Disclaimer: Saint Seiya NO ME PERTENECE. Le pertenece al maestro Masami Kurumada

¡Gracias Kurumada por esta obra de arte! ¡Saint Seiya!


Dolor.

El día había comenzado de la peor manera. El clima indicaba que el sol no saldría y era de esperarse una tormenta. La noticia sobre el incidente ocurrido con Ludvig y Kiki se había expandido de tal manera que ya no era novedad y hasta uno que otro caballero dorado estaba enterado. Claro que nadie le tomo tanta atención como para darse cuenta que esa tarde una pelea se llevaría acabo.

Karsten despertó temprano, hace mucho que no tenía algo con que distraerse. Nhiuty aun seguía enfadada y Shun… esta muy ocupado, si se podía decir así. La noche anterior Karsten fue a buscar a Shun, otra vez, para devolverle el libro que por casualidad había dejado en el lago, el hecho era que no era el momento apropiado como para aparecerse y escucho algo que no debía de haber escuchado… algo entre Shun y June.

El cuadro del ángel estaba terminado y no estaba lo suficientemente inspirado como para volver a dibujar y pintar. Era aun temprano y de seguro los terrenos de entrenamiento estaban vacíos. Rápidamente se vistió para salir a entrenar, al mirarse al espejo vio con terror como las heridas de su cuerpo habían manchado las vendas tiñéndolas completamente de un color escarlata.

Últimamente su salud le preocupaba, y no necesariamente por el su integridad física sino porque si empeoraba se volvería una carga. Se cambio las vendas y salió de su habitación. Ahí estaba su maestro, esperándolo como todas las mañanas.

Casi nunca hablaban. Karsten era un poco tímido como para atreverse y Afrodita creía no tener la necesidad de comunicarse con su alumno. Lo cierto era que la relación maestro-alumno entre Afrodita y Karsten era muy escasa, insignificante. Ninguno se conocía lo suficiente. Algunas veces Karsten creyó ver una sonrisa en los labios de su maestro, generalmente cuando jugaba con Nhiuty.

Llegaron al lugar de entrenamiento, que efectivamente estaba vacío y sin un solo aprendiz. El entrenamiento comenzó con algunas prácticas de tiro. Karsten había mejorado mucho en el aspecto de la puntería, algo muy importante considerando que las principales técnicas de Piscis eran ataques a distancia. Para su sorpresa, ese día el entrenamiento no seria como lo habitual:

-Quiero ver tu progreso. Trata de atacarme.- Karsten se quedo perplejo ante las palabras de Afrodita. Un sentimiento de miedo se apodero de él, casi paralizándolo.

-N-no puedo… n-no estoy preparado…-Pero Afrodita no le hizo caso y entonces Karsten comprendió que no tenía salida.

Los ataques de Karsten eran muy débiles. El chico ya se había acostumbrado a los entrenamientos sencillos, sus movimientos eran torpes. De alguna manera sentía que estaba siendo humillado. A pesar de todos sus intentos Afrodita no había sufrido ni un solo rasguño, estaba intacto y sin el menor esfuerzo. Karsten se estaba cansando, definitivamente no era un buen día.

-¿Eso es todo? Realmente decepcionante… tus ataques son muy pobres, sin técnica.-dijo Afrodita. Karsten miraba al suelo, apretando los dientes. ¿Acaso su maestro no se daba cuenta que se estaba esforzando?-Si esta fuera una verdadera batalla, estarías muerto. Creí que al menos habías mejorado un poco, realmente eres débil…

-¡Hago mi mejor esfuerzo!-gruño el aprendiz de Piscis.

-¡Demuéstralo! ¡Has notar que en verdad te esfuerzas…!- Karsten se puso de pie rápidamente y, sin que Afrodita siquiera se percatara, lanzó una rosa directo a su corazón. Los segundos pasaron lentamente, Afrodita no pudo evitar que la rosa se incrustara en su pecho.

Afrodita debió de caer al piso en el miso instante en que la rosa se incrustaba en su pecho, pero nada paso. El santo de Piscis retiro la rosa de su pecho y miro a Karsten fijamente. El aprendiz sentía como el miedo recorría su cuerpo, incluso había perdido el habla.

