Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en francés Il fallait bien ça

Autora: labulle

Hacía falta todo eso

Capítulo 11 – Un armario de escobas

Pero la maldición nunca lo alcanzó. Harry abrió los ojos, apenas si podía distinguirlo, pero Crabbe yacía inconsciente a su lado.

–Harry, ¿estás bien? –Tom estaba junto a él y trataba de ayudarlo a incorporarse. Pero Harry estaba sin fuerzas y sentía como si se fuera a desmayar de un momento a otro.

–Sería conveniente llevarlo al ala hospitalaria, ¿no le parece?

Harry giró la cabeza hacia la dirección de donde había venido la voz e hizo una mueca.

–Hágame el favor, Potter, no es preciso que muestre tanta alegría. –siseó Snape.

–Vamos, Harry, apoyate en mí.

Harry seguía desorientado, no sabía bien qué era lo que había pasado, pero una cosa era segura: le habían salvado la vida.

–Tom… gracias… me tomó por sorpresa…

El auror se puso pálido y se oyó un carraspeo. –No fui yo el te salvó, Harry… llegué un segundo después. Fue el profesor Snape el que redujo a tu atacante.

Harry volvió nuevamente la cabeza hacia Snape. –¿Por qué…? –alcanzó a articular antes de perder la consciencia.

oOo

–¡Pará Ron!

–¡Pero es que tengo hambre!

–Los mandó tu mamá pero para Harry.

Harry reconoció las voces de sus amigos en la nube de confusión que tenía en la cabeza. Trató de ir ordenando las ideas. Abrió lentamente los ojos pero tuvo que volver a cerrarlos, la luz ambiente lo había encandilado.

–¡Harry, cumpa! ¿Cómo estás?

–Harry, yo ya te lo había dicho que tuvieras cuidado, pero vos no…

–¡Dejalo en paz, Hermione! No ves el estado en que está. Dejá de atosigarlo. Ya tuvo demasiado anoche.

Recordó entonces el ataque. ¡El muy crápula de Crabbe había estado a punto de matarlo! Y si Snape no lo hubiera salvado…

–Tomá, Harry. –dijo Hermione alcanzándole los lentes que ella ya había arreglado.

–Gracias. –respondió con una mueca. Miró alrededor, estaba en el ala hospitalaria como era de esperar. Los olores le resultaban muy conocidos, habían sido muchísimas las veces que había terminado allí durante los últimos años. –Ya sé, Hermione, debería haberte hecho caso.

Sentía la boca pastosa. –Quisiera un poco de agua. Tengo la garganta seca.

–Voy a buscar y te la traigo enseguida. –dijo Hermione con gran urgencia en el tono.

–No hace falta exagerar tampoco, Harry no está moribundo. Y, ¿cómo te sentís, Harry?

–No tan mal. ¿Vos sabés lo que pasó?

–Más o menos. Dumbledore pasó hace unos minutos para ver cómo seguías y nos contó.

–Entonces sabés de Crabbe… y de que Snape me salvó…

–¡Esa alimaña! ¡Me gustaría tenerlo entre las manos para hacerlo papilla!

–Yo todavía no puedo explicarme que Snape me haya salvado. Siempre estuve convencido de que no deseaba otra cosa que mi muerte.

–Mirá Harry, a nosotros no nos cae simpático pero Snape es miembro de la Orden, y si te ponés a pensarlo, si Snape hubiera querido matarte, podría haberlo hecho muchísimas veces en todos estos años.

Harry no dijo nada, Ron tenía razón, y aunque Snape no podía gustarle menos…

–Acá tenés, Harry. –dijo Hermione ya de vuelta y le tendió un vaso con agua. El agua lo hizo sentir mucho mejor y estar rodeado de sus amigos también lo hacía sentir muy bien.

–¿Y en cuanto a Crabbe…? – lo último que recordaba era haberlo visto tendido sobre el suelo.

Ron y Hermione intercambiaron miradas, daba la impresión de que querían decirle algo pero que les costaba.

–¡Señor Potter! Tómese esta poción vigorizante. Le hará bien y se sentirá como nuevo en un periquete. –madame Pomfrey lo hizo beber la poción antes de que Harry tuviera tiempo de decir nada, se atragantó un poco y tosió pero inmediatamente se empezó a sentir mejor.

–Por suerte no le pasó nada grave, fue un simple desmayo. Tantas emociones juntas no es algo normal, ahora descanse un rato, trate de calmarse y hoy mismo podrá retomar sus ocupaciones habituales.

