Siento el retraso, querría haber actualizado ayer, pero como sea, aquí estoy con un nuevo capítulo. GRACIAS mil por las reviews!

Disfrutar el capi :)


Capítulo 11:

Al abrir la puerta de casa escucho las voces de mis padres provenientes del salón. Parecen estar en medio de una discusión. Y aunque sus discusiones no deberían ser realmente de mi incumbencia, no puedo evitar escucharles desde el pasillo.

— ¡Es que no puedo creer que vayas a ayudarlo! Tendrías que haberme consultado antes. — Grita mi padre.

— ¿Consultarte si puedo defender o no a un cliente? No sabía que necesitaba tu aprobación — Dice mi madre, también furiosa.

— Sabes que ésta vez es diferente… Él, es diferente. Y estoy llevando su caso.

— Richard Castle es inocente, al menos hasta que se demuestre lo contrario — Dice mi madre — Y no es la primera vez que defiendo a alguien de tus casos.

— Pero él… Él se está viendo con Kate, él se la está…

— ¡Ni se te ocurra decirlo! — Dice mamá, adivinando cuales van a ser las palabras de él.

A mí se me forma un nudo en la garganta y comienzo a sentir escozor en los ojos. Tengo que hacer acopio de mis fuerzas para no salir en ese momento.

— ¿Cuál es el problema aquí, Jim? — Continúa mamá — ¿Qué Richard Castle haya sido un sospechoso en tu caso, o que esté saliendo con tu hija?

Mi padre no responde a eso, sin embargo deja escapar un fuerte suspiro que deja bastante clara cuál es su opinión al respecto.

— ¿Pero es que a ti te parece normal que estén juntos? ¡Que él tiene una hija, y hasta hace unas semanas estaba casado! ¿Es que soy yo el único que veo el problema?

— ¡¿Y qué quieres que hagamos?! ¿La encerramos en casa para que no se vean?

— ¡Pues mira, no sería mala idea!

Hago un esfuerzo por retener las lágrimas. Después de las duras palabras de papá no puedo evitar hacerles saber que estoy allí.

— No va a hacer falta que me encerréis porque no pienso quedarme en esta casa ni un minuto más.

Los dos se giran al escucharme, sorprendidos por descubrirme allí. Casi puedo ver cómo a papá le cambia el color por segundos. Mamá cierra los ojos, seguramente previendo las consecuencias de su absurda discusión sobre mi vida.

— Cielo… — Ella intenta acercarse, pero yo alzo la mano, pidiéndole que no lo haga.

— No podéis impedirme estar con Rick. Tú, — Digo, dirigiéndome a papá — siempre lo quieres tener controlado, pero esta vez no, no puedes controlar mis sentimientos.

Me doy la vuelta y subo a mi habitación. Escucho cómo mi madre le dice algo a mi padre, y después ella sube detrás de mí.

Intenta hablar conmigo, hacerme entrar en razón, mientras yo meto en un bolso de deportes lo imprescindible para pasar un par de noches fuera. Volveré a por lo demás en otro momento.

— Katherine, por favor… Tu padre solamente intentaba…

— No mamá, no intentes defenderlo. Él solo quiere que todo salga a su manera, sin importarle si yo soy feliz o no — Digo, secándome furiosa las lágrimas que mojan mi rostro.

— Sabes que no es cierto — Me intenta hablar en un tono calmado aunque en el fondo no esté tranquila en absoluto — Ahora lo ves así porque estás enfadada.

— Voy a estar con Rick, os guste o no. Él me hace feliz y no es un simple capricho como creéis vosotros, ¿tan difícil es de entender?

Dicho esto cierro el bolso y bajo las escaleras, marchándome de casa dando un portazo.


Pulso reiteradamente el timbre del apartamento de la madre de Rick, sabiendo que ella no está allí, y espero hasta que él me abre la puerta, impaciente y calada hasta los huesos – porque una tormenta ha decidido caer sobre Nueva York justo cuando yo salía a la calle.

