno sobre Yao. Más bien, le enternecieron. Luego, Hyung añadió: — Y... dale saludos a todos si los ves...
Tras ellos, las luces de los focos del auto conducido por el surcoreano, les encandilaron de sorpresa, reconociéndose mientras se miraban atentos, apenas las siluetas ennegrecidas por el rayo de luz que les iluminó. Im Yong tocó la bocina un par de veces.
Hyung le dedicó una última reverencia a modo de despedida, imitada luego por Yao. La "mujer" china se encaminó al vehículo, y subió al asiento del copiloto. Hizo señas con las manos al dueño de casa, mientras su hermano menor conducía rumbo al paso de frontera con China.
— ¿Te dijo algo más mi hyeong?— preguntó Im Yong, apenas y desviando un poco la vista del camino, para observar a "la" mayor.
— Sí-aru. Mandó saludos a la familia...
— ¿Qué tiene la nota que te pasó?— ansioso, extendió la mano que debía estar en la palanca de cambios hacia Yao — ¿Puedo verla-daze~?
— Es confidencial-aru. No puedes.
— ¡Va~mos! ¡Quiero verla~!— lloriqueó entre risas, haciéndole ojitos. Entendió más su mano, hasta casi meterla al bolsillo del traje chino.
— ¡Tú maneja-aru!— golpeó el dorso de la mano del conductor, haciéndola retroceder.
— ¿Lo sabré luego de que la leas?
— Depende de lo que sea-aru— Yao descansó ambas manos en el interior de sus mangas. Cerró los ojos — Estoy cansado...
— Cuando lleguemos a casa, vas de inmediato a recostarte. Se nos hará tarde cuando lleguemos...
— Imagino que así... será...
Bostezó largamente, para luego, quedarse dormido...
No supo exactamente cuándo fue que, sintiéndose removido con sutileza, despertó en los brazos del surcoreano, ya dentro de su casa...
"¡Pero si apenas y había pestañeado!" pensó, sorprendido. En realidad, no sintió las horas de viaje...
— ¡Al fin! Creí que nunca despertarías...
— ¿Ya... estamos en casa?
— ¡Así es "Nuna"!— dijo Im Yong, guiñándole el ojo — Y hasta te he cambiado de ropa, para que estés más cómodo...
— ¡¿Me cambiaste de ropa...? — se retorció bruscamente, bajándose de los brazos del coreano. Miró su cuerpo, cubierto con el camisón de dormir. Notó además de eso, que su cabello estaba suelto. Enrojeció por completo, y dijo con voz ronca: — Im Yong... más te vale que...
— ¡Tranquilo! No hice nada malo... — se defendió, a la vez que mostraba ambas manos — Sólo... te puse algo más cómodo.
— Me desvestiste...
— Y te volví a vestir-daze~...
— Eso significa que... por un momento, me tuviste sin ropa.
— Con ropa interior, Yao— sacó la lengua pícaramente — Pero de inmediato te puse tu ropa... ¿Lo ves? ¡Soy un buen niño!— con ambas manos, simuló dos alitas de ángel. a la vez que sobre su cabeza, y de forma inexplicable e ilógica, aparecía una deslumbrante aureola. Yao suspiró.
— Pues en fin...— dejó caer los brazos a sus costados, y bajó los hombros. — Aún estoy cansado...
Entonces, algo vino a su mente:
— ¡La nota...!— se apresuró a buscar por todas partes su traje — ¡¿Dónde está mi ropa-aru?— vociferó desde el fondo del pasillo, escarbando su habitación de arriba a abajo. El surcoreano le contestó en una sonora risa, aún sentado en el comedor, en el mismo cojín donde había sostenido a Yao en sus brazos.
— ¡La dejé en el canasto de la ropa para lavar~!
Entonces, vio a "la" china, pasar corriendo hacia el otro lado de la residencia, hecha un rayo. Rió para sus adentros.
Mientras que Yao seguía escarbando, ahora el canasto, tirando algunas cosas al piso. Halló la túnica no a los muchos segundos de haber revisado la canasta. Hurgó en ambos bolsillos, hasta hallar el papel adhesivo, todo doblado. Suponía que el menor no la habría leído...
Entonces, la desplegó torpemente con los dedos. Los caracteres aparecieron escritos con tinta negra sobre el papel amarillo, para su mala fortuna, en el dialecto coreano. Ilegible para "la" china. Llevó el papel consigo hasta el salón principal, donde el surcoreano le quedó mirando.
— ¿La encontraste?
— Sí... pero no puedo leerla-aru...
— ¿No entiendes su letra?
— Su idioma...— extendió el papelito hacia el menor — ¿Me... haces el favor-aru?
— ¡Claro!— Im Yong se levantó apenas un poco del cojín, y tomó la nota.
La leyó primero en silencio, tomándole unos segundos hacerlo. Segunda lectura, sólo para verificar el mensaje. Una tercera, debido a que estaba sorprendido... Se sonrió.
— ¿Qué dice-aru?— Yao se arrodilló junto a su hermano menor.
— Dejó anotado su número...— señaló Im Yong, subrayando imaginariamente con el índice los caracteres correspondientes al teléfono — Te lo anoto en tu idioma después...