La sanadora, que había llegado como un tornado, partió de la misma forma.

–Esta mujer tiene demasiada energía. –declaró Ron.

–No me cambies el tema, Ron, contestame.

Nuevo cruce de miradas entre los dos, habló Hermione.

–Para empezar… no está muerto. Cuando Tom te trajo para acá, al hospital, Snape fue a buscar a Dumbledore para interrogar juntos a Crabbe, pero…

–Pero… –la instó Harry impaciente.

–Pero cuando volvieron… ¡Crabbe había desaparecido! –completó Ron.

–¡Paren un poco! ¿Me están diciendo que Crabbe está suelto en el castillo y que podría volver a intentarlo en cualquier momento?

Harry había alzado la voz y empezó a mirar frenético alrededor como si temiera que de pronto el Slytherin pudiera aparecer de la nada para abalanzársele.

–No, Harry, tranquilizate. –dijo Hermione posándole suavemente una mano sobre el brazo– Desapareció del castillo, algo que por cierto es muy extraño. No pudo haber desaparicionado y con tantas defensas y tanto auror haciendo guardia debería de haberle resultado muy difícil abandonar el predio de la escuela.

–Pero parece que en los últimos tiempos Crabbe aprendió unos cuantos trucos, quizá fue el mismo Voldemort el que se los enseñó. Quizá usó un traslador.

Ni Hermione ni Ron contestaron nada.

–¡Esperen! ¿Y si fue Snape?

–¿Snape! –exclamaron los otros dos a coro, no entendían por qué salía con esa idea.

–Sí, Snape. Es posible. Mientras Tom me traía al hospital, Snape pudo haber reanimado a Crabbe y pudo haberle provisto un medio de escapar. Snape seguro que sabe cómo. Debe de conocer todas las barreras y….

–Pero… –dijo Ron dubitativo– …¿primero te salva la vida y después lo ayuda a escapar? No tiene sentido.

–Sí, puede ser. Porque Tom llegó en ese mismo momento. Snape pudo haberse visto obligado a disimular.

–Quizá… pero…

–Nada de peros Hermione, estoy seguro de que fue así.

–Decís eso porque lo detestás, Harry. No dejes que ese sentimiento te ofusque.

Harry no insistió, lo único que iba a conseguir era enojarse con sus amigos. Pero estaba convencido de que Snape estaba y siempre había estado del lado de Voldemort.

–Harry, ya estás despierto. Y al parecer ya te sentís mejor. –dijo Dumbledore que ese momento llegó junto a la cama.

–Nosotros mejor nos vamos… –dijo Hermione poniéndose de pie– …nos vemos más tarde. –y se fue, seguida de cerca por Ron.

–Profesor… –saludó amablemente Harry.

–Como tus amigos ya te habrán informado, el señor Crabbe logró escaparse anoche. Me imagino que estarás muy inquieto por eso, pero tengo la convicción de que no hay razón para que te preocupes. –dijo el director.

–Profesor, sé que lo que le voy a decir no le va a gustar pero yo creo que Snape…

–Que el profesor Snape… –lo reconvino Dumbledore.

–Bueno… que el profesor Snape… –repitió Harry con una mueca de disgusto– …que él fue el que ayudó a Crabbe a escapar.

–Harry… ya hemos hablado muchas veces al respecto…

–Sí, pero…

–Sin peros, Harry. Te agradecería que me dejaras completar la idea sin interrumpirme. El profesor Snape cuenta con mi total confianza. Yo estoy al tanto de que ustedes siempre se llevaron muy mal. Pero eso no debe interferir en un momento como éste. Están ocurriendo cosas muy graves y no podemos estar perdiendo energías sospechando unos de otros.

Harry bajó la cabeza, avergonzado por su impertinencia, pero seguía pensando lo mismo. Y habían estado a punto de matarlo esa noche.

–¿Para qué me asignaros aurores de guardia? –preguntó, le hubiera gustado agregar "¿se cree que yo no puedo defenderme solo?", pero le pareció más sensato callárselo.

–Para protegerte. –contestó dócilmente el director.

–¿Para protegerme? ¿Como anoche? Creo que me podría arreglar mucho mejor solo.

–Sí, es lamentable. Tom no estuvo a la altura de su deber. Tendré que hablar con él. En cuanto a la presencia de los aurores, prefiero no hablar al respecto… por el momento al menos.

–¿Y cuándo entonces?

