Disclaimer para este y los siguientes capitulos: Todos los personajes que conocen son de JK Rowling, el uso de ciertos nombres son mera coincidencia y no tienen el proposito de herir o burlarse de alguien. El nombre del fic lo base en la pelicula "Cuando Harry conocio a Sally" (When Harry met Sally) pero el contenido del fanfic no tiene que nada que ver con el de dicha pelicula.
Advertencia: El siguiente capitulo tiene lenguaje no adecuado para todas las edades.
Cuando Scorpius conoció a Rose
Lencería Malkins, ropa interior para todas las ocasiones
-Hey, comadreja.
Y aquí vamos de nuevo…
-¿Qué quieres, hurón? –pregunté.
Malfoy me dio una mirada fulminante por el apodo. Oh sí, yo también sabía la historia acerca de su padre convirtiéndose en un hurón en su cuarto año.
-En el último partido de Quidditch me fijé que me estabas mirando mucho –dijo y yo sentí un nudo en mi estómago. Estúpido Malfoy.- y para la próxima te pediré que no me mires, tus ojos me dan asco.
-Con todo placer, hurón.
Pezón de Voldemort, diría yo.
-La próxima vez que me llames así, Weasley…
-¿Tiene alguna pregunta, Señor Malfoy?
Estábamos en clase de Transformaciones, donde Malfoy se sentaba detrás de mí. El profesor Carmichael había llamado la atención de Malfoy, al ver que dicho espécimen estaba diciendo algo.
-No, profesor, ninguna –respondió con una sonrisa ladeada en sus labios.
Se preguntarán si quería sacar esa sonrisa de su rostro, ¿no?
Mi respuesta es sí, quería sacar esa sonrisa de su rostro con mi propia varita.
Es que siempre me he preguntado, ¿por qué se comporta así conmigo? O sea, no es que preocupara, pero siempre tenía la curiosidad de saber por qué. De por qué no podíamos ser conocidos, compañeros, si en cuarto año me sentí más cercana a él que a cualquier otra persona.
Oh no, Rosie, estás excavando muy profundo. Sal del hoyo, sal del hoyo.
Pero me seguía intrigando…
Ah, sí, me llamó sangre-sucia y yo le dejé plantada la palma de mi mano en su mejilla. Ésa era la razón. El perfecto hijito de papá me había llamado sangre-sucia en cuarto año, y esa había sido la razón de esta guerra verbal. Bueno, él fue quien empezó con llevarme a la lencería y…
-Señorita Weasley, explíquenos cómo cambiar el color de los pelos humanos.
Carmichael me sacó de mis pensamientos tomándome por sorpresa. Miré a mi rededor y todos mis compañeros estaban esperando mi respuesta. Y la di, como siempre. Sin saltarme ni un detalle, dando dos ejemplos y beneficios y defectos. Hija digna de mi madre.
Me fijé en un flash blanco que pasaba por mis ojos. Eran los dientes de Ray, él me estaba sonriendo. Le sonreí de vuelta, pensando en porqué lo hizo. No habíamos hablado desde el matrimonio de mi prima y ahora se venía todo sonriente hacia mí.
Lección del día: La gente puede ser muy rara.
Al día siguiente bajé al Gran Salón como todos los días y me senté con Lisa a desayunar. Ella, al parecer, estaba muy ocupada leyendo Corazón de Bruja para fijarse que me había sentado a su lado. Me fije en la portada de la revista, que decía "Del Amor al Odio Hay un Sólo Paso". Tonterías, pensé. Uno nunca se enamoraba completamente de la persona que te causa pesadillas todos los días. No debería pasar, no tendría lógica.
No me había dado cuenta que tenia mi cabeza descansando en una de mis manos hasta que sentí que alguien me había tirado un pedazo de pergamino. Parpadeé varias veces antes de tomar el pergamino que había llegado a mi cara.
Hola
Pude identificar esa letra enseguida. Era de Ray. Levante mi cabeza y lo encontré mirándome, esperando por mi siguiente acción. ¿Ahora empezamos con las notitas?
