CAPITULO 11: Lo que se oye entre susurros
La velada avanzaba lentamente. Los caballeros se pavoneaban. Se hacían apuestas sobre los resultados de los torneos y los combates. Arcyth había conocido a Casimiro Flor de Lis. Y había estado hablando con el gran parte de la velada. Incluso le presento a ser Scott Lys, quien además de ser su gran amigo de la infancia era su señor.
Le contaron una fascinante historia sobre el norte. Aun que Casimiro se guardo algunos detalles. Arcyth no necesitaba grandes dones sociales para saber que ocultaba algo. Pero eso era algo que sonsacarle al herrero otro día.
Sarrah por su parte estaba enfrascada en una alegre conversación con una Dorniense. Una tal Leila. Por lo visto su pequeña hermana tenía un ojo clínico espectacular. Lady Leila era la hermana pequeña de la casa Dayne de CampoEstrella. Por lo visto, también había por allí otro hermano de los Dayne, Ser Zak, a quien Leila estaba presentando a Sarrah.
En cierto momento, Sarrah se acerco a Arcyth y con un tono meloso de voz le pregunto si podía invitar a Descanso a sus nuevos amigos tras el torneo.
-Sarrah...-pregunto con un tono apenas audible de voz y hablando en Dothraki- ¿Por qué actúas como si fueras tonta? Estas cloqueando como si fueras una gallina y haciéndote pasar por unas de esas doncellas descerebradas que solo piensan en canciones y flores en el pelo...
Su hermana le sonrió radiante, sin dejar de poner aquella mueca idiotizada que todas las doncellas de alta cuna suelen poner, cuando piensan que la vida es todo caballeros en brillantes armaduras y bonitos vestidos y que el mayor honor que se le puede hacer una mujer es permitirle estar callada, ser buena y conseguir como marido a un noble con un título muy rimbombante. También le respondió en un susurro en la lengua de los señores de los caballos
-Por que es lo que se espera de mi, mi señor, nadie quiere una mujer lista. Se espera que seamos tontas. Que seamos corteses, obedientes. Ciegas y sordas a los asuntos de los hombres. La Dorniense es inteligente. Entiende el juego. Creo que deberíamos tantearla y ver si nos puede ser útil como posible aliada. Tiene el apellido apropiado. Y el sur podría ser una baza interesante a tener en cuenta para futuros planes. Cuando más idiota creen que es una doncella, menos cuidado pone la gente en hablar delante de ella, porque creen que no entiende lo que se habla. Se oyen cosas, mi señor.
-¿Como qué?- Arcyth estaba fascinado. Sabía que su hermana era lista, pero no sabía que podía utilizar una máscara de estupidez como arma. Como podía soportar el que todos la consideraran una mema como una ventaja, era algo que se le escapaba.
Sarrah lo tomo del brazo con coquetería infantil, haciendo un puchero. Cualquiera que los viera pensaría que aquella pequeña doncella le estaba suplicando algo a su hermano mayor. Su expresión corporal era la de una niña encaprichada con algo en un mercado que desea que le compren lo que quiere.
-Mirad a tu derecha- susurro ella- El caballero con los crespones azules. Ser Huge del Valle. Nombrado caballero acto seguido de la muerte de Jon Arryn, anterior mano del rey. Era su sirviente. Curioso, ¿no te parece? Dudo mucho que se pudiera permitir semejante armadura con lo que ganaba. Y un titulo tan rápido... hay mucho revuelo con la muerte de la anterior mano, mi señor. Muchos rumores... una enfermedad demasiado repentina en un hombre sano pese a su edad. Mirad ahora hacia allá... ¿veis el copero con la bandeja grande? Atendió al gran maestre Pycell mientras estaba con Jon Arryn en el momento de su muerte. Dice que las últimas palabras de la mano fueron "la semilla es fuerte". Interesante elección de palabras. Ahora, allí al fondo. La mujer gorda con el vestido de colores brillantes, la que lleva del brazo a la mujer corpulenta y con cara de retrasada. Es lady Stokeworth. Y la otra es su hija menor, Lollys. Tiene una hija mayor llamada Felyse que es estéril. Lleva intentando casar bien a Lollys varios años. Y tiene la vista puesta en Lord Baelish, consejero de la moneda del rey. Un hombre que no tiene ni títulos ni tierras ni propiedades, pero que lleva años negándose a casarse con una fortuna considerable...pese a ser una casa pequeña, los Stokeworth poseen muchas tierras, varios castillos... ¿Por qué creéis que Meñique no se casa con ella?