— Shh, Alexis está dormida — Indica él nada más abrir la puerta.

— Lo… Lo siento — Murmuro fijándome en que solo lleva puesto unos bóxer bastante ajustados a su entrepierna.

— Kate ¿qué ha pasado? ¿Estás bien? — Pregunta como si se acabase de dar cuenta de que estoy allí, parada en su puerta, a estas horas y con los ojos hinchados.

— ¿Puedo quedarme aquí? Solo será esta noche.

— Claro, pasa — agarra mi mano y tira de mí hacia el interior del apartamento.

— Puedo dormir en el sofá — Murmuro, aunque no es lo que quiero.

— Estás empapada — Él parece obviar mi comentario y me observa detenidamente.

Tiene razón. Estoy empapada, y tiritando. Pero eso no me importa ahora mismo.

— Deberías cambiarte.

Utiliza un tono preocupado que no me gusta, suena demasiado protector lo que, a su vez, me hace recordar la diferencia de edad.

Suelto el bolso en el suelo, cabreada por ésa diferencia de edad, cabreada por la situación y porque todo el mundo piense que lo nuestro no va a funcionar.

— ¿Tú también lo crees? — Pregunto de repente.

— ¿Qué?

— Que esto… Nosotros — Digo, moviendo un dedo para señalarnos a ambos — ¿Es un capricho?

— ¿Eso es lo que tú crees, que para mí tú eres un capricho?

Suspiro y me paso una mano por el pelo – algo que hago a veces cuando estoy nerviosa – descubriendo lo mojado que está.

— Vamos — Rick agarra mi mano y tira de ella sin darme tiempo a pensar.

Me lleva hasta el cuarto de baño. Y enciende el grifo de la bañera, comprobando la temperatura del agua.

Lo observo con confusión. ¿Quiere que nos bañemos juntos?

— Date un baño caliente. Mientras, yo pondré tu ropa en la secadora y luego hablamos, ¿sí?

Yo me limito a mover mi cabeza de arriba hacia abajo. Lo cierto es que un baño caliente ahora me ayudaría a dejar de tiritar de esta manera – y seguramente también a aclarar mi mente. El frío y estar tan cerca de él ha aumentado el aturdimiento que tenía cuando llegué.

— Puedes dejar la ropa en la puerta, te traeré tu bolso para que te puedas cambiar — Dice él antes de salir del baño.

Me tomo mi tiempo y sin duda el baño caliente me ayuda a sentirme más relajada. A la hora de enjabonarme decido utilizar su gel y no puedo evitar sentir un cosquilleo en mi interior al sentir su olor sobre mi piel.

Me coloco un pantalón y una camiseta cómodos que por suerte había decidido meter en el bolso.


Él me está esperando en el sofá. Y se ha colocado una camiseta de manga corta.

— ¿Mejor? – Pregunta con una pequeña sonrisa.

— Sí, gracias — Asiento y me quedo allí parada, sin saber muy bien qué hacer.

— Te he preparado una infusión — Dice, señalando con un movimiento de cabeza a una pequeña taza sobre la mesa.

Me acerco hasta el sofá y me siento a su lado.

— ¿Qué ha pasado? — Pregunta, recostándose sobre el sofá.

Le explico la discusión con mis padres y lo que ellos – especialmente papá – opinan sobre nuestra relación.

— En parte entiendo a tu padre — Comenta él.

— ¿Lo defiendes? — Yo estoy alucinando.

— No. No he dicho eso, pero sin duda, si tú fueses Alexis… Es decir, si Alexis tuviese un novio… Me volvería loco.

— Mi padre se ha pasado.

— En cualquier caso… Lo que importa es lo que nosotros opinemos.

— Y… ¿Qué opinas tú? — Pregunto, dejando la infusión a un lado y recostándome también en el sofá.

No sé si estoy preparada para escucharle decir que lo nuestro no funcionaría, que no tiene futuro… Pero en cualquier caso, necesito saberlo, así que escucho atentamente.