Hola
Escribí yo, y se lo tiré de vuelta.
Hace mucho que no hemos hablado decía de vuelta.
El tiempo pasa volando… escribí yo, y esta vez me aseguré que no lo estuviese mirando.
Dime, ¿cómo has estado? Felicitaciones por conseguir el puesto de cazadora. Primero consigues ser prefecta, después consigues todos tus TIMOs, ¿qué será lo siguiente? ¿Premio Anual? Whoa, primera vez que se daba cuenta de todas estas cosas y me las mencionaba.
Seguro que lo siguiente será hacerte hablarme, ya que sigues escribiéndome respondí yo. Era Gryffindor, valiente, me gustaban los desafíos y no tenía miedo de ser directa con la gente.
Y al minuto siguiente, me encontraba caminando a mi siguiente clase con Ray Singh a mi lado. Era como estar de vuelta en finales de cuarto año, cuando habíamos empezado a mostrar interés el uno por el otro. Hablamos de pequeñas cosas, tratando de evitar el tema que nos separó. Se sentía bien tenerlo de vuelta como amigo, se sentía como si nada hubiese pasado entre nosotros.
Estaba consciente que este chico rozaba su brazo con el mío, pero nada pasaba con mis latidos o el sentimiento de cosquillas en mis dedos. Las mariposas tampoco se sentían, y si me miraba en un espejo estaría cien por ciento segura que mis mejillas estarían del mismo color que siempre. Le sonreí cuando contó un chiste, pero después de eso me quedé pensando en lo que sentía.
Que era absolutamente nada.
¿Era que ya no me gustaba Ray? No, no me molestaba el hecho y no me deprimía. Al contrario, no pasaba nada.
Él me sonrió de vuelta, y me fije que habíamos llegado a mi clase.
-Nos vemos –dijo al dejarme frente de mi clase.
-Adiós –dije yo distraída.
Entré y me senté en el mismo asiento de siempre. Saqué mis libros y repasé lo último que aprendimos antes que el profesor entrara al salón.
Recapitulé mi caminata con Ray, y otra vez no sentí nada.
Ahora mismo tenía Aritmancia, con los de séptimo y, lamentablemente, Malfoy. Dicha persona se sentaba al final de la clase, mientras yo me sentaba en la primera fila. Era así en todas nuestras clases. Él estaba atrás, yo adelante.
Tendría que soportarlo por dos años más…
Este era uno de mis días favoritos. Primero porque no tenía tantas clases con Malfoy, y segundo porque eso significaba que no vería su cara hasta el día siguiente. El ambiente se sentía más relajado, hasta podía escuchar los pajaritos cantar en los árboles.
Era viernes, lo que significaba que íbamos a tener práctica de Quidditch. Fui a mi habitación a buscar mis cosas y bajé con mis primos y mi hermano al estadio. Nos preparamos y salimos al campo, donde Wood nos estaba esperando con el resto de los jugadores.
-Hoy es la última práctica que tenemos para derrotar a las serpientes el próximo martes –estreché mis brazos mientras Wood hablaba-. Así que quiero la participación de todos ustedes al cien por ciento, ¿quedó claro?
Balbuceamos cualquier palabra como respuesta, como siempre lo hacíamos cuando Wood nos daba órdenes. Me subí a mi escoba al mismo tiempo que los demás, y la práctica empezó. Yo anotaba, mientras los otros cazadores me pasaban la quaffle y hacían distintas estrategias para despistar a los oponentes.
Éramos un equipo fuerte –y talentoso- y Wood no iba a aceptar una derrota. Bah, conociéndolo seguramente iba a pedir otro partido más, reclamando que alguien del equipo contrario había hecho trampa. Podías esperar lo imposible de Oliver Jr. Y cuando digo imposible, es imposible.
El año pasado, cuando James estaba en su séptimo curso, él y nuestro capitán actual planearon la excusa más rebuscada del mundo mágico sólo para que tuvieran otro partido con Ravenclaw. Habían reclamado que el buscador de los cuervos había empujado a James de la escoba, justo cuando mi primo había tocado la snitch. Wood y James se juntaron en una esquina del estadio, escondidos de todos, para planear dicha mentira y así tener un nuevo partido.