— ¿Qué más?
— Pues... cito textualmente— y carraspeó con la garganta:
"Te dejo mi número...
Avísame de la reunión más cercana, y trataré de asistir. No prometo nada.
Y si es que sigue en pie: la fecha y lugar de la junta familiar que han planeado."
— ¿Eso dice-aru?
— Eso dice...— dobló el papelito, cediéndoselo nuevamente a Yao. "La" China lo apretó en su mano, y lo atrajo, incrédula, hacia su pecho.
— ¿Por qué me... habrá advertido que la leyera en casa...? Qué raro...
— Porque si lo leías estando en su país... ¿No te habrías tentado a devolverte a pedirle explicaciones?
— Sí... ¿Y qué-aru?
— Pues conociendo a Hyung... no le habría gustado eso. Ya sabes que a veces es medio raro, y no pretendo pensar demasiado en ello. Pero te podría asegurar que lo último que hubiese querido sería tenernos más tiempo allí en su casa. ¿O no notaste que en cualquier momento, se lanzaría a llorar, "Nuna"?
Entonces, Yao calló. Apretó más el papel contra su cuerpo, como queriendo fundirlo en su carne, encerrarlo en su corazón. Sintió la urgencia de marcar el número de inmediato, reír histérica y desesperadamente, llorar de alegría en el teléfono, hacerle saber su contento. Pero pese a todo: no lo hizo. Ya habría tiempo para un reencuentro, quizás en menos de dos semanas más.
Continuará...
* "Hyeong/Hyung" en coreano es "Hermano Mayor", por lo que, en el caso del Original Character de Corea del Norte, su nombre sería traducido como "Hermano Mayor" (o también como "Colega", "Tío"), tal y como en el caso de "MeiMei" (Hermana Menor). Aunque sí, en ésta historia he hecho la diferencia entre el nombre de Corea del Norte, y la referencia familiar.
* Los sufijos "Aru", "Daze" y "Desu" son equivalentes, traducidos al español como "Así es" (Bueno, en el caso de Yao, "Aru" es un sufijo japonés para dirigirse a las personas provenientes de China). Son típicos de los personajes más infantiles y tiernos del animé, en ocasiones estos son como "tics" verbales.
*Con decir ""esa" guerra", Im Yong Soo se refiere a la guerra que hubo entre las dos Repúblicas de Corea (del Norte y del Sur) durante la Guerra fría, en donde la República Democrática de Corea del Norte, apoyada por la U.R.S.S., se enfrentaba a la República de Corea del Sur, apoyada por Estados Unidos. Finalizado el conflicto, una vía ferroviaria fue construida, uniendo ambas naciones.
*En tiempos pasados, lo que fue el Imperio Mongol tomó gran parte de lo que actualmente es Mongolia, sumado a territorios del Norte de China (atravesando la Gran Muralla) y Sur de Rusia (hasta inclusive llegó a Moscú, destruyéndola dos veces), siendo éste su acceso directo hacia Europa. En la actualidad, las relaciones internacionales son bastante buenas entre los países vecinos a Mongolia, pero en ésta historia pretendo revivir un poco las cicatrices históricas de estos países respecto a Mongolia (como he hecho con Iván anteriormente)
*Soju: Licor muy popular en Corea. Es muy común que sea de acompañamiento en las comidas. Comúnmente se hace a base de fermentación de arroz, u otros cereales como la cebada, el trigo, la yuca, batata y patata, siendo su graduación alcohólica de un promedio de 20%. Su origen se remonta al año 1300 Antes de Cristo, aproximadamente, cuando los mongoles, durante la guerra, introdujeron el método de destilación en el país. Durante los años 1965 a 1991 estuvo prohibido hacerlo a base de fermentación de arroz, porque éste escaseaba, así que también es preparado a base de etanol altamente diluido, al que se le ponen saborizantes (pero claro, su graduación era de menos de 35º, y no era muy preferido). Es común que luego de dar un sorbo a la bebida, quien la beba emita un sonido con la garganta, más por una costumbre que por su sabor.
* Gan Bei: Debido a la falta de los símbolos correctos en mi teclado, la frase sólo pude escribirla de ésta manera. "Gan Bei" es un brindis chino, hecho normalmente en las comidas o cenas con variedad de licores. Literalmente, significa "Vaciar el vaso".
* Durante los años 1995 y 1998, la hambruna fue tal en Corea del Norte, que muchas familias pasaron ilegalmente las fronteras chinas en busca de comida. Se estima que en dicho periodo de hambruna, murieron alrededor de 600 mil y un millón de habitantes. La política y economía de Corea del Norte funciona de modo autárquico, basado en autonomía, nacionalismo y prácticas militares (Juche, economía de planificación centralizada. Consiste en aprovechar al máximo los recursos propios y sólo adquirir del exterior los que son urgentemente necesarios, como el petróleo).