–Pronto… espero. –Dumbledore se puso de pie y le guiñó un ojo– Creo que ya podés levantarte y vestirte, Tom te está esperando afuera.

oOo

Harry masculló mientras se vestía todo su rencor contra todo el planeta. Tom lo estaba esperando afuera.

–Harry, muchacho, fue por mi culpa. No sabés cuánto lamento lo que pasó. –Harry observó que unos metros más allá el director y Snape conversaban en voz muy baja. Los ojos negros lo fulminaron con una mirada en ese momento.

Harry hubiera querido insultarlo pero se contuvo y dirigió toda su atención a Tom.

–No te hagas tanto problema, Tom. No es tu culpa que haya tantos que quieran matarme. –dijo Harry con tono sombrío– Y vos no podés estar en todas partes, aunque quisieras. Y si Stanislas tuvo que atender otros asuntos esta semana, deberían haberle buscado un reemplazante, ¿o acaso el protocolo no exige que siempre debe haber por lo menos dos guardias? –la culpa no era toda del auror, también había otros responsables.

–Harry, no sabés cuanto alivio me producen tus palabras. –dijo Tom posándole una mano sobre el hombro – Le voy a decir eso a Dumbledore cuando me llame más tarde para sermonearme. Pero vos debés estar con hambre… bajemos para comer algo.

Harry asintió, ya era la hora del almuerzo y el estómago le estaba reclamando sustento.

Ya en camino, se cruzó con muchas insistentes miradas de los alumnos, la mayoría curiosas pero algunas, las de los Slytherins, indudablemente hostiles. Todo indicaba que la escuela en pleno estaba al tanto de lo que había pasado.

–¡Potter! Supongo que estarás muy contento, pero si tu intención es ir eliminándonos de a uno te vas a llevar una gran decepción, ya vas a…

–Si pronuncia una palabra más, señorita, no será Potter el responsable de su desaparición.

Harry miró a Tom, muy impresionado. Tan afable que se mostraba siempre, había hablado con un tono definitivamente intimidante, tenía apuntada la varita hacia Parkinson y su corrillo de seguidores y los ojos muy abiertos y amenazantes.

Parkinson se puso lívida pero trató de disimular su temor. Levantó el mentón con un gesto altanero y se retiró rápidamente con su grupito.

oOo

Ni Ron ni Hermione estaban en el Gran Salón, quizá vendrían después. Harry comía con la vista baja, no tenía ganas de hablar con nadie. Le hubiera encantado poder quejárseles sobre Dumbledore; seguramente ellos habrían protestado, pensándolo bien quizá era mejor que no aparecieran.

Terminó de comer y salió con Tom al hall. No sabía muy bien qué quería hacer a continuación.

–Tengo algo para proponerte, pero no sé si te va a entusiasmar.

–Te escucho, Tom, la verdad es que no sé muy bien…

–¿Querés seguir con las prácticas del patronus… para hacerlo hablar?

A Harry no le pareció mal, asintió y partieron en busca de un lugar. ¿Sería conveniente cambiar? Los mejores resultados los había obtenido con la mesa burlona. Se decidió por la misma aula del día anterior.

oOo

Los muebles se mostraron tan groseros como el día previo pero eso lo ayudó, ahora podía dominar la técnica. Y era divertido contestar a los insultos con insultos proferidos por el ciervo plateado. No había resultado tan fácil. Había tenido que estar practicando casi durante todo el día. Pero el entrenamiento le había hecho bien, le había permitido desahogarse, distenderse. A esa hora le empezó a entrar sueño. Salieron del aula conversando animadamente.

–¡Ay mierda! –exclamó de pronto Tom– ¡La reunión con Dumbledore! Perdón Harry, pero ya estoy llegando tarde, si te acompaño hasta el dormitorio me voy a demorar todavía más… pero no puedo dejarte otra vez solo…

–Dumbledore mismo me dijo que no corría ningún riesgo. –dijo Harry, le entró como un capricho infantil de ponerse en peligro a propósito con tal de probar que el viejo director podía equivocarse– Andá nomás, no me va a pasar nada y me voy directo a la Torre de Gryffindor.

Tom dudó un momento más pero la sonrisa confiada de Harry terminó por convencerlo.

–Está bien. Pero andá bien atento… y directo a los dormitorios, ¿eh?

–Perdé cuidado.

Tom partió sin decir más y Harry quedó solo. No necesitaba recomendaciones, sabía que tenía que ser prudente. Sacó la varita y aguzó la vista y el oído. Se puso a caminar bastante rápido, pero controlándose. No quería dar la impresión de que estaba corriendo.