-¿Qué es esto Karsten?-Afrodita estaba un poco enfadado.-Esta rosa no tiene veneno. Ni siquiera ha causado el daño que debería causarme. ¿Qué es lo que sucede?-Karsten se quedo callado, retrocedió un poco intentando alejarse de la presencia intimidante de Afrodita. El santo de Piscis lo tomo los brazos provocando que el chico gimiera de dolor. La fuerza con la que Afrodita tomo a Karsten hizo que las heridas del aprendiz comenzaran a sangrar manchando las mangas de su remera.

Afrodita estaba sorprendido al ver las gotas de sangre que comenzaban a caer al suelo. ''Sígueme'' dijo apartando la vista de Karsten. Rápidamente llegaron a la casa de Piscis, Karsten y Afrodita no dijeron nada en el camino. El santo de Piscis estaba enfadado aunque no se sabía porqué. Quizás solo era el hecho que Karsten lo había desobedecido, pero aun así eso era algo nuevo para el aprendiz. Afrodita de Piscis nunca se había enfadado con él. Sus amigos le habían dicho que cuando un maestro se enfadaba era como demostrar su preocupación por su pupilo, ¿El santo de Piscis, su maestro, se preocupaba por él? Nunca lo notó, nunca pensó que su maestro se preocupara sinceramente por él.

El santo de Piscis sacó las vendas del brazo herido de su alumno. Con gran horror vio las heridas en la piel de Karsten. Giró la vista a su alumno con una expresión preocupación mezclada con enfado.

-¿Qué significa esto? ¿Qué son estas heridas?-preguntó.

-…-Karsten esta nervioso y asustado. Como nunca antes lo había hecho derramo unas lágrimas en frente de su maestro.- Yo… no era mi intención…

-Karsten.-Afrodita buscaba la mirada de su alumno que parecía evitarlo.

-Tengo miedo…- susurró.- Soy débil, cobarde. No puede controlarme… me hago daño a mí y a los otros… no quiero eso… no…-la voz entrecortada de Karsten hacia notar su terror.

-Karsten mírame, mírame…-El aprendiz miro temerosamente a su maestro.- ¿Qué es lo que has hecho? Tu sangre esta llena de veneno, más de lo que tu cuerpo puede soportar. Es realmente grave.- La lágrimas de Karsten seguían cayendo a través de sus mejillas, se sentía… perdido.- ¿Qué es lo que has hecho?

-Tengo miedo…-repetía el aprendiz.- No puedo… no quiero causar más daños… es todo mi culpa. Soy débil, no soy capaz de controlarme.

-¡¿A que te refieres Karsten?

-¿No lo entiende?...es una farsa. ¡Es una mentira! ¡Yo soy el que recibo el impacto! ¡Yo soy el que recibe el veneno!... mi sangre esta contaminada.

Antes de ejecutar sus ataques, Karsten absorbía el veneno de sus rosas y el oponente solo recibía un mínimo de daño. Sin pensarlo dos veces Afrodita tomó a Karsten y lo llevo hasta su habitación. ''Quítate la camisa'' dijo cuando llegaron a la habitación. El aprendiz obedeció un poco confundido.

Afrodita estaba haciendo grandes esfuerzos para no castigar físicamente a su alumno. No iba a negar que se asusto un poco al ver las terribles heridas en el débil cuerpo del aprendiz, más aun cuando vio la gran herida en el pecho de Karsten. Afrodita ya sospechaba que Karsten guardaba sus medicinas en el armario, por eso fue directamente a buscar las medicinas ahí para curar a su alumno. Para sorpresa suya los frascos estaban vacíos, sin una sola gota.

-¡Argh!-Afrodita giro su vista hacía su alumno quien había caído al suelo y se retorcía de dolor. El aprendiz se arrastro por el piso hasta llegar junto a una vasija. Un líquido rojo escapaba de su boca, Karsten estaba vomitando sangre.

-¡Karsten!-El santo de Piscis se acerco a su pupilo. Nunca antes el santo dorado había esta tan nervioso como en esa ocasión. Sostuvo a Karsten, que estaba casi blanco y parecía que en cualquier momento se desmayaría.

-Me… duele…-Karsten se desvaneció en los brazos de Afrodita. El santo lo dejo en la cama y fue a buscar ayuda, de quien fuera… lo cierto era que si no recibía ayuda pronto, quizás el aprendiz muriera.