— Katherine Beckett — Dice él, utilizando un tono divertido — Ya te he dicho esta tarde que me gustas demasiado, y que quiero estar contigo — Alarga su mano y la lleva hasta mi oreja, retirándome un mechón de pelo hacia atrás — Pero parece ser que no escuchas.

Yo voy a hablar, pero él me lo impide acercándose a mí y arrinconándome rápidamente entre su cuerpo y la esquina del sofá.

Mi corazón se acelera cuando siento su cálido aliento golpear contra mi cuello y un suspiro escapa de mis labios ante ésa sensación.

— Te necesito, Kate — Susurra él antes de comenzar a besar mi cuello.

Succiona suavemente mi piel - dejándome seguramente algún chupetón – y de seguido comienza a pasear su lengua sobre mi cuello.

Yo me remuevo, excitada por el simple contacto de su lengua con mi piel. Y abrumada por su declaración.

— Dímelo. Dime que tú también me necesitas — Levanta la cabeza y me observa fijamente, esperando a que se lo diga.

Pero yo nunca he sido muy buena con las palabras, así que decido que es mejor demostrárselo. Porque sí, yo también lo necesito a él, tanto como él me necesita a mí.

Empujo su pecho levemente hasta conseguir que apoye su espalda de nuevo contra el respaldo del sofá, y entonces me siento sobre él y comienzo a besarle desesperadamente.

Nunca había besado así a nadie. Nunca había sentido esta imperiosa necesidad de sentir a alguien de esta manera tan alocada, tan… primitiva.

Sin perder el contacto con su lengua, llevo mis manos hasta su entrepierna. Siento un cosquilleo en mi bajo vientre al notar la presión debajo de ésos bóxer.

Sin pensármelo dos veces, introduzco mi mano por debajo de la tela y comienzo a acariciar su erección.

Rick gime de placer y eso me excita todavía más.

Pero entonces coloca su mano sobre mi hombro, empujándome hacia atrás. Yo le miro con confusión, tal vez no le gusta lo que estoy haciendo.

— Aquí no — Dice finalmente.

Asiento, creyendo que me he precipitado o que él se lo ha pensado mejor. Tal vez Rick tiene razón, pues estamos en la casa de su madre y…

Y en ese momento me rodea con sus brazos y se levanta conmigo. Camina hasta uno de los dormitorios mientras yo me agarro a él con fuerza.

— No podemos hacer mucho ruido — Susurra mientras intenta cerrar la puerta con el pie, tratando de hacer el menor ruido — Alexis tiene pesadillas y…

Él tropieza al conseguir cerrar la puerta de una patada, y casi caemos los dos al suelo, lo que provoca las risas de ambos.

— Shh — Me pide él, todavía riéndose.

Da unos pasos más conmigo en brazos y me tumba sobre la cama con delicadeza. Él se tumba sobre mí colocando sus brazos a ambos lados de mi cuerpo.

Mi piel se eriza cuando él comienza a tirar para abajo de la goma de mis pantalones. Los desliza, acariciando mis piernas en el proceso y mi respiración se vuelve cada vez más acelerada. Nunca me habían tratado con este cariño en la cama. En realidad no había habido muchos antes que él.

Cuando vuelve a colocarse sobre mí, intento deslizar su bóxer hacia abajo, pero él me lo impide. Y la sensación de que no lo estoy haciendo bien me atrapa de nuevo.

— Shh, deja que te demuestre que para mí no eres un simple capricho.

Sin darme tiempo a pensar qué decirle, tira de mi camiseta, sacándomela por los hombros y descubriendo que no llevo sujetador.

Arqueo mi cuerpo cuando siento una de sus manos acariciar mi pecho, pero sobre todo, cuando siento cómo guía la otra hasta mi vientre y comienza a acariciarme por encima de la tela de mis braguitas.