Bueno, no era tanta mentira. De hecho, el buscador de Ravenclaw sí había empujado a mi primo de su escoba, y le había causado dos semanas en la enfermería con la reparación de sus piernas; pero James no estaba ni cerca de atrapar la snitch.
Y si no fuera por ese partido, James nunca hubiese conseguido la copa de Quidditch. Pero ahora que lo pensaba, seguro que habría hecho otro partido más hasta que ganara la copa.
Sí, James Sirius Potter es la persona más terca que he visto en mi vida.
Al bajar de mi escoba divisé una piel tostada en las gradas. Me estaba saludando, así que saludé de vuelta. Fui al vestidor a cambiarme, ya que después de la práctica brutal que tuvimos quedé llena de barro. Cuando ya estaba limpia y cambiada fui a las gradas, donde Ray me estaba esperando sentado.
Le sonreí amistosamente, tratando de mostrarle que no íbamos a llegar a nada más que amigos, pero él me seguía mirando como si quisiera ser más que eso. Él se paró de su asiento.
-Buena práctica –comentó mientras íbamos en camino hacia el castillo.
-Gracias… -dije yo, aún usando el tono de quiero que seamos amigos.
Seguimos caminando hacia el castillo. Ray se había ofrecido llevar mi escoba, y le dejé con mucho gusto. ¡Merlín que estaba cansada! Estaba tan cansada que ni siquiera quería hablar, algo que a Ray siempre le había molestado. El chico adoraba conversar, y despreciaba cuando yo no tenía ganas de hablar, como ahora. Sólo que en este instante, Ray no se quejaba de mi falta de palabras. Al parecer ni le importaba. Quiere algo, pensé, antes siempre me decía que debíamos hablar más.
Antes mi mundo era él, o eso era lo que creía. Era tan joven e inocente, que una simple atracción hacia un compañero significaba todo para mí. Pero ya no, ese compañero nunca volvería a ser lo que una vez fue. Por mucho que nos quisimos, Ray Singh no iba a tenerme de vuelta, porque yo sabía que al chico le gustaba seguir al pueblo; si el pueblo decía que era hora de dar otro nivel a la relación, daría otro nivel a la relación.
-Estaba pensando… -escuché que decía, pero no estaba prestando mucha atención- El fin de semana siguiente tenemos paseo a Hogsmeade, y me preguntaba si querías ir conmigo, es decir, con nosotros. Ya sabes, lo de siempre.
Lo de siempre… Para mí lo de siempre era pasarme una tarde estudiando cuando mi exnovio no estaba disponible, o pasar el día con Ray y los demás o haciendo deberes. Ahora que pensaba en lo que hacíamos antes, no era mucho. Es decir, sí, nos besábamos y pasábamos tardes enteras tomados de la mano, pero no era tan constante como lo hacían las otras parejas. Ray me gustaba el año pasado, pero… no es lo que buscaba, lo que busco. No era que no lo quisiera lo suficiente como para que siguiéramos saliendo por otro cinco años más, era que no veía mi futuro con él.
-Sí, seguro –dije yo, sonando demasiado desinteresada para mi gusto.
Pero al parecer no le importaba a Ray, ya que ahora mismo me estaba mostrando sus dientes perla que contrastaban con su piel tostada. Si había algo que envidiaba acerca de este chico eran sus dientes. Tan perfectos y blancos, comparados con los míos…
-Pero miren a quién tenemos aquí –oh, mierda-, es Weasley la comadreja con Singh.
Esa voz ¡Esa maldita, suave y molesta voz! ¿Por qué era siempre que estaba en un momento feliz Malfoy tenía que destruirlo?
-¿Qué quieres, Malfoy? –mi voz sonaba molesta, y esto hizo que la sonrisa pegada en su cara se agrandara.