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El tiempo pasó tan rápido que para Kiki había parecido un segundo. Se acercaba la hora, sabía que después de lo que iba hacer nada sería igual. El viento revoloteó sus cabellos como tratando de acariciarlo. Había escuchado que Ludvig estaba desaparecido hace unas horas, se rumoreaba que se había ido al bosque.

-Se hace tarde. Nos deberíamos ir.- comentó Rhein.

Pero esas palabras no llegaron a la mente de Kiki, no llegarían nunca. La decisión estaba tomada, además no sólo era una pelea por el orgullo, era una pelea que acabaría con ''eso'' definitivamente. Esperaba que su maestro lo perdonara. Sintió un brazo que lo jalaba, era Rinsing. Nunca antes pensó en los momentos felices vividos con sus amigos con tanta nostalgia como lo hacía en aquella situación.

-Vamos, no me digas que te quedaras todo el día parado aquí y pensado.-dijo la aprendiz de Virgo con una sonrisa.

-Rinsing…- No era el momento más adecuado para decirle que era la mejor chica que conocía. Tampoco para decirle a Rhein que sus locuras le sacaban una sonrisa, ni tampoco decirle a Shikaro que era su mejor amigo. No, no lo haría. Kiki sonrío con alegría como lo hubiera hecho en un momento cualquiera.- Nos veremos luego…

-¿A dónde vas?- preguntó Rhein poniéndose se pie. Kiki la miro por unos segundos y negó con la cabeza.- ¿Tú…?

-Vámonos. Kiki tiene asuntos que resolver.-interrumpió Shikaro.

-¡Pero…!- Rinsing le hizo una seña a Rhein para que guardara silencio. La aprendiz de Leo se quedo paralizada, entendiendo por fin las intenciones de su amigo.

-No esperes que te detenga. Tú y yo sabemos que con el orgullo no se juega, si tu decisión es hacer justicia, pues hazlo. Pero quiero que por una vez, solo por una vez, seas más cauteloso de lo normal. Ludvig y no es tan tonto como creemos.-Shikaro suspiró.-Adiós, espero verte… otra vez.-Los tres aprendices se retiraron y dejaron solo a Kiki. Luego, como si quisiera que el viento se llevara sus palabras, dijo:

-Perdón.- Era justo pedir perdón por sus actos cometidos y por los que iba a cometer. Era justo pedir perdón a sus amigos, compañeros, a su maestro, a los santos de bronce, santos plateados y dorados… pedir perdón a todo el santuario y a su Diosa Athena.

Las nubes grises se iban juntando como prediciendo una tormenta. El bosque se encontraba ahí, frente a él, esperando su llegada y el comienzo de una batalla que posiblemente dejara muertos. Había estado entrenando toda la mañana, ni un segundo de descanso. A pesar de eso las fuerzas no le faltaban y se sentía listo para pelear con Ludvig.

El bosque se encontraba en silencio, como si nadie estuviese, pero una risa le advirtió la presencia de su oponente.

-Ludvig.

-Aprendiz de Aries, me parece extraño de ti que llegaras un poco tarde a nuestro encuentro.- dijo- No demoremos más esto, quiero que me muestres tu fuerza.-Los cosmos de los dos muchachos comenzaron a incrementarse, todo estaba perfectamente calculado.

El primero en atacar fue Ludvig. Kiki logro esquivarlo con gran facilidad. Los dos se atacaban pero no lograban dañarse. El escenario estaba siendo destruido por sus poderes. Kiki no podía negar que Ludvig estaba a su altura, ya que sus movimientos eran más rápidos y todo lo planeaba con exactitud. No esperaba menos, después de la demostración de fuerza que le había dado el día anterior a Kiki le quedo claro con quien se enfrentaba.

-¡Argh!-Ludvig golpeo a Kiki provocando que este se desconcentrara. Luego fueron dos golpes seguidos que dejaron a Kiki tirado en el suelo. Pero no paso mucho tiempo para que el aprendiz de Aries se pusiera de pie y arremetiera con todo. Su oponen no lo pudo prevenir y fue golpeado brutalmente.

A partir de ese punto la pelea cambio completamente. Ludvig estaba enfadado, se lanzó sobre Kiki y los dos comenzaron a golpearse con todas su fuerzas. Sus camisas se mancharon de tierra y sangre. Con gran sorpresa Kiki pudo notar que Ludvig poseía unas garras que estaban comenzando a rasgar su piel. Le parecía sorprendente.