-¿Porque tiene como 30 años, es fea y pinta de no ser muy lista?- susurro Arcyth mirando a Lollys con terror de que le concertaran un matrimonio con una mujer así- Tiene más planta de ser Septa que otra cosa. Y ni siquiera seria una Septa muy buena.
-Tú sabes que el matrimonio no tiene nada que ver con lo que queremos, Mi señor. Es una cuestión política. EL único motivo por el que Lord Baelish no se casa con Lollys, la única razón lógica, es que tiene la vista puesta en un premio mejor. Algo más goloso y más grande. Y le parece que la fortuna de los Stokeworth no es suficiente. Pero la cuestión no sería esa...-Sarrah dejo la frase en el aire para que su hermano la concluyera.
-La cuestión es con quien quiere casarse meñique o qué planes tiene que no ha contado a nadie para permanecer soltero pese a la buena oferta que le supondría una alianza matrimonial con los Stokeworth, aunque tuviera que cargar con una mema lerda como Lollys.- Arcyth miro otra vez a Lollys y entrecerró los ojos- Si no se quiere conformar con ese matrimonio, es que tiene otra idea en mente para su futuro...
-Bien- Sarrah lo miro aprobadora, y Arcyth se sintió un poco como cuando en su infancia los maestros le daban una palmadita en el hombro cuando hacia bien su tarea. Algo realmente incomodo cuando la persona que te está dando su aprobación por haber respondido bien mide la mitad de tu talla- También he oído cosas por ahí bastante interesantes sobre meñique. Tiene uno de los mejores burdeles de desembarco del rey. ¿No te parece irónico que el hombre que llevas las cuentas del reino se dedique a ser el proxeneta a los nobles a los que les lleva la cartera?
Arcyth no entendía aquello
-¿Por qué un simple proxeneta se sienta en el consejo del Rey?
-Buena pregunta. ¿No crees que es un hombre al que deberíamos vigilar?- Sarrah sonrió radiante a su hermano- Tiene que tener una historia fascinante que nadie parece saber. Y cuando sale el tema, la gente le tiene miedo. Si un proxeneta es tan temido, debe haber una razón. Pero nadie habla de ello. Meñique es alguien a tener en cuenta, Mi señor.
Dieron unos pasos cogidos del brazo y poco después, Sarrah señalo discretamente con la cabeza
-Mirad allí, el hombre corpulento vestido de seda morada. Calvo. Lord Varys, la araña. Consejero de rumores. Un extranjero de Essos, sin títulos, sin tierras, sin poder alguno. Se le considera el hombre mejor informado de poniente y con la mayor red de espías del mundo conocido.
-¿Por qué lo consideras digno de mención?
-Porque tenemos que procurar que el hombre que lo sabe todo no sepa nada de nosotros. Y será una tarea ardua.- Arcyth asintió ante estas palabras. De pronto, aquel hombrecillo rechoncho calvo como un huevo se le antojo un autentico desafío que un guerrero como él no sabía cómo afrontar. Y comprendió por que Sarrah había sido educada como había sido educada: ella era su arma en terrenos de palabras y conspiraciones. Un arma muy menuda con aspecto inocente que fingía ser mucho menos inteligente de lo que era en realidad. El juego al que jugaba su hermana se le antojo terriblemente peligroso.
Miro a su alrededor. La mitad de la gente que le rodeaba quería ver muerta a la otra mitad. Y viceversa. Pero estaban allí, todos juntos, fingiendo ser amigos delante de un rey borracho que estaba manoseando a las sirvientas. Apariencias. Máscaras. Sutiles intrigas dentro de intrigas. Planes...todo por ascender. Conseguir más tierras, más. Más títulos, más poder... y todo dependía de ser más listo y tener más suerte que los demás. Y lo único que el tenia era a un montón de Braavosi que sostenían la correa que llevaba al cuello de momento, un titulo y tierras usurpados que podían desvanecerse en cualquier momento si daba un paso en falso y tres hermanos que aun que no eran de su sangre, estaban dispuestos a sangrar por él. Se habían erigido imperios con menos. Pro el problema es que no sabía cómo. Arcyth tomo su decisión.