Detrás de él estaban sus amigotes y el chico que siempre estaba con él, más su nueva adquisición, quien tenía su brazo enlazado con el de Malfoy. Nosotros los mirábamos dándole la espalda al estadio y al lago, y encarando al castillo.
-¿Volvieron? –preguntó con un tono burlón- Vaya, Singh, pensaba que tenías mejores gustos e ibas a ir por alguien mejor. Pero veo que me equivoqué…
Todos los de su grupo se rieron de su broma, mientras su novia apretaba más su brazo y se acercaba a su rostro. A pesar que estaba hablando en voz baja, podía escuchar qué era lo que decía.
-Scorpius, eres todo un chiste –y no olvidemos agregarle unas cuantas risitas.
Sentía mi pulso acelerarse y mis puños se estaban volviendo blancos. La sangre se estaba hirviendo en mis venas al verlo sonreír una sonrisa ladeada y perforarme con sus ojos grises. Tan fríos… tan… tentadores.
-Rose, vamos –Ray jaló mi manga, tratando de llamar mi atención. Malfoy, al verlo, alzó su ceja.
-¿No les da un sentimiento de deja vu? –preguntó. Merlín, ¿por qué siempre tenía que responder cosas con preguntas?
Con un movimiento de mi otra mano, le hice entender a Ray que me soltara. Miré a Malfoy con ojos desafiantes y caminé al lado de él. Malfoy me miró de vuelta, y nuestros ojos se encontraron. Nos quedamos así, yo caminando y mirándolo al mismo tiempo, por varios segundos, ¿o fueron horas? No lo sé, pero debía irme ya, porque apenas sentía mis rodillas.
Al parecer, Malfoy se dio cuenta que nos habíamos quedado mirándonos por mucho rato, ya que apartó su vista de la mía en una forma bastante torpe.
No lo había visto actuar así desde que éramos "amigos". Tan inseguro, torpe, inocente… tan humano. Lo miré con confusión en mis ojos, pero el chico ya había apartado su vista de la mía, así que seguí caminando con Ray a mi lado. Escuchaba las risitas de la novia de Malfoy detrás de mí mientras caminaba hacia el castillo, y pensaba…
El Scorpius Malfoy de antes no era nada como él de ahora. Antes, apenas hablaba en clase, era reservado, tímido y serio; manteniendo su círculo de amistades pequeño y siendo respetado a pesar de su estatus e historia. Ya que todos sabíamos lo que había pasado en la última guerra de los magos, no muchos se atrevían en acercarse a Malfoy y conocerlo. Sabía que pasaba la mayoría de su tiempo solo, o con uno de sus amigos. Sus relaciones con las otras casas no eran de las mejores, pero tampoco era una enemistad como la que había cuando mis padres estaban en Hogwarts. Con Gryffindor no se llevaba muy bien, Albus era su rival y los dos tenían una guerra silenciosa para alcanzar a tener mis notas.
Pero después de ese día en cuarto año el chico cambió. No sé por qué le afectó tanto el hecho que mis compañeros estaban riéndose de él, ya que él también se reía de otra gente en nuestras sesiones de estudio en la biblioteca, e ignoraba los comentarios que los demás hacían de él.
Los Slytherins se destacaban por ser ambiciosos y astutos, me dije, seguro que Malfoy quería que todo el mundo lo viera con diferentes ojos, marcar su propio nombre como alguien muy diferente al hijo de Draco Malfoy, el mortífago que cambió de lados al último minuto. ¿Qué mejor manera de hacerlo que comportándose como un malcriado peor que su padre en sus años de estudiante?
Bah… Malfoy podía tener notas tan buenas como las mías, ser respetado por la población masculina de la escuela, y deseado por la femenina (excluyéndome a mí, por supuesto) pero faltaba de originalidad. Si no fuera porque era atractivo y tenía dinero, no sería nadie.
Esperen, ¿Malfoy era atractivo?
Retiro todo lo que dije (o pensé). Malfoy era un nene malcriado con el cerebro del tamaño de una hormiga y punto.