Ludvig fue golpeado con tal fuerza que aterrizo junto a los árboles que estaban a unos metros del lugar central. Kiki lo volvió a golpear provocando que escupiera sangre. En un momento de descuido, introdujo las garras en la espalda del aprendiz de Aries quien no pudo reprimir un grito de dolor. Entonces los papeles se intercambiaron. Ludvig arañaba la piel de Kiki provocándole un gran dolor. Era simplemente divertido verlo sufrir.

-Mírate… pareces un mocoso indefenso. Siempre supe que eras débil.

Sin duda Kiki no se iba a quedar de brazos cruzados. Hábilmente logro zafarse de Ludvig, se limpio la sangre de la boca y exclamó:

-Mírate tú. Nadie te quiere, eres tan patético que tuviste que recurrir a trampas para obtener nuevos poderes. Por lo menos yo trato de hacer mi mejor esfuerzo… ¡Porque yo soy el futuro santo dorado de Aries y hoy es el día de mi venganza!- Kiki estiro su brazos convocando un bola de energía azul, estaba concentrado mucho poder. Era impresionante.- ¡Wailing of the universe!- La gran bola de energía se convirtió en varias sombras negras que surcaban los cielos y se dirigían directamente a Ludvig. El muchacho termino en el suelo, ensangrentado y cubierto de un líquido negro y de apariencia pegajosa.

-Maldito… ¡¿Cuándo aprenderás a ser más inteligente? ¡Hoy no me iré con las maños vacías! ¡Yo soy mejor que tú en todos los sentidos!- Ludvig se puso de pie, estaba riendo.-Siempre fuiste un débil, un idiota… yo siempre fui mejor y por eso… ¡Y por eso hoy te demostrare mi verdadero poder!... Hands of the underworld-Unas delgadas telas salían de la tierra cubriendo a Ludvig. El aprendiz desapareció dejando a Kiki confuso. Tenía que estar muy atento, todo eso resultaba muy raro. Fue entonces que unas manos lo tomaron por el cuello y algo se enrolló en sus extremidades dejándolo indefenso.

Ludvig apareció otra vez, como si la tierra lo hubiera devuelto. Se relamió lo labios y luego se acerco lentamente a Kiki. Sus garras arañaron el pecho de Kiki provocando un grito estremecedor, casi un lamento. Luego lo golpeó y torturo. A pesar de todo Kiki se mantenía firme, sus gritos eran lo único que se escuchaba. No lloro ni suplico, claro que no lo haría. El aprendiz de Aries tenía su orgullo y jamás suplicaría piedad, nunca, aun si su piel se desgarrara y el dolor lo inundara por completo.

-¡Ah! ¿Cómo no lo note antes?-exclamó Ludvig.-Eres tan arrogante que nunca pedirías que parara esta tortura. No, un aprendiz de tu rango nunca se rebajaría ¿cierto?...-Ludvig volvio a golpear a Kiki.

-¡Argh!

-Eres un idiota, nunca has sido cauteloso, nunca has pensado en tus acciones…

-Sabes que soy mejor que tú… ¡Argh!- Ludvig lo araño, otra vez.

-¿Sabes por qué te odio? Porque siempre has sido un niño arrogante, piensas que eres superior. Yo era tu eterno rival y sentía ira, tú nunca tomarías enserio una pelea entre nosotros. Eras el típico aprendiz que se sentía el mejor y que nadie lo podía superar… ¡Fallaste de la manera más estúpida!- Ludvig le dio una bofetada a Kiki.-Así se siente cuando te humillan. Te pavoneabas por todas partes, humillando a todo aquel que te retara, eres detestable. Recordaras la pelea en la casita ridícula donde vas con tus amigos ¿No es así? Tenías razón, no tenía una razón aparente para enfadarme de esa manera, pero no puede evitar sentir rabia al verte feliz. Eras el aprendiz con mejores resultados entre los doce, todo el mundo de miraba y sonreían al verte y tú ni siquiera te inmutabas, tan arrogante con todos que eras indiferente a sus miradas llenas de admiración. Y yo, siempre fui el rechazado…-Ludvig golpeó a Kiki repetidas veces, pero este no perdió su mirada llena de altanería.