*Kimchi: Platillo coreano elaborado principalmente con baechu (col china, similar a una lechuga), rábanos, pepinos, pimientos, rábanos, ají molido, ajo y cebolla (algunos de estos son opcionales). Es de sabor salado y picante, y según estudios, afirman que posee muchos beneficios a la salud: antioxidantes, levanta las defensas y elimina el colesterol. Es una tradición que, antes del invierno, sean recolectadas las cosechas en familia, para preservarlas en tinajas o neveras especiales para las conservas, y así, preparar el plato en grandes cantidades durante la época fría.
*The House of the Dead: Saga de videojuegos creados por la empresa japonesa SEGA, donde todas tienen en común a un par de agentes que deben luchar contra una horda de muertos vivientes modificados genéticamente, enfrentándose al final de cada nivel a un "jefe" o monstruo más aterrador y fuerte, y así, hasta llegar al último "jefe". La modalidad de juego varía según la versión, el armamento, y los finales son distintos dependiendo del nivel del jugador. Hasta la fecha del 2008, iban cuatro entregas.
*Survival Horror: En español: "Terror de Supervivencia". Subgénero perteneciente al género de los videojuegos, donde se combinan elementos de acción, suspenso, aventura gráfica y terror, para crear una atmósfera de terror psicológico, donde el objetivo principal es sobrevivir. Por lo general, los personajes deben combatir con los pocos recursos que tienen (armamentos, municiones, u objetos curativos) contra enemigos que atenten contra su objetivo: extraterrestres, mutantes, zombies, monstruos, entre otros. Tratan temas oscuros semejantes a una película de terror, y además incluyen puzles lógicos que requieren de habilidad y observación.
*"I'm the shit": No, Alfred no se ha insultado a sí mismo. La traducción literal es "Soy la mierda", pero esto corresponde a una expresión coloquial que podría interpretarse como "Soy lo mejor", o algo así.
*Matrioska o Mamushka: Muñeca rusa creada desde 1890 como tradición nacional, cuya originalidad está en que las figuras están huecas por dentro, de modo que tienen en su interior una pieza del mismo tipo, más pequeña, y a su vez, la de adentro también tiene otra adentro. Se caracterizan por estar pintadas con vivos colores, y por ser diferentes una de la otra (muchas veces, cambia la expresión, o los artefactos decorativos pintados en la muñeca).
os números de muñecas que el conjunto tenga es variable, pudiendo ir de tres, cinco, hasta setenta y cinco piezas (la más grande que se conoce). Hoy en día, son un demandado souvenir ruso. En lo personal: ¡Opino que son una ternura, quiero una~!
* "Hare Hare Yukai": De Aya Hirano. Apenas y he puesto las primeras tres líneas del coro. Es el famosísimo ending de la serie "Suzumiya Haruhi no Yuutsu". En serio, me da ternura imaginarme a Kiku bailándola ¿Y a ustedes?
*"Bang!": De After School. Hace poco conocí ésta canción, y la coreografía y la letra son realmente pegajosas. Recomiendo buscarla en video para que se hagan de la idea.
*Por si lo ha notado, la gente latinoamericana es demasiado afectuosa, muy de piel, en comparación a los asiáticos (que no acostumbran a las demostraciones efusivas de cariño). No son comunes los gestos de tacto directo, aún entre parejas y familiares, mientras que en el Nuevo Continente, las relaciones son más íntimas: mucho beso, abrazo y toques de todo tipo, aún entre quienes no tienen mayor relación.
¡Mein Gott! Éste capítulo si que me ha tardado DEMASIADO TToTT. Mi razón: la escuela es ESTRESANTE. Con todo esto del comienzo de Semestre (con todos los exámenes y libros que debo leer) sumado a las actividades del Bicentenario de mi país (Viva Chile, Mierrrr...mosa patria!) he tenido DEMASIADOS trabajos y deberes que me han costado varios días, a veces seguidos, en que no podía escribir NADA DE NADA. Pero he aquí, el capítulo más largo hasta ahora.
La aparición de Hyung Soo es algo que tenía planeado de hace tiempo. Siempre lo pintan como un hermano muy gruñón y malhumorado, pero que en el fondo (muy en el fondo) ama y extraña a su familia. Sobretodo a Im Yong. Así, que decidí darme el gusto de escribirlo :^D.
Siento que, tanto Yao como Alfred no son mi especialidad, y debido a eos, éste capítulo se me ha hecho un poco... raro ¿Qué opinan ustedes?
Les recuerdo que ante cualquier duda, súplica, golpe, invasión, premio o castigo que quieran darme, siempre estaré ansiosa y gustosa de leer sus reviews. Porque:
"Un fic con reviews, es un fic feliz!" ;D
¡Muchísimas gracias por TODOS sus comentarios! Me daré el tiempo de responder lo que no he podido (sea por la "falta" de cuenta o la no-permisión de respuesta de algunos autores) a la brevedad ^^ (aunque por lo que pude ver en mi correo, de las notificaciones que me llegan, podré responder los reviews de Elisabehta Beilschmidt y Yuxiel R.C a sus cuentas... ¡Gracias por sus comentarios, en serio, aprecio todos y cada uno de sus reviews, y poder contestarlos de manera más personal será lo mejor!)
¡Nos leemos... espero que pronto! ^^U