-Si crees que debes entablar relaciones con los Dornienses, me parece bien. Haz lo que creas oportuno. Pero mantenme informado. No entiendo a donde quieres ir a parar con tu idea, pero quiero conocer cada paso que des.
Sarrah asintió. Dio unos saltitos como un cachorro hiper excitado y beso la mano de su hermano girándose en redondo y correteando como una adolescente que ha conseguido lo que quería a base de morritos y batir de pestañas hacia donde estaban los Dornienses. Arcyth vio que le decía algo a Leila Dayne y que esta se ponía radiante de felicidad. También vio como Ser Zak fruncía el ceño y se volvía hosco de sopetón. Sonrió. Comprendía perfectamente cómo se sentía aquel Dorniense. Y más si no sabía que se traían entre manos aquellas dos pequeñas arpías que fingían ser menos listas de lo que eran en realidad y que estaban midiéndose la una a la otra en un juego absurdo del que los hombres rara vez entienden las reglas.
Más tarde desde uno de los balcones le llego el sonido discordante de dos beodos cantando estrofas dispares de la doncella y el oso. Y allí estaban Ser Casimiro y Vadid, cogidos por los hombros cerveza en ristre como si fueran amigos de toda la vida, cantándole a las vistas de desembarco una canción nada apropiada para ser recitada en un palacio.
Se tallo el puente de la nariz. Cansado y hastiado de todo. También vio como Harlum pululaba por el balcón asegurándose de que nadie se hacía daño, pero que las copas siempre estaban llenas.
Todo tomo un cariz un poco más extraño cuando Casimiro dijo algo y Vadid le reto a ver si era cierto. Y los dos borrachos seguidos discretamente por el maestre se acercaron tambaleantes a Arcyth.
-Cachimiro dice que...bueno, no recuerdo que dice Cachimiro...-expuso con claridad elocuente Vadid- ¡pero vamos a hacerlo!
-¡Si!- canturreo alegremente ser Casimiro
-Lo que deberíais hacer es ir a la cama...-Arcyth no pudo evitar una sonrisa. AL menos alguien se lo pasaba bien.
-¡Aguasiestas!-Le gruño desencantado Vadid.
-Dirás aguafiestas...-Harlum había aparecido de la nada y sostenía a su tambaleante hermano.
-¡Yo sé lo que digo!
-¡Di que si! Hablas muy bien, se nota la crianza. ¡Y se de lo que hablo, mi padre criaba patos!- Casimiro sonrió satisfecho y orgullo de su linaje
-¿Y los patos de tu padre hablaban bien?- Vadid se sentía muy impresionado por tal hazaña. Harlum y Arcyth no sabían que cara poner.
Casimiro se pensó un poco la respuesta y solo sonrió beatíficamente intentando vocalizar. Por alguna razón, la lengua se le negaba a cooperar en el proceso comunicativo.
-No lo recuerdo, pero tenían unos colores bonitosh- Asintió con la cabeza remarcando sus palabras. Después de una alegación de ese calibre, Casimiro estaba seguro que nadie podría llevarle la contraria. Era un argumento irrefutable.
-¡Pues yo quiero beberme unas putas y luego follarme unas copas más!- Clamo Vadid a los cuatro vientos.
-¡Yo también!- Casimiro se unió al plan. Aquella idea le parecía fantástica.
Algunos de los caballeros presentes, tan borrachos como aquellos dos, se les unieron con vítores ante esa idea tan fantástica.
Harlum decreto que ya habían bebido bastante. Y se encargo de que varios de sus sirvientes se los llevaran a la posada donde tenían habitaciones y los metieran en la cama. Y que se aseguraran de que permanecían allí.