-Seré arrogante, idiota, un imbécil, un estúpido… pero yo nunca sentía envidia. Tú no me conoces, no sabes lo que sufro, tú sólo vivías pendiente de mis logros y nunca miraste mis momentos de melancolía. A todos les parezco lo mismo, pero lo cierto es que todo esto ha sido un circo armado por mí. Detrás de mi sonrisa hay varias lágrimas que nadie pudo secar. Mientras todos vivían felices yo tenía que cargar con el peso de ser el último de una raza, ser el futuro santo de Aries, la presión me agobiaba, mi maestro y Shion jamás tuvieron la delicadeza de pensar en lo yo sentía, nunca lo hicieron… dime ahora que yo llevo una vida feliz.-De alguna manera Kiki estaba abriendo su alma a Ludvig, le acaba de contar el principal de sus martirios. Sin duda, el aprendiz de Aries jamás pensó que algún día le diría eso a su eterno rival. El viento helado envolvió a los dos chicos, Ludvig no pudo aguantar más el uso de su técnica, las manos se desintegraron y Kiki quedó finalmente libre.

Los dos rivales se miraron cara a cara. Kiki apretó los dientes, no quería llegar a ''eso'' pero no tenía solución. Después de todo pronto se descubriría la verdad.

-No trates de ocultarlo. Se que eres el asesino… fuiste tú, mataste a la familia y luego tus instintos te llevaron a matar por más sangre. No te culpo, yo siento lo mismo. Somos iguales, los dos queremos poder. Ninguno esta conforme. Pero sabemos que esto terminara hoy…-Ludvig estiro los brazos y Kiki hizo lo mismo. Para el aprendiz de Aries todo estaba a punto de llegar a su fin.

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La aprendiz de Leo estaba preocupaba por la situación de Kiki. Parecía como si estuviese a punto de hacer algo malo. Pensaba que su amigo se estaba despidiendo…

-Deja ya de pensar. Él es un chico astuto y te aseguro que volverá.-dijo Rinsing mientras caminaban por la casa de Virgo.

Ciertamente, Kiki era muy astuto e inteligente, pero a veces no pensaba las cosas con detenimiento y hacia tonterías. Entonces Rhein recordó que el día anterior, cuando Kiki fue humillado ante todos, Ludvig se había acercado a él para susurrarle algo. En ese entonces Kiki hizo una mueca de desprecio, pero… ¿Qué es lo que Ludvig le habría dicho?

''…Con el orgullo no se juega…''

¿Por qué Shikaro dijo eso? ¿Qué es lo que Kiki tenía planeado hacer? El aprendiz de Aries había estado entrenando toda la mañana, como si se estuviera preparando para una pelea…

-Él…-Estaba claro, Kiki iba a pelear con Ludvig. Según lo que Rhein escuchó, Ludvig estuvo ausente todo el día… probablemente estaba en el bosque.- ¡Van a pelear!

-Silencio.-Rinsing trato de calmar los ánimos de su amiga.

-No intentes callarme. Nuestro amigo esta peleando con Ludvig, no puedes negar que esta apunto de hacer una tontería.-La voz de Rhein sonaba indignada.

-¡Es su decisión!- susurro Rinsing.-No puedes detenerlo… él no quiere que intervengan más personas.

-¡No puede ser tan tonto! ¡Es simplemente absurdo!

-No lo es. Escucha Rhein, Kiki ya tomó la decisión y si no lo hace ahora no podrás hacerlo nunca, es vital para él.- Para Rinsing estaba claro que Kiki peleaba por varios motivos. Conocía mucho a su amigo como para creer que sólo peleaba por orgullo, él no era tan idiota como para hacerlo.

-¡Esta débil, prácticamente se esta matando!

-Es un duelo a muerte.-Los ojos de Rhein mostraban su sorpresa. Su amigo se iba a matar.

-No…

-¿Qué sucede?-La voz serena del santo de Virgo resonó en la sala. El hombre de cabellos rubios se apareció frente a las dos chicas que lo miraban con cierto nerviosismo.- ¿Es que acaso hablan de alguien?- Rhein no se iba a quedar callada. Alguien tenía que detener a Kiki y ese podía ser Shaka.

-¡Es Kiki, señor! ¡Esta peleando con Ludvig en el bosque, se van a matar!- Shaka abrió los ojos con sorpresa. Sin decir una palabra salio del lugar rumbo al bosque. ¿En que momento dejo de vigilar al aprendiz?

