Nota de Autora: Sabiendo que no todo el mundo tiene o puede costearse Netflix, y algunos no hicieron maratón el día del estreno, advierto que este capítulo tiene spoilers de la segunda temporada de Race to the Edge.


Irremediable

Estaba totalmente desorientada.

Con un demonio, ¿Qué se suponía que tenía que hacer?

Escapa tonta, escucho en su cabeza. Toma a Windshear y lárguense las dos. Los guardias podían recuperar la conciencia en cualquier instante. Incluso otros podían aparecer de la nada.

Y aun así, Heather se quedó ahí, justo donde estaba cuando Dagur se giró y camino por aquel pasillo subterráneo en dirección contraria.

¿No debería de detenerlo? ¿No debería de agradecerle por ayudarla, o incluso de disculparse por haberlo espiado y usado? ¿No debería de hacer algo más que estar ahí parada y al menos tener un par de palabras para su hermano?

Sus intereses, sus planes, la idea de no confiar en nadie excepto si mismo, su propia seguridad: todo eso desapareció cuando la libero.

Él realmente la quería.

Ahí estaba. Su hermano, su propia carne y sangre, esa que corre más espesa que el agua, y hacia recordar a cualquiera la más grande y antigua verdad en Midgard: no existe nada más importante que la familia.

Pero en aquella historia había una segunda verdad: él no era su familia.

Su hermano la quería, más no era suficiente: no podía olvidar que le había quitado todo que quería y ella misma era, que ahora gracias a él dentro suyo había un agujero que no podía llenar con nada excepto miedo y rabia, ya que hacía mucho tiempo no era capaz de sentir otra cosa. No podía ignorar que aunque la quisiese, tampoco tuvo reparos en el pasado de herirla. No bastaba simplemente con saber que la misma sangre les corría por las venas para ser familia.

Familia significaba demostrar que aceptabas a alguien tal cual era. Una familia también significaba ser un apoyo y refugio; una familia era alguien que te comprendía y se preocupaba por ti.
Y así, como si de un rayo sobre el cielo de una noche cerrada se tratase, Astrid y Hiccup surgieron de entre sus pensamientos.
Entonces, como si se tratase de un viento que renueva el ambiente de una habitación empolvada y cerrada por años, sutil y aun así poderoso, muchacha y dragón se dirigieron como bólido a la superficie.