— Rick… — Mi voz sale en un susurro, tanto que no sé si me ha escuchado. Por eso vuelvo a pronunciar su nombre, esta vez más alto.

— ¿Estás bien? ¿Quieres que paremos? — Pregunta él tras haber notado mi incomodidad.

Sacudo la cabeza de un lado a otro y él espera pacientemente hasta que yo le cuento que ocurre.

— Yo no… No tengo mucha experiencia.

— ¿Eres virgen?

— No. No, es solo que no soy ninguna experta y supongo que tú…

— ¿Qué yo sí lo soy? — Pregunta él, finalizando la frase por mí.

Yo hago una mueca, indicándole que eso es, más o menos, lo que intentaba decirle. Seguro que él tiene mucha más experiencia que yo en esto.

Se hace a un lado y se inclina para hablarme.

— Vale, no voy a negarte que seguramente tenga más experiencia que tú, pero llevo varios meses sin acostarme con nadie. Y tú Kate, me estás haciendo sentir cosas que no había sentido nunca antes.

Ambos guardamos silencio durante unos segundos. No puedo dejar de pensar en toda esa experiencia que él tiene, en todas las mujeres con las que ha estado antes que yo. ¿Y si yo soy una más?

— Mira si no estás preparada… — Sus palabras me preparan para lo peor, pero entonces él me demuestra que estoy equivocada — Puedo esperar, Kate. Esperaré el tiempo que necesites.

— No — Digo — Quiero decir que… quiero continuar, quiero hacerlo.

— Entonces déjame que te demuestre lo que siento.

Agarra mi mano y entrelaza sus dedos con los míos, acariciando el contorno de mi piel con la otra mano.

Me inclino levemente hasta alcanzar sus labios, y él me corresponde con un ferviente beso.

Esta vez sí, tira de mis braguitas, con la misma delicadeza que antes, y éstas recorren el mismo camino que mis pantalones hasta llegar al suelo.

Yo le ayudo a deshacerse de la camiseta. Acaricio su piel torpemente debido a mi falta de experiencia, pero él no parece notarlo, o no dice nada al respecto.

Él mismo se quita los bóxer, dejando a la vista su erección, en la cual no puedo evitar fijar mi vista, valorando lo bien dotado que está.

Antes de volver a tumbarse a mi lado, se dirige a la mesita y comienza a rebuscar en el cajón.

— Mierda — Farfulla él, dirigiéndose ahora hasta una mochila que descansa junto a la ventana.

— ¿Qué pasa?

— No sé dónde he puesto… No los encuentro, los preservativos.

Me siento sobre la cama mientras él continúa su búsqueda sin dejar de bufar, molesto.

— Aquí están — Dice finalmente, alzando una cajita de preservativos.

Siento cierta tranquilidad al observar que la caja está sin empezar.

Él abre la caja, haciéndose con un preservativo. Rasga el envoltorio con sus dientes y se lo coloca de una manera casi experta – al menos eso es lo que me parece en comparación con mi inexperiencia - antes de tumbarse de nuevo a mi lado.

Comienza a besarme de una manera lenta y relajada, como si estuviese tratando de ser cuidadoso conmigo. Pero yo necesito más. Por eso coloco mis manos en su trasero, disfrutando de ésa caricia, y después muevo mis caderas torpemente, incitándolo.

Él parece no hacerme caso y separa mis piernas con la misma delicadeza, llevando después su mano a mi entrepierna, provocándome una oleada de placer.

No puedo evitar gemir al sentir sus caricias en esa zona, y él enseguida lleva su otra mano a mi boca, indicándome que no debería gritar.

— Lo… Si… Sien… Ah — Trato de decir mientras me rindo a cada una de sus caricias.

Él sonríe, comprobando que no puedo evitar demostrar el placer que él provoca sobre mí, y me besa, evitando así que yo pueda volver a gritar.

Lleva su miembro a mi entrada y poco a poco va entrando en mi cuerpo de una manera deliciosa.