Shaka debía llegar lo más rápido posible antes que una verdadera desgracia ocurriera, si es que no hubiera ocurrido ya.

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Los dos tenían una gran concentración de poder. Sus cosmos se estaban elevando de una manera descomunal, probablemente los dos morirían al ejecutar sus ataques. Sus cuerpos estaban llenos de heridas y la sangre caía de sus puños. Pero ninguno perdió esa mirada llena de odio, rencor y rabia. Los cabellos rubios de Ludvig se agitaron y sonrío de manera maliciosa. Estiro los brazos y una gran luz azul lo cubrió.

-Esto termina aquí… ¡Howl Constellation!

-¡Stardust Revolution!- Al mismo tiempo Kiki ejecuto su técnica, pero este '' Stardust Revolution'' tenía la particularidad de ser una energía negra, completamente negra.

Los dos poderes chocaron y los dos chicos luchaba por mantenerse en pie, pero claramente Ludvig llevaba ventaja. Estaban completamente débiles, pero aun así los dos luchaban para controlar el poder y no recibir el impacto de las dos bolas de energía que ahora se estaban combinando. Kiki no iba a soportar por mucho tiempo, de seguro Ludvig ganaría y el quedaría muerto…

-¡Alto!-La voz del santo de Virgo llegó a los oídos de Kiki. Ludvig se distrajo y la bola de energía que controlaba fue a para al cielo mientras que el Stardust Revolution de Kiki impacto directamente a Ludvig.

-¡AAAH!-Ludvig quedó tirado en el suelo, cubierto de sangre. Estaba moribundo. Shaka fue directamente a él para auxiliarlo. Kiki estaba paralizado, toda su vida pasó por sus ojos. ¿Había sido tan tonto como para caer? ¡Había dejado moribundo a Ludvig! Se sentía culpable.

-No sabía… no tenía idea de lo que hacia… yo…-Shaka miro a Kiki y le dijo:

-Eso tendrás que explicárselo al Patriarca. Lo siento, pero tú has sido él único culpable.

Ludvig fue llevado a la enfermería. Se decía que había perdido mucha sangre y efectivamente estaba a punto de morir. Kiki fue llevado ante el Patriarca Shion que no podía ocultar su enfado y dio una reprimenda a Kiki que nunca olvidaría. Su maestro estaba ahí, mirándolo con decepción. Kiki no dijo nada, sólo esperaba que de una vez Shion le diera un castigo, después de todo tenía todo listo para huir del santuario.

Shion le recordó muy ''amablemente'' sus faltas y su mala conducta, incluso le dijo que con una conducta como la de él no merecía tener el titulo de aprendiz a Santo Dorado y mucho menos de futuro Santo de Aries. Fue entonces que Kiki reparo en el hecho de que estaba echando todo su esfuerzo al tacho. De nada sirvieron sus esfuerzos, nada. Cada día despertar y sentir las miradas decepcionadas, sentir que no era suficiente para ellos, no había valido la pena. Su corazón se lleno de odio, él no era culpable de nada. Los culpables eran esas dos personas que decían preocuparse por él, pero nunca lo hicieron, jamás se preocuparon. Estaba claro que era un arma más del santuario. Los odiaba, eran detestables, incluso llegó a sentir asco. Realmente sentía asco, porque destruyeron sus sueños, sus ilusiones, su mundo. Un niño que se sintió querido y que, de pronto, no sintió más cariño ni amor, sólo las frías miradas de los mayores que de alguna manera lo hacían sentir solo e indefenso.

El santo de Aries guío a su alumno hasta la casa de Aries, tenía algunas cosas que decirle a su pupilo. ¿Cuándo había ocurrido? ¿Cómo no se había dado cuenta? Kiki estaba sumergido en un mundo de tristeza que pronto lo convertirían en un ser malvado. Últimamente se decía que el aprendiz de Aries estaba saliendo del santuario a las horas que quería. Además de eso, el aprendiz había mantenido una pelea clandestina, que estaba estrictamente prohibido, y estuvo apunto de matar a otro aprendiz. Mu estaba un poco decepcionado.