En el fin de semana estaba caminando en las calles de Hogsmeade con el resto de los Gryffindors de mi año. Como de costumbre, mi brazo derecho estaba enlazado con una de mis compañeras y el otro también. Los chicos iban detrás de nosotros, hablando en pares o tríos. Nosotras nos reíamos mientras bromeábamos acerca de cosas, o ellas reían y bromeaban acerca de cosas; yo sólo seguía la corriente.
-¡Oh, no, miren al cielo! –exclamó Lisa, y todos obedecimos.
La mitad de mis compañeros lanzaron quejidos mientras la otra maldecía a las gotas que caían del cielo. Miré a Albus que estaba detrás de mí y nos sonreímos. Para nosotros, un día de lluvia era más divertido que uno soleado.
Todo empezó hace Hmm… unos diez u once años atrás. Albus y yo estábamos jugando en los terrenos de la Madriguera, molestando a los gnomos que robaban las cosechas de la abuela. Nos reíamos como los críos que éramos en ese tiempo, escondiéndonos detrás de las criaturas y asustándolas hasta que… de la nada, empezaron a caer gotas del cielo. Las gotas eran tan gruesas y el cielo tan oscuro que era difícil para nosotros ver el terreno, y también lo era para los gnomos.
Usamos esa debilidad como una ventaja. Después de un rato, nos acostumbramos a ver entre la densa capa de agua que caía, y nos fue aún más fácil asustar a los gnomos. Hicimos esto todos los días que llovía y nos encontrábamos en la Madriguera, hasta que vinimos a Hogwarts. Y por eso era que me encantaba la lluvia, me traía recuerdos de la niñez, inocencia; y al mismo tiempo me daba fortaleza, energía y libertad para moverme por donde quiera.
-Lástima que Hogsmeade no tiene plaga de gnomos –susurró Albus en mi oído y reí por lo bajo.
Los dos estábamos parados en medio de la lluvia, mientras los demás Gryffindors estaban corriendo hacia las Tres Escobas. Los seguimos a paso lento, acostumbrados a las gotas cayendo por nuestras frentes, hasta que llegamos a la entrada del bar. Ray llamó nuestra atención al mover su mano, y nos fuimos a sentar a una mesa que quedaba cerca de una de las esquinas. Los asientos estaban pegados a la pared, y me deslicé en uno seguida por mi primo.
-¡Qué manera de llover! –comentó Ray, quien se sentaba frente mío.
Aunque nos encontrábamos en la parte más lejana a las ventanas de las Tres Escobas, pude ver que las gotas de lluvia habían cambiado a pequeños copos de nieve. Agradecí mentalmente a mi querido hermano Hugo quien predijo que hoy iba a ser un día gris. Merlín, ese chico tiene talento.
Nos adentrábamos en los meses de invierno, de todas maneras. Era la mitad de Octubre y ya había empezado a caer cosas del cielo, algo muy común en estos días. La nieve era tan divertida como la lluvia, sólo que más helada…
-Iré por cervezas de mantequilla para todos –escuché a uno de los chicos pararse de los asientos. Ray y otro más lo siguieron.
Apoyé mi codo en la mesa, algo aburrida. Albus estaba conversando con Martha pero no estaba tan interesada como para escuchar de lo que hablaban. Frente mío el estaba el resto de los clientes de las Tres Escobas, conversando alegremente, escondiéndose de la nieve.
Nunca entendí por qué la gente no le gustaba los copos blancos que caían del cielo. Eran lindos, puros, y de alguna manera limpiaban los caminos sucios y escondían las huellas si nevaban sobre ellas. Repentinamente me dio un impulso de salir a caminar en la nieve, y no pudo detener mi cuerpo de levantarse del asiento y salir a la calle.
Escuché a mis compañeros llamándome, pero no me importó. Al salir, no había casi nadie en la calle, ya que todos querían evitar la nieve.
Todos menos yo.
-¡Rose, espera!
Me di vuelta y encontré a Ray caminando hacia mí. Cuando me alcanzo, los dos caminamos por las calles de Hogsmeade, sin decir nada. En realidad, quería estar sola. Me gustaba estar sola en la nieve. Pero la compañía de alguien también era aceptable.