Oyó pasos detrás de él, se detuvo de golpe, dio media vuelta y apuntó directo al intruso.

–Hola, Potter. No hace falta que te pongas así, tratá de calmarte o podrías llegar a lastimar a alguien.

Ocupado como había estado durante todo el día, había podido sacarse de la cabeza al que estaba delante de él con un rictus desdeñoso en el bello rostro.

–¿Qué estás haciendo acá, Malfoy?

–Cuidado con el tonito que usás, Potter. Y para que sepas, estoy trabajando, estoy cumpliendo con mis funciones. Yo no soy de los que no tienen nada que hacer y se pasean a la noche por los pasillos para levantar los niveles de adrenalina.

–¿Trabajando? ¡Sí claro! ¡Justo vos! ¿Y haciendo qué? ¿Viniste a matarme para ganarte un ascenso con Voldemort como hizo tu amiguito?

–Para tu información, estoy haciendo mis rondas de prefecto y la que se mostró muy insistente en que las intensificáramos fue justamente tu amiguita, la sangresucia…

–¡Retirá ya mismo lo que dijiste!

Malfoy hizo un gesto desdeñoso con la mano indicándole que su airada protesta no le importaba en lo absoluto, continuó como si nada.

–…fue ella la que nos conminó a que hiciéramos rondas dobles, por si acaso Crabbe estuviera todavía escondido en algún rincón esperando una nueva oportunidad para cargarse al Salvador del mundo. –concluyó sarcástico.

–¿Y desde cuando vos hacés lo que ella te dice?

–Creeme que no es por arda de ganas de protegerte el culito… aunque es muy lindo por cierto. –Harry trató de que no se le notara la vergüenza pero el rubor que le subía a las mejillas lo traicionaba– Pero si estoy buscando a Crabbe como los otros es sólo para preguntarle cómo pudo ser tan imbécil de fallar en su intento.

–¡Sos un…!

–¿Te estás devanando los sesos para encontrar el insulto adecuado? –se burló Malfoy.

–No hace falta pensar tanto para decirte que sos lo más abyecto y arrastrado.

–Me destrozás el corazón, Potty. Que me digas…

La sonrisa socarrona del Slytherin le estaba suscitando instintos asesinos. Se puso a considerar si podría matarlo ahí mismo y alegar posteriormente legítima defensa.

–¡Andate a la concha de tu madre, Malfoy!

Dio media vuelta y empezó a alejarse a grandes pasos. La furia le latía en las sienes, le zumbaba en los oídos. Cuando una mano se posó sobre su hombro se dio vuelta con violencia. Lo apuntó directamente con la varita, pero Malfoy le retuvo la mano con un puño férreo.

–Potter, ya te dije que es peligroso jugar de esta forma. –el tono había sido jocoso, Harry pareció confundido y además la proximidad de la boca de Malfoy empezaba a hacerlo sudar.

–¿Qué es lo que querés, Malfoy? –se acordaba muy bien de la última vez que lo había dejado tan mal después, experimentaba un arisco resentimiento por Malfoy… y una gran atracción, que ya empezaba a manifestarse como una rigidez en su entrepierna.

–No sabría decirte bien… –admitió Malfoy con aire despreocupado– …no tuvimos tiempo de profundizar nuestra… conversación la última vez.

Harry abrió grandes los ojos. No se había esperado esa respuesta y mucho menos la mano que lánguidamente le había empezado a acariciar la entrepierna tornándola aun más dolorosa.

–¡Oh… que casualidad! No había notado que estábamos justo al lado de este armario… ¿no te gustaría que lo visitemos juntos? –propuso Malfoy con una sonrisa pícara. Harry sintió que se mareaba, se sentía al borde del desmayo.

Malfoy no esperó la respuesta. Abrió la puerta del armario de escobas y lo empujó dentro. Harry trató de recobrar algo de lucidez. Lo apuntó con la varita.

–¿Te creés que te va a resultar tan fácil?

–Mmm… buena pregunta. Para serte sincero… sí. Como las veces anteriores. ¿Quién hubiera pensado que Harry Potter había resultado ser un chico tan fácil.

–Yo… ¡no es eso lo que quise decir! –farfulló Harry– ¿Cómo puedo estar seguro de que no sos un mortífago?

–¿Y eso por qué tendría que ser un problema, si se puede saber?

–Te estás riendo de mí…

–Obvio… con vos es imposible evitarlo.