Se queda quieto durante varios segundos, dejando que nuestros cuerpos se amolden el uno al otro, pero enseguida comienza a moverse, tratando de establecer un ritmo.

Unos segundos después me doy cuenta de que yo también debería comenzar a moverme, así que trato de ajustar mis movimientos a los suyos y pronto lo consigo.

De repente es como si nuestros cuerpos encajasen a la perfección, como si estuviésemos hechos el uno para el otro.

— Rick… — Quiero decirle que siento haber dudado de él, que cualquier duda que pudiera tener antes me parece absurda ahora, quiero decirle que confío en él… Pero soy incapaz de poder decirle todo eso ahora.

Mi mente comienza a nublarse, perdiendo así cualquier capacidad para razonar, y limitándome únicamente al placer de sentirlo a él así.

Él parece sentirse de la misma manera porque gime mi nombre sobre mi oreja.

Nuestros movimientos comienzan a ser más rápidos y más intensos cada vez. Y sus embestidas cada vez tienen más fuerza.

Hasta que siento su miembro vibrar y mis músculos internos responder a sus movimientos.

Entonces una enorme oleada de placer nos golpea, rindiéndonos los dos al éxtasis.

Rick agarra mi cara entre sus manos y me besa con pasión, dejándome más claro todavía que lo que siente por mí es real.

Me pierdo en sus caricias, incapaz de dudar de mis propios sentimientos.

Cuando Rick regresa del baño se tumba a mi lado, arropándonos a los dos. Él me besa con una sonrisa y se recuesta boca arriba.

— ¿Te ha… gustado? — Pregunto yo, una vez que me he acomodado sobre su pecho de forma que él no pueda verme sonrojada.

— Me ha encantado — Dice él tras unos segundos.

— ¿Te lo has pensado? — Pregunto, sintiéndome totalmente avergonzada.

— No.

— ¿No?

— No. A ver… Quiero decir… Yo hacía tiempo que no… Y tú…

— Soy una inexperta, puedes decirlo — Continúo sin levantar la cabeza de su pecho.

— Escucha… — Ahora él me obliga a hacerlo, me obliga a mirarle a los ojos — Ha sido una sensación… Diferente, creo que los dos nos hemos sentido algo torpes, pero eso no quiere decir que no me haya gustado. Ha estado genial, en serio.

— ¿De verdad?

— De verdad — Parece sincero, así que decido creerle.

Vuelvo a recostarme sobre su pecho, sintiéndome más tranquila. Él me rodea con sus brazos.

— ¿Puedo hacerte una pregunta? — Dice después de un rato.

Yo alzo la cabeza y sonrío, dándole permiso.

— ¿Con cuántos… Antes de mí?

— ¿En serio? — Digo alzando las cejas.

No es necesario que me contestes si no quieres.

— Uno. Rockero.

— ¿En serio? — Dice él ahora, sorprendido.

— Mhm.

— No te pega.

No puedo evitar reír ante su comentario. Y probablemente tenga razón, de hecho, todo el mundo de mi entorno opinaba que el rockero y yo no teníamos nada que ver. Pero probablemente por eso me gustaba. Yo apenas tenía diecisiete años cuando lo conocí y ni a papá ni a mamá les gustaba ése chico. ¿Y a quién no le gusta llevarles la contraria a sus padres en la adolescencia?

Ahora ya no me parece tan gracioso, pero lo de Rick no tiene nada que ver con lo de Jack, así se llamaba el rockero.

— ¿No vas a preguntar por mi número? — Pregunta él unos minutos después.

— No estoy interesada en saberlo — Digo. Y es cierto, no quiero saber con cuántas mujeres se ha acostado antes de estar conmigo. Es un dato que prefiero ignorar.

— Te sorprendería.

— No me importa — Le repito, inclinándome hasta acercarme a su boca y robarle un beso.

Cuando vuelvo a recostar la cabeza sobre su pecho él comienza a acariciar mi espalda, consiguiendo relajarme hasta quedarme completamente dormida.