Caminamos y caminamos, sin parar. Nuestro paso era relajado, sin preocupaciones. El brazo de Ray seguía rozando el mío, pero no sentía nada en mi interior. Me pregunté nuevamente si ya estaba completamente olvidada de él, pero no tuve tiempo en procesar el pensamiento ya que dicha persona habló.
-Acerca del otro día, Rose –empezó y traté de verme interesada-. La próxima vez que Malfoy te moleste, déjame a mí tomar las riendas de la situación.
-¿Por qué? –pregunté molesta al oír el apellido de mi enemigo.
Ray lanzó una carcajada y puso sus manos en los bolsillos de su chaqueta. Siempre hacía eso cuando necesitaba calmarse.
-Porque no me gustaría quedarme ahí parado mientras él te ofende –explicó, deteniéndose en la mitad de vereda-. Rose… quiero volver contigo. Es muy raro para mí estar en el mismo lugar que tú, pero no contigo como antes.
Sacó sus manos de sus bolsillos y entrelazó sus dedos con los míos. Mis manos estaban heladas, mientras las suyas estaban tibias, pero la temperatura de mi cuerpo no cambio al tocar su piel. Observé mis pies mientras él hablaba.
-Te veo sola todos los días y me dan ganas de ir a hablarte, pero sé que tú no quieres nada conmigo -siguió.
Alzó mi cabeza con una de sus manos, mientras la otra todavía estaba enlazada con mis dedos. Trató de hacer contacto visual conmigo, pero yo lo evitaba.
-Prometo que esta vez tomaré las cosas más lento. Si necesitas espacio te lo daré, si necesitas tiempo…
Cerré mis ojos, y eso hizo que el chico se callara. Negué con mi cabeza lentamente y los abrí de nuevo, encontrándome con sus ojos negros.
Nada pasaba.
-Ahora no, Ray –dije, y no sentí ni una presión en mi pecho-. Puede que después, pero ahora mismo… necesito espacio y tiempo, como tú dijiste –él asintió lentamente, y sus ojos mostraban desilusión-. Podemos seguir conversando y todo, como amigos, pero no te prometo nada.
Moví mis dedos de los suyos y empecé a caminar de vuelta al castillo. Cuando estaba unos metros lejos de él me di vuelta y Ray todavía estaba parado en la vereda, inmóvil. Detrás de él había un letrero que cantaba "Lencería Malkins, ropa interior para todas las ocasiones"
Oh, cabeza de escoba.
Gracias a Laila Potter M.D por ofrecerse a ser mi beta y mejorar esta historia. Su trabajo es increíble y le agradezco por corregir mi historia. Vayan a su profile a leer sus historias!
Las palabrotas las saqué del video "Wizard Swears", la idea y -lamentablemente- los muñecos le pertenecen a Neil Cicierega.
Sí sé, ¡qué capitulo más inútil! Ustedes pensarán que es de transición –sí, es de transición, ¿¡Y QUÉ!? Pero también es importante, porque Rose se da cuenta de los cambios que ha habido entre ella y Scorpius, y empieza a pensar y relacionar todo con él (cosa que por lo menos a mi me pasa cuando me empieza a gustar alguien). Y bueno, toda persona que ha estado enamorada sabe cómo llegaron al punto donde estan ahora mism,o, ¿no? Quiero que sepan que Rose tomará su tiempo, se demorará en darse cuenta de lo que siente y cometerá errores entre otras cosas, tengan paciencia.
Yendo a otra noticia, ¡el fic tiene pasó los 100 reviews! Muchas, MUCHAS gracias a todos ustedes que hicieron esto posible, era mi meta desde que empecé a escribir esta historia. Y se lo debo todo a ustedes, lectores, ¡los adoro!
Y sí, me cambié de nombre en fanfiction. Ahora soy Mrs Scorpius Malfoy, pero creo que lo cambiaré de nuevo, no estoy muy segura, ahí veré.
atte
Mrs Scorpius Malfoy