-No voy a seguir permitiendo que hagas lo que te venga en gana.-dijo el santo de Aries.- Estoy enterado que en mi ausencia salías del santuario. Se supone que no debes salir de aquí, esta prohibido.-Kiki mantenía la cabeza agachada y, evidentemente, estaba haciendo caso omiso a las palabras de su maestro.- ¡Mírame cuando te hablo!- Kiki miro a Mu altaneramente. El odio comenzaba a extenderse.-Tu comportamiento deja mucho que desear.

-Sólo es una estúpida pelea.-dijo Kiki.

-¿Una pelea? Sabes bien que no es solo eso. ¿Por qué no me dices que hacías fuera del santuario? ¿Por qué no tuviste el valor de contarme lo que sucedió con Ludvig ayer?

-Son mis asuntos. ¡No le interesa!-Mu miró a Kiki con una expresión de enfado.-Además, eso es lo que quiere ¿Cierto? Por lo menos así tiene más tiempo con… su marido.-esto ultimo provocó que la ira de Mu, el niño estaba metiéndose en temas que no le interesaban.

-¡Silencio! ¡Deja de faltarme el respeto!-Kiki hizo una mueca de desprecio y luego dijo:

-Como si no fuera cierto… ¿Me estoy equivocando? No lo creo, ¿Por qué no me deja en paz y se ocupa de darle placer a su marido?-Kiki recibió una bofetada de su maestro. El chico retrocedió un poco y miro fijamente a Mu.

-¡Cállate! No voy a soportar tus insinuaciones, yo no le permito a nadie que hable de mí de esa manera.-Mu se acerco a Kiki e intento tomarlo por la camisa, el aprendiz reacciono pero eso no impidió que su camisa se rompiera en el forcejeo y dejara al descubierto la herida que tenía en el cuello. Un silencio se prolongo por la sala.- ¿Qué significa eso?

-No le interesa…-El corazón del aprendiz comenzó a agitarse, ya estaba oscureciendo.

-¡Explícame!

-¡No le interesa! ¡Usted sólo esta aquí para entrenarme! ¡No tiene que preocuparse por mi, no quiero que lo haga!-Kiki se estaba agitando. Sus ojos estaban perdiendo color.

La verdad estaba frente a Mu, el asesino era un joven y se decía que tenía una marca en el cuello, fácilmente pudo se confundida por los pobladores. En la mente del santo de Aries todo estaba encajando, pero no lo quería creer. No podía ser cierto…

-Eres… tú eres el asesino.-dijo finalmente. Kiki tragó saliva, lo acaba de descubrir.

-¡Déjame! ¿Es que acaso no lo vez? Soy un monstruo. Mato por necesidad, no puedo controlarme. Cada día esforzándome por demostrarte a ti y a Shion que no soy un aprendiz cualquiera, cada día queriendo por fin callar sus estúpidas reprimendas. Sus miradas lo dicen todo, no soy lo que ustedes quieren… pero eso se terminara. Tengo poder, soy más poderoso que ustedes. No me importa el precio, si tengo que matar lo haré, mi poder aumente cada día... no voy a parar, no hasta que el mundo me mire como su amo, como el ser más poderoso y perfecto del universo, incluso superior a los Dioses.-Parecía como si el Kiki de antes ya no existiera y en su lugar un Kiki malvado y frío lo estuviera reemplazando.

Mu ya no podía contener las lágrimas. Las estrellas no habían mentido, todo era cierto. Kiki había caído en la maldad, ya no era el mismo. Sintió que era su culpa, era un mal maestro… no supo guiar a su alumno por el camino del bien. Había fallado. Y por ese instante Kiki pudo leer la mente de su maestro, era la primera vez que lo hacía. Sonrió con malicia.

-Tiene razón. Usted es culpable, usted y Shion. Miren lo que han conseguido, yo estaba lleno de sueños e ilusiones. Pero ya no más. Me dan asco, los dos… fueron culpables de todas mis desgracias. Ustedes y nadie más. Como si fuera poco lo sabían y no me lo dijeron, ustedes nunca me lo dijeron. Solo me quieren como un arma… pero no se preocupen, que esta arma esta trabajando para convertirse en un ser superior… ¡Argh!-Las manchas en el cuerpo de Kiki comenzaron a extenderse y este, como muchas veces, huyo del lugar raudamente.

Mu estaba paralizado por las palabras de Kiki. El dolor invadió su corazón y, después de muchos años, lloro amargamente.


Pobre Mu, esta vez creo que no debí de escribir así.