Harry estaba cada vez más perplejo… y más excitado, lo que no mejoraba precisamente la situación. No lograba concentrarse y no deseaba sino una cosa, que lo tomara, ahí mismo, en ese instante, sin demora. Pero la maldita conciencia todavía logró interponerse.

–Probame que no sos un mortífago.

Malfoy bufó malhumorado pero se levantó la manga del brazo izquierdo. Le dejó ver la piel blanca, lisa, intacta, resplandeciente a la luz del Lumos que Harry había conjurado.

–Bien, estás contento ahora. Pero no veo qué pueda probar esto. Yo siempre he tenido ganas de matarte, Potter, no preciso la Marca Oscura para eso. –dijo burlón.

Harry ya se estaba hartando del jueguito. No estaba seguro de qué lo satisfaría más si sentir al Slytherin dentro de él o debajo de él para darle de golpes hasta dejarlo inconsciente…

–Bueno, Potter, bromeaba nada más… Y ya podríamos ir a lo nuestro… acordate de que estoy en servicio. –y sin darle tiempo para el asombro le hundió la cabeza en el cuello y se lo fue succionando suavemente hacia arriba y luego fue siguiendo la línea de la mandíbula.

Harry echó la cabeza hacia atrás olvidándose de todo. Fue como una señal puesto que las manos se activaron frenéticamente sobre los cuerpos y pasaron de la ropa al contacto directo con la piel, provocándoles a ambos una seguidilla de estremecimientos.

A Harry le encantaba olerlo, tenía un perfume muy singular que se intensificaba en los cabellos. Entretejió los dedos en ellos y atrajo los labios de Malfoy a los suyos. Las lenguas se mezclaron en lucha encarnizada, los dientes se entrechocaban por la precipitación, por el ansia de degustarse otra vez.

Harry contuvo una exclamación cuando la mano de Malfoy se metió en sus pantalones le aferró la verga y comenzó a prodigarle un movimiento de rápido vaivén.

Harry se mordió los labios para retener los gemidos de placer que se le escapaban. Malfoy lo hizo dar vuelta y lo aplastó con todo el cuerpo contra la pared. Le frotó las caderas contra las nalgas. Cada movimiento de fricción de la verga erecta de Malfoy le originaba una onda de sublime delicia.

Malfoy, que era un poco más alto, le agarró las manos y se las hizo apoyar por encima contra la pared y aprovechó para ir mordisqueándole los hombros desnudos.

La tensión fue creciendo, la provocación se volvía insoportable, Harry necesitaba más.

Recuperó una de sus manos y se desabotonó el pantalón y con meneos rápidos lo hizo caer al suelo. Volvió a apoyar la mano contra la pared. La de Draco había bajado para explorarlo.

Harry no pudo evitar más los gemidos. Contoneaba las caderas en una silenciosa súplica para que entrara en él.

La penetración actuó como un detonante de una explosión de dicha. Todas las fibras sensitivas de su cuerpo se exacerbaron al máximo. El aliento de Malfoy en su cuello, la mano de Malfoy estimulándole la verga acompasando los movimientos con las acometidas dentro de él… no pudo resistir mucho más y acabó pronto en un orgasmo arrollador.

Malfoy se apretó más contra él al alcanzar el clímax y le fue recorriendo los brazos con las manos hasta que alcanzaron las de Harry contra la pared y los dedos de ambos se entrelazaron. Lo sorprendió ese impulso casi romántico y el espíritu se le llenó de gozo. Nunca lo hubiera creído posible.

Malfoy elevó ligeramente el mentón y le susurró tiernamente unas palabras al oído. Se le puso la piel de gallina.

¿Acababa de agradecérselo? ¿Y por qué? ¿Llegaría algún día a comprenderlo?

–Bueno, me tengo que ir, ya nos veremos pronto.

El tono había cambiado por completo. Ni palabras susurradas ni cadencia lánguida, más parecía el saludo de un viejo amigo despidiéndose. El romanticismo se había esfumado por completo. ¿Sería así lo normal para el Slytherin? ¡Demasiado poco tenía si era así!

Procedieron a vestirse en silencio. A pesar de todos los encuentros que habían tenido a Harry le volvía la pudicia cuando terminaban y se empezaba a sentir mal desnudo delante del otro.

–Y otra cosa, Potter, si hubiera querido matarte… este último tiempo tuve más de una excelente oportunidad para hacerlo –Malfoy había dicho eso con tono socarrón y luego había salido.

Quedó solo en la oscuridad, falto de aliento y sudoroso… pero feliz. Un relumbrar de esperanza iluminaba ese instante y eso lo hacía dichoso.

oOo