Arcyth intento recordar si alguna vez había bebido hasta perder la compostura de esa forma. Y no encontró un solo momento de su vida en el que se hubiera desmelenado así. No sabía si era algo bueno o malo. Sencillamente, nunca había sentido esa necesidad. Siempre había sido sobrio, serio y formal. Pero no podía dejar de preguntarse sobre en que se sentiría liberándose de todas sus inhibiciones. Quizás algún día lo averiguara. Pero ese momento no era hoy.
No muy lejos de allí, veía a Sarrah hablar con los Dornienses. El circulo de personajes vestidos de colores brillantes y tez oscura alrededor de su hermana era cada vez mayor. La escucho hacer preguntas sobre Dorne y extasiarse. Como si ver montones de arena fuera lo único que su hermana había querido hacer en su vida. Escucho a Lady Leila invitarla a visitar algún día los dominios de Campoestrella y a su hermana emocionarse tanto que casi daba saltitos ante la expectativa.
Hablaron de trivialidades hasta que se hizo el comentario fortuito de que Ser Zak participaría en el combate de lanzas. Sarrah se emociono tanto que dijo que también apostaría por ser Zak. "Que mejor que apoyar a los nuevos amigos en sus lances" comento alegremente Sarrah mientras llamaba con aspavientos a uno de los sirvientes que llevaban las apuestas oficiales para apostar nada menos que diez venados de plata por ser Zak. Tanto Leila como su hermano quedaron impresionados por la disparatada apuesta. El Dorniense sonrió alagado. Arcyth podía ver que aquel hombre no tenía claro si Sarrah era una inconsciente o si tomarse aquel gesto como un cumplido, pero respondió con caballerosidad. Tomo a su hermana de la mano y se la beso con galantería.
-Dado que las únicas damas que conozco en la capital son mi hermana y mi señora, sería un honor llevar una prenda vuestra en el torneo para que me de suerte. Ojala tuviera talento para participar en las justas, mi señora, así si ganara podría nombraros reina del amor y la belleza.
Sarrah se ruborizo. Tapándose los labios con la mano libre con un gesto adorable de modestia y coquetería. Arcyth cerró los puños con violencia en un comedido arrebato. El iba a participar en el torneo de lucha con lanza. Y por alguna razón, en ese preciso instante ansiaba fervientemente que le tocara luchar contra ser Zak para partirle tanto los dientes que su boca pareciera un sonajero. Había tocado a su hermana. Sabía que Sarrah fingía e interpretaba un papel. Pero aquel descarado Dorniense había tocado a su hermana. No le gustaba. También sabía que Sarrah se enfadaría si se dejaba llevar y se delataba. O si hacia algo estúpido y emocional fuera de lugar. Pero en el torneo, en los combates...eso sería otro tema. Guardo su rabia y la almaceno para usarla cuando la necesitara. Un truco que Arslan le había enseñado hace mucho...antes de que su maestro de armas se fuera a cruzar el mar angosto hacia tantos años. Si. Ojala pudiera luchar contra ser Zak en el torneo. Le iba a enseñar el a tocar hermanas ajenas.
Más tarde vio a Sarrah hablando también con Ser Scott Lys, el amigo de Casimiro. Y como la pequeña de los Minkundis se le acercaba conduciendo al caballero para presentárselo formalmente.
Una cosa llevo a otra. Ser Scott había trabado cierta amistad con algunos de los norteños que habían acudido al torneo, sobre todo los de la comitiva que había venido con Lord Stark. Los norteños fueron gente con la que Arcyth enseguida se llevo bien: honestos, directos, simples, honorables...sin trucos. Compartió con ellos unas copas de vino y anécdotas de viejos soldados, aun que en esta parte Arcyth escucho más que hablo.
Pero el comentario que más escucho fue "que era tan grande como la montaña". Un rumor que le ponía de los nervios. No era agradable que lo compararan con Gregor Clegaine.
Bien entrada la noche, todos se retiraron a sus aposentos. Mañana empezarían los juegos. Iba a ser todo un evento. Una primera oportunidad. No iba a dejar que se le escapara entre los dedos. Tenía un papel que cumplir.
Seguido por su pequeño sequito, Arcyth llamo a su hermana, y juntos, seguidos por sus lacayos, fueron a su posada. Mañana seria otro día.
